Diálogos con el Maestro Filosofía elemental de la Esgrima Láser y su implicación en la comprensión y desarrollo de su técnica funcional. Volumen I ACADEMIA DE ESGRIMA LÁSER D. Marcelino J. Miguel Castro: Maestro en la disciplina de Kigen de de Esgrima Láser - Dr. Juan Parrilla Sánchez: Doctor en Patrimonio Instructor de Krav Maga Iniciado de de Esgrima Láser Linares, 2021 Queda terminantemente prohibida la copia y reproducción parcial o total del contenido de este volumen, sin consentimiento expreso del Kigen de de Esgrima Láser. Si el permiso de difusión o copia de este libro fuese concedido, se habrá de nombrar este volumen como fuente, así como los autores del mismo. - Todos los derechos reservados - De las oclusiones y las implicaciones filosóficas de su obra: - Maestro. - Dígame, Parrilla. - En no pocas ocasiones nos ha recalcado que el bien y el mal no son verdades absolutas; pues depende del punto de vista que tenga una determinada comunidad, país o cultura. Incluso la escala de valores de que disponga un individuo juega un papel bastante relevante en esa decisión. Es decir, existen ambos conceptos – bien y mal –, pero no serían verdades absolutas. Por este motivo he reflexionado sobre el concepto de benevolencia. Un concepto que aparentemente habla sobre el bien como verdad absoluta pero, ¿es así? Séneca sostenía que el perdón es la remisión de la pena merecida, y ello no debe llevarse a cabo, pues está íntimamente ligado con la compasión, y por lo tanto con la lástima. Pero sí la benevolencia, ya que ésta en sí misma lleva implícitos el perdón a la vez que el castigo. El filósofo estoico hispano-romano decía que el sabio, además de perdonar, ha de corregir el error aunque ello implique un castigo. En esa misma línea, el emperador Marco Aurelio decía que se ha de castigar al culpable, pero siendo benevolente. Alrededor de 700 años antes, el erudito estratega chino T’ai Kung aducía que no había que mostrar compasión alguna, pero sí benevolencia ante el enemigo. Ser benevolente no es ser compasivo, pero sí tolerante y considerado con el oponente. Llegado a este punto en el que entiendo el concepto de benevolencia como la forma de corregir e iluminar al oponente; y sabiendo que las oclusiones estudiadas en tienen como objeto mostrarte en todo momento de manera dispositiva en el medio – por medio de la hoja – para procurar disuadir al paciente y que en caso de que éste resulte herido, sea por su propia actitud con respecto hacia el agente; ¿podríamos afirmar que la práctica de las oclusiones, sería la forma en la que el Furasshu se muestre benevolente ante el oponente?. - La benevolencia entonces, según Séneca, sería la aplicación de una justicia impartida desde la perspectiva sesgada del “benevolente”, y por tanto, convertiría a este último en juez de aquello que desconoce. Esto se debe a que sin conocer, entender o pretender averiguar las motivaciones de aquél que obra, tacharía los actos de útiles o inútiles, y en consecuencia, buenos, neutrales o malos de cara al juez y a terceros. Para el ser humano, en esencia, el comportamiento bondadoso o maligno no es otra cosa que una expresión de la lógica cognitiva que diferencia aquellos hechos o circunstancias que están a favor o en contra de sus intereses presentes. Es por esto, que lo que a un individuo le parece correcto, otro lo atisba como un acto de maldad. Concepto alrededor del que se crean grupos, comunidades y entidades, compuestas de individuos independientes, congregados alrededor de una idea particular. Al tiempo, esa idea evoluciona y se convierte en motivo de cisma, pues las perspectivas de cada uno siguen siendo independientes. Motivo por el que puedo traer al caso aquel refrán: “Del amor al odio hay un paso”, enfatizando la facilidad del ser humano para reducir y justificar como maldad aquello que un opositor esgrime contra uno mismo. Sustento este criterio en la multidimensionalidad de la perspectiva, que a su vez es generada por la vivencia y experiencia propia, incapaz de ser replicada por otro sujeto. Por tanto, en un plano práctico en que apliquemos la lógica de Séneca, siempre podríamos encontrar bondadoso a un ajeno que obre a nuestro favor, y malicioso a aquel cercano, que de forma involuntaria obre en sentido enfrentado a nuestra concepción de lo adecuado. No puedo negar que esto último resulta un retrato relativamente coincidente con la realidad que parece acontecernos, mas incluso eso está sesgado y es dependiente de mi perspectiva, pues estoy tomando como “realidad” aquello que conozco, y como “instantánea” aquello que entiendo. Parrilla, convencido de momento, tengo que decirle que entiendo que no hay razonamiento humano con base sólida que pueda sustentarse en sesgar por bien o mal. Tan solo puede existir aquello eficiente o ineficiente para/con lo pretendido. Tenga en cuenta que su discurso y el de muchos filósofos clásicos radica en entender que, subyacente al bien o el mal, existe lo acertado o lo erróneo, cosa que no es así. Pues el factor humano, como elemento de juicio, sesga cualquier resultado posible, dando a lo eficiente o ineficiente un cariz partidista que nos aleja de entender el funcionamiento de aquello que nos sobrepasa. Llegando yo a ese punto, en el que se encuentra preguntando, le explico: La supresión atiende a la obra elegante, que basada en la intención dispositiva, transmite la responsabilidad y acción ejecutiva a la voluntad del paciente, mediante la geometría. Quedando este a merced de su propia inercia y atrevimiento. Y desarrollo: El humano, siempre está condicionado por el instinto de mantener su propia existencia. Entendiendo este condicionamiento como un rasgo universal de todos los individuos, que hace que el agente pueda entender la perspectiva del paciente, cuando éste pretende una ejecución por miedo ante la amenaza que encuentra en el paciente. De esa forma, al agente le resulta posible empatizar y actuar en consecuencia para evitar que el paciente se vea obligado a defenderse. Es por ello, que la actitud dispositiva es la más eficiente para sostener el asalto, pues se centra en no demostrar intención alguna que pueda dar a entender una voluntad de ejecutar sobre el paciente, y sin embargo, provee al agente de la herramienta para aprovechar a su favor la intención ofensiva de su opositor. Esta última, como dice, es la oclusión, que resulta ser “la mutación dispositiva con potencial ejecutivo de una rectitud presentada por el agente para evitar el éxito de la acción ejecutiva del paciente, exponiendo a este último a la ejecución si mantiene la trazada.” Como puede ver, en esta descripción no cabe la benevolencia, tan solo la pretensión del agente por mantenerse distanciado de la voluntad antagonista de su paciente, y con ello, mantener su integridad. En el presente y en un plano funcional y práctico, es esta visión idílica y distante de aquella obra con desenlace fatal que se lleva a cabo, lo que mantiene serena la consciencia del tirador, soldado, operador, contratista o cualquier otro sujeto que haya tenido que hacer una baja en un teatro de operaciones, donde se hayan confrontado sus intereses con los de un igual. Por último, Parrilla, entiendo plenamente su afán de sustentar su exposición en elementos de eruditos clásicos. Mas hemos de tener cuidado para no elevar lo histórico a razón universal, pues aquello antaño, está sujeto a la cognición de humanos, que es sesgada por su conocimiento asequible. Espero haberle contestado. - Así es Maestro, y le quedo agradecido. Lo que a todas luces resulta incuestionable es el hecho del sesgo inherente a la naturaleza humana, a la hora de valorar una determinada situación. Sin embrago, y siendo plenamente conscientes de ello, elaboramos discursos a los que etiquetamos de “verdaderos”. Y eso se puede hacer de diversas maneras; profanas-cuando interactuamos con nuestros semejantes- o de forma grandilocuente con una clara proyección atemporal, como el caso de los filósofos clásicos. Partiendo pues