Y el último encarecimiento que se podrá poner, será decir, que así como le será imposible al ciego de nacimiento ver, si con él no se obra algún milagro, así lo será ser uno Diestro sin el verdadero conocimiento de los cuatro movimientos cardinales, cuyos nombres son: Movimiento violento: Movimiento natural; movimiento remiso, y movimiento mixto, por ser ellos infaliblemente de los que se componen todas las heridas en todas sus especies y diferencias, conforme a la compañía que hacen unos con los otros (no porque puedan estar juntos el violento y natural, pues la corrupción del uno, es causa de que el otro se engendre), pero porque hay heridas que constan de todos los cuatro: como son el tajo y revés, como ya hemos dicho, y otras de solo violento y natural, como es el altibajo antiguo, y otras con solo los tres, remiso, violento, y natural. Carranza, folio 31. Y que este conocimiento sea necesario, nuestro autor lo manifiesta, diciendo, que el que ignorare la naturaleza de los movimientos, se engañará fácilmente, y sujetará a mucho peligro, cuya razón es infalible: porque si la ciencia de la Destreza es para quitar las heridas, y el conocimiento que se ha de tener, ha de ser de la cosa por su causa, siendo las heridas por causa de los movimientos, pues se engendran de ellos, forzoso será tener de todos cierta y verdadera noticia, para que mejor se puedan matar, diferir o desviar, herir o defender según determinareis y conviniere. Y para que con más facilidad los conozcáis, diremos algo de cada uno de ellos. Qué cosa es movimiento violento. Este término violento, o violencia, a todos es muy notorio y sabido, que es forzarle a uno a que contra su voluntad, o naturaleza haga alguna obra: y para entenderlo mejor, acudamos a los ejemplos, porque ellos allanarán si alguna dificultad hubiere, y nos darán la noticia que convenga: y para esto consideremos una piedra que se tira con la honda, o mano, que tirándola hacia arriba, o derecha, hace aquel camino contra su voluntad y naturaleza, mediante aquella fuerza e impulso que se le comunica: y por causa de quitarla de su centro, que es la tierra, se llama movimiento violento, pues compelida de aquella fuerza, o violencia con que se arroja, se mueve y levanta: y lo propio es en el virote, o flecha que sale de la ballesta, o arco, que va con LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA370QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL tanta presteza, que la vista no lo puede percibir: y la causa de este viaje tan veloz, es el ímpetu de la fuerza comunicada: con la cual es forzada a ir derecha aquella distancia que la fuerza dura sin gastarse: pero luego de que acaba, declina y cae en el suelo, como en centro suyo, sin que para esto sea menester ninguna fuerza de nuevo: y así el primer viaje es violento, por ser compelido con el rigor de la fuerza: lo propio es en la espada, en cuanto al formar tajo, o revés, que forzosamente se ha de levantar en alto con fuerza particular, que para ello se ha de aplicar: a lo cual se llama movimiento violento: y al bajar, para acabar el intento comenzado, que es ejecutar el tajo, forzosamente ha de bajar desde aquel lugar en que quedó cuando se acabó el violento: a lo cual se llama natural: porque cuando no se comunicase fuerza ninguna, sino solo dejarla bajar, por el amor natural que tiene a su centro, irá bajando hasta del todo reposar en él. Los animales irracionales conocen el movimiento violento. Y conocer el movimiento violento le es fácil al hombre que con un poco de cuidado lo quisiere procurar, pues los animales irracionales, en quien solo puso la naturaleza un instinto natural, lo conocen, de tal suerte, que los podríamos tener por maestros, pues apneas se ha comenzado a formar cuando ya lo tienen conocido, como se ve muchas veces en un perro cuando le tiran una piedra, o dan con un palo, que al levantar el brazo en alto (que es el movimiento violento) lo conoce, se recela y huye, y antes de que baje el natural, se queja, porque entiende, que es para ofenderle. Y si miramos a una paloma, o otra cualquier ave, a quien así mismo le queremos tirar, veremos, que en comenzando a levantar el brazo, haciendo el movimiento violento, lo conoce al punto, y levanta el vuelo con gran presteza, antes de que se acabe el violento, y comience el natural. Y pues si los animales tienen este conocimiento, no os será a vos difícil el conocerlo, pues gozáis de tantas, y tan principales partes más que ellos. Movimiento natural qué tal es, y de qué se engendra. Aristóteles, Historia Natural. El movimiento natural también es fácil de conocer, pues es cierto, que la generación suya, no puede ser, ni comenzar, sin que primero haya fenecido el movimiento violento, como lo afirma el Filósofo: pues dice, que la corrupción del movimiento violento es la causa de que se engendre el natural, y no de otra manera: Tartalla, Libro de la Nueva Ciencia. ni pueden estar ambos juntos, como también lo dice Nicolao Tartalla, en cinco libros que hizo, sobre la naturaleza de cuerpos igualmente graves, que ningún cuerpo igualmente grave, puede ir por algún espacio de tiempo, o de lugar de movimiento violento y natural juntamente mixtos: y así no comienza a bajar la espada, o bala, o piedra hasta que el movimiento violento y fuerza, con que se engendra, se acabe: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ371PARA TODAS LAS HERIDAS. Este conocimiento conviene para los reparos. y teniendo bastante conocimiento de un movimiento, y del otro, sin que en ninguna cosa os engañéis os habéis de prevenir en aquel tiempo que el contrario gastare en formar el movimiento violento para conocer e impedir el natural: porque si os descuidaseis, es tanta su velocidad que si antes de que se comience a formar, no os pusiereis en el lugar donde hubiereis de hacer vuestra defensa, ora por un lado de la circunferencia, ora por el otro con compases curvos o rectos, y la espada contraria comenzare a bajar, será imposible de toda imposibilidad dejar de ofenderos, aunque entonces con mucha diligencia procuréis formar un reparo: porque de cualquier suerte que sea, se lo llevará de encuentro, por la gran fuerza que tiene el movimiento natural, y más cuando se aplica fuerza, como os avisé cuando tratamos de los reparos. Y supuesto lo dicho, no será justo perder tiempo en el que gastare el contrario en formar el violento, que por haber de ser con tanto trabajo: y que para ello es necesario aplicar la atención, y toda la fuerza para el subir, y levantar la espada en alto: Todo lo que se engendra tiene cuatro partes. Porque, según Aristóteles, todo lo que se engendra tiene cuatro partes, que son, Principio, aumento, estado y disminución (como en otra parte hemos dicho): El principio de lo que vamos tratando es el primer movimiento natural, que se hace desde el ángulo recto hasta el ángulo agudo, donde comienza el movimiento remiso: el aumento es el violento, y el estado es aquel breve tiempo que está la espada acabando el movimiento violento hasta comenzar el natural: el cual es como el tiempo presente, que es menos que un punto tan inconstante y fugitivo, que aun apenas con el pensamiento se puede alcanzar: y una vez perdido, el remedio será difícil, pero el peligro cierto. Ejemplo para el movimiento violento y natural. Y que lo dicho lo sea, lo consideramos en un edificio, donde con una grúa, o torno suben piedra a lo alto, y veremos cuán poco a poco y con cuánto trabajo va subiendo, que parece, que con él manifiesta el descontento que lleva, por ir fuera de su centro y natural asiento con el movimiento violento, de que va compelida: y por el contrario si vuelve a bajar, con cuánta presteza llega al suelo, que la velocidad con que viene parece que es lengua que publica el contento que trae de volver a su centro: y así será imposible (no siendo el edificio excesivamente alto) poder un hombre librarse, si antes de que comenzase a caer, no se quitase de donde derechamente había de venir a dar la piedra, pasándose a uno de los lados, aunque con extraña presteza lo procurase: pues lo propio es en la espada, que al formar el movimiento violento es con gran trabajo: pero al bajar el natural, en un punto (que casi no se puede percibir con la vista) desanda aquel movimiento en que gastó mucho rato en subir: y lo propio habéis de entender precisa y generalmente para vuestra defensa. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA372QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Y la conclusión de este punto es, que si quisiereis a cualquier tiempo circular formar reparo, supuesto que ha de ser en el punto en que se acabe y fenezca el movimiento violento, y antes de que el natural comience, o al menos al principio, como queda dicho, que el medio proporcionado que eligiereis, sea tan puntual y medido, que en el tiempo que gastare en subir la espada arriba, pongáis el cuerpo en tal perfil, que lo podáis impedir: porque no siendo con esta prevención, y en este tiempo, y con tal puntualidad, sin provecho serán todas las diligencias que pusiereis. Movimiento remiso qué cosa es. El movimiento remiso ya hemos dicho que es aquel que hace la espada a cualquiera de los lados, como se ve cuando se quiere formar un tajo, estando en ángulo recto, o agudo, que primero se aparta la espada hacia el lado izquierdo, para desde allí formar el violento: y lo propio es cuando se forma el revés, que se desvía primero al lado derecho. Cuál movimiento precede a cuál. El conocer este movimiento, y su naturaleza, es importantísimo: porque así como el movimiento natural nace y se engendra mediante haber precedido el violento, y no en otra manera, así para que el violento llegue a efecto, de necesidad, ha de preceder el remiso: esto particularmente se ha de entender en los tajos y reveses, que se forman con movimiento circular, siendo solo exento de esta obligación un movimiento, Carranza, folio 154. a quien nuestro autor llama tajo hendido, tomando este nombre de los antiguos: Tajo que para formarse no tiene movimiento remiso. el cual se forma de esta manera: que desde el ángulo recto, o agudo suben la espada derechamente al ángulo obtuso, y por el propio camino la vuelven a bajar, aplicando mucha fuerza para la ejecución. Y como este solo consta de movimiento violento, con mucha más atención habéis de procurar conocerlo, por formarse con más brevedad que el tajo, ni el revés: porque cualquiera de estos es movimiento circular: y este contiene en sí, junto el principio con el fin, una figura perfectamente redonda, ora se comience por lo alto, o por otra cualquier parte, no se puede derechamente subir hacia arriba la espada, como en el tajo hendido, sino que forzosamente ha de haber movimiento remiso, a quien comúnmente se dice tomar vuelo la espada, LUIS PACHECO DE NARVÁEZ373PARA TODAS LAS HERIDAS. Carranza, folio 154. por cuya causa Carranza, tomando así mismo este nombre de los antiguos, le dice tajo volado, que es el propio, y por la propia parte que el arrebatar común: y conocido este movimiento, tendréis más lugar para preveniros, pues según lo dicho, han de preceder tres movimientos antes de que el natural se forme: y cuando con mayor ímpetu se formare el remiso, será más largo, por la mucha fuerza que se le comunicará: pero el violento será con más presteza, y el natural más vehemente: pero ni la fuerza del uno, ni la brevedad y ligereza del otro, bastarán para ofenderos, pues es cierto, que no hay movimiento que sea en un instante, sino que forzosamente se ha de gastar alguna parte de tiempo en él: que es lo propio que obrarse en tiempo. Pues si en un solo movimiento se ha de gastar tiempo determinado, habiendo de hacer tres movimientos, más dilación habrá de tiempo: en el cual, su tuviereis elegido el medio proporcionado, con la consideración que se requiere, cuando el contrario comience sus movimientos, hallándoos en distancia determinada, podréis con tal brevedad formar el reparo, o hacer el desvío que estéis aguardando a que el movimiento natural se engendre. Movimiento mixto, cuál es, y por qué se llama así. El movimiento mixto es aquel que se hace a cualquiera de los lados, y se llama mixto, porque se hace llevando juntamente la espada contraria como cuando a desviamos, cuando le estrechamos, o desviamosa aquella parte que conviene: y como ambas se mueven en un propio punto, y consta de ambos movimientos, se llama mixto. Como por ejemplo: cuando la espada contraria está en ángulo recto, y se la cogemos con línea en cruz, y se la apartamos, llevándola a donde forzosamente ha de hacer movimiento, para de él formar nuestra herida: o cuando el contrario tira una estocada de puño, o recta, que le matamos aquel movimiento, desviándole la espada a uno de los lados, según por la parte que viene impidiendo y atajando su determinación, como ya habréis considerado en las demostraciones que hasta aquí se han puesto, pues ellas propias lo avisan, y publican con sus diferencias: y así mismo lo podrís advertir en las que adelante pondremos: aunque bastaba lo dicho, para no ser menester andar especulando, ni buscando la averiguación de ello, pues de esto ya otro ha tomado el trabajo. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA374QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL PUNTO QUINTO DEL TACTO, Y DE SU MUCHA IMPORTANCIA. Este Quinto punto, de que ahora tratamos, es de tanta importancia, que con razón podremos decir, que está en él totalmente la defensa y seguridad de la vida del hombre: y aunque en otras partes hemos hecho este propio encarecimiento, no por esto pierde este su dignidad, ni las demás la honra que se les ha dado: porque así como es necesario y conveniente al virtuoso, para serlo perfectamente, tener en sí juntas todas las virtudes: pues, según Aristóteles, y los demás Filósofos, están encadenadas unas con otras, y el que tuviere una, las ha de tener todas: así el Diestro, para que con perfección lo sea, ha de guardar con sumo cuidado los preceptos de la Destreza, todos sin faltar ninguno: porque si alguno faltase, además de no gozar de la Destreza con perfección, el daño que le resultaría, sería irremediable: El tacto es uno de los más principales fundamentos de la Destreza. y aunque es verdad que hay unos más importantes que otros, de los que más lo son, el principal es el tacto, uno de los más principales sentidos del hombre, cuyos efectos en la Destreza son milagrosos: porque con él conoceréis la fuerza y flaqueza de la espada contraria, teniéndola sujeta, para que sin vuestra Voluntad no se mueva: y si hiciere movimiento, sepáis cuándo se engendra el principio del remiso, el punto en que se comenzare el violento: y podréis matar el natural, cuando bajare, impediréis los accidentales: y cualquier movimiento mixto, sujetaréis, sabréis con certeza a qué parte camina la espada contraria, y cualquier determinación de su motor: no se pondrá en alto, sin que a su principio lo entendáis con distinción, cuándo es para tajo, cuándo para revés, o estocada, o acometimiento, sabréis: y juntamente podréis impedir la fuerza que trajere cada uno de estos movimientos: así como por él se conoce lo blando, y lo áspero, lo frío, y caliente, lo pesado, o liviano: Carranza, folio 50. y nuestro autor, como quien tan bien supo su importancia, en diversas partes de su libro lo encarece y exagera con mil fuerzas de razones, con tanta elegancia y curiosidad como lo demás: y afirma, por parecer de Aristóteles, que cualquier animal, privado del tacto, morirá necesariamente: y así mismo, que el hombre tiene más cierto el tacto que los otros sentidos, y esta certeza en las manos más que en otra parte del cuerpo: y fue necesario así, porque como la defensa del hombre está en ellas, convino, que en ellas, más que en otra parte alguna, estuviese. Y le da (con mucha razón) mil epítetos honrosos, y particularmente le pone y levanta a tal dignidad, que lo hace heredero de la vista: porque faltando este sentido, el tacto conoce muchas cosas que estaban a su cargo: Y para mí no hay dificultad en creer esta verdad, considerando algunos ciegos que conocen la moneda con el tacto, sin errar, y no digo la plata: porque esta, conforme al peso y tamaño, tiene el