LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA EN QUE SE DECLARAN MUCHOS SECRETOS QUE COMPUSO EL COMENDADOR JERÓNIMO DE CARRANZA. EN EL CUAL CADA UNO SE PODRÁ ALECCIONAR Y APRENDER A SOLAS SIN TENER NECESIDAD DE MAESTRO QUE LE ENSEÑE. MAESTRO D. LUIS PACHECHO DE NARVÁEZ TRANSCRITO POR EL INICIADO LUIS FRANCISCO ROLDÁN FRAILE DIRIGIDO POR EL MAESTRO MARCELINO MIGUEL CASTRO ACADEMIA DE ESGRIMA LÁSER Transcriptor: D. Luis Francisco Roldán Fraile: Graduado en historia del arte Iniciado de la Academia de Esgrima Láser Dirigido por: D. Marcelino J. Miguel Castro: Maestro en la disciplina de la Esgrima Láser Kigen de la Academia de Esgrima Láser El objetivo de esta transcripción es, simplemente, facilitar la lectura del documento, persiguiendo que cualquier interesado pueda fácilmente recorrer esta obra, y extraer de la misma sus propias conclusiones. NRA: AELMM20240504002 Libro de las Grandezas de la Espada, en que se declaran muchos secretos que compuso el Comendador Jerónimo de Carranza. En el cual cada uno se podrá aleccionar y aprender a solas sin tener necesidad de maestro que le enseñe. Dirigido a Don Felipe Tercero Rey de las Españas y de la mayor parte del mundo nuestro Señor. Compuesto por Luis Pacheco de Narváez, natural de la ciudad de Baeza y vecino de la Isla de Gran Canaria. Y Sargento mayor de la de Lanzarote. CON PRIVILEGIO. En Madrid por los herederos de Iván Íñiguez de Lequerica. 1605. Aprobación. Yo he visto este libro de las Grandezas de la espada, que compuso don Luis Pacheco de Narváez: y en lo que toca a las armas, y sus demostraciones, que es el punto en que se me cometió, he hallado en todo él cosas muy curiosas, y de gran certeza: porque en práctica demostrativa va prosiguiendo, y declarando el libro de Teórica del Comendador Jerónimo de Carranza, primer inventor de esta ciencia: en el salir a luz, se interesa el aprovechamiento y bien común, por tener mucha doctrina y erudición: en lo cual muestra haber costado a su autor mucho trabajo y estudio, y merece, que se le haga merced del privilegio y licencia para imprimirlo. En Madrid, y junio diecisiete, de 1599. Don Francisco de Herrera y de Saavedra. ERRATAS. Con estas enmiendas está correcto este libro conforme a su original de mano por donde se mandó imprimir. En Madrid a 22 de febrero de 1600 años. Iván Vázquez del Mármol. Nota del transcriptor: Esta es la única página de la obra de don Luis Pacheco de Narváez que se ha decidido no transcribir. Esto se debe, haciendo un ejercicio de honestidad, a la gran dificultad de ofrecer una transcripción fiable de la misma, debido tanto a la propia dificultad para desentrañar lo escrito, como a la complicación añadida derivada de la calidad de imagen de las versiones digitales utilizadas. TASA. Yo Pedro Zapata del Mármol, escribano de Cámara de Su Majestad, de los que en el su Consejo residen, doy fe, que habiéndose visto por los Señores del Consejo, un libro intitulado, Grandezas de la Espada, compuesto por don Luis Pacheco de Narváez, que con su licencia fue impreso: tasaron cada pliego del dicho libro, a tres maravedís y medio: y el dicho libro tiene ochenta y ocho pliegos, que al dicho precio monta trescientos y ocho maravedís cada volumen del dicho libro en papel. Tal dicho precio mandaron se venda, y no a más: y que esta tasa se ponga al principio de cada uno de los dichos libros. Y para que de ello conste, de mandamiento de los dichos Señores del Consejo di la presente. Fecha en la villa de Madrid a nueve días del mes de marzo de mil y seiscientos años. Pedro Zapata del Mármol. Al Rey nuestro señor. En dos razonables consideraciones está la fuerza de mi disculpa de atreverme a dedicar este libro a V. M. La primera, saber, que Higino [no se tiene muy claro quién es] poeta, se atrevió a dedicar uno que compuso, de acentos, a Virgilio, con ser el más celebrado poeta que hubo: y Marco Varrón, los que escribió de lengua Latina, a Marco Tulio príncipe y artífice de ella: y así mismo Paulo Orosio su historia a S. Agustín, de quien pudiera aprender toda su vida. La otra, saber, que dicen los Alquimistas, que hay una piedra, llamada Filosofal, de tan maravillosa propiedad, y tan extraña y natural virtud, que bastará a transmutar en oro cualquiera metal que entrañablemente tocare. La primera (y el tener cierto conocimiento de la clemencia de V. M. que es tan igual como el poder) me dio osadía, no obstante conocer, que dedicar a V. M. libro de la espada, y proposiciones de Destreza, es querer llevar leña al monte, o presumir de enseñar a volar al águila. De la segunda, vine a verdadero conocimiento que la piedra filosofal finísima (no de sola una virtud, sino de innumerables virtudes juntas) es V. M. y que juntando el bajo cobre de este borroncillo mal limado, bastará a mudarlo en oro de inestimable valor: y lo que desmerece por ser mío, suplirá los subidos quilates de tan poderosa mano, y excelso valor. Suplico humildemente a V. M. reciba este pequeño servicio, con la profunda humildad que lo ofrezco: que si no es (como de cierto lo entiendo) tal como ideo, a lo menos es todo lo que puedo. Y si por ser fruto de mi humilde Entendimiento, fuere amparado de tan soberano poder, quedaré animado, y de nuevo obligado a ofrecer otros servicios a V. M. Cuya Católica persona Dios guarde felicísimos años, como la Cristiandad ha menester. De V. M. humilde y leal criado. D. Luis Pacheco de Narváez. EL REY. Por cuanto por parte de vos don Luis Pacheco de Narváez, natural de la ciudad de Baeza, vecino de la Isla de gran Canaria, nos ha sido hecha relación, que vos habéis compuesto un libro, intitulado, Grandezas de la espada: en el cual se declarará muchos secretos del que había compuesto el Comendador Jerónimo de Carranza, de la Filosofía y Destreza de las armas, con su verdadera aplicación en demostraciones, en que habéis puesto mucho trabajo, cuidado y estudio, procurando el bien común, y que cada uno se pudiese mejor defender: y nos suplicastes, os mandásemos dar licencia para poderlo imprimir, y privilegio por diez años, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo, y como por su mandado se hicieron las diligencias que la pragmática por nos últimamente hecha, sobre la impresión de los libros dispone. Fue acordado, que debíamos de mandar dar esta nuestra cédula para vos en la dicha razón. Y nos lo tuvimos por bien, por la cual os damos licencia y facultad, para que por tiempo de diez años, primeros siguientes, que corran y se cuenten desde la dada de esta mi cédula, vos, o la persona que vuestro poder hubiere, y no otra alguna, podáis imprimir, y vender el dicho libro, que de su uso se hace mención, por su original, que en el nuestro Consejo se vio, que va rubricado, y firmado al fin de él, de Pedro Zapata del Mármol, nuestro escribano de Cámara, de los que en el nuestro Consejo residen: y con que antes que se venda, lo traigáis ante ellos con su original, para que se vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, como por Corrector por nos nombrado, se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que así imprimiese el dicho libro, no imprima el principio, y el primer pliego, ni entregue más de solo un libro con el original, al Autor o persona a cuya costa lo imprimiere, ni a otra persona alguna, para efecto de la dicha corrección, y tasa, hasta que antes y primero el dicho libro esté corregido, y tasado por los del nuestro Consejo: y estando hecho, y no de otra manera, podáis el dicho principio y primer pliego, y seguidamente ponga esta nuestra cédula, y la aprobación que del dicho libro se hizo por nuestro mandado, y la tasa, y erratas, sopena de caer en las penas contenidas en las leyes y pragmáticas de estos Reinos, que sobre ello disponen. Y mandamos, que durante el término de los dichos diez años, persona alguna, sin vuestra licencia, no pueda imprimir ni vender el dicho libro: sopena, que el que lo imprimiera y vendiere, haya perdido, y pierda todos y cualesquier libros, moldes, y aparejos que del dicho libro tuviere: