Estoy seguro que sin desearlo, tendemos a confundir el hecho de no esperar frutos con creer que no los habrá. La experiencia, constantemente, nos demuestra que es muy distinto.
Por un lado, cuando no esperamos frutos, anulamos el ansia de obtenerlos, haciendo que la motivación de donde emerge el esfuerzo sea la propia actividad. Eso nos garantiza, que la ignorancia del éxito nos dejará tocar el gozo presente.
Sin embargo, cuando creemos que no habrá frutos de aquello que pretendemos, y además somos conscientes de ello, nuestra propia fisiología nos tiende a disuadir de hacer el esfuerzo, pues no encuentra justificación para ello.
Por tanto, podemos entender que existe una diferencia notable, pues no desear un fruto concreto no hace que no nos esforcemos, sino que nos proporciona un espacio para dedicar nuestro tiempo a algo, entendiendo que no podemos comprender la naturaleza de los efectos, mas estos tendrán lugar.
Por ende, todo esfuerzo queda justificado si, de alguna forma, emerge conocimiento de ello, ya sea por lo que se aprenda de los resultados o por poder observar lo que ocurre al terminar.
Podemos decir, además, que en la esgrima, en todo su conjunto, por el mero hecho de dedicar atención al asalto y a todo lo que lo envuelve, se aprende. Y es esto lo que hace que, con solo dedicar tiempo lúdico a esa actividad, y con no creer que no tendrá resultados, se mantenga la motivación mientras se conserve la dedicación.
Este es el caso de Raúl García, que con la dedicación constante y la humildad para entender que en algún momento llegará, hoy se inicia.
Con esto le quedo muy agradecido por ese tiempo dedicado y el que dedicará, habiéndose demostrado y revelado como un historiador involucrado y un incipiente filósofo del conflicto, que con la unión de sus talentos llegará, sin duda, a ser un eristólogo notable... en algún momento.


