DIÁLOGOS CON EL MAESTRO VOLUMEN II FILOSOFÍA DE LA INSTRUCCIÓN, CONOCIMIENTO Y EJERCICIO DE LAS ARMAS. ACADEMIA DE ESGRIMA LÁSER D. Marcelino J. Miguel Castro: Maestro en la disciplina de la Esgrima Láser Kigen de la Academia de Esgrima Láser - D. Javier Araque Mediano: Docente en Educación Primaria por la Junta de Andalucía Opositor a escala ejecutiva del Cuerpo Nacional de Policía Iniciado de la Academia de Esgrima Láser Linares, 2024 Queda terminantemente prohibida la copia y reproducción parcial o total del contenido de este volumen, sin consentimiento expreso del Kigen de la Academia de Esgrima Láser. Si el permiso de difusión o copia de este libro fuese concedido, se habrá de nombrar este volumen como fuente, así como los autores del mismo. "Esgrima Láser" y "Academia de Esgrima Láser" son marcas registradas, sujetas a las normas de la propiedad intelectual de España, 2024. Queda prohibido el uso de estos términos para la descripción, publicidad o fines comerciales de entidades terceras, sin permiso expreso del Kigen de la Academia de Esgrima Láser. ACADEMIA DE ESGRIMA LÁSER - MAESTRO MARCELINO MIGUEL. 2024. © (TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS) - Primera edición - NRA: AELMM20230128001 CARGAD. FUEGO Fría. Robusta. Letal. Una obra de ingeniería tan antigua como la propia humanidad: el arma. Instrumento diseñado para conseguir un éxito de la forma más rápida y contundente posible. Sin matices. Una victoria perfecta. El uso de un arma, de fuego, en este caso, ha ocurrido hoy por primera vez. Unos protocolos de seguridad muy claros han permitido la operación del arma corta utilizada para aprender acerca del uso real de este instrumento. Sostienes en tus manos la herramienta que brinda la posibilidad de causar la muerte a un ser vivo, y con ello, interrumpir el flujo de información que aporta a todo su entorno hasta el día de su cese vital natural. Cuidado. Me emociona pensar en la ciencia aplicada a la creación y uso de este tipo de objetos. Óptica, geometría, biomecánica, balística… un largo etcétera de factores que, aplicados en la medida correcta, hacen del usuario un agente neutralizador perfecto de una amenaza… a un coste total. Solo sostener un arma, de cualquier índole e independientemente de la destreza con la misma de aquel que ejerce su uso, adquiere instantáneamente una responsabilidad inconmensurable para consigo mismo y el resto de seres vivos: supone dotar de la capacidad de decisión sobre la interrupción de la vida de cualquiera de esos seres. Solo con la aplicación de una presión irrisoria en una pieza que apenas alcanza unos centímetros de longitud. Es algo crudo. Muy crudo. El empleo de la fuerza, en este caso a través de un arma, en cualquiera de sus vertientes, supone un arma de doble filo, valga la redundancia. Aprendes no solo sobre su uso y mantenimiento, sino que, al mismo tiempo, uno se nutre de las consecuencias de lo anterior; cómo queda el mundo sin una fuente de información más valiosa que toda la investigación científica aportada al mundo bélico. Aprendes acerca de todos y cada uno de los elementos y ramas científicas que la afectan, todo, para entender que siempre es mejor no tener que usar una, pues tan solo en la elección del mal menor, cabría su utilización: mejor terminar con una fuente de información que atente contra la vida de siete fuentes distintas. Un sacrificio necesario. Un uso satisfactorio de un arma de fuego. Una demostración letal de cómo cosechar un éxito rápido frente a un opositor. Un paso más cerca del entendimiento sobre la necesidad de aprender a operar un arma de fuego. Un paso más cerca de entender el carácter antagonista de la difusión de la información. Un paso más cerca sobre su carácter subsidiario frente a la generación del conocimiento. – Maestro, ¿cómo fue su experiencia al empuñar un arma de fuego por primera vez? – El ejercicio de las armas, tal como ya tienes sabido, es un mundo denostado, colmado de individuos que ni comprenden ni pretenden comprender la profundidad de la cuestión. Humanos que hacen gala de su derecho a mantenerse ignorantes, dejando de lado la honda reflexión filosófica, que ha de sostener el uso de un elemento letal. Y son aquellos con la capacidad de disparar sin entender los que hacen que personas con tus actitudes y aptitudes sobresalgan de manera natural. Sin duda, has hecho un gran trabajo, y seguirás haciéndolo. Dicho esto: La memoria es algo que todos debemos tener en cuenta como un elemento relativo. Los recuerdos se conforman bajo el sesgo de la inexperiencia. Más tarde, se tornean y matizan dependiendo de las vivencias acontecidas, que pueden dar lugar a una deformación notable de los hechos, separando holgadamente lo vivido de lo recordado. En esencia, el ejercicio humano de recordar tiene naturaleza reconstructiva, lo que lo hace notablemente variable e impreciso, dejando que la condición del momento en que rememoramos permee lo rememorado. “Cuando recordamos teñimos el pasado de presente.” Con esto quiero decir que es complejo saber cómo fue mi primera experiencia con un arma de fuego en mis manos, pese a haber sido protagonista, pues en capítulos posteriores de mi vida, se han ido acumulando situaciones y recuerdos que erosionan mi memoria y que desdibujan aquello que pasó. Aplicando el principio de mediocridad a mi primer contacto directo con un arma de fuego, puedo entender las sensaciones, pese a no recordarlas. Al ser un niño muy pequeño, rememoro vagamente escenas de oír disparos, unos más cercanos que otros, teniendo especial protagonismo el estrépito de uno concreto. Ahora sé que fué un disparo de rifle, concretamente la detonación de un .375 Holland & Holland Magnum, de 350 granos. No alcanzo a entender qué sensación sentí, no obstante, sin mucho esfuerzo, me viene a la mente el miedo infantil ante un estímulo que pertenecía a un mundo adulto, tosco y crudo, que aún no entendía. Tengo difusa la impresión de que el sonido hizo retumbar mi cabeza, compungiéndome y casi aturdiéndome, ante esa dinámica acústica que nunca antes había sentido. Por otro lado, y respondiendo a tu pregunta, no soy capaz de recordar la primera vez que tomé un arma de fuego. Sin embargo, supongo que la sensación sería de tener en mis manos aquello que me hacía parecer mayor. Sentiría en ese momento el orgullo de ser digno de sostener lo que mis referentes entendían como un símbolo de su coraje. Igual me ocurre con la primera vez que operé y disparé un arma, pues no soy capaz de hallar el momento. Muchas y distintas situaciones se mezclan en mi mente, haciendo imposible determinar un punto de partida en eso de liberar la aguja percutora. En cualquier caso, crecí, viví y trabajé y trabajo rodeado de armas, de diversas índoles, y hoy tengo la sensación de que siempre he sido consciente de su potencial. Mas es imposible que haya sido así, pues estoy seguro que aquel primer estruendo que viene a mi cabeza, no tenía el significado que hoy tiene, dado que mi vida ha adornado de luto y coloreado de negro lo que significa disparar. La experiencia sostenida en el ejercicio de las armas me ha regalado una perspectiva muy particular de ellas. Sin duda alguna, ha hecho cambiar la forma en la que hoy entiendo mis recuerdos y el modo en que los trato, y con ello, la manera en la que entendemos y tratamos las armas en la Academia de Esgrima Láser. En una síntesis guiada por la pura lógica, en el comienzo entendí como agradables mis primeras experiencias con las armas, tanto disparándolas como observando a otros mientras lo hacían, puesto que de cualquier otra forma, mi distancia con esas herramientas habría sido mayor desde el comienzo, habiendo sido imposible que hoy sea quien soy. “No recuerdo la primera vez que sostuve o disparé un arma, mas sin esa experiencia, no estaría hoy aquí.” – Comprendo su postura ante las armas. Es cierto lo que usted refería unas líneas más arriba sobre “sostener lo que mis referentes entendían como un símbolo de su coraje”. Quizás