DE LA FUERZA Y LA

DIPLOMACIA EN RELACIÓN

A LAS ARMAS

FORMA EN LA QUE LA RAZÓN SE IMPONE SOBRE LA OFENSA

(EXTRACTO DEL TRATADO GENERAL DE LA ESGRIMA CLÁSICA ÍBERA)

EDICIÓN 1.1

ACADEMIA DE ESGRIMA LÁSER

D. Marcelino J. Miguel Castro: Maestro en la disciplina de la Esgrima Láser Kigen de la Academia de Esgrima Láser

Linares, 2026

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De la fuerza y la diplomacia en relación a las armas:

El análisis de los registros materiales y de las dinámicas jerárquicas a lo largo de la historia humana da lugar a plantear una hipótesis filosófica, sostenida en la atención de la historia, que pese a los sesgos inevitables, parecen arrojar una correlación entre el ejercicio doméstico o militar de las armas y el estatus de los individuos.

Dicho esto, en las sociedades caracterizadas por una estructura social elemental, la validación del liderazgo, así como de la creación y sostenimiento de la autoridad parece haber dependido, de forma relativamente directa, de la capacitación manifiesta para el uso de la ofensa y la imposición física sobre los opositores.

―Históricamente, así como en la expresión elemental humana, la superioridad se le atribuye a aquel capaz de hacer uso de la fuerza.‖

De esta forma, la aristocracia propia de los sistemas sociales elementales se erige y se sostiene mediante la demostración de la potencia de imponerse por la fuerza, siendo para ello ideal la expresión ruda del individuo, así como la ostentación de herramientas concebidas para llevar a cabo la obra que pretenda sobreponerse por la fuerza, o sea, usar las armas para exhibir la superioridad por ser entendidas estas como objetos especialmente pensados para hacer más eficiente la labor de la ofensa.

Por consiguiente, los datos procedentes de la investigación arqueológica, como la marcada transición de las ricas tumbas de guerreros en la Edad Oscura griega hacia la sobriedad material en los enterramientos de la época clásica, da a entender que, cuanto más arcaica resulta la cultura que origina un enterramiento, mayor es la acumulación de espadas y panoplias marciales en los ajuares funerarios de sus élites, demostrando que la capacidad de ejercer violencia constituye el cimiento del estatus.

Esto se puede ver claramente en la Edad Oscura griega, donde los líderes, Basileus o caudillos se enterraban con ajuares funerarios con una alta saturación de espadas, mas con el nacimiento de la ciudad-estado, entendida como la Polis, y el pensamiento clásico, los enterramientos pasan a ser sobrios, reflejando que el valor ya no estaba en la espada individual, sino en la pertenencia cívica y la mente comunitaria.

Dicho de un modo sencillo y esquemático, las sociedades con desarrollo organizativo incipiente le atribuyen valor a sus dirigentes, en gran parte, por su capacidad física para la imposición por la fuerza, basando el poder en el miedo de ser víctima de la violencia por parte del que se muestra superior, enterrando a estos con los instrumentos que legitiman su poder.

“La guerra es el padre de todos, el rey de todos: a unos los ha acreditado como dioses, a otros como hombres; a unos los ha hecho esclavos, a otros libres.”

Heráclito. (aprox. 500 a.C..). Fragmentos (Fragmento 53, Diels-Kranz).

De la colaboración y la oposición:

En ausencia de un marco racional y normativo que regule la interacción social, los individuos quedan relegados a lo que la teoría clásica, en concreto ―Thomas Hobbes‖, define como el ―estado de naturaleza‖, en el que existe un escenario sociológico donde impera la desconfianza y donde la capacidad individual de ejercer la ofensa se convierte en el único garante de supervivencia y estatus.

"Durante el tiempo en que los hombres viven sin un poder común que los atemorice a todos, se hallan en la condición o estado que se denomina guerra; una guerra tal que es la de todos contra todos."

Thomas Hobbes. (1651). Leviatán (Capítulo XIII).

