Y porque hay hombres, que no quieren para otros, lo que para sí mismos, y será posible, que alguno de estos le ponga por excepción, que lo mismo podrá hacer el contrario con el diestro, siendo este el que acometiese, coartándole la potencia, con que tampoco podría herir, y vendrían a quedar iguales, sin que entre ellos hubiese vencido, ni vencedor, y el que estuviese obligado a satisfacerse, no lo conseguiría. A esto responderá, como docto, y Cristiano, que esta destreza, y Ciencia, en que se funda, se inventó para la defensa de este individuo hombre, en común (sin mirar a las leyes del duelo, por injuria, o agravio) con promesa de que en cuanto observare sus preceptos, no le faltará su auxilio; pero que no se obligó, ni está obligada a suplir la ignorancia, ni los accidentes del descuido, o retardo del operante en el obrarlos, porque esto ha de correr por su cuenta, y riesgo. ADVERTENCIAS DE LA DESTREZA DE LAS ARMAS, ASÍ A PIE, COMO A CABALLO.72ADVERTENCIAS DE LA DESTREZA DE LAS Y como Filósofo podrá decir, que entre la acción activa, y la pasiva, recepción de entre los dos combatientes (ya sea a pie, o a caballo, con cualesquier armas iguales, o desiguales) es forzoso proporcionarse, de tal manera, que pueda recibir el uno, tanto como hacer el otro, y que faltando la potencia del recibir, faltará la potencia del obrar (en cuanto el reducirla en acto, por no haber objeto con disposición en quien), 59 y que si se fuesen haciendo oposición en todas las acciones, que no se seguiría efecto alguno, y ambos quedarían defendidos, sin que por esto quedase desacreditada la Destreza, antes si merecedora de suprema alabanza, por haber defendido a dos, y no desamparado a ninguno. 231. La segunda opinión de lanzas, y adargas (suponiendo la misma igualdad en todo) vencerá matemáticamente lo inadvertido de todos los Autores, y que tienen por constante aquellos que hacen, y no discurren, afirmando, que en la ya trabada escaramuza, puede un Jinete ganarle el lado derecho a su contrario, ya por medio de unos remesones, o haciendo círculos; y probará la imposibilidad (si hubiere consultado familiarmente a Euclides) por aquella tercera común sentencia de su primer libro, que con los mismos, y por la contraria parte se le puede oponer el que fuere diestro, de suerte, que procediendo en infinito, jamás concurran en la tal posición. 232. Y si contra la supuesta igualdad dijeren, que por algún accidente de tardanza, o deliberado intento del diestro, aguardase sin hacer círculos, ni dar remesones, se le podría ganar el lado para esto último (despreciando lo primero) se valdrá de la decimoctava definición del libro primero de Euclides de las Proposiciones once, y quince del libro quinto, y del Corolario de la decimoquinta del libro cuarto, confirmándolas todas con la experiencia, tan fácil, como innegable al que tuviere juicio. 233. Satisfecho esto, resolverá ¿por cuál de los lados ha de acometer el diestro? ¿Cómo ha de llevar la lanza? ¿De qué ángulo ha de participar? ¿A qué línea la ha de dirigir? ¿Ha de ser recta, o diagonalmente, así para la herida, como para impedir la del contrario? Y este impedimento, ¿cuál ha de ser? ¿Le será posible, que antes de la ejecución pueda elegir medio proporcionado propio, con los dos, o tres efectos que ha de causar para serlo, y podrá en él LUIS PACHECO DE NARVÁEZ73ARMAS, ASÍ A PIE, COMO A CABALLO. hacer voluntaria detención en el herir, aunque no mude posición el contrario? ¿Y se podrá valer del apropiado, o del transferido? ¿Y tanto en tiempo, como después de tiempo? 234. ¿De cuál de los tres medios de la defensa 60 podrá usar? Y para conseguir el más eficaz de ellos, ¿le será forzoso el valerse del movimiento de diversión? ¿Y este le dará tránsito a treta que pueda ejecutar, o medio proporcionado para ella? 235. ¿De primera intención, y enristre, podrá alguno de los dos Jinetes ganarle al otro grados de perfil? Y si en aquella distancia en que se ganan se hallase, ¿habría entre ellos igual, o desigual potencia para ofender, sin ser ofendido? 