Éste humilde servidor escribe estas líneas aún con Gabriel Ruiz presente, mientras acontecen unos asaltos de Nacho Chicharro y Daniel Zavala, con la supervisión de Gonzalo Luna. Siendo así, he de confesar mi satisfacción por notar el crecimiento de cada uno de ellos, tanto en lo que acontece en el asalto como fuera de él. Es en este contexto, ajeno al uso de las armas, donde el crecimiento es más importante pues representa la mayoría del tiempo de cualquiera, incluyendo al marcialista que, como cualquier otro, también queda sujeto a las banalidades de la vida cotidiana.

De esta forma, todo lo aprendido en la Academia únicamente queda justificado por la aplicación de ello a la vida cotidiana, pues en realidad pasamos una cantidad mayor de tiempo debatiendo con nuestros iguales en términos civilizados, debiendo de dar gracias por que sean excepcionales las situaciones en las que las armas están presentes.

Sea como fuere, observando el crecimiento de los discípulos, me doy cuenta de la importancia de que sea alrededor de ellos y de sus intereses sobre lo que se configure y, sutilmente, se adapte el temario, pues eso dota a la Academia de Esgrima Láser de su característico sincrético eclecticismo.