Y Sócrates Filósofo, en los preceptos de la gobernación del Reino: Tendréis por magnánimos y valientes, no aquellos que emprenden hazañas mayores que las fuerzas que requieren, sino a los que apetecen moderado, y salen con lo que intentan, que es el pundonor del hombre noble: y lo que se ha de considerar en cual ocasión que se ofrezca, con la justificación dicha, entender, que ha de ser la postrera, para que con Ánimo se venza: y cuando la venciere, entender, que es la primera, y tendrá segura la victoria: esto es, si llevare la razón de su parte: Lo que no va gobernado por la razón, no tiene buenos fines. Porque dice Severino Boecio, que todo aquello que no fuere regido por la razón, no tendrá buenos fines, procurando deliberadamente obviar las ocasiones que pudieren ser para pendencias: procurando medios lícitos, para que no se lleve todo a punta de lanza: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ345PARA TODAS LAS HERIDAS. Nota, que es admirable y digno de tener siempre en la memoria. pues dice el Filósofo Séneca, que es mucha cordura y gran prudencia, a veces vencer sufriendo aquel que se puede vencer con armas: y que es mucha más honra: cuyo ejemplo tenemos muy al vivo, en lo que le sucedió a dos caballeros, que desafiados salieron a campaña, el uno viejo, y el otro mozo, que andando batallando, como en la mucha edad, no hay aquel calor de sangre que en un mancebo, que es la que aumenta las fuerzas, y acrecienta el Ánimo: el caballero viejo iba desfalleciendo: lo cual, visto por el mozo, y que estuvo en extremo de poder levantar la espada, le dijo: Señor fulano, ríndase Vuesa Merced pues ved, que le puedo matar. Y como un caballero no puede hacer tal cosa, respondió, que su honor no le permitía tal. Y volviendo a importunar, que se rindiese: porque si no lo mataría. Respondió: Morir a hierro, bien podré, pues que mis fuerzas no bastan para defenderme, pero vivir rendido, y con infamia, no lo haré, ni me es permitido. Y considerado por el caballero mozo, que aquel Ánimo nacía de valor y nobleza, y cuán poco ganaba en matarlo, tomó su propia espada por la punta, y arrojándola a los pies del caballero viejo, le dijo: Pues que Vuesa Merced no se quiere rendir, supuesto que lo podía matar, quiero gozar de más gloriosa victoria, y rendirme yo. Excelente victoria: y aun si el dicho de Séneca vale, dos victorias honrosísimas, pues de estas goza el que se vence a sí mismo: y caso en que todos podrían tomar ejemplo, que siendo hombre mozo, en quien siempre está la sangre y cólera espoleando, que con la razón y Prudencia se viniese a refrenar tanto, que por tan extraordinario modo se venciese a sí, y a su contrario. Clemencia de César en perdonar. Y no menos Ejemplo nos dejó aquel insigne y famoso Capitán Julio César, que con haber vencido tantas batallas, cuantas las historias publican, se tiene por cierto haber perdonado a más enemigos que muerto: y era tanta su clemencia, que no le habían acabado de ofender, cuando tenía perdonada la injuria: y de tal suerte la olvidaba, que jamás la volvía la Memoria: Sentencia de César. y así repetía muchas veces esta sentencia: Tú, que aprendes a matar, aprende también a morir. Y ya que todos no puedan llegar a esta perfección, al menos procurar proceder de tal forma, que cuando se haya de sacar la espada, sea con gran razón, y que no se pueda hacer otra cosa, Cuándo hemos de reñir con nuestro enemigo a las manos. que es justamente lo que decía Escipión el mayor, valeroso Capitán de los Romanos, que con el enemigo no se ha de venir a las manos, si no fuere habiendo gran ocasión, y cuando la necesidad constriña y fuerce a ello: que en tal punto, sería cobardía e infamia grande, no poner buen ánimo: pero hasta entonces guardar la espada como que estuviese con fortísima llave: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA346QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Ejemplo admirable del Águila y el León. que para esto ejemplo nos dan el León, príncipe de los animales irracionales: y el Águila, princesa de las aves, de quien dicen los naturales, que cuando se andan paseando por los campos, retornan las uñas adentro y las guardan, y con instinto natural procuran no gastar los