- ACADEMIA DE ESGRIMA LÁSER - TRANSCRIPCIÓN: KARUI LUIS FRANCISCO ROLDÁN FRAILE

ALDUQUE DE CEA

MAESTRO D. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ

TRANSCRITO POR EL KARUI LUIS FRANCISCO ROLDÁN FRAILE DIRIGIDO POR EL MAESTRO MARCELINO MIGUEL CASTRO

Edición 1.0

ACADEMIA DE ESGRIMA LÁSER

Transcriptor:

D. Luis Francisco Roldán Fraile: Graduado en historia del arte Karui de la Academia de Esgrima Láser

Dirigido por:

D. Marcelino J. Miguel Castro: Maestro en la disciplina de la Esgrima Láser Kigen de la Academia de Esgrima Láser

Linares, 2026

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El objetivo de esta transcripción es, simplemente, facilitar la lectura del documento, persiguiendo que cualquier interesado pueda fácilmente recorrer esta obra, y extraer de la misma sus propias conclusiones.

Para ello, se ha obviado la cursiva de la letra impresa original, y se han señalado entre corchetes aclaraciones acerca de palabras en desuso, o personalidades mencionadas por el autor.

Del mismo modo, se han señalado las correcciones observables en el ejemplar original, siguiendo la pauta del corrector. Esto es, subrayando aquello que se ha cambiado. Sin embargo, se ha aplicado al texto directamente la forma corregida, mientras que a continuación de la misma se encuentra entre corchetes lo que menciona el texto original.

Al Duque de Cea.

NATURAL inclinación fue la mía, Excelentísimo Señor, de servir a V. Excelen. Y ahora obligación precisa por tantas y tan conocidas razones a obedecer lo que ha sido servido mandarme, acerca de que diga (fielmente) lo que siento del libro de Jerónimo de Carranza; y declare como puntos más sustanciales, la demostración que puso en fol. 183 que está en el 137 del Compendio que hice de él, y dirigí a V. Excel. Y si las tretas se convierten unas en otras: si hay treta doble que tenga dos golpes: y si hay treta universal, y lo es el atajo, librando sobre este discurso la agradable ocupación en los intervalos de tiempo que ofrecen soledad y desembarazo del sitio de Aranjuez. Y siéndome forzoso el obedecer, lo haré, afirmando con toda verdad, que jamás se conoció, ni cupo en mi ánimo ambición ni malicia para tiranizarle a ningún Autor la gloria y estimación debida a sus trabajos y virtuosos estudios, antes bien un eficaz y noble deseo de que goce el premio de su justa alabanza: y así lo que en este papel dijere, ha de ir libre de toda sospecha, pues no es razón que se tenga del que refiere lugar, y cita folio y página.

Y con este seguro digo, señor: Que no fue Carranza el primero, ni solo, que en Europa escribió en razón de la destreza, que anteriores fueron a él Jaime Pons de 2 Perpiñán, con antigüedad de ciento treinta y cinco años, Achille Marozzo, y Camillo Agrippa con la de ochenta y tres; y después en su imitación Angelo Vizani, Giacomo di Grassi, Nicoletto Giganti, Salvator Fabris, Federico Grisillero, Joachim Meyer, Maestre Bico, Maestre Claso, Babote, y Marco Diocilini, todos maestros extranjeros, tan estimados en sus naciones, que con suprema alabanza conservan y procuran eternizar su memoria. Camillo Agrippa fue el primero que imaginó reducirla a ciencia, poner demostraciones matemáticas, y tratar de líneas y ángulos. Su poca precisión, y menos que medianos aciertos, no son ahora de nuestro propósito, si bien los de este y demás Autores, y los del que vamos hablando, se darán presto a la imprenta.

Y como muchos de los conceptos de Carranza se originaron de aquel texto tan defectuoso, nacieron enfermizos, poco asegurados en la verdad, encontrados entre sí, y los más de ellos totalmente opuestos a la razón en común, a la filosofía matemática y natural. Esto conocerá V. Excel. Pues en una de sus definiciones dice, que el movimiento natural es el acto segundo que hace la espada en el tajo, o en el revés, con que hiere: y movimiento violento el primer acto que hace la espada en el tajo y revés que nunca hiere, pues tienen averiguada la razón y la experiencia, que cada uno de estos consta de tres movimientos, y que estando la espada que los formare libre, ha de ser el remiso precedente al violento.

Y en fol. 18 resuelve, que la treta no es otra cosa que una proposición compuesta de movimientos diferentes. Y en f. 129 que no es treta la que 3 no consta de tres movimientos. Y luego en sus definiciones dice: Treta de aviso es de solo un movimiento, en que se contradice, habiendo dicho en f. 188 que de un movimiento ninguna cosa se sigue. Y en fo. 43 que hay heridas que constan de dos movimientos de espada. Y en f. 117 y 118 que el tajo y el revés constan de dos

movimientos forzosos, habiendo mostrado tácitamente en f. 118 y 119 que consta cada uno de tres movimientos. Y habiendo dicho en f. 145 que la herida se hace con movimiento largo, y en f. 188 que todos los movimientos que dan herida, se hacen en tiempo, y cada movimiento es particular en la espada, y de diferente naturaleza: luego en fo. 240 le da súbita brevedad: y en f. 119 que la espada es muy ligera, y sus movimientos no se pueden comprender con la vista, afirmando en f. 16que la que es buena destreza y verdadera, no puede ser conocida del contrario, por ser cortos los movimientos, como que hay alguno que se pueda hacer fuera de tiempo, o algún tiempo que no sea divisible: y por esta razón todo lo que en él se hiciere (con acciones físicas) deje de ser comprensible, o que pueda el brazo con la espada, o el cuerpo por medio de compás moverse, sin que la vista, que en su respecto es espiritual, y obra en instante lo que ellos en tiempo, no lo pueda percibir.

Aunque en folio 28 toma diferente acuerdo, y dice, que se conocen los movimientos por el respecto que se hace de ellos al medio del movimiento, o al medio de la postura; mas como no haya media postura, ni medio movimiento, viene a ser tan defectuoso lo que dificulta, como lo que facilita. Y mucho más el 4 que diga en fol. 31 que le conviene saber al diestro cuán fácilmente se puede impedir al principio cualquier movimiento, por vehemente que sea: porque habiendo dicho, que los movimientos no se pueden comprender, no cabe en razón que lo no comprensible pueda ser impedido y remediado. Y se hallará mayor contradicción, en que diciendo en fol. 63 que por lo que es ciencia la que trata, se saca una treta universal infalible contra todos los perfiles y posturas, movimientos, compases y heridas. Y afirmando en fol. 205 que al que obrare con ciencia, aunque el adversario mude al principio, y no venga por la parte que primero se pensó, ni permanezca en la postura, ninguna cosa de las que hiciere impedirá el efecto de la treta, ni será parte ninguna mudanza que hiciere para ello, habiendo dicho en el fol. 33 que hay término en que la espada no puede seguir el orden del entendimiento, ni el que tiene establecido la razón en la ciencia, por el desatino que trae la espada del contrario: en que a este le da más potestad que a la ciencia que él dice que inventó.

Y también hallará V. Excel. Que diciendo en fol. 205 que sabida la causa universal, y enterado en ella el entendimiento, es imposible que sea parte alguna mudanza del contrario para estorbar el efecto de la treta verdadera: y habiendo dicho en fol. 37 (tratando de la perfección del diestro) que ha de elegir tal medio, que el movimiento que el contrario hiciere atrás con los pies, no sea parte para estorbar la ejecución de la herida: luego poco más abajo destruyendo este concepto, 5 como hombre que no hallaba fijo en alguna de sus determinaciones, dice: Pero si el que así se retirare continúa aprisa los compases, no hay destreza inventada contra él. Y no es menos contradictorio el decir en fo. 242 que los diestros que emprenden alguna treta, sin llevarla primera en la intención yerran: y si aciertan, por la mayor parte es acaso: porque no teniendo el diestro en la intención treta señalada, obrará en confuso; habiendo dejado resuelto en fol. 18 que no se puede llevar ninguna cosa pensada para reñir, o jugar, porque no se sabe cómo se ha de poner el contrario. Y aunque esto parece que lo pone por objeción contra la destreza común, tienen verdad conocida, en cuanto al no poderse saber en cuál de una de seis posturas conforme a las rectitudines generales se quiera afirmar el contrario.

Y se debe juzgar por desacuerdo el haber resumido en folio 242 que la causa instrumental de la destreza son desvíos, reparos, acometimientos y engaños. Y en folio 25 y 38 que la materia de la destreza (además de otras cosas) es el reparo y el desvío: y que luego diga en su declaración fol. 1 que aviso es una herida de primera intención, que se ejecuta sin reparo ni acometimiento, diciendo lo mismo de la treta de primera intención; con que parece que estas tretas no son de la destreza, ni de su materia y forma. Y el precepto que da en fol. 177 que enseñen al discípulo conforme a la fuerza que tuviere, para que le aprovechen las tretas: y lo dicho en fol. 29 que en la destreza la fuerza grande corrompe a la 6 pequeña, lo refuta en fol. 179 diciendo, que el reparo de flaco brazo puede resistir al movimiento de brazo fuerte, con que la primera prevención queda nula, y de ninguna importancia. Y si lo dijo por el reparo que pone en demostración fol. 180 es error culpable, pues además de no haber reparos, como está probado, ignoró totalmente cuál especie de ángulo es ocupable, y cuáles inocupables por propia naturaleza.

