142 más que todas las posturas, enseñándonos la demostración que es falso lo uno y lo otro: así lo que tengo dicho, es en parte diferente de lo que vos dijisteis, pero no en el todo: y en esto se verá quién ha entendido mejor la demostración. Por eso decidme ahora, ¿en cuál de los extremos está el cuerpo mejor para hacer desvíos y heridas, que es lo primero que dudé? - Eudemio. No estoy menos corrido de ver callar tanto a Filandro, sabiéndolo mejor que ambos, que de oíros hablar tan largo de un extremo, que es de tan corto movimiento: y para que la respuesta sea tan a propósito, como merece pregunta tan puntual como la vuestra, conviene que sepamos, cómo han de estar los cuerpos en esos perfiles: porque, o ha de estar cada uno por sí, sin alguna defensa, o puesto el cuerpo delante con el extremo contrario. Si cada uno está por sí sin defensa, ambos tienen una misma libertad para reducirse el uno al otro; No se puede ir de un extremo al otro sin pasar por el medio. y de la demostración pasada tenemos averiguado, que no se puede ir de un extremo a otro, sin pasar por el medio; y así lo dice Euclides en la proposición quince del tercero: pero si están ambos con las espadas en sus extremos, veréis cuán lejos va vuestra opinión de la verdad, porque el extremo del cuerpo sobre el pie izquierdo, después de hecho una vez, no tiene más acción, por la parte del mismo pie (como dicho es) y así no puede ir más atrás. Pues ir a ponerse en el medio, como afirmáis, no puede, estando la espada delante, que se lo estorbará, y este impedimento es grande para las tretas que se comienzan por el 143 perfil del cuerpo; que lo que toca a las demás, no trato, porque tienen sus limitaciones. De manera que no pudiendo el extremo izquierdo, por el impedimento de la espada contraria, pasarse al medio, mucho menos podrá pasarse al extremo del pie derecho, el cual después de tener necesitado al contrario con su extremo, puede con mucha facilidad reducirse al medio, y al extremo izquierdo, por no tener algún estorbo que le impida el movimiento de su herida, desvío, ni reparo. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS148DIÁLOGO TERCERO - Meliso. Leed vos a Campano, sobre la misma proposición que alegasteis de Euclides, y veréis cuán a banderas desplegadas contradice vuestra opinión. - Eudemio. Bien he visto esa contradicción, y sé que es a diferente propósito del mío, y nada en favor del vuestro. - Polemarco. Yo querría ponerme en medio, si no me cupiese tan mala parte, como a los que ponen paz. Ya tenemos entendido, que el extremo más fácil de todos al reducirse al medio, así de los perfiles del cuerpo, como de los ángulos de la espada, es el extremo de pie izquierdo, por ir el cuerpo obrando naturalmente, y el extremo de pie derecho violentamente en sus movimientos: de la propia manera que el ángulo obtuso, por bajar naturalmente al ángulo recto, se reduce más presto al medio, que el ángulo agudo, porque sube lo grave, al trocado del ángulo recto, que tiene acción más fácil al ángulo agudo que al obtuso, por ser la una obra natural, y la otra violenta, como ahora veréis por esta demostración. Demostración. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ149DE LA FILOSOFÍA DE LA DESTREZA. Sea el ángulo recto la línea que señala punto A con la línea punto B, y el ángulo obtuso, la línea más alta que señala punto G con punto B, y el ángulo agudo, la línea más baja, que señala punto F con punto B, de suerte que punto B sea la línea que formen los tres ángulos, que suele hacer el brazo con el cuerpo, si queremos convertir uno de estos extremos en otro, o reducirlo al medio, más fácilmente se pasará el punto G a punto A F, porque baja con movimiento natural, que punto F subir a punto A G, y al trocado punto A que es el recto, se reducirá más presto a punto F que a punto G, por razón de ser la una obra natural (como dije) y la otra violenta. - Filandro. Muy bien está absuelta la dificultad con esta demostración, por ser acción natural 145 la de un extremo, y la del otro violenta: La acción de la naturaleza, es siempre una misma. especialmente que la acción de la naturaleza, se hace siempre de una manera, y la causa porque el sentido nunca se engaña, acerca de su objeto, es porque el acto del sentido, es obra de la naturaleza. Y de aquí sabréis que hay diferencia entre la obra natural, y la que se hace acaso, porque la acción natural, siempre es de una manera. Pero habéis de entender, que obrando la naturaleza, acerca de una misma especie, produce siempre un mismo efecto, y la acción, que es acaso, es unas veces verdadera, y otras falsa, como lo será el extremo de pie izquierdo, cuando quisiere valerse de la fuerza, aunque sea su movimiento natural, porque si quiere repararse de algún golpe, como no tiene fijo a dónde pueda pasar el cuerpo, por estar delante la espada contraria, no puede poner la fuerza que está recogida en el pie izquierdo al pie derecho; con gran dificultad puede resistir el golpe, sin quedar ofendido, si no es acaso; ni tampoco cuando resista, si quiere sacar de la resistencia herida, como en otros términos, en ninguna manera puede sin hacer el cuerpo algo a tras, por fortificar con fuerza la herida, o el desvío, por estar ultimada la potencia, y falta la materia, para que la forma salga perfecta. También el extremo del pie derecho, como su movimiento hacia atrás no es obra natural, se hace de diversas maneras, y le conviene la misma razón, cuando está con la fuerza rematada hacia adelante, de lo cual carece el que está en el medio de esos dos extremos: porque (como dicho es) puede mover la espada a diversas partes, sin hacer COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS150DIÁLOGO TERCERO 146 más movimiento con el cuerpo del que quisiere para alcanzar a herir: de manera que por no estar dispuesta la fuerza en uno de estos dos extremos, aunque el movimiento del uno sea natural, o por más cantidad, o por menos, salen los efectos falsos unas veces, y otras demasiados. - Polemarco. Decidme, si ambos perfiles son extremos, ¿por qué razón puede el del pie derecho herir, o desviar, sin aumentar movimiento en el extremo que tiene, y ponéis fuerza necesaria al extremo del pie izquierdo? - Filandro. Porque el extremo derecho tiene al medio, y al extremo izquierdo, a donde puede libremente pasarse, y puede mejor obrar, y prevenirse de fuerza para el movimiento; porque como visteis en la demostración, no tiene estorbo por aquella parte, como lo tiene el que está sobre pie izquierdo por ambas. Si un hombre puede reñir con dos o tres hombres. - Polemarco. Ahora quiero que me digáis si un hombre solo puede reñir con dos, o tres, o cuatro: y si hay razón para probarlo, que hace mucho tiempo que deseo salir de esta duda. - Filandro. Cuando un hombre solo lo ha con otro, puede decir que riñe; pero si lo ha con dos, o tres, podemos decir que riñen con él, y él solo se defiende; entonces si puede, porque yo no he hallado demostración en toda la destreza, cómo puede reñir un hombres con dos que sean hombres como él, porque ya sabemos que todos los movimientos que dan herida, se hacen en tiempo, y cada movimiento es particular en la espada, y de diferente naturaleza; De un movimiento ninguna cosa se sigue. y si son las heridas circulares, constan de dos movimientos (porque de uno ninguna cosa se sigue) el uno violento, y el otro natural, y sabemos que siendo la herida singular, ha de LUIS PACHECO DE NARVÁEZ151DE LA FILOSOFÍA DE LA DESTREZA. 