El Maestro conviene sea sabio en la Destreza de las Armas, sabiendo las partes que cada herida tiene: y esto no acaso, sino con mucha certeza, porque no se puede llamar saber, aquello que es causa de alguna desgracia o muerte, como ha sucedido a muchos Maestros, que han inventado algunas tretas dañosas, y de mucho peligro: y permito Dios, que lo que inventaron con malicia, supiesen primero que otros por experiencia, hasta perder la vida. Justo castigo del cielo, que quien inventa alguna cosa para daño de su prójimo, lo padezca él primero: porque aquel que con malicia trama y busca la muerte a su prójimo, por el propio camino halla la suya: como le sucedió a Perilo, aquel que a Fálaris, el tirano, dio aquel toro de alambre inventado por aquel endemoniado ingenio: solo para atormentar a los hombres con nuevo género de tormento: y permitió el justo Cielo, que por mandado del Rey, fuese el primero que lo experimentó y murió en él. Que aquí se cumplió bien lo que dijo el Sabio: que el investigador de las cosas malas, será oprimido en ellas. Lo mismo le sucedió a Clístenes, que fue el primero que en Atenas inventó el destierro, y fue el primero a quien los Atenienses desterraron. El Maestro ha de ser cuerdo. Conviene así mismo, que sea cuerdo y sosegado: de maduro Entendimiento, agudo ingenio, y bastante experiencia: que es muy conveniente, que el Maestro primero comience a obrar que a enseñar: que obrando bien, enseñará bien, y si no por el contrario: pues es cierto, que tanto somos obligados a imitar lo que hacen, como a aprender lo que dicen. Y hace cierto a esto, lo que le pasó a aquel mancebo, a quien Platón enseñó: el cual como viniese el tiempo de las vacaciones, y se fuese a casa de su padre, como un día le viese reír demasiadamente, le dijo: Hijo, no has tenido razón, porque nunca tal cosa como esta he visto hacer a tu Maestro. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ73VERDADERA DESTREZA. El Maestro ha de ser Animoso. Ejemplo que da el Águila a sus hijos. Conviene que sea Animoso, y Esforzado: porque mal enseñará a acometer aquel que su Ánimo le inclina a retirarse: pero si fuere Animoso, por maravilla dejarán de serlo sus discípulos pues hará con ellos, lo que los naturales dicen que hace el Águila, reina de todas las aves, cuando sus hijos tienen edad para poder volar y sustentarse: porque lo saca del nido, y coge otra cualquier ave o animal pequeño, y delante de ellos los despedaza, para enseñarlos cómo han de cazar. Así han de hacer los Maestros, que delante de sus discípulos han de ejercitar la Destreza que les enseñaren, para que viéndola lo imiten: Lo que hace el conejo con sus hijos. que si son de la naturaleza del conejo, que cuando saca sus hijos al campo, no solo no les enseña a acometer ni cazar, pero les enseña las más secretas veredas por donde han de huir. Cualquiera de estas cosas que haga el Maestro, sus discípulos lo imitarán: Los corazones más se mueven con las obras que con las palabras. porque los corazones humanos, más se persuaden con las obras que ven, que con las palabras que oyen: no porque el Maestro pueda dar Ánimo a ninguno, pero puede con la ciencia que le enseñare, y con el ejemplo que le diere, hacer algo atrevidos a los que antes no lo eran: y a los que fueren Animosos mejorarlos. Estas con las partes con que el hombre discreto ha de buscar Maestro que de la ciencia que profesare, le dé bastante satisfacción, de que con certeza la sabe: porque no se cumpla en ellos la sentencia de Terencio, que dice: que los sucesos dichosos o desdichados, son los Maestros verdaderos que hacen avisados a los necios: pero si le hallaren perfecto, y que las razones que diere, dejen satisfechos los entendimientos, entonces serle obedientes a sus preceptos: Lo que le pasó a Aristóteles con un Médico. como lo dijo Aristóteles a un Médico, viniéndole a visitar en una grave enfermedad que padecía: el cual mandándole hacer ciertas cosas de su autoridad sin darle razón, por qué, ni en que se fundase, le dijo: No pienses que me has de curar como a un vaquero, o cavador: antes me has de enseñar la causa y razón de lo que mandas: y así me hallarás obediente. Lo propio ha de hacer el hombre discreto, cuando su Maestro le diere alguna lección o treta, pedirle la causa y razones probables de ella, y no dándolas, Lo que hacen los Indios con sus agoreros. hacer con él lo que los Indios con sus agoreros, a quien ellos tenían por Filósofos, y de quien creían cuanto decían: que si alguna vez no acertaban, la pena ya establecida era, que callasen para siempre, y que si algo hablasen no les fuese creído. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA74PRIMERA PARTE DE LA El mentiroso no puede ser acepto a los hombres nobles. Justa y muy justa sentencia, porque el hombre mentiroso, no puede ser acepto a los hombres nobles, entre quien siempre se trata verdad. Aristóteles. Y en esto parece que atinaron con aquel dicho de Aristóteles que preguntándole, qué ganaban los mentirosos en mentir, respondió, que no les crean cuando dijeren verdad. Costumbre loable de los Araucanos. Loable costumbre, aunque Gentiles, que en esto notable ventaja nos hacen. Y en particular en elegir Maestros, o permitirlos en las repúblicas, teniendo hecha una ordenanza, que ningún oficial dejase su oficio y tomase otro, ni que el hombre de guerra se hiciese labrador, ni el oficial Filósofo, sino que cada uno usase lo que sabía. Muy diferente de lo que hoy se permite en las Españas, y en especial, de la materia que tratamos: pues cualquier oficial mecánico, cuyo Entendimiento no alcanza a lo menos importante de su oficio, lo deja y se da a ser Esgrimidor, haciéndose Maestro de Esgrima. Qué quiere decir Esgrima y Esgrimidor. Justo y muy justo nombre a lo que enseñan, porque este nombre: Grima, es lo propio (en nuestro Castellano) que una cosa que trae consigo temor y peligro: y dicen muy bien, Esgrima, y ellos los Maestros de Grima, que es lo propio que temor: por manera que hay mucho distinción entre Maestro de Armas y entre Maestro de Esgrima, porque el primero es el que enseña las causas y efectos que producen de las Armas científicamente con razones probables: y este es el bueno, y a quien hemos de estimar: y el otro es Maestro de Esgrima, que es lo mismo que decir Maestro que enseña una cosa de temor: y así lo han de tener los hombres nobles y discretos, de saber y de aprender tal cosa: Nota que es admirable. como la tuvo un caballero discreto, que habiendo llamado a un Maestro de Esgrima, para que le enseñase, considerando, que en poco más de dos horas que le estuvo aleccionando, fueron tales las lecciones, que comenzando por la espada, prosiguió con la daga, broquel pequeño y grande, rodela, montante, hacha, maza, pica, y alabarda: y lo peor fue decirle, que quedaba ya Diestro. Y viendo el prudente caballero, la notable falta que había en el Maestro, y en lo que enseñaba, sacó de su escritorio premio, que fuera bastante a mucho tiempo de buena y cierta Destreza, y se lo dio, diciendo: Tomad Maestro, y advertid, que no os doy esto por lo que me habéis de enseñar, ni por lo que LUIS PACHECO DE NARVÁEZ75VERDADERA DESTREZA. me habéis enseñado: sino porque me habéis descubierto la poca certeza que hay en la Esgrima, y los disparates en que se funda: ni tampoco os pago por lo que habéis de venir a mi casa, sino porque no volváis a ella. Así han de hacer los discretos, teniendo por mejor pagarles porque no les enseñen, que no después de haberles engañado: pues vemos claramente, que más matan los que son malos Maestros con su doctrina, que una gran peste. Lo que conviene que hagan las Repúblicas en los Maestros de las Armas. Y de aquí había de resultar, que las Repúblicas pusiesen gran cuidado en examinar los Maestros que han de enseñar a sus hijos, y darles salario particular, para que con amor los enseñasen: no consintiendo que de otra manera fuese. Que entonces los tales Maestros procurarían saber más de lo que saben, estudiar más de lo que estudian, y presumir menos de lo que