Es de suma importancia hacer la diferenciación entre el estilo y el acento. En el ámbito marcial, concretamente esgrimístico, el estilo es aquel conjunto de particularidades en la forma de tirar de un individuo, que emergen de las carencias. Es por ello que el estilo hace relativamente rígido a aquel que lo posee, pues lo restringe en la capacidad de adaptación a las innumerables variaciones y variedades de opositor que pueden existir. De esta forma, un estilo muy marcado puede hacer funcional a su dueño en unas determinadas circunstancias, haciéndolo disfuncional en otras. Sin embargo, y por el otro lado, existe el acento, que resulta ser las particularidades que un tirador decide expresar, pues no dependen de sus carencias. Es por ello que un acento puede ser cambiado a voluntad, dando lugar a una “prosodia” característica, sin restricciones, y emergiendo como posibilidades de adaptación, pues la forma particular de tirar que demuestra surje por elección y no por faltarle repertorio. Sabiendo esto, un tirador con mucho estilo, tiende a siempre tirar igual, mientras que el que tiene acento, tiende a tener un repertorio mayor, que trasciende sus limitantes, haciéndolo más adaptable.

A este respecto, Nazaret Aparicio siempre ha sido un ejemplo para otros alumnos de la Academia de Esgrima Láser, pues su estilo, con el que impregnaba toda su expresión en asalto, era fluido, orgánico, así como biomecánicamente eficiente y elegante. Sin embargo, me alegra saber hoy que cada día se acerca más a tener un acento, pues demuestra de manera creciente una notable capacidad para adaptarse en segundos al medio y las condiciones de su opositor, habiendo cambiado de mantenerse obstinada en su manera de expresarse, consiguiendo ahora modificar su conducta rápidamente, para antagonizar a su opositor con solvencia.

A esto he de añadir un detalle final, que no es otro que la rotunda afirmación de que las personas nos comportamos en asalto tal y como somos fuera de él. Sabiendo esto, dejo al lector de estas palabras que infiera la enorme evolución que Aparicio ha dado como persona, para alcanzar el nivel de excelencia del que hoy, en su centena, estoy tan orgulloso. “Gracias”.