y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís: la cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra Cámara, y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los del nuestro Consejo, Presidente, y Oidores de nuestra Audiencias, Alcaldes, Alguaciles de la nuestra Casa, y Corte, y Chancillerías, y a todos los Corregidores, Asistente, Gobernadores, Alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justicias cualesquier, de todas las ciudades, villas, y lugares de los nuestros Reinos y Señoríos: así a los que ahora son, como a los que serán de aquí en adelante, que vos guarden y cúmplanlo en esta nuestra cédula contenido: y contra su tenor y forma no vayan, ni pasen: ni consientan ir, ni pasar en manera alguna, sopena de la nuestra merced, y de diez mil maravedís para la nuestra Cámara. Fecha en Barcelona, a veintinueve días del mes junio, de mil y quinientos y noventa y nueve años. Yo el Rey Por mandado del Rey nuestro señor. D. Luis de Salazar. ELOGIO DE BARTOLOMÉ Cayrasco de Figueroa Canónigo de la santa Iglesia de Canarias, elogio, a don Luis Pacheco de Narváez, en loor del Libro. Aquel Planeta Armigero Que influye acá en el ánimo De valerosa gente ardor colérico Os hace tan beligero Pacheco, y tan magnánimo, Que ya la fama ilustra el orbe esférico, Vuestro valor genérico, Digno del Regio tálamo, Me inspire aqueste cántico. Porque del Reino Atlántico Salga el acento de mi débil cálamo, Hasta el Chino político, Y del alto Cita, helado y Anglio estítico. Entre las prendas útiles Hay tres de mayor cómodo, Hacienda, vida, honor, trinca pulchérrima: Estas serían inútiles, Y alguna vez de incómodo, Si les negase la defensa acérrima, Destreza celebérrima, Cuyo valor grandífico En círculos, triángulos, Rectos, y obtusos ángulos, Y agudos, muestra en método científico. Con gusto, y beneplácito Aqueste libro, que es Maestro tácito. Aquí lector benévolo De verdades explícitas, Verás demostraciones Matemáticas: Y si fueres malévolo, Tus envidias ilícitas Su pago llevarán, por ser temáticas: Verás si son flemáticas. Si frígidas, o cálidas, Sanguíneas, o coléricas, Si tardas, o celéricas, Las complexiones, válidas, o inválidas: Y entendido el opósito, Procederás con él a tu propósito: Cual Águila magnífica Las llamas Apolíneas, Mira de hito en hito, y levantándose Por la región clarifica, Con círculos, y líneas Hace abundante presa remontándose: Y convida, humillándose, A la turba selvática De las aves volátiles, Así con las versátiles Y rectas líneas de esta ciencia practica, Hacéis varón clarísimo A todo el mundo plato abundantísimo. Carranza benemérito Fue el inventor solícito De aquesta ciencia Física y Teórica, Y no es pequeño mérito Tras un varón tan ínclito Correr con tanta práctica y retórica, De entre ambos sean histórica La vida salutífera, Pues Goza el Reino Hispánico En frases tan urbánico, Por ambos, de una ciencia tan fructífera. Don soberano y célico En tiempo tan revuelto, airado y bélico. Dad Canarias Piérides De flores aromáticas, A don Luis Pacheco, lauros místicos, Honradle en efemérides, Pues él en Matemáticas Os honra, y en Timemas apodísticos: Cantadle siempre Dísticos, Y en cedro, en bronce, en mármoles, (De sus prendas meríficas) Escribid jeroglíficas, Y poned sus trofeos en los árboles Con esdrújulos líricos Que pongan duro freno a los Satíricos. SONETO DE SERAFÍN CAYRASCO DE FIGUEROA, Alcaide de la fortaleza de Gran Canaria, al libro del Autor. Aunque nunca se ven Minerva, y Marte Concurrir igualmente en un sujeto Los podrá ver aquí el lector discreto Mezclar las armas con ingenio y arte. Dichosa fue canaria en esta parte, Pues se descubrió en ella tal secreto, Escrita con estilo el más perfecto Que vio quien más levanta el estandarte. Y aunque engendró Baeza al que ha ilustrado Tan alta empresa con espada y pluma Como canta la fama, y suena el eco, Se debe mucho al suelo, afortunado, Donde redujo a regla, cuenta y suma El bélico furor don Luis Pachecho. SONETO AL LIBRO y al Autor, del Licenciado Gabriel Gómez de Palacios, Regidor de la isla de la Palma, una de las de Canaria. Los Pacheco. Los Narváez. La casa, y la grandeza de Escalona, Y el lustre del Alcaide de Antequera Le reciben en vos hoy de manera, Que han anidado a todo una Corona. Ya no celebre el parto de Latona La famosa Ortigia allá en su Esfera, Pues tiene en vos materia tan entera, Y en vuestro autor ingenio con persona. Y cuando el famosísimo Carranza No grangeara más en los preceptos Que nos dejó estampados por memoria, Sino sacar Discípulo que alcanza, Y nos declara tanto sus conceptos, bastaba para dar a entrambos gloria. SONETO DEL Licenciado Luis Ortiz de Padilla Regidor de la isla de Canaria, y Abogado de la Real AUDIENCIA DE ELLA, al Autor. Dice el Derecho, que es muy fácil cosa Añidir, y seguir lo comenzado, Ya esta regla, sin duda, ha limitado Vuestra obra (gran Pacheco) milagrosa: Pues con tal discreción, comento, y glosa, Descubrís a Carranza disfrazado, Dejándole tan claro, y aumentado, Cuanto se echa de ver por vuestra prosa. Por ella merecéis corona y lauro, Pues deja desde hoy más enriquecida La vida, honor, el ser, la paz, la guerra: Y opreso al Cita, al Anglio, al Chino y Mauro Y con ser línea recta, no torcida, Cercará todo el Orbe de la tierra. SONETO DEL Sargento mayor Liranzo, al Lector. Los Heroicos efectos del dios Marte Declarados por términos de Euclides, Ejemplo raro en singulares lides Lo natural, juntado con el arte, Verás aquí, y el todo en cualquier parte, Cuando la espada del contrario mides: O cuando con presteza la despides, O mueves cuerpo, o pies, por libertarte. Lo cierto y esencial de la Destreza, Aquí se halla por demostraciones, Donde también se ha honrado la pintura. Y de Fisionomía, y complexiones, De cólera, y flemática pereza El reprimir, o el alentar procura. SONETO DE IVÁN Centellas, vecino de la isla de Gran Canaria, al Autor. Pacheco Ilustre, cuya ilustre historia, Ha dado en nuestra edad eterno lustre, Con tanta admiración, que el más ilustre Se eleva en contemplar tu fama y gloria. Dichoso tú, que cuando con victoria La muerte de tu vida, el ser dislustre, Dejas buena ocasión, para que ilustre Cualquiera ingenio raro tu memoria. Hoy el espejo de la vida nuestra Con suma bizarría nos descubre, Que a la misma ventura vence el arte. No hay que pensar, sino que en clara muestra El Cielo, donde tanto bien se encubre, Nos ha dado a Pacheco en son de Marte. SONETO DE Rodrigo Núñez de la Peña, natural de la isla de Tenerife, una de las de Canaria, al Autor. Ni las Musas, ni Apolo, ni el dios Marte, Vuestro ingenio y esfuerzo peregrino, Pudieron repartir, porque es divino, Y os cupo más que a ellos de esto parte. Y dones tan supremos no reparte Ninguno de estos (como yo imagino) La obra es del Señor, que es uno y trino, Que os quiso así extremar por sutil arte. Más sois D. Luis que Marte, y más que Apolo: La pluma lo demuestra, y vuestra espada, Pues sois con elocuencia invicto y Diestro. Ninguno se vio tal de Polo a Polo, Ni ciencia nos dejó tan declarada, Que cual la vuestra alcance sin maestro. SONETO DE Don Pedro de Barros y Montesier, al Lector. La mina del tesoro más precioso, Cuyo valor excede a los del suelo, Caudal que te liberta del recelo De la ofensa del malo y cauteloso Las piedras finas, y oro provechoso Que Carranza ocultó debajo el velo Pacheco descubrió para consuelo Del bueno, y a pesar del envidioso. Ya tu vida de hoy más queda segura Con Destreza, que está en verdad fundada, Según aqueste libro te lo muestra. Pues vale más la ciencia, que ventura, Como lo prueba, y obra con la espada, Con su invencible, y sin segunda diestra. SONETO DE Don Alonso Carrillo de Albornoz. Grandezas de la espada, y la grandeza De su divino ingenio ha declarado Don Luis en este libro que ha sacado De la ciencia y verdad de la Destreza. No se pudo esperar mayor riqueza, Ni este don a otro alguno fue otorgado, Que en práctica nos diese demostrado Lo que a un hombre levanta a suma alteza. El gallardo Español, fuerte, animoso, Procure con valor aventajarse, Sabiendo