ESTADO DE NATURALEZA. [State of nature]: Condición hipotética y prepolítica en la que los seres humanos viven sin un gobierno o autoridad común que los controle. Según Hobbes, en este escenario, la vida se caracteriza por una guerra de todos contra todos (bellum omnium contra omnes), donde predomina el miedo, la desconfianza y la violencia constante.

Sin embargo, desde el marco contemporáneo y eristológico, más formado, profundo y universalmente aplicable, podemos apreciar que, a cualquier escala, todo conjunto de individuos estarán inevitablemente abocado a la colaboración pues, en todo caso y de manera universal, existe una tendencia a la simbiosis, pese a que esta no pueda ser apreciada de manera evidente, por estar escondida tras procesos dialécticos que resultan más complejos de entender que las obviedades ecológicas emergentes de la observación directa.

Dicha colaboración que se aprecia de manera general entre entes, se llama ―fenómeno del amor‖, y lejos de ser una idealización romántica o idealista, es un reflejo de la evolución de todo ente, que de no haber colaborado durante su existencia, habría desaparecido por haberse disuelto en la entropía.

FENÓMENO DEL AMOR. [Love phenomenon]: Tendencia propia de los entes a colaborar para evitar la convergencia de sus vectores de interés, propiciando su alineación paralela o divergente. Este fenómeno es la manifestación eristológica y conductual del amor, dando lugar a una sinergia que se sustenta en la lógica de que la cooperación resulta ser el método más eficiente para mantener la integridad de los implicados y alcanzar propósitos comunes, en coherencia con el axioma de mínima energía y el axioma del debate. Esto queda sostenido en el axioma del conflicto emergente.

Cualquier ente que se haya opuesto a la colaboración en cualquier escala de la existencia no tendría representación en el presente, pues en su comienzo habría generado una oposición que al ser mantenida habría dado lugar a la negación de su ser, así como a la anulación de su existencia al agotar su naturaleza en oponerse contra otros que, al colaborar entre sí, habrían tenido mayor capacidad de sobrepornerse. De esta forma, se puede entender que aquello que siempre se opone, desaparecerá por no haber encontrado un hueco en el sistema universal, mientras que si colabora, permanecerá.

―Lo que solo se opone, desaparece.‖

Ejemplo ideal de esto, siendo primordial así como emergente de la metafísica y física teórica presente, mas exageradamente resumido por necesidad, es lo que tuvo lugar con toda la materia bariónica, como materia y antimateria, que en el principio del universo, y con ello del propio tiempo, hubieron de existir por igual, desapareciendo la antimateria, aparentemente por oponerse con la existencia misma, mientras que la materia existe en el presente, por quedar cierto remanente de ella, al colaborar o no oponerse en su completitud.

Otro ejemplo, más elemental aún, a una escala notablemente menor y tangible, es el de un sujeto con un perfil sociopático, que tenderá a colaborar menos con el resto de su comunidad, haciéndole tendente a que estos atenten sobre él, y acaben con su existencia presente por preferir la colaboración antes que la oposición.

Último ejemplo de la prevalencia de la colaboración será la oposición emergente entre un león y una cebra. A priori, el león que depreda y la cebra que puede ser cazada son opositores, sin embargo, a una escala mayor, existe una colaboración mutua, pues ambas especies se benefician de la oposición puntual y concreta de los individuos, generándose un proceso dialéctico que sostiene la prevalencia de ambas especies y la adaptación de estas al medio, constantemente cambiante.

Del salvaje y el caballero:

Por tanto, colaborando, los grupos humanos que logran alcanzar un nivel cultural superior a esto, modifican en cierto modo la estructuración de la autoridad. Siendo así, civilizaciones con desarrollo intelectual por encima de la media, como resultan ser la Antigua Grecia y la Antigua Roma, cesan paulatinamente en la atribución de protagonismo al uso directo de la ofensa en la configuración de sus estratos superiores.

Esta evolución queda demostrada en el registro material, mediante la tendencia a prescindir de la causa instrumental en los enterramientos y en las ofrendas a las deidades. Por ende, es posible inferir que dichas culturas otorgan preeminencia a la información y a la acumulación de saberes, habiendo desarrollado métodos para que el individuo y el grupo logren sobreponerse a los opositores mediante la administración de datos e información, relegando la aplicación directa de la fuerza a un recurso que ya notan como ineficiente.