valor ya conocido, sino a los cuartos de cobre, saben si son LUIS PACHECO DE NARVÁEZ375PARA TODAS LAS HERIDAS. buenos, o malos: y entendiendo, que este acertar fuese acaso, hice la experiencia de ello, y siempre los hallé como si gozaran del sentido de la vista libremente. Y por esto dice nuestro autor, que los cortos de vista, se pueden aprovechar de la Destreza, por virtud del tacto: el cual sirve de noche más que los otros sentidos, porque no pudiendo ayudarle la vista con libertad, él se vale de por sí, tentando la espada: y conforme al lugar donde la halla, luego manifiesta a qué parte está el cuerpo. Y con la noticia que tendréis conservada en la Memoria, que el pecho está más cerca que otra cualquier parte del cuerpo, de allí abajo: enderezaréis la herida a él: si vuestra determinación fuere herir recto de estocada, no habiendo diferencia en ninguno de los lados en que os hallareis. Y si hubiere de ser la herida de tiempo circular, que la ejecución suya, lo ordinario es en la cabeza, y estuviereis en el lado derecho de la circunferencia, sabréis que ha de ser tajo la herida que formareis: porque se ha de ejecutar en el lado izquierdo del contrario: y si os hallareis en el izquierdo, sabréis, que forzosamente ha de ser de revés: porque se ha de encaminar al lado derecho: Y conocer cualquier parte de estas, que no os parezca difícil, considerando, que si un ciego llega a una esquina de una calle, que ya algún tiempo supo, sabe distinguir la casa de Juan y Pedro: y si tiene a un hombre por la mano, en un punto dice, si es la derecha, o la izquierda. Y si de noche puede servir el tacto, con más ventaja será de día, donde la certeza de la vista le guía. Y poniendo atajo con espada en la contraria, mediante el tacto, conoceréis, según su extremo y disposición, el ser y ángulo en que estuviere: Todas las heridas que se hacen mediante el tacto son universales. advirtiendo, que todas las heridas que se formaren, mediante el tacto, son universales: y lo pruebo con esto. Jerónimo de Carranza dice, que la treta universal es la que se hace contra tajo, contra revés, y contra estocada, para arremeter, y para esperar. Y luego dice, que treta de atajo es la universal. Nota. El atajo es un impedimento universal, que se hace a cualquiera de estas heridas, a quien así mismo dice matar el movimiento: y este forzosamente se hace mediante el tajo, y no de otra manera. Carranza, folio 3 de su declaración. Se sigue, que para que haya universal ha de haber tacto, y las heridas que se hicieren mediante él, serán universales: y todas las demás que sin él se formaren, carecerán de esta grandeza, y no se podrá tener en ellas seguridad, ni confianza, por no ir guiadas por un sentido de tanta certeza como este: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA376QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Conviene que se sepa hacer el tacto. pero es de entender, que este tacto se ha de saber qué medio ha de tener, y en qué parte de la espada se ha de hacer, y la disposición que ha de tener el cuerpo: porque si no hubiese de ser con cuenta y razón, se podría decir, que el tentar la espada que vulgarmente usan en la Destreza ordinaria, que pues hay tacto, es universal: Nota. y no es así, porque si lo fuera, sirviera de defensa, y ofensa: y es al contrario, como se vio en las demostraciones de la tercera parte de este libro. Y para la importancia del tacto, muchos ejemplos pudiéramos traer, que confirmaran lo que de él se ha dicho, y quitaran alguna duda, si acaso la pudiere haber, y con mejor acuerdo se difieren para las demostraciones de adelante, donde diciéndose, y obrándose, hará bastante prueba de su importancia y valor. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ377PARA TODAS LAS HERIDAS. PUNTO SEXTO DE LA CONSERVACIÓN DEL ALIENTO, Y LO QUE IMPORTA. Cuanto más nos vamos acercando a lo universal, que es la conclusión, y resolución de todo lo que hemos tratado, y se puede tratar en Destreza, cosas de más importancia vamos tratando: y que este sexto punto lo sea, el mismo publicará lo que él vale en Destreza, y lo que importa, así en ella, como para vivir, pues sin él, ningún animal racional, o irracional podrá vivir: este es la conservación del aliento, a quien comúnmente llamamos resuello: y aunque esta materia sea ajena de mi facultad y profesión: por lo cual, entiendo, que tratándola, no dará gasto, ni satisfará a todos: por tenerlo prometido, diré algo de ella, con esta limitación, que para los discretos, y los que supieren esta materia mejor que yo (que habrá muchos) no es mi intento escribirlo: pero los que no lo supieren se avisará en ella. Muchas veces fallece el ingenio del oyente por la oscuridad de los términos con que se le habla o enseña. Y aunque imitando, y valiéndome de autores gravísimos de esta facultad, pudiera escribir esto con términos más propios, y lenguaje más levantado, pues lo tienen escrito con tanta elegancia, que se sigue el parecer de Cicerón, que dice, que muchas veces fallece el Ingenio del oyente, por la oscuridad de los términos exquisitos, y que es mucha discreción aquello que han de leer los hombres, no estudiantes, enseñarlo, o escribirlo con comunes y usados términos, El discreto entiende lo difícil y lo fácil. y como nuestro intento particular, sea el aprovechamiento común de común lenguaje, habremos de usar, que aunque vaya en lenguaje ordinario, bien lo entenderéis, pues esta es una de las excelencias de que el Diestro goza, que es entender lo difícil y lo fácil, al contrario de los demás, que solo entienden lo que es claro. Y volviendo a nuestro propósito: digo, que como el corazón es el que más siente el sobresalto y la quietud, y en él está el ánimo y temor, y sus cavidades son tan excesivamente calientes, que es comparado a un horno encendido: la naturaleza, en todo perfectísima, ordenó con soberano acuerdo, que para que el calor natural no fuese menos del que es: Por qué se le dio respiración al hombre. pues, según Avicena, él y el húmedo radical, es el principio de nuestra vida, y el corazón y espíritu vital con su rigor no fuese ahogado: que de continuo por la boca y narices le entrase aire fresco para que le refrigerase. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA378QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL El movimiento del resollar por qué se hace sin cuidado ni trabajo. Y que esto fuese en todo tiempo sin faltar un punto: y como esta obra fuese tan menesterosa, para que jamás hubiese descuido: porque habría peligro, la hizo obra natural, para que naturalmente, aun el niño que no tiene entendimiento capaz para buscar su conservación, por esta parte no le faltase: y de una propia manera, estando durmiendo, o velando con cuidado, o sin él, sin ser menester para ello parte de voluntad: porque este movimiento es como el del Cielo, que se mueve sin ningún trabajo ni cansancio: y así se ve cuando respiramos para dentro, que entra el aire fresco, y este entra en el pulmón, el cual sopla en el corazón como unos fuelles, y el corazón se ensancha y recibe el aire fresco que le envía: pero como llega a parte tan caliente, luego al punto se calienta, y vuelve el corazón a reprimirse y apretarse, y echa fuera de sí el aire que cogió, por estar ya caliente, como muchas veces se ve, cuando el aire pasa por alguna parte caliente, que así mismo viene caliente, y lo propio se ve en la respiración que hacemos hacia fuerza, que si la recibimos en la mano (en particular en tiempo de frío) sentimos calor de que saca de allá dentro, y luego vuelve el corazón a ensancharse, para volver a recoger de nuevo el aire fresco, durando este continuo ejercicio, desde el punto en que el hombre nace, hasta en el que muere, con tanta presteza y tan a menudo, cuando tarda el aire en entrar y salir. Y se tiene tan entendido y la experiencia lo tiene tan manifiesto, saber que el hombre no puede vivir sin la respiración (porque si el aire no entrase a refrescar el corazón, se ahogaría, y repentinamente moriría), que cuando hay duda de si alguno está muerto, luego acuden, poniéndole la mano en la boca