Y es bien de considerar la poca firmeza que tuvo siempre en lo que iba resolviendo, pues dejando por cosa asentada en fol. 15 que el fin de la destreza es la verdadera ejecución de las heridas en el contrario: y en fol. 37 que el oficio del diestro es herir, así como del físico sanar: y afirmando en fol. 244 que la destreza enseña todo lo necesario a la defensa del hombre, procediendo contra la causa final y eficiente, queriendo en rigor, que para quedar un hombre defendido, es necesario quitar la causa eficiente, que es matando al contrario; dejó dicho en f. 269 que la destreza verdadera no trata de matar necesariamente, sino a defenderse el hombre, y como a su salvo podrá herir al enemigo defendiéndose, como que la herida no sea causa del morir, y el matar no fuese medio de la defensa.

Y no tiene menos defecto el haber dicho (encareciéndolo en sumo rigor) que el medio proporcionado es lo más importante de la destreza, y la distancia determinada que tiene cada especie de herida, pues dice en fo. 18 que podrá el diestro ser ofendido con el mismo medio proporcionado que eligiere para sí; con lo cual da a entender, que lo más principal del arte le 7 será de daño al más perfecto en él: y en tal caso lo más que se había de procurar, habría de ser, huir del medio proporcionado, y buscar modo para que el contrario lo eligiese. Y verdaderamente si lo que Carranza escribió se hubiera de reducir a lo práctico como fin de lo teórico, sería hacer otra esgrima como la vulgar, pues se verá en f. 154 y 156 que la funda en reparos de uñas abajo y arriba: y así es notable desalumbramiento, que en f. 158, 159 y 160 le dé el desvío a la capa, como lo hacen los vulgares: y a la daga el desvío y los reparos menores, que es otro mayor desacuerdo en querer introducir que hay reparos mayores y menores, pues aún cuando hubiera reparos, no había de haber esta diferencia, pues no la hay, en ser el tajo o el revés mayor o menor, ni en esto puede haber particular especie.

Y no con mejor acuerdo dice en fo. 188 que algunas veces ayuda la daga a la espada a acometer, pues se ve que no tiene largura igual, para que el acometimiento tenga partes proporcionadas para herir, o hacer mudar postura al contrario, que son los dos efectos del acometimiento perfecto. Y quiere con lo que presupone en fol. 160 sentar como por nueva doctrina, que para el reparo han de estar la espada y la daga juntas: y que el

broquel y la rodela hagan los desvíos y reparos, siendo lo más ordinario que los vulgares antiguos y modernos hicieron, y hacen, cuando se aporrean en los corrales. Y anduvo no bien considerado en lo que dijo fol. 178 que la postura de ángulo recto esté más dispuesta para los movimientos circulares (que son los tajos y reveses) que en el 8 ángulo obtuso, pudiéndolo advertir, que en este estará hecho uno de los tres movimientos de que cada uno ha de constar.

Y varió con exceso diciendo en fo. 164 que ningún extremo es bueno en la destreza. Y después en fo. 242 y antes en 33 que es necesario para algunas heridas hacer el cuerpo extremos. Y con mayor exceso en lo que afirma fo. 161 que cincuenta hombres de espadas y rodelas podrán romper a cien picas, resolviendo después por averiguado fo. 189 que un hombre no puede reñir más que con uno (siendo el común adagio, que ni aún Hércules pudo contra dos) cabiéndole por la primera cuenta dos piqueros a un rodelero. Y donde justamente podrán los profesores de su destreza, y herederos de sus escritos perder la confianza, es, en que habiendo dicho fo. 43 que el medio proporcionado es la llave de la destreza, haciéndolo de suma importancia, y definiéndolo en su declaración, que es la distancia determinada que tiene cada especie de herida, diga en fol. 162 que entonces se conoce la destreza y la ventaja cuando pleitean los diestros, teniendo cada uno su medio elegido, como que esto fuese posible y no forzoso, que el medio proporcionado haya de causar por efectos necesarios suyos el ser dispositivo y privativo, y que entre dos que batallaren, solo uno ha de ser el agente, y el otro el paciente.

Y ayuda a su descrédito el aprobar y conceder en fol. 29 (siguiendo la incerteza del vulgo) que dedo de espada, y palmo de lanza, es gran ventaja, habiendo querido probar en la graduación de la espada fol. 178 y otras partes, lo contrario. 9 Y más en particular acerca de los doctos, que diciendo en fol. 184 que todas las tretas de la daga son universales, diga en la décima treta suya, que si la espada estuviere fuera de término, la haga reducir a él por medio del movimiento arrojadizo, como que esto fuese treta. Y donde mayor precisión habían de mostrar sus escritos, que es en las definiciones, es donde mayores errores se verán cometidos, porque ni declara por ellas la naturaleza de las cosas, ni se convierten con lo definido: se verá en la definición del ángulo recto, que dice, es el que hace la espada y el brazo estando el cuerpo derecho igualmente sobre ambos pies; supuesto que estando de esta manera puede hacer el brazo no solo el ángulo recto, sino el agudo y obtuso, según en la rectitud que se afirmare, alta, baja o la de en medio, en que le es posible afirmarse: y la del acometimiento perfecto, diciendo, que es al rostro; estando como está averiguado con certísimas experiencias, que no basta que se acometa al rostro como suena la generalidad de la definición, sino con aquellos requisitos y tal correspondencia de líneas, que no baste contra ellas el movimiento de diversión, y que tenga partes tan proporcionadas que pueda herir, u obligue al contrario a mudar postura. Siendo mucho menos precisa la del acometimiento al muslo, aunque le dice imperfecto, pues no cabe en la más desordenada potencia de un bárbaro hacer tal acometimiento, ni en la vulgar enseñanza cupo tal desalumbramiento, por no tener la continuación del movimiento natural alcance ni punto donde poder 10

herir; y ser lo más ordinario en el desatino del vulgo hacer acometimiento al rostro con intención de si levantare o desviare el contrario la espada, herir en la barriga, o debajo del brazo, o en él.

Y en la del atajo, que dice es en la destreza, cuando una de las armas se pone sobre la otra, que la que está sujeta, tiene menos partes por donde salir, que por la indistinción que tiene hace su doctrina de suma confusión: porque teniendo la espada sujeta más partes por donde salir (si bien con más movimientos de los que piden la formalidad de las tretas) que la que la está sujetando, como lo enseña la experiencia, no en todos los grados en que se ponga la superior la tendrá atajada: y así conviene que se haga la sección conforme al arte, para que el movimiento natural obre según su naturaleza, y no sea vencido por accidente.

Y en la del compás curvo, que a su modo de entender, y no en el riguroso, es cuando el pie se pone al lado de la circunferencia: porque cuando se da en muchos casos que importa por cualquiera de las líneas transversales, que forman el cuadrado y ángulos rectilíneos dentro del círculo, también llega a ponerse al lado de la circunferencia, y no por esto es curvo. Y en la del matar el movimiento, cuyo equívoco ha sido causa de grandes desatinos, y cuyas palabras dicen así: Matar el movimiento es cargar la espada sobre la contraria, después de haber dado el golpe en la mía. Porque si quiso decir esto del movimiento violento, y la oposición que le hace el natural, y deja que la espada que sube del golpe (como en la treta de 11 arrebatar, y tajo) sin haberle salido al encuentro, y aplicándole fuerza al movimiento natural, no le será posible matarlo. Y si este golpe lo considera en la parte superior, y filo obtuso, es más la imposibilidad, porque el movimiento natural de brazo y espada será vencedor necesariamente: y lo más que podrá hacer la espada inferior será un movimiento mixto violento, si el contrario lo comenzare, y no en otra manera.

Y en la de la línea diagonal, que según su sentir es cuando la espada está en postura, no anduvo diligente geómetra, porque esta no es la que él dice, sino la que al cuadrado, o cuadrángulo rectángulo, o paralelogramo, tirándola de un ángulo a otro lo divide en dos partes iguales, como la del diámetro al círculo. De suerte que todo lo que escribió, además de ser un lenguaje étnico, digresivo, lleno de verbosidad, su estilo es paradójico, pues todas o las más de sus proposiciones parece haber querido que se pudiesen defender por la afirmativa y por la negativa paradójicamente. Y en imitación de lo más burdo de la esgrima quiso que las tretas se convirtiesen unas en otras: y en su definición dijo: Tretas que se convierten, son aquellas que acaban en tajo comenzando en estocada, o comenzando de revés acaban en tajo, y son universales. Y porque todos los puntos que se han tocado han sido de reconvención, sin casi abrir la puerta al discurso, permita V. Excel. le suplico, que contra este se den como unos barruntos de doctrina, no juzgándolo a vana curiosidad, o presunción de hacer ostentosa prueba de ingenio, sino a estímulo de los que más 12 confiadamente se han aventajado, y solicitan estimación por grandes testuarios [los maestros o eruditos que escribían y defendían interpretaciones doctrinales detalladas] de Carranza.

Conversión según lo que significa el rigor de la palabra, y el común entender de los doctos, es cesación de un hábito, y adquisición de otro sin corrupción del sujeto. De los sujetos hay uno operante, y otro operado, con la real distinción que se halla entre lo que produce y es producido: y hay sujeto de que se trata, y este en materia o abstracto de ella y considerado. El sujeto operado en materia densa elementada, como piedra, madera, oro, y los otros metales, se puede deshacer, desorganizando las partes de su composición, y volver a hacer otro con nueva forma, o la misma: pero la treta que se compone de movimientos, cuya esencia es imperceptible, y que solo el cuerpo movido es el que se comprende, y por la diferencia de lugares que va ocupando, hace conocido el movimiento y la distinción en sus especies, la forma que una vez se le diere, que por ser accidental ha de pasar con el tiempo en que fuere hecho, y cuya especie formal puede ser memorable y no visible, no se le podrá quitar y dar otra, ni los movimientos que se hicieren para la treta de tajo, servirán para la de revés o estocada: porque como tenga cada uno en su simplicidad lugar conocido y propio, por donde se forme, y cada uno distinto del otro, jamás sufrirá alteración, así como no se verá que los extremos estén juntos, ni el medio en alguno de los extremos.