La sustitución del instinto marcial por el raciocinio es un fenómeno que queda notablemente arraigado en el espíritu del pensamiento clásico, donde la deliberación y el análisis estratégico pasan a considerarse la máxima virtud civil y táctica, dejando en evidencia que actuar mediante la ofensa física sin un previo procesamiento de los datos es propio de entes incivilizados, por no tener una mínima previsión de los efectos de la obra, y por tanto, por dejar a la deriva aquello que acontezca.

“En nosotros no es el debate un obstáculo para la acción, sino el instruirnos previamente mediante la palabra para lo que hay que emprender en el momento de la acción.”

Tucídides. (431 a.C..). Historia de la Guerra del Peloponeso (Libro II, 40. Discurso fúnebre de Pericles).

Esta realidad sociológica halla otro respaldo histórico en el aforismo clásico atribuido a Cicerón, "Cedant arma togae", que puede traducirse como ―que las armas cedan ante la toga‖, donde se expresa la superioridad de la palabra y el raciocinio sobre la imposición marcial.

―El libro sobre el arma.‖

Desde la perspectiva de la sociología política moderna, en concreto la lógica de Max Weber, esta transición entre una sociedad salvaje hacia otra más racional, se muestra y expresa por medio de la racionalización de las estructuras de poder. Siendo así, la civilización avanzada despoja al individuo del uso arbitrario de la ofensa para centralizarlo y regularlo bajo un marco institucional, productor de la razón colectiva, convirtiendo la fuerza en una herramienta exclusiva del orden jurídico, y no del capricho personal.

“El Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio [...] reclama (con éxito) para sí el monopolio de la coacción física legítima.”

Max Weber. (1919). La política como vocación (Politik als Beruf) (Sección 1).

En síntesis, las culturas avanzadas dejan de emplear las armas como símbolo de poder absoluto, sustituyendo la fuerza bruta por la superioridad del conocimiento y la estrategia.

“No son los hombres de gran corpulencia ni los de anchos hombros los que resultan más seguros, sino que en todas partes los sensatos prevalecen.”

Sófocles. (aprox. 440 a.C..). Áyax (Líneas 1250-1252).

―El conocimiento ha sido, es y será el arma más potente de todas.‖

Pese a la contundencia de esta sucesión de paradigmas, resulta notablemente complejo determinar con exactitud la magnitud del nivel cultural necesario para que una civilización comience a priorizar la capacitación intelectual por encima de la capacitación para el uso físico de las herramientas de ofensa.

Dicha concreción del nivel de conocimiento se halla dificultada por la interacción de variables que resultan imposibles de cuantificar en su totalidad. Por tanto, la transición descrita entre que una cultura está gobernada por ―salvajes‖ y que comienza a ser gobernada por ―caballeros‖ depende invariablemente del contraste entre la civilización en estudio y su medio, abarcando las presiones ejercidas por culturas adyacentes, las condiciones ambientales y la gestión de la diástasis en una escala sociológica, entendiéndose esto como la totalidad de los condicionantes que afectan a lo posible.

SALVAJE. [Wild]: Sujeto que por la falta de conocimiento no posee la capacidad de dar solución al conflicto sin hacer uso de la fuerza.

CABALLERO. [Knight]: 1. Sujeto que por su conocimiento posee la capacidad de dar solución al conflicto sin hacer uso de la fuerza. 2. Tratamiento que se le debe y otorga a un Furasshu en el contexto formal y académico.

“Porque habiendo dos maneras de contender, una por la disputa y otra por la violencia, de las cuales la primera es propia de los hombres y la segunda de las fieras, se ha de recurrir a la segunda cuando no se pueda usar la primera.”

Cicerón. (44 a.C..). Sobre los deberes (De officiis) (I.34).

Por consiguiente, la mutación desde la preponderancia de la fuerza hacia la del intelecto no constituye un evento cronológicamente estático, sino un proceso condicionado por factores interconectados.

