Que esto propio, y con no menos cuidado hacían los Araucanos, pues en siendo los mancebos de edad para mandar las armas, los ejercitaban en ellas: y siendo suficientes, los recibían para la guerra: y no lo siendo, los privaban del uso de ella, y los echaban a la labranza del campo, con cargo y sujeción de servir a los recibidos al arte militar. Muy diferente de lo que en nuestros tiempos se practica, pues vemos, que si un Capitán hace gente, a cualquiera, que quiere ser soldado, de cualquiera suerte que sea, le recibe debajo de su bandera, solo por hacer mayor número. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA46PRIMERA PARTE DE LA Condición de hombre bajo y ruin. De donde muchas veces, en las ocasiones de veras, (que es donde se muestra el valor de cada uno) que el Capitán se pierde, y ellos se salvan: porque, como el ruin no trabaja por tener honra: ni siente que cosa es afrenta, ni tiene por soca vergonzosa el huir, con facilidad se acoge a él, como a seguro puerto de su cobardía: dejando al pobre Capitán en el degolladero, pagando la justa pena debida al poco cuidado que tuvo en buscar quien le ayudase con valor y esfuerzo y ellos, juzgándose por dichosísimos, en poder llevar la nueva de lo sucedido. Costumbre entre los Lacedemonios con los soldados que huyan de la batalla. Y a fé, de verdad, que si hubiera la costumbre, que entre los Lacedemonios había, que pocos huyeran: porque entre esta nación, a todos los que de la batalla salían huyendo, después sus Capitanes los mataban: porque entre ellos, por mayor mal se tenía huir, que morir. Y por esto decía muy bien Erasmo, que mejor es al Capitán en la guerra, ver, qué gente lleva consigo, y qué tal es la que tiene su enemigo, que no contar el número: porque no de los muchos soldados se ha de fiar, ni los pocos temer: porque la victoria procede, y se alcanza siempre con los buenos, y no de los muchos. Esta verdad nos da bien a entender, con bastante aprobación y desengaño, lo que sucedió a aquel famoso Capitán y caudillo Gedeón: pues yendo a pelear contra los Madianitas, el cual llevaba en su ejército treinta y dos mil soldados. Y le mandó Dios, que no llevase gente cobarde: y que a los que temiesen la batalla, los dejase volver libremente. Publicada esta licencia, y echado este general bando, gozando de él, se volvieron veinte y dos mil, que dando solo diez mil. Y después volvió a mandarle, que de aquellos escogiese los más valientes, y despidiese los otros, dándole seña bastante y cierta para conocerlos: y fue, que los llevase a las aguas, y que los que bebiesen con la mano, tomando el agua en ellas, los eligiese, y con estos solos diese la batalla: y que los que bebiesen de buzas, los despidiese y desechase. Y hecha esta diligencia, quedaron solo trescientos soldados: con los cuales entró en la batalla con los contrarios, y los venció. Lo mismo sucederá a nuestros Capitanes, si en el recibir, o escoger los soldados, fuese con las diligencias de llevarlos a las aguas de algún pequeño peligro, para hacer prueba de su valor y ánimo: pero me admira esta consideración, que si un Capitán, o antes que lo sea, se le ofrece alguna pendencia (que digo pendencia) ir a rondar la calle de su dama, procura llevar amigos consigo, que le acompañen, y guarden las espaldas: y para esto, que sean valientes, animosos y determinados: con ser el caso de no mucha importancia, y sé que cuando van a pelear por su Ley, por su Rey, y por la República: y además de esto por su reputación, y que se contenten en llevar cien Benitillos: que aunque es verdad que los lleva en nombre de soldados, cuyo valor del que es bueno, merece (sirviendo a su Rey y señor) toda la merced que le pueda hacer: ni se precia de sentarlos a su mesa, ni darles su lado: porque ni merecen lo uno, ni lo otro: debiendo LUIS PACHECO DE NARVÁEZ47VERDADERA DESTREZA. entender, que aquel a quien le falta valor para merecer esto, no lo tendrá para librarlo del peligro y batalla que se le ofreciere: y sería mucho mejor llevar cincuenta soldados honrados, que mucho número de estos Antoñuelos: para que cuando acometiere alguna empresa ardua, y dificultosa, y la venciere, le sea mayor honra: y no llevar gente baladí, que le sirva de afrenta: que tan Capitán será con cincuenta hombres, como con doscientos. Y es sin razón grandísima, que a un porquerizo, y otros semejantes, se les da la investidura y honroso hábito y nombre de soldados: pues es propiamente de los Reyes, y hombres nobles. Y por si un Capitán quisiere hacer gente, y conocer los hombres de quien se ha de fiar: y el Maestro, a qué discípulos ha de enseñar, y vea cada uno si es conveniente para esta ciencia, para que el uno no se vea en peligro, y el otro no se canse sin provecho: ni el discípulo gaste el tiempo. Busquen los hombres con estas señales, que lo son de hombres fuertes y esforzados, según lo afirman graves autores, así antiguos, como modernos. LAS PARTES EXTERIORES. Han de tener primeramente, la cabeza derecha, los ojos vivos, despiertos, la voz gruesa, el pecho alto, las espaldas anchas, los brazos rollizos, los dedos fuertes, el vientre enjuto, los muslos gruesos, y nerviosos, las piernas en buena proporción, los pies enjutos, en estatura mediano, en el andar compuesto, de provincia templada, codiciosos de honra, y hacienda. Y que estas partes sean ciertas, y muy necesarias para el hombre que hubiere de profesar las armas, no hay duda en ello: y aunque muchos las han tratado, han sido todas juntas, sin dar alguna causa, ni razón, porque hayan de ser de esta suerte, y no de otra: y por esto, lo mejor que pudiere, las iré declarando, ayudándome de autores graves, cuya autoridad sea la mayor prueba de ello. La cabeza. Y cuanto a la cabeza, conviene que sea proporcionada, por ser el miembro principal, y en quien están los sentidos: y es la atalaya desde donde se mira cómo se ha de gobernar el hombre en sus movimientos, ha de ser igual, porque igualmente comunique su virtud. A todos los demás miembros, a cada cual en su tanto: y a cada miembro, según su oficio, y que esta proporción antes decline a mayor, que a menor. Que esto da bien a entender el parecer de Hipócrates, que dice, que así es mala la cabeza chica, como el pecho angosto. Y Galeno afirma, que la cabeza chica es señal de pobre entendimiento, y de mala forma de cerebro. De suerte, que tener buena forma de cabeza, arguye tener buen cerebro, buen entendimiento, y mucha prudencia. Según aquel Problema que hace Aristóteles, cuál sea la causa de que el hombre sea el más prudente animal, entre los demás. Y responde, que porque tiene más pequeña cabeza, respectivamente del cuerpo: y que aquel será más prudente, el que tuviere la cabeza más proporcionada. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA48PRIMERA PARTE DE LA Platón. Y así mismo, es opinión de Platón, que la que es mediana, ni grande, ni pequeña, en los medios es la mejor: porque el que la tuviere pequeña, sea airado, y temeroso: y la razón, que la cabeza pequeña, se inflama de presto y calienta, y al punto se enciende la sangre y espíritu cerca del corazón, que es de donde nace la ira de la cual procede, no poder discernir ciertamente y con claridad las cosas, y de continuo duda en ellas: y de esta duda, procede temor: porque no puede obrar sus operaciones, que son, imaginar, pensar, entender, y recordar: y faltado esto, falta la confianza: y de esta perdida, no queda ánimo: de cuya falta, se viene a perder la vida, o a lo menos la honra. El cabello. El cabello, ha de ser levantado, o crespo: porque según opinión de los autores, a quien sigo, el atrevimiento procede de complexión caliente y seca, como el temor de complexión fría y húmeda: y el tener el cabello crespo, lo más general es ser atrevido: porque procede, por la mayor parte, de calor y sequedad: y el tenerlos llanos, de frialdad y humedad: y por esta causa el hombre que tuviere el cabello crespo, lo más general será ser atrevido y colérico: y por el contrario temido, y de complexión flemática. La frente. La frente lisa, y sin