236. Y cuando de segunda intención ganase alguno estos grados, aquel que los tuviese perdidos, ¿podría quedar en todo defendido con la adarga, y alcanzar a herir con la lanza, aprovechándose del mayor extremo que le fuese posible? 237. Si del acometimiento perfecto, que alguno de ellos hiciere, con partes proporcionadas, puede herir, o necesitar al contrario a que mude postura, y la mudare, ¿podrá formar treta de diferente, o contraria especie, o le será forzoso que sea de la del mismo acometimiento? 238. Y si en el ristre, cara a cara, o habiéndole ganado el uno al otro alguno de los lados, ¿podrá el que los ganare defender con la adarga a sí, y al caballo juntamente, o quedará el caballo tanto más descubierto, cuanto él más se adargare [protegiese], cubriendo cabeza, y pecho? 239. Y por último, ¿la adarga le será al diestro de más embarazo, que defensa, y le privará de conseguir la mayor que pudo descubrir el Arte, así para contra la causa instrumental, como para que con más disposición, y sin ningún peligro pudiese destruir la causa eficiente? ADVERTENCIAS DE LA DESTREZA DE LAS ARMAS, ASÍ A PIE, COMO A CABALLO.74ADVERTENCIAS DE LA DESTREZA DE LAS 240. ¿Y por qué cabe en la posibilidad, que heridos, o muertos los caballos, queden a pie los Jinetes, o que el uno lo quede, por la muerte del suyo, y se muestre tan bizarro el contrario, que presumiendo estar ventajoso (de que presto se hablará) no quiera pelear con ventaja, y se apee, reduciendo la batalla a solo lanzas, sin adargas? 61 241. Para esto dará conocidas las tretas, que particularmente le son concedidas a estas armas, y las que no se pueden formar con ellas. Si les es posible afirmarse en el ángulo recto, y plano superior, que se imaginare del círculo de entre los dos combatientes, y el peligro que tendrá el que lo intentare. 242. Y para instrucción del diestro, le dirá ¿cómo ha de conocer, por la potencia, y posición particular del contrario, qué treta podrá formar inmediatamente? ¿A dónde la dirigirá? ¿Y cómo será siempre a solo aquella parte de su longitud, o latitud que él quisiere darle, sin que en esto padezca engaño? 243. ¿De cuál de los tres medios de la defensa, en particular, se podrá valer, y contra qué treta, y a dónde se ha de dirigir, para que lo consiga? ¿¿Y esta dirección podrá ser una, o más partes de la dimensión que le correspondiere? ¿Y puede haber alguna contra la que no le valga este, ni alguno de los otros, y convendrá otra defensa, que es la que, en respecto de estas armas, y de las otras que se toman con dos manos, previno esta Ciencia por previa disposición para él de medios, que le pudo dar al hombre, con que pueda quedar defendido? 244. Por este medio que se le concedió, ¿podrá, impidiendo el efecto de la treta contraria, hacer en la lanza ángulo interior, o exterior, en que pueda meter el cuerpo, ocupándolo presencialmente, haciendo movimiento de conclusión, y juntamente herir? 245. ¿Y le será posible usar alguno de los dos términos, que el Arte tiene dispuestos para ejecución de las tretas (a los que decimos propincuo, LUIS PACHECO DE NARVÁEZ75ARMAS, ASÍ A PIE, COMO A CABALLO. y remoto)? ¿Y desde cualquiera de ellos podrá ejecutar herida con acto permanente, o es preciso que sea con instantáneo? 