Se prueba también, en que el operante diestro no es la treta que se forma, 13 que esta es el sujeto operado, y la que se corrompe sin necesidad, que sea con adquisición de nueva forma: porque allí no existe la materia prima para la propagación o reiteración de aquel individuo (que esta ha de estar en lo sensible y vegetable) ni goza de la universal circulación de naturaleza en la generación y corrupción universal de formas, antes un término de todo punto final, en quien con el efecto del herir gozan de perfección, y la dan al principio y al medio. Y también se prueba con aquel tan conocido principio que la proposición, y otra obra cualquiera sin principio, medio y fin, carecen de forma: y que así como la potencia descansa en su acto, así la causa descansa y se goza en su efecto. Pues si la herida lo es de la treta, y sin ella no tendría perfección, por ser una de sus partes, y forzoso que las que constituyen un todo, estén en él; si esta treta se convirtiera, o había de ser después de ejecutada la herida, o antes del herir.

Si después de ejecutada, es imposible; porque la plenitud de su acto y perfección de su fin, la habrá dado a todas las partes de su compuesto, sin poder naturalmente apetecer ni recibir más: y así todo lo que de nuevo se hiciere, ha de ser fuera de ella, y para otra cosa semejante, diferente, o contraria, sin que se apoye en el todo ni alguna de sus partes, ni alguno de los movimientos que ya fueron en su composición, de tránsito a los que de nuevo se hubiere de hacer. Pues si fuese antes, no tendría perfección por faltarle su efecto; y también, porque si una treta se convirtiera en otra, o había de ser conservando su ser individual en sí específicamente, o 14 conservándolo en otra por la unión e introducción en ella. Si en sí, ya no sería conversión: si en otra, se darían dos cosas juntas y apartadas en un tiempo, y confusión entre la singularidad y pluralidad de actos, queriendo la diferencia en las tretas pluralidad, y singularidad la unión o conversión. Pues haber solo un efecto, si hay dos causas, sería de la una, y la otra quedaría sin él, y no se sabría de cuál fuese; y siendo procreado de ambas, ni sería propiamente tajo ni revés, contra lo necesario, que lo procreado sepa a las dos naturalezas de los procreantes.

Y cuando en la treta hubiera esta posibilidad, ya el producto no pertenecería a un género, ni tendría una definición; que entonces el género de la definición no habría desigual para que fuese más de uno que de otro predicamento. Pues ser y no ser tajo y revés, no ser y ser revés y tajo, conocidamente implica, y quedarían destruidas la contrariedad y diferencia, confundiéndose en la indistinción, y el número fuera unidad, y la unidad número. Y por último, así como el ser de la treta está en lo actual, y el de la herida en lo actuado, cuyo progreso apetece acto libre, y término sin término: si el tajo o el revés se convirtieran en sí, o en estocada, o esta en alguno de ellos, se había de hallar en cada uno medio de extremidad, y este le impidiera su fin.

Y como el término de quien (según los filósofos) dice la materia, y el término a quien la forma, y esta sea la esencia de la treta; privación de esencia no dice conversión, sino corrupción total; con que se prueba que las tretas no solo no se convierten, pero ni se 15 juntan, entendiéndose lo propio de los movimientos: aunque diga Carranza fol. 31 que para perfección de la destreza es menester saber cuáles son los que se convierten. Y donde quiso echar el resto, y dar el más aventajado precepto de su enseñanza (aunque no con más dichoso acierto) fue en el fol. 184 que dice: Y también haciendo ángulo con la daga en la espada de cualquier especie que sea, meter luego el cuerpo en él, regla universal para todas las especies de las armas. De esta proposición tan general como afirmativa, y la fé que le han dado los que han querido más errar creyendo a otros, que acertar por propio discurso (acto afeminado y digno de toda reprensión) han nacido peligrosos y mal afortunados atrevimientos, atribuyendo los sucesos de mayor infelicidad que muchos han padecido, no a lo doctrinado y escrito, sino a la poca precisión en el obrarlo; justa y loable disculpa [justo y loable decoro] cuando en la doctrina y preceptos en que se funda, se halla total certeza.

Y para probar que la referida no la tiene, no fuera menester aventajados estudios; pero bastará por quedar V. Excel. satisfecho, advertir, que si en cualquier especie de ángulo se pudiera meter el cuerpo, quedará destruida la distinción, que se halla entre la mayor y menor facilidad de los medios por quien se ha de hacer cualquier obra. Quedarán privados los actos del medio proporcionado, y todo fuera común distancia y disposición común; y fuera de ninguna importancia la privación y sujeción: y no hubiera diferencia considerable entre el estar una espada sujeta o sujetando; ni la 16 treta pudiera tener los dos efectos del herir defendiendo: y no se pudiera dar la real diferencia que se halla entre las tretas por la postura de la espada, y las que se hacen ganando grados al perfil: ni las que ha descubierto el arte en la de primera y segunda intención, que entonces no sería menester aguardar a que el contrario hiciese movimiento, para que por medio de alguno de los mixtos se le pudiese herir; ni hacer el que llamamos cero, para sacar la espada del lugar peligroso, porque no lo habría.

Y el acometimiento sería superfluo, pues jamás faltaría disposición. Y el abrir el ángulo (eficaz remedio contra las ganancias y el atajo, para la valerosa acción del esperar) no fuera de ningún efecto, ni ofreciera inconveniente poner la flaqueza de la espada en la fuerza de la contraria sin ganar grados al perfil, ni de tan suma importancia el ponerla habiéndolos ganado para las dos tretas generales. Y para decirlo todo, el ángulo interior y exterior fueran de igual poder, y no tuviera más potestad, más señorío, y mayor dominio el agente sujetante que el paciente sujetado.

Y no mejor considerado definió en fol. 3 de su declaración, que la treta doble es la que tiene dos golpes [dolpes], a diferencia de la sencilla, que tiene uno solo: a cuyas palabras flojamente se han rendido muchos de los que precian redimir el dulce y suave trabajo del discurso tan estimado de los doctos a costa de la fácil creencia. Y antes de que impugnemos este lugar, sabrá V. Excel. que ninguna de las seis especies de movimientos simples (de que 17 habló Aristóteles, y sobre que se funda la destreza) puede tener más que un término ultimado, y un acto para ir a él: porque obedeciendo el instituto de la naturaleza que en ellas existe intrínseca o extrínsecamente, como principio que es del movimiento, cada una trabaja por obrar lo que pertenece a la conservación de su ser, que es donde se recrea y goza la potencia con la perfección y plenitud de su acto, y esto con vehemente y natural apetito hasta conseguirlo y llegar a su fin, en que ha de hallar y tener permanente sosiego: Pues como este reposo y ultimado fin no pueda estar en todo lugar, ni en muchos lugares particulares, ni que entre sí tengan contrariedad que si lo tal fuera, cuando llegara a colocarse en el uno, tendría apetito de otro en que no estuviese (de que resultaría confusión y contienda entre lo leve y lo grave), convino que el lugar fuese uno: y porque este siendo singular ha de ser distinto de los otros, y no poder estar todos en uno, mi uno en todos: también fue necesario una sola acción para ir a él, respecto que las acciones diversas, y la pluralidad de formas, piden diversidad de lugares, en qué, ni para qué, un cuerpo puede en un tiempo actuar.

Y por otra razón más familiar es de saber, que el extrínseco movimiento del hombre es un accidente [ente] nuevo que se comienza y acaba en tiempo: y como ninguna operación suya (en lo material y corpóreo) pueda ser infinita, porque no lo es su potencia, y él, y todas sus acciones, y el instrumento con que las hiciere, ocupen particular lugar (que lo finito no puede estar en todo lugar, ni ocupado) así el que 18 ocupará cuando hiciere el movimiento violento, desde cualquier lugar que lo comenzare, será y ha de tener su fin en el extremo de la rectitud alta, que serán el cénit del operante. El natural en el extremo de la rectitud baja, como centro de la gravedad. El accidental en el de la longitud y rectitud de adelante: el extraño en la de atrás en cuanto al brazo le es posible encogerse. El remiso en el de la latitud y rectitud del lado. Y el de reducción en el ángulo recto.

Y como cada uno de estos lugares es particular, y mire al otro su contrario de oposición, se sigue de necesidad, que a cada uno de por sí se haya de ir con singular y única acción: y que su progreso ha de guardar la simplicidad de su sujeto por serle preciso a cualquier movimiento que incluya en sí [su] duración, y sin que la corrupción le prive su ser, un solo principio, un solo medio, y un solo fin; y este terminando entre el fin y el principio, como la línea recta entre los dos puntos que le sirven de extremos. Y siendo también necesario, que sin la diversidad de principio, medio y fin, no haya novedad, así en la continuación, como en la generación nueva; y que lo que tuviere un principio y un fin con un medio propio, y no respectivo y común de dos, sea simple, así también le conviene singular acto como a singular potencia.

Y así como en la discontinuación de los actos está antecedente la diversificación de las causas, así en la siempre semejante acción se muestra la singularidad de quien la

produce. Esto entendido es de saber, que en los actos necesarios, ora sean dados por la común naturaleza a los agentes naturales, o en las físicas 19 voluntarias operaciones del hombre dirigidas a algún fin, si se ha de alcanzar este, no presupone libertad en el dejar de obrarlas; antes bien es necesario usar de los medios por los que ha de tener ser: así porque cuando la voluntad quiere una cosa, no puede dejar de quererla por el tiempo que la está queriendo, como por que todo acto conviene que sea en el ser hecho, que es de razón del tiempo pasado, en el hacerse que es del presente; y en el haberse de hacer, que es del futuro; y cada uno de estos ha de tener un principio, un medio, y un fin, cuyas emanaciones son efecto, perfección, extremidad, postrero, sosiego, estado y complemento.