lo esencial de esta doctrina. Confíe saldrá siempre victorioso, Y podrá con razón Marte llamarse, Siendo de otras naciones la ruina. SONETO DE Don Diego de Pareja Velarde, al Autor, y al libro. Ya de las armas el primer Maestro, A quien el vulgo intituló Dios Marte, Podrá seguir, D. Luis, vuestro estandarte, Y de vos aprender cual de más Diestro. Ya la fama levanta el nombre vuestro (Con que podrás, oh libro, eternizarte) Pues le propone eterno en cualquier parte Por el eternizado el siglo nuestro. Ya os llama el mundo Tulio en elocuencia, Y en las razones más que Tulio os llama, Un parto mereciendo tan fecundo. Ya no tener el mundo ya evidencia De que no hay más de un Dios, de quien sois rama, Dios de las armas os llamará el mundo. SONETO DE Hernando de Soto, Contador, y Veedor de la casa de Castilla de su Majestad. El estudioso Astrólogo compase Con gran discurso la Celeste Esfera Todo el Orbe con mano verdadera, El Cosmógrafo a palmos mida y tase. Reduzca el Aritmético, y repase A número infalible lo que quiera: El Músico formando su quimera, Voces diversas dulcemente case, Que Don Luis Pacheco en la doctrina De prácticas las armas ha traído Un bien que se ejercite, sin que estorbe. Repártele ingeniosa disciplina: Porque en hallarse un hombre defendido Están número, y voz, Esfera y Orbe. DE DON FÉLIX Arias Girón, en loor de las armas, y del Autor. De las armas se recibe Tanto bien (que es argumento) Que son un quinto elemento, Por cuyo medio se vive. Y a vos se ha de agradecer El bien que en esto alcanzamos, Pues nos dais por do salgamos De la ignorancia al saber. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ29AL LECTOR. PRÓLOGO AL LECTOR, en el cual se prueba, que la Destreza de las Armas que aquí se trata es ciencia. Entre los preceptos de la ley natural, el que más extiende su jurisdicción, y más generalmente se guarda (amado lector) es el de la conservación de la propia naturaleza: esto en todas las criaturas, así sensibles, como insensibles, racionales, como irracionales y esta fue causa la que dijese Aristóteles, que todas las cosas que son, desean el ser, y por conservación del ser, obran todas las cosas: y en otra parte, que todos los hombres naturalmente huyen de la muerte, y desean la muy larga vida. Pues en los animales ya es muy conocida la diligencia que cada uno pone, por flaco que sea, para defenderse de quien le quiere ofender, y ofenderlo por su defensa: y como el hombre, por ser más noble que todos ellos juntos, tuviese más necesidad de conservarse: y muchas veces (que es harto dolor y lástima) fuese ofendido de sus semejantes: pues, como dice el adagio: El hombre es lobo del hombre, le fue necesario un arte que le enseñase como había de hacer esta defensa, que le sirviese de amparo, contra un enemigo tan poderoso, de tantas fuerzas, y de tanta malicia como el propio hombre, enemigo declarado suyo, no en cuanto hombre y su naturaleza: pues, como dice san Agustín, todas las naturalezas tienen en sí mismas una paz y concordia natural. Por manera, que la guerra que el hombre tiene pregonada contra el hombre, no procede de la naturaleza, sino de la malicia y envidia: y para que esta defensa mejor se obrase, procuró ponerla en arte: en el cual estado duró muchos años, pero como la malicia viniese fortaleciéndose hasta llegar a la mayor altura que jamás se vio, y los hombres que por ella se han dejado gobernar, diesen en tantos desconciertos, persiguiendo a sus semejantes, no solo como lobos, sino como tigres ferocísimos, muy al justo de lo que dijo en los Proverbios, que como fuesen creciendo los malos, se irían multiplicando las maldades: y esto es en tanto extremo, cuando las revoluciones presentes lo testifican, convino a mayor malicia y a mayor persecución, mayor remedio: y estando como estaba esta defensa tan necesaria y menesterosa para el hombre, poseída y tiranizada de las opiniones dudosas e inciertas, queriendo cada una tener la propia, quiso Dios nuestro señor, para que le refrenasen los ánimos dañados de los hombres desconcertados y temerarios: Y para que los quietos, pacíficos, amadores de la gloriosa paz no padeciesen a manos de los primeros por falta de defensa, dar lugar, permitiendo, que se redujese a ciencia, para que por su estabilidad y certeza, no faltase, y permaneciese siempre como las demás ciencias: y no dudo en esto, antes lo tengo por muy cierto, que quiso que esto fuese en este rincón de España, donde su santa Fé se profesa y guarda, y su santísimo nombre es adorado y reverenciado: y si bien quisiésemos entender los hombres lo que en esto se nos quiso decir, entenderían, que fue, para que bien instruidos en ella, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA30PRÓLOGO defendamos su Fé y santa Iglesia de los tiranos Herejes, que con tanta fuerza y rigor la persiguen, sin que jamás por el pensamiento pasase poner mano a la espada hombre Cristiano contra otro que lo sea, sino que como hermanos que somos e hijos de un mismo padre, que es Cristo: o, según nos avisa san Pablo, un cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo nuestro Señor, nos conservásemos en dulce paz y amigable concordia: y como había de ser hombre el que hiciese esto, también fue servido cayera la suerte en el Comendador Jerónimo de Carranza, cuyo Entendimiento e ingenio tanto quiso favorecer, que por él vino a alcanzar tan glorioso trofeo. Y no es de menos consideración, que esto fuese concedido a la insigne y famosa ciudad de Sevilla, madre fecundísima de admirables y esclarecidos Entendimientos, que podremos muy justamente decir, que tal madre mereció tener tal hijo, y tal hijo lo mereció ser de tan ilustre madre. Y porque este prólogo solo sale al campo publicando guerra, y poniéndose en opósito de los incrédulos, de que esta Destreza verdadera sea ciencia: y en llegando aquí, será posible, se le represente algún contrario, desafiándolo a la batalla aplazada, con las armas de ignorancia y envidia, nos será forzoso dejar las palabras de exhortación, y venir a las armas de los argumentos, definiciones, y conclusiones. Y el padrino que de su parte ha escogido es a Aristóteles, que lo sabrá bien defender: y el primer encuentro, será decir, que esta Destreza es ciencia, y se prueba muy claro por el lugar de Dialéctica, y Retórica, que es probando por definición, lo que es definido. Como si dijésemos. Es animal racional; luego se sigue que es hombre. Y así decimos compete a este arte la definición de ciencia; luego es ciencia: el antecedente se prueba, suponiendo primero la definición de ciencia, que según se colige de Aristóteles, en el primero de sus Posteriores, la ciencia es un hábito que engendra consentimiento necesario y evidente, por demostración, que es decir por silogismo, o argumentación, que procede por principios propios de la cosa, y en sí conocida, y que son causa de la tal cosa: y que de otra manera no se puede hacer el tal efecto como el Astrólogo que dice, que el eclipse se causa de la interposición de la tierra, entre el Sol, y la Luna: y que esta interposición es el principio propio y causa de tal eclipse: y que de otra manera no se puede causar naturalmente: y así hace este silogismo científico toda interposición de la tierra, entre el Sol y la Luna causa eclipse, hoy, o mañana se hace la tal interposición: luego se sigue, que habrá eclipse. Lo cual es infalible naturalmente, y este es silogismo demostrativo, que causa ciencia. Esto supuesto, se prueba, que esta definición cuadra a este arte porque procede por tales demostraciones, así claras y manifiestas en Filosofía, como en Geometría: porque trata de movimientos naturales, tardos y veloces, y de sus efectos, y de las complexiones naturales de los hombres, y de sus fuerzas y miembros, que es necesario para el conocimiento del herir y defender. Trata de figuras Geométricas, círculos, ángulos, y líneas, y proposiciones de Euclides, que son principios per se notos: y aunque estos principios aquí en este arte no se prueben, sino que se suponen por ya probados, no obsta