147 dar forzosamente en lugar determinado. Veamos ahora, cuatro movimientos que constituyen cuatro heridas (hablando de los que hieren); cosa clara es que darán en cuatro lugares indeterminados, de donde se infiere que no podrá (ni aún Hércules) con un solo movimiento resistir a cuatro, pues no pudo contra dos. - Polemarco. Por cierto que tenéis razón, que en tanta variedad de movimientos y disposiciones, y en tan diferentes medios, sitios, fuerzas, posturas, ángulos, extremos, voluntades, mal podrá un hombre solo, con solo un movimiento y con un solo medio resistir a tantos, y tan diferentes, y que queda averiguado, que es cosa imposible que uno pueda reñir esperando sin retraerse con más de uno: cuánto más que la atención de la vista para comprender bien, ha de estar firme en un lugar, y atenta a un punto solo, por ser de acto particular, y acabado uno, hace otro, ¿cómo comprenderá lo que hacen cuatro espadas con tan diferentes heridas, y cada una compuesta de dos movimientos propios, y algunas veces accidentales, y en tan diferentes ángulos y naturalezas, figuras, tiempos, principios, medios, y fines? Porque (como sabéis) la herida de tajo, pide diferente defensa que la estocada, cuando son diferentes motores, y el afirmarse quiere defensa, tan diferente del revés, cuanto son diferentes especies, y de varios fines: porque la espada puede estar en tantos, y tan apartados lugares, que apenas el ángulo comprende a sus especies, principalmente moviendo al brazo tan diferentes murecillos, cuando son diferentes los movimientos que la espada puede hacer 148 estando en ángulo recto, obtuso o agudo, que son a los que se reducen todas las posturas, mal podrá el hombre solo ofender a tantos, ni defenderse de alguno: no trato del hacerse hacia atrás, que ya hemos dicho en su lugar, que no hay destreza contra los que continúan los compases. Finalmente un hombre solo, esperando, no puede ofender, ni defenderse de muchos; ni tampoco tendrá aliento para sustentarse, ni hay quien sea tan curioso, que haya sacado por Aritmética, las horas y grados que podrá el hombre tener aliento conveniente para el peligro en que se viere, que es la cosa más importante en esta ciencia, y lo que más conviene guardar. - Polemarco. Veamos, siendo el movimiento que hace la espada, y el que hace el aliento, ambos voluntarios, ¿cómo no se juntan en una misma acción de las que hace la voluntad, pues cada uno de los músculos ayuda con su movimiento al que es de su especie? Dadnos en limpio la doctrina. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS152DIÁLOGO TERCERO - Filandro. Esto no es como pensáis, porque puede haber dos movimientos voluntarios, y cada uno con su fin diferente, como es desviar con la daga, y herir con la espada, que sustenta el uno al otro, y por repartirse la voluntad, no pueden salir fuertes ambos movimientos, ni a un mismo tiempo, porque es menester más fuerza para la herida que para el desvío, y diferente fuerza, y músculo, para subir la espada, y diferente murecillo, para bajarla. Finalmente cuando tiramos un golpe con la espada, o hacemos movimiento con ella, para algún reparo, o desvío, y se aplica la voluntad a cualquiera de ellos, deja el hombre de respirar, no porque sea su ultimada voluntad, no respirar, sino porque ocupa la mayor parte de la voluntad, en el movimiento de la espada, 149 y como el aliento es tan necesario, para que el calor natural se temple, el cual se multiplica con la falta del aire, cuando mucho se detiene, por haber aplicado la voluntad a otra parte; cuando al hombre respira aprisa, es para suplir con las muchas respiraciones, lo que faltó del aire al calor natural, por haber detenido el aliento al formar la herida: de suerte que nos dice la experiencia, que cuanto más espesas fueren las cuchilladas, tanto mayor será la necesidad de la respiración, principalmente, si el movimiento de los pies se hace para diferente fin, que el movimiento de la espada, queriendo sin poder acudir a todas partes, y habiendo de gastar espíritus por los sentidos, será entonces mayor la necesidad de la respiración, que si fuesen todos los golpes a un fin, siguiendo la voluntad solo un ímpetu: porque los músculos que sirven a la respiración, cuando la voluntad se aplica a tirar golpes, estando del ánimo alterado, dejan de servir en la respiración, y acuden en alguna manera al fin de la voluntad, guiada por la irascible, empleando lo que pueden de su acción en la herida: así que como es tan necesario el movimiento de la espada para herir, y conviene tanto el movimiento del cuerpo, para que la espada lleve fuerza, y alcance, se junta un movimiento con el otro en un mismo tiempo, y se gastan en el hombre más espíritus de los que conviene, y queda cansado e inhabilitado el movedor, si ha de segundar, y pasar adelante con otros movimientos Doctrina para conservar el aliento. para remedio de lo cual es cosa importante al diestro, que haga los movimientos con los pies, cuerpo, y espada, que más convenga a las heridas y defensa, procurando siempre que quiera tirar el golpe, prevenirse de respiración, y esto antes de que forme el movimiento, porque cuando la herida para, sale el aire LUIS PACHECO DE NARVÁEZ153DE LA FILOSOFÍA DE LA DESTREZA. 150 que se recogió, y entre otro de nuevo sin necesitar al calor del corazón, ni a la fuerza, y de esta suerte conservará el hombre su respiración, y andará siempre alentado en todos sus movimientos, sin que le falte cuando sea menester. Finalmente con esto traerá sosegado el aliento, y tendrá abundancia de espíritus para las aplicaciones de los actos de los sentidos, y para los movimientos de la espada y el cuerpo sin cansarse, como si el hombre no riñese. - Eudemio. Bien me satisface la doctrina que nos habéis dado, y entiendo los misterios que la experiencia ha descubierto en todas las cosas, por su causa nos habéis dado una doctrina tan nueva y tan necesaria para la vida del hombre. - Polemarco. Verdad es que puede el uso mucho en las cosas, pero si a la experiencia de lo particular no acompaña la discreción, y juicio del experimentador, para el conocimiento de la universal, nunca es parte la experiencia para más que hallar la verdad, porque el guardarla es oficio de la ciencia, y así he dicho muchas veces que conviene al que enseña el arte de las destreza haberse experimentado en las veras para los actos de la fortaleza, y crédito de la ciencia, pues solo el enojo es prueba de su bondad, porque no basta haber aprendido armas, y haber esgrimido toda la vida (como el vulgo dice) para saberlas enseñar, ni alcanzar nombre de fuerte. Y en lo demás que dijisteis de las experiencia, digo que el entender y conocer de las cosas, más conviene al arte que no a ella, de donde averiguamos que los que tienen verdadera arte, son más sabios que los que tienen experiencia solamente, según dice el Filósofo: porque los unos saben la 151 causa, y los otros la ignoran. Bien es verdad, que los experimentados saben algunas veces lo que es una cosa, pero ignoran el por qué es: mas los científicos saben y conocen la quididad [esencia] de las cosas, y el por qué son, El científico puede enseñar solamente. y así los científicos pueden enseñar por el conocimiento que tienen de las cosas, y los experimentados no porque las ignoran; y la demostración de esto hallaréis en la misma destreza, donde muchas veces lleva el diestro determinada una proposición con solo el pensamiento, que la experiencia le enseñó: y si acaso el otro lo muda, como señor absoluto de esos movimientos, pierde la treta en el mismo punto, por no hallar en el adversario firme la COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS154DIÁLOGO TERCERO postura en que antes lo vio, y hallando falta una treta en el peligro, todas las que salieren de ella os parecerá que lo son: Lo que debe hacer el diestro. por lo cual conviene que el diestro tome consejo en estas mismas, pues aprovecha poco el gran número de tretas, si les falta razón y ciencia para aplicarlas; el cual yerro es ordinario en los que están confiados de solo la experiencia, y sucede al trocado, al que obra con ciencia, que aunque el adversario mude el principio, y no venga por la parte que primero se puso, ni permanezca en la postura, como el científico sabe la causa de lo que va obrando, ninguna cosa de las que puede hacer el adversario, le impide su efecto. Y ha acontecido muchas veces mudar el contrario postura, creyendo que se mejorabas, y ser aquella mudanza más provechosa para la treta que se va a ejecutar en él, que si se estuviera quedo en la postura de antes, y sucediera al revés, si con solo la experiencia se emprendiera, por ignorar la causa 152 universal, que sabida bien, y enterado en ella el entendimiento, es imposible que sea parte alguna mudanza, para estorbar el efecto de la treta verdadera: porque sabed, que se hace grande cualquier impedimento, por pequeño que sea, al que emprende la treta, sin saber la causa. Al fin como salieron las armas de la experiencia, las cuales tratan de verdades, que no se pueden mudar, ni alterar con ningunos sucesos, así de la ignorancia salen los acaecimientos. Y porque parece que llaman, será bien que subamos a cenar, para sustentar el cuerpo, ya que las almas han gozado de su manjar: y se quede el negocio comenzado, para que descansando esta noche, con más fuerza mañana demos fin a nuestro propósito, enseñando al diestro cómo obrará la ciencia sin ofender a Dios, a sí, ni al prójimo. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ155DE LA DESTREZA CHRISTIANA. 153 DIÁLOGO CUARTO, QUE TRATA DE LA DESTREZA CRISTIANA, Y DE LA DEFENSA, Y AGRESIÓN DE OBRA Y DE PALABRA, EN PRESENCIA Y EN AUSENCIA, A DONDE SE HALLARÁ, CUÁL ES LA VERDADERA HONRA, Y CÓMO SE PUEDE PERDER Y GANAR: DECLARANDO QUÉ COSA ES TRAICIÓN Y ALEVOSÍA, Y LOS CASOS QUE PUEDEN SUCEDER, EN QUE SE HALLA LO UNO Y OTRO. Meliso, Eudemio, Filandro, Polemarco. Ocasión de este diálogo. Aunque los antiguos persuadieron con muchas razones, las faltas y misterios del hombre, abominando las obligaciones con que nació a pagar tributo a las calamidades de esta vida: de suerte que se podía dudar (según dice Plinio), si la naturaleza 154 haya sido mejor madre al hombre, o más triste madrastra, por haberse mostrado tan ávara con él, privándolo de las defensas naturales, que pródigamente repartió con los brutos, para tolerar los trabajos y peligros a que nació sujeto. Mas aunque nació desnudo, y despojado de todas las comodidades, cubierto solamente de un cuero de superficie, tan delicada, que cada cosa, por pequeña que sea, se lo rompe; no fue sin providencia divina, como quien sabía muy bien, con cuanta más ligereza se había el hombre de aprovechar de los sentidos exteriores, que todos los otros animales, y que habían de estar sujetos a la presteza del entendimiento: y para que estuviese más pronto al contemplar a su creador, y que entienda cuando todas las cosas lo molestaren, e injuriaren en la tierra, que no nació para perpetuarse, sino para que sirva de propósito en ella, hasta que la Divina Majestad quiera otra cosa. Lo que Platón dijo del hombre. Y hallaréis por verdad lo que dice Platón, que el hombre es animal digno de ser adorado y reverenciado de los otros animales, porque fuera de grandezas particulares que tiene, con la razón, y entendimiento, los pone a todos debajo COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS156DIÁLOGO CUARTO de su voluntad, a lo cual la grandeza, ni fiereza de las otras bestias con sus armas, no pudo resistir, pues con fuerza los doma a todos, por fuerza, no mayor, sino más mañosa (como dice Galeno), ni hay animal, por grande, recio, y furioso que sea, que viendo al hombre, aunque nunca lo haya visto, que luego no lo reconozca, y tiemble de él: mas viendo que también había podido, con la fuerza del ingenio, inventar 155 las artes, y perfeccionar las ciencias (como dice san Basilio), y que con industria había sujetado los animales más fieros, y las aves más zahareñas [arisco, huraño, S. A., S. F. 11], halló que al hombre le vienen muchos males y peligros del hombre (como dice Plinio), pareciéndole, según esto, que le quedaba por emprender lo más difícil, en el cómo podría hallar defensa ante un animal de tan grande entendimiento, y de tanto ánimo, tan sabio, para defenderse de él a su salvo, y ofenderlo, si lo apretase, inventó la destreza de las armas, con la cual mejora su ánimo, alienta y ejercita el cuerpo, defiende la vida, aumenta la honra, conserva la fama y estimación, y guarda el uso de ella para las necesidades, en que suelen poner los malos a los buenos: Para qué se inventó la destreza. y así permitió Dios su invención y descubrimiento, para poner miedo al malo, porque ninguno sea osado, con mala voluntad, con ira, ni envidia, de apartar el alma que su Majestad juntó con el cuerpo; y se les pedirá cuenta a estos, que tienen por oficio, o gusto, preciarse de matadores, y estiman por la mejor pieza de su arnés, haber muerto a un hombre, y tienen en más al que ha muerto a más. ¿Qué disculpa dará delante de Dios, el que en el juicio final, viere dos o tres hombres muertos delante de sí, con asechanzas y traiciones, y por el recto juez le fuere preguntado, por qué quitaste la vida a este hombre, a quien yo dí el ser que tenía? - Eudemio. Por cierto que el contento con que estaba de haber oído las excelencias del hombre, habéis puesto ahora de horror a mi pensamiento con ese ejemplo, tanto, que de aquí en adelante 156 tengo que pasar livianamente por las injurias y murmuraciones, Más es sufrir los males, que hacerlos. pues es más sufrir los males que hacerlos: y ha de haber día donde castiguen con pena los maleficios, y premien con gloria las buenas obras y sufrimiento. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ157DE LA DESTREZA CHRISTIANA. Pero con todo eso, es cosa fuerte dejar el hombre de volver por su honra, y si uno le quiere quitar la vida, porque Dios lo castigara, se la deje quitar, sin más defensa ni consideración. Sacadme de esta fatiga, pues me pusisteis en ella, y decidme si hay ley, que defienda al matador, o que mande que el hombre se deje matar de su enemigo, para que yo sepa en conciencia lo que tengo que hacer con mi destreza. - Meliso. Aunque la dificultad y anchura de esta materia, no sufren brevedad, ni tan poca prevención, como yo ahora tengo, porque vos nos digáis cómo se entienden en destreza las opiniones de algunos Doctores, me pondré a tratar algo de ella. No hay animal sin alguna defensa. Es tan prudente y liberal la naturaleza (según dice Olimpo Nemesiano [puede que se refiera a Marco Aurelio Nemesiano Olimpo, poeta latino que nació en Cartago, y vivió en el siglo III d.C., sin conocerse las fechas de su nacimiento y muerte]), que no hay animal bruto en el que no haya puesto alguna virtud en la sustancia, o desvanecimiento en la fantasía, en que confíe, porque no crió cosa en balde, como dice Teodorito: Defensa natural. y si lo queréis experimentar, buscad el menor animal del mundo, y ofendedlo, y veréis cómo según la fuerza de su cuerpo, se defiende, y aún procura ofender en lo que puede, para conservar (si pudiese) aquel ser, en que Dios y la naturaleza lo constituyeron: y no solamente hará esto, pero no dejará el ser suyo, aunque sea muy humilde, por otro mejor y más estimado: La obligación de la defensa. y de aquí entiendo que no habrá hombre tan olvidado de sí, y de ánimo tan caído, y de tan resfriados pensamientos, que cuando 157 llegase el punto, en que puede perder la vida, no se restituya en su presunción y saque fuerzas de flaqueza para ampararse y defenderse; porque no haciéndolo, caería en dos pecados de los mayores y más abominables delante de Dios, que es la desesperación, en que está la mayor vileza y cobardía de todas, y el otro es la ingratitud. El primero de los cuales se halla cumplidamente en el que se mata a sí mismo, o se deja matar sin defenderse, pudiendo: y estos ambos COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS158DIÁLOGO CUARTO andan en un predicamento. El segundo es, que no volviendo el hombre por sí, como debe, tiene en poco su vida y alma, que tanto costó a Dios, pues murió por ella; y dejándose matar, estimando en poco lo mucho que recibió, cae en el pecado de la ingratitud, teniendo obligación de guardarse, pues Dios lo conserva, y no dejarse matar, si no fuere por la honra de su Creador, y por sustentar la Fé Católica que profesa, que entonces le sería lícito, y ganará mucho, perdiendo poco. Cuándo se defenderá el hombre. Siendo esto así a nuestros ojos, razón será, que una cosa tan preciada de Dios como el hombre, que nació para servirle, y agradecerle, en el tiempo de la vida con servicios, las mercedes que le ha hecho en darle ser de hombre, y no de planta, ni de bruto, y en hacerlo Cristiano, y no Gentil que no pierda la vida por su culpa, ni se la deje quitar de nadie, antes defienda la posesión en que Dios metió al alma todo lo posible, hasta que no pudiendo valerse de la defensa, ofenda en lo que pudiera por defenderse. La defensa que conceden las leyes. Y advirtiendo a esto los Doctores de las leyes concedieron facultad, y declararon que la tenían los hombres, en poder matar sin pena, defendiendo sus personas. 