246. La tercera opinión, que mira a la desigualdad de los combatientes, estando el uno a caballo con lanza, y el otro con lanza y a pie, pide un filosófico discurso, sobre si el Caballero, y el caballo son en la batalla dos agentes 62 distintos; porque hubo Autor (no en este tiempo, mal opinado entre los vulgares) que lo sintió, y escribió así: y probar la diferencia expresa que hay entre las acciones que determina, y obra un sujeto por sí, en sí, o para fuera de sí, con las que se determinan por uno, y se han de ejecutar por otro, cuanto es el obedecerse, o ser obedecido. Y si en lo sucesivo de la que va actuando el que obedece, y la nueva determinación del que manda, podrá terminarse, contrariarse, o diversificarse tan proporcionalmente, que no se halle precedencia entre la una, y la otra. 247. Vencida esta vanidad, también habrá vencido la de otro Autor, que dijo, que el Jinete para sus propios movimientos, es más dueño del caballo para hacerlos, que el hombre de sí mismo para los suyos, estando a pie. 248. Y averiguará luego, si siendo las lanzas (del de a caballo, y el de a pie) de igual magnitud, ¿lo podrán ser en los alcances? Y si puede haber alguna ventaja, ¿cuál de los dos la ha de tener? ¿Y cuál podrá herir en diversos planos, y con diferentes ángulos? ¿Y cuál en solo uno, y con uno? 249. ¿En cuál de estos dos contrarios habrá mayor potencia para el número específico de las tretas, sin que el otro le pueda igualar? ¿Y cuáles serán las del uno, y cuáles las del otro privativamente? 250. ¿De cuál de los tres medios de la defensa, podrá valerse el de a pie? ¿Y de cuál particularmente, sin perder su arma, antes sí, herir con ella? ¿Y al de a caballo le es concedido alguno de ellos, o la diversión, o el desvío (según cómo, y a dónde se tirare a herir) le podrá dar tránsito inmediato para alguna treta, y quedar defendido, como lo podrá el de a pie? ADVERTENCIAS DE LA DESTREZA DE LAS ARMAS, ASÍ A PIE, COMO A CABALLO.76ADVERTENCIAS DE LA DESTREZA DE LAS 251. ¿Y cuál de los lados, diestro, o siniestro, le será más favorable al de a pie, para defenderse, y ofender? ¿Y le será posible necesitar al de a caballo, a que no le acometa por otra parte, que la que él quisiere darle descubierta, adonde pueda dirigir la herida? ¿Y en esto le podrá ser igual el de a caballo, y en el acometimiento para necesitarle a que mude postura? ¿Y puede haber potencia para por medio 63 de la sujeción dar con el caballo, y Caballero en el suelo, cuando le vaya a acometer con la lanza al de a pie, y viéndoles en él, poder usar de uno, y otro a su voluntad, y hallarse el que estaba a pie con caballo, y sin enemigo? 252. La opinión cuarta es, que el de a caballo tenga lanza, y espada el de a pie, condenando a este a muerte indubitable; para la refutación de ella poco trabajo le costará al Maestro, si fuere científico, y hubiere llegado a conocer, cuál de estos dos contrarios tendrá mayor disposición para poder defenderse, que en cuanto a que serán más breves, y ajustadas las acciones del que estuviere a pie, no busque otra prueba, que la referida en la opinión antecedente, pues tiene tanta evidencia, que la más afectada ignorancia, aunque se acompañe con su malicia, y envidia, no se le podrá contradecir; pero si quisiere corroborarla con algún ejemplo, no se olvide de la que tantas veces se ve, como es aguardar un hombre (y no de superiores obligaciones) cara a cara un toro, que es más fuerte, y no menos veloz que un caballo; y cuando desarma la cornada para herirle, en aquella brevísima distancia de uno a otro, que casi se alcanzan con los alientos, dar un compás a uno de los lados, y quedar libre, y si tiene espada desjarretarlo [cortar las piernas por el jarrete o corvejón de los cuadrúpedos, o debilitar y dejar sin fuerzas a alguien, S. A., S. F. 11] al pasar. 253. Y con solo dos cosas concluirá en esta parte. Para la primera, argüir, y resolver, si pueden no ser iguales estos contrarios, con esta notable desigualdad de armas, en los medios de la defensa, o puede tener el uno aquellos de los que el otro estuviere privado, especificando cuántos, y cuáles son los concedidos, y los negados. Y a quién se le niegan, y a quién se conceden. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ77ARMAS, ASÍ A PIE, COMO A CABALLO. 