Y como de un principio y un fin no procedan cosas diversas, o contrarias (que lo simple no tiene contrariedad ni diferencia) y estas y la semejanza no se puedan hallar en una cosa, ni por una razón, se ha de seguir, que cada movimiento es de por sí (según que dijimos) y cada treta es singular, y que en su formación ha de tener un principio de donde comience, un medio por donde pase, y un fin adonde pare, que es la herida: y que los movimientos natural, accidental y oblicuo, que son los que pueden causarla; ni se pueden hacer todos juntos, ni haber más que uno de ellos en la simple formalidad de una treta: y así se concluye, que no la hay doble, ni que tenga dos golpes.

Esta verdad no obstante de ser tan conocida, lo hará más patente un ejemplo; y antes de él ha de quedar asentado por natural y posible [imposible], que las cosas generables y corruptibles compuestas de materia y forma, puedan ser de otra manera de la disposición que 20 ofrecen sus causas y propia naturaleza, y forzosa ley suya, que las partes de un todo estén en él, o en la continuación de su forma, si por ser accidental (como la treta) pidieren corrupción de las unas para generación de las otras, o permanentes en el todo artificial o natural. Y que la treta de revés y tajo, y los medios tajo y revés, es un todo artificial compuesto de partes primeras y postreras, en que ha de haber corrupción de las unas para que las otras se engendren, o para que se continúen, y ser el movimiento remiso y violento incapaces de herir, si bien las tretas que decimos no se pueden formar sin ellos para que el natural se engendre, y hiera; ahora se forme un tajo o revés de cualquier especie desde afuera, y se le dé punto de tocamiento para su ejecución en la línea que le perteneciere conforme la posición de los cuerpos; y se verá, que el movimiento natural tiene su principio en la rectitud alta (como queda dicho) y su duración hasta el centro común, donde tendrá su fin ultimado: y que siendo como es todo este progreso una acción simple, imposibilitada de incluir en sí pluralidad, no puede tener más que un golpe, ni la espada alcanzar en otro punto que en aquel donde rectamente tuviere su alcance y correspondencia.

Y cuando fuese posible que diese primero en la cabeza, y continuando su acto diese en el brazo, y luego en el muslo, en la pierna y en el pie (que será obra de potencia desordenada; y la común distancia ofrecerá disposición común para herirse los dos combatientes) no por eso sería más que un movimiento natural, ni más que una treta, pues 21

para el segundo ni tercer golpe no precedió nueva composición. Pues demos que se haga desde adentro, y que pueda tener alcance en más de una parte; también se verá, que además de la dificultad que se ofrece por la definición del círculo (que desde el centro a la circunferencia son todas las líneas iguales) tampoco tendrá dos golpes, porque el primer punto donde tocare la espada, le servirá de centro accidental, y hará detención para que no baje ni se continúe el movimiento natural, si no fuere precediendo otro de diversa especie y en tal caso convendrá que sea remiso o extraño. Y corrompiéndose unas formas, y engendrándose otras, no se puede decir que es solo una treta, supuesto que ya el tajo se compuso de todas sus partes, entendiéndose lo mismo en la estocada; aunque las partes primeras y postreras que decimos se han de entender en razón de los lugares que en la continuación del movimiento accidental irá dejando la espada con adquisición de otros nuevos.

Además de esto, dos golpes distintos o se han de dar en un lugar, o en dos. En uno es imposible con un singular movimiento, porque entre el uno y otro golpe ha de haber movimiento que sea contrario; de suerte, que si fuere natural para tajo o revés, no volverá a ser sin la precedencia del violento, y por ser segundo no perderá ni se mudará su naturaleza. Y si el golpe fuere de estocada, es necesario que se termine el movimiento accidental en algún lugar particular del cuerpo; y habiendo de tener regreso, que se corrompa y le preceda el extraño; y al oblicuo para el medio tajo o revés, el movimiento remiso. 22 Y habiendo de ser en dos lugares con discontinuación de movimiento, dicho se está que ha de ser con dos movimientos, y que serán dos tretas. Pues imaginar que uno de los golpes primero o postrero, haya de ser en la espada, sería un vano desacuerdo; porque si la ejecución de la treta fuese desde afuera tocando en solo un punto en razón de ángulo recto, y ocupando la línea del diámetro superior, como es preciso, donde no puede estar la espada contraria en aquel tiempo (ni cuando esto fuera posible se le pudiera dar golpe por lo ya sabido, que la línea solo se corta por su longitud) no sería una treta, pues habiéndose formado el movimiento circular con todas sus partes, sería necesario para herir, que haya duplicación de círculo, y que se componga y conste el segundo de otros tres movimientos como el primero, si ya no es que se quiera admitir el notable error de Achille Marozzo, que dice, se pueden tirar dos tajos juntos en un tiempo.

Además de esto, si hubiera treta doble, o habían de ser ambas heridas de una especie, o entre ellas se había de hallar diferencia, con necesidad que la una estuviese fuera y apartada de la otra con distinción de lugares: que así como no se hallará un punto libre sobre otro que esté distinto, ni una línea recta sobre otra, que no sea cortándola por su longitud, tampoco se verá una herida sobre otra, aunque es posible que por la rotura que hubiere hecho la espada pueda entrar otra vez, pero sería duplicación de herida y treta sin distinción de lugar, y en cualquier manera habían de cesar y dejar de ser 23 los unos movimientos para que se fuesen los otros, respecto que sin el quiete o corrupción de un acto, no se hallará continuación o novedad. Y así como no es más que una sílaba donde solo hay una letra vocal con una, dos, o tres consonantes, así no será más que una treta, ni tendrá más que un golpe, la que tuviere solo un movimiento de los que pueden herir, ora se considere en razón de su esencia, o en el lugar de donde comenzare; aunque el natural del tajo o revés es necesario que para ello se comience desde el ángulo obtuso y rectitud alta, que si fuese desde el recto o agudo, su

continuación iría apartando la espada del punto donde había de tocar hiriendo. Y de todo esto se ha de seguir por necesaria consecuencia, y tenerse por verdad asentada, que no hay treta doble, ni alguna que tenga dos golpes.

El tercer punto pedía más prevención de la que se ha podido hacer en tiempo tan limitado, por ser proposición tan hinchada y campanuda, que han imaginado muchos (de los que teniéndose por iluminados, y que gozan divino aliento [aflato], han llegado con su presunción a los más dilatados términos del desatino) que en cualquier palabra de ella hay misterios de imposible investigación para los demás. Esta es la que definió Carranza diciendo: Treta universal es la que se hace contra tajo, contra revés, contra estocada, para arremeter y esperar. Y en muchas partes de su libro, fol. 39.A.32.B.33.A. que hay heridas universales.

Y para que procedamos con fundamento, es de saber, que el entendimiento del hombre además de entender y aprender las cosas discursiva y 24 sucesivamente, y no con simple intuición como el Ángel, es en universal en cuanto tiene una potencia activa, intelectiva, formal, con que alcanza muchas cosas en su inteligible universal, que es de su esencia, con el cual, y en el cual son muchas cosas inteligibles: y el particular cuando desciende practicando en entender alguna especie especificada que adquirió y conservó en la memoria, para lo cual es necesario reducir esta potencia universal en actos divisos [divididos, separados]; y esta división ora en abstracto, o en concreto, que sea por particulares actos, que de lo contrario la potencia intelectiva pudiera entender muchas cosas juntas en un tiempo, la discursiva diversos discursos: y así la imaginativa y aprehensiva; y se siguiera, que muchas cosas fueran una, y una muchas, siendo verdad, que en tanto es cada cosa, en cuanto es una en número.

Y llegándolo más a nuestra materia, todas las tretas potencial y genéricamente, están en la universal intelectualidad juntas, aunque distintas en su particular razón, y de esta se hacen todas cada una de por sí difusa y sucesivamente: y en esta universal intelectualidad del hombre, cuyo entendimiento está en principio y pura potencia de entender (la cual potencia no está terminada a ninguna suerte de cosas, sino que es común y universal a todas) se halla por los diversos conceptos que tiene hechos según las especies que los sentidos le han enviado, una treta universal para todas las particulares, o generales, que contra él se pueden hacer, y para todas las posiciones 25 o posturas en que el contrario se puede afirmar, y según la especie y largura del arma que trajere; que es tanto como decir: Sabe el entendimiento, que contra la postura alta se ha de hacer tal treta, y ha de constar de tantos y tales movimientos, y con tales especies de ángulos y compases; y así en las demás, siendo necesario que haya una forma universal, y una universal disposición, antes de que baje a la forma específica, y que de ellos tome el operante la parte conveniente al acto que ha de hacer, en el sujeto donde ha de ser hecho; y que lo primero esté en el entendimiento sin manos, y lo segundo en él, y con ellas.

Y así como la causa universal produce específicamente todas las cosas que tienen ser (lo que a la particular le es imposible) así la treta universal, si la hubiera en concreto, había de producir todos los efectos que en las particulares se hallan, dirigiendo cada una al lugar que le es propio: porque cada treta pide particular lugar, particular disposición y

privación, particulares movimientos, lugar particular para formarse, y otro donde se ha de ejecutar; de que se sigue, que cinco heridas, estocada, tajo, revés, y los medio revés y tajo de primera y segunda intención, por la postura de la espada, y desde los grados del perfil, que es de razón de la abstracta disposición universal, pidan diversos tiempos y lugares.

Y siendo como es particular en el sentido, lo que es universal en el entendimiento, se concluye, que treta universal en lo práctico de la destreza es imposible que la haya. Ni fue necesario el haberla para el diestro: 26 porque si el contrario (en la común razón del hombre) por la forma de su composición, organización, y finito poder, está naturalmente privado de poderse afirmar (en un tiempo) en todas las posturas, y hacer todas las especies de movimientos y compases, y herir con todas las especies de heridas, antes en cada una, y cada una de por sí, particular impedimento basta, y bastará para su remedio. Pues si la treta es causa de que proceda la herida, y esta su efecto, también se ha de seguir, que siendo singular la una, lo ha de ser la otra: y que no hay herida universal fuera del género generalísimo, o supremo del que tienen su emanación las particulares.