sea una impresión mía, pero no recuerdo que tan solo quince años atrás el mundo del marketing estuviera tan armado como lo parece hoy en día. Recuerdo ver, hará cosa de año y medio aproximadamente desde el momento en el que escribo estas líneas, aquella docuserie en la que se mostraba cómo era parte de la instrucción a superar para formar parte del cuerpo operativo de élite por excelencia del Cuerpo Nacional de Policía, el Grupo Especial de Operaciones (G.E.O.). Suponía una suerte de campaña de marketing con la que impulsar la imagen del policía ideal. Aquello a lo que todos debemos aspirar. En mi caso, he de decir que supuso un extra de motivación en mi objetivo para adquirir un empleo en la escala de mando del CNP. En nuestro país, solo los cuerpos de seguridad pueden portar un arma de fuego libremente, todo en pos de la protección de la ciudadanía. Del mismo modo que yo defendía al inicio de este texto el sacrificio de un mal menor, arma de fuego mediante, en pos de un bien mayor, dígame, maestro, ¿coincide conmigo en que, en ocasiones, el uso de un arma de fuego está justificado? – Aclaremos previamente que, de fuego o blanca, negra o láser, concreta o abstracta… un arma es un arma. Es por ello, que: “Un arma es aquel elemento que es usado para ofender.” Por tanto, es la intención de ofensa la que le atribuye la cualidad de arma a un concepto, palabra, hecho u objeto. De esa forma, podemos inferir que lo que me preguntas es por la justificación del uso de la ofensa para la resolución de un conflicto. Es ahí donde tengo que decir que no, no queda justificada la ofensa, en ningún caso. Y no es por una cuestión ética o moral, sino por pura eficiencia en la resolución de un conflicto. Es aquí donde he de definir “conflicto”, para poder hablar con propiedad en adelante: “El conflicto es entendido por mí y, en consecuencia, por la Academia de Esgrima Láser, como: el contraste de intereses entre dos entes.” Así pues, para la resolución eficiente de un conflicto, se precisa de minimizar el contraste de manera paulatina, pues de otra forma, se generarán alteraciones repentinas en el entorno que no podremos prever, controlar o enfrentar. Siendo así, lo ideal es eliminar el contraste en los intereses enfrentados, no acabar con la figura del opositor, pues dicha figura siempre existirá y, además, será necesaria para asegurar el aprendizaje. Adicionalmente, el enfrentamiento directo, forzado y ejecutivo, da lugar a una escalada en la intensidad de las diferencias, que generará un acrecimiento en las repercusiones. De esa manera, la conclusión inicialmente favorable para el agente que use la fuerza tendrá una serie de efectos a posteriori, que harán manifiesto que el conflicto no ha cesado, sino que se ha trasladado en el tiempo, generando un nuevo evento en que se manifestará el contraste. En palabras más escuetas y llanas: “Cualquier diferencia resuelta por el uso de la fuerza y la ofensa genera una serie de consecuencias que extienden el conflicto y lo llevan a un plano imprevisible.” Siendo así, el uso del arma tan solo quedaría justificado si comprendemos que es producto de nuestro fracaso en obtener un éxito más sólido y eficiente. Hemos de recordar que los humanos somos animales y lo único que aparentemente nos separa del resto de las especies es un raciocinio levemente más elaborado, que nos provee de una mayor capacidad de previsión. Es con ayuda de dicha previsión que debemos de hacer el intento de resolver el conflicto en el estado embrionario, evitando su génesis. Por eso, puedo afirmar que debemos evitar la tentación de hacer uso de la ofensa, y por tanto, del arma, pues no resuelve el problema raíz del que emerge el conflicto, y además, quedamos expuestos a la potencia ejecutiva del opositor. Por otro lado, hemos de ser humildes y realistas, admitiendo que como seres básicos que somos, tenderemos siempre a preservar nuestra supervivencia, y por ende, cederemos a nuestros instintos en situaciones que experimentemos como críticas, dejándonos llevar por el miedo e instinto de preservación, siendo inevitable que nos defendamos de aquel que creemos opositor, y además, que sintamos justificación interna ante la ofensa en pos de nuestros intereses. Pese a ello, hemos de entender que ese momento es la culminación de un fracaso, pues intentar resolver con las armas un conflicto es la confirmación de que no hemos sido capaces de atisbarlo, manejarlo, o solucionarlo de maneras más funcionales. Sin embargo, cuando el arma se convierte en la causa instrumental de un ejercicio doméstico, preparatorio, académico y formal, que facilite el acercamiento al saber universal, está cumpliendo una labor que asistirá a la resolución de problemas futuros. Y esto es así dado que es el conocimiento aquello que nos auxilia a prever, atajar y cesar los conflictos, de una manera que crece en eficiencia en proporción a la sabiduría poseída. Javier, recuerda la frase del Tratado general de la Esgrima Láser, que sostiene la filosofía de las armas láser: “La forma más eficiente de usar las armas es valerse de ellas para nunca necesitarlas.” – Comprendo y coincido con la reflexión detrás del uso de las armas y las enseñanzas que llevamos adquiridas desde hace más de tres años, cuando comenzó este periplo en la Academia de Esgrima láser. Extraigo la conclusión de que el esfuerzo del conflicto, para erradicarlo y que las consecuencias del contraste citado sean solo positivas, debería estar centrado en transformar al opositor en un aliado, pues si no hay contraste, no hay conflicto. El duelo en la esgrima láser es un medio de dar luz de la forma más eficaz posible al opositor, regalando esa oportunidad única de aprendizaje a través del diálogo implícito en cada una de las frases de armas de los asaltos que lo desarrollan. El fin es noble, y, sin embargo, la técnica y geometría bien aplicadas otorgan la victoria a aquel que mejor esgrimista es, imponiendo, en esencia, sus argumentos frente a los del opositor. Parece una forma contundente de conseguir la paz, entendiendo esta como ausencia de conflicto. Podría decir que es el mismo caso de la “paz romana”, que en ocasiones hemos tratado en clase. Solo la capacidad de impedir toda opción de contraataque por parte del opositor, inhabilitando así de forma completa su respuesta, consigue una victoria total. Es la paz por la fuerza. Esto parece otorgar, en teoría, una eliminación del conflicto, pues sostenido lo anterior durante generaciones, se valdría del tiempo para eliminar asperezas, ya que todos aquellos que llegaran a este mundo ya nacerían con una realidad configurada de tal modo, no teniendo memoria para recordar el contraste que originó el conflicto. “Solo las victorias inconclusas dan lugar a un conflicto interminable”, decía usted en una ocasión. Por tanto, siento curiosidad en preguntarle: ¿no sería igual, a efectos prácticos, una “paz romana” sostenida a lo largo de generaciones, borrando la cultura sobre la que se impone dicho contraste, que un proceso paulatino de simbiosis entre las discrepancias de dos entes enfrentados? – Has de ser consciente de que para obtener una victoria completa se necesita mucho más que el éxito puntual en la imposición de la fuerza. Por tanto, borrar una cultura no es eficaz, pues estarás sembrando el germen del miedo entre todos los que sean testigos. Esto podrá dar lugar a una futura revolución en tu propia cultura o en otra emergente, en la que aparecerá la inseguridad ante la posibilidad de que se vuelva a usar la misma fuerza, mas esta vez, en su contra. Con dicho temor germinará la semilla del miedo que se plantó al extinguir al opositor, dando como fruto un nuevo conflicto. “Aquel que conozca tu capacidad de ser implacable, siempre podrá temerte, y con ello, caer en la tentación de defenderse de ti.” Teniendo esto en cuenta, puedo decir que no, Javier, no es lo mismo una paz romana que una simbiosis entre potenciales opositores. Y esto es así porque para que exista el genuino y