ACADEMIA DE ESGRIMA LÁSER - TRANSPORTE Y PORTE DE LA FALCATA
LA CAETRA SEGÚN
JULIO CESAR Y TITO LIVIO
PERSPECTIVA DEL ESCUDO REDONDO Y ASIDO IBÉRICO A TRAVÉS DE CITAS HISTÓRICAS DE UN GENERAL Y UN HISTORIADOR ROMANO
(EXTRACTO DEL TRATADO GENERAL DE LA ESGRIMA CLÁSICA ÍBERA)
Edición 1.0
ACADEMIA DE ESGRIMA LÁSER
D. Marcelino J. Miguel Castro: Eristólogo - Hoplólogo - Maestro de Armas Maestro en la disciplina de la Esgrima Láser Kigen de la Academia de Esgrima Láser -
Linares, 2026
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La caetra según Julio Cesar:
En el conjunto de las fuentes grecolatinas, el testimonio de ―Cayo Julio César‖ reviste un valor singular para el estudio de la ―caetra‖. A diferencia de geógrafos o historiadores de gabinete que recopilaron noticias indirectas, César describe este escudo y a sus combatientes a partir de su experiencia directa como comandante en el teatro de operaciones de la península ibérica durante la Guerra Civil (49 a.C.), en el marco de la campaña de Ilerda frente a los legados pompeyanos Lucio Afranio y Marco Petreyo.
En sus crónicas, César no analiza la ―caetra‖ como una mera curiosidad, y claramente menos aún como un elemento arqueológico, sino que lo hace como el soporte material de una doctrina táctica indígena caracterizada por la dispersión, la velocidad y la asimetría, capaz de generar graves fricciones operativas frente a las legiones romanas.
La delimitación administrativa y territorial de las ―cohortes scutatae‖ frente a ―cohortes caetratae‖ surge al inventariar los efectivos del ejército pompeyano en Hispania al comienzo de la campaña, César establece una distinción entre las fuerzas indígenas según el escudo con el que combatían:
―Erant, ut supra demonstratum est, legiones Afranii tres, Petreii duae, praeterea scutatae citerioris provinciae et caetratae ulterioris Hispaniae cohortes circiter LXXX equitumque utriusque provinciae circiter V milia.‖
―Había, como antes se ha expuesto, tres legiones de Afranio y dos de Petreyo; además, cerca de ochenta cohortes: las provistas de scutum [scutatae] de la provincia Citerior y las armadas con caetra [caetratae] de la Hispania Ulterior, y unos cinco mil jinetes de ambas provincias.‖
Julio César. De Bello Civili, Libro I, 39, 1.
Este pasaje refleja el estado de la frontera armamentística peninsular a mediados del siglo I a.C. Mientras que en la Hispania Citerior, que era el valle del Ebro y la franja costera septentrional, la temprana romanización había propiciado la adopción generalizada del ―scutum‖ itálico-galo en las unidades indígenas de línea. Sin embargo, en la Hispania Ulterior, concretamente en el sur peninsular, Lusitania y los territorios de la Meseta occidental, la ―caetra‖ continuaba siendo el escudo de uso predominante. El término ―caetrati‖ se consolida en este pasaje como una categoría funcional militar que define a la infantería ligera provista del escudo circular indígena.
Por otro lado, de Cesar podemos leer sobre la doctrina del combate en orden disperso y la vulneración del flanco abierto. En los combates en torno a las colinas de Ilerda, César ofrece una descripción técnica de la forma en que combatían los ―caetrati‖ y de cómo su método había sido asimilado por los legionarios itálicos de Afranio tras años de servicio en la península:
―Genus erat pugnae militum illorum, ut magno impetu primo procurrerent, audacter locum caperent, ordines suos non magnopere servarent, rari dispersique pugnarent; si premerentur, pedem referre et loco excedere non turpe existimarent cum Lusitanis reliquisque barbaris barbaro genere quodam pugnae assuefacti; quod fere fit, quibus quisque in locis miles inveteraverit, ut multum earum regionum consuetudine moveatur. Haec tum ratio nostros perturbavit insuetos huius generis pugnae: circumiri enim sese ab aperto latere procurrentibus singulis arbitrabantur; ipsi autem
suos ordines servare neque ab signis discedere neque sine gravi causa eum locum, quem ceperant, dimitti censuerant oportere.‖
―La manera de pelear de aquellos soldados consistía en lanzarse a la carrera con un gran ímpetu inicial, ganar audazmente el terreno, no guardar rigurosamente las filas y combatir en orden ralo y disperso; si eran presionados, no consideraban deshonroso retroceder y ceder el puesto, al estar habituados a cierta forma bárbara de combate con los lusitanos y demás bárbaros; lo cual suele suceder, pues los soldados se adaptan a los lugares en los que han permanecido por mucho tiempo, de modo que son fuertemente influenciados por las costumbres de esas regiones. Esta táctica desconcertó por entonces a los nuestros, desacostumbrados a esta clase de combate, pues creían que iban a ser envueltos por el flanco descubierto por combatientes aislados que corrían hacia ellos, mientras que los nuestros juzgaban que debían mantener las filas y no abandonar el estandarte.‖
Julio César. De Bello Civili, Libro I, 44, 1-2.