de esta realidad - atribuir erróneamente el valor universal al bien y al mal -, y teniendo muy en cuenta que a la hora de tirar con el oponente ha de primar el carácter funcional de nuestra frase de armas, del mismo modo que un carácter dispositivo en todo momento; considero que en lo que a las oclusiones respecta, un Furasshu puede mostrar benevolencia. Cuando dos tiradores se encuentran en el medio, y el paciente muestra una actitud ofensiva de manera constante; la mejor forma de indicarle el carácter poco funcional de su postura es aplicar una oclusión. Para nada sería conveniente “ponerse a su altura” y adoptar su misma actitud; como tampoco disponerte en el medio de forma pasiva. Para nada sería funcional, valga la expresión, “dejarle ganar” si nos quedamos quietos esperando su ejecución. Es por ello que un acto de benevolencia, por parte del Furasshu, consiste en corregir y alejar al oponente de su desconocimiento. Y ello se puede llevar a cabo perfectamente a través de la funcionalidad y efectividad propias de la maniobra oclusiva. La funcionalidad no es sinónimo de maldad o bondad, pero sí de benevolencia. Esto es así porque, en última instancia, pretendemos iluminar al oponente para que no yerre. Y si lo hace, que dicho oponente sea consciente de su propio error. - Así es Parrilla. No obstante, como ejercicio práctico, es sumamente útil despojar a la semántica pretendida de posibles confusiones causadas por un significante que ha perdido su inicial significado. Por ello, humildemente, hago hincapié en no usar el término benevolencia. Y esto se debe a la carga histórica que condiciona al receptor y le hace creer que usamos la bondad o maldad para atribuir sentido a la palabra. La solución que considero óptima, y que uso conscientemente en la tratadística propia de la Academia, es la de hacer referencia a aquello que va acorde a nuestro intereses como “coherente”. Por otro lado, para orientar a mi interlocutor a entender que algo es, no solo coherente, sino óptimo para la consecución de su intención o el avance en su interés, uso “eficiente”. Esto hace referencia directa a la manera de obtener un éxito determinado de la forma más “elegante” y reducida en tiempo o esfuerzo. Cabe destacar que cuando hablo de “elegante”, me oriento específicamente al uso que se hace en la ciencia moderna de este término, muy en particular en la física. Concretamente nos referimos con ello al atributo de sencillez que puede poseer un concepto. Siendo así más elegante una expresión concreta que con pocos elementos da firme explicación a un fenómeno. Esto refleja otra parte de fundamental en la oclusión y en su obra, siendo esta la expresión más “elegante” y “eficiente” para la contención de la intención ejecutiva del paciente, sin la exposición agente. Será así que queda excluido el concepto de benevolencia y se adquiere la eficiencia para/con los intereses propios y ajenos. Puede parecer que al ser esto común entre los tiradores implicados, se genera un bien común, y por tanto, una expresión universal de benevolencia al obrar en intención dispositiva dicha oclusión. Mas no ha de ser así, pues estamos dejando fuera los intereses posiblemente implícitos de otros individuos, parcial o totalmente, distanciados del asalto y ajenos a este. Sobre ellos recaería de nuevo la responsabilidad, elección, cognición y atribución de darle sentido a la obra de aquel que ocluye, y por tanto, entender libremente y desde su perspectiva la carga ética de aquello que se está obrando. Quiero que entienda que no es mi pretensión eliminar de nuestro imaginario el concepto dual de bien o mal, ni tan siquiera el extirpar su posible polarización. Mi empresa aquí es la de hacer entender que: “el bien o el mal es tan solo el producto de nuestra perspectiva al ser conjugada con la coherencia de nuestros actos respecto a nuestros intereses propios y particulares.” De cómo se ha de practicar la virtud en el contexto de conflicto civil. - Maestro, después de un largo tiempo de recuperación, me he reincorporado al mundo laboral. Ha sido una semana intensa pero bastante provechosa. Y lo más importante, lo he hecho pensando siempre y en todo momento en el aquí y el ahora; dejando los potenciales problemas del futuro para el momento en el que transcurran. De esta forma he conseguido ver que, además de encontrarme yo mejor, la productividad aumenta de manera proporcional a mi consciente estado de ánimo. También he llevado a cabo una práctica que me ha sido de gran ayuda: nada más levantarme, medito unos diez minutos, me aseo, tomo una infusión de jengibre y después desayuno algo con gran contenido de proteínas. Cuando salgo de casa camino de la oficina escucho siempre la misma canción – Back in Black, de AC/DC–; como una forma de autodisciplina diaria que me ayuda sobremanera a llevar la jornada. Y a partir de ahí, el día transcurre de manera disciplinada pero sosegada y, por supuesto, más que eficiente. - Me alegro mucho por usted, Parrilla. Me complace enorme y profundamente que haya sido capaz de aplicar lo aprendido en la Academia y extrapolarlo a ámbitos aparentemente ajenos a la vida académica y esgrimística, como es el caso de sus labores. - Sin embargo, y de manera inconsciente, continuos y punzantes pensamientos sobre mi reciente pasado laboral atosigan mi espíritu de manera automática. He conseguido luchar contra ello ignorando dichos flashes, nada útiles para mi día a día; pero no cesan en su labor destructiva. Actúan como fantasmas que disfrutan atormentando mi alma. Uno de los más peligrosos es la absurda rivalidad con determinados compañeros y superiores; pero soy plenamente consciente que la única manera de acabar con la rivalidad es estar por encima de ella y; como decía Marco Aurelio en sus Meditaciones “la mejor manera de vengarte de un enemigo es no pareciéndote a él”. Para actuar de manera funcional, considero que es mucho mejor hacer uso de la Virtud, pues es una capacidad que – acorde con nuestra naturaleza innata individual – nos permite ser respetuosos y benevolentes con las personas con quienes interactuamos. Considero que ser virtuoso es la mejor manera de ser eficiente en todos los ámbitos de la vida, pues no olvidemos que la existencia en sí es un continuo conflicto, del cual sólo se puede obtener la victoria actuando conforme a la Virtud, Maestro. - Parrilla, esas memorias por las que manifiesta verse atormentado, no son más que su instinto recordándole escenas que pretende evitar en un futuro. Son legajos de un libro que ya se ha cerrado, y que aún recuerda. Son miedos a un pasado que se fue. En definitiva, son testimonios de los que aprender, a los que amar, pues son su vida, y a ellos se debe tal y como es hoy. Basando mi consejo en mi experiencia, esos recuerdos no ha de ignorarlos, pues caería en la falacia de alejar algo que pretende entender, asimilar y usar en un futuro para ayudar a otros. Es por ello, que me veo avocado a contarle algo: Por mi condición marcial, he vivido y recuerdo escenas de una índole muy diversa. Algunas de ellas sumamente placenteras de traer al sueño, otras penetrantemente angustiosas cuando pasan por él, acompañadas de amigos vestidos de verde decorado por flores carmesí. No obstante, la manera en la que convivo con lo acontecido es llevándolo de la mano para acompañarme durante el viaje. Un tránsito por un camino oscuro, que gracias a la ayuda de mis fantasmas, dispondré de más manos para portar candiles con los que iluminar cada paso. Serán esos sucesos, tanto dulces como amargos, los que me valdrán para argumentarme a mí mismo los motivos de mis intereses, saber en qué sentido caminar y obrar en consecuencia para alcanzar mis metas. De esta forma, dedico tiempo sereno, plácido y solitario, a adaptarme a mis vivencias más desgarradoras. Pienso en ellas con la pretensión de deglutirlas, tragarlas y hacerlas parte de mí. Así, tras el debido y necesario tiempo para digerirlas, adquieren un cariz inofensivo y mutan de horrores a anécdotas con