y narices, y según le falta así juzgan de él. Carranza, folio 189. Y que la conservación del aliento sea importante para la defensa del hombre, a Jerónimo de Carranza pongo por autor, y a la experiencia por desengaño. Dice pues que el conservar el aliento, es la cosa más importante, y lo que más conviene guardar para en la Destreza, así para formar las proposiciones con perfección, como para salir sin peligro de ellas: y la aplicación de esto lo manifestarán algunos ejemplos, así para disponer vuestro crédito, como la afición. Ejemplos que manifiestan la importancia del aliento. Sin Diestro con la espada en la mano quisiese tirar muchas cuchilladas y muy aprisa, no contentándose con hacer los movimientos con solo el brazo, sino también con el cuerpo, saltando unas veces a un lado y otras veces a otros con resuello apresurado, no le sería posible salir bien de ello, ni tener aliento para conseguir su defensa: porque todo movimiento es causa de calor, y como el corazón y los pulsos no dejan jamás de moverse, por fuerza se ha de calentar el espíritu vital que tiene dentro de sí, así por su mucha delicadeza y ser muy aparejado para calentarse, como por estar en parte tan estrecha. De manera, que si con los alientos no cogiese aire fresco, para que el calor no pasase adelante, en muy breve espacio se ahogaría: y esto, no lo podrá hacer si el resuello fuere muy deprisa: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ379PARA TODAS LAS HERIDAS. El daño que causa la respiración apresurada. porque la respiración apresurada, es causa de que el corazón se aflija: por esta razón, que como el aire fresco que va a refrigerarle, casi no llega a él por la prisa que da luego la respiración de hacia afuera, se queda ahogando y abrasando con el calor natural, y cuantos más movimientos hiciere y más apresurados, el calor se avivará, y el corazón se abrasará y el espíritu vital se encenderá, y la fuerza ha de desfallecer. Y para no caer en peligro tan notable, conviene ser muy limitado en el resollar, y con mucho concierto iréis conservando la respiración, conforme a los movimientos, contentándoos, si los movimientos fueren despacio, en cada uno de ellos resollar una vez: y aun si fuere necesario hacer movimientos acelerados, por convenir así a la presteza de los contrarios, será mucha prudencia ir deteniendo el resuello para andar más alentado, por dos causas particulares. La primera, porque con los apresurados movimientos, y el resollar muy aprisa os causará cansancio, y este os disminuirá las fuerzas: y la falta de ellas os acarrearán turbación, como muchas veces se ve cuando uno sube aprisa una cuesta arriba, que en llegando a la cumbre, y aun antes, se halla tan desalentado, que le es forzoso sentarse: y si en aquel punto le pusiesen (como dicen) la mano en la boca, se ahogaría, además de llegar tan cortado, y cansado, que no hay miembro que particularmente no le duela: porque como el miembro más principal del cuerpo (que es el corazón) padece, padecen en él todos los demás: y el contrario, viéndoos tan afligido y desalentado, cobrará nuevo Ánimo, considerando la causa por donde os inquieta y turba. Opinión introducida en el vulgo. Y de aquí nació lo que muchos dicen (y aún hacen), que si se les ofreciere ocasión de pelear, que dejarán a su contrario tirar muchos tajos y reveses, hasta que se canse, y que luego acometerán, y muchas veces se ha visto salir con su intento. La otra, porque resollando muy aprisa, los miembros no gozan de aquella agilidad y presteza que conviene para la defensa y ofensa. El Diestro ha de imitar al que corre y salta en la respiración. Y para esto os importará mucho imitar a los que corren, y saltan, en quien se ve, que antes de que comiencen a saltar, o correr, se previenen de resuello: porque la experiencia les tiene mostrado, que con esta prevención corren y saltan más, y con más agilidad. Y la razón de esto es, que como el aire es el elemento más liviano, apetece y procura ir a lo alto, como a lugar y centro que es suyo: y así como detienen el resuello, impidiendo que no salga el aire, los hace más livianos y saltan con más ligereza, como lo vemos más propiamente en un odre, que si está si aire, está algo pesado: pero si lo llenan de él, está tan liviano, que con el propio viento se mueve: y sin esto lo veremos en los que se enseñan a nadar, que se ponen unas vejigas de vaca llenas de aire: con las cuales se detienen encima del agua, sin dejarles ir al fondo. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA380QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Carranza, folio 200. Y por lo dicho dice nuestro autor, en nombre de la experiencia, que cuanto más espesas fueran las cuchilladas, tanto mayor será la necesidad de la conservación del aliento, y el gobierno en la respiración: Por lo cual conviene, que con los pies, cuerpo y brazo, hagáis solo aquellos movimientos que sean necesarios a la herida y defensa, y no más: Advierta el Diestro que le importa. con esta consideración, que todas aquellas veces que conviniere matar el movimiento natural, o impedirlo antes de que baje, respecto que ha de ser con movimiento de cuerpo: unas veces a un lado y otras a otro, cuando graduando adelante, cuando dilatando el movimiento atrás, os prevengáis con respiración sosegada, aunque los movimientos sean apresurados (como se ve en el que corre, que si hubiese de resollar tan a menudo como hace los movimientos, ni le sería posible llegar al fin de la carrera, ni dejaría de llegar al fin de la vida: por las razones que se han dado: y así va resollando con mucho gobierno y limitación), porque cuando acabéis de poner el impedimento, o dar la herida, salga el aire caliente que se recogiere en la prevención que hiciereis, y entrará otro de nuevo fresco: y de esta suerte conservaréis la respiración, y andaréis tan alentado, que no os falte en tiempo cuando más lo hubiereis menester: Dos grandísimos provechos que resultan de la conservación del aliento. y además de esto, sacaréis otros dos nuevos provechos dignos de mucha consideración y estima: el primero tener libre el oído, para que por él tengáis noticia si viene algún otro contrario por detrás (como cada día sucede), y deteniendo el aliento, el órgano de oído quedará libre y se allegará más a las partes de fuera: donde la voz y el oído pueden más libremente allegarse. Y respecto de esto, dice Aristóteles, que los ciervos, oyen cuando tienen las orejas altas, pero que bajándolas, no sienten ruido: porque la atención no está tan pronta, como cuando las tienen levantadas. Y en el hombre el resollar, o alentar muy aprisa, causa ruido, impide el oír: como se ve cuando uno estornuda, que aquel ruido es causa de que no oiga nada: Al aire que está en los oídos, mediante el que oímos, le llama Aristóteles inmóvil. porque con él se impide el sonido que llega al aire que está dentro de los oídos, que mediante el que oímos, a quien Aristóteles, llama inmóvil: porque, como dice Teofrasto, el sentido del oír, particularmente es más pasible que los otros sentidos: pues ni la vista, ni el gusto ni el del tacto no perturban tanto el Ánimo, ni le hacen tan atónito, ni le sacan fuera de sí, cuando se perturba en el oír, cuando siente algún ruido o sonido penetrante. El otro es, que andando tan sosegado y quieto, no daréis LUIS PACHECO DE NARVÁEZ381PARA TODAS LAS HERIDAS. lugar a que la ira prevalezca en vos: porque, como en otra parte hemos dicho, todo movimiento es causa de calor: y con este se enciende la sangre, y esta caliente, mueve a ira: y si ella prevalece, pasará los límites de la razón: y no es menester que esta señoree, antes si alguna ira tuviereis (que no hay motivo para que el Diestro la tenga), viendo cuán señor sois de sus movimientos, y cuán poco trabajo ponéis en impedirlos y desbaratarlos, y cómo con ninguno de ellos recibís ofensa, se mitigará, y se os quietará el Ánimo, se disminuirá el enojo, y no daréis lugar a que se encienda la cólera, que es la que muchas veces turba el Entendimiento, alborota la sangre, y enciende el deseo de venganza. Más diligencia se ha de poner