Este texto versa sobre la colisión entre dos lógicas y tácticas biomecánicas que podrían entenderse como opuestas de facto, y opositoras en esencia.
Por un lado, el legionario romano con ―scutum‖, que es diseñado para la formación compacta e instruida, a la que Cesar nombra como ―acies instructa‖. En este caso, el escudo alargado y pesado, asido por el antebrazo izquierdo, cubría el cuerpo de forma relativamente estática siempre que el soldado mantuviera el hombro con su compañero de hilera. Su punto débil residía en el flanco derecho, desprovisto del mismo grado de privación y resguardo de la potencia ejecutiva opositora, que Cesar nombra como ―aperto latere‖.
ACIES INSTRUCTA. [Trained battle line]: 1. Formación de combate ordenada y disciplinada, compuesta por efectivos dispuestos en órdenes concretos, típicamente una línea, y preparados para mantener su posición, maniobrar y ejecutar acciones coordinadas bajo mando. 2. Dícese de la línea de batalla que ha recibido adiestramiento suficiente para conservar la cohesión y eficacia durante el enfrentamiento, tanto previo como durante el asalto.
El combatiente con caetra, al que se apela como ―caetratus‖, al tratarse el escudo circular asido por una manija central con una masa reducida (entre 3 y 4 kg), gozaba de plena libertad motriz para correr, cambiar de dirección y quebrar el contacto sin desorganizarse.
CAETRATUS. [Caetratus]: 1. Infante ligero de origen ibérico, celtíbero, galaico o lusitano, dotado de una caetra o escudo circular y asido, que combatía habitualmente como infante ligero, hostigador o jinete. El término deriva de caetra, denominación latina de un escudo redondo ligero, de madera recubierta de cuero y con umbo metálico, empleado tanto a pie como a caballo. Los caetrati solían combinar con frecuencia armas arrojadizas con espadas rectas o con machairas como la falcata. 2. Combatiente equipado con una caetra, pudiendo asimilarse al peltasta griego por la naturaleza ligera de su armamento defensivo.
El ―orden abierto‖ en ocasiones se ha entendido por los observadores como desorganización, sin embargo no será tal descontrol si se pretende combatir usando a los efectivos de manera individuos, mientras este sea el propósito del mando. Al observar la táctica de orden abierto de los combatientes ibéricos, los romanos podrían entender esta como parte de la incapacidad para instruir a los efectivos.
Es por ello que Cesar hace uso del término ―rari dispersique‖, pues quizás él los entendiese como combatientes menos instruidos por no conformar una línea de batalla estable y estática.
ORDEN ABIERTO. [Open formation / Foot drill]: Tipo de instrucción o formación militar en la que los efectivos aprenden a operar de manera ordenada y sin estar organizados en una estructura rígida, permitiéndoles quedar dispersos en el teatro de operaciones y, pese a ello, actuar coordinados bajo el mando directo de sus superiores, instruyendo a los participantes para posicionarse y movilizarse como una unidad cohesionada, pese a mostrar una disposición alejada los unos de los otros.
RARI DISPERSIQUE. [Scattered and dispersed]: 1. Dícese de las tropas que, careciendo de formación compacta y de coordinación efectiva, se encuentran separadas entre sí y desordenadas respecto a una línea de batalla. 2. Dícese de la condición de un conjunto combatiente que ha perdido la cohesión necesaria para maniobrar, resistir o ejecutar acciones conjuntas bajo mando.
Con ello, Cesar narra cómo, los combatientes hispanos desbordaban la frontalidad romana, acometiendo de forma individual hacia el lado desprotegido del legionario. La aparente retirada indígena no parece que respondiese a una derrota moral, sino a una fase deliberada de la maniobra para estirar la línea opositora y volver a acometer en otras circunstancias y de manera repetida.