Bien es verdad que Carranza trató de ella ostentativamente, con que hace menos grave la culpa de los que han sustentado esta opinión fundados en solo la creencia de sus escritos, cuya no ajustada razón (además de lo dicho) se prueba así. La causa universal es aquella que produce efectos de diversos géneros (y así lo sintió Carranza siguiendo la doctrina de Aristóteles folio 37) y la particular solo uno; esto nos dice la filosofía en común, y la particular de nuestro arte enseña, que los movimientos que pueden constituir herida son tres, el natural, el accidental, y el oblicuo, y que cada uno de estos, y de los demás, ha de tener (como ya lo probamos) un solo término, y un acto, para ir a él: y dejamos resulto, que ninguna treta en su simple formalidad puede tener más de un movimiento de estos para herir: y si en la compuesta se hallare otro más, será, o en plano inferior para sacar 27 la espada de alguna sujeción y lugar peligroso, o en superior, para la duplicación de algún círculo (sirviendo el primero de acometimiento para el segundo) pero ninguno capaz de poder herir.

La formación del tajo y el revés, aunque constan de iguales movimientos en número y especie, realmente difieren en los lugares por donde se forman, siéndole el izquierdo preciso al tajo, y al revés el derecho. A la estocada pertenece el ángulo recto, como medio de las rectitudines generales del hombre. Los puntos de tocamiento para las heridas también son diferentes, como lo son los medios proporcionados en razón de la distancia, pidiendo cada uno otro que le corresponda. Los cinco compases, oposición y contraposición tienen entre sí. El herir antes de tiempo, en tiempo, y después de tiempo, conocida es su diferencia.

De estos siete principios tan absolutos, que en cuanto durare la presente organización, compostura y simetría del hombre, han de permanecer en su verdad, se ha de seguir por necesaria consecuencia, que cada herida ha de ser particular en la formación, y en el lugar donde se ejecutare; de suerte, que el tajo, solo será tajo; el revés, solo revés; y la estocada, estocada, sin que alguna de ellas en lo singular sean todas. Y así como no es

posible haber treta universal, tampoco lo es, que haya herida que lo sea. Y si bien se considera el libro de Carranza fol. 143 se hallará que lo confiesa así, en lo que dice, que la treta no es otra cosa, que un pensamiento y concepto del ánimo puesto en práctica con su demostración. Pues 28 así como no habrá quien cuerdamente ose afirmar, que en un tiempo se puedan tener dos pensamientos perseverando en ambos, o formar dos conceptos con todas sus partes de aprehensión de aquello sobre que se ha de discurrir, discurso sobre lo aprendido, aprobación de lo alcanzado, y la ejecución de ello, si se ha de reducir a lo práctico; tampoco se dirá, que en un tiempo se pueda formar más que una treta particular, en la que no puede caber potencia de producir, o causar efectos de diversos géneros.

Sumo desagrado, y aún aborrecimiento causara esta resolución absoluta y prueba real, si llegara a noticia de los que en la definición de Carranza, y rigurosa afirmación que la treta de atajo es la universal, han fundado sus mayores esperanzas, y establecido el seguro contra todas las tretas; contra que decimos con la común escuela de los filósofos, que así como fue y es conveniente, que la universal sea causa de la continua generación de formas, también lo sea de la continua corrupción de ellas, supuesto que otra cosa que universal no bastara; y como no haya más que una universal, por solo ella ha de ser hecho y deshecho. De modo, que tiene una potencia activa universal para la producción de formas, con que las deduce del no ser al ser, y otra corruptiva universal, con que las vuelve del ser al no ser, sin alteración de su esencia, y sin que el acto del corromper impida al de nuevo generar; ni por el contrario, que la contrariedad de efectos, sin que la haya en las causas, en la universal por ser sola, y sobre todas ellas se puede hallar. 29 Pero no se verá que en razón de la producción, ni por el tiempo que produce, corrompa aquello que está produciendo, ni por el de la corrupción produzca. Ni que este universal poder sea fuera de la razón de su esencia, es la causa, porque si entre dos sujetos el uno pudiese en su abstracto producir universalmente, y el otro universalmente corromper, se darían dos universales el uno fuera del otro, y cada uno sería universal y no universal, y terminaría, y sería terminado; siguiéndose por inconveniente, que lo universal tuviese causa sobre sí, y pudiese estar incluso. Se conoce esta verdad, en que toda acción activa está en el poder ser hecha, y la pasiva en el poderse recibir. Y fuera absurdo imaginar, que un sujeto puede tener acción activa universal para hacer, y pasiva universal para padecer recibiendo.

Y así como la línea matemática, que por ser concepto abstracto del entendimiento es invisible, e indivisible, y que ni aun con la imaginación ajena se toca, lo que no tiene la física y objetada en materia: así la treta universal, de la que dejamos probado, que solo está en el entendimiento, ni aún con la imaginación se puede tocar; y por consiguiente, ni con instrumento se puede impedir: que a no ser así, diéramos un imposible, que en cuanto pudiese obrar el entendimiento por sus actos espirituales, pudiese desbaratar, e impedir lo corpóreo con una singular acción: cosa que ningún cuerdo juicio ha de consentir que se ponga en argumento.

Y por otra razón, si el atajo fuera 30

universal, le convenía tener universal poder, y comprensión sobre todos los movimientos, y sobre todas las tretas que de ellos se pueden componer. Y que no tenga este sino limitada potencia, fácil será la prueba, pues se verá que el tajo y el revés horizontal, a los que el vulgo llama rompidos, están libres de su dominio, que por causa de pasar la espada que los forma de un lado a otro oblicuamente, sin que en su progreso se halle parte de movimiento natural ni accidental que sea simple, no sufre la transversalidad sobre ella.

Y también están fuera de su jurisdicción la estocada al pie, de que en la esgrima se hace no poca estimación. Y de la destreza verdadera hallamos dos tretas exentas y libres, que son el medio tajo, y medio revés, por la razón dicha del tajo y revés horizontal; que por si bien es verdad que se quitan, o por solo quitarse, o para quitarse y herir, es mediante la agregación y el desvío, y con movimiento de reducción mixto; pero no con el natural, que es por el que se hace la sujeción, que es el atajo. Y para ser mejor entendido, permita V. Excelen. este ejemplo. La formación del medio tajo comienza desde la rectitud del lado derecho, tienen su ejecución en el rostro; y el remanente de toda su forma se termina en la rectitud del lado siniestro; y para remediarlo se agrega la espada al principio del movimiento oblicuo, y con otro de su especie se le ayuda y hace que pase más presto participando ambas por el impulso de la que ayuda, del ángulo obtuso, cuya acción, pide 31 algo de movimiento violento; por manera, que se hace movimiento mixto, violento, y de reducción, hasta llegar la espada del diestro a ocupar el ángulo recto, y línea del diámetro superior, con que la del contrario se aparta del punto donde había de herir: y si desde allí comenzase el movimiento natural y la sujeción, ya no sería para remedio de la treta, pues el término donde se había de ejecutar, había de ser en el fin del movimiento de reducción, y no en el progreso del remiso.

Y por última razón se verá que la universal no por causa de la corrupción limita su poder para el producir, porque alternativa y universalmente hace estos dos efectos, lo que no se hallará en el atajo, antes si, cuando corrompe las formas de movimiento, y las tretas sobre las que tiene superioridad, termina asimismo la producción de tretas por él, y mediante él, restringiendo su potencia tanto, que solo se puede formar estocada en la vertical, o colateral derecha, o acometimiento, que para las demás tretas es necesario que pierda el ser de atajo, y quede la espada del contrario libre. Con que concluyo, que aún cuando pudiera haber treta universal en lo extrínseco, y parte práctica de la destreza, que no lo era el atajo.

Y si Carranza lo honró con este título y atribución, sería la causa (según mi sentir) porque el reparo, el desvío y el matar los movimientos dando golpe en la espada (que es a lo que llamó atajo) medios de que usó la antigüedad, y él en su imitación, y puso por fundamentos de su destreza, halló que este último era de mayor eficacia: y así como a más preeminente pudo la 32 lisonja de su afición causar este exceso, haciendo que a la parte corpórea le atribuyese lo que solo puede hallarse en la espiritual. Y no por esto pierda V. Excelen. Ni el aficionado la confianza de su defensa, que presto saldrá a la luz el modo en como los haya de conseguir por uno de tres medios, que es lo menos a lo que se ha podido reducir cosa tan grande como es defenderse de un enemigo tan poderoso como el hombre.

Probemos ahora, que el atajo no es treta, sin reparar que ha de ser a costa y sentimiento de los que rindieron su crédito a solo el hallarlo escrito, y hagamos la zanja, y levantemos el edificio de este argumento con fundamentos de verdad, y los preceptos justos de naturaleza, y luego con los de filosofía y razones comunes. Aquello es mejor, que para mejor y más perfecto fin se ordena. Treta es tajo, revés y estocada, de la que procede el efecto del herir o matar (y así lo entendió Carranza, f. 145). Y como la causa tenga y muestre su mayor razón de ser por ella y su efecto, que por solo ella, así la treta alcanzará la mayor perfección de su mismo sujeto, y la mostrará cuando hiriere o matare. La treta en su primera consideración, y sin ajustarla al precepto de la defensa natural, la parte que tiene de ofensa, fue inventada por la malicia, y depravada inclinación del hombre, para ofender y destruir a su semejante: y así como para ser bueno el veneno ha de matar necesariamente; así para ser buena la treta, ha de hacer semejante efecto, porque es veneno de la voluntad. 33 El atajo en su primera razón es defensa, amparo y remedio contra la treta, sin serle necesario herir, sino el defender sujetando: pues si en el ser de treta según su fin, tuvieran igualdad ella y el atajo, llano es, que la había de haber en sus efectos.