verdadero cese de las hostilidades, siempre se ha de dar un único vector en el sentido de los intereses de los participantes del conflicto, siendo la reflexión sobre aspectos comunes la última la única vía eficiente y sostenible para dar cimiento a la calma. En una paz romana, el cese de las hostilidades se sustenta en el temor a las represalias, lo que mantiene a un sujeto bajo el control de otro. Por ende, aquel que es subyugado posee un interés con un vector distinto al de aquel que subyuga, dado que siempre pretenderá deshacerse del yugo. O sea: “Cesar las hostilidades por el temor del opositor resultará en un caduco y fugaz espejismo de paz.” De esa forma, la única manera de que una paz romana sea funcional es valiéndose de ella para contener la amenaza, y así tener la oportunidad de organizar los intereses de los opositores, para conseguir dirigirlos en un mismo vector, con idéntico sentido y dirección, evitando la necesidad de la ofensa sobre el otro, siendo el tiempo que durará la paz igual al módulo común entre los dos vectores. “La proactiva amenaza de ofensa retrasará la aplicación de la fuerza por parte tanto de agente como de paciente.” “Cualquier retraso en la acción paciente deberá ser usado para aumentar la eficiencia en la conclusión agente del conflicto.” Es así como es útil utilizar superioridad manifiesta como un arma controlada, sin intención ejecutiva, creando la sensación en el opositor de verse superado, dando tiempo al agente para minimizar las diferencias y obtener una conclusión sin necesidad de usar las armas de manera ejecutiva. Te propongo, con todo lo expuesto, hacer el ejercicio de crear un símil con la dialéctica: Imaginemos un contexto en el que dos individuos mantienen un debate. En él, se produce un intercambio de ideas, que pueden atentar en mayor o menor medida sobre la integridad de las posturas y opiniones que sostienen cada uno. Hemos de suponer que uno de los interlocutores, llamado agente, posee la intención genuina de cesar en el debate, y además, pretenderá hacerlo habiendo aprendido de lo debatido y/o de su opositor. El otro interlocutor, que será el paciente, pretende únicamente sentir que está acertado, valiéndose para ello de cualquier método posible, pese a ser falaz. En un primer escenario, el agente que se siente seguro de la veracidad de su perspectiva y posee el conocimiento para defenderla puede hacer entender sus argumentos a su opositor. Para ello, deberá encontrar puntos comunes entre las posturas, haciendo que el paciente pueda empatizar con dicho agente, generándose una sensación común de estar de acuerdo en un gran porcentaje de lo discutido, evitando hacer notar o elevar la oposición. Esto dejará como núcleo del debate pequeños detalles, que podrán ser acomodados con facilidad, por medio de argumentos sólidos y entendibles por el opositor. Si el agente consigue establecer una misma orientación de los criterios de ambos, la oposición será reducida al mínimo, haciendo que el agente pueda sobreponerse a ella y el paciente no tenga sensación de fracaso. De esta manera, agente y paciente no sufrirán nuevamente la fricción propia de la disensión en ese ámbito. En un segundo escenario, el paciente que no es capaz de comunicar sus ideas, pretende concluir la discusión con un golpe en la mesa, poniéndose en pie y amenazando con agredir a su contrario. Sin duda alguna, el agente sabio cesará el debate para conservar la integridad de ambos, más no se ha llegado a conclusión alguna, quedándose el tema sin zanjar. Tras esto, el debate volverá a surgir en otras ocasiones, pues las bases de este siguen sin resolverse, habiéndose simplemente restrasado el momento en que las diferencias tendrán que solventarse. Entendamos esto como la paz romana. Ahora planteo un ejemplo táctico hipotético, muy reducido y con un formato exageradamente elemental para facilitar su uso. Este podrá arrojar luz sobre la aplicación de lo anterior en la búsqueda de la eficiencia en el campo de la intervención armada moderna: Indicativos: (Blufor) Foxtrot. Equipo de fuego (Foxtrot 1). Equipo de apoyo (Foxtrot 2). (Opfor) Civil - Neutral/Potencialmente hostil (Hotel). Briefing (Blufor): El equipo Foxtrot, conformado por un equipo de fuego (Foxtrot 1) y uno de apoyo (Foxtrot 2), partirán a las 13:00 GMT del punto A. Podría existir presencia civil potencialmente hostil (Hotel) en A-B. El equipo de apoyo avanzará en compases de cruce y tomará las cotas AB001, AB004, AB013, AB023, apoyando compases de cruce del equipo de fuego. En caso de establecer contacto e identificar presencia civil en A-B, el tránsito se desviará a C, habiendo de completar C-B. Debriefing: Foxtrot, gracias al posicionamiento elevado del equipo de apoyo sobre la cota AB004, ha adquirido una mayor amplitud en su adquisición de inteligencia. Al advertir prematuramente la presencia de Hotel sobre la vía A-B, cede a transitar furtivo hasta C, evitando la exposición, interacción y potencial intercambio de fuego. Tras ello, se realiza el tránsito C-B sin novedad. Claramente, en este ejemplo se ha obtenido el éxito general, común y particular gracias a que Foxtrot, con clara superioridad, ha asumido la responsabilidad de evitar el enfrentamiento, cediendo la vía directa a la Opfor. Esta cesión, mientras se mantenga al margen la tozudez humana por demostrar preeminencia, no supone pérdida alguna en la operatividad de Foxtrot, sin embargo, es notable la ganancia de evitar el intercambio de fuego. Dichos opositores civiles ni tan siquiera han advertido la presencia de Foxtrot, siendo así que no ha existido intención, obra u acción ejecutiva por parte de estos al no advertir ni entender amenaza alguna. Todo ha tenido lugar gracias a la manera de operar, sin necesidad de establecer contacto y sin existir la exposición a bajas o pérdidas materiales. De esta manera el éxito es universal, pues afecta al equipo Foxtrot, al grupo de civiles y al resto de la humanidad, dado que el conflicto no ha escalado, las familias siguen completas y la información en la mente de todos los implicados continúa siendo accesible para beneficio de los que vengan. En este ejemplo, las herramientas ofensivas, entendidas en el contexto como armas, se han usado para posibilitar la operación con solvencia y eficacia, salvaguardando la integridad de Foxtrot ante lo imprevisto y ofreciéndole una seguridad que le ha permitido el ejercicio de la humildad para enfrentarse al reto y a la cesión de su vía original (A-B). Por tanto, se han usado las armas para permitir la conclusión más eficiente, que no ha sido otra que la de obtener el éxito sin la necesidad del fracaso opositor. Y de esa manera, el éxito es sostenido, pues no se dará lugar a la escalada del conflicto, colateralidades o futuras represalias. Hemos de entender que el conocimiento es el arma más poderosa posible, capaz de convertir cualquier elemento en útil ofensivo. De este modo, será aquel que posea el conocimiento suficiente, para quedar en absoluta superioridad sobre su opositor, quien deberá usarlo para minimizar los efectos del conflicto. “Será honesto, sabio, consecuente y humilde usar cualquier posible arma poseída para asistir a cualquiera, incluso al opositor.” En síntesis, repito sin miedo a ser redundante: “La forma más eficiente de usar las armas es valerse de ellas para nunca necesitarlas.” – Quedo plenamente convencido y acorde con los argumentos expuestos, Maestro. Tan solo albergo una simple inquietud, rondando en mi mente ahora: si la superioridad manifiesta del agente ha de ser, a priori, el primer recurso de aquel que intenta, de forma fehaciente, llegar a puntos en común, transformando la discrepancia entre ambos entes en un mismo vector, eliminado así el conflicto de forma real, ¿qué hacer cuando el paciente no es capaz de comprender esa superioridad manifiesta, bien por osadía, bien por ignorancia, hasta el punto en el que solo obra con intención claramente ejecutiva por ser incapaz de entender el contraste entre