En cuanto a la movilidad y vadeo anfibio en misiones de hostigamiento, Cesar habla que durante una crecida torrencial de los ríos Segre (―Sicoris‖) y Cinca que destruyó los puentes de comunicación cesarianos, los contingentes provistos de ―caetra‖ aprovecharon su ligereza instrumental para hostigar las líneas de suministro romanas:
―...hos levis armaturae Lusitani peritique earum regionum cetrati citerioris Hispaniae consectabantur; quibus erat proclive tranare flumen, quod consuetudo eorum omnium est, ut sine utribus ad exercitum non eant.‖
―...a estos [los forrajeadores de César] los acosaban los lusitanos de armamento ligero y los cetrati de la Hispania Citerior, expertos en aquellas regiones, a los cuales les resultaba fácil cruzar a nado el río, porque es costumbre de todos ellos no marchar al ejército sin odres.‖
Julio César. De Bello Civili, Libro I, 48, 7.
Este relato complementa y corrobora de forma independiente el testimonio de Tito Livio (XXI, 27) sobre el paso del Ródano por parte de las tropas hispanas de Aníbal. La tabla de madera de la caetra, forrada en cuero, y sumada a los odres inflados (―utres‖), permitía al combatiente vadear cursos fluviales utilizándola como soporte de flotación para cruzar a nado con su equipo seco, permitiéndoles llevar a cabo incursiones rápidas contra destacamentos aislados antes de replegarse al otro margen, haciendo del rio un medio dificultado mayor para el opositor que para los propios.
Existió según los relatos históricos una cohorte pretoriana de ―cetrati‖, que aparentemente fue usada como fuerza de choque, y que en una ocasión descrita por Cesar tuvieron que hacer uso de su ―sagum‖ como defensa improvisada, envolviéndolo sobre su brazo izquierdo, supuestamente no hábil. Esto es algo que más tarde quedaría registrado, siendo varios los tratados renacentistas de esgrima que versan sobre enrollar la capa al brazo, aprovechando la resistencia del tejido al corte.
Durante una tregua informal entre ambos ejércitos en la que las tropas confraternizaban fuera del campamento, el legado Marco Petreyo disolvió el acercamiento mediante una intervención directa de su guardia personal:
―Petreius vero non deserit sese. Armat familiam; cum hac et praetoria cohorte cetratorum barbarisque equitibus paucis, beneficiariis suis, quos suae custodiae causa habere consuerat, improviso ad vallum advolat, colloquia militum interrumpit, nostros repellit a castris, quos deprendit interficit. Reliqui coeunt inter se et repentino periculo exterriti sinistras sagis involvunt gladiosque destringunt atque ita se a cetratis equitibusque defendunt castrorum propinquitate confisi seque in castra recipiunt...‖
―Mas Petreyo no se abandona a sí mismo. Arma a sus sirvientes; y con estos, con la cohorte pretoriana de cetrati y unos pocos jinetes bárbaros auxiliares, a los que solía tener para su guardia personal, vuela de improviso hacia la empalizada, interrumpe las conversaciones de los soldados, expulsa a los nuestros del campamento y mata a los que atrapa. Los restantes se reúnen entre sí y, aterrados por el repentino peligro, se envuelven la mano izquierda en sus sagos [capas militares], desenvainan los gladios y de este modo se defienden de los cetrati y los jinetes...‖
Julio César. De Bello Civili, Libro I, 75, 2-3.
El pasaje aporta dos datos de interés esgrimístico y sociopolítico.
En primer lugar, la guardia de élite ―praetoria cohors‖: Confirma que los caudillos y generales en Hispania empleaban unidades selectas de ―caetrati‖ para su escolta personal inmediata, valorando su resolución y agresividad en el combate cerrado a corta distancia.
En segundo lugar, el ―sagum‖ como elemento instrumental improvisado, que muta su función por la organización geométrica en el medio: Al verse sorprendidos desarmados y sin sus escudos, los soldados de César enrollaron sus capas de lana en el antebrazo izquierdo (―sinistras sagis involvunt‖). Esta solución táctica reproduce el principio del escudo asido, de donde emerge el atajo, en este caso por interponer una masa, concretamente textil y densa, en el brazo libre para absorber o desviar los tajos y estocadas opositoras, permitiendo esgrimir el gladio con la mano diestra y operar este sobre las líneas que el brazo no hábil permite abrir.
Se demuestra también con este pasaje que efectivos entrenados entendían necesario el complemento de su arma con un elemento que permitiese el atajo del arma opositora, pues gladios y machairas estaban en igualdad por no disponer de gavilanes que permitieran entender el instrumento como atajador además de meramente ejecutivo.
