Cada una de las personas que nos rodean, y nosotros mismos, estamos constituidos de virtudes y miseria. Sin embargo, hay algunos que tienen una tendencia natural a acertar en sus decisiones y ofrecer resistencia respecto al caos. Por suerte, siento orgullo de saber que el estudio del conflicto, por medio del ejercicio doméstico de las armas, ayuda de manera notable al control de uno mismo, haciéndolo más proclive al orden, al uso de la razón y a la coherencia.

Adicionalmente, extiendo ese orgullo por poder afirmar que entre mis alumnos hay un porcentaje considerable de individuos que actúan como faro de otros, tanto compañeros como ajenos a la Academia, asistiéndoles a entender las ventajas del esfuerzo constante, del uso de la razón y de la búsqueda de la solución más eficiente a la oposición.

Por ello me agrada ver cómo, poco a poco, comienzan a adquirir control sobre su vida, sus decisiones y sus obras, elevando de una forma más que evidente el nivel de eficiencia en ellas. Por suerte, al estar la filosofía propia de la Academia de Esgrima Láser sostenida en la práctica del asalto, los cambios en la actitud de un discípulo se pueden ver en directo reflejado en la manera en la que hacen uso de las armas, así como en la forma en la que organizan los medios y aumentan su operatividad frente a su oposición.       Esto es un fenómeno muy curioso, pues somos los mismos dentro del asalto esgrimístico que fuera de él, y por ello, se hacen patentes las formas en las que uno avanza gracias al ejercicio doméstico de las armas, que nos ofrece un espejo en el que notar el aprendizaje.

Mientras escribo esta reflexión, esta rondando mi cabeza el Iniciado Gonzalo Luna, que resulta ser un individuo de esos que sabe entregarse por entero a aquello que entiende que ha de hacer. Y eso se puede ver en él, esgrimiendo y viviendo, pues es un ejemplo de coherencia que, pese a tener facilidad para acertar, obtiene éxito de manera recurrente por esforzarse por ello.