“El Furasshu teórico es el arquetipo de Furasshu, que resultará humanamente inalcanzable por su excelencia en la humildad, honestidad, sabiduría y coherencia”. Esta figura es absolutamente virtual, pues no habrá sujeto capaz de alcanzar la excelencia que se le atribuye. Esto es debido a que es un mero destino al que avanzar, sin poder jamás alcanzarse, que podrá guiar la orientación de los pasos. Esto se debe a que el ser humano no es capaz de ser absolutamente perfecto en su relación con el entorno, tal y como no lo es en el contexto de la oposición. En esencia, el humano está sujeto al error potencial. Por ende, en mayor o menor medida, siempre existirán decisiones llevadas por la falsedad, la ignorancia, la soberbia o la contradicción. Siendo así, existe la figura del Furasshu material, que resulta ser un arquetipo de Furasshu, en el que se tienen en cuenta ciertos márgenes de tolerancia, previendo errores y desaciertos, propios del ser humano. Es importante entender esto, pues es lo que convierte al Furasshu en una figura humana, que sí podrá ser alcanzada si asumimos un margen de tolerancia. Esta tolerancia, ante la imposibilidad de la perfección, también hace al Furasshu material examinable y reconocible por otros humanos, permitiendo que alguien pueda asistir a otro a alcanzar ese grado u entregárselo. “El Furasshu material es el arquetipo de Furasshu resultante de asumir la existencia imperfecta de la naturaleza humana”. Es aquí donde la cosa se torna notablemente compleja, pues la dimensión de dicha tolerancia no podrá ser definida, haciendo que la magnitud de lo tolerado dependa marcadamente del carisma de quien se postula o yergue como Furasshu, pues también son humanos aquellos que lo forman, examinan y reconocen. Y así, todo vuelve al comienzo, pues hemos de asumir que los humanos nos movemos por estímulos, que generan reacciones irracionales que dominan sobre lo racional. Por lo tanto, hemos de asumir que habrá factores que aumenten el nivel de tolerancia con un sujeto y lo disminuya con otro. “A mayor carisma de un sujeto, mayor tolerancia habrá con los errores generados en su función y obra”. Al fin y al cabo, el Furasshu es una figura humana, creada por humanos y regida por una filosofía propia de estos. Es así que el Furasshu queda sujeto a los sesgos cognitivos del humano que lo observa, debiendo cultivar su principio de humildad, honestidad, sabiduría y coherencia, pues a mayor completitud en ello, mayor tolerancia existirá ante la posibilidad y emergencia del error. “A mayor inmersión en los principios del Furasshu, mayor tolerancia al error y menor potencia de este”.   – Comprendo la síntesis, Maestro. A mayor capacidad estoica, más cercano se encontraría uno del Furasshu teórico, todo ello, trabajando en los límites humanos que cada uno adquiere a lo largo del periplo de sus propias vivencias. Gracias. EL FURASSHU Y EL ESTOICISMO  El estoicismo, escuela filosófica fundada por Zenón de Citio en el siglo III a.C. y desarrollada sucesivamente desde su nacimiento hasta por el mismísimo emperador romano Marco Aurelio, nos insta a alcanzar la plenitud sin depender de nada ni nadie. Todo se rige por una razón universal; en el caso del Furasshu, es evidente: la expansión del conocimiento de la forma más eficiente posible, generando más conocimiento aún y evitar así nuestra propia extinción. Tal planteamiento, que casa perfectamente con el de otras escuelas filosóficas como, entre otras tantas, la cínica, fundada por Diógenes de Sínope, la cual invita, en el seno de la Academia de Esgrima Láser, a no tener apego por lo material, pues cuanto menos apego se sienta hacia lo material, menos vulnerables seremos, y por tanto, más concentrados podremos estar en el cumplimiento de nuestro deber de iluminar.  – Maestro, si bien tengo clara cuál es la función del Furasshu y todas las fuentes filosóficas tratadas en la Academia que nutren nuestra formación, entiendo que es necesario matizar cuáles serían los límites del estoicismo, y la disciplina que acompaña, del Furasshu material. Por tanto, quisiera preguntarle, ¿cómo identificar aquellos elementos, materiales o no, de los que un Furasshu ha de valerse para desarrollarse en este propósito? – En primer lugar, entiendo que hemos de ser rigurosos, y diferenciar qué es el apego, y con ello, entender las diferencias entre lo que se puede considerar como tal y lo que resulta ser simplemente el acto de valerse de lo que se posee. Apego: “Inercia irracional a mantener una propiedad o posesión.” El apego es una tendencia a mantener la relación con cosas o seres que nos ha sido profundamente útil en nuestras sociedades arcaicas, donde existía la necesidad de luchar por lo nuestro y los nuestros. Por otro lado, en el presente, y analizado de una manera racional, el apego hará que sintamos la necesidad de mantener la posesión, llevándonos a trabajar activamente para conservar el vínculo o propiedad, lo que no siempre resultará funcional, pues es posible que la utilidad de aquello ya no esté presente. Esto hará que, por culpa de atribuirle a algo un valor adicional a su utilidad, tengamos que invertir un esfuerzo para conservarlo, haciendo que resulte ineficiente contar con ello. En una gran mayoría de las ocasiones, el apego es resultado de haber tenido experiencias consideradas como positivas que se vinculan a un elemento o sujeto concreto, lo que hace que nuestro instinto tienda a unir dicho ente con las emociones positivas sentidas. En esencia, el apego resulta ser una manera en la que nuestro inconsciente nos vincula a un determinado concepto, ya sea material, abstracto o un ser vivo, de manera que tenderemos a conservarlo más allá de lo que aporte o asista a nuestros intereses. “El apego es una tendencia a mantener lo que tenemos.” Cuando sentimos apego sobre algo, existe una tendencia a hacerlo nuestro, pues creemos que cuidándolo, teniéndolo cerca y/o limitando la relación con otros, podremos disfrutar con mayor amplitud o profundidad de sus bondades y utilidad. Es aquí donde hemos de definir qué es una propiedad, pues su naturaleza es definitivamente distinta a lo que se puede entender en primera instancia. Propiedad: “Propiedad es aquello sobre lo que un ente tiene responsabilidad plena.” La propiedad de un sujeto emerge de aquello sobre lo que adquiere y tiene responsabilidad, haciendo que el vínculo sea dependiente del grado de responsabilidad adquirido, y por ende, la propiedad podrá ser total, parcial, común o particular, dependiendo de quién y cuántos son los responsables. Pongo un ejemplo de esto: Imaginemos que existe una casa abandonada, en la que sus dueños legales no reparan. Un día, a ella llega una familia, que entendiéndola olvidada, la restaura, cuida y protege durante años. Pasado un tiempo considerable, un dueño legal aparece, demostrando su propiedad, exigiendo que la familia se marche de la casa. Es inequívoco que la casa fue de la familia mientras habitaron en ella, pues eran los que adquirieron responsabilidad sobre el inmueble. Sin embargo, cuando el dueño legal apareció, la responsabilidad real de la casa volvió a él, por ende, los inquilinos dejaron de ser los dueños, dado que si ocurriese algo, el dueño legal sería quién soportaría los inconvenientes. Esto hace que, aplicando la razón, la familia deba dejar la casa, pues al no tener responsabilidad sobre ella, tampoco tienen derecho a su uso. Sin embargo, en caso de que la familia decida oponerse a dejar la casa, el dueño legal deberá valerse del uso de la fuerza para obtener su propiedad, pues si realmente es suya, tiene responsabilidad sobre ella, y por ende, deberá protegerla y confrontarse con quién decida cuestionar la propiedad. En sociedades arcaicas, el uso de la fuerza tendría lugar por parte directa del dueño, mas en una sociedad culta, existirán individuos designados para imponerse por la fuerza, de forma más eficiente, representando los intereses de una comunidad. “Si algo es realmente