Los alumnos son mensajes que enviamos al futuro para hacerlo más sencillo.  Esta idea es tan elemental como crucial, y por ello cualquier docente ha de saber que los años no pasan en balde, por lo que hemos de asegurarnos que invertimos nuestro tiempo en que otros aprendan a vivir.

Siendo así, la atención personalizada debe de estar siempre presente, pues cualquier otra forma de interacción resultará menos eficiente. No obstante, para que el Maestro se pueda adaptar a las particularidades del discípulo, ha de medirlo y estudiarlo con el mayor detalle posible. Irremediablemente, este proceso requiere tiempo, y por ende, nos adaptamos con mayor precisión a aquellos que hemos observado desde la distancia, por un tiempo considerable.

En mi esfuerzo preparatorio, que hago en la Academia de Esgrima Láser, tengo la suerte de contar con el Iniciado Alejandro Salvador, que es un sujeto que hace muchos años se puso en mis manos, originalmente de manera informal. Hoy le hago entrega de un distintivo de permanencia, que no solo marca su veteranía y le hace portador del gar, sino que es prueba material y objetiva de el cambio radical que se ha originado en él, habiendo pasado de ser un niño a un hombre capaz e independiente, desarrollando capacidades sobre las que se ha de sustentar todo guerrero, como son el rigor académico que se precisa para sobresalir y la capacidad de abordar problemas con diligencia y decisión.