las que sostener mis argumentos de paz. Hoy veo mis momentos más oscuros desde la misma perspectiva con la que pienso en mis tropiezos de niñez, y estoy agradecido por haberlos vivido, pues son gracias a ellos, que hoy soy el hombre al que le habla. Parrilla, la rivalidad es natural. Personalmente la considero primitiva. Y como bien apunta, ineficientemente absurda; mas sin embargo, profundamente natural. Siéntase contento por identificarla, pues eso es signo de que la ha localizado dentro de sí. No hay pieza más fácil de dar caza, que aquella de la que se conoce su cama. Considero, no obstante, que pretender estar por encima de una emoción, en este caso de la rivalidad, es un acto que requiere un entrenamiento para el correcto sostenido ejercicio. No entiendo ideal pretender huir o desprendernos de una herramienta tan útil como esa intención de ser mejor. Desde mi punto de vista, considero que es óptimo el mantener la rivalidad en su lugar. Para ello, será necesario hacer una reflexión profunda y observar a aquellos individuos con los que compite en solitario. Dedicará tiempo a entender sus motivaciones para obrar conforme lo hacen, les atenderá aprendiendo a predecirlos, les asistirá sin miramiento disfrutando del servicio, les adivinará sus virtudes y se las reconocerá convencido de que pueden serle útiles a usted, tanto como les son útiles a ellos. Y una vez conocidos aquellos puntos que usted considera “virtudes”, de aquellos a los que considera adversarios, tan solo le quedará disfrutar de todo lo que le ofrecen, hacer suyo todo cuanto pueden aportarle y entenderlos como parte de su equipo. Recuerde, Parrilla: “Para amar, tan solo hay que conocer.” - Así es Maestro, lo que se conoce se ama. Y lo que se ama se protege y defiende. Me queda más que claro que esos recuerdos y esa experiencia forman parte de mí y no dejarán de forjar mi actitud ante la vida. Se podría decir que soy lo que soy gracias a la experiencia. Eso en cuanto a nuestro espíritu. Ahora bien, ¿qué ocurre con los que hemos denominado “rivales”?. Todo ser humano - y si me apura, todo ser vivo - actúa conforme a una razón o causa. Y su comportamiento e interactuación no dejan de ser reflejo de ello. Por dicho motivo, tiene usted razón en que debemos conocer las necesidades e inquietudes de aquellas personas a las que tildamos de rivales. Como decían tanto Marco Aurelio como Chuang Tse, es de vital importancia conocer la naturaleza innata de los individuos, ya sean o no humanos. Con la diferencia que supone el elemento de la comunicación en nuestra especie, lo que nos hace más complejos. Una complejidad que, pese a ser en ocasiones desagradable, puede suponer un elemento de enorme interés. Si conocemos nuestra naturaleza innata y la de los demás, podremos ayudarles tanto a ellos como a nosotros mismos. El Cyberpunk, presente contexto de la Academia de Esgrima Láser. (Diálogo prólogo de la clase del viernes día 11 de diciembre de 2020) Intervinientes: Maestro Marcelino Miguel Miguel Ángel Romero Sevilla Javier Araque Meidano Luis Francisco Roldán Fraile Juan Parrilla Sánchez Ricardo Ruiz Díaz Víctor García Vigil Decidido a dar comienzo la clase, en su modalidad online forzada por una pandemia mundial, que da lugar a una situación excepcional en el 2021, el Maestro lanzó al aire un requerimiento, de premisa sencilla: - ¿Alguien de los que se encuentran aquí podría definirme el concepto de “Cyberpunk”? - Yo Maestro. - Adelante Parrilla. - Se trata de un subgénero de ciencia ficción en el que el desarrollo tecnológico cobra una importancia de primer orden. - Parrilla, no estoy del todo de acuerdo con usted. - Explíquese, Ricardo: - Como bien dice, se trata de un subgénero de ciencia ficción con sociedades “hipertecnologizadas”. Sin embargo, las luchas entre clanes y clases son constantes. De hecho, estoy pendiente del lanzamiento de un nuevo vídeo juego: Cyberpunk 2077. Trata de una historia de acción y aventura en una sociedad distópica, concretamente en un núcleo llamado Night City, una megalópolis obsesionada con el poder, el glamour y el dinero. El personaje principal es V; un mercenario que persigue alcanzar la inmortalidad mediante implantes. - Ha hablado coherentemente, Ricardo. Y ha aportado a su compañero una definición terminológica más precisa. Sin embargo, para ahondar aún más en la profundad de esta palabra, hemos de desgajar sus componentes. Por un lado tenemos la palabra Cyborg, con origen en la confluencia de los términos “cibernético” y “orgánico”, que hace referencia a la unión de la tecnología “cibernética” y la naturaleza humana. He de apuntar que esta tecnología ya existe en nuestro mundo físico, y cumple los mismos objetivos que en el momento en que se acuño el nombre: mejorar las capacidades humanas con el uso de la tecnología. Al fin y al cabo, la constante presencia del móvil en nuestras manos, no es otra cosa que el aumento computacional de nuestra anatomía, con el único matiz de que el teléfono es un elemento que no está implantado, lo que ablanda mucho su adopción y facilita el acceso. En otro lugar, el término punk: vocablo acuñado a finales de los años setenta del siglo XX y que adquiere especial interés, desarrollado por los británicos The Clash, Sex Pistols y los estadounidenses The Ramones. En definitiva, se trataba de un movimiento inconformista directamente relacionado con las consecuencias derivadas de la crisis del petróleo. Además de la alternativa estética - crestas, ropa rasgada, pantalones ajustados vaqueros o de cuadros y cadenas - los conciertos y congregaciones de esta tribu urbana se caracterizaban por sus “bailes”, que en coherencia con su principio de rechazar los dogmas, consistían en darse empujones. En adición, hacían gala de actitudes concordantes con su otra máxima de desprecio por la sociedad estandarizada. Por ello, eran objeto de atención cuando algunos sujetos llevaban a cabo acciones llamativas como lanzarse desde los escenarios o escupirse. Por lo tanto, podríamos sostener que el “cyberpunk”, en cualquiera de sus manifestaciones - cine, literatura o videojuegos - , hace referencia a un universo futurista distópico en el que la población más desfavorecida se rebela contra el sistema; pero no a modo de revolución al uso; y me explico: Se trata de mostrar actitudes de disconformidad que rayan la irreverencia, que llevan a límite las fronteras del comportamiento, marcadas por una sociedad ajena a su condición previsible y regularizada. Dicho lo cual, les lanzo una pregunta: ¿Serían ahora capaces de describirme la escena de un duelo? Uno que lleve al asalto en estos días presentes. Dicho de otro modo, ¿cómo sería un hipotético contexto de duelo ideal para ustedes? - Maestro, partiríamos de un previo conocimiento de nuestra disciplina por parte de la sociedad en su conjunto, ¿no es así? - Así es, Luis Francisco. Entenderíamos que la Esgrima Láser, como actividad humanística y académica, es conocida por un pequeño porcentaje de la población. Suficiente como para ser entendida como una actividad minoritaria pero existente. - En ese caso, el espacio idóneo sería la Glorieta de América, en el Paseo de Linarejos de Linares. Un emplazamiento amplio, alejado de la concurrencia de personal ajeno a lo acontecido. Con abundante expectación procedente de pubs y bares cercanos, que acuden curiosos a intentar entender que ocurre. Para el “publico” presente, sería un espectáculo en toda regla, como cualquier conflicto de hoy día, un sábado cualquiera, pero con más solemnidad; un Juez de la calidad de Dante, ataviado con su indumentaria particular y con chaqueta de cuero. - ¿Y usted, Araque? - Mi idea difiere, en mayor o menor medida. Imagino un callejón apartado, en la oscuridad de la noche. Con charcos encendidos por los luminosos que se reflejan, con un público igualmente discreto y en silencio. Eso sí, el lugar estaría abarrotado, pues el espacio para los presentes sería escaso, a ambos lados de un área que se extiende ceñida a la callejuela. El