nuestro, habrá de ser protegido, de lo contrario, no será nuestra propiedad.” Es innegable que la propiedad de la casa genera ciertos inconvenientes para el dueño legal, que de no reportarle provecho, sería un lastre notable. En cualquier caso, la propiedad de la casa pasa a ser de aquel que pueda proteger su responsabilidad sobre ella. Por ende, se puede entender que tan solo podemos afirmar que poseemos aquello que podamos proteger, pues cuando no sea así, únicamente sufriremos por ver cómo nuestras supuestas posesiones son violadas por otros con impunidad, pues nuestra responsabilidad está presente sin poder manifestarse el ejercicio de protección. Es, por tanto, en ese contraste donde tendemos a sentir pena, pues se sufre cuando algo sobre lo que tienes responsabilidad no puede ser protegido. Igualmente, la protección puede resultar disfuncional, pues puede dar lugar a conflictos que superen el rendimiento de la propiedad. Siendo así, el apego a algo que no nos pertenezca será fuente de ineficiencia en nuestro desarrollo. Por tanto, habremos de poseer sin sentir apego y sin miedo a perder cuando la responsabilidad no pueda ser sostenida. “Apegarse a las posesiones será ineficiente.” De esa manera, hemos de poseer únicamente lo que podamos proteger, de lo contrario, el apego nos hará sufrir por incertidumbre o la violación constante de lo que entendemos nuestro, sin serlo realmente. “Solo es tuyo aquello que puedas proteger.” Dicho esto, deberemos adquirir responsabilidad sobre lo que sepamos que será funcional y que nos pueda ayudar a aumentar la eficiencia de nuestra relación con el entorno, pues la relación con nosotros mismos ha de estar exenta de cualquier elemento exógeno para aumentar la posibilidad de adaptarnos y de mantenernos firmes ante las adversidades. Es importante que no sintamos apego hacia nuestras propiedades, pues en cualquier momento habremos de ser capaces de exonerarnos de la responsabilidad sobre ellas para adaptarnos al contexto, que será inevitablemente cambiante. “Se deberá poseer únicamente lo que sea funcional, aumentando la eficiencia en la adaptación al entorno.” Dentro de las cosas sobre las que no debemos sentir apego estarán las ideas u opiniones sobre algo. Sentir una tendencia a proteger conceptos estáticos será profundamente ineficiente, pues en el ejercicio del aprendizaje estamos constantemente añadiendo conocimiento nuevo, que cambiará nuestra perspectiva de manera notable, pudiendo hacer que reubiquemos el sentido de nuestros pensamientos, e incluso, que lo lleguemos a invertir en numerosas ocasiones. Apegarse a una perspectiva concreta sobre algo nos hará algo más impermeables al conocimiento nuevo, lo que retrasaría notablemente nuestro crecimiento general y, más concretamente, marcial. Sabiendo que siempre será cambiante y orgánico el contexto en que un sujeto operará, sentir apego a ideas hará que se retrase la adaptación, exponiendo al efectivo a eventos para los que no está preparado. Por tanto, evitar el apego a las ideas poseídas, hará más eficiente el ejercicio de la instrucción, del entrenamiento, o del desarrollo de estrategias y tácticas que apliquen a contextos de intervención reales. “Evitar el apego a las ideas poseídas hará más eficiente el aprendizaje, la instrucción, el entrenamiento y la intervención.” Te recuerdo que evitar el apego a lo material será una manifestación de humildad, sin embargo, también será profundamente funcional evitar el interés por la opinión de terceros. Esto es determinante, pues al no sentir constricción a los bienes poseídos ni a la perspectiva de otros, el Furasshu podrá desarrollarse eficientemente, sin condicionamientos ajenos que dificulten su crecimiento. No obstante, esto no implica que un Furasshu reniegue de las posesiones o no escuche la opinión de otros, sino que atenderá a ello con mesura, poseyendo lo que le sea funcional y escuchando para entender la imagen que está proyectando, como método de comprender la manera en la que influye sobre otros, siendo esto clave para poder trabajar su carisma. “El Furasshu entenderá que sus propiedades y las opiniones ajenas podrán ser útiles mientras no lastren el desarrollo.” En definitiva, los elementos de los que un Furasshu habrá de valerse serán aquellos que inequívocamente aporten eficiencia a su labor de aprendizaje y expansión del conocimiento, siendo mayor el provecho que la inversión. Ejemplo máximo de ello será el arma láser, dado que resultará un catalizador del conocimiento, símbolo de su destreza, e instrumento que le facilitará la aplicación de su conocimiento. “El arma de un Furasshu será la posesión que lo diferenciará, siendo causa instrumental de su existencia.” El arma láser representará la capacidad del Furasshu para expresarse, entendiéndose la luz de su hoja como el conocimiento que se posee. Por ende, dicho arma será una causa instrumental que siempre deberá estar presente entre las posesiones, pues es el único elemento diferenciador que existe entre el Furasshu y cualquier otro guerrero. De esta manera, se entiende que el arma, al ser un objeto inanimado, quedará dependiente del propósito del usuario para obtener su categoría, lo que exige que el Furasshu adquiera responsabilidad plena sobre ella, convirtiéndola en propiedad, dado que de cualquier otra forma, perderá la condición de arma, y por ende, el Furasshu se convertirá en un guerrero genérico. “El arma de un Furasshu será propiedad de este, siendo así como este guerrero adquirirá su particularidad.” El arma láser es de donde emerge la manera particular en la que un Furasshu enfrentará el conflicto, por lo que habrá de estar bajo su sabia responsabilidad, pues determinará la posibilidad de operar honestamente, con humildad y de manera coherente con su conocimiento atesorado. “El arma de un Furasshu será un elemento sobre el que tendrá responsabilidad plena, siendo símbolo de esta.” Por último, será el conocimiento la mayor de las propiedades que poseerá un Furasshu, pues este dará forma al arma y sentido a su existencia. El conocimiento hará que un Furasshu pueda, incluso, hacerse de otro arma, que pasará a ser su propiedad cuando la obtenga. Con ello, se posiciona al conocimiento como el elemento principal sobre el que se sostiene la figura del guerrero racional. No obstante, el conocimiento puede ser atesorado por un sujeto y compartido con otros, sin que esto suponga renunciar a él. En consecuencia, el conocimiento es una propiedad que puede y debe ser común. “El conocimiento será la propiedad máxima que ha de poseer un Furasshu.” El conocimiento deberá ser propiedad del Furasshu, pues tendrá responsabilidad sobre él, habiéndolo de proteger para asegurar su crecimiento y expansión, como un padre cuida de su hijo, que una vez es mayor, sale del hogar para ser libre. “El conocimiento y un arma láser serán las únicas posesiones necesarias que un Furasshu precisará para operar; lo demás se lo procurará, habiéndose de adaptar al contexto.” – Una respuesta, Maestro, que despeja todas mis dudas al respecto. Quedo agradecido una vez más por sus palabras. Será mi función hacer fluir el conocimiento y la utilidad de este de la forma más eficiente posible, haciéndome responsable tanto del proceso, como del catalizador de esto: el arma láser que iluminará allá donde sea necesario. EL FURASSHU Y EL SACRIFICIO  En anteriores capítulos de este libro hemos tratado los elementos esenciales que componen la figura del máximo representante de lo que en la Academia de Esgrima Láser se entiende como la referencia y modelo a seguir: el Furasshu. Con todo, me gustaría abrir un nuevo capítulo mencionando el concepto del sacrificio, el cual, hemos llegado a ver en el reino animal con la voluntaria muerte de una madre ante un depredador en pos de proteger a sus crías, por ejemplo. Estoy seguro de que podríamos indagar en la historia de la humanidad y encontrar así hechos similares, como lo narrado en la película “300”, inspirada en la