filos y agudeza de ellas para que en el tiempo de la necesidad, no les falte con qué defenderse, y ofender. Lo propia han de hacer los hombres, guardar, y retornar los filos fuertes del Ánimo, y la agudeza de la punta de la espada, para el tiempo de la forzosa necesidad: y entonces amolarla en la piedra finísima de la razón, que ella sacará tales aceros, que no haya quien los resista, y no de otra suerte: El Emperador Trajano no fue vencido en batalla. porque, llevándola de su parte, en todo tendrán dichosísimo suceso, como lo tuvo siempre el Emperador Trajano, de quien se tiene por cierto, no ser jamás vencido en batalla: y la causa de esto fue, que ninguna comenzó, en la cual no tuviese muy justificada su causa: y lo propio se puede entender de Julio César, en cincuenta y una batallas que venció. Y de Enrique IV, que peleó en campaña 62 veces, y las más de ellas venció, que en alguna razón fundaba la justificación de su causa: porque la razón hace al hombre verdaderamente varonil y perfecto: y así dice Tito Livio, que más puede ella sola, que cualquier valentía. Y de todo lo dicho habéis de inferir y entender, que habéis de procurar la defensa de palabra que convenga: porque no menos es de estimar al hombre que tiene fortaleza en sufrir, que el que la tiene para vencer: y la que es empleada en actos feos: yendo contra el dictamen de la razón, indigna es de loa, ni estima: pero no pudiendo ser otra cosa, ni teniendo otra defensa que la que vuestra espada hiciere, podréis usar de ella con mucha prudencia, y mucha paciencia, llevando siempre firme presupuesto solo defenderos, sin ofender, ni matar, ni tampoco ser ofendido, como adelante diremos, dando doctrina para ello: pero advertid ahora esto, y estampadlo en vuestro corazón, que su importancia lo merece. Esto se debe advertir y guardar siempre. Que si pusiereis mano a la espada con vuestro contrario, no le vituperéis, ni ultrajéis de palabras injuriosas, antes tratadle con mucha cortesía: de la cual sacaréis dos provechos. El uno, no dar causa, de que tenga rencor contra vos: pues es cierto, que las heridas se sanan, aunque sean muy penetrantes: y las palabras afrentosas duran para siempre, y no diciéndolas, procurará venir en amistad vuestra. El otro es, que hablando quedo, y con palabras comedidas, no os airearéis demasiadamente, sino solo aquello que fuere necesario para vencer: y sin estos, será sin razón grandísima, que lo que ha de averiguar el brazo y la espada, lo descomponga la lengua con sus libertades: las cuales ofenden y lastiman más que ningún arma. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ347PARA TODAS LAS HERIDAS. Qué tal es la lengua. Y por esto, preguntándole a Pítaco, que le parecía de la lengua, dijo, que tenía hechura de hierro de lanza: pero que daba más rigurosa herida con sus palabras: y que el decirlas sea feo, ejemplo nos dio Memnón Capitán del Rey Darío: el cual, estando en campaña, peleando contra Alejandro, oyó a un soldado, que decía muchas cosas feas contra Alejandro: por lo cual le hirió con la lanza, diciendo: Yo te pago y mantengo, para que pelees contra Alejandro, y no para que digas mal de él. Al contrario se le ha de herir con la espada, y honrar con la lengua. Así, que al contrario, supuesto que se ofrezca ocasión, se le ha de herir con la espada, y honrar con la lengua: porque lo contrario, son propias armas de mujeres muy bajas: y lo mejor de todo, y lo que más conviene a un hombre noble y Cristiano es usar del consejo del Filósofo Sócrates, que preguntándole, ¿qué haría un hombre para vivir quieto y seguro? Respondió, que conservar al amigo, y del enemigo hacer amigo. Y, según Antístenes Filósofo, los hombres virtuosos, pacíficos y comedidos, no tienen necesidad de otro defensor, salvo de su bondad y virtud: que esta es arma que ninguna es bastante a quitarla, ni vencerla: y pues la razón amansa las afecciones y pasiones del Ánimo: dejadle gobernar en todas vuestras obras: porque si a la Voluntad le dais rienda larga, como caballo desbocado correrá, sin ningún gobierno, llevando tras de sí al Entendimiento y razón arrastrando, hasta despeñaros, además de que no es menester tener ira, ni enojo al que es fuerte para poder vencer, y defenderse: pues la ciencia no solo hace mansos a sus profesores: pero les da poder para defenderse de todos. Y concluyamos con lo que dice Quinto Curcio, que el orden, la razón y templanza causa facilidad en las cosas, y acarrea buenos fines. Y que de esto resultará servicio a Dios, y al Rey provecho, a vos, y al prójimo, y alegre quietud a las Repúblicas. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA348QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Regla importantísima, para conocer las complexiones: así por la fisonomía del rostro, como por la composición de los miembros. Pues hemos dicho el ejercicio que habéis de tener para más perfección vuestra, y con ejemplos bastantes avisado con cuánta razón y justificación habéis de poner mano a la espada, para conseguir la deseada victoria, y alcanzar dichoso y felicísimo suceso, y gozar del título honroso de verdadero Diestro: Supongamos habérseos ofrecido ocasión forzosa, en que sea menester valeros de lo que hubiereis aprendido, que es donde el Ánimo se altera, la Memoria se turba, y la imaginación no reposa, y las cosas pequeñas parecen mayores de lo que son, y causa mayor espanto que el daño que puede resultar de ellas: Aristóteles en el 2 de Celo. y, como dice el Filósofo, como el cuerpo no padece por las cosas que muchas veces le ocurren: así, el Ánimo no se mueve ni altera, sino por las cosas que de nuevo se le presentan: porque es muy ordinario en las cosas acostumbradas, no poner admiración, y acarrear negligencia en los Ánimos, y lo que es fuera de costumbre causarla, y cualquier peligro lo es mayor, que le viene al hombre, estando descuidado de él: y menos daño le hace, a quien tiene hecha prevención de remedio y lo aguarda. Al hombre sabio, jamás se le ofrece cosa nueva. De todo lo cual habéis de carecer, pues tanta perfección gozaréis de la quietud y sosiego de Ánimo, cual se requiere: porque según Aristóteles, al hombre sabio, jamás se le ofrece cosa nueva ni peregrina: Carranza, folio 30. pero os resta saber cómo habéis de distribuir el caudal que tuviereis adquirido de esta ciencia, cómo os habéis de haber con vuestro contrario, qué heridas le formaréis que sirvan de defensa vuestra y ofensa suya, para que en caso tan importante no os engañéis: porque dice, y muy bien, Jerónimo de Carranza, que después de sabidas muchas tretas y tener mucho uso de ellas, se ha de tener conocimiento del adversario por su color y fisonomía, de cuál de las complexiones participa más, y aplicar conforme a ello: pero para este conocimiento es menester muchos fundamentos de estudio: sin los cuales será imposible alcanzarlo: a lo cual procuraré satisfacer lo que pudiere, y vaya supuesto, que en la Memoria tenéis gran número de tretas, y estas representadas al Entendimiento, cómo os determinaréis a elegir una y dejar otra, hasta acertar con la que convenga, que es donde por la mayor parte se engañan los hombres en el coger lo más provechoso, y en particular si fuese hombre a quien no hubieseis visto ni tratado, LUIS PACHECO DE NARVÁEZ349PARA TODAS LAS HERIDAS. siendo como es de mucha consideración e importancia saber, que así como conviene aplicar a cada enfermo el medicamento que más convenga a la enfermedad que padece y accidente: de donde procede, que así conviene a cada hombre (en la ocasión que se ofrezca) aplicar la herida que más convenga, según la disposición de ánimo, y complexión de que más participare: porque así como no son todas las enfermedades unas, ni proceden de una propia causa, así todos los hombres no son unos, ni los ánimos y complexiones iguales: y, como dice Galeno, el principio de la cura, es reconocer la enfermedad, y entre otras cosas que dice, ha de conocer el Médico para curarla, la edad, la complexión y la disposición, Lo que le conviene conocer al Diestro. y si este conocimiento faltase en el Diestro, aunque tuviese todas las demás partes referidas, iría a tiento y sin certeza alguna, como sucedería por el mayor Médico del mundo, que quisiese curar, sin que al principio conociese la enfermedad que el paciente padece, y lo que hiciese sería acaso, como será en el Diestro, si creyese que todas las heridas se pueden ejecutar en cualquier hombre: antes debe