ambos? Quizás existan situaciones en las que haya tiempo suficiente para hacer entender dicha diferencia de modo incesante hasta conseguir el éxito, pudiendo así iniciar el diálogo que solventa la situación para ambos, ¿pero cómo hacerlo cuando no existe tiempo suficiente para dar a entender dicha superioridad y, por tanto, ser imposible dar paso al diálogo? – Alguien con la suficiente superioridad, real y no solo en lo físico, habrá de evitar la situación de la que me hablas. Será necesario entender las posibilidades que existen respecto a que una oposición pueda emerger, y por tanto, evitar dicho escenario. Haciendo uso de la lógica estoica, podemos entender que nos pertenece la responsabilidad de todo lo que nos acontece. Responsabilidad: “La responsabilidad es la atribución propia de la causa y de sus efectos.” O sea, que la responsabilidad resulta ser la manera en la que nos erigimos como titulares de los efectos de aquello que decidimos entender como nuestro, convirtiéndonos en causa, y con ello, en quien debe velar por que lo posible dé como resultado los efectos pretendidos, pues de lo contrario estaremos fallando en nuestro propósito de organizar y gobernar aquello sobre lo que hemos de tener control. “Asumir la responsabilidad de lo que acontece nos hace dueños de ello, con todo lo que ello implica.” Te pongo un ejemplo tan ilustrativo como esquemático: Imagina que tienes una moto. Toda la pericia real que adquieras habrá de estar centrada en evitar la situación en la que tengas una caída. Sin embargo, como los errores son parte del ser humano, deberás estar preparado para caer lo mejor posible, una vez ocurra el inevitable accidente, reaccionando con cierta solvencia y reflejos para gestionar la situación, así como será ideal portar el equipo necesario para minimizar las potenciales lesiones. Así pues, podemos entender que ante un conflicto ocurre igual. Es nuestra la responsabilidad de estar allí donde el conflicto puede sobrevenirnos, así como la de evitar ubicarnos donde esto pueda suceder. Por tanto, deberemos de pasar más tiempo preparándonos para discernir la gestación de la amenaza que para responder a ella, pues impedir que el conflicto emerja es una forma más eficiente de controlarlo que saber extinguirlo. “Es más eficiente aprender a evitar el conflicto que entrenar cómo extinguirlo.” No obstante, siempre hay la posibilidad de errar, al igual que con la moto, y podemos encontrarnos sin haberlo previsto en una situación límite. Así pues, para la resolución más eficiente de dicha emergencia, también habremos de prepararnos, teniendo el mayor repertorio de obras posible en nuestro poder, y además, habiéndolas interiorizado para ser capaces de enfrentar la oposición de una manera eficiente y eficaz, siendo la respuesta subconsciente la más rápida. Es ahí donde entra y gana valor el verdadero conocimiento de las armas y del uso de la fuerza. Y digo esto porque la resolución más eficiente de la situación de oposición emergente es aquella en la que se minimizan los daños, para agente, paciente y otros elementos contextuales. Por tanto, debemos entender que el que más capacitado está no es quien es capaz de responder de la manera más contundente y abrupta, haciendo la baja instantánea del opositor, sino quien es capaz de contener la amenaza sin exposición propia, reduciendo la aplicación de la fuerza por medio de la obra elegante, disminuyendo los efectos y consecuencias posteriores al uso de la fuerza. Esa obra elegante que menciono es aquella en la que, con el mínimo de elementos geométricos, dinámicos y semánticos, se obtiene el éxito menos lesivo posible para todos los implicados. Ahí entra la esgrima como instrumento preparatorio, pues su técnica emerge de combinar el propósito de ofender con la necesidad de no ser ofendido en el proceso. En el caso de la Esgrima Láser, esa ofensa agente deberá de ser tenida en cuenta y estudiada, para reducir al mínimo sus implicaciones, haciendo que dicho agente siempre esté seguro y que el paciente sufra los mínimos efectos lesivos. Por ende y para ello, se precisa la comprensión profunda de la geometría de los elementos implícitos, así como el estudio y constante supervisión de la dinámica con la que dicha geometría cambia en el espacio. De esta manera, no solo se posibilitará la solvencia en el asalto, sino que se aumentará la capacidad de previsión que un tirador posee, haciendo más sencilla y eficiente la identificación de un conflicto potencial y la resolución de este una vez tenga lugar. En definitiva: “Lo más eficiente será prepararse para evitar la génesis del conflicto, siendo para ello necesario conocer y poseer las herramientas que posibiliten el control y extinción de este desde dentro.” – Comprendo. Es tal y como hemos hablado en numerosas ocasiones a lo largo de las sesiones de formación en la Academia: el conflicto surge antes de que ocurra y termina después de que este acabe. Previsión como panacea para tratarlo incluso antes de que el paciente entienda que ha tenido lugar, evitando el perjuicio incluso antes de que este se manifieste. Gracias, Maestro. COLAPSO Y CONOCIMIENTO Acostumbramos a vivir en la modernidad, entendiendo esta como la inercia social de hacer nuestro aquello que va a la vanguardia. Lo nuevo es mejor que lo anterior, o eso parece demostrarse a medida que la sociedad de nuestros días crece. En todos los sentidos. No cabe el sentido ecléctico de una praxis que, de diferir en un porcentaje mínimo respecto a lo estandarizado, queda absolutamente tildada de incoherente y extraña. Actualmente, los medios de comunicación nos hablan de tensiones geopolíticas que trascienden nuestras fronteras nacionales. Cuando estábamos en nuestra infancia, el conflicto sólo atendía a aquello que alcanzaba, como mucho, a nuestro grupo de compañeros y compañeras de clase, sin embargo, a medida que la globalización nos atrapa, como elemento fundamental de la socialización adulta que cada ser humano adquiere con el paso del tiempo, observamos cómo el conflicto, el contraste de intereses entre dos entes, se repite incesantemente más allá de lo que ni siquiera nuestros ojos pueden ver. El que suscribe percibe el mundo, y la sociedad en la que habita, cada vez más polarizada; más predispuesta a generar conflicto. – Maestro, quisiera preguntar su opinión al respecto: hemos vivido la ficción de distopías muy variadas, tanto en videojuegos como en series, películas y novelas. El grado de psicosis social que percibo en el mundo actual me hace pensar que existe una ínfima pero no imposible posibilidad de producir un cambio en el orden mundial, tal y como lo conocemos. Y no hablo de un cambio paulatino, propio de la evolución de las naciones y sociedades que han conformado la historia de la humanidad. Hablo de un cambio brusco, sin precedentes. Yo le pregunto: ¿cree que eso podría pasar en algún momento próximo? Y si así fuera, apliquemos lo que sabemos de la naturaleza del conflicto a la siguiente hipótesis: ¿cómo reaccionaría el mundo entero ante la anomia, como efecto colateral, de ese supuesto fin del mundo que conocemos? – Javier, voy a intentar explicarte la fuente de tus impresiones, y lo voy a hacer desde la más absoluta humildad, pues en este ámbito, mi palabra está respaldada por poco más que mi perspectiva particular, inevitablemente sesgada. Entiendo que el fin del mundo que conocemos está teniendo lugar de manera constante. Cada uno de los cambios que ocurren en el universo afecta de manera inequívoca al conjunto de lo que nos rodea. La diferencia es el intervalo de tiempo entre lo que podemos observar del cambio y notar sus efectos. Cuando un suceso ocurre, pese a no ser testigos directos de ello y no notarlo en el momento en que tiene lugar, sus consecuencias afectan o afectarán de manera indiscutible, mas al no conocer de dónde provienen los efectos que sentimos, le llamamos azar. Sin embargo, cuando un evento es observado, es debido a que notamos parte de sus efectos, y es eso