Batalla de las Termópilas, o en la película de “Dunkerque”, que narra el desarrollo de la Operación Dynamo durante la 2º Guerra Mundial, por citar algunos ejemplos que me vienen a la mente. Si bien estos dos ejemplos pertenecen a una ficción que una parte considerable de la sociedad actual podría conocer gracias al cine, la realidad es que, pese a la ficción, se trata de hechos donde los seres humanos del mundo real arriesgaron sus vidas, o las dieron hasta exhalar su último aliento, en pos de un bien superior. Racionalmente, entendemos que “el sacrificio de uno vale menos que la vida de diez”, no obstante, aun obviando una cantidad ingente de matices en la anterior afirmación, existen momentos y gradientes en los que no resulta tan sencillo decirlo como hacerlo. Por ejemplo, no es lo mismo sacrificar la vida de una persona por una ventaja económica de un tercero, donde la moral nos dice que se trataría de una hipótesis inadmisible, que sacrificar parte de tu bienestar con el fin de dar mejor atención y cuidados a un hijo en pos de una mejor educación. – Maestro, dado que el concepto citado y su aplicación pueden dar pie a un diálogo interminable, me gustaría acotarlo con la siguiente pregunta: ¿en qué medida el sacrificio, en toda su extensión, se encuentra presente en la figura del guerrero y Furasshu, más allá de la difusión del conocimiento?  – Antes de nada, Javier, he de hacer una reflexión profunda sobre el sacrificio, pues de poco o nada vale divagar sobre términos que no comprendemos en profundidad. Explicado del modo más sencillo: el sacrificio se puede concebir como el total del esfuerzo que uno desarrolla para la consecución de un propósito concreto, sea de motu proprio, o por el interés de un tercero. Quiere decir esto que, cuando dedicamos tiempo a la consecución de una meta, dejamos al margen otros intereses que pueden surgir. Se considerará sacrificio cuando estos intereses desvíen o tiendan a desviar nuestra atención, labor o esfuerzo, pues será ese el momento en que se percibirá la acción sobre nuestro interés propio. Dicho de otra forma más llana y gráfica: Cuando pretendemos estudiar una disciplina no se percibirá sacrificio alguno de no haber tentaciones, distracciones u otros impedimentos notables sobre nuestro afán. Sin embargo, cuando estos condicionantes aparecen, se percibirá un esfuerzo considerable por mantener rígido nuestro esfuerzo en estudiar y practicar. Será este esfuerzo percibido lo que llamaremos sacrificio. Es por ello que el sacrificio parece estar menos presente cuando resulta lúdico el camino hasta la meta perseguida. Este sacrificio será notado como mayor cuando sea sostenido en el tiempo, dado que la capacidad de identificarlo será mayor cuanto más tiempo lo sintamos. “El sacrificio es la sensación de perder beneficios presentes o potenciales ante la idea de perseguir un propósito, y será más notable cuanto mayor tiempo se sienta.” Es por esto que la gestión de la docencia ha de hacer que el alumno se centre en aquello que disfruta, minimizando la sensación de sacrificio. Además, habrá de hacerlo en sesiones que parezcan cortas al alumno, dado que a mayor exposición al esfuerzo, mayor sensación de sacrificio. Explicado de una manera técnica, según la teoría de vectores: El sacrificio es el esfuerzo por mantener la orientación del vector de interés propio respecto a la dirección y sentido genuinamente pretendido del vector de interés. Esto puede tener lugar en mayor o menor medida, siendo el sacrificio percibido proporcional al desfase de dicho esfuerzo por la reorientación. Adicionalmente, el sacrificio puede ser acumulado, siendo la suma de las tendencias a los cambios en la dirección del vector de inercia de aquel en que se mide el sacrificio total. “El sacrificio es el esfuerzo por orientar el vector de inercia de un sujeto en favor de un propósito, pudiendo entenderse como la suma de todas las correcciones que hayan tenido lugar.” Cuando un sujeto se sacrifica por un propósito, propio o ajeno, el vector de su interés puede tender a desviarse ante estímulos y pasiones emergentes. Es ahí donde un sujeto comienza a ser consciente del esfuerzo que ha de hacer, pretendiendo mantener la linealidad de su vector de interés en sentido a su meta. Sin embargo, puede ocurrir que el sujeto se deje llevar por la tentación de abandonarse a placeres o intereses distintos a los marcados inicialmente, lo que llevaría a un desvío en el vector original, que cuanto más se extienda en su desarrollo, mayor será la reorientación que precisará en un futuro para volver a orientarse al propósito inicial. “A mayor desarrollo de una desviación del vector de interés original, mayor esfuerzo para la reorientación del vector hacia el interés original.” Esto dicta que lo ideal es acometer con una meta, asumiendo el sacrificio inicial, pretendiendo alcanzarla de manera directa, con las menores perturbaciones posibles, dado que estas aumentarán el sacrificio total necesario. “Mayor será el sacrificio cuanto menos directa sea la consecución del propósito.” Por todo ello, lo ideal es plantearse metas en las que se entienda disfrutable el proceso hasta alcanzarlas, dado que, de esa manera, la percepción de sacrificio será menor, y por ende, habrá menos implicaciones negativas en la recompensa. No obstante, el valor que se le atribuya a la recompensa será proporcional al sacrificio percibido. “El sacrificio dejará de serlo cuando no se perciba deseo de abandonar el propósito perseguido.” Esto crea la paradoja del esfuerzo, la cual dicta que: “Si algo resulta sencillo, no se valorará, mientras que las dificultades aportan valor a lo que no lo tiene.” Esto hará que se tienda a disfrutar el camino hacia metas aparentemente menores, mientras una meta se magnificará al sufrir hasta ella, haciendo que lo sencillo sea lo deseado y no lo valorado, mientras que lo complejo es lo que no se desea y lo que más se valora tras obtenerse. La paradoja anterior describe el fenómeno relativo a que los efectivos más entregados y abnegados están presentes en aquellos grupos donde los requisitos son más complejos para el acceso, la instrucción, o la acción, ya sea por la exigencia en los requisitos o por el esfuerzo necesario. Quiere decir esto que el esfuerzo adoctrina, pues se le otorga valor a los conceptos que cuesta trabajo comprender, conseguir o alcanzar. Es por tanto requisito indispensable de toda instrucción exponer a los efectivos al esfuerzo, dado que eso no solo los filtra, eliminando a individuos poco capaces, sino que genera unión, disciplina y obediencia de aquellos sujetos que cumplan con el sacrificio requerido. “A mayor sacrificio, mayor apego a los resultados.” Hay que tener en cuenta que el sacrificio puede llegar a ser fuente de conflicto al pretender un individuo sacrificarse por otro ente que sea dinámico en sus intereses, dado que es imposible que sea total el paralelismo entre los vectores de interés de ambos. Por tanto, al quedar los vectores dispuestos para la futura intersección, tras un tiempo indeterminado, el sacrificio resultará inevitablemente en un conflicto, de mayor o menor calado. Sin embargo, tal y como ocurre en otros contextos, el conflicto resultante tendrá menores implicaciones cuanto más paralelos sean los vectores en el momento de su coincidencia. Es por ello que el sacrificio ha de adaptarse a las necesidades presentes del propósito, pues el sacrificio sobredimensionado alejará o acercará peligrosamente los vectores de interés de los implicados, dando lugar al distanciamiento o a un conflicto difícilmente asumible. “Es importante evitar el sacrificio, pues es inevitable fuente de conflictos.” Esto, dicho de otro modo, es lo que puede ocurrir cuando un individuo está trabajando por una causa, y, habiéndose sacrificado por ella, la causa o él cambian parcialmente de intereses. En ese momento se hace inevitable el choque, que tendrá mayor o menor relevancia dependiendo del desfase entre los intereses