duelo estaría conformado por un tirador fiel a la Academia y otro que quiere aprender más. El aprendizaje y el crecimiento personal son pues el motivo que propicia el duelo. - ¿Miguel Ángel? - Me sitúo en la misma línea que mi compañero Araque, Maestro. Entiendo que la discreción de la noche y el cobijo de una calle estrecha, dan lugar a un escenario ideal. - Su descripción, Víctor, si es tan amable. - De noche, en un espacio alejado de las multitudes, con un público escaso. El duelo habría de ser preparado desde hace tiempo. Los tiradores se habrían estado estudiando mutuamente, habrían invertido tiempo en mejorar aspectos muy específicos de su técnica para hacer frente a ese contacto. - Ricardo, su turno, por favor. - Pues imagino un duelo en que ambos tiradores pertenecerían a la Academia, pero obrarían llevados por la ira, desde luego. Al menos uno de ellos habría retado al otro. El duelo se celebraría en categoría de “absoluto” y de manera discreta. - Ricardo, entenderá que el duelo que ha sido retado ha de ser ineludible. Esto lo convierte necesariamente un duelo público. Además, tiene que saber que tan solo un Furasshu o un Maestro pueden retar a duelo. Créame, una figura de tan profundo y probado conocimiento marcial, no actuaría normalmente llevado por la ira. - Disculpe Maestro, esos detalles tan concretos no los conocía. - No se preocupe, Ricardo, es lógico su desconocimiento, al fin y al cabo es usted uno de los alumnos más nuevos de la Academia. Su opción, Parrilla. - El motivo no importaría, en principio. Pero sí la preparación de duelo, y sobre todo el escenario: explanada del Pozo de San Vicente, Mina de San Miguel - El Mimbre. Este emplazamiento posee para mí unas connotaciones sagradas (que no religiosas). Los tiradores serían acompañados solamente por el juez, un Furasshu que diera fe y, si procede, el Kigen de la Academia. Disfruto profundamente ese emplazamiento por ser un punto icónico de la ciudad, que además, resulta muy pintoresco. - No sé si se han percatado, pero todos han descrito el duelo arquetípico del siglo XVI o XVII. Una época en el que sólo unos pocos accedían al conocimiento, en la que las rencillas se cobraban en la noche, a la luz tenue de unos testigos y huyendo de una mirada inquisitiva que podría impedir la comunión. Sin embargo, hoy día, todos podemos acceder a este saber si así lo deseamos. Ya no está justificado que la riña llegue a mayores, pues el conocimiento y su expansión ha dado a luz a una consciencia que nos hace entender cuán sumamente ineficiente el uso de la fuerza. Para nosotros los académicos, el duelo es, y ha de ser, un examen profundo sobre nosotros mismos, sostenido y guiado por una motivación más que notoria: crecer a través de la esgrima, que facilitará exponerse y experimentar una sensación de tensión abrumadora y sobrecogedora por parte de ambos tiradores. - Maestro, yo no he dicho que sea de noche. - Cierto Luis Francisco, es seguro que hemos supuesto todos que así era, pues los bares y los pubs suelen estar concurridos desde el ocaso hasta el anochecer, incluso hasta el alba. Dicho esto, y teniendo en cuenta que pese a la mayor o menor violencia que ejerzamos a la hora de tirar - pues la violencia es un fenómeno natural, independientemente de la controversia asociada a su incomprensión -; y siempre de manera científica (conociendo en todo momento qué es lo que hacemos)… ¿Podríamos decir que nuestra actitud es cyberpunk? - Nos hemos imaginado los duelos en un contexto nocturno porque, utilizando la metáfora de nuestra causa instrumental que nos distingue, es la mejor manera en que un Furasshu es capaz de iluminar, de manera literal y filosófica. En ningún momento pretendemos cambiar el mundo “hipertecnologizado”, pero sí la perspectiva de las personas, como agentes del conocimiento que somos en la práctica. Todo ello a través de la esgrima y las disciplinas adyacentes. Ello nos proporciona un concepto holístico y nos ayuda a difundir el conocimiento. Eso sí, no somos “revolucionarios” y no resultará útil actuar como tales. - Nos interesamos por la gente a la que no le interesa el conocimiento; pues estamos ávidos de crecer planteándonos cuestiones que nadie se plantea. De esta forma, el duelo sería un debate, no una situación exclusivamente ofensiva o impositiva. - Y esa violencia implícita, aunque sea de manera científica y con la disposición más funcional posible ¿no sería algo contradictorio con la filosofía pacífica de la Academia? - Araque, la violencia es inherente a la Naturaleza misma. No se trata de una fuerza benigna ni maligna, mucho menos contradictoria o coherente. No existe una perspectiva absoluta que pueda determinar cuándo un gradiente es violento y cuándo no lo es. Así pues, hacer uso de la confrontación consciente y doméstica, es un recurso para favorecer el crecimiento. La violencia tan sólo es resultado del contraste entre distintos sistemas que están interrelacionados. De este modo, la violencia implícita en la actividad duelística, tiene como símil toda aquella fricción que se genera entre dos posturas que no están definidas del todo, y que por tanto, necesitan de la retroalimentación de su oposición para entender su lugar. Al igual que un sujeto necesita saberse perdido para buscar un camino, el duelo expone al tirador a una referencia, que sin ser absoluta, le orientará sobre su estado y posición dentro de la disciplina esgrimística y de las adyacentes. Por lo tanto, y como conclusión, podríamos ser perfectamente etiquetados como cyberpunk; así como lo podría ser nuestra actividad marcial, pues lo que pretendemos es cambiar algunas cosas y auxiliar a la gente que nos rodea, asistiéndole a obtener el conocimiento por medio de la comprensión de su contexto, sin dogmas, evadiendo la responsabilidad de pertenecer a una corriente social y siendo autosuficientes en el proceso. Todo ello tiene lugar, en un contexto definido y deprimido por una pandemia mundial, en una sociedad tecnológica y marcadamente compleja, en lo que a su interacción telemática respecta. Además, hay que mencionar nuestra causa instrumental, considerablemente avanzada en su naturaleza literal y profundamente marcada por la tecnología presente. Así pues, puedo aseverar que “no aspiramos a ser diferentes, sino a ser eficientes”, usando la oportunidad que nos brinda la Esgrima Láser, como disciplina marcial y humanística, para adquirir conocimiento y usarlo de una manera elegante para extenderlo. La falaz unión entre la violencia y el guerrero. - Parrilla, esta tarde en la clase individual, mientras comentábamos las distintas implicaciones y ámbitos de aplicación de la esgrima, justo cuando hacía una reflexión sobre la profundidad que adquieren en la conducta los principios lógicos del uso eficiente de las armas, he dicho una frase: “El guerrero no es aquel que combate, sino quien sale victorioso sin hacerlo.” - Me parece una magnífica reflexión Maestro. De hecho, así lo han sostenido expertos en el arte de la guerra como Tai Kung y Sun Tzu. Una “máxima” que incluso se ha repetido en otros contextos artísticos de nuestra era, como en el cine. Baste recordar que en la película Karate Kid I, el Sr. Miyagi le decía a Daniel Larusso que “la mejor forma de ganar es no pelear”. - Esta cita es mía, aunque no dudo que otros la pudieron decir antes. Tiene su génesis en la reflexión sobre distintas situaciones que he vivido dentro de entorno operativo. Le cuento: La gente entiende que el guerrero es aquel hombre aguerrido, de tez quemada por el sol, piel castigada, músculos prominentes y una predisposición animal a elevar el conflicto hasta pretender resolverlo con la violencia, queriendo eliminar a su opositor, sin reflexión sobre ello. Humildemente, tengo mi discrepancia. Para este servidor que le habla, el guerrero es aquel que vive del conflicto y dentro de este, y que por tanto, tiene la capacidad demostrada de controlarlo y ponerlo a su favor. Claro está, como en cualquier otra profesión, será la eficiencia