presumen, y el bueno se estimaría por tal: y en lo que merece: lo cual no se puede hoy, por haber el barbarismo que hay, y querer el que menos sabe que lo estimen como al que más ha trabajado: porque la Destreza ella por sí es buena, pero los que la profesan, o no la saben entender, o no la quieren enseñar: pero es compasión que en una República, hasta el pregonero busquen el mejor: y que el Maestro de sus hijos muchas veces sea el peor: Por qué el Emperador Honorio desterró a los Esgrimidores. y a buen seguro, que si ellos fueran en tiempo de Honorio Emperador Romano, que así los desterrara como a los Gladiadores de aquel tiempo: porque si aquellos los desterró porque en las fiestas que se hacían se mataban como bestias: lo mismo merecían muchos de estos, porque ya no se matan (porque se guardan bien de ello) son causa que otros se maten, confiando en sus palabras. Estese cada uno en su oficio, haga cada uno lo que sabe, ejercite aquello que aprendió, que es gran ignorancia (como lo dice Sócrates) querer imperar sobre los otros, quien no puede imperar sobre sí. El que enseñare el arte de la guerra, la ha de haber ejercitado mucho tiempo. Y oigan aquel dicho de Plutarco, que dice, que enseñe el arte de la guerra el que muchas veces lo hubiere usado: porque no puede enseñar a otro ser diestro el que para sí no lo es: y pues es cierto, que es difícil aprender de muchos lo que está en pocos, justo es que los buenos Repúblicos tengan cuidado, que cada uno use su oficio: que en esto servirán a Dios, y al Rey, en procurar, que los Maestros de las Armas sean como hemos dicho: para que cuando hubiere menester soldados (que esta necesidad cada día se ofrece, respecto de las continuas guerras, y los muchos enemigos que contra nuestra madre España se levantan) los halle tan diestros, que se pueda tener confianza de la victoria: además de que en mano de los otros oficiales, solo está perder la hacienda: pero en la de los Maestros de Armas hacienda y vida. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA76PRIMERA PARTE DE LA Mal Maestro qué hace. Porque el mal Maestro roba la hacienda, y afrenta la persona: pues en la ocasión para que se aprende, o sale muerto, o herido, por ser fallo lo que enseña. Y así es de loar la Destreza que está en manos de un Maestro grave, prudente, atinado, y experimentado: que el tal, con la ciencia conocerá, y con la prudencia y cordura, elegirá lo que convenga, y con la experiencia sabrá aplicarla. Pero ha llegado a tanto la presunción de algunos Maestros, y tan poca la consideración de los discípulos, que todo lo que los unos dicen, los otros creen, sin más consideración: y lo que los Maestros inventan de noche, ellos creen de día, como si fuera verificado con verdad infalible. Y solo me espanto, que habiendo tantos discípulos, nobles, y de buen entendimiento, no haya uno que les vaya a la mano, y conozcan el yerro en que andan, el peligro en que se ponen, y el fin desastrado que muchos han tenido, por haber seguido lo propio que ellos siguen. Vulgo qué tal. De estos me maravillo, que de los demás vulgares no hay que espantar: porque de suyo es el vulgo tan liviano, que con la novedad se agrada, aunque sea incierta y dañosa: y ama con tantas veras las invenciones nuevas, que mientras lo que le dicen es más extraño, tanto más las ama. Y es lástima, que no conozcan su propio daño: que creer uno todo lo que oye, y hacer todo lo que ve, procede de poco juicio, y de liviano corazón: y persuadirse con cualquier palabra, y dicha de cualquier hombre, muestra es de poco Entendimiento. Y es sentencia de Erasmo, que el hombre que ligeramente creyere a otro hombre, no puede ser prudente. Digo pues, que cuando el Maestro diere alguna lección, que el discípulo la examine y experimente, para ver si de ella (en las ocasiones de necesidad, que es para donde se aprende) se puede fiar, y no tomarla a carga cerrada (como dicen) sin querer escudriñar qué partes tiene, de qué principios procede, y qué fines se pueden esperar: que es gran livianidad creer ligeramente lo que no se puede probar por razones, y lo que en ninguna se funda: y mirar si dan alguna que al Entendimiento deje satisfecho, y el Ánimo quieto: que al hombre de razón, razones le convencen. De esta manera, y con estas diligencias se ha de recibir cualquier lección, que creerla sin ellas, es una fé injusta, crédito mal empleado, confianza no debida, y el peligro tan cierto, cuanto ella dudosa: y es grave lástima ver cuántos Maestros se han levantado con la Destreza, que es señal cierta, que está perdida. La Destreza ordinaria aún no era tan mala como lo es hoy. Que según Platón, no hay mayor indicio de perderse una República, que cuando se levantan muchas cabezas en ella: y por esta causa la Destreza, que se ha practicado hasta ahora, se ha perdido, que aún no era tan mala, como está hoy: y la República de la Destreza verdadera también se perderá, si los hombres nobles, y los de buen Entendimiento no la favorecen y libran de las manos que hemos dicho. Y perdónenme los que les pareciere que soy áspero en reprender, pues es cierto, que los LUIS PACHECO DE NARVÁEZ77VERDADERA DESTREZA. vicios que se hacen en público, no se pueden quitar con halagos, ni palabras secretas: públicos los vicios, públicas las reprensiones: esto que digo les conviene, lo mal, o bien que hicieren, le aprovechará, o dañará. Y me atrevo a decir y a certificar, que tan presto ha de llegar la pena, como cometieren el descuido: y el tiempo me ha dado palabra de salir por mí fiador, y hacerme verdadero y pronóstico cierto. Mucho me ofrecía que decir, pero mi intento no es disgustar a nadie, sino persuadir a todos, no decirles cosa que les pese, sino avisarles cosas que las aprovechen. LAS PARTES QUE HA DE TENER EL DISCÍPULO Y A QUIÉN SE HUBIERE DE ENSEÑAR ESTA DESTREZA: Y AL MAESTRO, SE LE DA ORDEN DE CÓMO LE HA DE ENSEÑAR Y A QUÉ HORA. Pues le hemos dicho al discípulo, qué Maestro ha de elegir, y las partes con que lo ha de buscar, y las calidades que ha de tener, con lo cual no se engañará. Justo es que le digamos al Maestro, qué discípulos ha de recibir, cómo los ha de conocer, y cómo los ha de enseñar: que no será razón siendo tal como hemos dicho, gaste su tiempo enseñando discípulos, cuyas inclinaciones y ánimos no igualen ni sean conformes a lo que quieren profesar: porque así como no todos los hombres, son para Maestros, así no son todos para discípulos: además de que a buenos Maestros sabios y experimentados, buenos discípulos, nobles y bien inclinados, merecen. Maestros célebres y discípulos ilustres. Que esto sea razón, veamos los hombres más celebrados que ha habido en letras, a quién han tenido por discípulos, y veremos que aquel insigne Filósofo Aristóteles tuvo a Alejandro, y tanto se preciaba de ser su discípulo, como Aristóteles de ser su Maestro. El celebrado Séneca por su discípulo tuvo al Emperador Nerón, Polícrates, al Emperador Trajano, el Filósofo Chilo a Leandro: Carlos V señor nuestro, y Emperador de Romanos, discípulo fue de Adriano, que después fue Papa y se nombró Adriano VI, y su hijo y señor nuestro, Felipe II Rey de las Españas, su maestro fue Silíceo, que después fue Arzobispo de Toledo, todos varones tan sabios, que cuando alguno se hallara tanto, mejor no: y cuando la ciencia de las Armas, entonces se tuviera noticia y conocimiento de ella, y hubiera hombres tan estimados en ella, como estos en letras, también los llamaran a su servicio. Así que para tales Maestros, tan sabios, tan prudentes, tan excelentes en letras, tales discípulos, tan graves, tan poderosos y tan ilustres convenían. Que este es el premio de los hombres, que gastan su vida, por larga que sea, trabajando por llegar a la mayor perfección que sus Entendimientos pueden alcanzar: que los Príncipes los honren, sirviéndose de ellos: además de que les son importantes, pues cuanto mayor poder tuvieren, mejores Maestros han de procurar: porque así como hacen ventaja a todos sus vasallos en riquezas y en poder, y lo demás: así mismo han de llevar ventaja en saber. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA78PRIMERA PARTE DE LA Carta de Alejandro a Aristóteles su Maestro. Que esto bien dijo Alejandro, sabiendo que Aristóteles su Maestro, había publicado ciertos libros de Filosofía natural, que de él había oído, en una carta que le escribió, que contenía estas palabras: Por cierto Aristóteles, mal lo has hecho en publicar los libros de Filosofía, que escribiste, y yo de tí oí: porque en qué te parece que excederé yo a los otros hombres, si lo que tú me enseñaste, comienza a ser común a todos: y pésame de ello, porque te hago saber, que yo en ciencia y doctrina, quería hacer ventaja a todos, que no en riqueza y poder. Con esto entenderá el Maestro, la diligencia que ha de poner en buscar los discípulos, que cuando no sean tan excelentes como los dichos, al menos sean con las partes que referiremos: que de lo contrario, además de cansarse sin provecho, del mal que lo hicieren y del menor defecto que tuvieren, no carecerá de culpa: El pueblo atribuye a los Maestros las imperfecciones de los discípulos. porque siempre el pueblo atribuye a los Maestros las imperfecciones de los discípulos. Y que esto sea verdad, lo muestra bien lo que le pasó a Diógenes con un mancebo, que viéndole deshonesto y malcriado, se fue para su Maestro, y con el bordón que siempre traía, le dio un golpe, diciendo: Toma, porque le doctrinaste así. Y Plutarco Filósofo, escribió a Trajano, su discípulo: que el vulgo todos los daños, descuidos y defectos de los discípulos, cargan sobre los Maestros: a los cuales se les promete poco reposo, y dudosos fines de sus discípulos: porque hay algunos, cuyos Ingenios, no basta estudio que los despierte, y los padres en tal ocasión pierden la costa: el Maestro el trabajo y el discípulo tiempo, y sobre todo la opinión del pobre Maestro casi perdida. El estado del discípulo es más seguro que el del Maestro, y el del soldado que el del Capitán. De donde se viene a entender, que el estado del discípulo es más seguro que el de su Maestro: así como lo es el del soldado más que el del Capitán, que muchas veces se ha visto, que aunque sea valeroso guerrero, y con su espada en la batalla abra camino en el pecho del enemigo, con valor y esfuerzo, si por la cobardía de sus soldados pierde la victoria (o no la alcanza) esta culpa, que tan ajena es, carga sobre el pobre Capitán. Y por el contrario, si la victoria se consigue, aunque el Capitán no tenga las partes que para tal oficio se requieren, sino por valor y esfuerzo de los solados, la gloria del vencimiento a él se le atribuye: y jamás se dice tales soldados vencieron tal batalla, sino el Capitán fulano, venció tal enemigo, rindió tal fuerza, desbarató tal ejército: y es ordinario estilo, los casos adversos, o prósperos, atribuirlos a los caudillos. Y pues de esto las historias están llenas, vengamos a nuestro propósito. Del cual digo, que lo bien o mal que un discípulo hiciere, a su Maestro se le ha de atribuir la honra o la culpa: que también es ordinario a un hombre sabio, en cualquier facultad, decir tuvo buen Maestro. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ79VERDADERA DESTREZA. Los Capitanes habían de procurar con cuidado que hubiese buenos Maestros de Armas. Y pues a los Capitanes les hemos dado regla, casi infalible para conocer los soldados que han de elegir, y el arte militar, y el enseñar a ejercitar las Armas, es todo uno, tanto que los que más habían de procurar, que en las Repúblicas hubiese Maestros con las partes dichas, habían de ser los propios Capitanes: pues estos enseñan en sus casas y en la paz a los hombres lo que han de hacer cuando estuvieren con los Capitanes en la guerra. Y si fueren buenos Maestros, y enseñaren bien, en el tiempo de la necesidad (que es para donde son menester) no les pesará hallarlos diestros y animosos: pues, como hemos dicho, la ciencia aumenta el Ánimo. Así que los Maestros pueden también tomar esta regla, en lo que toca a las partes exteriores, y señales por los miembros, y proporción de ellos: que siendo buenos para lo uno, para lo otro lo serán, pues ambas cosas dependen una de otra, y son causas para un propio efecto: que también para las interiores les avisaremos cómo los conocerán, y daremos algunos documentos de cómo se han de haber con ellos: que no serán de poca importancia. Lo primero que ha de conocer el Maestro en el discípulo. La primera diligencia que ha de hacer el Maestro con el discípulo, es, saber si es noble, y conocido en virtud: porque la nobleza y virtud, siempre inclina a bien, y en general los nobles siempre son de Ánimos generosos, no sujetos a pasión ninguna, ni estorbo de vanagloria, ni presunción arrogante: Lo que más obliga al hombre en la guerra. y no hay cosa que más obligue al hombre en la guerra, que es ser de buena sangre: porque los tales gozan de aquellos cinco dones particulares que dice don Antonio de Guevara, que son: Ánimo para no huir, generosidad en el dar; crianza en el hablar, corazón para osar, y clemencia para perdonar. La soberbia es enemiga del Ingenio. Y el que enseñare discípulo soberbio, no saldrá con su intento: porque la soberbia es enemiga del Ingenio, y compañera de poco Ánimo: Y así como la hinchazón de los ojos daña la vista, así la del Ánimo daña al Ingenio. Lo segundo que ha de considerar el Maestro en el discípulo. Mire también el discreto Maestro, que los discípulos que eligiere, sean favorecidos de los dones particulares que atrás hemos dicho, que son: Entendimiento, Ingenio, Memoria, Prudencia y Ánimo: que con facilidad verá, si tuviere Entendimiento, en comprender con brevedad lo que le enseñare: porque el que enseñare discípulo rudo, labrará en tierra seca, y trabajará en vano: y si tuviere Ingenio, también lo verá, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA80PRIMERA PARTE DE LA en el fabricar aquello que aprendiere: si tuviere Memoria en el conservar lo que le dijere: si tuviere Prudencia, en el obrarlo con consideración: y si tuviere Ánimo, en la determinación con que lo obrare: No hay mayor gusto para el Maestro que ver que sus discípulos se aprovechan. que no hay mayor gusto para el que enseña, como ver que sus discípulos se aprovechan de lo que les enseña: y por el contrario, así como al pintor le pesa ver estragada [en pésimo estado] la imagen que con gran artificio pintó, y en quien puso las fuerzas de su Ingenio. Así al Maestro le pesa ver estragado a su discípulo, a quien enseñó con gran industria y trabajo, en quien tan mal se empleó su doctrina: y también el discípulo está obligado a trabajar de su parte, para salir perfecto: porque ninguno con soloel trabajo del Maestro para ser diestro: Aristóteles. Cómo aprovecharán los discípulos. que esto es lo que Aristóteles respondió, siéndole preguntado cómo podría ser que los discípulos aprovechasen mucho, diciendo: Si los que quedan atrás, trabajan por alcanzar a los de delante, y los de delante no se descuidan. Por donde se ve claro, que el discípulo está obligado a trabajar de su parte: y con esto el Maestro no se engañará en la elección de los discípulos. Solo resta saber, cómo se ha de haber con ellos, para que su trabajo aproveche. Lo tercero que ha de considerar el Maestro en el discípulo, es en la edad. Habiendo el Maestro conocido, por las señales que damos, ser hombres dispuestos para profesar las Armas, ha de considerar en la edad, que ni sean muchachos, ni tampoco viejos, pues los unos y los otros están imposibilitados: los unos, porque sus miembros no han alcanzado la fuerza que se requiere, y los otros la han perdido: y a mi parecer, debe ser el más mozo de dieciocho años, que es la edad en que se van endureciendo, y cobrando fuerza para poder mandar las Armas: pero que tenga sujeto y capacidad para recibir y comprender lo que le enseñare, que muchos hay de esta edad, que así en el cuerpo como en el Entendimiento, no tienen disposición para cosa de tanto estudio y trabajo: y el que de más edad fuere, sea de veinticinco años, que es el tiempo