Adicionalmente, Cesar habla de los límites operativos de la caetra, dejando testimonio de su vulnerabilidad en campo abierto y de cierta fragilidad logística.
Pese a su eficacia en la escaramuza y el terreno quebrado, César documenta concienzudamente las dos grandes limitaciones operativas que presentaban las tropas armadas con caetra:
Por un lado, se deja testimonio de la ineficacia ante cargas de caballería (I, 70).
En una maniobra para ocupar una cota elevada que dominaba las rutas de retirada hacia el Ebro, Afranio destacó cuatro cohortes de cetrati:
―Ex eo loco IIII cetratorum cohortes in montem, qui erat in conspectu omnium excelsissimus, mittit... Hunc cum obliquo itinere cetrati peterent, conspicatus equitatus Caesaris in cohortes impetum fecit; nec minimam partem temporis equitum vim cetrati sustinere potuerunt omnesque ab eis circumventi in conspectu utriusque exercitus interficiuntur.‖
―Desde aquel lugar envió a cuatro cohortes de cetrati a la montaña más elevada que estaba a la vista de todos... Pero mientras los cetrati marchaban por una ruta oblicua hacia ella, la caballería de César, advirtiéndolo, cargó contra las cohortes; y los cetrati no pudieron resistir la acometida de la caballería ni por el más mínimo espacio de tiempo, y todos ellos, cercados, fueron aniquilados a la vista de ambos ejércitos.‖
Julio César. De Bello Civili, Libro I, 70, 4-5.
En campo abierto y desprovista del apoyo de una línea densa o de accidentes orográficos, la caetra resultaba, tal y como resultaría hoy en día, insuficiente frente a la inercia de la caballería, fuera ligera o pesada. Al carecer de la masa del scutum para trabar un muro defensivo continuo y resistir la presión percibida por la presencia de las monturas, las formaciones dispersas carecían de la cobertura recíproca de sus efectivos, lo que permitía al opositor rodearlas con cierta facilidad, dejando al usuario de la caetra expuesto a un asalto contra un efectivo o varios que poseían relativamente ventaja por estar montados.
También se atestigua carencia de resistencia para la carga logística (I, 78).
Durante la retirada de las fuerzas pompeyanas cercadas, la disparidad en la impedimenta terminó por desarticular a los contingentes auxiliares:
―Frumenti copiam legionarii nonnullam habebant, quod dierum XXII ab Ilerda frumentum iussi erant efferre, cetrati auxiliaresque nullam, quorum erant et facultates ad parandum exiguae et corpora insueta ad onera portanda. Itaque magnus eorum cotidie numerus ad Caesarem perfugiebat.‖
―Los legionarios tenían cierta provisión de grano, porque se les había ordenado sacar de Ilerda raciones para veintidós días; los cetrati y las tropas auxiliares no tenían ninguna, pues sus recursos para abastecerse eran escasos y sus cuerpos no estaban acostumbrados a llevar grandes cargas. Por ello, un gran número de ellos desertaba diariamente hacia César.‖
Julio César. De Bello Civili, Libro I, 78, 1-2.
En este pasaje, César expresa la disciplina logística del legionario itálico, que era un efectivo habituado a transportar su propia ración, herramientas de zapa y el equipo de combate completo, llamado ―sarcina‖.
SARCINA. [Pack / Burden]: 1. Carga o conjunto de enseres que un soldado transporta consigo durante una marcha o campaña. 2. Dícese del equipamiento individual que comprende las provisiones, utensilios y demás elementos necesarios para el sostenimiento y la actividad de quien marcha.
Esto lo contrapone con la naturaleza física del combatiente auxiliar indígena, pues Según Cesar, la agilidad del caetratus en el asalto se sustentaba en una mínima servidumbre de carga; sometido a una guerra de desgaste y maniobras prolongadas sin abastecimiento inmediato, su operatividad colapsaba por tedio, falta de voluntad, resistencia al orden, incluso por no estar adaptados a las jornadas sin paradas de abastecimiento.
Sea como fuere, en las fuentes cesarianas, la caetra queda caracterizada como el instrumento central de un modelo militar indígena ibérico, basado en la agilidad, la dispersión calculada y el combate fluido en orden abierto.
César reconoce la eficacia desestabilizadora de este escudo cuando operaba en su terreno idóneo, aprovechando la orografía quebrada, el hostigamiento anfibio y los asaltos sobre los flancos desprotegidos de las legiones, al tiempo que señala con rigor sus limitaciones estructurales y las de sus usuarios, donde están cierta incapacidad para resistir el impacto táctico de la caballería en llanura y la dependencia de una intendencia ligera que impedía a los caetrati sostener campañas prolongadas de asedio y desgaste.