Vemos, que el herir en la treta es necesario sin poder dispensar la voluntad sobre ninguno de los tres movimientos que causan la herida, si bien le sea posible moderar la ejecución, supuesto que la herida no apela sobre mayor o menor, y ser perfección en el diestro, que su brazo, mano y espada, estén obedientes a su voluntad, sin que los movimientos, en cuanto a la virtud animal, excedan de su determinación; se sigue que el atajo no es treta, que si lo fuera, quedara en la menoridad de bondad. Dos tretas juntas, por un agente no se pueden hacer, por causa de los diversos movimientos, de que han de constar, o lugares diversos, donde se han de dirigir.

La estocada es treta, esta se hace por la cuarta parte del círculo mediante el atajo, y mediante él se hiere en la colateral derecha: luego se ha de decir, que el atajo no es treta, o que la estocada no lo es. La estocada es cierto que lo sea, porque tiene causa de daño: el atajo no, sino de defensa para ambos; se sigue que no es treta. Si el atajo fuera treta, cuando por la postura de la espada se formara la herida de cuarto círculo, o a la colateral derecha, fueran dos tretas; y con otra cosa que el atajo no se pudieran hacer otras dos, sino cada una de por sí; de que se había de seguir, que contra la estocada de cuarto círculo no pudiera haber defensa, así porque 34 no hay más que un atajo, como porque una treta no pudiera contra dos. El movimiento de diversión es poderoso para impedir esta estocada, quitando a la espada el movimiento en vía, dejando al atajo en su ser sin potencia para herir mediante él; luego se sigue que no es treta.

Contra el tajo hay tajo, revés y estocada; contra el revés, revés, estocada y tajo; contra la estocada, estocada tajo y revés, porque cada una es treta, y se deshace con otra de su especie y contraria; contra el atajo no hay ninguna, se sigue que no es treta. La materia de que se compone la treta (según Carranza, f. 25) es el tajo, revés, estocada, mandoble, reparo y desvío. Si el atajo fuera treta, se había de componer de estas cosas; vemos que no es así, sino contra todas, siendo su ser privación y corrupción de ellas; se sigue que no es treta: y de lo contrario diríamos, que deducido el atajo del ser potencial a lo actual, pudiera privar y destruir la materia, y los medios de los que y por los que habría

recibido, y había de recibir y conservar su forma, se sigue absolutamente, y sin alguna contradicción, que el atajo no es treta, sino regla universal, no en cuanto a producir en un tiempo diversas formas, ni efectos diversos, sino en cuanto ha de ser universalmente obrado por todos los hombres, como uno de los tres medios de su conservación y defensa: de suerte, que para las tretas que son de su jurisdicción, es universal, y otra cosa que él no podrá contra ellas, así como el ángulo recto y movimiento de conclusión sobre las suyas.

Otros muchos errores están en todo el discurso de su libro, que por no cansar 35 a V. Excelen. no los refiero (y porque el descuido en la guarda de este papel no sea causa de que algunos ingenios, hidrópicos [insaciables] de presunción, que por dar a entender que saben, dejan de saber preguntando: y quieren por la negativa alcanzar algo de lo mucho que ignoran, no consigan su intento, hasta que salga en público nuestro libro, sin que ellos puedan decir, como acostumbran, que son conceptos suyos) que como Carranza no investigó la delineación y simetría del hombre, así del todo, como de sus partes, no pudo llegar a saber cuántas líneas verticales se consideran en él, cuántas diagonales, y cuántas demicientes y de qué sirven en la destreza, ni los aspectos según como se han de mirar los contrarios, después de haber fenecido la treta, ni cuándo esta ha de ser instantánea, y cuándo puede ser permanente; ni supo la materia de ángulos, ni la verdadera oposición suya: ni qué es treta general, ni cuántas sean, ni por qué se les da este nombre y dignidad, ni qué tretas particulares están bajo la jurisdicción de cada una: ni cómo dominan sobre las rectitudines generales, ni cuántas sean estas, y desde cuál se puede herir inmediatamente, y desde cuál haya de ser mediata (consideración que también ha de estar acerca de las especies simples del movimiento, y de los considerados por el arte) ni cuántos medios proporcionados hay, ni cuál es el propio, el apropiado y transferido: ni alcanzó los movimientos de aumento, de disminución, de reducción, y de diversión: ni las especies del compás, ni la oposición 36 y contraposición suya; ni a qué pie le toca el hacerlo inmediatamente, y si hay algunos que les sean comunes a ambos pies, y precisos a cada uno; ni las especies del tajo y del revés; ni llegó a su noticia el movimiento de conclusión, último fin de todo lo que en la destreza se pudo hallar, así para la defensa y ofensa, como para quitarle al contrario la espada. Y hace prueba de esto el decir en folio 156 que usaba en su destreza el dar golpe a la espada para derribarla de la mano, y así no hay que espantar.

Y en cuanto a la figura que pone, a la que impropiamente llamó demostración universal de los compases para todas las especies de las armas, que es esta que se pone aquí,

AL DUQUE DE CEA TRANSCRIPCIÓN:

__________________ __________________________________________________________ se debe considerar, que para que fuera

entendida, y tuviera verdad asentad filosofía Matemática, que es la que trata de las cosas que tienen cantidad numerable, o mensurable, y hace del número absoluto, la ciencia de la Aritmética, y de la medida absoluta la ciencia de la Geometría, s en la Filosofía natural por lo que toca a los movimientos, apoyándola en la materia de graves y leves, con la verdadera proporción de lo que se disminuye, o aumenta, en la ascensión, o descensión de la esp siendo el movimiento natur capacidad humana, saber los grados que se van aumentando de fuerza en los lugares fuerza en los lugares que va adqui que va disminuyendo el violento de la que extrínsecamente se le ha comunicado, y por el que es impelido, pues ha de tener el principio fuerte, y el fin flaco, esto es, cuando el cuerpo que baja o sube, no es llevado, sino arrojándolo con impulso de fuerza, que si es llevado, como la espada, de la mano y brazo, no le es concedido al Ángel saber la fuerza que le comunicará el hombre, por ser acto que depende de su voluntad, y tener por privilegio el libre albedrío, así en esto como en la determinación del lugar, adonde la dirigirá comenzado ya el movimiento, y el punto adonde querrá que pare, en que puede haber muchas determinaciones, supuesto que le será posible con una sola acción hacer dos movimientos diferentes, entre los que es AL DUQUE DE CEA - MAESTRO LUIS PACHECO DE NARVÁEZ TRANSCRIPCIÓN: KARUI LUIS FRANCISCO ROLDÁN FRAILE

__________________ __________________________________________________________ - ACADEMIA DE ESGRIMA LÁSER - 21 se debe considerar, que para que fuera

entendida, y tuviera verdad asentada, era necesario que la hubiera fundado de la filosofía Matemática, que es la que trata de las cosas que tienen cantidad numerable, o mensurable, y hace del número absoluto, la ciencia de la Aritmética, y de la medida absoluta la ciencia de la Geometría, supuesto que trata de líneas y números: y así mismo en la Filosofía natural por lo que toca a los movimientos, apoyándola en la materia de graves y leves, con la verdadera proporción de lo que se disminuye, o aumenta, en la ascensión, o descensión de la espada, cosa que a solo el Ángel es concedido; porque tural en su principio flaco, y en su fin fuerte, no cabe en la capacidad humana, saber los grados que se van aumentando de fuerza en los lugares fuerza en los lugares que va adquiriendo un cuerpo grave hasta llegar a su centro, o los que va disminuyendo el violento de la que extrínsecamente se le ha comunicado, y por el que es impelido, pues ha de tener el principio fuerte, y el fin flaco, esto es, cuando el no es llevado, sino arrojándolo con impulso de fuerza, que si es llevado, como la espada, de la mano y brazo, no le es concedido al Ángel saber la fuerza que le comunicará el hombre, por ser acto que depende de su voluntad, y tener por albedrío, así en esto como en la determinación del lugar, adonde la dirigirá comenzado ya el movimiento, y el punto adonde querrá que pare, en que puede haber muchas determinaciones, supuesto que le será posible con una sola acción hacer iferentes, entre los que es __________________ __________________________________________________________ 37 a, era necesario que la hubiera fundado de la filosofía Matemática, que es la que trata de las cosas que tienen cantidad numerable, o mensurable, y hace del número absoluto, la ciencia de la Aritmética, y de la medida upuesto que trata de líneas y números: y así mismo en la Filosofía natural por lo que toca a los movimientos, apoyándola en la materia de graves y leves, con la verdadera proporción de lo que se disminuye, o aumenta, en la ada, cosa que a solo el Ángel es concedido; porque al en su principio flaco, y en su fin fuerte, no cabe en la capacidad humana, saber los grados que se van aumentando de fuerza en los lugares de riendo un cuerpo grave hasta llegar a su centro, o los que va disminuyendo el violento de la que extrínsecamente se le ha comunicado, y por el que es impelido, pues ha de tener el principio fuerte, y el fin flaco, esto es, cuando el no es llevado, sino arrojándolo con impulso de fuerza, que si es llevado, como la espada, de la mano y brazo, no le es concedido al Ángel saber la fuerza que le comunicará el hombre, por ser acto que depende de su voluntad, y tener por albedrío, así en esto como en la determinación del lugar, adonde la dirigirá comenzado ya el movimiento, y el punto adonde querrá que pare, en que puede haber muchas determinaciones, supuesto que le será posible con una sola acción hacer

necesario que haya diferentes calidades.