donde el Entendimiento está dispuesto, y los miembros están más aptos y robustos, para el continuo ejercicio que se requiere; y este pocas veces se hallará en los que pasaren de esta edad, que los tales sus movimientos y acciones, no serán tan fáciles, ni tan ligeros, y los Entendimientos estarán ocupados con cuidados, que estos les serán impedimento: y algunos que pasaren de la edad, que decimos, y tuvieren las demás partes dichas, que disimularán, y suplirán, si alguna falta hubiere: queda a disposición y juicio del discreto Maestro: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ81VERDADERA DESTREZA. ¿Cuándo son viejos los hombres? porque no se puede dar regla cierta de las edades: porque unos hombres de quince años, lo son, y otros de veinte son muchachos, otros de cuarenta son viejos, y otros de cincuenta tienen disposición de treinta. Aristóteles Éticas Libro I. Plinio Libro II. Y así dice Aristóteles en el primero de las Éticas, que viejos y mozos se dicen ser los hombres, según la edad, las costumbres y obras, y Plinio en el libro II capítulo 37 dice que de veintiún años está el hombre ya robusto, y la naturaleza ha llegado a la perfección. Y no con lo dicho queremos persuadir, que le que fuere de cuarenta y más, no podrá aprender parte de la Destreza, que le baste a defenderse. Que en esta ocasión se podrá aprovechar el Maestro de enseñarle algunas heridas, que se nombran de segunda intención: que muchas veces no es necesario al que las hace, que sean con veloces movimientos: y muchas sucede, que sin preceder ninguno de su parte, se consigue el intento de herir al contrario, aprovechándose del que hiciere viniendo a herir, y cuando no quisiere herir ni matar (porque la Destreza no obliga a ello) podrá con algunos tajos (que adelante declararemos) impedir los movimientos contrarios, pero no gozará de aquella presteza que los mancebos, por las causas dichas, y porque las fuerzas ya desfallecen, y el calor no es tanto. En qué ha de ejercitar el Maestro a sus discípulos. Y en cuanto comenzar a enseñarlos, soy de parecer, que lo primero los ejercitase, si antes no lo estuvieren, en correr, saltar, tirar barra, jugar pelota, tañer y danzar: porque el ejercicio del correr, hace a los hombres ligeros, delgados y sanos, y el saltar, en cierta manera más por causa de que para este ejercicio se ha de levantar todo el cuerpo, y suspenderlo en el aire sin hacer descanso en ninguno de los pies: lo que no hace el que corre, que se va ayudando del uno y del otro. El tirar la barra, cría fuerza en el brazo para mandar la espada. El juego de pelota consta de los propios movimientos que las armas de violento y natural. El jugar a la pelota le importa para el conocer los movimientos: porque el juego de la pelota, se compone de movimiento violento y natural: donde le es forzoso conocer la naturaleza de cada uno, y unas veces se aguarda, que vaya acabando el viaje, que hace por virtud de la fuerza que se le comunicó en aquella distancia que hay desde el bote hasta el lugar que están los que rechazan: que es donde comienza y engendra el movimiento natural: aunque muchas se le resiste antes que se acabe el uno ni comience el otro. Y el tener conocimiento de esto, le aprovechará para conocer los movimientos en las Armas: pues de la propia suerte se componen: y muchas veces le convendrá haberse con ellos como con la pelota: unas aguardando al movimiento LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA82PRIMERA PARTE DE LA natural, y otras al principio del violento: y algunas sin que se acabe el uno, ni comience el otro. Carranza, folio 148. El tañer y danzar, para que sepa las consonancias, y dar los compases en su punto, que el cuerpo, brazo, herida, no sea cosa de por sí, sino que sea todo junto, que haga verdadera consonancia de música: Ídem, folio 151. que aquí es donde la Destreza iguala con ella, como lo dice Jerónimo de Carranza. Qué zapatos ha de traer el discípulo. Y para esto sería bien que el discípulo usase de unos zapatos, que entre las dos suelas trajese una de plomo, andando con ellos algunos días, hasta el punto que hubiese de ejercitar las Armas, o danzar: que de haber andado con aquel peso, cuando lo quite, se hallará tan ligero, que los movimientos que hiciere casi sean incomprensibles. A qué hora se han de aleccionar los discípulos. Ordinario ha sido en los Maestros hasta hoy, en algunas partes, aleccionar a sus discípulos de noche: y aunque he procurado saber el origen de esta costumbre, no lo he podido hallar: y solo ha sido una introducción ya recibida: de la cual nuestro Maestro no le conviene usar, antes haciendo lo contrario, aleccionar luego por la mañana: Aristóteles que la memoria está más dispuesta a la mañana, que a la noche. y que esto sea mejor y más provechoso a Aristóteles pongo por autor, pues dice, que la Memoria está más fácil a la mañana que a la tarde: porque el sueño de la noche pasada ha humedecido y fortificado el cerebro, y la memoria es por parte de la humedad: y esta la acarrea el sueño: por la mañana es cuando está más dispuesta para recibir, que no a la noche, que la vigilia de todo el día lo ha desecado y endurecido. Lo cuarto, y más importante que ha de conocer el Maestro en el discípulo. Además de lo dicho, le es necesario al maestro, para acertar, conocer la complexión de que más participare el discípulo: porque no se engañe en dar al uno, lo que pide el Ánimo del otro: porque al que fuere colérico, cuyo Ánimo, por la LUIS PACHECO DE NARVÁEZ83VERDADERA DESTREZA. participación que tiene del elemento del fuego, es de arremeter, le convendrá enseñar doctrina, que iguale con este ánimo, que son las heridas de primera intención, de quien en el discurso de este libro se dirán. Y al sanguíneo, que por lo que participa del elemento del Aire, y calor de la sangre, que particularmente predomina: también tiene sus determinaciones y acometimientos, le convendrá enseñar cómo ha de arremeter: y al flemático, que por lo que participa del elemento del Agua, que es pesada, que no será acelerado en sus movimientos, sino inclinado a herir sin mucha diligencia de su parte, se le habrán de enseñar heridas flemáticas, que son las de segunda intención, y al melancólico, por lo que participa de la tierra: además de ser perezoso, y tardo en sus movimientos, las más veces es pusilánime, y a quien señorea el temor (para que lo pierda) se le debe enseñar sólo defenderse, con impedir y atajar cualquiera herida que el contrario formare, de cualquier especie que sea: con lo cual no se echará de ver la falta, que naturalmente tiene. Carranza folio 177. Y para este efecto dice Jerónimo de Carranza, que el discípulo ha de decir la verdad a su Maestro como al confesor, manifestándole si tiene Ánimo o no: pero pidió cosa que jamás la cumplirán, porque ninguno entenderá que tiene esta falta, y cuando la entienda, no la dirá por su honra: porque la presunción tiene esta gravedad consigo: y cuando no lo dijeren, los podrá conocer, como avisaremos adelante, en el punto particular que hacemos de conocer las complexiones: donde podrá ver las señales que tiene cada hombre, para no engañarse en conocer su Ánimo e inclinación: para que lo que se pudiere, salgan perfectos, y por su parte no falte. Note el Maestro y haga. Pero debe advertir, que la lección que les diere, sea con tal lenguaje, que conforme con la capacidad del que aprendiere: no contentándose con decirlo solo una vez, sino muchas porque de aquí resultará hacer claro lo que antes era oscuro, dividiéndolo en partes, y declarándola con ejemplos: porque a cualquier Entendimiento más fácil se le hace, lo que en partes se divide: que de esta suerte el discípulo lo comprenderá, y jamás se le olvidará. Séneca, que tarde se olvida lo que por mucho tiempo se aprende. Que esto testifica bien el dicho de Séneca, que tarde se olvida lo que por mucho tiempo, y bien se aprende. Y sobre todo enseñarles la causa verdadera de lo que se les dijere: que entonces se sabrá bien una cosa, cuando se supiere la causa de ella: que con esto los discípulos se aprovecharán en breve tiempo: dando por bien empleado el que gastaren en ejercicio tan noble: y el Maestro quedará contento en ver que el trabajo que ha padecido en enseñarlos, es causa de obrar con certeza: pues no hay donde más resplandezca el saber del docto Maestro, que en salir sus discípulos aprovechados. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA84PRIMERA PARTE DE LA JUICIO ENTRE LAS DOS DESTREZAS, VERDADERA Y FALSA. Sentencia es célebre de Aristóteles, que no basta decir la versad, sino que conviene probar la causa de su contrario, para que mejor se conozca: porque lo malo junto a lo bueno, lo hace parecer mejor: y es muy fundado en razón que en toda conclusión y disputa, lo primero que se trate, sea definir aquel sujeto de que se habla, o ha de hablar, así para que no haya error, como para excelencia de la misma cosa: porque la definición del argumento, es el principio de conocer el caso argumentado: y así como dos cosas contrarias opuestas la una a la otra, más se manifiestan y declaran (porque en teniendo noticia de un contrario, se viene en conocimiento del otro) así para saber cuál sea la verdadera y falsa Destreza, es menester contraponer la una a la otra: de lo cual vendremos a saber cuáles sean sus fundamentos y razones: porque me parece, no bastará persuadir a que dejen la Destreza falsa, que hasta ahora han tratado, y ejerciten confiadamente la verdadera, aunque sea muy sabido el parecer que el Filósofo Antístenes da, diciendo, que la doctrina más perfecta que puede aprender un hombre, es olvidar la sabida, si no es cierta y verdadera: si no se declaran y manifiestan, cuáles sean las causas principales en que cada una se funda. De donde resultará una clara noticia y cierto conocimiento de la certeza de la una y la falsedad de la otra: y juntamente amor y deseo a una, y oído y aborrecimiento a la otra. Y para esta persuasión, dos cosas suelen tener gran fuerza, que son razón y autoridad: porque la razón tiene su fundamento y raíz, en la lumbre natural, y la autoridad, en la Prudencia: y de estas nos habremos de valer. Todo lo que se hace es por una de tres maneras. Dice Platón, que todo aquello que se hace, es por una de tres maneras, o por naturaleza, o por acierto; o por arte: La defensa de los animales es por la naturaleza. y para nuestro propósito, pongamos en estas tres, tres géneros de defensa, y digamos que la que en sí tienen los animales irracionales, es por naturaleza, y mediante aquel natural instinto y conocimiento que les dio, se defienden de sus contrarios, habiéndoles proveído de armas, a cada uno según les convino: que estos, cuando ven que sus contrarios les quieren ofender, naturalmente se defienden y valen de ellas, que aunque no tienen conocimiento racional, para conocer cuándo y de quién se han de defender, tienen conocimiento natural y sensible para ello. La defensa de la común Destreza es acaso. La que se hace por acierto, es aquella que unas veces tiene efecto, y otras no: unas veces parece infalible, y las más falta, como cuando un hombre hace alguna cosa (como dicen) a carga cerrada, o a la ventura: si saliere bien si no también, por no saber LUIS PACHECO DE NARVÁEZ85VERDADERA DESTREZA. los medios por donde han de alcanzar el fin que pretenden, ni los fundamentos en que se han de fundar para la tal obra: sino así incierta y confusamente la emprenden, sin otro conocimiento: fundándose en opinión vulgar: la cual es un oscuro y dudoso conocimiento de la cosa que se practica, y una estimación y dudoso consentimiento de aquellas que no tienen cierta y clara noticia, a la cual más justamente se le podrá llamar yerro de vulgo que opinión: Diferencia que hay entre la opinión y la razón. y hay una diferencia entre esta y la razón, que la opinión no verificada y fundada en certeza, va siempre lejos de la verdad: y la razón siempre la sigue como a verdadero fin suyo. De donde procede, que todo aquello que está fundado en la tal opinión unas veces sucede, y otras falta: a quien justamente podremos llamar arbitrarias de ventura: porque no se puede llamar arte ni ciencia, la que acaso viene a su efecto, ni se puede esperar certeza, en la cual cada uno hace ley de su Voluntad y gusto sin seguir más orden, ni razón que a su propio antojo. Y la verdad de esto se ve cada día en los Maestros de Esgrima, que no son científicos, que inventan tretas y lecciones nuevas, dejando las pasadas por cosa ya vieja, como si fuesen zapatos que se rompen, o capa que se rae: y ellos quedan contentísimos con sus nuevas invenciones: diciendo que saben tretas a lo moderno, de las que nuevamente se usan, como si la compostura de los miembros del hombre y sus movimientos fuesen diferentes que los pasados: y no miran, o no quieren mirar y tener por cierto, que la variedad de los tiempos y costumbres, no mudan ni pueden mudar la certeza de las ciencias, antes ellas a lo demás miden y sujetan igualmente: además, que las cosas buenas y de artificio, siempre nos parecen nuevas: Por espantosa tiene Aristóteles la cosa que sucede acaso. y esta causa lo fue bastante: para que Aristóteles se maravillase y dijese que es espantosa, o de milagro la cosa que se hace o sucede, cuyo acontecimiento es acaso: y cuando solo este nuestro propósito lo dijera, tuviera conocidísima razón: porque los que tratan de la Destreza ordinaria, las tretas que más comúnmente usan, y aún en quien más confían, cuando se quieren valer de ellas, las hacen con unos hombres, y no con otros, un día, y no otro, de varias fuertes: y no de una propia, porque como las causas son inciertas, los efectos que de ellas procedieren, han de ser inciertos: porque de causa incierta, no se puede esperar (porque no lo hay) efecto cierto e infalible. La defensa que se hace por Arte. La que se hace por Arte, es, con fundamentos científicos, de donde proceden efectos infalibles: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA86PRIMERA PARTE DE LA La verdad, lo es en todas sus partes. porque si verdaderamente hay verdad en una cosa una vez, la habrá muchas, aunque sea de diversas maneras: porque la verdad en todas sus partes lo es. Como tomemos por ejemplo la Aritmética: y digamos, que tres veces ocho son veinticuatro: y veremos luego, que cuatro veces seis, será lo propio: y seis veces cuatro, lo mismo: y ocho veces tres, así mismo serán veinticuatro: y cuantas veces igualaremos los números, proporcionados para la tal suma, no faltará: y vendremos a sacar la verdad de la suma en limpio, sin que falte: porque es Arte fundada sobre principios ciertos. De suerte, que si un Diestro de verdadera destreza hiciese una treta de segunda intención (que es mediante el movimiento del contrario) como digamos: su contrario le forma, o quiere dar el revés más riguroso que se pueda considerar en la cabeza, que su lugar propio y común ejecutarlo en el lado derecho, no privándole al Diestro poderlo encaminar donde quisiere, como en otra parte decimos, tratando de su lugar propio: y para defenderse del tal revés, sin repararle, sino que solo la herida que diere, le sirva de reparo, ha de menester dar un compás curvo, por el lado de la circunferencia de su mano izquierda, y formar otro revés, y ofenderle con él: Carranza, declaración folio 2. pues como dice Carranza, treta formada es, cuando el contrario hace, treta de revés: y del mismo revés se saca otro, con que le hieren, quedaría libre, y hallaría certeza en el efecto: pero si quisiese, dando el propio compás, mientras que se forma el movimiento violento, herir de estocada, debajo del brazo de la propia espada, hallaría la propia certeza y defensa. Y si quisiese, cuando hubiese bajado el movimiento natural, dando el mismo compás, herir recto en los pechos, sin ninguna falta hallará efecto y defensa. Y si quisiese, metiendo el pie izquierdo, cuando bajase así mismo el movimiento natural, perfilando el cuerpo, herir de estocada en los pechos, por encima de la propia espada contraria, ofendería, sin que tuviese peligro: y cuando quisiese al principio del movimiento remiso antes que se engendrase el violento herir de estocada en los pechos, podría: y si quisiese más, al principio del movimiento violento, y antes que se engendrase el natural, formar un tajo, saldría con su intento. Pues según nuestro autor, se forma tajo contra revés, y revés contra tajo: y ofendiendo con él, quedaría sin peligro. Finalmente, cuantas veces hiciere, mediante el tal compás, cualquiera de estas heridas, hallará certeza, por la desigualdad que hay de los compases y líneas: y jamás sucederá al contrario, ni podrá faltar. Y la causa de carecer de esta certeza los que tratan la falsa destreza, es, porque quieren más vivir por imitación vulgar y falsa de lo que ven, yéndose tras el bulto de la gente, y no tras la ciencia y fundamentos sobre que se funda: por los cuales dice Séneca, que viven vil y apocadamente, en vivir conforme al pueblo. Y como tienen ocupado el Entendimiento con esta vil opinión, no entienden, si lo que saben es malo, o bueno: y las cosas que profesan y saben, no solamente son malas, pero es mucho peor el mal que se sigue de ellas, como se ve por momentos. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ87VERDADERA DESTREZA. Finalmente, con todo esto que les persuadimos, y con la larga experiencia que de ello tienen, ha de haber muchos, que dejándose engañar de esta vulgar opinión y falsedad, no han de dar lugar a que la verdad los desengañe. Y pues hasta aquí hemos argüido, y concluido con razones ciertas y bastantes a rendir vuestra Voluntad, y de otra cualquiera que no la tuviere prevaricada. En cinco partes se divide esta obra. Vengamos al uso de la Destreza, repartiendo esta obra en cinco partes, como dijimos y pusimos al principio de este libro, comenzando por los fundamentos y preceptos particulares, que habéis de guardar, para que mejor la obréis, puestos en demostraciones. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ89 SEGUNDA PARTE, EN QUE SE PONEN EN DEMOSTRACIÓN LOS FUNDAMENTOS DE LA VERDADERA DESTREZA, Y PRECEPTOS PARTICULARES QUE HA DE GUARDAR EL QUE QUISIERE SER DIESTRO. SIN LOS CUALES LE SERÁ IMPOSIBLE SABER, NI ENTENDERLA, NI TAMPOCO TENER SEGURIDAD SU PERSONA. Con una advertencia de cosas particulares, que sirve de prevención para lo de adelante. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ91DE LA VERDADERA DESTREZA. El sabio artífice que a cargo toma hacer algún edificio, para que sea perfecto, firme y durable, pone sumo cuidado en sacar los cimientos de la hondura y entrañas de la tierra: y con suma diligencia, con regla, y otros instrumentos, procura que sean derechos, y que a ninguna parte se inclinen. Así para este edificio de la Destreza, muro y fortaleza de la defensa del hombre, es menester, cuando lo ejercitare, que el cimiento principal de los pies, sea perfecto y que por él no falte. Y para esto habéis de advertir, que la Destreza, no obliga a ninguno, a que con los pies haga extremos impertinentes, como es apartar una pierna de otra inconsideradamente, que de un pie a otro haya gran distancia: porque esto es en lo que muchos han dado (y aún errado) que pareciéndoles, que por abrir las piernas y alargar el cuerpo, han de alcanzar más con la espada: en lo cual conocidamente se engañan, como adelante diremos en su lugar. Y el daño, o peligro que puede suceder, consideradlo en esta forma: si estando en este extremo con las piernas desproporcionadamente abiertas, vuestro contrario quisiese formar una herida recta de estocada o circular de tajo, a la cual os fuese necesario dilatar aquel movimiento, o herirle al principio de él, habiendo de gozar de alguno de los ángulos (que así mismo en su lugar se declaran, qué son) habiendo de ser con una presteza LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA92SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS casi incomprensible, no lo podréis hacer: porque necesariamente si habéis de graduar adelante, o como comúnmente se dice, dar un compás, por fuerza habéis de juntar el pie izquierdo, que tan apartado está con el derecho, para que sirva de sustentarnos el cuerpo, para poder levantar el derecho. Aristóteles. El andar y correr consta de descanso y trabajo. Pues como dice Aristóteles, cualquier movimiento, así de hombre como de animal irracional, consta de descanso y trabajo de esta manera: que para que el pie derecho pueda levantarse en alto, ha de estar parado el izquierdo sobre que el cuerpo se sustente, y por el contrario. Y comúnmente vemos en el andar, que cuando un pie se levanta, es por causa que el otro ya está asentado, y sustenta en sí el cuerpo, que es lo que el otro tenía, y no de otra suerte: y lo propio será, si fuere menester desgraduar atrás, que sería menester levantar el pie derecho y juntarlo al izquierdo, que está apartado: primero, que se pueda levantar. Y la razón porqué los hombres no han dado en esto, es porque esta manera de andar no la han visto y la que ellos han usado, es, que estando afirmados (aunque estén en el extremo dicho) si les es forzoso desgraduar un paso, no hacen más que sacar el pie derecho atrás, quedando con el izquierdo delante: y si quieren graduar adelante, meten el pie izquierdo, dejando el derecho atrás: lo cual se ve en las entradas que ellos hacen de los compases: y cuando dañoso sea esto, adelante se dirá. Y volviendo a nuestro propósito: Estando en este extremo, el movimiento que hiciereis, será tan tardo y espacioso, que os dañe, por estar en la postura dicha. Carranza folio 2. A la cual Jerónimo de Carranza, en la declaración de su libro le dice postura cansada, por participar de aquel extremo, y no haber ninguno que no sea dañoso, salvo aquellos que hace el diestro en aquellos casos que se ofrecen, que sirven de ofender al contrario y defenderse de él: como en el discurso de este libro veréis. Y en resolución, sabed, que la mejor postura, y donde el cuerpo está más descansado y dispuesto para acudir a cualquier movimiento, es los pies juntos en buena proporción: de suerte, que puesto el derecho delante, la punta de él, derecha al cuerpo contrario, y el izquierdo junto a él no derecho como el primero, sino travesado que vengan a estar los carcañales [parte posterior de la planta del pie], uno enfrente del otro, y apartados a lo más largo un geme [distancia que hay desde la extremidad del dedo pulgar a la del dedo índice, separando el uno del otro lo máximo posible, Miguel Castro, Glosario General de la Esgrima Láser] del hombre, y no más, ni menos, porque si estuvieren los pies juntos, estaría perpendicular y con pequeña fuerza se le podría hacer caer en él suelo, como lo podréis experimentar. Y en nuestra postura está el cuerpo descansado, que esto es lo que dice nuestro autor postura de proporción, porque está el cuerpo igualmente sobre ambos pies, como lo enseña esta nuestra demostración: la cual habéis de entender de esta manera, que el círculo pequeño que está entre ambos pies, derecho, e izquierdo, es la distancia que ha de haber del uno al otro del geme, como dijimos, y el mayor que LUIS PACHECO DE NARVÁEZ93DE LA VERDADERA DESTREZA. está entre el pie derecho del uno, y el derecho del otro, es la distancia que hay de un contrario al otro: Advierta el Diestro, que le importa. y esta tenedla por regla infalible, y que jamás tendrá excepción alguna, que en cualquier tiempo de la Destreza para cualquier herida en cualquier estado y punto que os hallareis, ha de ser con esta misma proporción de pies: y en cualquier tiempo que os faltare esto, os será de mucho daño: y lo mismo se ha de entender cuando se metiere el pie izquierdo, porque entonces, servirá de derecho, y el derecho de izquierdo, y estarán al trocado, pero con la misma proporción porque será de poca importancia que uno se afirme con su espada, y haga cualesquiera diligencias para herir, o defenderse, si el principal fundamento, que son los pies, los tiene desproporcionadamente abiertos, como todos los hacen: Símil contra los que se afirman los pies abiertos. los cuales me parece son