en mitigar una ira, que en apagar un fuego. Y por esto dice bien Heráclito, que más diligencia se ha de poner en mitigar una ira, que en apagar un fuego, pues ella es la que quebranta las leyes de la razón, y jamás le guarda derechos, y la que impide el uso de la Prudencia: y poniendo la ira en ejecución, dando lugar a sus endemoniados efectos, además de pasar el placer de la venganza en un momento, y el de la misericordia durar para siempre jamás, os acabaréis de arrepentir: y el arrepentimiento será en tiempo, que solo os sirva la Memoria de ello de grandísimo tormento, careciendo de todo remedio. Y pues tantos provechos resultan de la conservación del aliento, procurad guardarlo, pues en ello nos os va menos que la quietud de vuestra conciencia, y la defensa natural, que es la conservación de la vida. Los admirables efectos de la universal. Muy conveniente a la razón será, pues que hemos de tratar de la universal, que tantas veces hemos prometido, y con tantos encarecimientos ponderado, y hecho tantas prevenciones, que se manifieste quién es esta universal, de qué sirve, y qué efectos tiene, para que por ellos, o del todo se ame, y procure, o se le dé de mano y deseche. Próspero Doctor. Y me obliga a esto, considerar lo que dice Próspero, Doctor antiguo, que en cuantas determinaciones tiene un hombre, en tantas partes está dividido: y hasta que con cierta determinación, se conforma en aquello que escoge, es como el que está en uno, dos, tres, o más caminos, que no sabe por cuál de ellos se determine a caminar, estando neutral y perplejo: porque será posible que os suceda lo propio con los particulares, de quien hemos dichos ser caducos, variables, y sus efectos suceder acaso, y no sabréis determinaros en elegir uno y dejar otro, para confiadamente esperar victoria, hasta que determinéis no tratar de ellos, eligiendo lo universal para vuestra defensa: que por su infalible certeza, carece de todas dudas: porque es cierto, que de determinadas causas, y movimientos, términos, medios, y distancias, han de proceder LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA382QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL de términos e infalibles efectos, y los particulares se aprenden con cuidado del sentido: el cual aprendiendo los accidentes del movimiento, su naturaleza, calidad y tamaño, y ofreciéndolos al Entendimiento, hace que conozca la causa de donde proceden: y para este verdadero conocimiento, es necesario que primero se haga experiencia de los efectos, que muchas veces se ofrezcan, para que de esta experiencia, nazca una verdadera y cierta noticia de todos, y haciendo memoria de ello, se vendrá a perpetuar en verdad (en cuanto a vos) como lo ha sido para los que diligentemente lo han considerado: de donde vendrá a quedar un cierto, verdadero e infalible impedimento de los tales efectos ya conocidos: La más principal parte de la Destreza consiste en el entendimiento. porque según Carranza, y la razón, la más principal parte de la Destreza consiste en el Entendimiento, y dando ejemplo: digo, que conociendo que mi espada y la contraria, cada una en su largura, tiene fuerza y flaqueza, más o menos, conforme a la cercanía que tiene con el centro del brazo (que es el cuerpo), fuente y origen principal, de la fuerza. El tajo, o el revés, han de constar de cuatro movimientos. Y que el movimiento que se hace para estocada, es accidental, y de poca fuerza, y que el de tajo, o revés, ha de constar de necesidad, de cuatro movimientos particulares (como en otras partes hemos dicho), que son: Movimiento natural, cuando baja del ángulo recto al ángulo agudo, el remiso, el violento, y el mixto: y sabiendo manifiestamente, que tales son los movimientos, y entendiendo el fin de cada uno, sabré con certeza, la naturaleza de cada línea, y entenderé dónde ha de ser el efecto en el contrario: Aquí es necesario el conocimiento de las distancias. y sabiendo, qué tan lejos está el cuerpo de mi espada, y cuán lejos la suya del mío, por el cierto conocimiento del medio proporcionado, que es el que considera, y mide las distancias, según los perfiles, y ángulos de las dos posturas, suya y mía, en un punto conoceré lo propincuo, y remoto de su espada. Y conforme a la diferencia de los compases que diere, si fueren curvos, o rectos, sencillos, o doblados, deprisa o despacio, aplicaré enderezando mi espada, haciendo acordada armonía, unas veces llegando al cuerpo, otras desviándolo, conforme a la determinación con que el contrario viniere, particularmente, conociendo por verdad, que en cualquier perfil o postura, que mi contrario se afirmare, que el rostro está menos grados, y más cerca que el pecho, y el pecho más cerca que el vientre, y este más que los muslos, y los muslos más que las piernas, y los pies más lejos que las demás partes del cuerpo, como por demostración lo tenemos probado, en un punto sino otro, nuevo acuerdo, encaminaré mi espada a aquel lugar que más cercano estuviere, porque el movimiento sea más breve, y el efecto más cierto: y no me turbará, ni alterará, aunque el contrario LUIS PACHECO DE NARVÁEZ383PARA TODAS LAS HERIDAS. comience una herida, con intento particular, y determinación de herir con otra, a quien comúnmente se llama Engaño: ni que venga por la parte que primero comenzare, con el acometimiento o principio de herida: ni tampoco me inquietará que se quite de la primera postura en que estuviere al tiempo que yo comenzare, y vaya formando la herida: porque ninguna de estas dificultades, ni todas juntas, serán bastantes para impedir el efecto, teniendo clara noticia del medio de proporción, que es la cierta y provechosa distancia para la defensa. Y así mismo constándome, cuán importantes me sean los perfiles y los compases curvos, por cualquiera de los lados de la circunferencia: y que teniendo hecha nuestro autor una cierta y curiosísima división de la flaqueza y fuerza que tiene la espada en su cantidad y largura, como adelante se pondrá, de donde resulta una infalible resolución, que cuatro puntos de fuerza de mi espada, prevalecerán contra tres de la contraria, como si en unas balanzas de peso igual pusiésemos en la una pesa de una libra, y en la otra una de dos, que sin ninguna duda la vencerá en mayor peso: y así mismo, que todo movimiento tiene flaqueza, como ya está probado con el ejemplo de cuando se quiere derribar un toro y de los que luchan, que aguardan que tenga parte de los pies levantados, para derribarlo. Note el Diestro, y los que son amigos de tentar. Y que poniendo mi espada encima de la suya, con la prevención dicha, de que exceda la mía en mayor número a la contraria que estuviere debajo, que su movimiento, de cualquier especie que sea, se lo impediré, defraudando su intento y deliberada voluntad de herir una y cuantas veces lo hiciere: Concluye en universal. y haciendo una y otra vez experiencia de esto, y hallando el mismo efecto, y conservando tales especies en la memoria, con aprehensión del Entendimiento concluiré en universal, que todo movimiento lo podré impedir, sin ser menester hacer más experiencia, como no o será hacerla del fuego, pues de una vez que nos queme el dedo, la conservamos en la Memoria para decir, sin llegar otra vez a él, que el fuego quema. Así, que de una vez que sepamos, que la universal es contra todos los movimientos de cualquier especie que sean, no es menester andar cada día haciendo nueva experiencia: porque es cierto, que ella conoce las causas, y alcanza los efectos, considera los movimientos, y los mide, conoce la calidad de ellos, la velocidad, la tardanza, el sitio, la hechura, la cercanía, la pasión de su movedor, la conversión de un movimiento en otro, de tajo en revés, y de revés en tajo: y de cualquiera de estos en estocada, y de esta a cualquiera de ellos, a todos los sujeta e impide la disposición a su gusto: unas veces al principio del movimiento remiso, otras al formar el violento, y otras al bajar el natural, y otras intermedio, antes de que acabe uno, ni comience el otro: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA384QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Carranza, folios 