La caetra según Tito Livio:
En la monumental obra histórica de Tito Livio, ―Ab Urbe Condita‖, el tratamiento de la caetra y de los combatientes que la usaban adquiere una dimensión documental y analítica de primer orden.
A diferencia de otros autores que aluden al armamento de forma incidental, Livio recurre al vocablo hispánico para narrar las operaciones militares en la península ibérica durante la Segunda Guerra Púnica, haciendo uso del término ―caerta‖ como una herramienta conceptual de traducción.
Para Tito Livio la caetra es el término de referencia con el que explica a su audiencia romana qué era la pelta griega y cómo operaban los cuerpos de infantería ligera en las monarquías helenísticas.
A través de sus libros, Livio recoge la morfología del escudo, el peso demográfico de las tropas auxiliares hispanas, su comportamiento biomecánico en el combate singular y maniobras logísticas específicas donde la ligereza y la movilidad de la caetra resultaba determinante.
Uno de los aportes filológicos y tipológicos más reveladores de Livio se localiza en sus relatos sobre las guerras macedónicas. Al describir las fuerzas del rey Filipo V de Macedonia que acudían en socorro de la isla de Eubea, el historiador interrumpe la narración de los movimientos de tropas para insertar una aclaración técnica sobre el escudo de los infantes ligeros:
―Polyphantam cum modica manu in Boeotiam, Menippum item quendam ex regiis ducibus cum mille peltatis —pelta caetrae haud dissimilis est— Chalcidem mittit; additi quingenti Agrianum ut omnes insulae partes tueri posset.‖
―Envió a Polifanta con una pequeña fuerza a Beocia, y del mismo modo a Menipo, uno de los generales reales, con mil peltastas —la pelta no es nada desemejante a la caetra— a Calcis; se le añadieron quinientos agrianos para que pudiese defender todas las partes de la isla.‖
Tito Livio. Ab Urbe Condita, Libro XXVIII, 5, 11.
La precisión parentética de Livio resulta fundamental para la hoplología, pues el autor asume que el lector romano medio del cambio de era conoce con exactitud las propiedades de la caetra hispánica (su
diámetro circular reducido, su tabla de madera forrada en piel y su asidero central), utilizándola como el modelo idóneo para hacer comprensible la pelta helénica.
Al afirmar que la pelta no es en nada diferente a la caetra, Livio ratifica que ambas armas compartían un mismo principio táctico y biomecánico, pues ambas eran instrumentos que otorgaban defensas ligeras y dinámicas, concebidas para el atajo activo y el hostigamiento, en contraposición a los escudos pesados, más propios del uso en formación compacta.
Esta similitud terminológica se consolida y afianza en pasajes posteriores, donde Livio prescinde de la voz griega ―peltasta‖ para emplear directamente la forma latina ―caetratus‖:
PELTASTA. [Peltast]: 1. Infantería ligera, típicamente mercenaria típica de los ejércitos helénicos, armada con jabalinas (akontia), xiphos y pelta. 2. Forma griega de hacer referencia al usuario de la caetra o la pelta.
―Uno deinde intermisso die, cum omnibus copiis equitum levisque armaturae pugnaturus rex esset, nocte caetratos, quos peltastas vocant, loco opportuno inter bina castra in insidiis abdiderat praeceperatque Athenagorae et equitibus ut si aperto proelio procederet res, uterentur fortuna, si minus, cedendo sensim ad insidiarum locum hostem pertraherent.‖
―Habiendo dejado pasar un día, disponiéndose el rey a combatir con todas las fuerzas de caballería y de armamento ligero, había ocultado de noche en una emboscada en un lugar oportuno entre ambos campamentos a los caetrati, a los que llaman peltastas, y había ordenado a Atenágoras y a los jinetes que, si la acción marchaba bien en batalla abierta, aprovechasen la ocasión; y si no, que retirándose poco a poco atrajesen al enemigo hacia el lugar de la celada.‖
Tito Livio. Ab Urbe Condita, Libro XXXI, 36, 1.
―...decem et sex milia militum haec fuere, robur omne virium eius regni; ad hoc duo milia caetratorum, quos peltastas appellant...‖
―...dieciséis mil soldados fueron estos, todo el nervio de las fuerzas de aquel reino; además de esto, dos mil caetrati, a los que llaman peltastas...‖
Tito Livio. Ab Urbe Condita, Libro XXXIII, 4, 4.