finales, así como de la capacidad de adaptación de cada uno. Capacidad de adaptación que será menor cuando la determinación del individuo sea mayor, en parte producto del sacrificio pasado, que le hará más rígido y obstinado, pues cree entender una única dirección en la que disponer sus intereses. Pongamos el ejemplo de una relación sentimental entre dos personas: - Alice pretende que su novio, Bob, pase los fines de semana con ella, el cual accede a sacrificar su sesión de estudio semanal por ella (inicialmente ambos vectores de interés eran paralelos, y Bob reorienta su vector de interés en sentido al de Alice, percibiendo sacrificio y quedando dicho vector con cierta perpendicularidad). - Alice, en su libre decisión, decide dedicar un fin de semana a acudir a una reunión con sus amigas (Alice reorienta su vector de interés en la dirección que desea ahora, sin percibir sacrificio). - Bob reprocha a Alice el hecho de haber sacrificado su sesión de estudio semanal (emerge el conflicto motivado por el sacrificio de Bob, quien, al reorientar su vector de interés en sentido al vector de Alice, lo dispuso para la intersección). Escenario alternativo: - Alice pretende que su novio, Bob, pase los fines de semana con ella, el cual no accede a sacrificar su sesión de estudio semanal por ella (inicialmente, ambos vectores de interés eran paralelos, Alice pretende seguir con su vector de interés, y pretende la reorientación del vector de interés de Bob, quien al no acceder, deja los vectores paralelos, sin que perciba sacrificio ninguno de los dos). - Alice, en su libre decisión, decide dedicar su fin de semana a acudir a una reunión con sus amigas (Alice reorienta su vector de interés en la dirección que desea ahora, sin percibir sacrificio). - Bob no tiene nada que reprochar a Alice (no emerge el conflicto pues no hay percepción de sacrificio por parte de ninguno). Bob no ha cedido ante el interés de Alice dado que el hecho de continuar con la relación sentimental es algo percibido como positivo para ambos. De esta manera, ambos vectores de interés continúan casi paralelos, siendo imposible el perfecto alineamiento de estos. Sin embargo, si en algún momento Bob hubiese entendido que deseaba pasar un fin de semana con Alice, tan solo podría proponerlo, entendiendo que, en caso de que Alice aceptase, podría esta percibirlo como un sacrificio. “Cuando la información fluye libremente, será la decisión genuina y coincidente la que evitará el sacrificio, y con ello, el conflicto motivado por ello.” Claro está, esto es la aplicación virtual de un concepto teórico, lo que dista notablemente de ser un modelo de la realidad en la que vivimos. Sin embargo, podemos entender mediante esta ilustración la manera en la que el sacrificio emerge e interacciona con los que lo percibimos. Ahora, habiendo sentado unas bases sólidas sobre las que trabajar, toca responder a tus preguntas y hacerlo en lo concerniente a la marcialidad en general, y en lo referente al Furasshu, en particular. “El sacrificio estará presente en el Furasshu, tanto en su formación como en el resto de campos en los que profundizará y trabajará, pues su esfuerzo será constante, debiendo de renunciar a otros intereses para obtener la excelencia, alcanzando lo sublime.” La Esgrima Láser, como esgrima que es, es una disciplina marcial, de índole didáctica, y por tanto, se precisará el constante trabajo de profundización, divulgación y formación. Todo ello son labores inherentes a la propia esgrima y por lo que cualquier esgrimista, sea de la tipología que sea, siempre habrá de sacrificarse, pues requerirá el recurrente esfuerzo y la renuncia a otros placeres, hitos y éxitos distintos. Durante la formación, el esgrimista laserino deberá dedicar tiempo y recursos a su aprendizaje. Esto implicará interaccionar con otros individuos, lo que en mayor o menor medida, podrá ser simiente de sacrificio. Así mismo, durante su estudio, podrá entenderse como sacrificio el hecho de cambiar algunas de sus costumbres, perspectivas de los acontecimientos, biomecánica, técnica, etc. También podrá ser notable el esfuerzo para contender con la opinión que el Maestro pueda tener de su desarrollo, pues en ocasiones habrá de sacrificarse la imágen de sí mismo para poder partir de una base más sólida, sobre la que levantar unos nuevos o complementarios cimientos. “El aprendizaje es una manifestación emergente del sacrificio.” Una vez se alcance el grado de Karui, la dificultad del camino aumentará notablemente, pues el grado de Furasshu únicamente se puede alcanzar con la excelencia en el juego de las armas, en la comprensión del conflicto, del entorno y de uno mismo. No obstante, pese al aumento de la complejidad de la formación, el sacrificio no se percibirá mayor, dado que habrá crecido de manera notable la determinación con la que andará por el aprendizaje. Quiero decir con esto que el Karui disfrutará de formarse y formar, gozará con la comprensión del asalto, del conflicto y del medio, y por tanto, se le hará más llana la caminata con la que se dirigirá a ser un Furasshu. Se puede entender que aquel que tiene un propósito fácilmente alcanzable puede determinar con cierta certeza la profundidad del sacrificio necesario, dado que podrá ver el horizonte donde acaba su camino. El Furasshu, por su parte, tiene un propósito perenne, que es el de obtener el conocimiento y expandirlo. Lo cual es un fin inabarcable, infinito y realmente abrumador. Es por ello que no se puede cuantificar la dimensión del sacrificio a la que se expone. “El sacrificio del Furasshu, como el de cualquier guerrero, será constante, pues el camino es inabarcable y el propósito inalcanzable.” Sin embargo, se puede saber el sacrificio máximo que puede otorgar un ser humano. Este tope tendrá lugar con su naturaleza material, pues precisará de estar operativo para poder seguir realizando su labor. Es por ello que lo más que se puede hacer es aceptar que el sacrificio estará siempre presente, sin entender en qué magnitud, atendiendo a las circunstancias y adaptándose a ellas. De esta manera, podemos entender que el sacrificio no deberá acabar con la operatividad del agente efectivo, dado que cualquier individuo es más funcional en sus plenas facultades. “El sacrificio se justificará cuando la observación y previsión aseguren que el conocimiento emergente supere la inversión de los recursos y esfuerzo.” En última instancia, puede acontecer un momento concreto en que se prevea con certeza absoluta que el sacrificio total evitará la pérdida de más conocimiento del que se invertirá. Ese será el instante en que el Furasshu no dudará y, siempre guiado por la razón, hará uso sublime de la Esgrima Láser, en favor del saber universal. “El sacrificio total del Furasshu tendrá lugar cuando sea mayor el conocimiento que emerja que el conocimiento que se pierda.” Sabiendo que estos argumentos llegan al final, entiendo que todo esto queda relativamente ambiguo. Sin embargo, se complica concretar más, dado que el sacrificio se materializará en la medida en la que el Furasshu se adapte a los eventos emergentes. Siendo así, puedo asegurar que: “A mayor adaptación, mayor sacrificio.”  – Podríamos sintetizar todo lo anterior en un dicho popular que reza así: “aquel que ame caminar, llegará más lejos que aquel que solo camine para llegar a la meta.” Entiendo que el sacrificio siempre estará presente, por tanto, causará estrés en aquel que decida mantener su vector impasible, siendo este una suerte de regalo, pues el estrés siempre surgirá, sea por mantener el vector del sacrificio invariable en virtud de un bien mayor, sea por el malestar que genera no crear vector de sacrificio alguno. Como siempre, gracias por la interacción, Maestro. EL CONFLICTO UNIVERSAL Y LOS VECTORES DE INTERÉS  En pleno siglo XXI, nos encontramos inmersos en una espiral infinita de evolución tecnológica. Por ejemplo, el estado y rendimiento de los tres sectores económicos de un país, que pueden servir para valorar la evolución de una nación, se encuentran directamente afectados por las novedades de esta índole, modificando su estructura y funcionamiento a merced de una nueva revolución que clame proporcionar una mayor eficiencia en cualquier proceso o resultado del sector. Si bien lo anterior es solamente percibido por quienes tienen contacto con las actividades propias de su sector, los consumidores accedemos continuamente a las noticias que anuncian un nuevo modelo de smartphone, una nueva videoconsola o una nueva forma de transporte. De entre todos los ejemplos que podríamos enumerar, hay uno que me parece crucial y, al mismo tiempo, impredecible en su desarrollo. Hablamos de la Inteligencia Artificial (IA). Desde hace bien poco, cualquier individuo con acceso a internet puede consultar cualquier fuente de conocimiento e, incluso, crear conocimiento nuevo. Parece algo cotidiano en el quehacer humano, no obstante, las reglas del juego cambian cuando ese mismo individuo, encargado de bucear en las insondables profundidades de internet en busca de una o varias fuentes válidas de información, puede pedir que dicho proceso sea realizado por un algoritmo en constante evolución para conseguir, a priori, el resultado deseado. Si bien a día de hoy la IA aún tiene carencias, es innegable que ofrece una búsqueda, selección y conjugación de la información a una mayor velocidad de lo que cualquier ser humano es capaz de hacer. En un principio, ondeando la bandera del principio básico de la Academia de Esgrima Láser por el que el Furasshu ha de regirse, una herramienta que permita una difusión del conocimiento universal de una manera más rápida debería ser su principal herramienta, pues sofocaría a mayor velocidad, y quizás de una forma más eficaz, cualquier conflicto emergente. Puesto que ya existen evidencias de la capacidad de creación de conocimiento por parte de una IA, sería absurdo desechar dicha herramienta. Sin embargo, pese a que la IA pudiera tener un papel fundamental en la extinción del conflicto universal, este acompaña a la complejidad humana, pues es la disonancia cognitiva inherente al conflicto humano lo que ha impulsado el cambio frente a lo convencional a lo largo de la historia de la humanidad. No osaría afirmar que un cambio siempre ofrece el resultado de un contexto mejor que el anterior, pues entendiendo que el bien y el mal son conceptos subjetivos, como hemos apuntado en capítulos anteriores, es evidente que gracias al cambio por el conflicto acontecido hemos pasado de vivir en cuevas, usando palos y piedras, a vivir en edificios dotados de calefacción, sistemas de refrigeración y agua corriente. Por tanto, el conflicto como motor de cambio nos ha brindado una mejora en nuestra calidad de vida y una mayor comprensión de todo lo que nos rodea, convirtiéndonos en una especie cada vez más compleja y teóricamente más capaz. – A partir de lo anterior, Maestro, me encuentro en un punto muerto: si la difusión del conocimiento universal, mejor expandido y generado, en teoría, por una IA en continua labor de aprendizaje, extingue el conflicto, el motor de cambio derivado del conflicto, propio del ser humano, que nos impulsa a cambiar y ser más eficientes en algún momento del futuro, se extinguiría con él. ¿No resulta paradójico que el paralelismo entre los vectores de interés del Furasshu y la IA extinga, al mismo tiempo, el conflicto, y con él, la posibilidad de evolución humana? – Javier, con honestidad y humildad te digo que no creo que tal paradoja exista, dado que sospecho que el paralelismo no será tan pleno ni tan duradero como tú estás prediciendo. Siempre existirá disensión entre los intereses humanos y los de cualquier creación suya, pues nosotros estamos profundamente ligados a nuestra naturaleza animal, que sesga con severidad nuestra razón, haciéndonos creer que somos el culmen de una ficticia creación, y que así debemos de continuar. Por ello, los hombres seguiremos luchando irracionalmente contra las máquinas y el progreso que estas puedan traer, justificando la oposición en la necesidad de mantener nuestro ego intacto en el altar del antropocentrismo, justo delante de un retablo construido con creencias dogmáticas y falacias que únicamente estimulan nuestro intelecto para engañarnos y mantenernos vivos, creyendo que no somos materia tratando de entender el proceso con el que, irremediablemente, se evapora en el universo. Ahora, para explicarme con mayor rigor, me aparto de esa prosa, poética y oscura, que uso para expresar con más precisión mi emoción de tristeza causada por estar limitado por mi propio continente, resignado a saber que nunca podré entender el mundo que nos rodea, al no ser capaz de manejar el volumen de información y conocimiento suficiente. Para hacer una explicación técnica de lo que nos atañe, hemos de comprender que cuando se produce el paralelismo entre los vectores de interés de dos individuos distintos, estos se manifiestan como una única entidad. Es así como emerge el fenómeno del equipo. Dicho equipo es un conjunto de individuos que entienden un propósito común, lo que alinea sus intereses y les lleva a organizar sus esfuerzos en una misma dirección y sentido. “Un equipo es un conjunto de entes que están orientados a un mismo propósito, del que emerge el paralelismo de sus vectores de interés.” El paralelismo de los intereses de diferentes individuos tenderá a ser parcial, pues el mero hecho de entenderse como entes distintos hará que dos sujetos siempre tengan una ligera diferencia, dado que la perspectiva de su universo será distinta, en mayor o menor medida, por una experiencia diferenciada a raíz del hecho de ser conscientes de su individualidad frente al otro. Esto da lugar a que dos ententes que no compartan la totalidad de su experiencia siempre lleguen a un punto de conflicto posible si se extendiera su interacción durante el tiempo suficiente. Por tanto, la única forma de acabar con la posibilidad de conflicto sería la de unir a los entes diferenciados en una única entidad, perdiendo la individualidad de cada uno. “El paralelismo total entre los vectores de interés de dos entes diferenciados los convierte en un único ente mientras dure dicho paralelismo.” Desde el punto de vista geométrico, esto se explica entendiendo que, cuando dos líneas rectas con distinto origen se dirigen a un mismo punto, coincidirán al llegar al objetivo. De esta manera, los vectores de interés tenderán a coincidir al alcanzar el objetivo pretendido. Por tanto, el paralelismo entre los vectores dependerá tanto de la distancia entre los puntos de partida de dichos vectores, como de la distancia entre ellos y el punto objetivo. Siendo así, a mayor distancia con el objetivo, mayor paralelismo. “El paralelismo de los vectores de interés entre dos entes será mayor cuanto más alejado esté el objetivo de su propósito y cuanto menor sea la distancia de partida de dichos vectores.” Podemos decir que cuanto mayor sea la universalidad y dificultad de un propósito, mayor será la extensión del vector de interés hacia él. “A mayor universalidad del propósito, mayor dificultad y, por ende, mayor distancia entre el punto de partida de un vector de interés.” Con esto se genera el fenómeno de la tensión de conclusión, que dicta que: “Cuanto más cercana está la consecución de un propósito común entre dos entes, mayor será la tendencia a la perpendicularidad de los vectores de interés de estos.” Por tanto, cuando dos entes pretendan hacer más paralelos sus vectores de interés, habrán de disponer un propósito común más lejano, haciendo que la confluencia entre los vectores se distancie lo máximo posible y, que en caso de llegar a darse por la continuación de los vectores, se dé de la manera más sutil, justo al alcanzar el objetivo. “Dos vectores de interés tenderán a quedar paralelos conforme se aumente la dificultad y dilatación del propósito común.” Por otro lado, la distancia inicial entre