158 Mas para que la defensa sea lícita y justificada, es necesario que concurran tres cosas, las cuales inducen la moderación que llaman las leyes de inculpable tutela. La primera cosa que se requiere para la defensa. La primera es, que entre el agresor, y el acometido, haya debida moderación en las armas, para que sea defensa proporcionada, porque si hubiese mucha ventaja de parte del que se defiende, así en armas, como en favor de amigos, ya cesaría la defensa para llamarse justa. La segunda. La segunda, que la defensa se haga de presente por amparar la vida, sin perder la honra, porque aunque basta probar que se hizo por defenderse, es cosa conveniente probar que se hizo por defensión necesaria, y que de otra LUIS PACHECO DE NARVÁEZ159DE LA DESTREZA CHRISTIANA. manera no pudiera escapar con la vida, ni quedar con honra; porque si se hiciese con deliberación, y pasada la ocasión, sin ser necesitado con la fuerza del contrario, faltaría esta calidad, que hace justa la propulsión del agresor, porque la razón de la defensa, depende de la ofensa injusta. La tercera cosa que hace justa la defensa. La tercera y principal, para que la defensa sea lícita, y justificada en conciencia, es menester, que no sea por vengarse el hombre. Para conocimiento de lo cual se ha de advertir al tiempo, y al lugar, el arma, y al modo con que se hace, según las glosas vulgares. Caso primero. - Filandro. Verdad es, que no falta quien dice, que se podría dar caso, donde el acometido fuese obligado en conciencia a dejarse matar, porque el agresor no muriese (cosa grave para mí), cuando el Rey, o el Capitán, u otra persona muy provechosa a la República, acometiese a matar a una persona de poco provecho, cuya vida no es necesaria, como la del agresor, porque el bien común se ha de preferir siempre 159 al particular: y no sé yo si es esta causa bastante, para que el hombre bajo sea homicida de sí mismo, principalmente habiendo nuestro Dios muerto igualmente por ambos, y más, si el ínfimo defendía cosa justa, y el superior injusta, El hombre puede matar al que lo quiere matar. sabiendo todos que el hombre puede matar en su defensa a la persona de cualquier calidad y dignidad, que lo viniere a matar. - Meliso. Si una persona particular, es acometida de una universal y necesaria a la comunidad, o ejército, como el Rey, o el Capitán, aunque la causa de la agresión sean injusta, y el acometido para escapar con la vida, no tuviese otro remedio más que matar al agresor, en tal caso no puede con buena conciencia matarlo, sino padecer la muerte, respetando al bien común, que ha de ser preferido al particular de su vida; de donde se sigue, que no será homicida de sí mismo (como decís) sino paciente. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS160DIÁLOGO CUARTO Caso segundo. Y de aquí infiere muy bien Santo Tomás, que el Rey, o Capitán que es acometido de otro hombre de poca estima, por razón del bien público, será obligado a defenderse, so pena de pecado mortal, porque es la defensa justa. La vida vale más que la hacienda. - Polemarco. También el hombre podrá lícitamente quitar la vida al ladrón, si nocturno, como diurno. - Meliso. No me parece a mí que es lícito matar al ladrón, principalmente diurno, pues la vida del hombre vale más que la hacienda, según dice una ley, y por esta causa está más obligado a tener en más la vida de su prójimo, que la guarda de su patrimonio; y así lo tiene Fortunio en la ley, Vt. tvim. [para la fuerza, a fin de que la fuerza, Maestro Marcelino Miguel] Y S. Agustín sobre el Exod. dice que no se puede matar lícitamente al ladrón diurno, si no se defendiere con armas, porque claro está que no viene a matar, sino a robar: luego en defensa de la hacienda nadie puede 160 matar al ladrón, porque lo que se permite en defensa de la vida, persona, y dignidad, no se entiende derechamente, por defensa de la hacienda, que tan fácilmente se puede ganar y perder, lo cual no se puede entender por la vida, que quitada una vez al ladrón, no se recupera. Caso tercero. Y aún Casaneo tiene, que si el ladrón nocturno no se defiende, no lo pueden matar. - Polemarco. Ya habéis visto aquel adagio Jurídico, que dice, que los bienes y la vida andan en igualdad, luego el hombre pueden quitar la vida al ladrón, que le lleva la hacienda robada en gran cantidad, según Baldo, y más cuando entiende, que no tiene otro remedio, ni recurso para poder cobrarla, sino es matándolo en el mismo delito, según la ley Real que dice: El Clérigo no vive con la hacienda. Amparando sus cosas, que le tomaba por fuerza, lo cual no pueden hacer los clérigos, ni las demás personas Eclesiásticas, según derecho Canónico, más que defenderla, pero no matar por ella: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ161DE LA DESTREZA CHRISTIANA. El seglar vive con la hacienda. y al seglar se le concede, porque la hacienda que el hombre tiene, es medio para vivir, y de la manera que puede matar al agresor, que le viene a quitar la vida; así por la misma razón al que quita los medios del vivir, que es la hacienda, que ha de ser en gran cantidad: porque no es justo, que por cosa poca se quite la vida a un hombre, que tanto vale. Dejemos, cuando no hay medio para cobrarla, porque si lo hay por vía de justicia, en ninguna manera se le puede quitar la vida, porque entonces no es con moderación de inculpable tutela, sino de culpable. Dije, mientras hurta de presente, o mientras huye con la hacienda porque entonces le podrá decir que acomete: y si está recogido, o encerrado en alguna parte, 161 y le hiciese alguna molestia en la persona, sería ya acometerle, y no defenderse de él, lo cual no puede hacer con buena conciencia, más que acudir a la justicia. Caso 4. Así que es en tanto verdad, que no comete culpa el que mata a otro en su defensa, con la dicha moderación, que si alguno matase, o hiriese a algún Clérigo, no quedaría irregular, ni excomulgado, en alguna manera, según lo afirma el Papa Inocencio III. Caso 5. Y es tan firme verdad lo que arriba ha dicho Santo Tomás, que si el hombre usase de la defensa con moderación, estorbando que no le corten algún miembro, que es menos que defender la vida, todavía no quedaría irregular, ni excomulgado. Caso 6. Y en la Sagrada Escritura hallaréis, en el segundo de los Reyes, la justificación de la defensa en un conflicto, que pasó entre Ioab Capitán de David, y Abner, Capitán general de Isbofech, primogénito de Saúl, donde fue vencido Abner, y en el alcance Afael, hermano de Ioab, iba persiguiendo a Abner para matarlo, pero Abner volviendo la cara, requirió de paz dos veces a Afael, diciendo que no lo persiguiese, porque le forzaría a matarlo, aunque no quisiese: mas Afael menospreció la amonestación y requerimientos de paz, no dejando de perseguirle, por lo cual Abner volvió el hierro de la lanza, y se lo hincó, y mató a Afael en su defensa. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS162DIÁLOGO CUARTO - Eudemio. Muy a propósito vino ese caso de la sagrada Escritura para la justificación de la defensa: Caso 7. pero veamos, si mi enemigo me tuviese encerrado, y supiese yo que estaba determinado de quitarme la vida, y aguarda tiempo para ello: qué es lo que tengo que hacer para salir de este conflicto 162 justificadamente. - Polemarco. A eso respondió santo Tomás, que no podíais matarlo con buena conciencia, primero que él acometa, mas huid (si pudiereis) porque no será defenderos salir a él, sino acometerle, con autoridad particular, lo cual no es lícito, sino a la república, o al Príncipe. La fama es estado de dignidad. - Meliso. Bien sabéis que la fama, y estimación de los hombres, es un estado de dignidad, no tocado, antes venerado de todos, cuya conservación está comprobada con leyes y costumbres (según dice Calístrato Iurisconsulto) como veamos, ¿queréis que huya el hombre que tiene honra, habiéndola de preferir a todas las cosas, según afirma Juliano, y más si ha puesto algunas veces a riesgo la vida por la fama? ¿Tenéis en poco que caiga en una infamia, tan sin reparo? Pues el Rey don Alonso dice, que se debe conservar la fama, por todas las vías del mundo, y poner la vida por ella, en tanto punto, que llama cruel, y homicida de sí mismo, al que menosprecia la vida, y tiene en poco perder su fama. Y el Eclesiástico dice, Ten cuidado de buen nombre, y de buena fama, porque esto dura más que los tesoros. Lo mucho que pierde el que huye. Siendo la cosa del mundo que el hombre debe más estimar, ¿qué razón hay para que huya? Pues haciéndolo, perderá el nombre, la fama, la estimación, la honra, ganada con la virtud de la fortaleza del ánimo, la buena opinión, y el crédito, y quedará abatido entre los hombres, que es muerte civil. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ163DE LA DESTREZA CHRISTIANA. La honra vale más que la hacienda. Y pues por defender la hacienda puedo matar (como visteis), la honra mucho más vale que la hacienda, y la injuria personal excede en dignidad a cualquiera de que se hacen por causa de la hacienda. El hombre de honra no es obligado a huir. Siendo así, bien inferimos, con Panormitano, 163 que si soy acometido, y no puedo huir sin deshonra, no estoy obligado a huir, porque la vida y la honra andan en igual estimación; tanto, que si no me puedo defender de una herida, o de una bofetada, o palos, o de otra cualquiera injuria, o afrenta, sin que mate al agresor, lo puedo hacer, siendo el concepto ultimado de mi ánimo defenderme. Caso octavo. Y si esto se os hace duro, Santo Tomás trae en la conclusión trece, que si un hombre común, y de poco ser, acometiese a matar a un ilustre, el cual huyendo pudiese escapar con la vida, dado caso que libremente lo pueda hacer, perdiendo su honor; no es obligado a hacerlo, según Felino, Silvestro, e Hipólito. Caso noveno. Pero decidme, ¿si mi enemigo me tiene cercado, y espera gente para entrar a matarme, y a mí me consta esto, y obligado a esperar que venga la gente, para que con su venida, ni me pueda defender, ni ofender alguno de los agresores? Porque ya sabéis que si espero, según la demostración que el Diálogo tercero enseña, ni me valdrá lo uno, ni lo otro, y en sospecha, más justo es que el hombre se llegue a los que conviene a su vida, que a la de su enemigo; pues no tengo que esperar, para que se diga defensa de mi parte, que el contrario me hiera; sino entender que me viene a herir, y entonces puedo yo herirle primero. Y si uno viniese con la espada desenvainada contra mí, puedo defenderme antes de que me hiera, según la Ley Real, que dice del mal, o de la fuerza, que él quiere hacer, porque basta la voluntad del enemigo, y las insignias propincuas a la obra, como severa en esta ley de partida, Fueras ende [por ende, por tanto], si lo matase defendiéndose, viniendo él otro contra él, trayendo COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS164DIÁLOGO CUARTO 164 en la mano cuchillo sacado, o espada, o piedra, o palo, u otro arma cualquiera, con que lo pudiese matar. Y la ley Real, que dice: Mas este defendimiento se debe hacer sobre tal razón, si el otro sacare el arma contra él para matarle, o le hubiese herido primero, Lo que basta para la defensa. porque según dice Baldo, e Iason, basta el espanto de las armas, y el temor de los que vendrán, para hacer a la defensa necesaria; y así lo hallaréis en Bartulo, y en la otra ley de partida, que dice: Cada uno se puede amparar contra aquellos, que deshonra, o fuerza le quisieren hacer: y concluyen Baldo y los demás, que no es necesario en este caso probar el hombre que estaba en peligro de muerte, sino que temía alguna injuria personal. Caso 10. Aunque se pone este caso, que si la mujer sabe que la quiere matar su marido, estando juntos, porque para el efecto ha puesto debajo de la almohada un puñal, puesto caso que no tenga culpa, dicen que esta mujer no puede matar primero a su marido, porque entonces no será defenderse, sino acometerle, lo cual no puede hacer con buena conciencia. Y si sois servido, quiero decir mi parecer, no para contradecir esta conclusión, que yo tengo por tan cierta y verdadera, sino para que del todo satisfagáis las dudas que tengo en esta materia: Caso 11. y digo, que si un hombre muy diestro estuviese riñendo con otro, no diestro, que le acometió, y pudiese el diestro matarlo, o no matarlo, con la ciencia que tiene, y acaso fuese la cuestión en parte donde el diestro tuviere cierto que saldrán a favorecer al agresor, no diestro, hermanos, parientes, o amigos, con la venida de los cuales ni se podrá el diestro 165 defender a sí, ni ofender a alguno de los agresores: veamos, ¿el diestro estaría obligado, temiéndose de este socorro a matar al enemigo, antes de que venga toda su compañía? LUIS PACHECO DE NARVÁEZ165DE LA DESTREZA CHRISTIANA. Caso 12. Y si mi enemigo viese que con la espada que tiene, no puede ofenderme, porque soy más diestro, y más fuerte que él, y la soltase, y fuese a tomar un arcabuz que tiene cargado para el efecto, entendiendo cierto, que yo no tengo defensa contra el arcabuz, aunque fuese ballesta, podría con buena conciencia matarlo, porque después de que lo tenga, no tendré yo remedio, ni recurso alguno. De la misma manera entiendo, que si el marido toma el puñal primero para comenzar a matar a la mujer, que ella no podrá defenderse, y será muerta sin alguna duda, pues salirse huyendo, se infaman ambos, y dará ocasión de sospecha, si el marido no la tenía por mala: pues acometerle primero, que parece lícito, es cosa grave, pudiendo ser las palabras del marido para atemorizarla; pues esperar la mujer a ofender, cuando no pueda resistir, ni defenderse; no sé qué me diga. Mucho deseo que los ingenios curiosos echen su contrapunto sobre esta duda. A quién es concedida la defensa. - Filandro. Muy bien está puesto el caso, y los ejemplos lo hacen más claro, de lo que ha estado hasta aquí, y la defensa es concedida al padre por el hijo, al hermano, al pariente, y al amigo, al criado, al vasallo, y al siervo en favor del amo: y el siervo se puede defender de su señor, y el hijo de su padre (según Bartulo) si lo quiere matar, y no castigar: Caso 13. de tal manera, que todos los Doctores tienen, que si al Clérigo vestido en el Altar vienen a matar, puede matar al contrario en su defensa, y volver a acabar la Misa, sin pecado y sin incurrir en irregularidad, según dice Hipólito, y Juan de Ligniano [puede referirse a Giovanni da Legnano, jurista italiano del siglo XIV], 166 en el tratado de Bello justo, y vemos que la defensa se extiende a tanto, que dice Ulpiano Iurisconsulto, que si veo que muchos matan a uno, puedo ayudar al caído, por el exceso de las personas. Siendo esto se así, necesariamente se sigue la defensa de la misma vida. Nota: hasta dónde se extiende la defensa. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS166DIÁLOGO CUARTO - Polemarco. No os maravilléis de eso, que Inocencio dice, que puede uno defender a su vecino, si lo ve matar, y aún al extraño, según dice Bartulo, principalmente si pide favor, y socorro contra el agresor, como dice Baldo; El hombre está obligado a defender a su enemigo. porque la defensa que tratamos, en tanto es justa, y permitida en derecho natural, y positivo, que se puede hacer por el extraño, pues según Baldo, e Inocencia, y Bartulo, estáis obligado a defender a vuestro capital enemigo, si lo están matando, aunque diga que no quiere vuestra ayuda ni favor: y así lo tiene Iason, Odofredo, y todos los Legistas y Canonistas; y lo confirma la doctrina de Papiniano Iurisconsulto. Caso en que es estricto perder la vida. - Eudemio. Yo daré caso, en que es justo perder la vida, y dejarse matar. - Meliso. Por la Fé de Jesucristo, no solamente es lícito, pero es Fé Católica, y decir lo contrario, manifiesta herejía, por cuya causa nuestra madre la Iglesia, gobernada por el Espíritu santo, celebra la muerte de los bienaventurados Mártires, poniéndolos en el número de los santos, confesando que en el Martirio se perdonan todos los pecados. Por defensa de la República es lícito morir. También es cosa lícita morir en defensa de cualquier virtud, y en defensa de los consejos del Evangelio: como en decir, que es santo consejo profesar los votos de la Religión, que redunda en amparo y defensa de nuestra santa Fé y en defensa de la república Cristiana, y en caso de necesidad 167 sería obligado el hombre en conciencia, pues la parte se ha de posponer al todo, y por la conservación de todo el cuerpo, damos lugar a que nos corten la mano, o el brazo. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ167DE LA DESTREZA CHRISTIANA. Caso 14. - Polemarco. De manera que la justificación de la defensa, hallaréis que es lícita, y permitida, en tanto punto, que aunque el acometido (como dicho es) pudiera guarecer la vida huyendo, si dejó de huir, todavía si mata, con la misma moderación, no incurre en pena, especialmente cuando el agresor está tan junto, que volviendo las espaldas el acometido, se pone a peligro de que lo hiera, o mate, en tal caso no está obligado a huir, si con huir se le sigue detrimento a la honra, como visteis en lo pasado, Hacer huir es la última afrenta. porque huir, o hacer huir un hombre a otro, con armas iguales, es la última afrenta que se le puede hacer: y la cosa que mayor infamia trae al hombre, en las cosas morales: por lo cual debe guardar, y amparar la honra, y anteponerla a todas las ganancias del mundo: y así lo tiene Antonio Gómez, Juliano, y Tulio en los oficios, y en la oración que hizo en defensa de Milon, donde hallaréis cosas muy esenciales, en lo que toca a la defensa natural: y así lo dicen muchas Leyes, y todos los doctores, y lo confirma San Agustín. Caso 15. Y lo mismo habéis de entender del Clérigo, a quien no es afrenta huir, si por dejar de huir se mata al agresor, no queda irregular, principalmente si por huir (como dicho es) se pusiese en peligro de muerte o en que el contrario cobraría osadía mayor; esta no obliga a huir, ni se puede tener por irregular, si lo mató, pudiendo huir, según Felino, Silvestro, e Hipólito; de tal manera, que no solamente la defensa es lícita 168 a los hombres, La defensa natural de los brutos. pero entre los animales brutos, si alguna vez por movimiento accidental, con el instinto traban pelea, si el acometido mata al agresor defendiéndose, el dueño no está obligado a la satisfacción del daño, ni a entregar el animal por la noxa [conjunto de responsabilidades que se devienen del perjuicio generado por aquel que está bajo la responsabilidad agente, Maestro Marcelino Miguel]: COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS168DIÁLOGO CUARTO Caso 16 de la defensa. y aún el siervo por no ser suyo, puesto que su señor lo quisiese matar (según derecho antiguo lo podía hacer sin pena) si el siervo hiriese, o matase al amo en su defensa, no sería digno de total castigo. Nadie es señor de su vida. Y porque tengáis por firme esta verdad, os daré un ejemplo, puesto que un reo, acusado de delito digno de pena corporal, o que le corten algún miembro, renuncie los términos que el derecho para su defensa le concede, es ineficaz la tal renunciación, porque ninguno es señor de su vida, ni de sus propios miembros, según Ulpiano, san Agustín y Santo Tomás: y por esto no los puede dejar indefensos. Nota: la antigüedad de la defensa. Y en el delito que Adán cometió en el quebrantamiento del Divino precepto, hallaréis, que sabiendo Dios, que no tenía excusa, ni disculpa que fuese legítima, lo llamó, para que la diese, y se defendiese: de donde los jueces temporales, con divino fundamento, introdujeron las citaciones. Pero decidme, ¿no hay otras maneras de defensas para la conservación de la vida y honra, sin que intervengan las armas? Defensas de palabra. - Polemarco. También hay defensas de palabra, con las cuales se excusa el hombre de las de obra, sin perder punto de honra. - Eudemio. Dadme un ejemplo por vuestra vida. Agresión de palabra. - Polemarco. La que hizo un caballero, que estaba con otros muchos y a la sazón entró otro con quien no estaba bien, y aunque se levantaron todos al que vino, el otro estuvo quedo, y cuando el que LUIS PACHECO DE NARVÁEZ169DE LA DESTREZA CHRISTIANA. 169 entró, vio que el caballero que estaba, no lo respetó como lo hicieron los otros, mirándolo a la cara le dijo: Vos después de que fuisteis traidor, perdisteis la vergüenza y la crianza. A lo cual respondió el que estaba: Mentís, que yo nunca fui traidor. Viéndose el otro desmentido, se atajó, y no teniendo qué responder, le dijo: No tengo que hacer caso de vos, ni de vuestras palabras, sino mandar a un mozo mío que riña con vos, y os castigue de este atrevimiento. A esto replicó el otro muy en sí: Venga el mozo, que yo reñiré con él, que por bellaco que sea, será más hombre de bien que vos. Defensa de palabra 1. - Meliso. Mucho puede el buen seso en las necesidades: pero como la cólera de los hombres se sujeta pocas veces a la razón, y las más sigue a la voluntad, es de tal calidad, que comenzando, ni tiene poder para hablar con justa medida, ni para amansar al contrario. Y por no caer en estos dos delitos, uno diciéndole a otro: Juro a tal, que soy tan bueno como vos, respondió muy manso: No me pesa a mí de eso, sino de ser yo tan bellaco, que podáis decir eso con verdad. Defensa de palabra 2. - Polemarco. Bien aguda fue esa respuesta; pero no fue menos la que dijo un amigo mío, teniendo rendido en el suelo a su enemigo: Levantaos, que no os quiero matar, porque no penséis que os tengo miedo. - Filandro. Por cierto que fue dicho de grande ánimo, cuyo oficio es siempre perdonar; y lo que más me contenta, que fuese en la ocasión, y en la misma obra. Defensa de palabra 3. - Polemarco. Por esa causa la defensa de palabra no ha de llevar rastro de soberbia, antes de mansedumbre y modestia, como la que hizo uno a otro amigo suyo, después de haberle contado ciertas injurias que sus contrarios habían dicho de él, COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS170DIÁLOGO CUARTO 170 respondió, Por cierto señor, que me pesa que hayáis tomado licencia con la amistad que os tengo, para osarme decir delante, siendo mi amigo, lo que mis enemigos dicen con miedo en mi ausencia. Defensa de palabra 4. Y uno, que encareciéndole otro el mal que habían dicho de él, no sé qué gentes, persuadiéndole de que los castigase, respondió, Si estos dicen verdad, yo tengo la culpa, y si mienten, ¿qué mejor cosa puede haber para la justificación de mi causa, que su mentira? Lleguen ellos a quitarme la capa, que yo la sabré defender, dándoles a entender, que el hombre puede guardarse, y defenderse del ladrón, si le acomete: pero del mentiroso, si en ausencia miente. - Filandro. Bien se defendió, y quedó justificado, para consigo, y para con el amigo, y enemigos: Defensa de palabra 5. lo cual no hizo uno, que habiendo hecho mucha ventaja riñendo a un bravo, diciéndole algunos que el bravo había jurado matarlo, respondió: Bien puede bravear, que de la huida con solo el hablar escapó, y quien juró de esperar y huyó, de creer es que por hacerme merced quebrantará ese juramento. - Meliso. A otro hombre le persuadían unos, que no dijese bien de otro que decía mal de él, sino pues tenía que decir de él con más verdad, lo dijese: respondió, Basta señores que sea uno el bellaco, no es razón que lo seamos ambos: aunque otros entendieron, no lo seamos tantos. Defensa de palabra 6. - Polemarco. Mucho satisface, cuando la defensa es blanda, moderada, humilde, esencial, y fuerte: lo cual no hace cuando es aparente, áspera, temeraria, y arrogante: aunque también digo, que puede ser permitida en algunos lugares, principalmente cuando está presente a quien se hace la ofensa, como la que LUIS PACHECO DE NARVÁEZ171DE LA DESTREZA CHRISTIANA. 