arrugas, significa hombre, que de su voluntad mueve, y procura cuestiones, por ser de complexión cálida y seca: el cual calor y sequedad hace la frente dura y tiesa, y sin arrugas: y el que tuviere muchas, será de complexión fría y húmeda. Y por esto, en los medios, es la mejor: así en esto, como en la anchura, que ni sea ancha de demasía, ni angosta en extremo. Las cejas. Las cejas, ni muy largas, ni muy enarcadas: porque el hombre que las tuviere muy largas, será arrogante y desvergonzado: porque procede de grande calor de complexión, de la cual procede arrogancia: y así la largueza de las cejas y abundancia suya, casi siempre se puede notar lo dicho, y tenerlo por cierto. Los ojos. Los ojos dan indicio, y muestran las más veces lo que hay en el corazón, pues son ventanas suyas, y por donde entran las especies de las cosas que se desean, o aborrecen: y el calor de ellos arguye la templanza del cerebro, y muestran los ímpetus acelerados, o vigorosos: y tenerlos muy vivos, muestran tener mucho calor: y por maravilla, los que los tienen zarcos [azulados], y graves, dejan de ser animosos y LUIS PACHECO DE NARVÁEZ49VERDADERA DESTREZA. atrevidos: y tenerlos tristes, es señal cierta de faltar calor, que es el que al hombre le hace animoso, atrevido, y determinado. Y porque hay muchas diferencias en los ojos, y cada una importante, diremos un punto de cada una de ellas. Y así, tener los ojos muy hundidos, profundos, o cóncavos, demuestran en el hombre ser traidor: porque según muchos autores, los ojos hundidos y pequeños, previene de pobreza de materia: y así mismo denota ser de complexión melancólica: y como el efecto de esta, sea hacer melancólico al hombre, y juntamente temeroso, y la naturaleza de este humor, engendrado por adustión [pérdida de humedad] de cólera, es hacer al hombre malo, por esta razón dicen, que será traidor, y temeroso: porque la traición hecha en esta profesión de las armas, no se hace sino forzado del vil temor y notoria cobardía: y tenerlos muy saltados, es señal de ser el hombre desvergonzado, hablador. Entendimiento, es discursivo, y juzga cada uno una cosa de por sí, y no todas juntas. Y es la razón, que como por ellos entran las especies de toda cosa (como está dicho) el tenerlos muy de fuera, reciben muchas especies de diversas cosas visibles: y como el entendimiento es discursivo, una a una, y no todas juntas las determina, y en breve tiempo, como aprehende una y otra, y muchas, no las puede juzgar y hablar de ellas con buen juicio. De qué procede la pereza y el temor. El tenerlos muy grandes es vicio y cierta señal, que el tal será perezoso, porque significa abundar muchedumbre de materia flemática, de la cual procede complexión fría y húmeda: y de estas la pereza y el temor: y el tener la niñeta [pupila] grande la dan por señal bastante de ser el hombre perezoso y de poco ingenio, por causa de ser de complexión fría y húmeda: y el que la tuviere muy negra, es cierto que será tímido, porque el temor procede de frialdad de complexión, como hemos dicho: y la niñeta negra significa complexión fría y húmeda. Hombre que tuviere los ojos tristes, no será valiente. Y en conclusión, en viendo hombre que tenga ojos tristes y sin ninguna viveza en ellos, téngase por cierto, que no gozará de aquel calor que baste a darle viveza, y prontitud, y ánimo. Y por el contrario: pero los mejores son aquellos, que son mezclados de negro y blanco, porque los tales son de buena naturaleza y complexión templada: de la cual procede templanza de costumbres, y seguir en todo a la razón, que los tales serán coléricos flemáticos: los cuales saben aguardar con reportación [contención] cuando conviene, y acometer cuando es necesario. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA50PRIMERA PARTE DE LA La voz. La voz gruesa abultada, y no en demasía, pero con alguna gravedad: Galeno. Aristóteles. porque la tal denota en el hombre brío y ánimo, según la opinión de Galeno, que dice, que la voz abultada y algo áspera, que es indicio de mucho calor: y de este parecer es Aristóteles, por lo cual se ha de huir de hombres que tuvieren el habla mujeril y aniñada, que ordinariamente es delgada y flaca: y sin ninguna duda se verá, que los tales por la mayor parte son flemáticos y de poco ánimo: porque el que es semejante a algún animal en alguna cosa, también lo será en la complexión, y participará de costumbres semejantes al tal animal. La mujer conocidísimamente es de poco ánimo, el que en algo fuere semejante a ella, lo propio será. Buen dicho y verdadero. Y por esto decía un hombre grave de nuestra España: Renegad de cuerpo de hombre sano, que tiene habla de enfermo, o de mujer, y huid de mujer que tuviere el habla de hombre, porque al uno la naturaleza trabajó por hacerle varón, y por alguna causa salió mujer: y el otro era para mujer, y salió hombre, porque de ordinario acuden a aquellas inclinaciones: el uno varonil, y el otro mujeril. Finalmente la voz ha de ser un poco gruesa, y esta no la puede haber, si no es en hombres de gran calor y virtud más fuerte, que cuanto más lo fuere, más aire echará afuera al canal del pulmón, que es de donde procede la voz gruesa, según Galeno, y otros autores, que todos afirman, que la voz abultada procede de gran cantidad de aire, que se mueve del pulmón a la garganta, lo cual procede de calor de naturaleza, como está dicho: y teniendo el hombre grande voz, procede de gran calor del pulmón, y del corazón: de donde vendremos a entender, que la voz gruesa se causa de abundancia de aire: y la débil, de la poquedad de él, pero se ha de entender que ha de ser voz natural: y no por accidente , o fingida, porque el que tal hiciere por parecer animoso, verdaderamente su ánimo será fingido: porque las obras de naturaleza se pueden fingir, pero no alterar ni contradecir: pero la tal voz fingida, será fácil de conocer, y mucho mejor en el verano, por ser el tiempo en que el aire está más delgado, y así adelgaza más la voz: y en el invierno más grueso, y así la voz se engruesa más. El pecho. El pecho alto: se deja entender cuán importante sea, pues el corazón (como vulgarmente se dice) es el que manda las carnes: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ51VERDADERA DESTREZA. Ninguna cosa corporal se mueve en cuanto a las potencias del Alma. y es cierto que las manda, porque ninguna cosa corporal, se mueve en cuanto a las potencias del Alma, sino en cuanto al espíritu vital, y este tiene su asiento en el corazón: y este mientras más caliente fuere, más vivo, más presto, más ágil se hallará para cualquier cosa que se le ofreciere: porque siendo el corazón principio y fin del calor natural, y este se distribuya a todo el cuerpo: siendo grande, tiene necesidad de gran refrigerio, para conservarse y poder vivir, porque en él consiste la vida: y esto no puede ser, si no fuere en casa ancha. Galeno. Porque dice Galeno, que es tan caliente de su propia naturaleza, que si estando el animal vivo, pusiésemos el dedo dentro de sus cavidades, sería imposible poderlo sufrir un punto, sin ser abrasado: y por esta causa conviene que sea su morada algo espaciosa en proporción, para que no se ahogue, acabe y perezca. Las espaldas. Las espaldas, han de ser anchas, a quien comúnmente llaman rehecho, para que igualen con el pecho, y así pueda ser refrescado el corazón, en proporción conveniente: porque si fuese muy demasiado de ancho, o de alto en extremo, no bastaría el calor para darlo a tan vigorosa posada: el cual sería como el horno pequeño, o grande, que con el calor con que el uno estaría abrasando, el otro estaría medio caliente: y el tal no gozará de la presteza, ni de las demás partes que pedimos. Los brazos. Los brazos rollizos y bien proporcionados en largura es lo mejor, porque esto procede del calor del corazón, por ser obra muy propia suya alargar y extender, y juntamente dar ánimo: y digo bien proporcionados: porque si fuesen largos, siendo el cuerpo mediano, sería extremo, o vicio de naturaleza, y la fuerza no sería mucha: y si fuesen cortos, siendo el