semejantes a aquella estatua de Nabucodonosor, que teniendo la cabeza de oro, el pecho y brazos de plata, el vientre y muslos de metal, las piernas de hierro, tenía los pies parte de ellos de barro: o como otros edificios, cuya altura es grande, y de grandes piedras, y el cimiento hecho de tapias y barro, quebradizo. Por manera, que aunque tengáis la cabeza de oro en el saber muchas heridas o tretas, y el pecho y brazos de plata en Ánimo y fuerzas, y el vientre y muslos de metal en fortaleza de miembros, y las piernas de hierro en el sufrimiento, si tenéis la parte de los pies de barro quebradizo de algún extremo de los dichos, ni alcanzaréis victoria, ni dejaréis de salir con peligro: porque la tardanza, en tales casos, lo trae consigo. Y que la postura que decimos sea la más cierta y provechosa, muchos ejemplos había que poder traer, pero con pocos os podréis satisfacer: Ejemplos para los que se afirman con los pies desproporcionadamente abiertos. pues la experiencia a quien os remito, como buena maestra, os quitará las dudas que hubiere, y considerad cuando estáis en rueda de conversación, cómo tenéis o cómo los tienen los otros, y los hallaréis sin cuidado ninguno, puestos como lo enseña la demostración, y no abiertas las piernas hechos puente: y considerad así mismo cuando uno quiere correr, si tiene las piernas abiertas y los pies desproporcionados, y veréis que los tiene juntos: y para comprobación de lo dicho poneos en el extremo que digo, abiertas las piernas, y veréis que un poco que estéis en tal extremo, no lo podréis sufrir: y en la postura que digo, os estaréis todo un día: y así mismo vemos, que el que corre, el que salta, el que tira a la barra, el que juega pelota, el que danza, el que huye, el que acomete, el que está parado, el que anda: todos tienen los pies proporcionadamente abiertos, con no tener peligro: y el que ejercita las Armas, los tiene tan abiertos, que es causa de su muerte. Y pues estos ejemplos son ciertos, no quiero traer muchos que LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA94SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS pudieran: y ya que tratamos de esta materia extirpemos una errónea, en que algunos han dado: diciendo, que el pie izquierdo en cualquier tiempo se puede meter, como acostumbran en las entradas y paseos que ellos hacen que es más impertinencia, que provecho metiendo el pie izquierdo y luego el derecho, como queda dicho: lo cual dañará al que lo hiciere sin tiempo, y en casos importantes: porque el Diestro, cuando mete el pie izquierdo, más es para ofender que para defenderse, o jugar: Carranza, folio 165. como lo dice Carranza en el diálogo tercero: pero esto es mediante algunos movimientos del contrario y suyos, o mediante tenerle sujeta la espada, como adelante sabréis. Aristóteles. El movimiento del cualquier animal comienza de la diestra parte. Pero a los que dicen que es provechoso meter el pie izquierdo, con la autoridad de Aristóteles, les hemos de convencer: pues dice, que el movimiento del hombre, y cualquier animal se comienza y tiene su origen de la diestra parte, y aquella es la que primero se mueve en todos ellos. De esto también había muchos ejemplos en el que corre, como dijimos, y en el que anda, que siempre comienzan con el pie derecho: porque este movimiento es natural en todos. Y concluyamos, que así como el pie derecho es el que movemos primero para ir adelante, ha de ser el izquierdo para volver atrás, sin forzar a ninguno que haga lo contrario: y así como graduando adelante con el derecho, el izquierdo le ha de seguir luego, poniéndose en la misma proporción: así cuando le fuere forzoso al izquierdo desgraduar atrás, el derecho le siga, poniéndose junto a él, como aparece en la demostración. Y la definición de este punto, ha de ser, que para ir adelante, el pie derecho tiene este cargo, y el izquierdo de seguirle, y ponerse junto a él solamente: pero para ir atrás, el izquierdo es el que gobierna, y comienza el movimiento: y el derecho luego le acompaña, poniéndose junto a él, como está dicho: de suerte, que más o menos lejos del contrario, siempre el derecho ha de estar delante: si no fuere en los casos que son para herir con el izquierdo, que entonces sirve él, de derecho, como está dicho. Y lo demás que falta acerca del cuerpo, en la siguiente demostración se verá. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ95DE LA VERDADERA DESTREZA. La entereza que ha de tener el Diestro en los miembros, cuando se afirmare. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA96SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Cómo ha de ejercitar las Armas el Diestro, sin quitarse capa, espada, ni daga. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ97DE LA VERDADERA DESTREZA. Plinio. Historia natural. Plinio en su natural historia, considerando por una parte la bajeza y rusticidad de los animales irracionales, y el serles negada la grandeza del Entendimiento, los estima y tiene en poco: y por otra, viendo el instinto natural suyo, con que buscan su provecho, huyen de su daño, y procuran su conservación, se admira y espanta: y poniendo la consideración en el hombre, a quien del tesoro celestial, le fue comunicada tanta parte, enriqueciéndole el Alma de tres piedras finísimas, que son las potencias: las cuales producen y engendran el libre albedrío, por lo cual había de llevar a los demás animales conocidísimas ventajas, viendo que en muchas cosas es al contrario, lo reprende: diciendo, que le había de ser confusión y vergüenza grandísima, ver, que otro animal sepa lo que le es dañoso, o de provecho, y él solo lo ignore, con que acarrea su daño: y que en esto tenga conocidísima razón, ni se puede negar, ni contradecir por muchas razones: y en particular en la materia que tratamos, y la prueba de ello será muy bastante. Aristóteles. 2 de las partes de los animales. Por qué el hombre anda derecho, y no otro ninguno animal. Dice Aristóteles, en el segundo de las partes de los animales, que solo el hombre entre todos ellos anda inhiesto y derecho: porque su naturaleza y sustancia es divina y celestial: Aristóteles. Física. Libro 7. y que al hombre más que a otro animal le conviniese así, pruébalo el mismoAristóteles, en el séptimo libro de su Física: diciendo, que el hombre es mundo menor, acomparación de este mundo grande, que contiene en sí todas sus cosas. Y por esto es señor de todos los animales, al cual obedecen y están sujetos: y así fue conveniente, que a una cosa más perfecta, como es el hombre, le fuese dada figura más perfecta y movimiento de ella, que es hacia arriba, donde es la perfección: y porque a cada una cosa le es apropiada una figura conveniente a su movimiento, y particularmente a las cosas que tienen dos pies, les convenía una figura diametral, y contrapuesta en derecho de los pies, que son fundamentos de todo el cuerpo, como lo son los cimientos de las casas y edificios: y aunque otros autores graves dan razones que afirman y acreditan esta, nos basta ponerle en este cargo al profesor de las Armas, pues no fácilmente saldrá de él: y cuando alguna disculpa diere por su parte, en un punto le cogeremos con el hurto en la mano, como se ve, cuando se ejercitan con la espada, pues inconsideradamente descomponen su cuerpo, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA98SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS Los extremos dañosos en que se ponen los que tratan la Destreza falsa. poniéndose en mil dañosísimos extremos, cuando cargándolo sobre el pie izquierdo, cuando sobre el derecho, cuando juntando los pies tanto hasta poner el uno sobre el otro, sin jamás tener sosiego ni reposo, pervirtiendo en todo el orden natural de los movimientos. Y cuán feo y dañoso sea esto, la necesidad nos fuerza, que acudamos a los ejemplos, porque ser ellos gran parte, y tener gran fuerza para llevar tras sí al hombre al bien, o al mal, ninguno hay que lo dude, y aún muchas veces los más fáciles y caseros tienen más fuerza para persuadir, porque los