para llamarse, y ser ciencia, pues también la música, y otras LUIS PACHECO DE NARVÁEZ31AL LECTOR. Matemáticas reciben sus principios probados en sus ciencias anteriores, a quien son subalternas, como lo es la Música a la Aritmética, y la Pintura a la Perspectiva, y la Teología a la ciencia que tienen los bienaventurados y por eso no dejan de ser ciencias. Ni obsta decir, que pues este arte consta de tan diferentes ciencias, que ella no es una ciencia por sí porque, aunque son estos principios de varias ciencias, todos concurren en una razón formal, que es, saber herir, y defenderse, que es objeto suyo, y esta ciencia pertenece a la parte de Filosofía, que consiste en acción: porque la Filosofía, o es especulativa, cuyo fin es solo saber el conocimiento: o consiste en acción, cuyo fin es obrar: y esta acción, o es interna del hombre que pertenece al Ánimo, como es toda la Filosofía moral ética del hombre, para consigo mismo, económica para el gobierno de su familia y casa, y política para el gobierno de la República: o es del hombre externa, que pertenece al gobierno de su cuerpo, como es la Medicina para curarlo, para alimentarlo: la agricultura y la venación, o caza, para aliviarlo: la teátrica y comedias, para llevarlo, la navegación, para vestirlo el lanificio; y para defenderlo la Destreza. Pues, según Aristóteles, tomadas las cosas, juntamente tomando el nombre del fin para que son ordenadas. Y aunque lo dicho bastaba para que se tuviese por ciencia, como lo es, no lo supongamos todo, sino pasemos adelante, probándolo con las definiciones de la misma ciencia, y aplicación de la Destreza. Ciencia, según la define Aristóteles, en el primero de Posteriores Analíticos, es un conocimiento de la cosa por su causa y no sucederá, que lo que enseña la causa, se haga de otra manera: esta definición aprueban todos los Griegos; y Latinos. Y que la ciencia de las armas le cuadre esta definición, no hay que dudar, pues en sí tiene el mismo conocimiento de la cosa por su causa: es a saber del que se ha de herir y herida que se ha de hacer en él, e instrumento con que se ha de hacer, y medio proporcionado determinado para hacerla: porque todo ello se ve y conoce por causas y medios científicos, y así mismo se hace un silogismo científico, diciendo (habiendo supuesto primero infaliblemente, que para cualquier herida de cualquier especie que sea, ha de haber movimientos de brazo y cuerpo, o cada cosa de por sí) mi contrario levanta el brazo haciendo movimiento violento, diré luego que forzosamente ha de haber movimiento natural para ejecutar alguna herida, y si levantare la espada al ángulo obtuso, sabré porque lo tengo probado por demostración Matemática (como adelante se verá) que afirmándome en ángulo recto le alcanzare a herir, sin que él puedo hacer lo propio, y esto infaliblemente: por manera que primero conozco la causa: y de su conocimiento vengo a tener verdadera notica del efecto que ha de suceder: y si este conocimiento hubiera de ser por el efecto, diría así: veo que mi contrario me dio una herida, luego hubo movimiento. Y pues la ciencia es un firme conocimiento de la cosa adquirida con largo discurso de días, que jamás se aparta de la razón, y este conocimiento no se altera, por causa de la variedad de los efectos: se puede entender, que la Destreza es ciencia, pues jamás se alteran los efectos conocidos, de las causas ya conocidas: y si la ciencia es aquella que de cualquiera causa produce efectos infalibles, conocidamente la de la Destreza LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA32PRÓLOGO es lo mismo, pues sabemos, que de necesidad cualquier movimiento ha de ser para tajo, revés, o estocada, según la especie de cada uno, efectos ya conocidos por sus causas: en lo cual se ha de hacer silogismo así mismo cierto, diciendo: La herida de tajo, o revés, ha de constar de cuatro movimientos, y participación de dos ángulos (como en su lugar declararemos). No procediendo los tales movimientos, no habrá los efectos dichos: como así mismo no habrá eclipse, no habiendo interposición, y por el contrario. Finalmente, si la ciencia, para serlo, ha de tratar de universales: pues, como dice Aristóteles, no hay ninguna que trate de particulares. La Destreza se ha de tener por ciencia, como lo es, pues trata de universal. Y que esto sea cierto, se prueba por sí misma, en esta manera. Treta universal es contra tajo, revés y estocada: esta es matar todos los movimientos puestos en acto, y muchos en potencia, así a sus principios, como a sus medios, y fines, de cualquier especie que sean: las heridas se componen de movimientos infaliblemente, estos muertos, no habrá heridas: esto es lo que toca a la especulación: que lo que conviene a la acción, en el discurso del libro se verá. De todo lo cual venimos a sacar en limpio, que la Destreza de las armas, es verdaderamente ciencia, por cuanto enseña un impedimento universal: y que esta Destreza es un conocimiento y hábito que enseña a dar herida, y defender la del contrario: y es la que enseña de la que el hombre se ha de guardar, y lo que ha de hacer para no estar en peligro: pero no a herir necesariamente, como en la quinta parte de este libro demostraremos, donde científicamente, y por evidentes demostraciones se enseñará, cómo el hombre se pueda conservar, y guardar de sus enemigos, cuanto al uso de la espada: pues, según lo alega Jerónimo de Carranza, ciencia no es otra cosa sino un ejercicio científico del que sabe. Y con esto, se queda esta justa literal vencida, y sale triunfando honrosamente la verdad de la Destreza, de que jamás se pondrá duda en su certeza. Recibe pues (amado lector) este don que te ofrezco de tanta importancia y valor para el fin tan importante como es tu defensa, y conservación: y con mil encarecimientos te pido y suplico, que pues esta ciencia, ella por sí, y las ciencias que la favorecen, ellas por sí mismas son ciertas e infalibles: no permitas (que por mi causa, y no tratarla como merece, y su primer inventor la trató) que cuanto a su estimación, y rendirle el crédito que es razón pierda alguna cosa. Aprovéchate como yo deseo del beneficio y seguridad, que por su mucha certeza alcanzarás, y recibe mi voluntad, que por premio del mucho trabajo que he padecido no quiero más que acertar a agradarte, y entender, que por lo mucho que te debo, por ser mi próximo, a quien no menos obligación tengo de amar, y procurar tu conservación que la mía propia, según el precepto divino, te he servido en alguna cosa. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ33 EPÍSTOLA EPÍSTOLA DEL AUTOR, en respuesta de otra de un su amigo, a cuya instancia se hizo este libro, y sobre que se funda. Si las leyes de amistad no obligaran tanto, y los preceptos de ellas no forzaran a obedecer a los amigos: y esta obligación (en mí para con vos) no fuera más particular que en otros, ni yo tomara trabajo y carga tan pesada a mis hombros, ni me pusiera a descubrir (en mi daño) el caudal pobre de mi Entendimiento: pero como entre las voluntades, que con fuerte lazo de amistad se ligan, no ha de haber repugnancia, por haberse convertido ambas en uno: según aquel célebre dicho de Tulio, que el amigo es otro yo, como vos propio, determino seguir vuestro gusto. Aunque poner la mano en obra, y materia tan alta, más parecerá temeridad inconsiderada, que obediencia virtuosa: y no sé cómo saldré de entre los que hechos fiscales, de obras ajenas, con tanta fuerza las persiguen, como si conocidamente fueran malas: no forzados de otra causa, que el no ser suyas, y las más veces no entenderlas, pareciéndoles, se les hace notable agravio en atreverse uno a escribir, aunque sean las coplas de don Gayferos volviéndose otro curioso Lanciloto, y Mesopotonio, Erásmico, que siempre se ocupaban en tasar las habilidades ajenas, y murmuraban de la más excelente, como si fuera de un rústico porquerizo en todo semejantes a aquel gran murmurador Zoylo, cuya maldiciente boca jamás se abrió, que no fuese para decir mal. Y siendo preguntado: Por qué tenía tan