Y además de esto, en las dos cuestiones de que usan los Lógicos; la primera que pregunta, qué cosa es compás, al que llaman definitiva, por ser forzoso que lo que es cada cosa, se declare por su definición quiditativa [referido a la quididad, a la esencia], o por lo menos descriptiva, cosa que él no hizo en su libro, sino una simple definición diciendo, que el compás Geométrico es el que se da ni deprisa ni despacio, como que en esto pudiera haber regularidad. Y la otra, que tal es este compás, al que dicen en cuestión de calidad. Y para que esta doctrina fuera conocida, debía usar de lo que verdaderamente se dice demostración, que es un silogismo que procede de principios primeros, verdaderos, inmediatos, y por sí conocidos, cuya verdad no procede de otros principios, y de los que siempre se colige conclusión verdadera en la afirmativa o negativa: o de la inducción, que es cuando se prueba lo general por conocimiento y experiencia de lo particular; o en la deducción por la que se prueba lo particular de lo general por manera de ciencia, al que llaman silogismo.

Y supuesto que las acciones en la parte práctica de la destreza, son físicas y objetadas en materia: y la parte práctica de la Geometría, y el sujeto suyo está realmente conjunto a la materia, y es su fin demostrar evidentísimamente lo que se propone, de tal manera, que engendra y produce ciencia en el entendimiento, debía fundar su proposición en uno de tres principios de que usa el geómetra; el primero el Problema, que es en el que se le propone al entendimiento alguna cosa que obre, como partir una línea 39 en dos partes iguales, o hacer una figura igual a otra. El segundo es la Teorema, por la que se propone la consideración de las propiedades de alguna cantidad, como que cualquier triángulo tiene tres ángulos iguales a dos rectos. Y el último, la Lema, que son unas proposiciones menos principales se viene a inteligencia del Problema, y Teorema.

Y ya que no hizo esta elección, pusiera una Entimema, con que de una parte especificada, y otra, que ya se entendiera se fuese coligiendo la conclusión: que si guardara cualquiera de estos preceptos, que es por los que todos los hombres sabios se entienden y han de entender, no fuera, ni es posible caber en entendimiento humano invento tan difícil, tan intrincado y misterioso, que no se originase de la verdad universal de todas las ciencias, y de la que tiene la Geometría, y se probase por alguna de sus proposiciones.

Por donde con justa causa queda excluida, que se pueda decir demostración, la que fuere sin estos fundamentos: y por consiguiente, que no lo es esta de Carranza, de quien vamos hablando, sino una imaginación a su beneplácito; y de Asensio de Maeda arquitecto de la Iglesia mayor de Sevilla, que fue quien la dispuso y obró, y a quien siendo tan excelente artífice en su profesión le faltó el conocimiento de la Filosofía de la destreza, y a Carranza el de las Matemáticas; y así fue difícil ajustar dos tan desiguales sentimientos, de los que procediese un tan necesario acierto como pedía semejante materia; y así produjeron un ente quimérico, que si bien cada cosa de las que contiene, puede 40 ser de por sí, y se hallará cómo la línea y el ángulo en la Geometría, el número en la Aritmética, y la proporción en la regla de las proporciones, es imposible que estén todas

juntas en un sujeto, según que las pusieron. Porque si procediera como Matemático, tomará para probar su proposición otra que estuviera probada, y cuya verdad fuera notoria, o alguna que él hubiera demostrado, o la demostrara.

Y que no haya hecho esto, se verá, en que siendo seis las especies del compás, cinco simples, y una mixta, no conoció más que las dos, que fue el recto, y el curvo; y siguiendo a Camillo Agrippa, llamó en folio 162 medios compases y en 342 compás sencillo y doblado, sin decir la cantidad del uno, para que se conociese la del otro, debiendo fundar esto en la Cosmografía, y siguiendo a Sacrobosco [Johannes de Sacrobosco, 1195-1256 aprox., astrónomo y científico inglés. S. A., 24/12/2023], Pedro Apiano [puede que se refiera a Peter Bienewitz, 1495-1552, matemático alemán. S. A., 10/03/2025], Pedro Valeriano [Giovanni Pietro Dalle Fosse, o Pierio Valeriano Bolzani, 1477-1558, humanista y teólogo italiano. S. A., 23/02/2025], Pedro Vicencio Dant [puede que se refiera a Vicenzo Danti, 1530-1576, escultor, arquitecto e ingeniero civil italiano. S. A., 01/12/2024], y Pedro Nonio [puede estar haciendo referencia a Pedro Nunes, 1502-1578, matemático, astrónomo, y geógrafo portugués. S. A., 01/02/2026], decir la cantidad que ha de tener la pasada, la pasada simple, y la pasada doble: y como la primera tiene dos pies de largo, la segunda dos y medio, aunque el Cosmómetra quiere que de esta segunda sea el primero que se diere de tres pies, y en toda la demás alternación dos y medio; y como la última tiene cinco.

Y después de dar conocidas estas especies y cantidades, y poner ajustado pitipié [escala de un mapa o plano para calcular las distancias y medidas reales. S. A., S. F. 1], especificar en respecto de cuál de ellas quería sacar la proporcionalidad con el movimiento, habiéndola hecho primero, con cuál de los tres círculos que se forman con todo el brazo, con el medio, y con la muñeca, supuesto por verdad que tiene cada uno diverso centro e intervalo 41 y andan diversos espacios lineales, advirtiendo la diferencia expresa que se halla si la formación de los círculos es por plano superior o inferior, y por causa de estar sujeta la espada, se hacen más movimientos de los que pide la simple formalidad suya, o con solo los precisos: y si el círculo que supone entre los dos combatientes, es el que se considera teniendo medio de proporción, o habiendo ya elegido el proporcionado; y si este es para alguna treta por la postura de la espada, o habiendo ganado grados al perfil: y de qué intervalo ha de ser este círculo; y si la línea de su diámetro ha de estar con la circunferencia en tripla sexquiséptima [proporción de 22/7, cuyo resultado es 3.1425… Maestro Marcelino Miguel. De San Nicolás, 1638 (1796)], o puede haber otra más ajustada: y con cuál de los movimientos remiso, violento, o natural, ha de ser la oposición del compás, pues se hallará por imposible haber alguno que en velocidad se pueda oponer contra el natural de la espada, ni cabe en la humana potencia saber, qué grados de velocidad se van aumentando en ella, según los lugares que va dejando, y los que de nuevo va adquiriendo en aquel progreso o intervalo que hay desde el principio de donde comienza, hasta el fin donde para, ni el que le va comunicando la fuerza natural del brazo, ni la que a este se le acrecienta, según la cercanía que va teniendo con el cuerpo: y mucho menos posible conocer lo que a todo esto podrá aumentar los accidentes de la cólera del hombre, ni el grado de intención o extensión que esta puede tener en él: y cuándo, y con cuál de los movimientos se ha de proceder en razón de concordancia; y cuál se ha de 42

vencer con la contrariedad; y si hay alguno que no sufra mixto; y si se pueden dar tránsito los unos a los otros, y la combinación que puede haber entre ellos; y si con una singular acción se puede colocar la espada en diferentes rectitudines.

Y así de tan conocidas irregularidades, tan poca prevención, y tantas desproporciones, querer sacar Carranza regularidad precisa, y proporcionalidad necesaria, es presumir hacer un imposible fácil, y potencia ordenada de la total privación. Y que se topa él con alguna de estas dificultades es certísimo, y se verá, en que todas las otras figuras de su libro, las que dice demostraciones, con ser algunas o las más excusables y mucho menos que necesarias (supuesto que el ponerlas no hace más evidencia, que el solo referirlas) las declaró en el modo que pueden ser declaradas, para hacer conocido su intento, sin que pueda ser dudable alguna parte de él. Y esta de los compases con llamarla universal, y ser uno de los cuatro principales fundamentos de la destreza, tanto, que para todo lo que el entendimiento puede determinar por el conocimiento que hubiere adquirido de la ciencia, y la voluntad pudiere querer acerca de la ejecución, tienen por instrumento a los pies, por los que se ha de llegar a lo sumo de ella, que es la elección del medio proporcionado, la tocó como por incidencia, librando su declaración para otro lugar, debiéndola declarar latísimamente [muy ampliamente] en el principio de sus escritos, o por lo menos en el diálogo tercero, que trata de la Filosofía de la destreza.

De que se sigue, que cuando tuviera alguna 43 sustancia (que no tiene, ni jamás se hallará en ella) en cuanto esta fuera mayor, más defectuoso hacia su libro, pues alargándose a dar tantos preceptos en lo que se ha de hacer, encubriese el modo más eficaz por donde había de ser hecho. Y si V. Excel. llegare a considerar la figura propuesta, hallará, que habiendo sido su invención para la daga contra espada, y el principal asunto de Carranza, que al principio del movimiento natural que esta hiciere para el tajo o revés, se le oponga la daga en el número 9 que es la empuñadura, y donde entonces ha de tener mayor flaqueza, como lo dice en fol. 180, está el más peligroso inconveniente: porque como el movimiento natural haya de comenzar a ser en el extremo de la rectitud alta, donde el violento tiene su fin, es necesario que llegue allí la daga, y que se forme un ángulo agudo correspondiente al contrario, y que sin dar compás alguno, pueda hacer movimiento de conclusión: cosa que como está dicho, no llegó a su noticia: o pena que su doctrina y ánimo haya [iría] dirigido a la ofensa del enseñado en ella.

Y también se hallará en la oncena [onceava] treta de la daga, fol. 184, proponer Carranza, que el de la daga ha de mover los pies rectamente atrás, disminuyendo el movimiento circularmente, al contrario de la especie de herida que hiciere la espada: precepto tan poco ajustado a razón como el primero: porque el de la daga jamás estará tan seguro en ninguna parte de la distancia determinada que hubiere entre él y su contrario, como en aquel donde le alcance a herir teniéndole sujeta la 44 espada con la mano, supuesto que la daga no puede herir en ángulo recto, ni hacerlo de iguales lados al de la espada; y así le convendrá entrar siempre contra cualquier treta de tajo, revés, o estocada. Y no arguye mucha viveza ni demasiada cordura en el que establece preceptos en materia de doctrina y enseñanza, contra los que la necesidad, el caso, y la contingencia pueden tener imperio.