lo que nos hace entender la fuente. Por tanto, ya está interfiriendo de manera directa sobre el observador. De esta forma, debemos suponer que: “Cualquier evento que podemos notar está teniendo efectos sobre nosotros, y cualquier evento que no podemos notar, los tendrá.” Aunque parezca inverosímil, esto nos lleva a comprender la sensación que tienes, y que subconscientemente comparto, de que el mundo está en un momento límite, en el que parece que no existe estabilidad alguna. No obstante, tan solo es una percepción subjetiva. En definitiva, es una impresión que tenemos debida a poder acceder a la información de manera instantánea. Con la tecnología actual podemos advertir eventos remotos, que de manera natural pasarían desapercibidos para nosotros, pues no alcanzaríamos a enterarnos nunca de que han tenido lugar dado el escaso impacto que tendrían sobre nosotros. Es así que no hemos de ser más empíricos, reaccionando y dejándonos condicionar mayormente por los eventos que experimentemos de manera propia, dejando al margen aquello que, pese a saber de su existencia, no deje testigos observables de su incidencia. Dicho de otra manera: “Para dejarnos condicionar por un suceso debemos de entender la escala en la que seremos afectados por él, pues de ser escasa o nula, el evento únicamente afectará para la previsión de otros subsiguientes.” En esencia, cuando nos enteramos de una noticia, debemos notar y controlar la sensación producida por la exposición a ella. En el medio natural, contexto del humano primitivo (Hommo sapiens) que aún somos, el sujeto se dejaba influir por toda la información que le llegaba, tanto en su psicología como su fisiología, pues en dicho contexto, cualquier cosa que advirtiera podía tener efectos inmediatos o a corto plazo sobre él. Si veía humo desde una colina, ese fuego podía extenderse hasta su asentamiento. Si oía el grito de alguien, podía ser el de un miembro de su grupo o tribu. Si olía el petricor de la tierra mojada, sabía que llovería. Sin embargo, hoy las noticias tienen el mismo impacto sobre el humano, mas por otro lado, aquello que acontece no siempre tiene una repercusión notable, dado que las noticias pueden hacer alusión al suceso del vecino o a desastres casi bíblicos a miles de kilómetros. Es indiscutible que el humano ha evolucionado algo durante los últimos treinta mil años, sin embargo, el desarrollo de las tecnologías comunicativas es mucho más rápido que el proceso evolutivo natural. Ha sido así como poseemos conocimientos y métodos de mantenernos informados que superan la capacidad de gestionar dicha información y las emociones que nos produce. “La tecnología avanza más rápido que la capacidad para adaptarnos a ella, emergiendo inconvenientes imprevistos de lo que pretende ser útil.” El instinto para buscar información, o sea, la curiosidad, ha sido un elemento crucial para la supervivencia del humano como especie. No obstante, esto torna a nuestra naturaleza en nuestra contra, concretamente en el momento en que disponemos de maneras para obtener toda la información que queramos y carecemos de métodos para contender con ello. Es por ello esencial ser capaces de discernir qué parte de esa información que nos llueve es relevante y cuál no, basándonos en nuestra previsión y centrándonos en la dimensión y magnitud en la que nos afectarán los eventos de los que se nos informa. Con esto de base, respondo a tus preguntas: Gran parte de la sensación que tenemos de estar al límite se debe únicamente a la incapacidad de contender con la información que nos llega, siendo una cantidad notablemente mayor a la que tendríamos en un medio natural. No obstante, y sin lugar a dudas, un cambio repentino podría tener lugar. Con la ciencia en la mano, esto es plausible y deberíamos estar mínimamente preparados para ello y/o para minimizar sus efectos. Sin embargo, en el presente, para que ocurriese un colapso profundo de la sociedad moderna, tendría que haber un cataclismo tecnológico, donde se manifestase de manera notable la presente dependencia de la tecnología digital que padece el ser humano. Hablando de manera general, ante una situación apocalíptica, el humano, como animal que es, tiende a dar prioridad a la supervivencia del individuo, pretendiéndose asegurar los recursos básicos a toda costa. Una vez sus necesidades básicas queden cubiertas, pasaría a establecer lazos sociales. En unos días, tras un colapso profundo, los individuos supervivientes con mayores recursos y comodidades adquiridas tienden a organizar grupos a su alrededor, sostenidos o inicialmente coordinados por ellos. Estas comunidades son el germen de nuevas sociedades de mayor escala, que interaccionan entre ellas con todo lo que eso implica. En definitiva, en un par de meses, se crearía una sociedad arcaica que, independientemente de la tecnología de la que dispusiese, sería plenamente funcional. Claro está, si lo permiten las condiciones del medio ambiente donde se desarrollase. Ahora, hablando en el contexto específico del conflicto marcial, esta tipología de colapsos sociales se han visto y se pueden ver en las zonas de conflicto, a lo largo y ancho del mundo, durante los primeros estadios de un conflicto armado. Todos los grupos sociales y etnias que he podido estudiar han actuado de manera muy similar ante un evento de una magnitud apocalíptica para ellos, como podría ser una invasión repentina, un saqueo masivo o un levantamiento por las armas de un régimen totalitario. En primera instancia, tal y como digo, ante el impacto del cambio drástico, siempre se ha vuelto a ese estado animal y primario de los individuos, que llevados por el miedo, actúan de manera visceral ante las necesidades, entendiendo a los congéneres como competidores en cualquier campo, mientras no se tengan unas necesidades mínimas cubiertas, donde entran la supervivencia propia y la de la prole. Obviamente, dada nuestra naturaleza racional, siempre hay excepciones a esto, que en este caso son sujetos que se mantienen fríos ante la situación, pretendiendo obrar de manera reflexiva. No obstante, esa actitud serena, en según que contextos de incertidumbre, genera muchas posibilidades de ser víctima de otro u otros con menos raciocinio. Luego, una vez que el primer impacto queda atrás, los individuos comienzan a colaborar, y con ello me refiero a interaccionar entre sí para determinar entes más elaborados. En dicha interacctuación está implícita tanto la jerarquización voluntaria como las luchas por el poder, en ocasiones con una violencia mayor que la que se aplica contra el opositor. Cosa que, paradójicamente, ubica a los individuos que pugnan en el lugar más adecuado de la organización y, con ello, se genera estabilidad y se establece un orden que permite la función más eficiente del grupo. Una vez esto ha tenido lugar, comienza de nuevo la normal evolución de los acontecimientos. O sea, el crecimiento del grupo, la interactuación con otros grupos, la lucha por los recursos y la colaboración, teniendo todo ello su comienzo en el momento en que una de las tribus ha cubierto sus necesidades básicas de grupo y empieza a explotar o valerse de otras. Un individuo es un animal que, cuando se asocia con otros, conforma otro animal que llamamos grupo, y así ocurre en distintas escalas, llegando al ente más grande posible, que es el mundo al que apelas al principio, siendo este el último gran grupo posible que no se va a unificar hasta que aparezca un opositor común que nos haga entendernos como un único ser. Y aquí es donde entra la lógica del conocimiento como elemento universal de crecimiento, pues a mayor conocimiento poseído, mayor es la velocidad con la que un grupo se cohesiona y evoluciona, dando lugar a una mayor estabilidad que evitará el colapso de su estructura y posibilitará su supervivencia. En síntesis: “El impacto de un cambio sorpresivo hace que volvamos a ser simples individuos que, con el tiempo, se adaptan y asocian, creando entes mayores, que nos permiten