254. La otra, ¿cuántas especies de tretas puede formar cada uno, ya rectas, o circulares, y cuáles podrán tener fin perfecto con la ejecución, 64 quedando las otras frustradas, y perdida el arma con que se formaren, y el cuerpo del formador a merced de su contrario? 255. La quinta opinión fue suponiendo, que el de a pie tuviese lanza, y el de a caballo espada; también en esta ha de dar su decreto, confirmándolo con lo que se contiene en las dos opiniones antes de estas, y anulando racionalmente, y sin excepción todo cuanto los opinantes dejaron dicho, y dijeren los crédulos, que hubieren seguido, y siguieren pareceres tan caducos: y para prueba de lo que son, dirá, ¿cuál de estos contendientes, es el que puede defenderse, y herir? ¿Y cuál no podrá herir, y con suma dificultad podrá defenderse? Y que si en esta distinción tuviere acierto, no tendrá contradicción humana. 256. Bien hallará quien, queriéndole reconvenir, afirme haber leído en libro impreso en nuestra vulgar lengua, que si entre dos de a caballo, el uno tuviere lanza, y el otro espada, que con esta podrá cortar la lanza, cuando le fuere a herir, y que pudiendo esto en la igualdad de caballos, más fácil le será con el de a pie: contra esto vuelva a decir lo dicho, y que si alguno de estos, que ha de tirar a herir, tiene un solo plano, y un solo punto adonde dirigir la herida, o muchos donde la espada, no pueda alcanzar. Y alguno, que cuando lo pueda, sea su movimiento tan flaco, que a una débil caña no pueda romper. 257. Y si encontrare (que sí encontrará, si es diligente en ver cuanto hasta hoy se ha escrito en esta materia) Autor de nuestros tiempos que dejase resuelto, que un hombre a caballo puede pelear con dos de a pie (y esto sin hacer distinción, si en todos ha de haber armas iguales, o desiguales) contra quien hará estas cuatro consideraciones: Si todos tres tienen lanzas, si teniéndola el de a caballo, uno de los de a pie la tiene, y el otro espada, o estos dos 65 tienen espadas, o ambos están sin armas, y que se valen de las piedras, o de la tierra, tirándosela a los ojos, o a los del caballo. Y luego pregúntele, si a dos contrarios distintos, y en distintos lugares, les podrá en un tiempo quitar dos heridas diferentes, y dirigidas a diferentes lugares. O si estándolo ellos, podrá con solo una acción, y un solo movimiento, de los que pueden herir, tirar al ADVERTENCIAS DE LA DESTREZA DE LAS ARMAS, ASÍ A PIE, COMO A CABALLO.78ADVERTENCIAS DE LA DESTREZA DE LAS uno, y al otro. Y le recuerde aquel común brocárdico [brocardo, aforismo jurídico frecuentemente expresado en lengua latina, S. A., S. F. 13], que dice, que ni Hércules contra dos; y si tenazmente porfiare, ruéguele, que lo pruebe él, o alguno de los que con flaqueza de entendimiento, le hubieren creído. 258. La opinión sexta, es la del torneo, y justa Real a caballo, y armados los torneantes, y con lanzas, y no hallándola enmendada en el modo de acometerse de ristre, según se usó en su primitivo origen, que fue ir cada uno buscando, dirigidamente, el lado izquierdo de su contrario, ya hubiese valla, o fuese en campo abierto: si así se continuare, sin total contrariedad, condene el remitir el vencimiento a solo el accidente de la mayor fuerza, sin valerse del Arte, que es el que condena el quererse herir en líneas paralelas en los pechos (o ya sea más arriba, o abajo), sin que las lanzas se encuentren, ni contiendan entre sí, sobre quien ha de ocupar con la suya la línea del diámetro del círculo que se considera (aunque instantáneo, por la velocidad de los caballos) cuando se llegan a herir, sin que el uno al otro trate de privarle el ofender. Recrimine este cargo, ejemplificando con lo que en común se ve en los animales irracionales, terrestres, y aéreos, a quien la naturaleza les dio algunas armas; cómo