Con el aparente propósito inicial de ayudar a relacionarse entre personas de todo el mundo, se crearon una serie de software llamado hoy “redes sociales”.
Con los años, así como tras su holgado uso y disfrute por parte de los usuarios, su evolución ha hecho que la manera de relacionarse de las personas cambie, en forma y en fondo.
Afirmo, sin miedo a equivocarme, que las redes sociales, a pesar de su capacidad para hacernos individuos completos e interconectados para la colaboración, han conseguido estandarizarnos en los aspectos más oscuros que los grupos humanos históricamente presentan. Es así que estas redes sociales influyen a menores y no tan menores, llevándolos a tener aún mas estereotipos y estigmas sobre la gente que les rodea, tanto física como virtualmente hablando, dando lugar con ello a un juicio acrítico y frívolo constante sobre la vida de los demás.
En esta nueva interacción humana, se difunden valores sin sentido que intentan hacerte ser más apto para estas mismas redes, haciéndote más capaz de mantenerte absorto en ellas, y participando de sus intereses. En definitiva, atraen la atención del usuario y, con ello, modifican su propósito de manera que se percibe placentera.
En mi caso particular, abriéndome en estas líneas, echo de menos que me toquen al timbre mis amigos, ir a la plaza, pasear por el pueblo sin nada más que hacer que disfrutar de ver cómo los pájaros se mudan de tejado a la par que el tiempo trae la noche.
Sin embargo, parece, y en ocasiones así se manifiesta, que estamos "obligados" a depender de internet o las redes para relacionarnos. Soy entendedor de que no es cierto y tampoco creo en el discurso nostálgico y barato de volver a escribir cartas. También doy por hecha la dificultad de apartarse por completo de las redes, ni tan siquiera soy capaz de creerlo posible mientras el resto esté encerrado en ellas. Entre otras, porque siendo honesto, yo mismo dependo de ellas, y ya no sé escribir una carta, y además no hay nadie que me las reciba.
En definitiva, siento la humana contradicción de querer que alguien me arrebate lo que hoy me hace estar a gusto, y me arranque de las manos las redes sociales y me devuelva al siglo pasado, pues de lo contrario no creo poder tolerar la soledad a la que nos abocamos.