Explicado brevemente, resulta imposible saber el instante exacto en que una sociedad abandona la violencia como virtud principal, ya que dicho cambio depende de un entorno impredecible y en constante alteración.

―Una sociedad que acumula conocimiento tenderá a mermar la importancia atribuida a la capacidad de usar la fuerza, sin que esta deje de ser nunca el recurso final para imponerse.‖

Axioma de la diplomacia:

Para dotar de sustento filosófico y eristológico a esta transformación, estas líneas van a acudir a la formalización teórica que describe la relación de proporcionalidad inversa entre la erudición y la agresión. Y para sostener estos argumentos, el estudio universal del conflicto aporta un principio general, llamado "axioma de la diplomacia", que es aquel concepto que gobierna esta lógica universal de comportamiento, haciendo inversamente proporcional el conocimiento al uso de la fuerza.

AXIOMA DE LA DIPLOMACIA. [Diplomacy phenomenon]: Principio elemental que dicta que a mayor conocimiento menor tendencia a usar la ofensa.

El axioma de la diplomacia dice, en esencia, que cuanto más conocimiento se posee, mayor será la tendencia a entender la ineficiencia del conflicto, y por ende, también se tenderá a evitarlo, así como a solucionarlo en su génesis, pretendiendo reducir las veces en las que se alcanza el asalto, por ser este donde ya las armas están presentes, pretendiendo la ofensa sobre el opositor, y dando lugar a resultados donde los implicados pierden potencia, en general.

Al comprender este principio elemental, se explica la evolución de las aristocracias en el plano histórico y operativo, pues al disponer de una mayor comprensión del medio y de las causas de la interacción entre entes, el individuo racional identifica que el empleo de la ofensa conlleva un dispendio energético y un riesgo de destrucción de valor que amenaza su propia integridad.

Siendo así, la clase dirigente ilustrada recurre a la organización del terreno, a la anticipación y al control de los flujos de información para resolver las discrepancias sin necesidad de entrar en contacto físico con sus opositores. En consecuencia, el conocimiento opera como el método de dominio supremo, mayor que la fuerza, por ser capaz de hacer a un ente sobreponerse sobre otro sin la pérdida de recursos propios o comunes, incluso dando lugar a la emergencia de recursos nuevos por generar un proceso dialéctico donde todos los participantes pueden resultar beneficiados en la síntesis.

En resumen, el sujeto que comprende en profundidad las repercusiones del asalto evita iniciar el enfrentamiento por todos los medios a su alcance.

―Evitar el conflicto, o cesarlo en su génesis será más eficiente que dar lugar al uso de las armas.‖

Fenómeno del caballero:

Al conocer este axioma de la diplomacia, y gracias a ello estar habituado a concebir la realidad en base a él, se da lugar a la emergencia de figuras cuya forma de obrar difiere drásticamente de la mera aplicación del instinto, consolidándose en lo que la Eristología define como el "fenómeno del caballero".

FENÓMENO DEL CABALLERO. [Knight phenomenon]: 1. Circunstancia en que el conocimiento proporciona herramientas para dar solución al conflicto sin hacer uso de la fuerza. Esto queda sostenido en el axioma de la diplomacia. 2. Sun Tzu: La excelencia suprema consiste en romper la resistencia del enemigo sin luchar.

El fenómeno del caballero evidencia cierta superioridad técnica, y ventaja táctica, emergente de ubicar el intelecto sobre la causa instrumental. Esto tiene lugar cuando el agente instruido recaba datos del entorno y analizar la naturaleza del paciente, adquiriendo la facultad de alterar el curso de la hostilidad antes de que esta se manifieste de forma física.

Por consiguiente, la resolución del contraste de intereses se entiende que resultará ideal mediante la disposición táctica, logrando la inhabilitación del propósito opositor sin que la hoja de la falcata deba seccionar los tejidos orgánicos.

Esta circunstancia de supremacía de la diplomacia es la expresión de oposición más eficiente, donde el uso del arma se relega a una condición puramente potencial y disuasoria, apoyada en el aforismo de Sun Tzu, que reza:

―La excelencia suprema consiste en romper la resistencia del enemigo sin luchar.‖

Dicho de un modo más sencillo y resumido, el individuo instruido resuelve el problema empleando la mente, logrando el éxito sin verse forzado a herir o pelear.