―delecta deinde et viribus et robore aetatis ex omni caetratorum numero duo milia erant: agema hanc ipsi legionem vocabant; praefectos habebat Leonnatum et Thrasippum Eulyestas.‖
―Los escogidos por su vigor y la fuerza de su edad de entre todo el número de caetrati eran dos mil: a esta legión ellos la llamaban agema; tenía por prefectos a Leonato y a Trasipo de Euliesta.‖
Tito Livio. Ab Urbe Condita, Libro XLII, 51, 4.
Livio, con su relato consolida la categoría funcional militar, concretamente aquella de los contingentes de élite como el ―agema real macedonio‖, tradicionalmente pertrechados con la pelta circular de borde metálico, son clasificados administrativamente por el cronista como caetrati.
AGEMA REAL MACEDONIO. [Royal Macedonian agema]: Cuerpo de élite del ejército macedonio, compuesto por la quiliarquía superior de los hipaspistas y por el escuadrón real de la caballería de los hetairoi, encargado de la protección inmediata del rey, de su acompañamiento en campaña y en combate, y de servir como núcleo de choque entre la falange y la caballería.
Según los datos disponibles, parece deducirse que para el ejército romano de época republicana media y tardía todo combatiente regular dotado de un escudo circular asido de talla media y armamento arrojadizo quedaba englobado bajo el concepto operativo de caetratus.
Livio, al narrar los preparativos estratégicos de Aníbal en la península ibérica antes de iniciar su marcha hacia Italia (218 a.C.), hace evidente la enorme proporción numérica que las tropas armadas con caetra alcanzaban en el ejército púnico:
―Tredecim milia octingentos quinquaginta pedites caetratos misit in Africam et funditores Baliares octingentos septuaginta, equites mixtos ex multis gentibus mille ducentos.‖
―Envió a África a trece mil ochocientos cincuenta infantes caetrati y a ochocientos setenta honderos baleares, además de mil doscientos jinetes mezclados de muchas naciones.‖
Tito Livio. Ab Urbe Condita, Libro XXI, 21, 11.
La cifra de casi catorce mil caetrati hispanos enviados exclusivamente a guarnecer el norte de África atestigua que este escudo no constituía una defensa esporádica de partidas guerrilleras marginales, sino el armamento estandarizado de la masa de infantería ligera de las comunidades ibéricas meridionales y levantinas.
Más adelante, al evaluar los combates entre tropas ligeras acaecidos en suelo peninsular en el año 216 a.C., Livio aporta un juicio comparativo sobre las cualidades físicas y morales del infante con caetra frente a otros combatientes del ámbito cartaginés:
―In hoc alterno pavore certamina aliquot sunt contracta; nec Numida Hispano eques par fuit nec iaculator Maurus caetrato, velocitate pari, robore animi viriumque aliquantum praestanti.‖
―En medio de este pánico alterno se trabaron algunos combates; ni el jinete númida fue igual al hispano, ni el lanzador de jabalina mauritano fue par al caetrato, quien, teniendo una velocidad idéntica, le aventajaba considerablemente en fortaleza de ánimo y en fuerza física.‖
Tito Livio. Ab Urbe Condita, Libro XXIII, 26, 11.
En este testimonio se destaca una faceta técnica que se puede considerar crucial, y es que el caetratus hispánico compartía la ligereza y la capacidad de desplazamiento rápido de los hostigadores del desierto norteafricano, y combinaba esa agilidad con una capacidad de asalto y una firmeza en el cuerpo a cuerpo muy superiores.
Esta dualidad operativa se explica por la estructura de su panoplia, dado que la caetra no era un escudo puramente pasivo de cuero flexible, sino una rodela con alma de madera resistente y umbo metálico que permitía cerrar trayectorias, privando y disponiendo, con contundencia suficiente como para resistir proyectiles, y que era acompañada de espadas cortas de filo y punta, ya fuesen machairas como la falcata o el xiphos, o por el gladio hispano, concebidas como secundarias a las lanzas.
Tito Livio habla de un empleo logístico auxiliar de la caetra, siendo esta usada como flotador en el cruce de cursos fluviales. En concreto, en su descripción del paso del río Ródano por parte de las fuerzas de Aníbal frente a la resistencia armada de los galos volcas, Livio refiere un episodio donde las propiedades constructivas de la caetra resultaron determinantes para superar un obstáculo natural mayor:
―Hispani sine ulla mole in utres vestimentis coniectis ipsi caetris superpositis incubantes flumen tranauere.‖
―Los hispanos, sin dificultad alguna, metiendo sus ropas dentro de odres y acostándose ellos mismos apoyados encima de sus caetras, cruzaron a nado el río.‖
Tito Livio. Ab Urbe Condita, Libro XXI, 27, 5.