abominable costumbre. Respondió: Porque si quiero hacer mal, no puedo y por eso lo digo: así estos detractores, considerando, que si quieren hacer alguna obra de erudición, sus ingenios no tienen talento para ello, se acogen a la lengua: en la cual, como la serpiente, tienen las armas, diciendo mal de todo: porque tienen vergüenza que otros se aventajen más que ellos: y sucede, que las más veces ponen culpa en casos, que el culpado (según su juicio) merece galardón y premio. Pero contra todos estos, el obedeceros, tomo por escudo y defensa, y a vos conviene defender esta causa, y defenderme, pues sois el que mandáis mi pluma. Me pedís por vuestra carta, os envíe un aviso y orden particular: el cual os sirva de preceptor, o maestro, para que con él, a vuestras solas, podáis ser aprovechado en la Destreza verdadera de las armas. Y para persuadirme a ello, traéis a la Memoria aquel dicho del divino Platón, y otros autores Latinos, que los hombres, no nacimos para nosotros solamente, ni para nuestro solo provecho. Y el de Tulio, que dice, que parte de nos debemos a la patria, y parte a los amigos: y que una de las causas principales porque nacían los hombres, era para ayudar a los hombres. Y que preguntándole a Leontíquidas, qué debían aprender los hijos de los caballeros, cuando mozos. Respondió: Lo que les sea provechoso, cuando lleguen a la edad varonil. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA34 EPÍSTOLA. Y a vuestro parecer, ninguna otra cosa les puede aprovechar tanto (además de ser virtuosos) que la ciencia de las armas, pues por ellas somos respetados de nuestros amigos, temidos de nuestros enemigos, defendiéndonos de ellos cuando nos quieren quitar la vida: con ellas defendemos la Fé, sustentamos en quietud la patria, alcanzamos honra, y conservamos la que nuestros pasados nos dejaron: y que pues yo comencé a escribir en esta materia, poniendo en ella mucho cuidado, certificándooslo, algunos amigos, con quien lo he comunicado, es justo haga lo propio con vos, avisándoos cómo podáis conservar la vida, si alguno inconsideradamente, o con malicia os la quisiere quitar: causas por cierto bastantes a que os obedezca y sirva: pero no sin mucho temor, el cuidado que decías sí he puesto, y este es el que hace que merezca yo algo, porque han sido diez continuos años los que he trabajado, parte de ellos estudiándola, y la mayor en ponerla en el estado que la veis: porque su primero inventor, que fue el Comendador Jerónimo de Carranza escribió tan profundamente en ella, como sus escritos lo manifiestan: pero fue en teórica, y no en práctica demostrativa. Y, como dicen Tulio y Plinio, ningún arte hay tan fácil, que sin intérprete, y gran ejercicio pueda entenderse: y considerando, que era un tesoro escondido, y tenido en poco de los hombres, por no entender, ni conocer su valor con tanta facilidad, que no les costase trabajo: determiné, aunque haciéndole notable agravio, a la grandeza y excelencia suya, y de su autor, manifestar y declarar aquello que mi Entendimiento pudo percibir, y lo que mi ingenio pudo trabajar muchas veces, fatigándole más de lo que con su vuelo podía alcanzar: porque no solo trabajaba de día, pero la noche no perdonaba: y con la perseverancia de mi trabajo y estudio, experimentándolo muchas veces, para certificarme de su certeza, vine a hacer un pequeño volumen, que por mi gusto tenía en mi escritorio: y los ratos que las ocupaciones militares me daban de alivio, dejando la espada de la mano, o el arcabuz del hombro, los gastaba en leerlo una, y muchas veces: porque se ama tanto aquello que es trabajo de nuestro ingenio, que cada vez que lo vemos, de nuevo nos regocijamos: que es ordinaria cosa amar aquello que nos cuesta mucho trabajo. Esto vino a ser entendido por unos caballeros particulares amigos, y me importunaron, se lo diese, para pasarlo, y verlo. Y aunque de mi parte había hecho las diligencias, a mi parecer bastantes para entender ser cierto lo en él escrito, no me atrevía a enseñarlo por algún justo temor de que no estaba adornado con la elegancia de Retórica que convenía para salir a ser visto: pero al fin vencieron mi temor, las obras de amistad: y por las leyes de ella les pedí, (supuesto no poderles negar lo que pedían) fuese visto en secreto: porque él, y yo no fuésemos reprendidos en público, dándoles por disculpa de alguna que me podían poner, que no estaba acabado (como en efecto no lo estaba). Al fin lo vieron, y no sé si la amistad fue causa o algo bueno que hallaron en él, les incitó a persuadirme con muchas veras, lo prosiguiese, hasta que pudiese salir a la luz: que aunque mi primer intento fue este, al medio de la carrera le temí, poniendo los ojos de la consideración, que me atrevía a mucho, y me ofrecía a sufrir más: y este temor crecía, viendo y considerando, que si a su primer autor, mordaces lenguas e intenciones envidiosas y dañadas: tanto le persiguieron (siendo el tronco principal) que a no tener LUIS PACHECO DE NARVÁEZ35 EPÍSTOLA. echadas las raíces de su autoridad tan hondas, en alguna manera prevalecieran contra él: que a este pequeño brotecillo, algún viento de envidia le marchitase, por algún tiempo: porque las falsas opiniones fuesen en algunos intervalos tener autoridad, aunque al fin la verdad prevalece. Todo esto les puse por delante, para excusarme de su demanda, contentándome tenerlo en borrador para solo mi gusto, sin ponerlo a ser juzgado por muchos que están depravados para cosas de virtud. Al fin, pudieron más en mí sus persuasiones que las excusas que les ponía, y a mí temor pusieron Ánimo, ya mi tibieza redujeron a confianza, de que volviéndolo a pasar con atención, y comunicándolo con personas doctas, podría salir en público. Y con lo que más me convencieron, fue en decir, que sería provechoso a muchos (que es mi celo particular) sirviéndoles a los muy atrevidos de freno, para que con Prudencia tratasen las armas de aquí en adelante: y a los temerosos, de espuelas: pues es cierto, que con el arte, se aumenta el ánimo. Esta fue la causa más bastante que rindió mi Voluntad a seguir la suya, y con mucho trabajo y estudio le vine a reducir a práctica demostrativa, con demostraciones tan claras (a mi parecer, y de otros muchos) que cualquier Entendimiento se quietará, y los Ánimos quedarán tan sosegados, que ninguna los perturbará, sin fatigarse tanto como el mío, por saber en el estado en que se ha de quedar, después de haber dado la herida, o formado el reparo, para del todo quedar sin peligro. Con todo esto, no me determinaba a publicarlo, teniendo en la Memoria aquel dicho de Ovidio, pues dice, que la verdad engendra odio y enemistad: y como mi principal intento fuese declarar verdades, y con la fuerza de ellas, destruir las opiniones falsas y mentirosas, que estragan, y trastornan el juicio, haciendo parecer verdadero lo falso, y cierto lo dudoso, y de provecho lo que notablemente daña: desconfiaba, que mi trabajo tuviese el debido acogimiento que merece: porque son tantos los que siguen, inconsideradamente, el peligroso golfo de las opiniones y engaños vulgares, que se arrojan en ello como en seguro puerto, siguiendo en todo su parecer, que las más veces es causa de dar a la costa de su perdición, en notables peligros: y aunque cada día los padecen, y ven en sí por experiencia lo que no les deja conocer su malicia: es tan fuerte la ligadura que tienen hecha en su opinión y afición, que con dificultad la dejarán algunos, y ternan por mejor morir ignorantes, que vivir desengañados, por persuadirse con dificultad lo que nuestra voluntad no quiere: y el daño que de aquí sucede es tener ciego el Entendimiento, para que dejen de entender, que el que navegare por el peligroso mar de la Destreza, sin el gobierno y razón de la ciencia, que en cualquier golfo se anegará, y en cualquier bajío se perderá. Pues, como dice el Sabio: El que ama el peligro, morirá en él. Siendo justo, considerasen, que las cosas no se han de estimar por lo que parecen de fuera: porque lo exterior las más veces engaña, siendo falso