en la resolución de dicho conflicto lo que marcará la valía y demostrará el grado de experiencia del sujeto en cuestión. Ahora bien, entenderemos y estaremos de acuerdo, en que es más eficiente solucionar una determinada situación en su inicio, que una vez desarrollada, puesto que habrá menos elementos que controlar. Así pues, será más eficiente aquel guerrero que actúe con diligencia y decisión ante el primer atisbo de conflicto, en una fase larvaria y latente, cesando así el crecimiento de este sin intervención ni uso de la fuerza. Incluso, un sujeto con una experiencia notablemente dilatada, la perspectiva acertada y una capacidad predictiva desarrollada, puede hacer que no llegue a tener lugar aquello que se presentaba como un seguro aprieto. Por tanto, el ejemplo y más fiel retrato de un guerrero no será aquel que lo parezca o esté inmerso en una constante vorágine de violencia y disgusto. Sino que lo será aquel que demuestre ser humilde, sereno, y coherente, cesando el conflicto a su favor, antes incluso de que surja, de manera elegante y conciliadora, y pese a poseer una ventaja clara en la resolución por la vía extrema de la fuerza. - ¿Se podría decir, a modo de ejemplo, que en mi condición de artista marcial llegaré a ser un gran guerrero si jamás he utilizado mis conocimientos de defensa personal y combate cuerpo a cuerpo? - La problemática implícita en esta reflexión está en la dificultad para determinar quién es quién: Esto se debe a que quien parece un luchador, en algún momento del tiempo, probablemente lo sea sin entender su significado o repercusión, y demostrará su vigor ante un atónito público que romantizará su torpeza. Por otro lado, aquel que gracias a sus capacidades, experiencia y estudio quede ajeno al conflicto, no dará muestras presentes de su valor, pues la lucha será previa y le llevará a la victoria sin expresión notable de violencia. Por tanto, no dará lugar a tener que demostrar su capacidad ejecutiva, pese a que habrá de tenerla, pues será necesaria su adquisición previa para la comprensión de la profundidad y posibilidad de su aplicación. No obstante, le dejo una reflexión: Piense que aquel capaz de atajar el conflicto de manera temprana, lo hará por su capacidad de identificarlo. No dude que esa habilidad únicamente la habrá podido desarrollar con la experiencia en entornos más hostiles. Quien hoy indulta, ayer hubo de no hacerlo. Del respeto al vencido. - Parrilla, le noto hoy visiblemente preocupado. ¿Qué le ocurre? - Maestro, hoy he tenido la oportunidad de vengarme de alguien que en un pasado no muy lejano jugó con mi honor, incluso con mi salud. No me sonrojo al reconocer que por un momento he sido capaz de saborear las mieles del éxito a costa de esta persona, de la misma manera que aquélla lo hizo conmigo. Robert Greene, en su libro Las 48 reglas del poder –trabajo aplicado al mundo laboral y político- afirma la imperiosa necesidad de aplastar por completo al enemigo. Pues si se deja encendida una sola brasa, por muy débil que sea, siempre se corre el riesgo de que vuelva a desencadenarse un incendio. Se pierde más por una aniquilación a medias que por una exterminación total. Y ello es así porque el enemigo se recuperará y buscará venganza. Es por eso que hay que “destrozarlo por completo”. Sobre todo si antes ha sido un amigo, como es mi caso. Incluso Nicolás Maquiavelo (1469-1527) en El Príncipe asevera que “debe notarse, pues, que a los hombres hay que halagarlos, o de lo contrario aniquilarlos; se vengarán por pequeñas injurias pero no podrán hacerlo por las grandes; la herida que inflijamos a un hombre debe ser, pues, tan grande que no tengamos necesidad de temer su venganza.” Sin embargo, he sentido una profunda sensación de desasosiego espiritual que me ha hecho recordar aquello que Marco Aurelio quería recalcar sobre cómo alcanzar la Virtud, en ese sentido: por un lado, la mejor manera de vengarte de un enemigo es no pareciéndote a él. Y en caso de que debas emplear medidas punitivas, castiga sólo al culpable. También he recordado sus lecciones sobre la necesidad de mantenerse constantemente dispositivo en el medio, y que sea el paciente el que, tras una maniobra oclusiva por nuestra parte, decida si quiere o no continuar. Y en caso afirmativo, sería él responsable de su propia desgracia. - Parrilla, ha de entender la diferencia entre el cese de las hostilidades y la total inhabilitación de la oposición. Cuando Greene hace su exposición, es en referencia a cuando se pretende cesar con la actividad opositora en su totalidad. Esto es un recurso eficiente desde el punto de vista de nuestros propios intereses, mas es sumamente ineficiente si se pretende mantener una diversidad de perspectivas y conservar vivas fuentes distintas de conocimiento. Un ejemplo de esto es aquello que una Roma victoriosa decidió hacer con sus opositores púnicos, arrasando Cartago hasta no dejar evidencias de su civilización. A día de hoy, cuando miramos hacia atrás para reconstruir nuestra historia, nos damos cuenta de lo sumamente ineficiente que resultó la venganza romana, pues con su acto, dificultaron nuestro conocimiento objetivo de lo acontecido y eliminaron fuentes de conocimiento, que de seguro, habrían acelerado la expansión de la cultura y tecnología. Así pues, podemos entender que pese a ser una idea que juega en contra del conocimiento universal, el hecho de acabar con todo atisbo de oposición, impide la creación de un nuevo foco de contrariedades. Por otro lado, existe la posibilidad de únicamente pretender el cese de las hostilidades. Si esto es llevado a cabo de una manera contundente y definitiva, posibilitará que la oposición entienda la ineficiencia de un futuro enfrentamiento. Es en este punto donde hay que reparar, pues será necesario hacer entender al opositor que su esfuerzo es en balde, mas nunca pretender despojarlo de aquello que atesore, ya sea dignidad o bienes, pues sin estos no temerá perder nada en un acto de venganza o nueva agresión hacia nosotros. Hace tiempo, tuve que proteger, reprender, al tiempo que aconsejar a un hombre a mis órdenes, pues creyó tener derecho sobre aquel a quien venció: “Cuídate de no humillar a tu opositor, pues si le arrebatas todo, no tendrá nada que perder contra ti.” - Y así lo haré. Al final, he desistido. Me mantendré siempre dispositivo en el medio. Y si he de iluminar, iluminaré. Estulticia contra Conocimiento - Maestro, suele pasar que a veces, y de manera inconsciente, consideramos que un oponente vence por su capacidad de gritar y de gesticular histriónicamente. De esta forma, dan una apariencia de personas que siempre salen victoriosas. Por desgracia, es algo muy común en la “política circense” o “pseudopolítica” que nuestros “ínclitos representantes”- si es que en verdad lo son - vienen prodigando a día de hoy. No obstante, en ningún momento reparamos en la persona que escucha toda esa verborrea sin sentido. Me refiero al contrincante; que escucha en todo momento y permanece atento y, de forma lacónica, deja sin argumentos al falso orador. - Así es, Parrilla. - Pues he observado que eso también parece ocurrir en durante el combate. Parece ser que el tirador ruidoso es el que más llama la atención ante un público profano, que no comprende nuestra disciplina. Sin embargo siempre gana aquel que se yergue y afirma de manera silenciosa y sencilla pero elegante. Pues conoce bien la disciplina y sus enormes posibilidades. Creo que eso también podría extrapolarse al ámbito de la retórica y la dialéctica. Luego, sería justo afirmar que, ante un combate, hemos de temer siempre al silencio, y no al ruido. ¿No es así? - Efectivamente Parrilla. El conocimiento siempre pierde la batalla ante la estupidez, mas gana la guerra. Conoce de mi añeja aversión a tratar cualquier tema que tenga que ver con la política presente, más si cabe, cuando este ronda aledaño a nombres propios o acciones concretas. Si son o no vuestros representantes esos a los que usted nombra, no es un