Y así en epílogo breve, y resolución absoluta, digo, que ni se ha de tener por demostración, ni imaginar que sea de alguna importancia para el uso de la destreza, en las especies de tretas que ha descubierto el arte, ni para la elección de alguno de los nueve medios proporcionados por los que se han de conseguir. Y porque será posible que haya oído decir V. Excel. no ser menester tantos medios, y que hay uno que es universal para todas las tretas, queriendo el autor de este concepto, se crea de él, o que lo alcanzó por revelación divina, o que con particular y superior genio lo infirió del libro de Carranza, haré un ensanche a este discurso, tal, que a V. Excel. le satisfaga, y a él le sirva de confusión.

Por silogismo verdadero se probó no haber treta universal en lo práctico, que si hubiera esta, era necesario haber universal medio para ella, supuesto que el particular no bastara: de que se puede inferir, y seguirse hilación [relación], o consecuencia verdadera contra esta imaginación fantástica que se ha de impugnar: y así lo que se dijere será contra lo inferido del libro. Medio proporcionado dice Carranza (con muy ajustada propiedad) es la distancia determinada que tiene cada especie de herida. 45 Las especies de esta como género generalísimo, en el total rigor son siete, cuatro de los tajos y reveses verticales y diagonales; el medio revés, y medio tajo, y la estocada, esto es en su simple formalidad (si bien Carranza, no con aventajado discurso, se atrevió a decir en f. 110 que son infinitas, y valga su afirmación para ahora) y cada una tiene un lugar propio conocido inmutable por donde se forma, un medio por donde pasa el instrumento, y un fin determinado adonde para, y cada uno distinto del otro. La treta ya es cosa sabida que se hace en dos maneras, o por la postura de la espada, o por el perfil: y así lo entendió Carranza, f. 240.

Y también que se hacen por la parte de adentro y la de afuera, en lo que se halla conocida diferencia. Las posturas en que el contrario se puede afirmar, son seis conforme a las rectitudines generales, y dos mixtas; aunque Carranza, f. 189, le da términos más dilatados, pues quiere que la espada pueda estar en tantos y tan apartados lugares, que apenas el ángulo comprenda a sus especies; hipérbole con que muchos se han ocasionado a decir grandes desatinos, atribuyéndose más potencia en el afirmarse de la que la naturaleza les concedió. Los tres principios universales (como lo afirma uno de los Aforismos de esta ciencia) de que se haya de proceder por la espada, o con la espada, o ir a la espada, si estuviere fuera de término, no habrá hombre tan greñudo que se atreva a contradecirlos, o negarlos.

Las dimensiones en el hombre conocidamente son tres, longitud, latitud, y profundidad; y da siempre que se afirma patentes solo las dos, 46 y cabe en la posibilidad, que se afirme de perfil, y en la postura de ángulo recto, y se contenga dentro de sus dos puntos conforme la definición de la línea recta; y por ser entonces su espada y brazo la diametral del círculo superior, y que dentro de él no se pueda tirar otra que sea mayor ni igual: y no poder la espada contraria ocupar aquel lugar en el tiempo que la otra lo está ocupando, será fuerza que esté en la más corta postura; y por consiguiente, que tenga menor alcance. Y que haya diferencia entre el lado izquierdo y el derecho, y se haya de ir a cada uno con diferente y única acción, no sufre duda, ni en que le sea imposible al hombre poderse afirmar en un tiempo en todos los tres ángulos recto, obtuso, y agudo.

Y que la sección de las espadas y ángulos que se forman cuando se cortan por su longitud, convenga que unas veces esté más cercana del diestro, y otras del contrario, según la elección del medio a la treta que se ha de hacer, no pudiéndose todas juntas, ni para un intento, cabe y se hallará en la Filosofía de la verdadera destreza: y asimismo en que si estuviere la espada en la rectitud derecha, no se le podrá poner atajo por la parte de afuera, ni formar con ella las dos tretas generales de línea en cruz ni la del estrechar. Y si estuviere en la rectitud siniestra, ha de ser el atajo por la parte de afuera, sin potencia para hacer las dos generales de la flaqueza debajo y encima de la fuerza, como tampoco se podrán si estuviese la espada en la rectitud mixta de alta, y a un lado, pues esta, y cada una de las demás, tiene 47 particular general a que está sujeta, y no todas lo están al atajo: ni en lo singular a este, ni a todas las cuatro generales.

Y que los aspectos y modo como se hayan de mirar los dos contrarios después de que el diestro haya elegido el medio proporcionado, y ejecutado la treta, no tienen poca diferencia: porque unas veces se han de mirar de oposición, otras de contraposición, otra de igualdad, de aspectos iguales; y otras en igualdad de contrarios aspectos, y haber de ser cada una de estas cosas en lugar particular, y con diversos movimientos.

Pues asentado todo esto por conocida e infalible verdad, y que sin la corrupción total del medio de proporción no se puede llegar al proporcionado: y la real diferencia que se halla entre el que se elige por la postura de la espada, o ganando grados al perfil, no teniendo el primero otro movimiento que sea mediato entre el de la elección y el de la ejecución, como es necesario que lo haya en el segundo: y que la espada contraria quede libre, así como en el primero siempre sujeta: y que se llegue a cada uno con diferente especie de compás, así en el valor como en la forma: Comience el autor de este invento a elegir su medio universal, y hallará V. Excel. que como agente finito, comenzando por la postura de la espada (si estuviere en el ángulo recto, o poco distante de él) si no se le abriere el ángulo, o hiciere movimiento de diversión (remedio eficaz contra el atajo, y el medio que mediante él se elige) podrá herir de estocada en la línea colateral, o vertical derecha, y no en otra parte, ni con otra especie de herida (no precediendo el 48 movimiento de conclusión) y que teniendo con el atajo restringida la potencia de obrar el contrario, también tiene limitada la suya.

Y si el medio fuere ganando grados al perfil, que dejando la espada contraria libre podrá (si no se le hiciere oposición moviéndose sobre el centro) herir en la línea diametral, o colateral izquierda de estocada, y no con tajo o revés, ni alguna de sus especies, si llegaren a terminarse los movimientos en las espadas; y que siendo cada una de estas heridas singular, y ejecutada en singular línea, y punto, que no se le ha de dar nombre de universal, sino de particular medio proporcionado; que si fuera universal, y fuera posible el haberlo, era necesario que una vez elegido, se pudiera herir mediante él, con todas las especies de tretas, y en todas las líneas y puntos de tocamiento, en que tienen correspondencia los nueve medios particulares.

Y verdaderamente no sé cómo se pudo dislocar con tan grande exceso una imaginación, que solo leer el libro de Carranza tuviese ánimo de adulterarle sus escritos, atribuyéndole cosa que él no imaginó. Se conocerá esto en lo que dijo en el folio 31, que

diferente medio se elige para las tretas de primera intención, que para las de segunda; y que es diferente el estado de donde se comienza el movimiento para cada una de ellas. Y últimamente confiesa en folio 35 que la que es disposición universal al entendimiento, es particular 49 acerca del sentido. De que se sigue por verdadera consecuencia, que así como la universal está (como queda dicho) en la abstracta intelectualidad del hombre, y todas las operaciones físicas que se han de hacer con material instrumento, es necesario que se especifiquen, y hagan cada una de por sí en tiempo particular, y con particulares movimientos, y en lugares particulares: así el medio proporcionado universal no se hallará fuera de la treta que lo sea; y que deduciéndose esta en actos divisos, él también se haya de deducir en ellos; y que en la parte práctica de la destreza no se hallará con aquella universalidad que está en el entendimiento.

Y por otra razón de superior congruencia se prueba, que si en la total potencia del hombre, y en los principios universales de la ciencia conociera Carranza poderse elegir universal medio proporcionado, que habiendo hecho tan grandes esfuerzos en la Teórica, que para la Práctico no se bajara, como se bajó, a escribir y enseñar cosas tan inferiores, ni fundara su destreza en reparos de uñas arriba y abajo, en extremos de cuerpo, en dar golpe a la espada, ni en acometimientos, desvíos y engaños, cosas tan ajenas, y de todo punto contrarias aún al medio proporcionado particular: porque si se llega a elegir, será siempre verdadero el efecto de aquella causa, siéndolo también que las tretas de la destreza verdadera ni engañan al que las hace, ni este al que las recibe.

Esto es lo que de presente se me ha ofrecido, V. Excel. con la generosidad de ánimo que tan francamente le 50 comunicó el cielo, reciba mi buen deseo de acertar; y con la gallardía de tan singular ingenio enmiende los descuidos, y corrija aquello en que no hubiere acertado: y nuestro Señor felices años guarde a V. Excelencia, etc. Madrid y Mayo 4 de 1618.

Don Luis Pacheco de Narváez

BIBLIOGRAFÍA

PACHECO DE NARVÁEZ, Luis (hacia 1618). Al Duque de Cea.

Ejemplar que se encuentra en la Biblioteca Nacional de España, de hacia 1618, utilizado como base para realizar la transcripción: https://bnedigital.bne.es/bd/es/viewer?id=93c388b7-be78-4986-b248- 8c7e1055c304&page=5

DE SAN NICOLÁS, Fray Lorenzo (1639). Arte y uso de Arquitectura. Con el primer Libro de Euclides traducido en Castellano. Primera Parte. Compuesto por el P. Fray Lorenzo de S. Nicolás, Agustino Descalzo, Arquitecto y Maestro de Obras, natural de esta Corte. Madrid. (Edición de referencia: Madrid, D. Plácido Barco López, 1796, cuarta impresión. Disponible en: https://es.scribd.com/document/382636725/Arte-y-Uso-de- Arquitectura#content=query:tripla,pageNum:200,indexOnPage:1,bestMatch:fals e).

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