171 hizo un amigo vuestro a un Caballero, que contándole sucesos suyos, con mucho desdén y arrogancia reía de ellos, y los tenía por fabulosos; Agresión de palabra. hallándose pues juntos un día, le dijo el Caballero, Señor, todo cuanto me han dicho de vos, creo que lo haréis con todos, pero no puedo persuadirme de que lo haréis conmigo: vuestro amigo calló, y pasó por ello, creyendo que allí había parado su necedad, y al fin el Caballero insistió de suerte, que obligó al otro a quitarse la capa, y sacar la daga, y luego él sacó su espada, que era sobre lo que fundaba su incredulidad, y estando el Caballero porfiando con ella en la mano, haciendo todas sus diligencias, sin ser parte alguna que el de la daga no entrase con él muchas veces, se corrió y ofendió, de manera que demudado [alterado] dijo: Agresión de palabra. Voto a tal que si estuviéramos riñendo, que no lo hicierais tan fácilmente, a lo que respondió el de la daga; Lo creo, porque entonces huiréis vos. Defensa de palabra 7. A esto replicó el bravo, ya manso, Señor, no soy yo de los hombres que huyen. Todo eso, respondió el de la daga, es para quitarme a mí de trabajo. Efectos del miedo. - Eudemio. En eso paran los muy bravos, que todo su negocio es nubes, y viento sin llover. Y volviendo a nuestra materia, me acuerdo, que refiriéndole a un Caballero amigo mío cosas graves que sus enemigos habían dicho contra su honra, amonestándole, que convenía ir a desmentirlos, respondiendo con gran modestia, Andad señor, que el mejor desmentir de todos, es hacer mentirosos. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS172DIÁLOGO CUARTO Defensa de palabra 8. - Filandro. Una defensa muy donosa hizo un amigo mío a un muy bravo, que llegó a él, y le dijo con palabras muy huecas: Señor a mí me han certificado, que con una 172 daga quitáis una espada, y no lo pienso creer, si no me la quitáis a mí, y diciendo esto echó mano a la espada, en medio de una calle pública: Defensa de palabra 9. mas el otro se reportó, y le dijo: Por cierto señor que me pesa, que tengáis amigo tan ruin, que haya hecho creer a un hombre tan de bien como vos, un disparate tan grande, como que haya quien con daga quite espada: con la cual defensa se aplacó el bravo, y reprimió su cólera, y envainando la espada, respondió: Voto a tal que lo creo, y que le tengo que asentar la mano al que me lo dijo: y con esto se fue muy aprisa, corrido de haber llegado con demanda tan vergonzosa. Así que es bien, que el diestro sepa estas maneras de defensas, para que no averigüe con la espada lo que con una palabra puede hacer a su honra, sino fueren aquellas cosas, que en ley de Dios, y de derecho natural, no se pueden excusar. Los murmuradores son como las mujeres. - Eudemio. Muy bien me han parecido esas maneras de defensa: pero me falta saber el predicamento, en que ponéis a los hombres malintencionados, que sin propósito murmuran de otros en ausencia, y no lo osan decir delante; antes viéndose con ellos, los lisonjean y regalan. - Polemarco. Por palabras ausentes, de cualquier calidad que sean, como el enemigo no las envíe a decir, no está obligado el hombre a defenderse, como si se las dijesen delante (dejo aparte las que el derecho tiene señaladas), A lo que están obligados los que oyen la murmuración. porque aquellas personas, a las que el otro dijo el mal, están obligadas a informarse de la verdad, y después de enterados en lo cierto, satisfacerse de palabra del que levantó el testimonio, amonestándole con que, si LUIS PACHECO DE NARVÁEZ173DE LA DESTREZA CHRISTIANA. 173 tales cosas inventa otra vez, para injuriarlos, socolor [vergüenza, rubor, ponerse colorado, Maestro Marcelino Miguel] de decir mal de alguno, que lo castigaran con el rigor que merece tan villano atrevimiento. Nunca se ha de decir mal. Al fin concluyo esta materia de defensas de palabra, y digo que mal nunca se ha de decir de nadie, porque es oficio de cobardes, envidiosos, hombres de resfriadas conciencias, y cosa indigna de grande ánimo; y ya que se diga, ha de ser en presencia, y nunca en ausencia. Y el loor es lícito en presencia, y ausencia, porque lo uno es lo que llaman fama, y lo otro es lo que llaman honra. Veamos ahora, Filandro, los términos de defensa que tiene la destreza, para que por ahí sepamos las ofensas lícitas. - Filandro. Sabed, que hay en destreza dos términos para acometer al enemigo, y otros dos para defenderse de él. Dos maneras de ofender en destreza. Para entendimiento de lo cual, se ha de advertir dos maneras de hacer las proposiciones, la una por la postura de la espada, y la otra por el perfil del cuerpo. Las tretas, que se comienzan por la postura de la espada contraria, son de esta manera, que lo que tarda el movimiento en acabar, si es su fin desviar, para del desvío sacar herida, como queda libre el cuerpo del contrario para todos los movimientos, fácilmente se desvía, o se llega al adversario, y esto conforme a la muchedumbre de partes que tuviere el movimiento que se comenzare por la espada: Nota: el valor de la treta de primera intención. y aunque esté la espada descuidada, porque la atención de la fuerza no puede estar siempre firme en un punto, puede muy bien, con cualquier movimiento del cuerpo, defender los que se comienzan por la espada, si acaso no es la que se hace alguna treta de primera intención, porque entonces, ni el cuerpo COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS174DIÁLOGO CUARTO 174 se puede defender (como dijimos) ni la espada se podrá valer de los cuatro movimientos cardinales, ni aún de las especies de ellos por causa de la indeterminación, en que pone al hombre la súbita brevedad de los movimientos, y poca certeza de la parte, por donde ha de librar la espada del movimiento contrario: y de estas dos especies de formar las tretas, sale la defensa y ofensa, y así procedemos en la defensa de dos maneras, las cuales responden a las dos que dijimos arriba. Una manera de defensa en destreza. Una defensa es, por los efectos de la espada contraria, impidiendo y estorbando que no dé herida, mediante los reparos, desvíos y compases. Otra manera de defensa. La otra defensa es por las causas que mueven, y producen las heridas, como si uno viniese a matar a otro, tirándole muchas cuchilladas, el acometido bien puede impedir algunas de ellas, pero con el tal impedimento no se defiende de las muchas heridas, que tirara después de impedidas algunas de las primeras; y aunque con apartarse algún poco se puede entretener algo, no puede detener al adversario, que no prosiga en las demás cuchilladas, o estocadas, porque si desviando y reparando le quita por entonces la herida, no le quita la potencia del cuerpo, ni la voluntad, que es la causa eficiente de todos los movimientos voluntarios. Verdad es que la voluntad es movida, y ella manda a la virtud animal, de la manera que los nervios, músculos, ligamentos, huesos, y todo el cuerpo, y la espada, mueven, y son movidos, por respecto de la primera causa eficiente. Pero dejando a una parte para otro lugar a la primera causa universal, porque no toca a nuestra materia, el alma mueve 175 a la voluntad, aunque es agente libre, y ella obedece como potenciar, y manda en continente a la virtud animal, la cual se difunde por los nervios que son los arcaduces, y atanores, por donde va la virtud a los músculos, que tienen oficio de mover al brazo, recta, o circularmente, y de estas particularidades se va formando la proposición, aplicándole los reparos, compases y extremos. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ175DE LA DESTREZA CHRISTIANA. Los materiales de la destreza. - Meliso. De manera que os resumís, que en la destreza, la causa instrumental son los nervios, murecillos, ligamentos, huesos, brazo y espada, juntando también con ellos a los compases sencillos, y doblados; y a los extremos del cuerpo, derecho, o siniestro, y al movimiento natural y violento, remiso, o mixto, desvíos, reparos, acometimientos, engaños, atajos, y las demás cosas, que sirven de premisas, hasta inferir la conclusión, que es la treta. Así que la espada es movida del brazo, y el brazo de los murecillos, y los murecillos de los nervios: y estos de la virtud animal, y esta de la voluntad, y en lo demás hasta su causa. - Eudemio. Decidme, si la forma de la destreza, está primero en el entendimiento que en la obra, pues concluís que todas las cosas referidas son para su cumplimiento. Lo que es primero en la intención es lo último en la ejecución. - Filandro. Lo que es primero en la intención del diestro, es lo último en las ejecuciones: de donde se infiere que los diestros que emprenden alguna treta, sin llevarla primero formada en la intención, yerran, y si aciertan, por la mayor parte es acaso. Pues el irse el hombre a su adversario afirmado (como dicen), no es de esencia de la destreza, sino procurar como se pueda mejor poner en práctica, la forma que tiene sabida en el entendimiento, y disponiendo los materiales, 176 llega hasta cumplir su intento, porque no teniendo el diestro treta en la intención ya señalada, para efectuarla, por los medios que digo, obrará en confuso, y no tendrá ciencia del suceso, y sacará del peligro la peor parte semejante inconsideración, y hará el efecto vario, y sin la certeza que suele el hábito científico, guiado con razón, y fundado en verdadero arte. Defensa por los efectos. Y al fin resumiendo lo pasado, digo que nos defendemos en dos maneras del hombre, en quien obran todas estas partes, cuando nos acomete: la una por los efectos, que es la causa final, hasta llegar con la defensa a la causa eficiente: la otra defensión es de la causa al efecto, y esta es la más vehemente de ambas: porque aunque yo estorbe, que la causa final de la destreza no llegue a su punto, queda el diestro en su ser, que es la causa eficiente y libre, para muchos movimientos, y para dar fuerza de nuevo a las partes universales del cuerpo: COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS176DIÁLOGO CUARTO Nota: la defensa. de donde se sigue, que estorbando yo la causa final, que es la herida, que por otro nombre llamamos efecto, se queda libre la eficiente, la cual será menester quitar, si se ha de destruir la virtud, que da ser a los movimientos, que es el cuerpo, mediante la voluntad: porque no siendo de esta manera, nadie podrá defenderse, porque los movimientos primeros, no están en nuestra mano. Y en lo que se ha dudado del diestro, pudiendo matar, o no, con la ciencia que sabe, cómo se librará del pecado, matando al que lo acomete: digo, que podrá ofenderlo, si acaso se temiere que vendrá al adversario con brevedad socorro tal, que su brazo no sea poderoso para resistir la fuerza de los que pueden venir a favorecer al enemigo 177 agresor, porque como dice Paulo Iurisconsulto, fuerza, o ímpetu es de cosa tan grande, que no se puede resistir con fuerza ni diligencia humana. - Eudemio. Y si el que acometiere, fuese de mayores fuerzas que el acometido, y por entretenerse el diestro, y no matarlo, aunque pueda, se temiese que vendrá a cansarse tanto su fuerza, que la resistencia que hiciere a la del enemigo, en defecto de la cual no podrá valerse de su destreza, ni de las defensas que tiene, para librarse de semejante agresión, y podrá peligrar, porque se le cansará el aliento: y como dice una ley, suele acaecer que con el primer golpe que el otro le diese, podría morir el que fuese acometido, ¿qué será bien que el diestro haga en conciencia? - Polemarco. Está obligado el diestro a esperar todo lo posible, por no matar al agresor, para que el homicidio se haga sin pecado, porque el que no espera todo lo que puede, no puede decir con verdad haber recibido fuerza, según dice Ulpiano Iurisconsulto. Al huir no hay satisfacción. - Meliso. Ya sabéis que el huir es la mayor afrenta que el hombre se puede hacer a sí, y la mayor que le pueden hacer; pues para todas las afrentas, e injurias del mundo, hallaréis satisfacción, y no para el huir. Y todos los Doctores tienen, que es siempre cosa afrentosa, y muy peligrosa, y que a nadie, que sea noble, o no, le es lícito, cada uno en su estado, según la doctrina de Baldo, Angelo, y Tiraquelo. El retraerse aprisa, es la mayor disposición que puede haber para la huida, y aún la que merece mejor nombre de defensa de cuantas se hacen (a mi parecer) veamos, si yéndose uno retirando, lo matase el que lo sigue, cómo se averiguará si fue defensión, o agresión. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ177DE LA DESTREZA CHRISTIANA. Nota para los jueces. - Polemarco. Digo que para justificación del que mata, al que se retrae, se debe considerar para entender la defensión, 178 y agresión, si el que se iba retrayendo había hecho alguna injuria, porque no la hay con causa justa, y después de hecha se retiraba, porque la presunción está contra aquel que primero dijo palabras afrentosas, y puso mano a la espada: y tras esto ha de examinar las calidades de ambos, y la proporción, o desproporción de las armas, y el lugar que cada uno tomó al principio; si fue aparejado más para ofender, que para defenderse. Y se ha de advertir, en qué lado están las heridas, si es el uno izquierdo, y el otro derecho, o ambos izquierdos, o derechos; porque es consideración esta, con la cual se puede saber, si el hombre muerto sin testigos estaba en postura de defensa cuando lo mataron, y si tenía la espada desnuda; si lo hizo más con la agonía de la muerte, que para defenderse: y venido a experimentar el lugar de las heridas, y la parte por donde entran, se averiguará, si se las dieron por detrás, que es alevosía y no riñendo. Y porque podría haberle dado la herida en las espaldas, yendo el muerto huyendo, y no estando seguro, si el matador estuviere preso, se le ha de preguntar la postura en que estaba el muerto, cuando lo hirió, para convencerlo de mentira, y luego el juez sabrá por la respuesta, si fue alevoso; y esto se entiende en el caso que lo sufriere: para lo cual conviene saber las fuerzas que cada uno tenía: y la opinión del pueblo, y cuál de ellos era ejercitado en armas: y si en el discurso de la pendencia habló alguno palabras, que pareciesen de ofensa, y lo que con ellas se significaba. Pero si la muerte fuere hecha de repente riñendo, para saber si se defendía el muerto, o acometía, se ha de saber 179 de los testigos, quien comenzó primero, y en qué lugar tenía el muerto la espada, si estaba baja, como que hubiese tirado golpe de tajo, o revés, o si la tenía parada en el lugar que paran las estocadas, que es mucho más abajo que el de la postura de defensa, y tras esto averiguar las postura que el cuerpo tenía, para entender si cayó el muerto hacia donde estaba el adversario, iba acometiendo, y el otro defendiéndose, y si fue la caída hacia atrás, se defendía el muerto, y el matador ofendía: aunque también puede el muerto caer hacia atrás, sin irse defendiendo, habiéndose arrojado a matar al que se defiende, y el otro por defenderse, poner la espada delante para detenerlo, y con el ímpetu de la fuerza entrarse ciego por la espada: las cuales caídas son atrás, o adelante, según es la pierna que sirve de fijo al movimiento que hace el cuerpo; y aludiendo a esto dice Paulo Iurisconsulto, que es las cosas oscuras se ha de considerar lo que es más verosímil, o aquello que suele acaecer por la mayor parte. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS178DIÁLOGO CUARTO Por señales se excluye la presunción. De manera que se puede conocer, según esta consideración, si el hombre murió defendiéndose, o acometiendo en el primer ímpetu, pues Arriano Iurisconsulto dice, que por señales se excluye la presunción de la culpa, y los glosadores del Derecho Canónico y Civil, dicen que las cosas que dependen de la conciencia y ánimo, se han de probar con presunciones; tanto, que en prueba de la defensa, se admiten testigos que deponen, por creo, y me parece.