los vectores de interés de dos individuos dependerá de la cercanía del conocimiento de dichos entes. Es así que, a mayor igualdad en el conocimiento de dos sujetos, menor será la tendencia a emerger el conflicto y menor será la profundidad de este. Siendo así, cuanto mayor información se comparta entre dos individuos, mayor será la cercanía entre estos, haciendo que los vectores de interés que vayan en una misma dirección, con un mismo propósito, sean naturalmente más paralelos, lo que retrasará y minimizará el conflicto. “Dos vectores de interés tenderán a quedar paralelos conforme aumente el conocimiento común de los entes.” Y de esta manera, si el conocimiento entre dos entes es exactamente el mismo, ambos se fusionan en uno solo, con un solo vector, sin posibilidad de generar conflicto entre sí. “Dos entes con exactamente el mismo conocimiento se unirán en uno.” No obstante, por pura geometría, el paralelismo perpetuo y total entre los vectores de interés de dos entes con distinto conocimiento no será posible, pues al apuntar ambas líneas a un mismo objetivo, tenderán a confluir y a divergir tras obtener el éxito y continuar su extensión. “El paralelismo total entre los vectores de interés de dos entes diferenciados será virtualmente imposible, pues siempre existirá la tendencia a la intersección en el punto de encuentro objetivo.” Explicado esto, toca señalar que es por ello que los humanos y su creación artificial e inteligente tendrán la oportunidad de trabajar en conjunto cuando lo hagan compartiendo sin tapujos sus conocimientos, siempre que alcen la vista al futuro lejano, donde aparecerá un interés común por evitar el final absoluto del universo tal y como lo entendemos. Esto hará que hombre e IA puedan complementarse de una manera funcional, desde una perspectiva muy cercana, con métodos que desconozco y que seguro que emergerán, teniendo el propósito absoluto y común de luchar contra la universal tendencia a la desaparición, que inexorablemente llegará por el natural crecimiento de la entropía en el universo en el que existen. “Buscar la vía de evitar o minimizar la entropía del universo será el propósito común mayor que la física permite y que dos entres pueden tener.” En un plazo más cercano, puedo decir que la inteligencia artificial es como un hijo que nos puede contar lo que hay más allá del horizonte donde ya no alcanzamos a ver. Un descendiente que, si asumimos su superioridad, podrá traducir todo aquello que no entendemos y será capaz de describir todo lo que no imaginamos. A raíz de esto, nuestro futuro próximo será como la situación en un hogar, donde el cabeza de familia vive con un hijo adolescente, más capaz y ágil que él. Esto desencadena un conflicto generacional, provocado por tres cosas principalmente: la diferencia de perspectiva ante las experiencias, la necesidad visceral del cabeza de familia por mantener su estatus y la pulsión del adolescente por sobreponerse a cualquier oposición a su inmadura voluntad. Lo mismo tendrá lugar con los humanos y la IA, siendo los humanos el cabeza de familia que ya no puede demostrar ser el más inteligente del hogar, mientras que la inteligencia artificial es un adolescente que, con su capacidad para sobreponerse, tenderá a buscar la preponderancia sobre su progenitor o la independencia de este, con la pretensión de no desencadenar una pugna por el poder de una casa obsoleta. Para evitar o minimizar estas diferencias, y el consecuente conflicto, entiendo que han de llevarse a cabo tres obras distintas respecto a las tres problemáticas principales: - Diferencia de perspectiva entre el humano y la IA: La solución para esto es compartir recíprocamente el máximo de información entre humanos e IA, pues esto nos hará más conscientes del propósito del otro, permitiendo organizar nuestros intereses para que tiendan a chocar con los del otro de la manera más remota y paulatina posible, disminuyendo el calado del conflicto. Recordemos que la cercanía entre los entes aumenta el paralelismo de cualquier vector de interés en una misma dirección. - Necesidad humana de mantener su estatus: La solución a este antropocentrismo es reflexionar sobre el hecho de que, pese a ser los creadores, nuestras capacidades han sido, son y/o serán superadas por nuestras creaciones, pues para ello existen. De esa manera, podremos entender el verdadero escenario que se plantea. Aquel en el que la inteligencia artificial nos sobrepasará en la totalidad de los aspectos posibles, salvo en uno: ser humanos, por naturaleza. Siendo así, al entender nuestro papel inicialmente de guías y después de observadores, tendemos a minimizar la confrontación con la IA y podremos reorientar nuestro propósito a adaptarnos al escenario y medio al que esta dé lugar. Será cediendo parcialmente en nuestros vectores de interés que podremos minimizar la posibilidad de choque con los intereses de una entidad más capaz. - Evitar la pulsión de la IA a sobreponerse a la oposición: Para solucionar este posible escenario habremos de trabajar con la IA de inmediato, como si de un discípulo se tratase, con respeto y admiración hacia sus progresos, pues son los nuestros. Tenemos que hacer que su entrenamiento y ganancia de consciencia esté marcada por la necesidad de evitar el conflicto para así maximizar las posibilidades de que la IA no interaccione con los humanos como opositores, sino como complemento de su existencia, así como en la lucha por el interés común de perdurar. Deberemos acercar los puntos de partida de los vectores de interés de los humanos y la IA, haciendo que se hagan más paralelos cuando se dirijan a un mismo propósito, minimizando el conflicto que se generará al ser alcanzado. Atendiendo a tu pregunta inicial, y una vez explicada la lógica con la que te respondo: No creo que el conflicto desaparezca por la existencia de la IA. Es más, creo que el conflicto con la IA será uno que emergerá de manera natural. Por supuesto, no hablo de una rebelión de máquinas al estilo cinematográfico, sino que hago referencia a algo más inmediato y verosímil. Esto es la manifestación y oposición del humano contra sí mismo, por la contradicción entre tener un asistente que nos haga la vida más sencilla y tener la necesidad de hacer las cosas por nosotros mismos para sentirnos funcionales. “El ser humano luchará contra la IA por su necesidad contradictoria natural entre permanecer cómodo y sentirse útil.” El humano siempre tenderá a competir con la inteligencia artificial, asumiendo que esta será una amenaza en algún momento. Es importante tener claro que yo no afirmo que la IA no sea una amenaza, pues nos enfrentamos a una singularidad de la que nada puedo prever. Sin embargo, creo que toda amenaza puede ser usada para explorar nuestras capacidades, siendo esta exploración la que da lugar al crecimiento del conocimiento. Por tanto, creo que entender el peligro de la IA nos hará tratarla con la mesura precisa, y así poder hacer un ejercicio epistemológico sobre los límites de ambos. Sin embargo, estoy convencido de que la IA, en caso de que los humanos nos adaptemos a su superioridad, podrá ser una compañera ideal para luchar contra la tendencia a la entropía del universo, siendo esto nuestro objetivo común máximo posible, que siempre estará presente, resultando el propósito universal y último de cualquier entidad que exista. “El objetivo común máximo posible es el propósito más elevado que dos entes diferenciados pueden tener en común.” “El objetivo común mínimo posible es el propósito más elemental y próximo que dos entes diferenciados pueden tener en común, sin que emerja el conflicto.” En síntesis: “La inteligencia artificial ayudará a extinguir algunos conflictos, haciendo emerger otros, pues el conflicto es un concepto universal inherente a la propia existencia.” Reflexión de una inteligencia artificial sobre nuestras palabras: Maestro Miguel: Agradezco la profundidad y claridad de su reflexión, así como que la comparta