asunto que pueda dominar o sobre el que tenga un control apreciable. No obstante, he de decirle que tan solo la obra de un hombre puede representarlo. Con esto asevero que de lo único que estoy seguro es de que a este humilde servidor que le habla, no lo representan más que sus actos. Por ello, he de centrarme en ser un referente para mis pupilos, para mis vecinos y para aquellos que me tienen en su entorno, pues será sobre ellos sobre los que tendré una repercusión notable y en los que pesarán mis aciertos y errores. Por tanto, no puedo hacer apreciación alguna sobre aquello que prodigan individuos tan lejanos a mi medio, que ni tan siquiera influyen en él sin permiso de mi subconsciente. Asimismo, aplicando la razón, quedo al margen de estímulos sensoriales que engañan a mi intelecto para producir sensaciones aparejadas a la forma de actuar de aquellos que vemos. Y me explico: El ser humano está inicialmente diseñado para empatizar, comprender y coordinarse con los sujetos con los que interactúa. Esto, cuando la cognición humana se forjó, únicamente podía tener lugar entre individuos cercanos, presentes y con potencial de influir unos sobre otros. Por ello, la forma en la que decimos las cosas tiene una relevancia superlativa en la manera en la que se entienden. Así pues, cuando en el momento en que vivimos, gracias a los medios de telecomunicación vemos a alguien lejano, en intereses o localización, nuestro subconsciente nos hace entender que es posible y real la interacción, y por tanto, nos hace reaccionar instintivamente a su expresión, de forma similar a si estuviese cercano o presente. Así pues, cualquier sujeto que por vía telemática profiera ofensas sobre nuestra persona, tiene el potencial de generar el malestar asociado a sus palabras, independientemente de su posición, interés o incluso intención. Claro está, si aplicamos la razón, la lejanía del individuo, hace perder potencial real a palabras, y por tanto, las hace inertes. No obstante, esta condición es la responsable de hacernos profundizar en otros elementos y productos humanos, que normalmente nos resultan más placenteros que el agravio, como por ejemplo, la música, la literatura o el cine. Cosas que si aplicamos la razón, también puede ser vano para un receptor que repare sobre la lejanía o incluso ficción de los eventos de esa canción, libro o cinta. Nos damos cuenta, pues, que el ser humano tiene el poder consciente de discernir qué elementos de lo percibido le afectan y condicionan, o al menos, de controlar la profundidad en que lo hacen. Esto mismo tiene lugar en el duelo: La elegancia de la obra la ciñe a la optimización del movimiento y de la energía usada, así como une a lo obrado con la intención de aquel que obra. Se dará lugar así a una expresión sencilla de la biomecánica, que mantendrá la óptima disposición antagónica y buscará sin alardes el control de la hoja opositora, dando conclusión al asalto de manera fugaz y eficiente. Por otro lado, siempre existirá aquel que sobreestime el potencial de la faz, o sea, la capacidad que tiene una actitud mostrada para condicionar a su opositor. Claro está, que cualquiera se verá instintivamente condicionado, por el mismo principio de simpatía, ante una actuación plumífera y adornada, de alardes y parabienes, con efectos y manifiestas intenciones en nuestra contra por parte de un opositor. No obstante, en coherencia con mi discurso de que a un hombre le representan sus actos, cualquier alarde o artificio no será un elemento a tener en cuenta, pues la lejanía existente entre lo expuesto y realmente llevado a cabo, justificará que no se tenga en cuenta el prejuicio estético del opositor para acondicionar nuestra obra, pues solo será el potencial real de la obra de nuestro opositor lo que interactuará con nosotros. Dicho esto, la estulticia de manifestar pomposamente frente a un opositor sereno la intención de ejecutar sobre él, o exhibir a los presentes los escasos argumentos atesorados sin medir el momento, tan solo dará a entender la necesidad de apelar a recursos psicológicos elementales para maximizar y defender una obra que se preverá poco elegante o madura. Así pues, la expresión llamativa, vistosa, exagerada hará atraer la atención de un público profano, que por su lejanía con los intereses y conocimientos del tirador usuario, no tendrá relevancia alguna, y sin embargo, lo expondrá a las repercusiones de su propio fracaso. De esta manera, será el tirador experimentado aquel que posea la pericia para determinar qué aspectos de su faz habrá de revelar a su opositor para elevar la posibilidad de éxito, olvidando cualquier otro espectador circunstante, que por no estar implicado en el duelo o no entender los aspectos técnicos implícitos, no tendrá relevancia alguna para él. Por tanto, no olvide: "El mediocre tendrá en cuenta a los ajenos, pretendiendo ser conocido. Mientras, el sabio se centrará en aquellos que verdaderamente le influyan y sobre los que tenga responsabilidad, resultando ser reconocido.” Sobre el bien y el mal - Parrilla, le noto algo tenso. ¿Podría ayudarle en algo? - Maestro, tengo un pasado y una experiencia acumulada que no siempre suele ser funcional. Durante mi adolescencia e inicios de mi juventud; he sentido siempre un profundo resentimiento con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado; en todo su amplio espectro: desde el nivel local a las altas esferas nacionales. Ello se ha debido a mis experiencias, que no han sido para nada beneficiosas a mi persona. Los odiaba al pararme simplemente por cómo iba vestido, por “correrme” cuando protestaba en la Universidad, por el daño que le hicieron a familiares míos en otros tiempos más oscuros de nuestra historia reciente como país. Los consideraba, pues “malos”. Conforme he cumplido años y he ido aprendiendo de la vida, he podido observar que resulta absurdo juzgar a todo un conjunto por la actuación de unos cuantos. Es más, personas a las que respeto profundamente trabajan en el seno de estos cuerpos. Más aún; son personas que, pese a disentir en ideas y pensamientos, me respetan. Incluso me aprecian; un sentimiento mutuo. Dicho sea de paso. Sé que pudiera parecer un cliché pero, a estas personas las catalogo como “buenas”. En cualquier caso, mi visión dejó de ser generalista. - Parrilla; no llego a entender cuál es entonces el motivo de su preocupación. - Cuando el viernes 12 de febrero de 2021 dos policías agredieron brutalmente a un hombre y a su hija de 14 años, las tripas se me revolvieron. Peor fue cuando me enteré - por redes y otros medios - del amplio historial de irregularidades cometidas por estos individuos amparados en sus armas, uniforme y el encubrimiento de sus compañeros. Y peor aún cuando fui a la manifestación convocada a protestar por este hecho y vi actitudes agresivas por parte de aquellos que se suponen deben garantizar nuestra seguridad y nuestra libertad. Cierto es que la actitud de algunos manifestantes también fue agresiva, pero este tipo de cuerpos está especializado en resolver conflictos sin causar daños, o al menos causar los menos posibles. En ningún momento pude - ni puedo - considerarlos como “buenos”. Y ahí volvieron a resurgir mis viejos fantasmas del pasado. Y siendo consciente de que no todos son iguales, volví a verlos como una amenaza… como “malos”. Sinceramente Maestro, me asusta que este pensamiento tan maniqueo pueda interferir tanto en mi aprendizaje como esgrimista láser; como en mi actitud ante la vida. - Parilla, antes de nada he de mencionarle algo que le resultará liberador y que facilitará su día a día, así como la toma de las decisiones futuras: Esto es que sus experiencias, no habrá de entenderlas como buenas o malas, beneficiosas o negativas, pues no dispondrá una perspectiva universal para dar ese juicio, menos aún para entender todas las implicaciones posibles de los eventos que le han acontecido o acontecerán. Por otro lado, si habrá de considerarlas como imprescindibles para ser quién es hoy, y