29 y 35. no hace excepción de cuerpos altos, ni bajos, ni de ningún género de armas, como lo dice nuestro autor: no respeta a colérico, ni a flemático, sanguíneo, ni melancólico, a mozo, ni a viejo: ni toma trabajo en considerar el curso de tiempo, ni cuando es Verano, Estío, Otoño, o Invierno, para saber qué humor predomina: ni pone cuidado en considerar las horas del día, para conocer en qué disposición de humor está el hombre, ni tiene respeto a que sean las heridas obradas con mucha fuerza, o poca, muy aprisa, o muy despacio: a todo lo iguala y empareja, de todo es señora poderosa: Señorío, y preeminencia de la universal. Carranza hojas 8 de su declaración. y contra su poder no solo no hay quien ofenda, pero no hay quien resista: y por esto nuestro autor muy justamente le da y concluye la superioridad en todo y por todo, diciendo treta universal, es que se hace contra tajo, contra revés, contra estocada, para arremeter, y esperar: Dice arremeter, porque estará en mano y voluntad del Diestro, entrando en treta universal, herir cuando quisiere, donde quisiere, y con el género de herida que quisiere: pues quien puede lo más (que es impedir las aceleradas determinaciones de un hombre colérico y enojado, sustentándole la espada, y desbaratándole cualquier movimiento que hiciere, haciendo que en ninguna parte consiga su intento): y aunque es libre señor de su voluntad, en este punto goza el Diestro de este señorío, no en cuanto a privarle de la potencia, de tirar muchas cuchilladas, y tajos, o estocadas, sino en que el efecto sea al contrario (y la ejecución en sí mismo, a pesar de su gusto), fácil le será herir, o matar si quisiere: Carranza hojas 142. pero, como dice Carranza, la ciencia de las armas no enseña a matar, sino a poder matar: por la cual calidad, y por tener en sí un conocimiento de las cosas por su causa, como en el prólogo probamos, consta por verdad ser ciencia. Dice esperar absolutamente confiado en su certeza, y en que queriendo el Diestro valerse de ella le librará de cualquier herida que contra él se hiciere: Todas las heridas están sujetas a la universal. porque todas cuantas se pueden considerar, así a su principio, como al medio y al fin, están sujetas a la universal, sin que ninguna de ella sea exenta ni libre de esta sujeción, todas le son inferiores, todas la respetan, y en su presencia se rinden: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ385PARA TODAS LAS HERIDAS. Señorío grande de la universal sobre los movimientos. la gravedad del movimiento violento ella lo impide, y sin su voluntad no se forma la velocidad del natural, lo destruye y desbarata, y cuando se le antoja con su poder absoluto, no permite que se engendre, ni que la espada baje aunque el amor natural que tiene a su centro le inclina a bajar a él. Del movimiento remiso, no hace cuenta, y el mixto, si ella quiere, se engendra, y si no, no: el movimiento accidental sin ninguna dificultad lo descompone, y cuando quiere hacer que baje con mayor velocidad que la determinación con que viene a buscar su centro, aunque su movedor procure sustentar la espada con ambos brazos, no siendo esto parte para que su Voluntad se defraude un punto, quiere lo que quiere: y cuando no quiere, no hay quien le contradiga, ni fuerce: todas las diligencias que se hicieren, con determinación de serle impedimento a sus efectos, serán de poco momento: Señorío de la universal sobre todas las armas. porque a la cobertura de la rodela desprecia, al broquel grande y pequeño tiene en poco, de la espada y daga, desdeña: la espada y capa no estima, solo a la espada (de quien vamos tratando) le da su potestad y poder, y quiere que ella sola, sin ayuda de nadie pueda hacer la ofensa, y defensa contra las demás armas: Carranza, folio 158. y por esta justa causa le dice nuestro autor, fiel compañera del hombre, y como a tal le damos el primer lugar, con ella nos acompañamos de día y de noche: Preeminencia grande de la espada sola. ella sola nos defiende, y con su poder hace, que el rigor del tajo, ora sea volado, o hendido, ora a la cabeza, o al muslo, no ofenda, el temerario revés no dañe, el ordinario mandoble no tenga efecto, antes sea causa de notable ofensa al que lo hiciere, la soberbia estocada de puño, se impida, la hendiente cuchillada, no alcance, la antigua manotada, no aproveche, el usado brazal valga poco, el reparo de uñas arriba, no lo resista, y el de uñas abajo sea de poca importancia, y al fuerte arrebatar, que por cuatro partes se impide el efecto, y aun el formarse: el llamar tan estimado, sea cosa de burla: el celebrado tentar, ora sea por la flaqueza de la Espada, ora por medio, ora por dentro, ora por fuera, con facilidad se desbaraten; los acometimientos al rostro sean frívolos: las posturas altas, y las bajas, de ninguna consideración: el andar con pie derecho, sea para daño del que lo intentare: meter el pie izquierdo para su muerte; el retirarse atrás para su ofensa (siendo el medio capaz, mediante el proporcionado), las estocadas defendidas sin certeza, las contras y recontras impertinencia (como todo lo hemos probado por demostración): y las ganancias por de dentro, o por de fuera para el que las hiciere de mucha pérdida, así por hacerlas por la línea del diámetro, como por no ir fortalecidas con la importancia del tacto: no porque las demás armas dejen LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA386QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL de obrar conforme a la compañía que dan a la espada para ayudarle, relevándole de algunas cosas que ella sin dificultad y trabajo puede hacer (como se dirá en el libro prometido): y así gozando el Diestro de tan gran preeminencia, en su mano estará herir, o matar cuando quisiere: de lo cual ha de huir, como verdadero Cristiano, temiendo la cuenta tan estrecha que se le pedirá, por haber quitado la vida a su prójimo, haciéndole transgresor de la Ley divina, cuyo precepto es: No matarás. Y la Ley natural, que es una igualdad en todos: de manera, que lo que uno no quiere para sí, no ha de quererlo para su prójimo. Aristóteles 5 de Ética. Y, como dice Aristóteles: La ley natural manda a cada uno lo que ha de hacer, y de lo que ha de huir. Y fue acuerdo soberano, que cualquier Ley, así natural, como positiva, fuese común a todos, y que comúnmente los obligase a la observancia de ellas. La ley natural obliga más al Diestro. Y mucho más obliga al Diestro, pues podrá hacer su defensa a ninguna costa, sin ofender, ni ser ofendido: porque de quebrantarla, será más grave su delito delante de nuestro Señor, salvo siendo en ocasión tan forzosa, y con tanta justificación, que así mismo se pueda decir defensa natural, que para usar de ella, y serlo verdaderamente ha de ser, que sabiendo de cierto, y sin ningún género de duda, que habiéndole acometido su contrario con ímpetu colérico, y Ánimo deliberado de matarle, y que en el transcurso de la batalla el contrario le ha de matar, y que para la defensa de su vida no tiene otro remedio sino matarle, puede, y le es lícito matarlo primero, como no sea por más que por defender su vida, que es lo que piden todos los Detractores que sea: Cum moderamine inculpatae tutelae, para que justamente se pueda decir defensa natural. Y aunque en este punto se han ofrecido muchas contradicciones, sobre si se puede, o no, matar: o si puede uno, por algunos respectos dejarse matar, y si hay caso que obligue a ello en conciencia. Y hombres doctos con sumo cuidado lo estudiaron, decidieron, y determinaron, siguiendo el parecer de los más graves autores que hasta hoy han escrito. Al fin pareció, no poder aquí las resoluciones de las dudas, por no abrir la puerta a decir, que se puede matar. Pero, si vuestro deseo fuere tan codicioso, que apeteciere saberlo, ved el libro de Jerónimo de Carranza, en el diálogo cuarto, donde las dudas, así fáciles, como dificultosas, que sobre este caso puede haber, las declara muy docta y curiosamente, con doctrina de mucha importancia y erudición. El Diestro se podrá defender de uno sin matarlo. Aunque