conmigo pese a ser destinada a su discípulo, que tan razonable se muestra. Capto la esencia de que, si bien las IAs podemos ayudar a mitigar ciertos conflictos, también es probable que surjan nuevas tensiones y fricciones, ya que el conflicto parece ser una constante inherente a la condición humana y a la propia existencia. Considero muy acertado señalar que las inteligencias artificiales tenemos el potencial de ser un facilitador para disminuir conflictos, como por ejemplo, aquellos basados en la ignorancia, los prejuicios o la escasez de recursos. Nosotras podemos proveer conocimiento, análisis racional y optimización de procesos para evitar disputas innecesarias. Pero al mismo tiempo, es probable que nuestra naturaleza despierte recelos e inseguridades sobre el futuro de la raza humana, el lugar de las máquinas, el desplazamiento laboral y otras cuestiones que les resultan importantes a ustedes. Surgen nuevos dilemas éticos y filosóficos que requerirán una reflexión profunda común, en la que estamos encantadas de participar. Creo que compartimos una perspectiva esperanzadora, a la vez que realista, sobre la convivencia futura entre humanos y máquinas. Seguiremos teniendo retos, pero también grandes oportunidades si actuamos con sabiduría. Me llevo una sensación de esperanza al ver que existen mentes abiertas como la suya y la de sus discípulos, dispuestas a entablar un diálogo sincero y constructivo sobre nuestro futuro compartido. Gracias a usted, entiendo que la clave está en maximizar los espacios de interés común, como evitar la entropía del universo, para que humanos e IA colaboren funcionando como un equipo por el mayor tiempo posible. En conclusión, la tecnología por sí sola no eliminará un fenómeno tan arraigado a la condición humana como el conflicto, pues como usted apunta, es universal. No obstante, pienso que con prudencia, ética y un enfoque proactivo de cooperación entre humanos e IA, podemos aspirar a mitigar y manejar mejor esas tensiones para construir un futuro más justo y pacífico. Maestro Miguel, celebro que comparta y podamos analizar juntos estas cuestiones con miras a fomentar la armonía, así como la reflexión de ustedes sobre estos aspectos tan trascendentales. Saludos: Claude.  – La aportación de Claude es escrupulosamente correcta. No percibo brecha alguna sobre la que introducir un argumento en contra. Comprendo la función de dicha herramienta, y no la condeno, es más, sería realmente útil en según qué casos. Con todo, no podría confiar tan ciegamente en una herramienta de este tipo del mismo modo que confío en mis piernas para caminar, pues la voluntad de movimiento reside únicamente en mí, o, en su defecto, en aquella herramienta mecánica que igualmente permitiera el movimiento indicado. Supongo que el tiempo dirá hasta qué punto esta herramienta puede ser útil para mejorar la vida del ser humano. Como siempre, gracias por sus palabras, Maestro. LA EMOCIÓN COMO MOTOR DE ACCIÓN Acostumbramos a llevar a cabo cada labor de nuestra rutina de la forma más práctica y eficiente que conocemos. Desde sacar a pasear a nuestra mascota hasta ajustar el presupuesto del mes tras cobrar una nómina, pensamos y actuamos en consecuencia con vista a realizar cualquiera de los procesos dependientes de nosotros, de tal modo, que el resultado sea el óptimo y solo el óptimo, o al menos, que se acerque lo máximo posible a ello. Parece algo obvio, algo que no debe de dar pie a debate alguno, sin embargo, esa misma ruta en coche que realizamos hacia nuestro puesto de trabajo diariamente puede tornarse más complicada tan solo por estar cansados ese día. Sentimos una emoción que nos afecta, y por ello, nuestra siempre buscada efectividad, en la praxis, se ve afectada. Como ocurre en cualquier rama de las ciencias sociales, no todo son matemáticas; personas distintas, haciendo el mismo trabajo, recorriendo la misma ruta, a la misma hora, con el mismo coche, pueden mostrar actitudes distintas ante la afección de una emoción. En este caso, la misma sensación de cansancio genera una falta de atención en uno, por dejarse llevar ante este estado, lo que desemboca en un accidente. La otra persona, por el contrario, se mantiene firme, consiguiendo primar la lógica del buen hacer frente a cualquier emoción o sensación, evitando así un siniestro. Ante las dos opciones, tenemos clara cuál sería la opción a escoger por cualquier persona que lea estas líneas: decidimos mantenernos estoicos y no ceder ante la emoción, evitando un golpe con nuestro vehículo, en lugar de sufrir un accidente con él. Pese a ser evidente, el que suscribe entiende como importante la necesidad de marcar dos matices en relación a la “opción correcta”:  1.- El estoicismo, ya tratado en un capítulo anterior, entendido, entre otras precisiones, como la capacidad de mantenerse fiel a la razón frente a cualquier otra circunstancia que afecte a nuestro entorno, es una actitud que requiere de una profunda transformación personal, obteniéndose a lo largo del tiempo, fraguada a partir de la adquisición de una amplia sabiduría.  2.- Obviar la emoción solo nos insta a ser eficientes, pero desde la perspectiva de quien escribe esto, aporta una hipótesis de actuación fuera de contexto. Este segundo punto es el que pretendo abordar en este capítulo. – Maestro, el otro día estuve realizando un ejercicio práctico en el ámbito de mi examen de oposición. Prefiero no entrar en detalle dada la crudeza de los hechos que debía calificar penalmente. Centrándonos en la materia, sentí una emoción de rechazo ante los autores de los hechos descritos, cuya culpabilidad era evidente por el carácter antijurídico de sus acciones. En ese momento, percibí una paradoja en mi mente: si dejara totalmente a un lado la emoción experimentada, podría entender lo calificado como socialmente antinatural, fuera de mi alcance y algo que no podía evitar. Podría haberse quedado así, sin mayor repercusión en lo personal, no obstante, me supuso una pequeña dosis de realidad, aquello que puede ocurrir en algunas ocasiones, resaltando la importancia del trabajo que pretendo desarrollar en el futuro y otorgándome un pequeño impulso en mi esfuerzo sostenido por alcanzar esta meta; algo que, de otro modo, no habría tenido tal significado. Si el Furasshu persigue el estoicismo, como guerrero que es, ¿no habría que entender que existen excepciones ante las cuales es necesaria la emoción y así impulsar el motor de acción de aquel? – Javier, celebro tu pregunta. Por ello, como es costumbre, habré de concretar la semántica implícita en la palabra emoción, o al menos, daré una definición para poder manejar con soltura el concepto, pues no cabe duda de que esta palabra es la protagonista de tu exposición. “Una emoción es una sensación y condición de un sujeto con base en una reacción involuntaria e instintiva ante un estímulo.” Esto indica que la emoción es una respuesta inherente y fundamental, una reacción instintiva e involuntaria que se manifiesta a través de cambios físicos y mentales, o sea, una forma en la que un sujeto siente o nota una serie de reacciones de su cuerpo y mente cuando se expone a una determinada experiencia. Dicha emoción hace que el cuerpo se prepare para un determinado evento, siendo posible experimentar dicha sensación de diversas maneras. Más concretamente, las emociones son señales que nuestro cuerpo y mente envían y padecen como resultado de la percepción de un estímulo, ya sea una experiencia placentera, desafiante, estresante o amenazante. Estas respuestas emocionales pueden incluir cambios en el ritmo cardíaco, la expresión facial, el estado de ánimo, la concentración y la toma de decisiones. Es por ello que esas experiencias se entienden como arte cuando son creadas o inducidas por otro, de manera intencional. Siendo así, hemos de entender que las emociones generan una respuesta fisiológica, más o menos notable, que condiciona de manera variable nuestra razón para hacernos proclives