sentirnos fuertes e inmortales, haciéndonos capaces de volver a caer en los errores que nos separan, siendo todo esto únicamente evitable a través del conocimiento.” – Entiendo la lógica. En el primer momento de incertidumbre, el instinto de supervivencia se activa, por lo que volvemos a priorizar esas necesidades básicas que a día de hoy ya se encuentran suplidas, por lo que queda espacio para el diálogo. Una vez resuelto esto, todo vuelve naturalmente al estado social que tenemos hoy. Gracias por la reflexión, Maestro. RECURSOS HONESTOS – Maestro, en alguna ocasión me he visto envuelto en un conflicto verbal con personas a las que no conocía por, simplemente, carecer de la misma información. Un ejemplo reciente es el de un chico que compró un producto a través de una web para venta de productos de segunda mano. El producto en cuestión llevaba la preparación necesaria para un uso efectivo, pues de otro modo, no sería posible su utilización. Al realizar la venta, pasados varios días, el comprador me contactó y me indicó que el artículo no funcionaba. Le expliqué que necesitaba aprovechar la adaptación que llevaba preparada, ajustada al elemento sobre el que se ensambla, para poder disfrutar de él, ya que recién salido de tienda, su uso es imposible. A pesar de explicar el proceso, que apenas llevaría unos minutos, no parecía aceptar mis palabras, por lo que, por más detalles y facilidades que le di, aportando la información veraz, contrastada y comprobada por mi experiencia en el mismo contexto, no conseguí extinguir el conflicto. Entiendo que esta situación es fácilmente extrapolable a otros contextos; por ejemplo, la violencia explícita aplicada en un atraco fortuito, que por la naturaleza de la situación, impide el diálogo. Tras reflexionar en numerosas ocasiones respecto a esto, saco la conclusión de que solo la cesión ante el interés ajeno extingue el conflicto. No obstante, quisiera saber si, en su experiencia y opinión, existe otra alternativa por la que se extinga el conflicto, a partir del diálogo y/o compartir información, que extinga el problema sin tener que ceder ante la voluntad de un opositor. – Javier, nuestro tiempo es la única riqueza que tenemos, que además es imposible o exageradamente difícil de multiplicar. Sin embargo, sí es posible aprovecharlo o usarlo de manera más eficiente. En un breve resumen, ante el conflicto que me planteas, la mejor opción es ceder tras pretender de la manera más educada posible hacer entrar en razón al opositor. Hemos de tener en cuenta que, en ese contexto, la cesión a los intereses del otro no supone un perjuicio notable. En el caso que comentamos, si la resolución del conflicto tomara más tiempo que la cesión ante el otro, será más eficiente claudicar, dado que respecto a nuestros intereses particulares habrá una menor inversión de esfuerzo. No obstante, debemos de entender la situación dentro de un sistema global y en una mayor escala a la nuestra. En ese caso, por compromiso con el resto de individuos que componen la sociedad, deberemos poner más carne en el asador para que, lo que sea honesto, tenga lugar. De esa manera el opositor tendrá la posibilidad de darse cuenta de su error, algo que hemos de entender como un ejercicio de iluminación, facilitando que el otro tenga la información pertinente. Sin embargo, como acertadamente dices, puede darse y se dará el caso de que el contrario no tenga intención o posibilidad de hacer uso de la información que le brindamos, y con ello, sea imposible hacerle entrar en razón. Es en ese momento donde termina nuestra responsabilidad para con el resto de la sociedad. Siendo ahí donde hemos de sopesar si es más eficiente seguir pretendiendo la resolución del conflicto a nuestro favor o la retirada táctica ante un opositor que no teme a nada. Desde mi punto de vista, experiencia, así como mis acciones pasadas y presentes, lo ideal es pretender la resolución del conflicto aportando información para disminuir el contraste de intereses. Si no es posible eso, honestamente pienso que sigue siendo eficiente zanjar el tema asumiendo menos ganancias de las inicialmente esperadas. Más si cabe, teniendo en cuenta que aprendemos una lección con su respectivo valor, en la que podemos vislumbrar con qué estereotipo de individuo no debemos interaccionar por el potencial riesgo de generación de un conflicto del que no podemos salir plenamente airosos. De esta manera entiendo que: “Prefiero un opositor sabio y fuerte que uno estulto y débil, pues este último no cesará en su ofensa, pues ni tan siquiera entenderá cuándo ha ganado.” Voy a explicar la manera de generar ventaja de la beligerancia del opositor con la geometría propia de los medios de la Esgrima Láser. Cuando la hoja de un opositor está agregada a la nuestra, privándonos, se podrá dar el caso en que dicho individuo pretenda la disposición de nuestra hoja, imponiendo fuerza sobre ella. Lo más eficiente en ese momento para nosotros será divertir la hoja opositora, dejando a la nuestra que ceda ante la presión recibida. De esa manera, el opositor estará siendo esclavo de su propio vector de inercia, mientras nuestra hoja queda con potencia de obrar, permitiéndonos actuar cuando sea ideal, dado que nosotros no estamos ejerciendo fuerza sobre ella. Dicho de otra manera: “Cuando el paciente proceda a disponer la hoja agente, el agente divertirá, aprovechando que el paciente quedará preso de su movimiento y presión, mientras el agente tendrá libre disponibilidad de su hoja, quedando en potencia de obrar.” Eso mismo ocurre en un conflicto de cualquier índole. Cuando el opositor esté ejercerciendo fuerza sobre nosotros, seremos nosotros quien posea la iniciativa, dado que él estará obrando para conseguir su propósito de imponerse. Este es un recurso que se usa como elemento táctico en el área de la dialéctica. Consiste en generar una situación que al paciente le resulte sumamente incómoda, tanto como para que le sea inevitable luchar contra ella. Mientras tanto, el agente cederá a la resistencia del opositor en unos determinados vectores, mas no en todos, habiendo ganado terreno a su interés en las áreas que el paciente no ha podido tener en cuenta durante su forzosa resistencia. Por ejemplo, imaginemos que un grupo de gente se dedica a hacer escobas, de lo cual no paga ningún impuesto. El cobrador de impuestos se acerca a sus negocios y les pide el total control de sus fábricas. Estos se niegan, y de manera manifiesta, se oponen al mandato, luchando y evitando cualquier elemento de control con resistencia férrea. Ante ello, el cobrador aparenta claudicar y les propone tan solo pagar una fracción muy pequeña de lo que pretendía inicialmente. Los escoberos, absortos en su lucha, consideran que pagar un impuesto mínimo es una victoria. Al final, el cobrador ha ganado la porción que pretendía, y además, los escoberos creen que han sido los verdaderos triunfadores de la lucha. En esencia: “Cuando se resiste contra una fuerza se genera naturalmente un deseo de cesar en la oposición, que podrá ser usado por el contrario para negociar los términos del cese, habiendo ganado lo que inicialmente pretendía.” Este recurso táctico es un elemento que se puede explicar con vectores: Si dos objetos se mueven por vectores que se intersecan perpendiculares, la magnitud de la desviación tras la interacción es la máxima posible. Sin embargo, si uno de los objetos cede la presión de su vector a la presión generada por el contrario, tendrá la oportunidad de acomodar a placer el ángulo de las trayectorias resultantes así como la potencia de una intersección futura. Respecto a lo que me preguntas: “¿Existe otra alternativa por la que se extinga el conflicto, a partir del diálogo y/o compartir información, que extinga el problema sin tener que ceder ante la voluntad de un opositor?” Sí, existen varias posibles, con base en el carisma. A grandes rasgos, aquí expongo cuatro posibles soluciones al conflicto que me planteas: Primera solución: previsión Hacer un análisis previo del contexto y, como siempre, ser capaz de predecir la posibilidad de que el conflicto emerja, evitando las situaciones en las que pueda tener lugar. Como siempre digo, esto es un ejercicio exageradamente profundo, que además no podrá tener garantía de éxito. En cualquier caso, en contextos tan domésticos como son normalmente las relaciones civiles de compra-venta, se puede hacer un estudio previo del contrario, sin temor a cancelar el trato en caso de que exista cualquier indicio de irregularidad o potencial problema, antes o durante el proceso. Esto puede ser así por la escasa implicación que tiene la venta de un artículo menor, tanto en nuestra economía como en nuestra función diaria. “La previsión disminuirá la posibilidad de que emerja el conflicto y aumentará la potencia de controlarlo.” Segunda solución: intimidación Una vez el comprador manifieste su disconformidad, elevar el conflicto de manera superlativa. Esto generará un clima de asombro sobre el comprador que le hará receptivo ante una propuesta más mesurada y acorde a los intereses de ambos. No obstante, la intimidación no será una conclusión plena, sino que dará lugar a la retirada del opositor, quedando el conflicto abierto, y por ende, existiendo la posibilidad de que se manifieste de nuevo. “La intimidación exitosa hará que el opositor se retire del medio, quedando inconcluso el asalto y/o conflicto.” Tercera solución: empatía inducida Apelar a la capacidad de empatía del opositor se puede llevar a cabo manifestando, sin mentir en ningún caso, con solemnidad y artístico dramatismo los eventos recientes que motivan la venta, las dificultades del proceso y los elementos condicionantes que dificultan la vida de aquel que pretende zanjar el conflicto. En esencia, el opositor entenderá fuera de lugar seguir usando la fuerza sobre alguien tan desvalido y con tantas trabas. Siendo así, el paciente que compra comenzará a entender asumibles ciertas pérdidas en sus intereses, por creerlas menores que la pérdidas que está teniendo o tendrá el agente que vende. “Inducir la empatía ofrecerá la posibilidad de minimizar el conflicto, apelando a las emociones del paciente, que tenderá a decrecer en la contundencia de su oposición.” Cuarta solución: divertir Una solución, en muchos casos válida pese a que tu quieras prescindir de ella, es la de ceder ante los intereses del otro, sin miedo, previniendo y entendiendo las posibles consecuencias de ello. Pues retirarse del conflicto no es abandonarse a la desidia, sino establecer un nuevo punto de partida sólido, donde la ventaja táctica sea mayor. “Ceder ante el opositor facilitará la extinción del conflicto, asumiendo el sacrificio.” Espero que esto te pueda servir de ayuda en futuras situaciones, que muy a mi pesar, vivirás. No obstante, te insto a que aproveches cada una de ellas para practicar, acomodar e interiorizar la metodología, haciendo más eficiente el control del conflicto. – Agradezco la luz arrojada al asunto, Maestro. Sin embargo, me queda una duda respecto a todo lo anterior. Entendemos que compartir una información veraz, honesta y sin ninguna pretensión oculta da pie a un diálogo sincero, donde ambos entes disfrutan de una oportunidad en la que sus intereses pasan de ser linealmente perpendiculares a, con suerte, paralelos. Los enfoques anteriores, bien sean con argumentos, bien sean con acciones, me plantean una disyuntiva: o bien somos capaces de generar el éxito dentro del contexto honesto donde la información se comparte, o bien hacemos uso de algún tipo de artimaña con la que conseguir un interés propio, meditado previamente o de forma improvisada, con el que hacer creer al otro que todo se mueve en un canal transparente, cuando en realidad, todo es orquestado por nuestra astucia. En tal caso, ¿no estaríamos renunciando al carácter honesto del traspaso de información en pos de un conocimiento ya filtrado y parcialmente modificado por nuestros propios intereses? Dicho lo cual, ¿qué resulta más valioso para la humanidad y la expansión del conocimiento? – En esencia, el objetivo a cumplir para evitar el conflicto es que nuestros intereses coincidan, en la mayor medida posible, con la pretensión de obtener el conocimiento y expandirlo. Será así que seguiremos siendo honestos cuando persigamos una determinada gesta pretendiendo evitar el conflicto, dado que nuestro propósito no es otro que el que aparentamos, y además, universal: sobrevivir. La naturaleza pretende, tal y como hacemos nosotros, la perpetuación de la información y del conocimiento, y esto lo hace por medio del interés genuino de la supervivencia de los individuos y su descendencia. Por ejemplo, cuando una madre actúa de manera instintiva para proteger a su hijo se está manifestando el mecanismo natural que pretende asegurar que la información genética y cultural se conserve, así como una ganancia en el potencial de expandirse. Igualmente ocurre cuando esa madre se protege a sí misma, dado que esto es un acto que le asegura proteger y seguir criando a su hijo, existente o futuro. Tanto es así, que cuando una madre humana pierde a su prole, en una mayoría aplastante de los casos, la depresión le inunda, haciéndole sentir que su vida ha perdido el sentido de ser, condicionando su intelecto con intenciones autolíticas. Dicho esto, te contesto: “Seguimos siendo honestos cuando usamos "artimañas" y "tácticas" conscientes para influir sobre la cognición del opositor, siempre que el objetivo sea el común.” Me explico: Cuando nosotros buscamos voluntariamente la reorientación de los vectores de los intereses propios y del opositor, estamos evitando el conflicto de una manera eficiente. Puesto que el conflicto es un evento emergente que no beneficia ni a agente ni a paciente, cuando tomamos el control de la dirección de los intereses estamos obrando a favor de todos los implicados. “La honestidad de nuestros recursos no depende del elemento usado, sino del impacto sobre el opositor y del propósito con el que se esgrime.” Siempre que los métodos para la reubicación de los vectores no incidan negativamente en el estado presente del opositor, dichos métodos serán proporcionales a la situación y no se estará manifestando el uso de la fuerza. En definitiva, estos recursos podrán considerarse honestos por manifestar el interés universal de minimizar el conflicto, puesto que ese es el interés último de todo ser vivo, al aumentarse con ello las posibilidades de la supervivencia. En caso de que el opositor paciente advierta las maniobras del agente, se creará un debate donde ambos podrán usar herramientas honestas y sustentadas en la veracidad para contravenir los cambios de dirección en los vectores que pretenda el opositor. Estas herramientas usadas han de ser honestas y veraces, tal y como digo. Y no habrán de serlo por una cuestión ética o moral, sino porque harán más eficiente su uso y la administración de ello tras el debate. Esto es así por tres motivos: Solidez: La solidez aplicativa tendrá lugar cuando un argumento se entienda como verdaderamente honesto, dado que posiblemente está madurado en la mente de quien lo esgrime, así como probablemente contrastado, y por tanto, tiene muchas posibilidades de resultar más firme en su exposición, más sólido en la aplicación y más cercano a la veracidad de lo experimentado, al menos, desde la perspectiva del que lo usa. Previsión: Cuando un argumento es honesto será más previsible aquello que acontezca tras su uso, dado que el agente habrá experimentado con anterioridad los efectos de dicho razonamiento. De esta manera, se podrán adelantar los efectos y las reacciones en el paciente, permitiendo una mayor eficiencia en el debate, alejándose de la manifestación de la fuerza. Resiliencia: El agente que esgrima argumentos sólidos, que entienda humilde y sinceramente como válidos, quedará exonerado de los efectos de su uso, pues al obrar de manera honesta, tendrá mayor capacidad en el futuro de comprender