La tarde del diez de diciembre ha sido fructífera. Sin duda alguna, se confirma el hecho de que la experiencia empírica otorga conocimiento de cualquier manera, emergiendo también de lo que los humanos, por pura arrogancia, entendemos como fracaso.

Al intentar implementar unos cambios estéticos en esta web, desde la que habla este humilde servidor, hemos podido observar como nuestra ambición nos llevaba más allá de los límites de la máquina, dando como resultado el error de sobreponer la estética a la funcionalidad.

Esto nos regala una perspectiva interesante sobre nosotros mismos, que es perfectamente aplicable al asalto esgrimístico. En esencia, en el día de hoy reafirmamos por la experiencia que cuando un recurso inicialmente técnico abandona el nicho práctico, para el que se concibió, comienza a ser un lastre en la potencia de éxito, haciendo que el usuario que prima lo estético ante lo funcional se exponga a que su opositor, por ser pragmático, ahonde en su tórax con acero, o en nuestro caso, convierta en plasma nuestra extremidad armada.