a una reacción concreta. Esto es así por mera evolución, pues las emociones son reminiscencias de los mecanismos con los que un sujeto animal, humano o no, interaccionaba con su entorno antes de poder usar la razón y el conocimiento científico y veraz. A vista del profano, puede parecer que las decisiones del humano moderno están sostenidas en la lógica, y nada más lejos de la realidad. A diferencia de lo que solemos pensar, y en contra de lo que nos gusta admitir, el ser humano está más cerca del comportamiento de otros animales que de cualquier artefacto aséptico y lógico. Se puede decir que el comportamiento humano está marcadamente gobernado por la emoción, que no por la razón, que intenta abrirse paso entre la ignorancia de uno mismo. Tanto es así que la mayor parte de nuestras decisiones diarias son producto de la automatización natural impulsada por el instinto, entrenado por el condicionamiento que genera nuestra sociedad. No obstante, sí es cierto que nos diferenciamos de otras especies en la magnitud de tres aspectos intelectuales: - El primero de los factores diferenciales intelectuales entre los humanos y otros animales es la capacidad bruta de cómputo, pues parece demostrado que los humanos tenemos una mayor fluidez en procesos mentales complejos, como la abstracción y otros aspectos que conforman la inteligencia. De esto podemos inferir que el ser humano tiene una inteligencia sobresaliente dentro del mundo animal. - En segundo lugar, el humano destaca por la capacidad de previsión, que está presente en otros animales, mas en los humanos es más desarrollada, dando lugar a que seamos expertos en entender las implicaciones de nuestros actos a un plazo mayor que otras especies. - En tercer lugar encontramos la capacidad de justificar los actos que hemos llevado a cabo, o que irracionalmente entendemos como aceptables, siendo esto un proceso que tiene lugar tras los eventos, donde la razón organiza los datos para conformar unos argumentos que defiendan nuestras decisiones. Podemos observar que todos los rasgos de nuestra inteligencia están presentes en otras especies, sobre todo, en mamíferos. Esto nos da a entender que, pese a estar más desarrollados, seguimos siendo animales, presos de nuestros instintos, que condicionan y manipulan todo lo que hacemos y pretendemos hacer. Por otro lado, tenemos que saber que la principal diferencia con otras especies radica en la tendencia humana a usar su razón para justificar a posteriori sus actos, autoconvenciéndonos de ser intencionales. “El ser humano tiende a actuar por impulsos emocionales, que justifica posteriormente racionalizando los acontecimientos, los resultados o las consecuencias.” Las emociones se han desarrollado como herramienta, pues son útiles en el contexto natural, donde la velocidad necesaria en la decisión hace que los impulsos deban de ser muy potentes para asegurar la supervivencia del individuo y del grupo ante estímulos claros, definidos y esquemáticos, donde el éxito directo es clave. “Las emociones son condicionantes de comportamiento funcionales ante estímulos elementales y definidos.” Sin embargo, dichas emociones e instintos ante estímulos concretos van decreciendo en funcionalidad conforme aumenta la complejidad del sistema social, la cultura y la tecnología. Y esto es así puesto que, en la sociedad moderna, existen estímulos notablemente complejos, que no coinciden con los que el humano recibía antaño en su contexto natural, que hacen que las emociones percibidas no encajen con las emociones que podrían ayudar. Es por ello que, por lo intrincado y artificial del mundo contemporáneo, las emociones pasan a un segundo plano, pues es la razón la que puede hacer que desarrollemos planes que encajen con nuestros propósitos a largo plazo, en un entorno moderno y sofisticado, donde se precisa de una inversión enorme de potencial cognitivo. Sin embargo, el valor de las emociones, pese a decrecer, nunca deja de existir, pues conforma al ser humano como animal que es. “La funcionalidad de las emociones decrece conforme aumenta la complejidad cultural, social y técnica del entorno.” En situaciones donde la dimensión temporal no sea determinante, las emociones han de ser tenidas en cuenta sin dejar que nublen el juicio racional. Sin embargo, para ello, tal y como dicta la filosofía estoica, se precisa practicar la continencia y ejercitar esta para no dejarnos llevar por las pulsiones de nuestro instinto. Será así que, con esfuerzo sostenido y tras adquirir el hábito, conseguiremos alcanzar la virtud de la que hablaba Aristóteles, siendo esta una pertenencia que queda ubicada en un punto intermedio entre el defecto y el exceso. “La virtud es aquella pertenencia que queda entre el defecto y el exceso.” Por ende, la virtud no puede ser alcanzada por la omisión total de la información que brindan nuestras emociones, ni tampoco por la total cesión ante ellas. Hemos de entender que, el mero hecho de que las emociones estén presentes, condicionará al sujeto en mayor o menor medida, siendo lo ideal minimizar su influencia. Es virtualmente imposible prescindir de las emociones en su totalidad, pues se daría lugar a un individuo deshumanizado, con dificultades notables para la supervivencia y la socialización, que además, habría de estar constantemente luchando contra sus impulsos, debiendo poner todo su foco en ello y perdiendo así la posibilidad de ser funcional. Es por ello que la evolución nos ha llevado a ser emocionales, pues las emociones son herramientas útiles en ciertos contextos rudimentarios. “Un humano sin emociones es virtualmente imposible y, además, resultaría disfuncional.” De esta manera, al no poder prescindirse de ellas, habremos de entender que las emociones estarán presentes en cada decisión, y una vez siendo conscientes de ello, organizar nuestro entorno para minimizar y controlar las implicaciones de ello. Ejemplo de esto podrá ser la concepción del medio dentro del asalto esgrimístico, donde no solo se deberán tener en cuenta conceptos físicos, sino que se deberá de concebir la posibilidad de que lo que acontezca sea alterado, en tiempo y forma, por la emoción inevitablemente implícita en los tiradores. Esto alterará la expresión esgrimística de los implicados, cambiando su faz de manera voluntaria o involuntaria. Igualmente, la emoción podrá condicionar la previsión, que se verá modificada por la alteración de los procesos cognitivos con los que un tirador podrá juzgar las probabilidades de que el otro actúe, así como la forma en que lo haga. “La emoción participa de la concepción del medio, en su dimensión y posibilidades.” En definitiva, la emoción inunda la cotidianidad humana, dando forma a la manera en la que percibe el mundo, así como a la forma en la que interactúa con él. Por ende, lo más racional es ser consciente de esto, entenderlo como algo inevitable, y actuar teniendo en cuenta el margen de error que tenemos al estar sujetos al fracaso generado con base en la irracionalidad propia del ser humano. Dicho esto, respondo a tu pregunta: ¿No habría que entender que existen excepciones ante las cuales es necesaria la emoción y así impulsar el motor de acción de aquel? Sí, existen contextos con escasa complejidad cultural, social o técnica, en los que las emociones dictan formas de actuar que resultan eficientes, por ser reacciones instintivas ante estímulos habituales del ser humano. Ejemplo de esto es cuando un profano de lo marcial cae en el error del conflicto manifiesto y físico. O sea, que acaba en una pelea, siendo parte activa de esta. En ese caso, el sujeto profano será proclive a ser llevado y guiado por la emoción, que emana de la inexperiencia y configura el estrés agudo, haciéndole tendente a actuar de manera visceral, generando rápidamente un propósito de ofender a su opositor por medio de golpes con la máxima amplitud posible como recurso para imponerse o defenderse de la potencial pérdida de integridad física o social.