con natural instinto procura cada uno su conservación, y en cuanto puede la defensa, y ofendiendo a su contrario: y reagrave la culpa, que cometen los hombres, que teniendo entendimiento, y tratando este ejercicio, quieran imitar (en cuanto a no defenderse) a solo un animal cuadrúpedo, que fiado en lo fuerte de su cabeza, embiste con otro de su especie, que también se fía de la suya, y ambos tomando carrera, y por una misma línea, se acometen, y encuentran una, y otras veces, y le sucede caer derramados los sesos. Sea, pues, general aforismo, que para todo lo contencioso, 66 sea a pie, o a caballo, que en la desigualdad, y no en la igual posición ha de consistir el todo de la victoria. 259. Y porque del más cercano símbolo de las veras, que es el torneo de a pie, en que hay botes de lanza, y golpes de espada, lo han reducido a tal estado, que se atreven a él las mujeres, y los niños, como por juego, y entretenimiento, con poca ventaja en los hombres, cuando lo ejercen: disienta de ello el Maestro de la Destreza, y Ciencia de las Armas, y pondere con admiración la debilidad de las lanzas, con que se encuentran el Mantenedor [persona encargada de LUIS PACHECO DE NARVÁEZ79ARMAS, ASÍ A PIE, COMO A CABALLO. mantener un torneo, una justa, etc., S. A., S. F. 14], y el Aventurero, y de este le desagrade las reverencias, y contoneos, que hace a diversas partes, con que parece que dificulta, o teme el acometer, cuando el que ha de ser acometido, le está esperando arrimado a la valla: y admírese mucho más del defecto que se sigue en tal enseñanza, y de los establecimientos de ella, y que cuanto uno hubiere aprendido, y estuviere más ejercitado, ha de ser para que le rompan tres lanzas en el cuerpo, y repare cinco cuchilladas con los cascos: ¿pues qué hombre, si es cuerdo, no abominará esta doctrina, y preceptos, que en la ejecución de ellos le diga tácitamente a su contrario, vengo a que me des, y a darte? Siendo en todo tan contrario al deseo, y estimación de todo hombre en común, y en particular el que nación Noble, y con ánimo generoso, que fue siempre aventajarse a los otros hombres, en poder, y sabiduría. Encarezca con reprensión (sin faltar al decoro, y a la cortesía) el desprecio que cada uno de los Torneantes hace de sí mismo cuando llega la batalla de espada contra espada, y lo poco en que estima los tres poderosos medios que le descubrió el Arte (el ángulo recto, el atajo, y el movimiento de conclusión) para vencer, sin ser ofendido, y cuán sumisamente se expone, sin tratar de su defensa, a que le den cinco golpes en la cabeza (que al no tenerla armada, bastará uno para dividirla en partes) por dar otros tantos; y siendo tan igual en el dar, como en el recibir, solicita aplauso, y celebridad, y pide premio, si acaso fue superior en fuerza, y los dio un poco más recio, que es lo propio, que sin haberlo enseñado, hiciera un zafio Labrador, o un Carretero 67 Manchego. Se siga de esto el no convenir a autoridad, y dignidad suprema de un Príncipe, ejercitarse en acto semejante; porque además de lo que comúnmente se dice, que para burlas tiene mucho de veras, y para veras tiene mucho de burlas, no podrá en la parte que reinare medir la espada con otro su igual, que si bien está recibido el brocárdico, que dice, las armas en lo contencioso, hacen a los hombres iguales; la razón contradice, que el vasallo, ni aun con amago, sin ejecución, le es lícito atrevérsele: con lo que se responde al decoro, que dicen que se ha de guardar en el enristre de la lanza, pasándola por lo alto, o por un lado, para que rompa la suya, y en los golpes de espada, que sea con retardada acción, dándole lugar a que ejecute los suyos: lisonja que desacredita, y no abona, porque vencer al que no se defiende cuanto puede, ni hace estimable la victoria, ni el vencedor es digno de alabanza. Esto sintió bien