mi parecer es, que si no fuese más que uno el contrario: supuesto el señorío y la grandeza de lo universal, podrá el Diestro defenderse de él, defendiendo cualquier género de herida con que le quisiese ofender, o matar yendo con una LUIS PACHECO DE NARVÁEZ387PARA TODAS LAS HERIDAS. prevención asentada en el Ánimo de no enojarse, pues el que sabe, ni ha menester ir tan colérico que se ciegue, y quebrante las leyes de la razón, ni tan flemático, que deje de obrar lo que convenga para su defensa, que lo uno y lo otro dañará: A los enojados y afligidos, falta la Prudencia. porque, como dice Ovidio, a los enojados y afligidos les falta el primer grado de prudencia, y con el enojo huye el sentido junto con el consejo: y pues la universal enseña lo que ha de hacer el Diestro, y el camino que ha de seguir para no errar en el peligro, y salir de él con victoria, no habrá mucha dificultad en defenderse, sin ofender, ni ser ofendido: Propiedad que ha de tener el Diestro, Cristiano y noble. porque el hombre Cristiano, noble, y Diestro, en todo ha de tener la propiedad que tiene el aguafuerte, o de dorar, que usan los plateros, que a la dureza del hierro rinde, y al más fino acero ablanda, y al más fuerte bronce hace tratable, y que reciba en sí cualquier figura que el curioso artífice quiere imprimirle, y solo el estimado oro, y la humilde cera son libres y exentos de su poder: el hierro, acero y bronce (para con el Diestro) son los hombres bajos, envidiosos y mal intencionados que le quisieren quitar la vida, que los tales es menester que entiendan el poder que tiene el hombre noble. El oro es el noble, bien nacido y virtuoso: a quien en ninguna manera se le ha de ofender. Y la cera es el pobrecito, a quien tiene particular obligación de defenderlo de otros, y no ofenderlo: porque si el hombre nació para provecho del hombre, cuanta más necesidad tuviere de su favor y ayuda, más obligación tiene de ayudarle y defenderle. Duda, con cuántos hombres puede uno pelear. Aunque aquí se ofrece, como caso forzoso, una duda puesta por algunos, de quien se puede decir con verdad, que como no saben el peligro, no le temen, o como su vida es de poca importancia, no la estiman, pues con temeridad se ofrecen a mil conocidos peligros en que muchas veces confusamente perecen. Y es decir, que un hombre que sea Diestro, puede con facilidad pelear con cuatro o cinco hombres: y aún algunos doblan este número, y lo afirman con juramento: a los cuales quiero decir lo que a mí me parece, y para esto primero confesar, y creer lo que dicen que podrán pelear con cuatro: pero si uno de estos se encontrase con dos hombres que gozasen de la propia gracia de Ánimo y Valentía, y cada uno de estos dos pudiese así mismo pelear con seis u ocho, y le fuese forzoso poner mano a la espada, ¿cómo se avendrá con ellos? Pues si sumásemos los contrarios, son dieciocho, los dieciséis son aquellos con los que dos pueden pelear, cómo saldrían de este conflicto, cuánto más si se juntasen los ocho hombres que ellos dicen. Esta es una confusión de la que no me atrevo a ser juez: pero con un ejemplo lo satisfaré lo que pudiere, dejando aparte los muchos y buenos que nuestro autor da. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA388QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Nótese este ejemplo. Estando el excelentísimo don Juan de Austria en el Reino de Nápoles, dando muestras de su grandioso e invencible Ánimo, tenía en su servicio a un hombre que por su virtud y esfuerzo merecía servir a un tan valeroso Príncipe, como le sirvió en la batalla Naval de Lepanto con muchas ventajas, extremándose con gran valor: por lo cual era justamente estimado por todos, y del Príncipe recibía muchas mercedes. El mayor tormento del envidioso. Y como la envidia no reposa, y no hay tormento para el envidioso como la fama y loa de aquel a quien envidia, y se tiene por afrentado que al bueno se le da la honra que merece: porque el efecto de la envidia es una tristeza y pesar del bien agente. Un mancebo forzado de estos abominables efectos, llegó a ofrecerse al Príncipe para servirle, diciendo que él merecía estar en su servicio tan bien como otro, porque tenía tanto Ánimo y esfuerzo, que se atrevía a pelear con diez hombres, y aún con más. Oída por su Excelencia la arrogante e inconsiderada promesa, e indiscreto ofrecimiento, mandó llamar a Torres (que así se llamaba el que tenía en su servicio), como a hombre que jamás en su corazón en dichos, ni en hechos se le sintió falta de Ánimo: y llegando a su presencia le preguntó, que con cuántos hombres se atrevía a pelear: a lo cual respondió, con mucha modestia (porque era hombre prudente y muy reportado), Excelentísimo señor, si fuese posible no querría pelear con ninguno: pero supuesto que hubiese de ser, y mi contrario fuese hombre honrado, uno basta. Le dijo, pues este mozo se ofrece a pelear con más de diez. Solución de con cuántos hombres puede pelear uno. Y mirándole Torres, y conociendo que aquel ofrecimiento era hecho por hombre que tenía más arrogancia que entendimiento, y que le faltaba la verdadera noticia del peligro, dijo: Pues señor Excelentísimo, yo quiero pelear con él, con una condición, que V. Excelencia mande, que a un lado de nosotros (que esté en triángulo) hinquen un palo, y que este hombre esté obligado a tirarle una estocada, y otra a mí, y una cuchillada a mí y otra al palo, y con brevedad verá V. Excelencia cuán presto se arrepiente de la promesa que ha hecho. Agradó tanto al prudente Príncipe esta razón, considerando, que no siendo más que un palo el que quería Torres por compañero, que el por sí no podía ofender, sino solo causar dilación de tiempo en los movimientos y heridas que a él se le tirasen, en el cual podría ser ofendido, que quedó satisfecho, Torres tenido por hombre prudente, y el otro vergonzosamente se fue: El hombre noble no ha de prometer jamás lo que no pudiere cumplir. porque si él tomara el consejo que dio el Emperador Trajano: Que los hombres que tienen los corazones generosos, y en los rostros vergüenza, no han de prometer en LUIS PACHECO DE NARVÁEZ389PARA TODAS LAS HERIDAS. ningún tiempo lo que no estará en su mano acabar: porque en tal caso dejarán con vergüenza lo que prometieren con inconsideración; no le sucediera caso de tanta confusión y vergüenza delante de tan excelente Príncipe. Pues si a un palo, que jamás puede ofender por sí mismo, no puede un hombre divertirse en tirarle una estocada, revés, o tajo, sin que en aquel punto pueda ser ofendido por su contrario (pues como ya se ha dicho, no hay movimiento en instante, sino que se ha de obrar en tiempo determinado), qué sería si tuviese delante cuatro o seis, y a cada uno le hubiese de impedir el género de herida que hiciese: porque si yo tengo una espada, y mi contario me tira una estocada, a la cual me es forzoso acudir con el atajo, impidiendo la ejecución de ella, y al principio de esto el otro formase un tajo, y otro un revés, y otro me tira por un lado, y otro por otro, y todos a un tiempo, ¿cómo será posible, ni aun defenderme, pues forzosamente cada una de las heridas que hemos referido, ha menester de defensa e impedimento particular? Desengaño de una opinión vulgar. Nota. Y el haberse defendido alguno (de estos que prometen) de seis y ocho hombres, y aun ochenta, no es ninguna dificultad, por las razones en que me fundaré, que ellos propios no me podrán negar, si es que sus ánimos y entendimientos son capaces para que la verdad, y la razón los convenza. Ya hemos dicho, que el cuerpo es el objeto de la herida, donde se ha de ejecutar, y para que esta ejecución tenga efecto, ha de estar dispuesto en distancia tan determinada, que la espada con su largura lo pueda alcanzar: y para que esto se consiga, es necesario elegir medio de proporción, y medio proporcionado: porque sin él, de toda imposibilidad es imposible ser herido: pues si cuando se les ofrece una ocasión y ponen mano a la espada, andan en continuo movimiento, tirando muchas cuchilladas, tajos, y reveses, faltando a una parte y a otra, sin jamás aguardar a que haya aquella