el oro con que están doradas, y bajo el cobre de que están compuestas, y el hombre que quisiere acertar, no ha de hacer lo que su apetito pide, ni a lo que su inclinación le lleva, sino lo que la razón le aconsejare: teniendo en la Memoria lo que dice Casiodoro, en la tercera de LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA36 EPÍSTOLA. las Epístolas, que la ciencia purifica las costumbres, y enseña a bien vivir: para que de todo punto se pusiesen en sus manos, ofreciéndole obediencia, como a señora universal de lo que tan de veras procuran saber, que Quintiliano dice, no ser cosa vergonzosa confesar el hombre que no sabe, que haciendo esto, y procurándola de su parte, gozarán de la suavidad suya, que es tal, que al paladar de los que desapasionadamente le gustan, es más dulce y suave que el almíbar, serán adornados de templanza en sus inconsiderados movimientos, que de sabios es mudar consejo, cuando van errados: y pues el corazón del hombre más se mueve y persuade con un ejemplo, que con un millón de palabras: y esto afirma la común sentencia de Retóricos: No quiero gastar más tiempo en ellas, antes les quiero rogar a los que desde su edad juvenil han profesado la Destreza ordinarias, me digan los trabajos que por ella han padecido, peligros, disgustos, sospechas, sobresaltos, temores, inquietudes, heridas, y muertes han padecido y visto padecer a aquellos que más aprovechados estaban en sus tretas, solo por fiarse de ellas: y las más veces dadas por hombres rústicos, y sin ningún uso en la Destreza. ¿Pues qué es esto? Cuya es esta culpa: ¿pondremos a la Destreza que profesan, o a ellos, que son los profesores? A ellos, no es justo, porque de muchos, sus Ánimos son tan valerosos, que con facilidad emprenderían cosas heroicas: lo cual pierden por sujetarse a Destreza falsa, y de vencedores que podrían ser, estando enterados en la verdadera, son las más veces afrentosamente vencidos y muertos: y solo les queda (cuando mucho) tiempo para arrepentirse de su loca confianza. Pues pongámosla a la vulgar Destreza, pues tan sin fundamentos de ciencia está fundada: por lo cual, aunque todos los hombres deseen ser Diestros, no lo pueden alcanzar perfectamente: porque es causa, buscarlo por caminos tan inciertos y oscuros, que antes darán de ojos en las tinieblas de los peligros, que salgan a luz con lo que pretenden: pero no sé qué género de confianza me anima, de que han de advertir lo bien que les estará dejar lo uno, y estudiar en lo otro: y de tal manera han de estudiar esta verdadera Destreza, que así como a las demás naciones les llevan conocidísimas ventajas en Ánimo, y estas confesadas por ellas mismas, también las han de llevar en saber ejercitar científicamente esta Destreza verdadera. Mucho me pedís en vuestra carta, respecto del poco caudal de mi Entendimiento, pero considerando las muchas obligaciones que tengo a obedeceros, determiné (aunque no sin temor) dar principio a ello: con esto cumpliré lo que con tantas veras deseo, que es serviros: y más en esto, que ha de ser para guarda y conservación de vuestra vida. Si en él no me supiere declarar también como querría, o querríais, entended, que no es falta de voluntad, antes me parece ser cosa ordinaria en los hombres (según dice Tulio), no poder con palabras explicar propiamente lo que sienten, o saben; y siendo así, disculpa tienen los defectos que mi pluma hiciere. Y en recompensa de ellos, mi Voluntad ofrezco: pues, como dice Erasmo, lo que con ella se ofrece, se debe dar por recibido. SUMA DE LO QUE CONTIENE ESTE LIBRO EN CADA UNA DE LAS CINCO PARTES EN QUE SE DIVIDE. En la Primera. - Prólogo al lector, en que se prueba, que la Destreza de las armas que aquí se trata, es ciencia. [29] - Una Epístola a un amigo del Autor, a cuya instancia se hizo este libro. [33] - Los Fundamentos de la verdadera Destreza, fol. 1. [41] - Las partes y señales en lo exterior, y compostura en los miembros que ha de tener el que la hubiere de profesar, para más perfección: es punto importante para los Capitanes que quisieren levantar gente, folio 6. [44] - Las partes interiores de que ha de gozar: contiene cinco puntos importantes: los cuales son, fol. 12. [55] - Entendimiento, y su mucha importancia, fol. 13. [57] - Ingenio, y lo que vale en Destreza, fol. 14. [59] - Memoria, y su oficio, fol. 16. [63] - Prudencia, y lo que está a su cargo, fol. 18. [67] - Ánimo, y su valor, fol. 19. [68] - Qué partes ha de tener el Maestro que hubiere de enseñar esta Destreza: importa este punto al discípulo que la quisiere aprender, supuesto que quiera enseñarse por Maestro, fol. 22. [71] - Qué partes ha de tener el discípulo que el tal maestro ha de enseñar, y se le dan algunos avisos al maestro, cómo lo ha de enseñar, y a qué hora, y en qué lo ha de ejercitar primero, fol. 27. [77] - Un juicio entre las dos Destrezas, verdadera, y falsa donde se prueba la verdad y certeza de la una, y la incerteza y falsedad de la otra, fol. 32. [84] En la Segunda. - Los preceptos que ha de guardar el que quisiere ser Diestro: en que se le enseña cómo ha deasentar los pies, que es el primer fundamento: cómo ha de tener el brazo para estar bien perfilado, todo en demostraciones. En este punto se avisa desde dónde se forma cada herida de la Destreza ordinaria, y cómo se ha de tomar la espada, fol. 36. [91] - Cómo se ha de elegir el medio de proporción con espadas iguales, y desiguales: es de mucha importancia, fol. 51. 53. 55. [110] - Una demostración, en que se manifiesta cómo se ha de andar en Destreza, para estar con seguridad, fol. 56. [117] - Otra Demostración, donde se manifiestan los ángulos rectilíneos, y se avisan particulares cosas de importancia, así para el herir, como para defenderse, fol. 58. [120] - Un aviso particular e importante de los compases, y qué cosa es compás sencillo, y LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA38SUMA DE LO QUE CONTIENE ESTE LIBRO. compás doblado: los pies que ha detener cada uno, y el pie de qué largura ha de ser: es de mucha consideración, fol. 66. 67. [124] - Una demostración, en que se manifiestan tres movimientos circulares que hace el brazo, según sus coyunturas, y cada uno para qué herida, y cuál vencerá a cuál, fol. 69. [134] - Otra demostración, en que se avisa de tres heridas que hay, cuyos nombres son: herida de círculo entero, de medio círculo, y de cuarto círculo, y cuál vencerá, fol. 71. [137] - Otra demostración de la cuerda y arco, que es lo mismo que movimiento circular, y movimiento recto: donde se prueba con cuál se hiere más velozmente, fol. 72. [138] - Otra demostración importantísima, lo que se puede considerar en Destreza, donde se muestra, cómo el ángulo recto alcanza más que otro alguno, fol. 75. [142] - Una declaración particular de cuatro líneas, las cuales son, línea recta, líneas paralelas, línea circular, y línea mixta, fol. 78. [146] - Un aviso de importancia de lo que se ha de advertir para mejor entender este libro, fol. 82. [151] - Una declaración, en que se avisa, qué cosa sea herida, y de qué se compone: y qué es herida antes de tiempo, en tiempo, y después de tiempo, fol. 84. [154] Tercera Parte. - En esta tercera parte se ponen las más comunes tretas que se practican y usan en la Destreza ordinaria: las cuales son, fol. 88. [159] - Cruzar la espada por delante del pecho, fol. 93. [167] - Treta del llamar, fol. 97. [172] - Treta del tentado, fol. 101. [177] - Treta de estocada de puño, fol. 105. [181] - Treta más famosa, a quien dicen, Arrebatar, fol. 107. [183] - Treta de dar golpe en la espada, fol. 112. [190] - Treta espantosa, a quien dice, Tajo rompido: y los remedios ciertos para contra todas ellas, todo en demostraciones, fol. 116. [194] - Un aviso en Teórica del brazal, y por cuántas partes se hace: y de la manotada, y estocada al pie, y al codo: y el remedio para todas ellas, fol. 121. [205] - Un aviso particular, de cuál arma, daga, capa, broquel, y rodela se podrá uno defender mejor, fol. 126. [208] - Otro aviso del medio proporcionado, qué cosa sea, y cuánta