Alejandro Magno, en un desafío de correr el Palio, con un mancebo muy ligero, viendo ADVERTENCIAS DE LA DESTREZA DE LAS ARMAS, ASÍ A PIE, COMO A CABALLO.80ADVERTENCIAS DE LA DESTREZA DE LAS que por agradarle, y que fuese el primero que llegase, iba deteniéndose en la carrera, fingiéndose no poder más, de que justamente se enfadó con él, y le dijo: Cuando tu hubieras corrido todo lo que puedes, y yo te venciera, estimara el haberte vencido, y no solo te diera el valor de nuestra apuesta, pero te hiciera mercedes por el contento de haberte ganado, y con severa reprensión lo despidió por lisonjero. 260. Y por último de las advertencias, digo Señor, que lo más ridículo, y desproporcionado, que se halla, así en la común destreza de las Armas, como en las seis opiniones de la doctrina a caballo (de que se dan por ofendidas estas dos tan nobles, en cuanto provechosas facultades) tuvo origen en los Autores Extranjeros, siempre inclinados más a lo verboso, a lo hiperbólico, y a las posturas, y acciones asombradizas, acompañadas con carantoñas, que a lo sustancial, y firmeza de los preceptos, ponderándolas por singularísimas, y nunca vistas, ni oídas de los hombres, siendo todas ellas tan triviales, que con indignidad se podrán oír, y darles el más 68 fácil aplauso: y si fuesen creídas, e imitadas, ni será sin agravio de la razón, ni el peligro dejaría de castigar su injusta creencia: y que si algunos Españoles (amigos de novedades, y tanto más, cuanto son más extraordinarias, y venido el que las trae de ajenas Provincias, porque ninguno en la suya es aceptado Profeta) escribieron en estas dos materias, fue siguiendo lo que hallaron escrito, sin acrecentar cosa alguna, en que cometieron dos culpas, una en la imitación, y la más grave en el engaño, a los que en sus documentos afianzan la reputación, y la vida. Y en este pido, y suplico a mi Rey, y Señor, por medio de la intercesión de V. A. se sirva de concederme licencia para buscar nuevo Reino donde me acoja, nuevo Señor que me abrigue, nuevo Rey que me sustente, y nuevo Discípulo que me ampare, para alimentar la mía. La de V. A. guarde el Cielo muchos años, para glorioso blasón de nuestro siglo, y los futuros, y ponga a sus Reales plantas el universal Imperio de la tierra. El más humilde vasallo de V. A. Don Luis Pacheco de Narváez. BIBLIOGRAFÍA PACHECO DE NARVÁEZ, Luis (1639). Advertencias para la Enseñanza de la Filosofía, y Destreza de las Armas, así a pie, como a caballo. Pamplona. Edición de 1642, ejemplar que se ha utilizado como base para realizar la transcripción (Biblioteca Digital Hispánica): https://bdh-rd.bne.es/viewer. vm?id=0000082125&page=1 MIGUEL CASTRO, Marcelino Jesús. Glosario general de la Esgrima Láser. Recopilación de términos y voces con particular significado y uso en el contexto esgrimístico. Linares: Academia de Esgrima Láser. Número de Registro Académico: AELMM20230301001. MIGUEL CASTRO, Marcelino Jesús (2022). Tratado General de la Esgrima Láser. Comprensión, práctica y aplicación de sus destrezas universales y específicas. Tomo I Premisas técnicas y expresiones fundamentales de la Esgrima Láser, que usa el daito como causa instrumental ponderada y generalista. Linares: Academia de Esgrima Láser. Número de Registro Académico: AELMM20220909001. S. A. (S. F.). Ambligonio. Real Academia Española. Tesoro de los diccionarios históricos de la lengua española. Recuperado el 25/07/2024 de https:// www.rae.es/tdhle/ambligonio S. A. (S. F., 1). Alazán, alazana. Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. Recuperado el 25/07/2024 de https://dle.rae.es/alaz%C3%A1n S. A. (S. F., 2). Tordo. Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. Recuperado el 25/07/2024 de https://dle.rae.es/tordo#FTnW3Ri S. A. (S. F 3). Peceño. Real Academia Española. 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