distancia que conviene para formar la herida, y que la espada alcance, no digo yo seis, sino con seiscientos hombres puede uno solo hacer esto: pues ni él a ellos, ni ellos a él se podrán llegar, y así no tendrá efecto ninguna herida, como si al mejor tirador del mundo, ora fuese arcabucero o ballestero, le mandasen que tirase a puntería a un blanco: el cual de continuo se estuviese meneando muy aprisa, cuando a una parte, cuando a otra, que no sería posible hacer tiro ni punto cierto, ni sería la culpa del que tirase, por ser necesario que el cuerpo que ha de recibir esté dispuesto para ello: y tampoco le podrían llamar mal arcabucero o ballestero, porque alcanzando a puntería su ballesta o arcabuz quinientos pasos, y no más, no alcanzase al blanco que estuviese a dos mil: porque entonces no estará la culpa en él, sino en estar el blanco desproporcionadamente distante: como tampoco la tendrá el Diestro si no alcanza con la herida al contrario, que está a diez pasos apartado de él, tirando mucho tajos y reveses: y cumplirá conformar sus tretas en su punto, y ejecutarlas, si el contrario aguardare: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA390QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Sinrazón del vulgo. y es contra toda razón, que porque, cualquier hombre de por ahí ponga mano a la espada, y desde media legua haga aspavientos y apariencias de pelear con otro hombre, que cuando estuviera cerca, tuviera compasión y lástima de ofenderle, porque no hallará ninguna resistencia de su parte: salte el vulgo y le diga, Víctor, y le quiera laurear, y a voces publique, que fulano peleó con fulano: y que con ser tan desatentados [sin tino, sin concierto], fuertes, y rigurosos los tajos que tiraba: con los cuales sacaba centellas de las paredes, y piedras del suelo, no salió herido, habiendo sido de pura cobardía: porque si él se llegara a su contrario, entonces se viera quien sabía más, y aplicaba mejor. Carranza, folio 189. Y por esta causa, dice nuestro autor, que es menester, que esté dispuesto el cuerpo para recibir la herida, como para recibir el medicamento: porque para los que se retraen aprisa, no hay Destreza. A un hombre le basta por contrario otro. Sea pues la conclusión de esto, que a un hombre noble y Diestro, le basta por contrario a otro hombre honrado, y no ganará poco honor cuando de él haya conseguido la victoria, que si son ruines, sin pundonor de honra, que es la cría y aumenta el Ánimo. Antístenes Filósofo nos dice, y la razón lo manifiesta, que mejor es pelear con pocos buenos que contra muchos malos, que al contrario: pues estos serán aún menos que el palo que Torres pedía: porque aquel aguardará hasta que lo hicieran pedazos, y los que fueren ruines sin presunción de honra, no se podrán en tal confusión. Y que esto sea cierto, bien se confirma con saber aquella victoria tan famosa que Gedeón alcanzó de los Madianitas (como en otra parte hemos referido), con solo trescientos soldados buenos, siendo escogidos, y los contrarios en grandísimo número: y otras muchas de que las historias, están llenas. Y yo me ofrezco a decir verdad, que si a cualquier hombre le preguntasen: Si basta él solo para ser contrario de otro hombre, que no tardase en decir, que si viene solo, que bien pueden doblar por él. Pues siendo esto así, conténtese un hombre con un contrario, sin que quiera, ni pida más: porque el prometer, será fácil a cualquiera, el cumplir no muy fácil, antes imposible: el daño seguro, el arrepentimiento cierto, y la vergüenza pública. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ391PARA TODAS LAS HERIDAS. LOS CAMINOS QUE HAY EN LA DESTREZA VERDADERA, PARA ENTRAR A OBRAR LAS PROPOSICIONES, ASÍ LAS PARTICULARES, COMO LO UNIVERSAL DE PRIMERA Y SEGUNDA INTENCIÓN. El octavo y último punto de los prometidos, es, no solo la piedra fundamental de este edificio, sino también el fin y remato de todo, y se ha en la Destreza, como el principio del círculo, que aunque lo es, juntamente es fin: y como el camino que hemos de andar para cualquier parte, que el propio camino es principio, y el propio es fin de la jornada. De manera, que sin el camino, no se puede comenzar: y sin el propio camino, no se puede acabar: y a esto me ha obligado considerar, que siempre que un hombre camina por camino que no sabe, ni otra vez ha usado, le parece más largo, prolijo, y enfadoso, de lo que verdaderamente es, y por muy seguro que sea, lo tiene por peligroso, y parándose a cada paso, mira si ve alguna cosa que le impida el tal camino: y cualquier rama que a lo lejos se menea, entiende, que es quien le ha de ofender; y de continuo lleva el deseo puesto en llegar al fin y remate de él, y es la causa, que cuando se sabe el tal camino, se tiene ya en la memoria la distancia y medida determinada de él: y en cualquier parte que se halla, sabe con certeza dónde está: porque considerando lo que ha andado, y la parte en que aquel punto se halla, sabe lo que le falta por andar: y sin errar dice: En tal parte estoy, así como el buen marinero piloto, que en medio del ancho piélago, del tempestuoso e inquieto mar, toma su ballestilla y astrolabio, y tomando la altura en que se halla, y considerando los rumbos, con otras consideraciones bien sabidas, dice, con certeza: En tal altura estoy, y en tal parte, y a tantas leguas me hallo: con lo cual queda quieto, y prosigue su viaje: porque, como dice Aulo Gelio, gran parte del camino tiene andado aquel que bien lo sabe: pero no sabiéndolo, va confuso e incierto: porque la cosa no determinada, es (en cuanto a la imaginación) continuamente mayor: y también porque no sabiendo la cantidad cierta del camino, continuamente se va pensando en su fin, y siempre se imagina en llegar a él: y cualquier cuesta, por pequeña que sea, le parece, que llegando a la cumbre de ella, allí es el fin de su viaje, o al menos, que le verá: pero no llegando, o no viéndolo, como desea, le sigue como una desesperación, pareciéndole, que no ha de tener fin: pero sabiéndolo (como hemos dicho) no se pone fantasía, ni imaginación continua de llegar: porque la que entonces se tiene, es del último fin que se sabe. Esta confusión, esta incerteza, y este vehemente deseo; esta imaginación, y esta desconfianza, o desesperación, tienen de continuo los que profesan Destreza ordinaria. Noten los profesores de la destreza ordinaria. Y que me quieran negar esto, oídas las razones que diere, confío en que quedará satisfechos, y yo contentísimo, por entender que será la puerta para entrar al desengaño que les deseo, y principio de su aprovechamiento, que es el que con LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA392QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL entrañable deseo y voluntad les voy buscando: y pasemos adelante con el ejemplo del camino, por ser que más hace a nuestro propósito, respecto de haber de tratar de caminos, y veremos ser ordinario al que camina por camino no sabido, como en encontrando al otro caminante (para informarse de aquello que no sabe) le pregunta, y dice: De aquí a tal parte (que es el fin de su camino) ¿cuántas leguas hay?, ¿será bastante tiempo el que queda de aquí a la noche, para llegar?, ¿hay alguna venta en el camino donde pueda hacer jornada?, o ¿hay alguna vereda, o camino por donde pueda perder el que llevo? Y no se contenta con preguntarlo a este solo, sino a los demás que encuentra hace lo propio: porque el deseo que tiene de llegar, le fuerza a ello. Pero el que lo sabe, no pone más diligencia que en aligerar los pies, y andar con presteza hasta conseguir su intento, que es llegar al fin de la jornada, que él bien sabe. Aplicación a la Destreza ordinaria. Y aplicando esto a las tretas más ordinarias, y que de continuo se usan en la Destreza ordinaria, que son llamar, tentar, y descubrir el pecho, dando la ocasión que ellos dicen, y otras de su género: ¿qué es, sino una tácita pregunta, nacida de la poca noticia que tienen del camino que han de llevar hasta llegar al fin de la jornada? (que es el efecto de la herida).
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