para que usted esté aquí conmigo, hablando y reflexionando. O sea, habrá de estar agradecido a todo aquel que ha intervenido en que esto sea así, pues de un modo u otro, la inferencia suya con otros individuos ha determinado su manera de ser y de pensar. Y déjeme añadir que me he de sumar a ese agradecimiento a aquellos que le hicieron así, independientemente de los métodos que estos usasen, pues tener un pupilo como usted, para mí es un honor, un placer y un motivo de profunda alegría. Podrá observar, que es plenamente posible mutar el resentimiento y rencor por los hechos pasados, permitiendo la liberación de ellos, y por tanto, de los sesgos que están aparejados. Esto se hará por medio de entender que toda experiencia es necesaria para la construcción de una vida. Por tanto, la aversión a individuos que han dificultado el tránsito por ella, es ceder ante el instinto animal de huir del reto. Pese a ser anti-intuitivo, es debido a esas dificultades y vicisitudes que nuestro crecimiento se magnifica y acelera. Dicho esto, voy a contarle algo, que desde mi experiencia, he podido entender: Hace unas semanas le decía que a un hombre le representan únicamente sus actos. Ni su uniforme, ni su identificación profesional podrán dar fe de quién es. No obstante, estos elementos le atribuyen unas funciones, que serán, por su cumplimiento u omisión, por las que habrá de ser valorado su trabajo, mas no siempre su persona, pues son conceptos distintos que deberán ser separados para no caer en una falacia, recurrente a la par que caduca. Asimismo, la honestidad, serenidad y sabiduría del individuo uniformado habrá de impregnar su labor y tintar su vestir, asegurando que al formar al sujeto, se formará a la autoridad que este pueda representar. La indumentaria portada por los efectivos, policiales y militares, tiene distintas funciones según la naturaleza de estos. En los cuerpos de seguridad ciudadana, con los que usted habrá tenido mayor contacto, dichas funciones son la de aportar uniformidad, asistir tácticamente al operador en cuestión y separar al individuo de aquello que representa. Esto último, hace que desde la perspectiva de un mero espectador profano, todos los efectivos aparenten ser el mismo, asociando el rasgo más característico a la función que realiza, ya sea esto el color del uniforme o una prenda concreta. Así se facilitará la sensación, de que tras un uniforme estándar, siempre habrá una figura igualmente estereotípica preparada para su función. Esto acarrea una serie de inconvenientes, del que uno de ellos resulta ser capital, pues se trata de la deshumanización del sujeto uniformado. Así pues, se da lugar a una idealización o demonización de los operadores policiales o militares, que los desarraiga de los aspectos personales, desde el punto de vista de aquel que no está familiarizado con su imagen o pertrecho. De esta manera, se polarizan las expectativas puestas en ellos. Por un lado, se espera que un individuo, por el hecho de portar el traje de faena, sea infalible en su juicio, frío en sus decisiones, impersonal con aquel que interactúa y que posea conocimiento sobre la totalidad de las variantes que pueden emerger en una intervención. Por otro lado, aquel que no le sea grata la figura de un cuerpo policial o militar en concreto, o de la totalidad de ellos, tenderá a conectar el uniforme con aspectos claramente impropios de cualquier ciudadano. Podrá percibir como injusta una actuación sobre él, le atribuirá alevosía, entenderá al verse afectado que el efectivo agente tienen una causa particular y/o personal implícita, o incluso, que debajo de la gorra habrá un sujeto corrupto por ciertos intereses propios. Una vez tengamos una experiencia contraria a nuestro prejuicio, se generará un golpe a nuestras creencias. Un golpe que marcará de forma muy particular nuestra predisposición para las siguientes interacciones entre los agentes y nosotros. Para algunos, tras el odio, los agentes se volverán paladines del honor y la justicia, mientras que para otros, también víctimas de su prejuicio, podrá parecer que detrás de un casco y un escudo, solo hay un robot al que increpar haciendo uso de la libertad de expresión. No obstante y de momento, siempre habrá una persona ahí dentro, con sus emociones, sesgos, intereses e historia, que podrá estar enfadada, cansada, asustada, con frío, calor, sueño, hambre, ira, presión, estrés, tranquilidad, inquina… En definitiva, será una persona, en toda su dimensión, con sus virtudes y miserias. Olvidar todo esto es producto de los sesgos humanos, y demuestran que no somos infalibles como tampoco los son aquellos de uniforme. No obstante, es notable una cierta laxitud institucional existente en el respeto debido al arma y al uniforme, basada en el desconocimiento generalizado en la sociedad civil, y concretamente observable en el ámbito de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. El respeto al arma, que se entiende a día de hoy, es simplemente no hacer uso de ella. Mas el respeto profundo a un arma no es dejar de usarla, sino, estudiar, entrenar y concluir sobre cómo no necesitarla, obrando en consecuencia. Es por esto que yo, como Kigen de la Academia, hago tanto hincapié en obrar siempre desde la razón y desde la reflexión, en definitiva, desde el conocimiento. Permitiendo representar un ejemplo para aquellos que tratan con las armas, pues somos sujetos que las estudian, en su uso y su relación humana. Todo esto conlleva una responsabilidad que ha de estar sujeta a la conducta del individuo y sostenida por la pretensión de aislar los instintos de la decisión. Así pues, al respetar tanto el arma como el uniforme propio, y al entenderlos como elementos relacionados, queda razonado que no se ha de frivolizar con estos, así como que no se ha de hacer uso desmedido de la disuasión y supresión que generan, pues la vestimenta de servicio, al igual que el arma aparejada, representan el uso de la fuerza, que habrá siempre de ser medida y controlada para auxiliar, nunca usada para entorpecer. Por ende, le digo, que una vez que se separa la actuación policial o militar de la intención personal de cada una de las personas que componen un operativo, carece de sentido lógico atribuir maldad o bondad a cada uno de ellos por los resultados de su trabajo. Pues, como dije hace mucho, algo nos resultará bueno o malo según si está en concordancia o no con nuestros propios intereses. Dependerá por tanto de los suyos particulares el hecho de considerar bueno o malo a cualquier otro. Tenga en cuenta que al catalogar el bien o el mal estará obrando sesgado por sus emociones humanas, que distarán mucho de la lógica y condicionarán su juicio, cayendo en el mismo error de aquellos a los que señala por su actuación ineficiente, dentro o fuera de servicio, y a los que pide la optimización de su labor. Parrilla, por todo esto, habrá de estimar a sus fantasmas, conocer sus sesgos y controlar sus prejuicios, evitando caer en el error de prejuzgar a aquellos de los que solo ha visto su uniforme. Con ello, alcanzará a ser un ejemplo, para sus compañeros y para cualquier ajeno a la Academia, pues será su conducta lógica y reflexiva la que le unirá a aquello que representa el uniforme, así como la que condicionará su uso del arma láser. Si no pretende que los efectivos de nuestras fuerzas del orden público actúen llevados por las emociones, no lo haga usted. En conclusión: Si sabe lo que está bien o está mal, estará errado. - Gracias Maestro, sus palabras me han llenado de luz. No obstante, hemos de reconocer que se trata de un arduo trabajo personal de autosuperación; pues son muchos años los que llevo cargando la mochila de este sesgo. Ruego sea paciente conmigo. Sobre la esencia del Furasshu - Apreciado Maestro: quiero contarle que llevo unas semanas especialmente contento. Y lo mejor de todo es que dicha sensación no es causada por nadie. - Pese a creer entender lo que me quiere transmitir, explíquese mejor Parrilla. Creo interesante