A partir de este pasaje, diversos autores han planteado como hipótesis que la morfología de la caetra proporcionaba una flotabilidad positiva suficiente para actuar como un flotador pectoral de campaña, dado su diámetro estrabino estandarizado de 50 a 60 cm, quizás cierta curvatura frontal y su tabla de madera recubierta por capas de cuero tensadas e impermeabilizadas con grasas animales.
Al empaquetar la vestimenta y los pertrechos secos dentro de odres estancos (utres) y situar la concavidad del escudo como lecho superior sobre el que apoyar el pecho, el combatiente indígena liberaba las extremidades para impulsarse en el nado sin exponer su impedimenta a la corriente fluvial.
Este detalle de la forma en la que parece ser que operaban, confirma de manera convergente lo señalado por Julio César en ―De Bello Civili‖ (I, 48), donde se insiste en que las tropas ligeras y los cetrati hispanos vadeaban ríos con asombrosa facilidad debido a su costumbre arraigada de no marchar jamás en campaña sin sus odres.
Sobre la monomaquia judicial y el duelo aristocrático de Corbis y Orsua en Cartago Nova, Livio relata en el libro XXVIII, el célebre combate singular acontecido en el año 206 a.C. durante las ceremonias fúnebres organizadas por Publio Cornelio Escipión en Cartago Nova en memoria de su padre y su tío. En este pasaje se detalla cómo dos nobles hispanos recurrieron al duelo voluntario para zanjar una disputa de poder:
―...neque obscuri generis homines sed clari inlustresque, Corbis et Orsua, patrueles fratres, de principatu civitatis quam Ibem vocabant ambigentes ferro se certaturos professi sunt. Corbis senior aetate erat; Orsuae pater princeps proxime fuerat, a fratre maiore mortuo eo adeptus imperium. Cum verbis disceptare Scipio vellet ac sedare iras, negatum id ambo dicere; nec alium deorum hominumve quam Martem se iudicem habituros esse... maior usu armorum et astu facile stolidas vires minoris superavit.‖
―...hombres no de linaje oscuro, sino ilustres y famosos, Corbis y Orsua, primos hermanos, que se disputaban la jefatura de la ciudad que llamaban Ibe, manifestaron que combatirían a hierro. Corbis era mayor en edad; el padre de Orsua había sido el último jefe, habiendo obtenido el mando a la muerte de su hermano mayor. Queriendo Escipión dirimir la disputa mediante palabras y calmar los ánimos, ambos dijeron que se negaban; que no tendrían a ningún otro dios u hombre por juez más que a Marte... El mayor, gracias a su práctica en el manejo de las armas y a su astucia, superó con facilidad la fuerza bruta del menor.‖
Tito Livio. Ab Urbe Condita, Libro XXVIII, 21, 6-10.
En este episodio, Tito Livio ofrece claves fundamentales sobre el papel de la caetra en la cultura marcial indígena, en diferentes dimensiones.
En la dimensión sociopolítica, el combate, o asalto acontecido, no es un espectáculo gladiatorio de esclavos, sino una ordalía judicial entre aristócratas libres que someten la sucesión dinástica al juicio de las armas ante la mirada del ejército romano. Se podría entender esto como un combate singular y pactado, lo que lo determina como ―duelo‖.
DUELO. [Duel]: 1. Enfrentamiento pactado, en combate singular, entre dos tiradores armados. 2. Enfrentamiento de índole singular, pactado entre los participantes, que según unas reglas, pretende resolver una disputa previa o presente. 3. Según San Isidoro de Sevilla: Término procedente de bellum, entendido como guerra, que se terminó llamando duellum, por ser dos partes las participantes o por quedar divididos los participantes en vencedores y vencidos. 4. Juicio del ser.
En dicho pasaje también se puede ver que está presente el binomio de esgrima, pues ambas figuras se midieron, casi con toda seguridad mediante el armamento nobiliario tradicional compuesto por espada de mano y caetra. Esta hipótesis tiene una explicación:
Aunque el texto de Tito Livio no catalogue nominalmente los instreumentos que se usaron en tal asalto, al consignar de forma sucinta que ambos contendientes pactaron dirimir su soberanía ―a hierro‖ (ferro) y que la victoria del primogénito se decidió por su ―destreza en las armas y astucia‖ (usu armorum et astu), la hipótesis de que se batieron mediante el binomio de arma blanca de mano y caetra alcanza una probabilidad notable al contrastar la narración con el registro arqueológico y la lógica de la interacción marcial.