Entendimientos los reciben mejor. Y consideremos, si un hombre (sano en sus miembros) de buena disposición de cuerpo y galán, andando paseándose, dejase de ir como los demás hombres derecho el cuerpo, echando el pie y mano con bizarría, y aceleración moderada, gallardeándose, como es ordinario en los galanes: y quisiese ir patituerto naneando [andar como los patos] como derrengado, o fuese tan inclinado el cuerpo, que llevase el rostro junto al suelo: o por el contrario, o fuese echando el paso tan largo, que le fuese penoso, y aún alguna vez imposible volver a juntar los pies, para dar otro paso: pues como en otra parte hemos dicho, por parecer de Aristóteles, el movimiento del andar, consta de descanso y trabajo, ¿qué se diría de él? Me parece, que no habría ninguno que no se riese e hiciese burla. Y si un edificio, después de haberle obrado el curioso y diligente Artífice, derecho en toda perfección, se entortase, o torciese: al punto diríamos, que se quería caer, y duraría poco. Pues si naturaleza formó al hombre tan perfecto en todos sus miembros, con tanto concierto, y tan extraña compostura, que el Entendimiento no la puede perfectamente considerar, y el más aventajado se admira y espanta: y este tal no lo estima, y cae en alguno de los vicios referidos, que podremos decir de él, que no merezca, qué desgracia puede haber que no le venga: o qué peligro se puede imaginar que haya, que no le dañe. Y con el deseo que la razón me obliga, que seáis libre de todos ellos, determine poner aquí esta demostración, así por esta causa principal, como por avisar el provecho que resulta de tener el cuerpo derecho, para que el perfil suyo sea bueno (que es uno de los fundamentos de mayor consideración de la destreza). Parte importantísima para alcanzar la victoria. Y porque el brazo ha de estar así mismo derecho, y los provechos que de ello resultan, así para la propia defensa, como para la ofensa del contrario, y poder acudir a sus movimientos con menos trabajo, y más libremente: como para mejor conservar el aliento, de cuya conservación, no solo procede la victoria, sino la conservación de la vida, cuya importancia se deja considerar (de quien en particular trataremos en una preparación, que se ha de hacer para entrar en lo universal) y de camino manifestar el cómo se ha de tomar la espada, y por qué se ha de apretar en la mano: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ99DE LA VERDADERA DESTREZA. Tres provechos que resultan de tener el brazo recto. y el provecho que de ello viene, y los que resultan de tener el brazo recto, que son tres, todos importantísimos, que es alcanzar más al contrario, tener más fuerza en él: y el último, librarse de una herida, que en la falsa Destreza dan en el codo: procurando esto con tantas veras y diligencia como la que suelen dar en el pie: pero la del codo celebran por artificiosa y secreta herida, y no se hallan poco contentos y victoriosos, cuando han alcanzado el fin de su pretensión (que es dar en el codo) pero la una, y la otra, y todas las demás cesarán, sin conseguir su intento, con solo guardar en todo la rectitud y entereza que la demostración y figura del hombre manifiesta. Y en cuanto al cuerpo, y la importancia que sea, tenerlo proporcionadamente derecho, ni es menester muchos encarecimientos, ni para entenderlo habrá mucha dificultad. Pues en la primera demostración de los pies tratamos lo que pudiera basta, pero habéis de advertir, que no solo han de estar los pies como hemos referido, proporcionadamente juntos, pero se requiere, que el cuerpo goce así mismo de tal proporción: Carranza, folio 166. para que se cumpla con lo que dice nuestro autor, ángulo moderado, que es estar igualmente sobre ambos pies, porque este es el mejor: porque si estuviese en el extremo de los pies juntos, ya hemos dicho que estaría perpendicular, que es lo propio que dice Carranza estar en línea: porque todo el cuerpo del hombre, en aquella postura de los pies juntos, hace una línea derecha perpendicular de la cabeza a los pies, y no tendrá firmeza ninguna, por faltarle el ángulo moderado de las piernas: que según nuestro autor, en el tal ángulo, es donde está la fuerza, por haber aquella distancia proporcionada de un pie a otro, que es donde el hombre está mejor, y más pronto para alcanzar a su contrario: Solución del enigma que Carranza pone a los Matemáticos, folio 166. que estando de esta suerte, cesará el enigma que pone Jerónimo de Carranza a los Matemáticos: diciendo, que cómo puede ser, que dadas dos líneas, la una mayor que la otra, sin aumentar cantidad en la menor, se haga, que alcance más que la mayor (sin disminuirle de su largura) todo lo que ella excedía a la menor, con solo, que el que tiene la línea mayor, se afirme en el extremo de los pies desproporcionadamente abiertos: y el de la corta, afirmado en ángulo moderado con los pies, proporcionadamente juntos: porque si ambos se afirmasen de una misma suerte, o en proporción igual, o en extremo igualo, la mayor línea alcanzaría más: y cuando fuesen iguales, igual sería el alcance: porque, como hemos dicho, un igual con otro igual no tiene poder: y así el alcanzar más la corta que la larga, es por estar afirmado con ella en alguno de los extremos: y el de la corta, estar derechamente afirmado. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA100SEGUNDA PARTE DE LOS FUNDAMENTOS El perfil que ha de tener el cuerpo para ser bueno. Así mismo habéis de advertir, que además de tener el cuerpo derecho, como está dicho, conviene, y es de muchísima importancia que esté perfilado: de tal suerte, que el pecho no esté derechamente a la espada contraria: porque además de no tener la prontitud que convendrá para impedir los movimientos que el contrario hiciere, se alcanzará menos con la espada (como se probará por demostración). De suerte, que la conclusión de esto es, que para estar el cuerpo en buen perfil, ora se considere con sin espada, o sin ella, ha de ser de lado: como lo manifiesta la demostración, ora sean los compases por cualquier lado de la circunferencia, o por la línea del diámetro, o por cualquiera de las colaterales, que son las líneas que forman los ángulos, siempre guardando este precepto: porque de ir contra él, no será sin notable daño: y cuando importare valeros del compás de pie izquierdo, que como dijimos en la demostración de los pies, sirve de derecho: pues ha de estar delante, y el derecho atrás, se ha de guardar la propia puntualidad que el lado izquierdo esté perfilado, y el pecho jamás derecho al contrario, si no fuese en algunas proposiciones, o tretas, que se corren por encima de la espada, metiendo pie izquierdo: que en tal caso no ha lugar estar del todo perfilado. Pero esto, se ha de entender, que se ha de obrar, mediante tener la espada sujeta, y no en otra manera. Carranza folio 2 en la declaración. Y porque dice nuestro autor, que el perfil toca a la figura del cuerpo, sin que la espada pueda obrar. Y así mismo dice, que el perfil es la figura del cuerpo buena, o mala, para que con certeza vengamos a verificar, cómo un hombre perfilado alcanza más que otro que no lo esté. Por parecer que convenía para convencer cualquier Entendimiento, quise ponerlo, y probarlo por demostración, para que con menos trabajo lo entendáis, y en un punto conozcáis el perfil bueno, o malo que tuviere vuestro contrario, y le sepáis ganar los grados de él, como cosa tan importante: juntamente advirtiendo algunos extremos, tan malos, cuando dañosos, en que se ponen los profesores de la falsa Destreza, con deseo que todos lo consideren, y los unos dejen lo malo, y todos en general sepan lo bueno, y os aprovechéis y aprovechen pues este conocidamente es mi deseo: y todo se podrá considerar en las dos demostraciones siguientes. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ101DE LA VERDADERA DESTREZA. Línea de la contingencia Demostración para saber en qué postura se alcanza más. Euclides libro 3 teorema 10, prop. II.
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