sus errores, de administrar las consecuencias y de maximizar la detección de fallas en su obra, que podrá subsanar para hacerse más eficiente en próximas intervenciones. En caso de que un paciente esté usando la fuerza, será obligación del agente seguir esgrimiendo todo recurso disponible para minimizar la escala del conflicto, pretendiendo su más rápida y eficiente extinción, cumpliendo esto con los intereses honestos de ambos implicados. En síntesis: “Cuando se debate con el propósito de llegar a una conclusión, por medio del carisma, evitando el uso de la fuerza, se hará uso de cualquier argumento honesto que se disponga, siempre que este siga la dirección del interés común y no ejerza fuerza frontal o perpendicular sobre los intereses del opositor.” Siempre que exista el mínimo interés común entre agente y paciente, que será el de seguir operativos para continuar con su función, el agente podrá usar todo aquel útil que impida la génesis o permita la resolución del conflicto, evitando el uso de la fuerza, pues dicho método estará afectando positivamente a ambos implicados, aumentando la potencia de que, tras el contacto, puedan seguir trabajando por el crecimiento y expansión del conocimiento universal. “Será honesto cualquier elemento usado con el propósito de minimizar el conflicto, pues esto es un interés universal.” – Entiendo que cualquier recurso es viable siempre que se use con la sincera intención de desescalar hasta extinguir el conflicto, pues un conflicto activo, cuando se manifiesta a través de la fuerza, no beneficia a nadie. Gracias, Maestro. DE LA GUERRA Y EL GUERRERO En su primera acepción, la Real Academia Española (RAE) define la guerra como “desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias”. Paralelamente, la misma RAE define al guerrero como aquel “perteneciente o relativo a la guerra.” Si estudiamos el conflicto, como contraposición de intereses entre dos entes conscientes y sabedores de su actitud aplicada a una praxis concreta, podemos inferir, sin mayor esfuerzo, que es en la guerra donde podemos analizarlo en su máximo exponente. Los medios de comunicación que en el presente nos bombardean con información de todo tipo nos afirman que son los soldados de X nación o los mercenarios de X grupo los que actúan en un escenario bélico. El ejemplo de guerra más reciente y claro es el enfrentamiento entre Ucrania (apoyada por la OTAN) y Rusia que actualmente se está desarrollando en Europa en el momento en que escribo estas líneas. Podríamos entender el conflicto que subyace a este evento desde dos perspectivas: – Por un lado, la contraposición de intereses entre un estado y otro, cada uno con sus argumentos, como consecuencia de la explicación y razonamiento de sus motivaciones frente al opositor, con un entendimiento frustrado, que enfrenta los ideales de aquellos que dirigen ambos países. – Por otro lado, el contexto al que me quiero referir en este capítulo, reduciendo el conflicto a uno contra uno, existe el conflicto entre aquel uniformado (o no) y un opositor de un bando distinto. Profundizando más en este segundo ejemplo, aquella persona que porta un arma de fuego bajo unas órdenes, y que ejecuta actos donde la violencia está implícita, estaría participando en dicha guerra, sin embargo, como apuntaba antes, los medios de comunicación denominan como “soldado” o “mercenario” a aquellas personas que así actúan en dicho escenario. – Quisiera preguntar, Maestro, si, en su experiencia, un soldado, un mercenario y un guerrero son significantes con idéntico significado. Mi experiencia a partir de la formación recibida en la Academia de Esgrima Láser me hace pensar que nada tienen que ver. Con todo, me gustaría tener bien clara dicha diferencia y, además, qué papel tendría cada uno de ellos en el conflicto, bien sea un rol consistente en acrecentar el conflicto, extinguirlo o, simplemente, aprovecharse de él, sin influir en su desarrollo natural. – Atendiendo a las socráticas maneras de las que espontáneamente tiendo a hacer gala, hemos de comenzar describiendo o puntualizando aspectos fundamentales del debate. Será de ese modo que podremos comprender de forma común los términos que usamos, facilitando notablemente el acuerdo. Comencemos por entender qué es la guerra: Como con acierto apuntas, la RAE señala que la guerra es una desavenencia o una ruptura de la paz entre dos o más potencias, cosa que considero ambigua, pues es tan amplia dicha definición del término que poco o nada alcanza a concretar. Sabiendo que incluye más acepciones que complementan a esta, hemos de tener en cuenta que la RAE es una institución dedicada a observar y facilitar que la mutación orgánica de la lengua española no la haga perder su coherencia. Siendo así, las definiciones de la ilustre entidad no tienen como objetivo ser precisas en campos específicos de estudio, pues la institución vela por concretar un lenguaje estándar, en ningún caso por el desarrollo de los conceptos técnicos que sostienen definiciones mucho más concretas, necesarias para áreas especializadas. Quede claro que en mis palabras tan solo hay agradecimiento para la entidad de las letras, dado que su trabajo ayuda notablemente a todo hispanoparlante. En definitiva, las acepciones de la palabra “guerra” que la RAE ofrece son veraces y acertadas en un plano general, sin embargo, resultan escasas para la profundidad con la que trataremos el tema. Es ahora que, humildemente, debo exponer mi perspectiva sobre cada uno de los elementos que componen la definición de la RAE. La RAE habla de desavenencia o rompimiento de la paz, en la acepción primera, de la que tú haces uso. Desde mi prisma, para que un desacuerdo se convierta en guerra, ha de ser expresado por, al menos, dos de las partes implicadas, existiendo una oposición manifiesta en la que ambos estén sufriendo los efectos de las obras contrarias. Esto es así puesto que en la mera desavenencia no queda implícita la confrontación ni el uso de la fuerza en contra del otro, sino que únicamente está presente la oposición, la discordia o la contrariedad, según la misma RAE. Luego, las mayúsculas y las minúsculas usan la palabra “potencia”, de la cual nos valemos para describir la capacidad operativa, ejecutiva y organizativa que suele tener un estado que, de manera relativa, posea poder notable en cualquiera de los ámbitos posibles. Por mi parte, conservando la posibilidad de errar y siempre sujeto a mi experiencia académica y vital, de manera técnica y precisa en este contexto que nos atañe, entiendo que: Guerra: “La guerra es la manifestación ejecutiva del conflicto en la escala sociológica.” Explicando esta acepción, la guerra ha de ser una consecución de actos en los que uno o más de los intervinientes sean conscientes de la situación; es por ello que la guerra ha de ser una manifestación de la oposición. Adicionalmente, dicha manifestación ha de ser ejecutiva, pues será fundamental la intención de atentar contra la integridad del ente opositor, ya sea de manera subyacente o explícita. En lo que a la escala se refiere, históricamente han existido distintas maneras de apelar al conflicto manifiesto, dependiendo del nivel al que tuviese lugar. Hablando del enfrentamiento físico, la escala menor se podría entender como riña, estando protagonizada por un número muy escaso de efectivos, en los que las armas que suelen usarse son improvisadas o especialmente destinadas a los efectos contra persona. Algo mayor en esta escala sería la escaramuza, que es un enfrentamiento de un grupo reducido de efectivos contra otro o contra un ente de mayor envergadura. En la escaramuza, las armas usadas son de tipo instrumental o conceptos específicamente destinados a la función ejecutiva, o al menos, adaptados exprofeso para ello. En una escala aún mayor, tendríamos la batalla, que se conoce como un enfrentamiento concreto entre unidades compuestas por un número considerable de individuos.
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