En primer término, su condición explícita de aristócratas y príncipes libres (clari inlustresque) posiblemente exigía el concurso de la panoplia personal de linaje propia del último tercio del siglo III a.C. en el sureste y levante peninsular, la cual aparece fijada de manera sistemática tanto en los ajuares de las necrópolis como en la iconografía de combates singulares en orden abierto en torno al binomio de arma de mano, típicamente blanca y corta, como la machaira o falcata, espada recta de frontón, y escudo circular asido.
En segundo lugar, desde una perspectiva estrictamente biomecánica, las espadas peninsulares de la época carecían de guarda, gavilanes o cazoletas capaces de proteger la mano armada frente a los cortes, encordados voluntarios o espontáneos y estocadas directas del opositor. En consecuencia, un duelo individual, a muerte o primera sangra, en campo abierto requería indispensablemente la presencia de la caetra como escudo activo para tener cierto gobierno sobre el arma opositora, atajando su filo, disponiéndola, y abriendo los ángulos necesarios para ejecutar, siendo estos posiblemente los ardides y engaños que Livio caracterizó como astucia frente a la fuerza bruta desprovista de cálculo.
Además, Livio da a entender así mismo la coexistencia tipológica y diferenciación frente al scutum, por medio de expresar que en el territorio peninsular la caetra no operaba de forma aislada, sino que convivía con formaciones de combatientes provistos de escudos alargados de influencia céltica o itálica (scuta). Al narrar las operaciones del pretor Marco Silano en la Celtiberia en el año 207 a.C., el historiador diferencia formalmente las dos clases de infantería presentes en los ejércitos indígenas:
―In Celtiberorum exercitu quattuor milia scutatorum erant, ducenti equites: haec iusta legio et robur copiarum in prima acie posita erat; cetera levis armatura...‖
―En el ejército de los celtíberos había cuatro mil hombres armados con scutum [scutati] y doscientos jinetes: esta fuerza, colocada en primera línea como una legión regular, constituía el núcleo de sus tropas; el resto era infantería ligera...‖
Tito Livio. Ab Urbe Condita, Libro XXVIII, 2, 2-3.
Este pasaje ratifica la convivencia dual corroborada por la arqueología en yacimientos meseteños como Numancia, Arcóbriga o La Osera. Mientras que los scutati integraban líneas compactas destinadas a sostener el choque frontal, el resto de las fuerzas conformaban la infantería ligera o con armadura más leve, (levis armatura), compuesta típicmanete y de forma mayoritaria por caetrati destinados a la escaramuza perimetral y a la maniobra envolvente.
Del mismo modo, al describir el despliegue del centro del ejército cartaginés en la batalla de Cannas (216 a.C.), Livio señala la uniformidad morfológica de los escudos pesados utilizados por los contingentes hispanos y galos de línea:
―Gallis Hispanisque scuta eiusdem formae fere erant, dispares ac dissimiles gladii...‖
―Galos e hispanos tenían escudos de forma casi idéntica [scuta alargados], pero sus espadas eran dispares y distintas...‖
Tito Livio. Ab Urbe Condita, Libro XXII, 46, 5.
Aquí, la observación de Livio aclara que los hispanos que formaban en el centro del dispositivo táctico de Aníbal en Cannas habían sido equipados con escudos alargados semirrectangulares u ovales para ofrecer una línea densa coherente con los galos, demostrando que las poblaciones peninsulares conocían y utilizaban ambas tipologías, siendo usado el scutum para el asalto en formación y la caetra para el combate dinámico en orden abierto, adaptando la elección del escudo al cometido táctico demandado por el mando militar.
De una forma u otra, podemos concluir que en las páginas de Tito Livio, la caetra se perfila como un artefacto multifuncional, aparentemente inseparable de la identidad del combatiente hispano.
En el plano léxico la caetra sirve a los romanos como el término técnico insustituible para traducir la pelta griega.
En lo relativo a lo táctico, se define a una infantería ligera, que usando caetra quedaba caracterizada por su alta movilidad, resistencia ante el asalto y letalidad en el orden disperso.
En el plano antropológico, Tito Livio nos puede hacer pensar que la caetra fue elemento instrumental en el combate singular o duelo entre nobles libres, como medio supremo de resolución jurídica, donde demostrar la pericia esgrimística propia.
Respecto a al plano logístico, Livio aporta testimonios sobre que la caetra ofrecía a sus usuarios instruidos soluciones anfibias auxiliares que permitían salvar barreras geográficas infranqueables para tropas regulares con equipo pesado.
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