Esta capacidad mental para la resolución incluye la gestión de la disuasión, y por ello, el Caballero no desecha el arma, sino que la integra en sus recursos como un elemento que desincentiva la agresión ajena, por hacer que cualquiera que pretenda medirse contra él haya de valorar la potencia de fracaso y los inconvenientes. Es decir, la mera demostración del instrumental y la capacidad técnica de usar la fuerza o la ofensa tenderá a mermar la voluntad de oposición, facilitando la estabilidad.

―Así pues, el que desee la paz, que se prepare para la guerra (qui desiderat pacem, praeparet bellum); el que aspire a la victoria, que instruya a sus soldados con diligencia.‖

Flavio Vegecio Renato. (finales del siglo IV d.C..). Compendio de técnica militar (Epitoma rei militaris) (Libro III, Prefacio).

―Igitur qui desiderat pacem praeparet bellum.‖

Sin embargo, mostrar la capacitación, también eleva el nivel de aquel que pretende oponerse, pues posee una medida clara de los recursos de los que dispone el agente, o de parte de ellos. Es por ello que también existirá la posibilidad, por aquel que pretenda la oposición racional, de minimizar las señales de su capacitación, pretendiendo que la resolución de los conflictos emerja del control paulatino de un paciente que aún no sabe que está dentro de dicho conflicto, y por tanto, aún ni pretende ni ha manifestado su posible intención de ofensa.

Fenómeno del salvaje:

En abierta contraposición a esta destreza de obrar e imperar por el intelecto, que se sostiene en el saber y fundamentada en la razón, también se dará lugar a que la carencia de conocimiento condene al individuo a depender de sus capacidades mecánicas básicas para la supervivencia, originando el comportamiento descrito mediante el "fenómeno del salvaje".

FENÓMENO DEL SALVAJE. [Wild phenomenon]: Circunstancia en que la falta de conocimiento impide dar solución al conflicto sin hacer uso de la fuerza. Esto queda sostenido en el axioma de la diplomacia.

El fenómeno del salvaje emerge como las condiciones concretas en las que un individuo se ve obligado a obrar con los recursos elementales que posee, que tenderán a ser el uso de la violencia o la fuerza.

Esto resulta ser el reflejo de las sociedades elementales que cimentan su prestigio en la ofensa directa, al carecer de la instrucción y perspectiva necesaria para gestionar las circunstancias desde una óptica racional o para prever las consecuencias de sus actos.

De esta forma, el agente queda forzado a exponer su masa anatómica y su instrumento de ofensa contra el paciente en un intento de resolución inmediata, asumiendo una exposición notable a los efectos del fracaso, pudiendo incluso perecer ante la causa instrumental ajena.

En síntesis, quien carece de entendimiento y sabiduría solo encuentra salida al conflicto empleando la vía física e instintiva.

―Quien solo tiene un martillo, cree que todo son clavos.‖

Violencia y fuerza de ofensa:

De esta manera, nace el "fenómeno de la violencia de ofensa" cuando la carencia de sapiencia se conjuga con un propósito basado en la adquisición de ventajas exclusivas, ignorando el orden del medio y la integridad del opositor, pretendiendo la imposición por la aplicación de la capacidad de ofensa.

FENÓMENO DE LA VIOLENCIA DE OFENSA. [Violence phenomenon]: Uso sin restricción de la ofensa para imponerse sobre otro, pretendiendo obtener un beneficio propio. Esto queda sostenido en el axioma de la diplomacia, en el axioma del conflicto emergente y en el axioma de la ofensa.

Al manifestarse el fenómeno de la violencia de ofensa, el individuo actúa desprovisto de contención técnica, focalizando la totalidad de la potencia de su arma en maximizar el perjuicio del paciente.

Esta obra carece del cálculo propio de la ―fuerza mínima necesaria‖, transformando el conflicto en una secuencia de acciones regidas por el interés individual.