entender, que así como es necesario darle a cada uno, que quisiere profesar las armas, las lecciones que más se igualen con su Ánimo: Carranza, folio 176. como dice Carranza, que cada Ánimo quiere su treta, esta en particular de la que se ha de valer: así lo es, que con el que hubiereis de pelear, sea con tal consideración, que la treta que hiciereis, sea contraria a su Ánimo y complexión: Note el Diestro. porque si no fuese con este cuidado y conocimiento verdadero, por maravilla sucederá bien: porque si vuestro contrario fuese colérico, no será bien que hagáis heridas coléricas: porque si vos arremetiereis a herirle, su Ánimo le inclinará a lo propio, por ser colérico: y dos movimientos y fuerzas tan aceleradas, se encontrarán y desbaratarán cualquier prevención que llevareis hecha, y aún estaríais con peligro de recibir algún daño. Y por esto dice Ovidio, que no es cordura ser muy osado con los osados y atrevidos: y a este tal convendrá hacerle heridas flemáticas, que son las de segunda intención, que constan y se componen de sus propios movimientos, gozando del principio de cualquiera de ellos, como está dicho en otras partes: y si fuese sanguíneo, no será cordura acometerle airadamente: Aristóteles 3 de las Éticas. porque la sangre también incita a ira, como lo dice el Filósofo, que con el enojo se enciende la sangre, y esta da fuerzas al airado. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA350QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Qué causa en el hombre movimiento acelerado. Y también Erasístrato dice, que pasando, y colándose la sangre a las arterias, o venos de los espíritus, causa inflamación: y esta causa el movimiento acelerado: y es cierto, que la sangre es causa de ello, por el excesivo calor que tiene: pues, según opinión de Galeno, todo miembro sin sangre, es frío. Y hace bastante prueba, que la ira sea por causa de la sangre el decir Aristóteles, que se mitiga con el frío esparcido: y esta será causa, de que él también os acometa, y os encontréis, y os impida la ejecución de la herida: contra el cual convendrá proceder con la propia reportación que con el colérico, usando así mismo de heridas de segunda intención. Contra el flemático, se han de hacer heridas coléricas. Pero si fuese flemático, sería sin fundamento aguardarle a que viviese a herir, para de sus movimientos hacer heridas de segunda intención: porque si os estuvieseis quedo, aguardando sus movimientos, su ánimo no será de arremeter, sino de aguardar: cuando mucho tenga, sería quedar ambos parados, y no conseguiríais fin ninguno: y cuando él fuese el mayor rústico del mundo, saldría por tan bueno como vos. Y con este habéis de usar, de heridas coléricas, que como están dichas, son las de primera intención, que se hacen sin reparo, ni acometimiento: que en este punto goza el Diestro de su libre Voluntad, sin tener atención a más que a su determinación, pues el objeto de la herida (que es el cuerpo) estará dispuesto para recibirla, y la ejecución será con facilidad. Mas si fuere melancólico, podréis con movimientos prestos formar herida de primera intención: y con cualquier acometimiento se alterará, y turbará, y le podréis herir, porque su Ánimo será poco y nada determinado para acometer, ni aun esperar. Lo que ha de considerar el Diestro con su contrario para acertar. De suerte, que habéis de hacer una máxima en vuestro entendimiento, diciendo: El contrario con quien tengo que pelear, conozco que es colérico, y que su natural inclinación, por lo que domina en él el elemento del fuego, cuya naturaleza es liviana, y cuya propiedad es subir hacia arriba, con movimiento tan veloz, que no puede ser percibido por nuestra vista, le ha de forzar a que me acometa, por causa de recibir en sí sus operaciones: quiero, aunque yo sea colérico, estarme quedo, y aguardarle, pues sé llanamente, que ha de venir: porque su propia complexión le ha de forzar: y entonces, aprovechándome de cualquier movimiento suyo, formaré herida, como por ejemplo. Yo voy por una calle abajo, a buscar a Juan: veo que viene la calle arriba, y que por fuerza ha de llegar a donde yo estoy: no tengo para qué pasar adelante, sino aguardarle: pues le veo venir. