El conticinio es el silencio manifestándose de manera notable en lo más profundo de la noche, provocando quietud, calma. Este hecho encuentra cobijo en un momento clave entre dos tiradores, cuando ambos han cesado toda actividad y se agradecen de manera sincera el conocimiento que uno le ha aportado a otro.

Es en esa serenidad total cuando el opositor deja de ser tal, para volver a ser el académico que hace uso de la institución para aprender y compartir conocimiento. 

Este momento nos invita a valorar la pausa en el proceso de aprendizaje, proporcionando la calma necesaria para absorber de manera eficiente el contenido que se ofrece. Por otro lado, el silencio otorga respeto al opositor, ofreciéndole su tiempo y deferencia.

Estar en silencio frente al todavía opositor es un síntoma de agradecimiento. En este instante de quietud y respeto, ambos tiradores son capaces de reconocer al opositor todas las causas y efectos de lo que anteriormente ha ocurrido, valorando y reforzando de esta manera la figura del paciente-agente, que es sin duda, un opositor aliado.

En definitiva, este silencioso momento refuerza la integridad propia de los opositores, generando una fortaleza genuina para ambos. Convirtiéndose en uno de los momentos más notables del saludo.