FUERZA MÍNIMA NECESARIA. [Minimum force required]: Concepto que apela a la cantidad más reducida de energía, métodos más sutiles u obras menos lesivas, con los que se puede resolver un conflicto que precise inequívocamente del uso de la fuerza.

En consecuencia, la aplicación ilimitada de la ofensa multiplica las causas de descontrol, precipitando la entropía del asalto e invitando de manera estadística a la común herida, puesto que el agente ignora la preservación propia a cambio de la aniquilación opositora.

Explicado brevemente, recurrir a la agresión sin límites para obtener beneficio personal destruye la seguridad del entorno y pone en peligro la vida de todos los implicados, así como perjudica los efectos derivados del uso de las armas.

Por otro lado, en la cúspide de la contención por medio de la razón, y estudiada según la lógica eristológica, el uso de las armas, cuando se somete al rigor de la técnica y a la persecución de un orden que trasciende el ego, se manifiesta mediante el "fenómeno de la fuerza de ofensa".

FENÓMENO DE LA FUERZA DE OFENSA. [Force phenomenon]: Uso limitado y proporcional de la ofensa para imponerse sobre otro, pretendiendo obtener un beneficio común o universal. Esto queda sostenido en el axioma de la diplomacia, en el axioma del conflicto emergente y en el axioma de la ofensa.

El fenómeno de la fuerza de ofensa ilustra el uso instrumentalizado y medido del potencial ejecutivo, dado que al reconocer la imposibilidad de obviar el asalto en un medio donde el paciente opera bajo el fenómeno de la violencia, el agente culto utilizará sus armas, en este caso la falcata y la caetra, buscando una geometría ideal para reducir las implicaciones de su uso, así como con control de la inercia impuesta.

Por ende, cuando se hace uso de la fuerza de forma racional, y no de la violencia intelectualmente vacua, la intención ejecutiva se limita a inhabilitar la capacidad operativa del opositor, ligando objetivos ejecutivos periféricos y aplicando la energía justa para detener el propósito del paciente, intentando minimizar la herida, evitando en lo posible el deceso de la vida ajena.

De esta manera, la limitación de la herida, en magnitud y efectos, entronca con los fundamentos teóricos de la rectitud ética, donde la legitimidad del acto reside tanto en la causa que lo origina, como en la coherencia del propósito ulterior del agente respecto a la potencia de resultar eficiente para el resto. Es por tanto que, según la lógica de Santo Tomás de Aquino, entendida por la eristología, el uso de la causa instrumental como catalizador de la ofensa debe estar desprovisto de crueldad, y orientado exclusivamente a la promoción de la optimización de la relación entre sujetos y de estos con el medio.

“Es necesario que la intención de los que pelean sea recta; es decir, que se propongan promover el bien o evitar el mal [...] pues puede ocurrir que una guerra sea declarada por la autoridad legítima y por una causa justa, mas que resulte ilícita por la mala intención.”

Tomás de Aquino. (1265-1273). Suma Teológica (Summa Theologica) (II-II, Cuestión 40, Artículo 1).

De esta forma, el arma en manos del Diestro abandona su condición de herramienta destructiva para erigirse en el recurso último que restaura o impone el orden del sistema.

En síntesis, el uso correcto de las armas radica en aplicar únicamente la presión indispensable para detener la agresión y salvaguardar el equilibrio del medio.

“Trabajamos para tener ocio, y hacemos la guerra para tener paz.”

Aristóteles. (siglo IV a.C..). Ética a Nicómaco (Libro X, 7. 1177b).

―El arma eficientemente usada se justificará únicamente por un propósito superior al agente, que será común con el paciente.‖

Siendo así, el Diestro abandonará la posibilidad de imponerse sobre otros por la fuerza, y hará lo necesario para que sea la razón y el conocimiento su causa instrumental.

―Cuando la razón sea el arma, la posibilidad de su uso ofensivo es menor, y los efectos perniciosos de ello se reducen.‖

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BIBLIOGRAFÍA:

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SILIO ITÁLICO (siglo I d.C.). Punica. Obra completa en latín.