cuerpo alto, tampoco sería bueno: porque se deja entender haber faltado allí en lo necesario. Ser rollizo moderado, es bueno, y demostrará tener fuerza, que es lo que se requiere para el ejercicio de las Armas: y si fuesen muy delgados, no tendrían sustancia, ni virtud: y por esto conviene que sean proporcionados en todo. Los dedos. Los dedos largos, fuertes, y no muy carnosos, denotan fuerza, que así el serlo, como el tener la fuerza: es la causa el mucho calor, como dijimos de los brazos, y pocas veces se ha visto en brazo corto ser la mano larga, ni en brazo largo ser la mano corta: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA52PRIMERA PARTE DE LA Con la fuerza se disminuye el miedo. y así el que tuviere las manos largas, y dedos largos, proporcionadamente, procediendo, como procede, de calor, de quien así mismo resulta el ánimo, será animoso, y tendrá fuerza: con la cual dice Ovidio, que se disminuye el miedo: y si tuviese las manos carnosas, y ásperas, será de grosero Entendimiento, por la razón que se dirá, cuando tratemos de los pies. Y si los dedos fuesen cortos, y carnosos, llanamente tendrán poca fuerza: y esto se ha visto muchas veces en los que quiebran una herradura de caballo: y otras pruebas semejantes, tener los dedos largos, y fuertes, y los nervios de fuera, o a lo menos con poca carne encima de ellos. El vientre. El vientre enjuto, arguye la parsimonia y estrechez de la vida: porque mal puede ser el hombre grueso, si es mucho el ejercicio. Y que el ser enjuto convenga al hombre para la guerra, nos baste por satisfacción, saber que Epaminondas, Capitán Griego, despidió a un soldado de su campo, solo porque era grueso: con el cual impedimento, ni podría acometer a prisa al enemigo, ni alcanzarlo, si huyese, porque con tan pesada carga no puede conseguir la voluntad, lo que desea, con la presteza que conviene. Y habiendo en este ejercicio de traer el cuerpo con tanta velocidad, cuando a una parte, y cuando a otra, llana cosa es, convenir ser el hombre delgado, y no traer consigo peso que le sea de tanta pesadumbre. Los muslos. Los muslos gruesos, y nerviosos, son de mucha fuerza, por ser musculosos, en quien de ordinario hay ligereza: porque con los músculos, se mueve más ligeramente, como se ve cada día en los que corren mucho, que jamás tienen los muslos carnosos, sino gruesos, y con los nervios de fuera. Y que al hombre de guerra convenga ligereza, así para las escaramuzas de arremeter, y retirar, por notorio lo dejo a vuestra consideración. Las piernas. Las piernas en buena proporción: Este término de proporción, que tanto se encarece, tiene tanto rigor consigo, que para haber de gozar cualquier cosa perfectamente de él, ha de carecer de todo vicio, y ni ha de tener cosa mala, ni le ha de faltar cosa buena: y la pierna para serlo, ha de ser bien sacada, con su facción de pantorrilla, y la garganta de ella ceñida: y esta es la que se puede decir en buena proporción, y el que así la tuviere, será hombre ligero, veloz en sus movimientos, y de cualquier extremo que participare de gruesas en demasía, será pesado y torpe, y sus movimientos serán tardos: y si fueren muy delgadas, no tendrá fuerza ni vigor en ellas. Y supuesto lo dicho, en buena proporción es lo que se requiere. De esto en particular gozan los que son estevados (piernas arqueadas), que lo más general es tenerlas bien LUIS PACHECO DE NARVÁEZ53VERDADERA DESTREZA. sacadas, de quien comúnmente se dice ser buenos hombres a caballo: y siéndolo, no repugna para nuestro ejercicio, antes será aventajado en lo uno, y otro. Los pies. Los pies enjutos, procede, según opinión verificada de los que tratan esto, de ser el cuerpo musculoso, y de templanza calienta y seca: la cual juntamente con el ejercicio no deja criar mucha carne en los pies, ni manos: en las cuales partes no hay sangre en abundancia: y si fuesen carnosos y muy gruesos, procedería de humores gruesos, de los cuales también se engendran espíritus gruesos: y el Entendimiento de tal, será grosero, además de que por su torpedad, y carga, no podrán servir al Entendimiento y Voluntad, como conviene, ni conseguir a su intento con la velocidad que piden los casos tan acelerados y repentinos de la guerra. La estatura del hombre ha de ser mediana. La estatura, me atrevo resolutamente a decir que ha de ser mediana: Platón y Aristóteles. porque sigo en esto el parecer de Platón y Aristóteles, que dicen, que la mejor estatura es la mediana, que no sea grande con exceso, ni chico con extremo: y si de alguna de estas hubiese de participar, de menos daño sería inclinarse a pequeña: porque según opinión de los dichos, los muchos huesos y carne dañan al Ingenio: Pocas veces hay ciencia en cuerpos grandes. además de lo que afirma el Derecho, que pocas veces hay ciencia en cuerpos grandes. Y conforme opinión de Filósofos, el hombre pequeño, es más prudente que el muy alto: y sin ninguna duda los hombres de buena estatura llevan muchas ventajas a los demás que participaren de algún extremo. Y así dice Tito Livio, que los Romanos no eran muy altos de cuerpo, más que eran medianos, esforzados, prudentes y sabidos en las armas. El andar ha de ser compuesto. En el andar compuesto: que esto sea mejor se podrá conocer, considerando en algunos hombres cuán poco brío tengan, que parece, que se les va cayendo cada cuarto por su parte: los pies arrastrando, el cuerpo corcovado [encorvado, jorobado] por causa de su poco brío, los pasos espaciosos, y con extraña desgracia, que todo es muestras de hombre grosero, perezoso, flemático, y no de mucho ánimo. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA54PRIMERA PARTE DE LA Nota. Y por el contrario otros, que en el echar el pie, es con una gracia y compostura, que aficiona: el cuerpo, y rostro derecho, sin hacer extremo con él: el paso un poco acelerada, con moderación: todo lo cual es muestra de hombre colérico y animoso. Finalmente, para que no haya más que decir, ni más que desear, sea en todo proporcionado, sin que participe de ningún extremo que le afee. Pues para decirse un hombre perfecto en lo natural, es necesario, según Tulio, lib.I. de offic. Y santo Tomás I.part.quest.39.art.8 se componga de todas sus partes y miembros enteros y perfectos y bien dispuestos, sin que en ninguno haya desigualdad extrema. Conviene así mismo (en particular los que hubieren de seguir la Milicia) que sean codiciosos de ganar honra y hacienda: porque con esta codicia acometerán cualquiera empresa, por ardua que sea. Que estos eran los soldados que Catón Uticense quería, como lo refiere Plutarco en la vida de Marco Mario. Hombres para la guerra han de ser de provincia templada. Y si pudiese ser que fuesen de provincia templada, sería mejor, porque el tal sería animoso y prudente: por lo que participare la tal Provincia de caliente, gozará de ánimo, y por lo que tuviere de seca, será prudente, Aristóteles. según opinión de Aristóteles: que dice, que la prudencia consiste en frialdad, y el ánimo y valentía en calor: En tierras calientes nacen cosas calientes, y en las frías, frías: y en las templadas frías y calientes. y así mismo dice, que en las tierras calientes nacen las cosas calientes, y en las frías nacen frías, y en las templadas frías y calientes: y confirma esto lo que dice Ibn Rushd [Averroes], Médico, que por accidente nacen cosas calientes en lugares fríos, y cosas frías en lugares calientes: y cuando más en particular quisiere el discreto maestro y prudente Capitán conocerlos, será con esta consideración: que el hombre de provincia fría, siendo moreno y velludo, será valiente: porque se podrá entender, que el tal será colérico: y el que fuere bermejo de tierra caliente, teniendo la frente ancha y alta, a manera de frente leonina, también lo será. Y porque Aristóteles pone otras muchas señales, en el libro llamado Fisonomía, en él las verá, y considerará el curioso más copiosamente. Todo lo cual no es tan preciso, que no falte algunas veces: pero por la mayor parte suele suceder en general, como lo prometen las señales: aunque esto de las provincias, más es para saberlo por curiosidad, que para pretender juntar muchos hombres tales: y esto baste para entender, que mientras más proporcionado el hombre, más compuesto, mejor rostro, más grave, será mejor para tratar esta destreza: y sobre todo, la mejor señal para conocerlos, según Galeno, es ser el hombre virtuoso y de LUIS PACHECO DE NARVÁEZ55VERDADERA DESTREZA. buenas costumbres: porque ser malo y vicioso, afirma Platón, que nace de tener el hombre alguna calidad destemplada, que le indigna a obrar mal: y por contrario el bien compuesto y templado, le inclina a obrar bien, que los que también se requiere: para después de sabida esta ciencia, como se dirá en el aviso particular, que daremos de la razón que ha de tener el diestro para pelear. LAS PARTES INTERIORES QUE HA DE TENER EL DIESTRO PARA MÁS PERFECCIÓN. Ha querido pues naturaleza, por aquestos rastros y señales que hemos referido, manifestar y declarar por muy conjeturables barruntos, las propiedades de los hombres y sus inclinaciones secretas, que Dios y naturaleza pusieron en ellos: y no sin falta de consideración: porque siendo cosa cierta, como lo es, que las intenciones de los hombres y sus interiores inclinaciones, no puestas en acto, ni ejercicio, no las puede conocer otro que Dios, para que el hombre tuviera algún alivio de saber y conocer conjeturablemente aquel a quien nunca trató ni vio: así para el ministerio de la guerra, como para otros oficios, quiso poner en él estas notas y señales: por las cuales se conociesen poco más, o menos su complexión, su calidad e inclinación particular, por la compostura de los miembros: aunque no por lo dicho cerramos la puerta a uno que habrá entre mil, que le falte alguna parte de las dichas en el exterior, y las interiores sean mejoradas: porque muchas veces la naturaleza pasa de un extremo a otro, sin quedar en ninguno de los medios: poniendo señales diferentes de las inclinaciones particulares: Señales en Sócrates diferentes de las obras. como las tenía aquel insigne Filósofo Sócrates que si por las señales le hubieran de juzgar, no tenía cosa buena: y si a las obras le hubieran de mirar, no le hallarán cosa mala: y a este propósito se sabe, que mirándole un hombre, que por la fisonomía del rostro conocía, sin errar la condición de cualquiera, afirmó, que tenía muestras de hombre basto, necio, lujurioso y embriago: porque tales eran las señales que en él había. Nota. Y enojándose los amigos de Sócrates, le maltrataran, por lo que había dicho, de quien ellos tanto querían, si el Filósofo no los detuviera, diciendo: Deteneos amigos, que os hago saber, que este en todo ha dicho verdad: porque yo había de ser tal como dice, si no me diera de voluntad a la Filosofía: la cual me ha hecho tal como me veis, y me ha trocado del que había de ser en el que soy: y mediante ella he roto con las inclinaciones que naturaleza en mí puso. Y en esto dio bien a entender la potestad del libre albedrío, el señorío y grandeza que tiene para predominar sobre las malas inclinaciones: pero, como hemos dicho, este fue un extremo de naturaleza, que LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA56PRIMERA PARTE DE LA raras veces se verá: porque es obra muy particular, y lo primero general. Y pues hemos dicho las señales que ha de tener el hombre en lo exterior, por las cuales vendremos a conocerle, elegirle, o reprobarle para este ministerio y ejercicio de las armas, vengamos a las interiores, que son de no menos importancia, antes de mucha más: pues cada una de ellas en la república del alma tiene su oficio particular, mediante el cual se gobierna, sirviéndole algunas al hombre de consejo en lo presente, otras de prevención a lo por venir, y otra de depósito de todo: y son de tanta importancia, que cualquiera de ellas que le falte, no saldrá perfecto en la ciencia: porque cuanto es más excelente el alma que le cuerpo, tanto más lo son las partes interiores que las exteriores: y entended, que faltándole algunas de estas, las interiores suplirán su falta: pero si de estas faltare alguna, todas las exteriores juntas no podrán remediar la más pequeña falta que hiciere, como se podrá probar con este ejemplo. Un hombre, en la compostura de los miembros, tiene las partes referidas, sin que le falte alguna, y de las interiores ha alcanzado, Entendimiento claro, Ingenio agudo, y gran prudencia: pero le falta la Memoria, que es el seno donde se guarda el tesoro de las ciencias, para de allí sacar, y distribuir conforme a la necesidad que se ofreciere, todo se perderá: Oficio del Entendimiento y de la Prudencia, y Memoria. porque como el oficio del Entendimiento, sea mirar, y determinar las cosas que la Memoria le representare, y la Prudencia disponerlas con diligente consideración, y el Ejercicio facilitar aquello que las tres le mandaren, sin que ninguna haga más que aquello que tiene a su cargo: faltando la Memoria de representar, dejará el Entendimiento de determinar, la Prudencia de disponer, y el Ejercicio no tendrá en qué ocuparse, pues ninguno tendrá que hacer: y por el contrario goza de todas las interiores: pero le falta una, que es tener el brazo corto, o el pecho angosto: las interiores suplirán la falta, como no sea notable. Y porque estas partes las entendáis, sabed, que son, Entendimiento, Ingenio, Memoria, Prudencia y Ánimo. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ57VERDADERA DESTREZA. EL ENTENDIMIENTO Y SU OFICIO. La Primera parte, y más principal es el Entendimiento, que como principal potencia del Alma, puso a su cargo, y tiene por oficio contemplar siempre en la verdad, como en principal objeto suyo. Según lo testifica san Agustín, diciendo, que el Alma tiene tres potencias, Entendimiento, Memoria y Voluntad: y del Entendimiento dice, que tiene por oficio comprender y abrazar todo lo que ha contemplado: y de la Memoria dice, que tiene por oficio conservar, guardar, o retener las especies de las cosas: y de la Voluntad el apetecer y amar lo que el Entendimiento le propusiere: se suerte, que como sea oficio del Entendimiento contemplar la verdad de las cosas, él nos sirve de consejero en las que tratamos: y especialmente nos enseña él cómo nos hemos de haber en todas las cosas: y lo propio en este Ejercicio de las Armas, de que vamos tratando, para no errar, así en lo que ha de hacer, como de lo que ha de huir. El consejo es cosa sagrada. Y es de tanta majestad el consejo que el Entendimiento da, que le es muy debido aquel esclarecido nombre, que diversos Griegos le dan en decir: que es cosa sagrada: porque el consejo, no solo determina el fin de las cosas, sino también los medios por donde se viene al fin. Y así nos avisa Salustio, que tomemos primero consejo, y tomado, lo efectuemos con diligencia: porque las cosas que consigo traen gravedad, y peligro, no con facilidad las determina un hombre sabio: y de este parecer es Tito Livio, que en el principio de toda cosa, es necesario tomar consejo, y en la obra de ella tener osadía: y pues el consejo, que se requiere en los casos que repentinamente se ofrecen en las armas, no ha de ir a pedir al amigo ausente, por el peligro presente, y el Entendimiento es el que lo ha de dar: conviene, como hemos dicho, que lo tenga bueno: además de que en varios sucesos, varios consejos son menester, y solo el Entendimiento los podrá dar, con una presteza, que él solo la puede comprender: El Entendimiento es más veloz que ningún otro sentido. Porque es su velocidad tanta, que ninguno otro sentido lo puede alcanzar: como lo dice Tales, Filósofo, que preguntándole: cuál era la cosa más ligera que había. Respondió, que el Entendimiento, porque de su naturaleza es tan ligero, tan presto y agudo, que ni tomaba trabajo en discurrir por la tierra, ni corría peligro en pasar el mar. Se ve esto maravillosamente: porque en descubriendo el Entendimiento alguna dificultad, o peligro, acerca de las cosas que pretende saber, o inquirir, al punto la facilita y allana, y mil peligros que se ofrezcan, da mil consejos con que librarnos de ellos: y pues no puede dar ninguno más verdadero consejo que el que tomare para sí: y el que el Entendimiento da, podemos en cierta forma decir, que para sí lo toma: tomémoslo, que es el verdadero amigo, y el que más desea nuestra conservación: y pues él ha de ser el consejero, y a cuyo cargo ha de estar esto, si el hombre lo tuviere bueno, buen consejo le dará, y si malo, lo propio: y lo uno y lo otro se ve cada día por experiencia. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA58PRIMERA PARTE DE LA Objeción se podrá poner. Aunque por lo dicho, me parece diréis, que me contradigo claramente en pedir Entendimiento, que sea capaz de dar consejo, pues al principio digo, que los que han de aprender esta ciencia, han de ser mozos, y en ellos pocas veces se halla, respeto, que el consejo es hijo de la edad larga, y de la prudencia: Nota. a lo cual respondo, que se han de buscar, que aunque sean mozos, tengan entendimiento de viejos, y huir de viejos que tuvieren entendimiento de mozos: que de unos y otros se hallarán muchos, que la juventud virtuosa y bien inclinada, discreta y de buen natural, tiene viejos pensamientos en edad temprana, mirando el fin de las cosas en que pone principio con mucha consideración y prudencia, y los efectos que hacen el Entendimiento a gente, posible, especulativo y práctico, es más para Filósofos, que para diestros: y mi intento es tratar con lenguaje ordinario y llano esta materia: el que fuere aficionado a saberlo, vea el libro del Comendador Jerónimo de Carranza, donde verá a este propósito y otros muchos, lo que pudiere desear. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ59VERDADERA DESTREZA. EL INGENIO Y SU MUCHA IMPORTANCIA. No me parece será salir de nuestro propósito, habiendo dicho del Entendimiento, principal potencia del alma, tratar del Ingenio, y cuán importante le sea al hombre que quisiere ser diestro: pues es parte casi no menos importante que la primera: y que en cierta manera tiene un parentesco con el Entendimiento, y las más veces andan juntos: Nación Italiana se precia de mucho ingenio. Pirro Rey de los Epirotas tuvo grande ingenio. De este se precian los de nación Italiana, y de las demás es estimada por tener gran viveza de ingenio: y los Historiadores antiguos engrandecen e ilustran a Pirro Rey de los Epirotas, de que tuvo grande y agudísimo Ingenio. Y es prueba de ello haber sido el primero que enseñó a formar campo. Y de Julio César también dice Quintiliano y otros autores, que tuvo admirable Ingenio: Carlos V, Felipe II, su hijo, y Felipe III, su nieto, tuvo y tienen grande Ingenio. y en nuestros tiempos, el invictísmo señor nuestro Carlos V Emperador de Romanos y Rey de las Españas: pues de Felipe II, señor nuestro, y dignísimo Rey de las Españas, y de la mayor parte del mundo, hable todo él: pues conocidamente su Ingenio es más que humano: y si no cayera en el vicio de loar aquello que de suyo está loado, dijera de su nieto Felipe III Príncipe y señor nuestro, cuyo Ingenio sobrepuja con mil ventajas a su tierna edad: teniendo juntas en sí todas las partes que muchos Príncipes han gozado, haciéndole merecedor de mil Reinos, si los hubiere tan poderosos como el suyo. Y otros muchos, de quien las historias están llenas, que además de ser dotados de gran Entendimiento, admirable prudencia, Memoria eterna, tuvieron excelente Ingenio en el arte militar, donde tanto se aventajaron, y tan famosas victorias alcanzaron: sin el cual fuera imposible. Este, en los hombres es fácil de conocer: Desde la mocedad, da muestra el Ingenio. Séneca. Ingenio es menester que sea inclinado a lo que se aprende. porque, como dice Séneca, dentro de la mocedad, da muestras y señales: y aunque algunas veces es inclinado a mal, y elige lo peor primero, con el freno de la razón, y las riendas de la prudencia se ha de corregir, teniendo puesta la Voluntad en alguna virtud: porque allí trabaja con más cuidado: y en lo que se ocupa el Ingenio en eso sabe. Este, según algunos Doctores que de esto tratan, es menester que sea inclinado a la ciencia, o arte que quisiere profesar, y en todo tienen conocida razón: porque no hay ciencia ni arte, que el hombre se ponga a estudiar, que faltándole el Ingenio salga con ella, aunque trabaje en sus preceptos toda la vida y todas las diligencias que pusieren, serán perdidas. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA60PRIMERA PARTE DE LA Por qué el diestro ha de tener buena imaginativa. Otro autor de nuestros tiempos, dice que el que hubiere de profesar el arte militar, ha menester buena imaginativa, para con ella obrar como convenga: y dice bien, porque como se ha de hacer un escuadrón, formar un campo, sacar mangas, hacer escaramuzas y otras cosas convenientes a este propósito, ha menester gozar de buena imaginativa, para obrarlo, según y cómo el tiempo, sitio, o número de enemigos, lo dispusiere. Lo universal no ha menester imaginativa, porque es obra del Entendimiento. Y lo propio es para la Destreza, de que tratamos, que es combatirse uno a uno (en cuanto a los particulares) que en lo universal, no es menester imaginativa: porque es oficio del Entendimiento: y por constar de tan ciertos fundamentos, como son la Aritmética, Matemática, y Geometría (como adelante trataremos): pero en los particulares, como hemos dicho, es necesario la imaginativa, para formar una treta, u otra que más convenga y más contraria sea a la complexión de que el contrario participare: y así el que mejor imaginativa tuviere, formará mejores tretas. Ingenio ha de tener tres partes. Y volviendo al Ingenio, sabed que ha de tener tres partes. La primera, es facilidad, para comprender los preceptos de esta ciencia: porque de no ser con esta disposición, será lo que dice Séneca, que por demás se dice lo que el oyente con su Ingenio no alcanza. La segunda, ha de ser copioso en fabricar muchas tretas: no contentándose con solo una, ni hacerla muchas veces, por el peligro que podrá resultar, que es lo que quiso remediar. Ley de Licurgo le conviene guardar al diestro. Licurgo Legislador de los Lacedemonios en una ley, que inviolablemente mandó guardasen los Capitanes, que ninguno de ellos pelease con su enemigo muchas veces, y la razón era, porque no aprendiesen sus tretas y ardides de guerra con que vencía, y con ellas fuesen vencidos. Este propio peligro tendrá el Diestro, que haciendo una misma treta muchas veces, el contrario la verá y aprenderá: y cuando no le ofenda con ella, al menos procurará algún remedio, para que si el diestro quisiere volver a hacerla, no tenga efecto: pero haciendo muchas y diversas tretas, con la variedad de ellas, el contrario se amedrentará, viendo que el remedio que tenía prevenido para aquella herida, que vio hacer, no se aprovecha de él, por ser otra la que se le hace, luego, y jamás hallará punto cierto en que poder aplicar algo de su defensa, que tenga prevenida. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ61VERDADERA DESTREZA. Ingenio del diestro ha de ser fácil en el inventar. La tercera, que sea fiel: porque así como el amigo, que no lo es en sus consejos, antes daña que aprovecha, así el Ingenio, que con facilidad no inventa lo que más conviene al diestro, con facilidad perderá la vida, como se ha visto muchas veces. Conviene así mismo que sea bien inclinado: porque la inclinación que al principio tomare el mozo, aún cuando viejo le durará. Ingenio se descubre por las palabras. Esto verá el que fuere curioso por algunas señales (que adelante diremos) y más en particular, en las palabras que hablare: porque en ellas se descubren las costumbres y secretos del Alma. Y que esto sea cierto, se puede ver en lo que le pasó a Sócrates, con un hijo de un caballero, que fue llevado a su presencia por mandado de su padre, para que viese el Ingenio que tenía: y este discreto varón le dijo al muchacho, habla mozo, para que te vea: dando a entender, que el Ingenio del hombre, no solo se conoce en el rostro, mas también en el habla y la razón. Y que esto le sea importante al que hubiere de ser diestro, se deja entender: Las obras del Ingenio son más agradables que las de las fuerzas. porque cuanto son mayores las obras del Alma, que las del cuerpo, vienen a ser más agradables las que hacemos con el Ingenio, que con las fuerzas, y no todos gozarán de Ingenio que sea bueno: porque dice san Agustín, que nacer uno con buen Ingenio, es don particular de Dios: y Sócrates solía decir, que los mozos que son bien acondicionados y de buen Ingenio, se pueden llamar hijos de Dios: porque el Entendimiento es divino, por participación, y los que este tienen aventajado, cosa divina se puede llamar. Y sea la conclusión de este punto, que así le es importante al hombre, para ser diestro, el tener buen Ingenio, como para determinar las cosas, el sentido de la vista. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ63VERDADERA DESTREZA. LA MEMORIA Y SU IMPORTANCIA. Habiendo dicho del Ingenio, parte importantísima para el Diestro, sabed que la Memoria, de que ahora tratamos, es de no menos importancia para serlo: Memoria es arca donde se guardan las ciencias. por ser esta el arca y depósito, donde se guardan el tesoro de las ciencias, que se aprenden, conforme la definición de san Agustín, que ya he referido. Dícese memoria, en cuanto tiene oficio de conservar aquello que el Entendimiento trabaja: porque no haciendo esto, es imposible poder obrar, ni salir perfecto: así como si uno ganase mucho dinero, y no lo guardase, jamás sería rico: así un diestro, por mucho que estudie, y por muchas tretas que le enseñen, como no tenga Memoria que guarde, y a su tiempo represente, el trabajo que pusiere, será sin provecho, En balde se aprende si se olvida lo aprendido. como lo afirma Quintiliano que en balde aprendemos y somos enseñados, si se nos olvida lo aprendido: y el propio dice, que la primera señal de buen juicio en los mozos, es tener Memoria: Por qué los niños tienen gran memoria. y como hemos dicho, es bien que se aprenda cuando mozos, que es el tiempo en que la Memoria está más dispuesta, conforme doctrina de Avicena, que dice, que la causa porque los mancebos tienen gran Memoria, y se les acuerda de lo que vieron o supieron, es por tener el Ánimo reposado, y sin carga de cuidados. Santo Tomás. Y Santo Tomás da una razón (al fin como suya) que como los niños y mancebos, las más de las cosas que ven, a ellos son nuevas, y les parecen grandes, por la poca experiencia que tienen, que aquello es causa de quedarles fácilmente en la Memoria. Aristóteles. Problema. Y en este punto hace Aristóteles un problema, cuál sea la causa, que siendo uno viejo tiene mucho Entendimiento, y cuando mozo aprende más, y con más facilidad: al cual responde, que la Memoria del viejo está llena de tantas figuras como ha visto y oído en el largo discurso de su vida: y así queriendo echarle más, no lo puede recibir, porque no hay lugar vacío donde quepa: pero la de los mozos, como hace poco que nacieron, está muy desembarazada, y por esto reciben presto, y retienen LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA64PRIMERA PARTE DE LA cuando les dicen y enseñan. Y no entendáis que consiste en tener Memoria de las palabras que usan ordinariamente los Maestros, a lo que ellos llaman plática, sino en entender hasta dónde puede llegar el fin de la Teórica, y práctica, La diferencia que hay del Filósofo al Orador. habiendo la diferencia que dice Aristóteles que hay del Filósofo al orador, aunque ambos estudian Filosofía, porque el Filósofo pone todo su estudio en saber la razón y causa de cualquier efecto, y el Orador la pone en saber el efecto, y no más. Así que el diestro ha de procurar lo propio, previniendo la variedad de las heridas, y las circunstancias de ellas, así del tiempo como de la persona, lugar, modo, materia, y causa: todo lo cual hace muchas veces alterar la ejecución de la herida: y si el diestro no tiene Memoria para en cualquier estado que se hallare con su contrario, sacar de su seno treta formada, o para quitar o poner más o menos partes al movimiento, o dilatar o impedir el del contrario, caerá en mil errores si solo quisiere seguir la plática. Y así mismo le conviene saber muchas tretas (como ya hemos dicho) y antes que eche mano, de la que fuere menester, e hiciere a propósito para el caso en que se hallare, debe la Memoria representarle al Entendimiento el caudal suyo, para que elija la que más convenga, conforme la disposición del contrario; para que el Entendimiento disponga a la voluntad una proposición universal, a que siga aquello que fuere para su conservación: y para esto es menester tener gran Memoria, que guarde tan gran número de tretas, como encierran en sí los particulares, de quien ahora tratamos. Lo universal no es por causa de lo particular. Y también os digo que es provechoso para lo universal, no porque sea por causa de ellos, pero porque el diestro, estará más ágil, y dispuesto con el ejercicio: Memoria se acrecienta con el ejercicio. además de que dice Quintiliano que con el uso y ejercicio se acrecienta la Memoria. De esta fueron dotados muchos varones, y por ella muy honrados y estimados: como lo fue aquel gran Mitrídates, que teniendo un ejército, casi innumerable de hombres, tenía de memoria todos los nombres de ellos. No menos maravilla, que haber aprendido veintidós lenguas, y cada una hablarla tan bien como la materia. Apio Claudio tuvo gran Memoria. Y Apio Claudio, aquel que pretendía la Censoría Romana daba por partes meritorias, para merecerlo ser, poder saludar a todos los Romanos, a cada uno con su nombre. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ65VERDADERA DESTREZA. Cinas Embajador de Pirro tuvo gran Memoria. Y aquel famoso Cinas, Embajador del Rey Pirro, yendo a Roma a tratar, paces entre él y los Romanos tenía tal Memoria que en un día conoció a casi todos los ciudadanos Romanos, y sabía sus nombres, y a cada uno hablaba particularmente. Temístocles deseaba Arte para olvidar. Y aquel famoso Temístocles, que deseaba Arte para poder olvidar: tanto era lo que sabía de Memoria, y tanto retenía en ella, que en tiempo de un año aprendió la lengua Persa, y la hablaba con tanta perfección como la suya. El Rey Felipe II tuvo gran Memoria. Pues en nuestros tiempos, no hay más que decir, que de nuestro Rey y señor Felipe II cuya Memoria admira y espanta. Y por último encarecimiento de millones que se pudieran traer, se podrá decir este: que siendo Príncipe tan poderoso: y teniendo el señorío de tantos Reinos y provincias, y viniendo a su Real Corte, tanta variedad de hombres: habiendo uno alcanzado licencia para entrar a su Real presencia a cierto negocio, después, al cabo de cinco años, yendo camino, volvió a ver a este hombre, y le conoció y nombró por su nombre. Cosa digna de admiración: que no siendo este hombre de cuenta, o que le hubiera hablado muchas veces: de solo una, y tan breve, ¿al cabo de tanto tiempo conocerle? Qué dijo Cicerón de la Memoria. Y fue siempre tan estimada la Memoria, que de ella dijo Cicerón, que es argumento de la inmortalidad del Alma, y divinidad del hombre. Otros la llamaron tesoro de las ciencias, y madre de la sabiduría. Y finalmente la Memoria es una potencia natural, conservadora de las especies pasadas: como por ejemplo, acordarme hoy de lo que vi ayer. Autores que tratan de la memoria. Si más excelencias quisieseis saber de la Memoria, leed a Cicerón en sus Tusculanas, y a Quintiliano en el libro II de sus instituciones, y los autores que cita y trae Iuane Camertes sobre el capítulo 7 de Solino. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ67VERDADERA DESTREZA. LA PRUDENCIA Y SUS PARTES, Y DE LO QUE SIRVE AL DIESTRO. La Memoria, de quien se ha tratado, bien se conoce cuán importante le sea al diestro: pero sabed que a su cargo no tiene más de guardar lo que se aprende, y representar a su tiempo (como está dicho). Pero el disponer las cosas de tal modo, y en tal tiempo que aprovechen, incumbe a la Prudencia, que como fiel gobernadora, distribuya con mucha consideración el caudal que está depositado. De esta, hablando muchos Filósofos de su nobleza y calidad, son tantos los atributos honrosos que le dan, que merece que la deseemos con todas las fuerzas de nuestro Entendimiento: Atributos de la prudencia Aristóteles Éticas. Particularmente Aristóteles en el libro de las Éticas define la Prudencia, con este encarecimiento: La Prudencia es un verdadero hábito con dirección de las cosas agibles [factibles], que son al hombre buenas y malas, y en otras partes dice, que es una virtud de Ánima, que nos da a conocer los males y los bienes, haciendo una representación de todo al Entendimiento. Y para mayor encarecimiento concluyen, diciendo, que la virtud de la Prudencia es tan excelente, que no puede tener perfección el que de ella careciere: porque ella reprime los ímpetus desordenados, quieta el ánimo, da consejos al Entendimiento en los trances arduos y dificultosos: corrige la voluntad en muchas cosas que desordenadamente desea: y nos dispone para obrar lo bueno, y huir de su contrario. Tulio I de oficio. Ella es (según Tulio en primero de oficio) un obrar justo, según en la disposición del lugar, el tiempo, y de las personas. Es derecha razón de nuestras operaciones y juzga ser justo, o injusto, lícito o ilícito, según ve la necesidad de los tiempos: con ella ve el hombre las cosas presentes, y considera las pasadas: y comparando las unas con las otras, viene a entender las que están por venir: y así fácilmente conoce el curso de la vida, y previene las cosas necesarias. Ella es llave de los cinco sentidos, y es una virtud particular sobre las otras virtudes. Y esto bien decía el Filósofo Bión, que la virtud de la Prudencia, es de tanta excelencia sobre las otras virtudes, cuanto el sentido de la vista sobre los otros sentidos. Esta tiene tres partes, todas, y cualquiera de ellas importantísimas al diestro: Memoria de las cosas pasadas, para por ellas juzgar las presentes, y futuras: Inteligencia de discernir lo verdadero de lo falos, escarmentando en los daños que ha visto padecer a otros. Y finalmente, ordenar todas sus cosas a bien, y gobernarlas por razón: y es mucha cordura en el hombre prevenir lo que está por venir, con la experiencia de lo pasado: porque las cosas que a sus principios no son bien miradas, algunas veces suceden bien, pero no todas tienen buenos sucesos. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA68PRIMERA PARTE DE LA Y así le conviene al diestro, aconsejarse siempre con la Prudencia en cualquier cosa que hubiere de hacer: porque de lo contrario, le sucederá lo que dice Tito Livio, que el fin adverso de las cosas, es maestro de los ignorantes, y el que a los necios hace avisados: y es mejor prevenir los inconvenientes y engaños, que el contrario puede hacer de una vez que de muchas: porque el diestro, prudente, en cualquier ocasión que se le ofrezca, primero ha de prevenir, no solo lo que acaece más ordinario: pero lo que puede acaecer teniéndolo todo presente, considerando, que lo que no se espera, viene más veces, y que todo aquello se debe pensar cuanto suele acaecer, para que cuando viniere, esté prevenido: y ninguna cosa por nueva que sea, le perturbe o altere: porque será sin fruto, el remedio y consejo que al fin tomare, y pues según algunos autores Griegos: los acontecimientos dan mejores consejos que las gentes. Larga experiencia tenemos de lo que cada día pasa: escarmentemos en ellos, pues es cierto que la caída del primero avisa a los que vienen detrás, que ninguna disculpa tendrá el diestro de menor descuido que haga, pues por pequeño que sea, puede suceder desgracia de perder la vida: y pues tenemos tan buen maestro como es el tiempo: que como dice el Filósofo Tales, es el que más sabe, pues él solo halla las cosas nuevas, y renueva las pasadas. El que tratare de Destreza, aprenda de él: porque a su pesar no le haga la adversidad de los fines, obedecer por fuerza a la razón: porque al hombre diestro, no le es permitido decir: No pensé. Y finalmente entended, que las partes dichas, y las más que diremos, aunque el diestro las tenga, le serán de poca importancia, y le aprovecharán poco, si no fuere prudente. PUNTO PARTICULAR DEL ÁNIMO Y SU IMPORTANCIA. Estas cuatro partes, de que hemos tratado, que son las que siempre asisten en la república del Alma, las dos son principales potencias suyas (que son Entendimiento y Memoria) y el Ingenio y Prudencia, son agentes suyos, pues los efectos de inventar el uno, y determinar el otro, es mediante la causa principal, que es el Alma. Digamos ahora del Ánimo, que es una de las principales partes que ha de tener el diestro: porque así como el Ánima da vida al cuerpo, así el Ánimo la da a las determinaciones, que el hombre hace en su Voluntad. Y así como el caballo no solo se le pone freno para reprimir y detener sus furiosos movimientos, sino que también se le pone espuelas: así el diestro aunque tenga el freno de la Prudencia, para refrenar las aceleradas determinaciones en los casos que convengan: también le importa tener las espuelas del Ánimo, para las ocasiones, que después de ofrecidas no pudiere obviar: porque habiendo presupuesto, que el que profesare esta ciencia, ha de ser hombre noble: cosa conocida es que ha de carecer de cuatro cosas, que don Antonio de Guevara dice, carecen los caballeros y hombre nobles, que son vileza, malicia, mentira, y cobardía, que esta jamás la puede haber donde hay nobleza: porque como el caballero sabe, que por la honra ha de perder la vida: y que no muere sino cuando pierde la honra, y no hay donde la pierda más vergonzosamente que huyendo, primero perderá mil vidas, que volver pie atrás. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ69VERDADERA DESTREZA. Los de Numancia, que hoy es Soria, fueron tan Animosos en la guerra, que jamás se vio, que ninguno volviese las espaldas, y antes morían que imaginar huir. Y los Persas tuvieron esta propia virtud: y aquel famoso Anteo, grandísimo Ánimo fue el suyo, y el Cartaginense Aníbal, su Ánimo fue invencible: y en todos estos, vino a suceder nuestra gente Española, como lo testifican las celebradas victorias que han ganado, y ganan cada día con valeroso esfuerzo, de que ha sido causa el grandioso ánimo, de que son dotados los hijos de nuestra España, y pues que el Ánimo, considerado, vence a todas las cosas, se puede entender cuán necesario le sea al diestro: porque no es fuerte, ni animoso aquel a quien en la dificultad y peligro no se le aumenta: que de hombres bajos e ignorantes es temer, aún donde no hay peligro: muy al contrario del noble, que en el mayor peligro, allí se anima más: que no haciendo esto, sería dar lugar, a que le acaeciese, por falta de Ánimo, lo que no lo sucediera teniéndolo. Este mostró bien Leónidas Capitán Lacedemonio, estando con su ejército en campaña, que llegando a él uno de los suyos aceleradamente, y mostrando mucha alteración, le dijo Leónidas, los enemigos están cerca de nosotros. Al cual respondió animosamente, y con mucho sosiego: No te turbes, que también estamos nosotros cerca de ellos. Dándole a entender, que el peligro era igual a ambas partes. Esta consideración ha de tener el diestro, que si viere a su contrario junto a sí, se anime, y entienda, que también está junto a él: porque la virtud del Ánimo, no es otra cosa que un furor, que manda y gobierna las armas: el cual furor es un encendimiento de los espíritus que vivifican la virtud de la fortaleza: y aquel que en la batalla tiene más temor, tiene más peligro: y el osado y animoso está más seguro. Y como dice Quintiliano, ninguna cosa honrosa pone en efecto el que cobardemente teme. Del hombre animoso y fuerte, dijo Lucio Séneca, que es tanta su excelencia, que con más facilidad se tomará una ciudad, cercada de inexpugnables muros, que un corazón esforzado. Y esto sintió bien Alejandro Magno, hijo del gran Filipo de Macedonia, que oyendo decir de una peña, que estaba en la India tan alta y tan inexpugnable, que ni aún las aves podían alcanzar la cumbre de ella con su vuelo: pero que la tenía a cargo un hombre