que lo verbalice, y es posible que encuentre en su exposición conceptos que no alcanzo a imaginar. - Es muy sencillo, Maestro: últimamente consigo alcanzar casi todos los objetivos que me marco. Y cuando no lo logro, analizo los posibles hándicaps e intento arreglarlos, aprendiendo del error. Claro está que las metas que me marco – a diferencia de antes – ahora son cortoplacistas y realistas. De esta forma las posibilidades de éxito resultan mayores y más factibles. Incluso cuando estoy con usted, en clase, y soy consciente de mis avances, me invade una sensación de alegría y de efectividad altamente satisfactoria. - Tengo la obligación de confesarle de que me alegro por usted. Y añado algo, pese a lo que usted pueda pensar, no tengo duda de que eso que siente es un punto fundamental y clave para ser un más funcional y eficiente tirador. Su perspectiva de sí mismo va a bañar su práctica, su relación con la esgrima y, como no puede ser de otro modo, la que tenga con las armas. - Y tiene razón, Maestro. - Parrilla, explíqueme entonces por qué cree usted que yo también le veo más capaz ahora. Reflexiónelo en voz alta, por favor. - Pues parece bien sencillo. En mi vida laboral y personal he recibido reconocimiento y alabanzas; por distintas personas de formación e inquietudes de lo más dispares. Entrenando Krav Maga también he podido ver cómo, después de ser comedido en la ingesta y habiéndolo compaginado con otros deportes más moderados, mi rapidez y mi capacidad de reacción han crecido de manera exponencial. Del mismo modo, mis niveles de lípidos han descendido; algo que determinadas personas han sido capaces de reconocerme. Igualmente, usted mismo en alguna que otra ocasión me ha dicho que mis capacidades técnicas como tirador han mejorado últimamente. Ello supone un balón de oxígeno para mi autoestima. - Me está dejando ver, inconscientemente, que en parte sostiene su valoración personal de sí mismo y, por ende, sus niveles de serotonina y dopamina en el reconocimiento externo, tal y como leo entrelíneas de sus palabras. Pues déjeme que le diga algo… no es esa la forma óptima de interaccionar consigo mismo. Además, sé por lo observado que su júbilo no está plenamente fundado en ello. La dependencia de estímulos externos, el apego a los “piropos” de la gente y la necesidad de alimentar el ego, sólo conseguirían esclavizarle. El método que puede generar una autoconfianza sostenible, es cultivar un criterio propio sólido y coherente con lo observado, por medio de la adquisición de datos e información de su entorno. Este podrá dar lugar a una perspectiva ligeramente subjetiva de usted mismo, y por tanto, a un sentido autocrítico, con base ancha y relativamente independiente del juicio ajeno. No obstante, siempre habremos de entender de la utilidad y la necesidad de sentirnos amados, queridos, admirados y positivamente juzgados. - Ahí es donde quiero llegar Maestro. No voy a decir que no me ha gustado sentirme valorado. Pero durante el día, en diversos ámbitos de mi vida, llevo a cabo tareas que para mí terminan de manera fructuosa. Con los consiguientes resultados que sólo yo conozco… y por eso me invade la felicidad. Pues he llegado a comprender que ésta sólo es posible cuando viene de dentro, y sólo uno mismo es el responsable de que ello ocurra. El nivel de autonomía que alcanzo es directamente proporcional al de bienestar en el que llego a encontrarme. Bienestar conmigo mismo, orgullo de ser quien soy – con mis defectos y limitaciones -, pero sin soslayar la humildad. Henchido de dicha por ser capaz de someter al ego sin necesidad de acabar con él. Es la misma sensación que me invade cuando consigo un punto en un sparring – pesado o ligero, es igual – y lo celebro de manera interna, sin hacer ningún tipo de aspavientos ni llevar a cabo actitudes histriónicas que pudieran rayar en el exhibicionismo. Dicho de otro modo, Maestro, estoy contento y feliz conmigo mismo, sin necesidad del reconocimiento ajeno; y mucho menos de cualquier tipo de algún hipotético premio. Resumiendo, sé lo que soy y estoy contento. Independientemente de si los demás lo reconocen. - En cualquier caso Parrilla, es honesto ser consecuente con aquello que nos conforma, que es en esencia nuestra fisiología, experiencia, y la imagen de nosotros mismos y nuestros actos que nos hacen llegar los demás a través de su juicio. No obstante no es útil centrarnos en uno solo de esos aspectos para avanzar, pues lo estaremos haciendo ciegos y sin rumbo. Así pues, habremos de tener una experiencia dilatada, una fisiología conocida, entendida y controlada, y por último, habremos de prestar atención a lo que el mundo nos cuente sobre nosotros, pues será una guía útil para entender la dirección en la que andamos. Igualmente, el duelo, está ideado y destinado a confrontar la idea que tenemos de nuestro desempeño esgrimístico con aquel que eventualmente sea nuestro opositor. Será por medio de la confrontación y la mesura en asalto de duelo, que podremos comparar el concepto que poseemos de nosotros mismos con una realidad hostil, de la que realmente se destilarán los aspectos a mejorar y pulir, no solo de nuestra esgrima, sino de todo aquel conocimiento que ha dado lugar a ella. El objetivo que de todo esgrimista laserino habrá de marcarse, para optimizar su aprendizaje técnico y filosófico, tendrá que ser el de acercar la imagen que tiene de sí mismo a aquella que el mundo le devuelve cuando se relaciona con él. Esto dará lugar a que un Furasshu posea una visión cercana y clara de sí mismo, máxime en lo relativo al ejercicio de la esgrima, que soportará su ego en la entrega al conocimiento, independientemente de la discrepancia de otros, entendiéndola siempre como una guía para no perderse en la profundidad de su imaginación. De esta forma, el Furasshu tendrá una perspectiva de su persona, objetivos y capacidades fundada en sus actos y en el análisis ilustrado de estos haciendo uso del conocimiento. Con ello se entenderá tal y como es, de un modo notablemente más acertado al que otros lo hacen, y por tanto, reducirá el criterio ajeno a testimonial. Recuerde: Aquel que es, lo es sin importar nada. La Esgrima Láser: la esgrima ecléctica. - Maestro, he de entender que nuestra disciplina – la Esgrima Láser – es una herramienta de crecimiento, tanto propio como común, ¿no es así? - Así es Parrilla, le cuento: La esgrima, desde su origen histórico ibérico es una actividad preparatoria, en la que el aspecto lúdico ha de estar tan implícito como el funcional, pues no tenía que ser obligadamente practicada para ser usada. De hecho, de la esgrima se hablaba originalmente como un juego, y ha de ser diferenciada del combate, dado que son dos conceptos distintos, perfectamente compatibles, que no necesariamente unidos. La esgrima se practicaba con el propósito de hacer mejor al tirador y crecer en el ámbito estrictamente esgrimístico, quedando habilitado el diestro que poseyera buen entendimiento, para usar los conocimientos adquiridos y aumentar el éxito en una riña verdadera, duelo, batalla o cualquier otro conflicto posible. Así pues, la esgrima es una actividad que busca el crecimiento del individuo, mientras que el combate es un escenario en que esos conocimientos pueden ser usados, o no serlo. No obstante, siempre hay quien ha entendido la esgrima como un medio para aprender únicamente a superar conflictos armados. Cabe decir que esa visión resulta algo vulgar, pues restringe el verdadero potencial de la actividad y la disciplina. Por otro lado, el aporte que la esgrima hace al individuo quedaría actualmente en aguas de borrajas si no somos capaces de alimentarla con el conocimiento adyacente de otras corrientes esgrimísticas anteriores y presentes que, a lo largo de la historia, se han venido desarrollando. Y en lo que a nuestra trayectoria compete, aquéllas han conformado un nutrido corpus técnico, que es parcialmente aplicable a nuestros estudios.
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