su importancia, fol. 131. [213] LUIS PACHECO DE NARVÁEZ39SUMA DE LO QUE CONTIENE ESTE LIBRO. Cuarta Parte. - En la cuarta parte se ponen los particulares de la Destreza verdadera en demostraciones, así heridas de primera intención, como de segunda, tajos, reveses, y estocadas, y reparos: y de la manera que se afirma el Turco, y cómo se le ha de herir, fol. 135. [217] Quinta Parte. - En la quinta, y última parte, se ponen ocho puntos muy importantes, los cuales son, fol. 243. [335] - El ejercicio que el Diestro ha de tener: cómo se ha de ejercitar, con qué espada, y cómo para ejercitar las armas: si no se ha de quitar capa, espada, ni daga: y por qué es de mucha consideración, fol. 244. [337] - La Razón que ha de haber para pelear, y cómo sin tener mucha, no se ha de poner mano a la espada: es punto de mucha doctrina e importancia, fol. 248. [343] - Una regla muy particular, y de grande importancia y provecho, cómo se conocerá la complexión del hombre por la fisionomía: con lo cual se tendrá noticia y conocimiento si fuere animoso, o no: se hace una partición del año, y del día, y de la edad del hombre, para saber en cuál tiempo está más valiente, y cómo se le ha de herir a cada uno, según el tiempo, y la edad, y complexión: y se avisa con cuál de los hombres, alto, pequeño, o mediano se podrá uno defender mejor, fol. 252. [348] - Cómo se han de conocer los cuatro movimientos cardinales: los cuales son, Movimiento violento, movimiento natural, movimiento remiso, y movimiento mixto, fol. 266. [369] - La importancia grandísima del tacto, y cómo sin él, no tendrá el Diestro cierta su defensa, ni podrá obrar universalmente, cuanto a matar los movimientos con el atajo, fol. 272. [374] - Lo mucho que le importa al Diestro la conservación del aliento, y cómo no podrá vencer, ni defenderse faltándole: y cómo lo ha de conservar, fol. 272. [377] - Los admirables efectos de la regla universal, donde se verá quién es, y lo que vale: y cómo no hay herida particular que no le sea inferior, ni movimiento que no mate. Se pone una duda, y se declara, con cuántos hombres puede uno pelear: es punto digno de saberse, fol. 286. [391] - Cinco caminos que hay por donde el Diestro ha de caminar, así para las heridas de primera intención, como de segunda: ora sean circulares de tajo y revés, o para estocada, y la cantidad que ha de tener cada uno, y qué tanto se ha de apartar de la línea del diámetro: y se avisa la diferencia que hay de compases, así simples, como compuestos: es punto, que sin entenderlo muy bien, y ejercitarlo muchas veces, no podrá uno ser Diestro, fol. 285. [393] - La graduación de la espada, donde se manifiesta su fuerza, y flaqueza, por números: y cómo para sujetar la espada contraria, ha de haber ventaja de mayor número: importa tanto este aviso como el de arriba, concluyendo con lo universal, así en Teórica, como en práctica, puesta en demostraciones, y en todo el discurso del libro mucho ejemplos y sentencias merecedoras de ser leídas, y provechos para ser imitadas, fol. 262. [401] LUIS PACHECO DE NARVÁEZ41 PRIMERA PARTE DE LA VERDADERA DESTREZA LOS FUNDAMENTOS SOBRE QUE ESTÁ FUNDADA LA VERDADERA DESTREZA Habiendo pues de dar principio a obedeceros, es necesario, que primero sepáis las partes de esta verdadera destreza, que queréis profesar. Los fundamentos tan fuertes sobre que está fundada, su señorío y grandeza: porque justa cosa es, que primero que la voluntad deliberadamente quiera una cosa: el entendimiento, a cuyo cargo está el examen de todas, la examine y vea si es conveniente, o no: porque muchas veces, de no hacer esto, aprenden los hombres cosas, que son causa de su perdición, tomándolas (como dicen) a carga cerrada, debiendo advertir, que los negocios que se quieren comenzar, y a sus principios se miran con prudencia los fines que pueden tener, no dejan después aquel pesar que suelen, los que sin estas diligencias, y discretas consideraciones, se comienzan, y acaban, ni dan cuidado de volverse a deshacer: porque cuanto es de más importancia un negocio, tanto más conveniente examinar, y mirar los medios que para alcanzarle conviene poner, para acertar en él: porque engañarse un hombre en un concepto, entender mal un verso, no explicar bien una ley, y otros semejantes, tiene remedio con volver a mirarlos, o pedir consejo: pero engañarse, yerra en negocio tan importante, como es saber defenderse de las cautelas y engaños de su contrario, error es, que no tiene enmienda, ni cuesta menos que la vida, o peligro de ello. Y de esto mucho han visto por sí la experiencia en su daño y perdición: y en particular los mozos, que por su poca edad, no tienen capacidad para buscar los medios, con que se alcanza la defensa de la vida, honor y hacienda, que es esta verdadera destreza, de que tratamos: por ser un género de virtud, que se alcanza con mucha edad, y larga experiencia, o con mucho entendimiento, y gran prudencia. Lo primero sobre que se funda esta verdadera destreza. La primera parte, y más principal, que tan ilustre y valerosa la hace, es ser cierta y verdadera, teniendo la propia verdad que las demás ciencias, por ser sus demostraciones tan evidentes e infalibles. Y es este nombre de verdad, de tanta majestad y grandeza, que en diciendo que una cosa lo es, ni hay más que decir, ni encarecimiento mayor que poner: porque así como la verdad ella en sí es firme y cierta, así es cierto y firme lo que en ella se funda y promete: porque la certeza del efecto consiste en la certeza de la causa de donde procede: pero cuando el principio, o causa es falso e incierto, el efecto que de él procediere, ha de ser falso e incierto. De la verdad dice Marco Tulio, que es tan grande su fuerza, que ella por sí, sin ayuda de nadie, se defiende de las asechanzas de los que maliciosamente la quieren encubrir. La destreza, por lo que tiene de verdad, hace el mismo efecto, y siempre sale victoriosa. La verdad es la que rige los cielos, alumbra la LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA42PRIMERA PARTE DE LA tierra, sustenta la justicia, gobierna la República, confirma lo que es cierto, y aclara lo que es dudoso: centro, a donde todas las cosas reposan: Norte, por donde todo el mundo se rige: blanco, a donde todos deben caminar. Efectos de la destreza. La destreza, por lo que se alcanza, y goza de esta verdad, cuanto le es posible, hace los mismos efectos: porque ella rige a los hombres, enseñándoles cómo han de buscar su conservación y defensa, por caminos ciertos: alumbra el entendimiento, y lo satisface con sus demostraciones evidentes, sustenta al hombre, y le defiende la vida y honor, cuando se la quiere quitar el malo: que este es uno de sus particulares efectos. De esta ciencia gobierna, avisando cómo, y por dónde se haya de procurar: confirma en certeza lo que hasta aquí estaba en opinión, aclara lo que no es cierto con su presencia, porque un contrario con otro se conoce mejor: es centro, a donde todas las aficiones de los hombres, inclinados a las armas, pueden reposar: porque es el fin de lo que podrán desear, y hallar: es Norte, por el cual todos se han de regir, si quisieren acertar. Y concluyamos con el dicho del Sapientísimo Sócrates, en el libro primero de la ira, que dice, que no hay virtud que de mejor gana premien los dioses que la verdad: ni hay vicio que con mayores veras castiguen que la mentira. Pues también la destreza, en su tanto, tiene estos dos efectos: porque a los hombres que la profesan, y tratan de ella, científicamente los premia, con darles buen suceso en el fin para que la profesan: y a los que siguen lo contrario, ello mismo trae consigo el riguroso castigo del peligro. Y pues es cierto, que no se ama lo que no se conoce: y por lo dicho, se conoce bien, que sea la verdad y la destreza, por lo que goza de ella, cuán grande su virtud y excelencia: y queda bien probado. Pasemos adelante. Segunda parte, sobre que se funda la destreza. La otra parte, que no menos excelente la hace, es, que están fundado este maravilloso edificio de la destreza sobre