cobarde. Respondió: Pues ahora os digo, que esta es muy fácil de tomar. Así, que aunque el diestro esté en la cumbre de la Destreza, si le falta el Ánimo, él irá a dar a las manos de la muerte huyendo. Séneca quiso estimar tanto al hombre animoso y esforzado, que dijo, que la fortuna le teme: y que es señora del cobarde, a quien el miedo hace pechero y que al hombre de ánimo, no llega desdicha: porque es ordinario huir la muerte, de quien la tiene en poco, y seguir a quien le huye. Objeción de algunos diestros. Y porque ha llegado a propósito, referiré lo que han dicho algunos de los que tratan de Destreza. Viendo ejercitar esta nueva inventada, que como han visto llegarse los cuerpos (en casos convenientes) hasta estar pie a pie: que lo que más les espanta, es ver se junten tanto: y como no saben que muchas veces osar morir, da la vida: y no ha llegado a sus oídos aquella sentencia de Séneca, que ningún peligro hay, que sin LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA70PRIMERA PARTE DE LA otro se pueda vencer: les parece, que todo ha de ser tirar tajos, y reveses, desde lejos, procurando, que sus contrarios no lleguen a ellos. ¿Por qué traen algunos espadas largas? Para lo cual otros han tomado por remedio, traer unas espadas muy largas: y la razón en que se fundan, es, en decir que lo mejor es estar apartados de su contrario. Y como han visto a algunos que profesan esta Destreza, con espada, aún más corta que la ordinaria, llegarse a su contrario, tanto, que la espada arrogante y larga no es parte para impedirlo, antes el de la corta impedirle con facilidad sus movimientos bravos y soberbios, lo condenan por malo: porque sus ánimos no se atreven a ello, ni sus Entendimientos alcanzan a saber cómo se ha de obrar: y con esto vienen a tener por buenas las espadas largas, y condenar las cortas: teniendo tan en contrario hombres, que solo naturalmente, sin ir guiados de Arte, o ciencia alguna, con gran valor y Ánimo peleaban con sus enemigos con espadas tan cortas, que hacían burla de ellas, los que suelen siempre (que son los que menos saben) como le sucedió a Agis, Lacedemonio, a quien se llegó un hombre de diferente nación, y le preguntó: que por qué las espadas de los lacedemonios eran tan pequeñas, que por su cortedad los jugadores de manos se las podrían tragar. A lo cual respondió Animosamente, diciendo: Pues sabed, que los Lacedemonios con estas espadas tan cortas alcanzan a los enemigos, que las traen muy largas: porque con Ánimo, nos llegamos a ellos. O respuesta de hombre valeroso, pues con ella dio a entender, que el que trajere espada corta, le conviene alargar el paso hacia su contrario. Y no fue menos la que dio Antálcidas, también Lacedemonio, haciéndole la propia pregunta. Pues respondió: Y aún con ser tan cortas sobran, porque peleamos con nuestros enemigos mano a mano. Pero no demos toda la loa a los extranjeros, que nuestra madre España no es estéril en producir hijos Animosos y esforzados: que un caballero amigo mío Toledano traía una espada tan corta como cualquiera de las dichas, a quien se le preguntó, por qué causa la traía tan pequeña. Y la respuesta, no solo fue Animosa, pero discreta, diciendo: La traigo tan corta, porque cuando venciere a mi enemigo, sea la victoria más estimada: y porque lo que le falta de largo, lo tengo de acrecentar de Ánimo: y lo principal, porque mi contrario me tema, viéndome junto así. Pero que hay que espantar que los hombres tengan Ánimo, pues una mujer Lacedemonia, diciéndole su hijo, que la espada que tenía era muy corta. Respondió varonilmente: Para eso, hijo, alarga tú el paso, y alcanzarás a tu enemigo: y así no te hará falta ninguna. Pues porque nuestros Españoles, pues conocidamente, y sin ninguna duda llevan mil ventajas en Ánimo a todas las demás naciones, pues no hay ninguna, a quien no tengan oprimida y sujeta, han de aniquilar sus Ánimos, y sujetarlos a una vana imaginación de fiar más en cuatro dedos de espada, que de su Ánimo. Pero dejemos esto, y concluyamos, diciendo: que así como el cuerpo ni vive más que cuanto el Alma está en él, así cualquier parte de la Destreza, no tendrá más vida que la que le diere el ánimo. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ71VERDADERA DESTREZA. QUÉ PARTES HA DE TENER EL MAESTRO QUE HUBIERE DE ENSEÑAR ESTA DESTREZA. Aunque al principio de este libro damos a entender, que para aprender esta Destreza, no es necesario Maestro que la enseñe, respecto de sus demostraciones: en las cuales se manifiesta con líneas y números. El lugar conveniente en que se ha de poner el diestro para dar la herida, formar el reparo, o impedir el movimiento del contrario, o dilatarlo, cuando quisiere, de cualquier especie que sea, (no porque a vuestro entendimiento quiso el Cielo enriquecer, con tantas partes, cuales en una edad tan tierna, raras veces se verá) entendáis, que todos os serán iguales: porque el repartidor de estos dones, los distribuyere, y reparte a su voluntad, dando a cada uno más, o menos, según le place: y porque habrá algunos que no quieran padecer trabajo en inquerir el orden que se ha de tener (aunque está claro y fácil) siguiendo en esto el estilo de los Príncipes, que tienen Maestresalas, y cualquier ave que han de comer, la aparan [preparar y/u organizar algo para su uso], y cortan: y así dispuesta, la ponen en la mesa, no porque el Príncipe no lo sabría hacer tan bien y mejor: pero por grandeza, como de cierto lo es. Querrán tener Maestros, que les de la Destreza dispuesta y facilitada en términos: y también porque habrá otros, que leyendo este libro, con casi nada que entiendan de él, se querrán levantar con el señorío de todo lo esencial que a sus Entendimientos se les pasará por alto. Pondremos aquí una prevención general, para que los mancebos (por serlo) no se engañen en elegir Maestro, cual convenga para doctrina de tanta importancia como esta que tratamos: y cuando lo hallaren con las partes que aquí pondremos, lo sepan estimar y tener en mucho. Mucho debemos a los que nos avisan en lo que erramos. Pues como dice Platón. Mucho debemos a los que nos avisan en lo que erramos, y nos advierten lo que hemos de hacer. Y confirma esto la gran reverencia que el Rey Alejandro tuvo al Filósofo Aristóteles su Maestro, de quien decía, que no menos le debía que a su mismo padre: porque del padre había recibido principio de vivir, y de su Maestro de bien vivir. Y pues se ha de preciar uno tanto de ser discípulo de buen Maestro, sabio, y virtuoso como de padres nobles y principales: pues de verdad los unos y los otros lo son. Este se debe buscar y elegir entre muchos, y no cualquiera, sino con mucho cuidado buscado y examinado, que sea de gran virtud y crédito. El discípulo está obligado a creer a su maestro. Porque dice Aristóteles, que es necesario al que aprende, creer a su Maestro: y así mismo que el que enseña a otros, conviene que diga verdad: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA72PRIMERA PARTE DE LA Disparate de un Maestro. que con esta diligencia no le sucederá lo que a un amigo mío, que habiendo aprendido muchas tretas de un Maestro (que cierto para discípulo no se había de admitir) ofreciéndosele una ocasión, en que valerosamente puso mano a su espada, quiso hacer una treta, de la cual confiaba la victoria, pero le sucedió al contrario, pues del suyo fue mal herido: y preguntándole, cómo le había sucedido aquello. Respondió: Me confié de mi Maestro, porque con el nombre, llevó tras sí mi crédito y confianza, entendiendo, que por ser Maestro no se podía errar. Y este es el mayor daño suyo el llamarse Maestros, porque el nombre les impide que no trabajen para saber lo que les falta, para que de verdad lo sean, y se contentan con el nombre sin obras, siendo mejor las obras sin nombre. Muy contrario del deseo que el Filósofo Sócrates tenía de saber, pues solía decir, que él enseñaba a otros por diez doblas, o libras: mas que si hubiese alguno que a él enseñase lo que faltaba, daría diez mil. Tal era su codicia del saber. El Maestro ha de ser sabio.