tales, y tan fuertes fundamentos, que ni el rigor del tiempo la consumirá, ni jamás se envejecerá, ni perderá de su ser un punto: porque de cualquiera parte que la miréis, la hallaréis que estriba sobre las sólidas murallas de las ciencias: las cuales le ayudan con la verdad, que cada una por sí tiene, y le favorecen con su certeza, y la hacen más fuerte, añadiendo fuerza a fuerza: de tal fuerte, que si la Matemática en sí tiene certeza y verdad, la destreza se muestra por ella, y la fortalece con sus demostraciones. Y si la Aritmética en sí tiene verdad y certeza, la de la destreza se acompaña con ella: porque trata de cuenta y razón. Y si la Filosofía natural nos descubre y manifiesta muchos secretos, ella misma declara los que la destreza tiene. Y pues en esto su primer inventor, en la especulación de cada una, subió tanto de punto las cuerdas de su entendimiento, que los más aventajados en él se han admirado en el orden de la subalternación de las ciencias antiguas con la nuevamente inventada. De la destreza, de que hizo un libro tan curioso y de gusto, cuanto profundo en sentencias: para lo demás que falta, os remito a él, donde podréis, a vuestro gusto, henchir las manos de vuestro deseo. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ43VERDADERA DESTREZA. El señorío que tiene esta destreza. El señorío y la grandeza que tiene es tanta, que el hombre que militare bajo de su amparo, tendrá dominio y poder sobre las voluntades ajenas. Pues, de verdad, no hay llave mayor que le hombre sabio, para abrirlas, y que en ellas le reciban: porque la ciencia que profesa, es causa, que todos le respeten, le amen y favorezcan: sin que en ninguna parte se halle extraño. Que como dice Diógenes: El hombre sabio, es ciudadano de todo el mundo, y en ninguna parte le falta nada: consigo lleva salvoconducto, y carta de recomendación para todos. Y esto confirma Aristipo, en la respuesta que dio a los que le preguntaron, qué diferencia había de un hombre sabio a un necio, diciendo: Enviadlos ambos desnudos, entre gentes extrañas, y veréis la diferencia que hay. Dando a entender, que el sabio, aunque esté desnudo en tierra extraña, consigo lleva el tesoro de su saber: por el cual no le faltarán amigos: y el necio desnudo, no hallará sino quien se ría de él, y aún va en peligro de morir de hambre: porque como las obras del hombre, descubren la grandeza de su ingenio, y la ciencia es un bien altísimo: y el bien, según Aristóteles, la mejor cosa del mundo: porque todos le desean, siendo como es el objeto de nuestra voluntad, por donde quiera que un hombre científico fuere, seguro va, porque lleva provisión para toda la vida: y esto pierde el necio, y otras muchas cosas, que a este propósito se podrían decir. Y con una de Sócrates concluiremos este punto. Dice este doctísimo varón, que la ciencia es un solo bien: y por el contrario, la ignorancia un solo mal. Y la razón es, porque la ignorancia es causa de todos los males que se cometen: y la ciencia de todos los bienes que se hacen. Y porque lo que está de suyo loado, querer darle loor, es, quitárselo. Lo demás que falta en esto, lo remito a vuestro entendimiento. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA44PRIMERA PARTE DE LA LAS PARTES Y SEÑALES EXTERIORES, Y COMPOSTURA EN LOS MIEMBROS QUE HA DE TENER EL QUE HUBIERE DE PROFESAR ESTA VERDADERA DESTREZA, PARA MÁS PERFECCIÓN. Pues hemos dicho las excelentísimas partes, fundamentos, y grandeza de esta ciencia: y se ha probado con razones fundadas en razón, justo será sepáis las que ha de tener el que la quisiere profesar: porque no os engañéis, ni se engañe nadie en entender, que cualquiera, como de árbol sin dueño, podrá aprovecharse de su fruto: y es necesario que en esto haya mucha consideración, y que ninguno se ponga a aprender ciencia, a la cual no tenga dispuesto su ingenio, y en particular a esta, donde tantas partes se requieren. Y porque dudo habrá alguno que se conozca, siendo como es la presunción humana de tal suerte, que el que menos partes tuviere, se imaginará un Salomón en sabiduría, un Aristóteles en viveza de ingenio, un César en ánimo, y un Héctor en fuerzas, y se atreverá a dar quince y falta al que más gozare de esto. Quiero, particularizándolas, decir las partes de que ha de gozar en lo exterior, y señales con que se podrá conocer, porque ninguno se engañe, así los que quisieren aprender, como los que quisieren enseñar. Los hombres que los antiguos Romanos elegían para la guerra, con el deseo que tenían de ser vencedores, y supeditar el mundo, y señorearse de él, los buscaban con tanto cuidado, y los Capitanes los recibían con tanto recato, como si cada uno fuera para capitán, o en cada uno de por sí estuviera el fin de la deseada victoria: y esta era una muy justa consideración, porque la congregación de un ejército, es como la composición del antídoto, que se compone y forma de varias cosas, y ninguna sola de por sí causa el efecto para que se compone, sino todas juntas. Así, que de muchos hombres se juntan muchas fuerzas, y de estas fuerzas se forma una potencia, con la cual todas juntas, hombres, fuerzas, y potencia causan el efecto para que se ordena, que es vencer al enemigo, y rendir el campo del contrario: y por eso los buscaban tales, que cada uno ayudase con su virtud y esfuerzo, sin que hubiese alguno que dañase y acobardase a los demás. Vegecio Re-milit. Porque según dice Vegecio, en el Re Militari, no conviene, que ningún solado se reciba en el escuadrón, sin que primero sea conocido su ánimo y esfuerzo, que de lo contrario resultará daño al que se fiare de él. Y de esto, ejemplo tenemos al vivo en lo que hizo Julio César: habiendo de venir a hablar con Ariovisto, su contrario, y de la República Romana, siendo condición, que no viniese sino con sola la caballería. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ45VERDADERA DESTREZA. Pues quitó los caballos a los Galos (que eran los Franceses) de quien no tenía mucha confianza, y mandó subir en ellos a los mejores y más valientes soldados de la décima legión, de quien tenía entera satisfacción, por el largo conocimiento que de su esfuerzo y valor tenía. Noten los Capitanes. Y en lo que Tito Livio aconseja con gran encarecimiento: Guardaos bien vosotros, los Capitanes, no tengáis en vuestro campo más extranjeros que de vuestros propios soldados. Llama aquí extranjeros a aquellos que no son conocidos. Y de esto otro más vivo ejemplo nos dio Agesilao, Rey y capitán de Lacedemonia, que teniendo hecha alianza y hermandad en armas con otras Provincias, cercanas a la suya, para vencer y ofender a sus enemigos. Oyendo, que sus compañeros se quejaban, que siempre los traía ocupados en la guerra, especialmente, porque ellos eran muchos, y los Lacedemonios pocos: por lo cual Agesilao, queriéndoles demostrar lo contrario, y que los Lacedemonios eran más, aunque menos en número: mandó, que todos los compañeros se pusiesen a una parte, y los Lacedemonios a otra: y luego mandó, que de los compañeros saliesen primeramente los olleros y cantareros: y luego los herreros, zapateros, albañiles y los demás oficiales. Entre los Lacedemonios, ningún soldado podía ser oficial mecánico. De esta manera, casi todos los compañeros se apartaron: pero de los Lacedemonios ninguno se apartó, porque los de esta nación, que eran para la guerra, les era prohibido poder ejercitar, ni aprender arte, ni oficio, que se hubiese de hacer sentado. Y les dijo el Rey: Veis aquí, varones, cuántos más somos nosotros, que vosotros. Mostrando, que no va nada, en que salga gran número de gente a la guerra: más en que sea fuerte, y conocida: y sobre todo muy ejercitada. Y si el parecer de Antístenes, Filósofo, se ha de admitir: dice, que mejor es pelear con bueno, aunque sean pocos, contra muchos malos: que con muchos malos, contra pocos buenos. Y no fiarse de hombres bajos, ni oficiales mecánicos, ni de hombres de poco pundonor, sino de hidalgos, y hombres conocidos en virtud y esfuerzo. Entre los Araucanos, no podía el soldado ser oficial.