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ351PARA TODAS LAS HERIDAS. La sangre es por el elemento del aire. Y si fuere sanguíneo, sé, que la sangre es por el elemento del aire, y que este es de naturaleza caliente: aunque también es húmedo, por la cercanía y vecindad que tiene con los dos elementos, fuego y agua: por lo cual tendrá sus aceleraciones: y que será inclinado a arremeter, quiero aguardarle, usando con él como con el hombre colérico. La flema es por el elemento del agua. Y siendo flemático, en un punto diré, que la flema es mediante el elemento del agua, cuya naturaleza es más pesada que el fuego y el aire, por ser fría y húmeda: y así como ataca al fuego material, lo mata, consume, y acaba, así al elemental (supuesto de no poder hacer lo mismo) al menos a sus operaciones, por su gran humedad las mitiga y tiempla: por cuya causa será pesado, y no inclinado a acometer. Cómo se le ha de herir al flemático. Quiero, aunque yo sea flemático, pues conozco que ha de aguardar, acometerle y herirle, que por todo lo dicho, lo podré hacer con mucha seguridad: pero no se podrá tener de que él aguarde: Cómo se le ha de herir al melancólico. y si fuere melancólico, con más facilidad le podré ofender, y más seguramente acometerle pues tengo conocido, que la melancolía es por parte del elemento de la tierra: y que esta es más pesada que otro cualquier elemento, y que así lo será en acometer, y en particular teniendo conocido su poco Ánimo: El Melancólico es cobarde. por ser muy ordinario, y aun general, en siendo uno melancólico, no tenerlo: y en tal ocasión, aunque mi Ánimo sea poco, viendo la seguridad que hay, se aumentará en tiempo que el suyo del todo desfallezca: y así le podré herir, o al menos hacer retirar: porque para lo uno y lo otro no será menester mucho trabajo, ni habrá mucha dificultad. Carranza, folio 148. Ahora conviene que sepáis cómo habéis de conocer al cualquiera de estos, y sus complexiones, con solo mirarles al rostro en tiempo tan breve, que no tengáis peligro: que aquí es donde sirve la Fisonomía en la Destreza, según Carranza. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA352QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Cuántas diferencias hay de hombres. Y para esto habéis de advertir, que es común opinión de Matemáticos, que solo hay siete diferencias de hombres; y la razón en que se fundan es, que como todos están sujetos a las influencias de los Planetas, y estos son siete, que son, la Luna, Mercurio, Venus, Febo, Marte, Júpiter, y Saturno, no puede haber, más que estas diferencias: en los cuales son infusas sus operaciones: Las cuatro complexiones son por los cuatro elementos. pero, según Galeno, estas se vienen a reducir a las cuatro complexiones, que son sangre, cólera, flama y melancolía: siendo por causa de los cuatro elementos, de que el hombre está compuesto: siendo la sangre, por lo que tiene el elemento del aire: la cólera, por lo que tiene del fuego: la flema, por lo que tiene del agua: y la melancolía, por lo que tiene de la tierra: porque la sangre es caliente y húmeda, como el aire: la cólera caliente y seca, como el fuego: la flema fría y húmeda, como el agua: y la melancolía fría y seca, como la tierra. Los efectos que hacen el hombre cada uno de estos humores: y las propiedades que tienen, según Galeno, Hipócrates, y otros autores que sobre ello escriben: y las señales con que se podrá conocer son naturales, y confirmadas con larga experiencia, y pocas veces se engañará el que con algún cuidado lo considere. Qué tal es el hombre sanguíneo, y cómo se conocerá. Porque el hombre de complexión sanguínea, es carnoso y bermejo, abundante en sudor, el color del rostro blanco, lo más ordinario es tener los ojos humildes, y mucho blanco en ellos, y no en el rostro tanta viveza como el colérico, es airado: porque como dice Aristóteles, ira no es otra cosa, que un encendimiento de la sangre, y una alteración del corazón. Cuando se enojan los sanguíneos, se les mancha el rostro de blanco y colorado: en todo diferente del colérico, que cuando se enoja, se le para el rostro feroz, y muy cetrino: los sanguíneos son sujetos al Planeta Júpiter, cuya naturaleza es caliente y húmeda: el enojo no les dura mucho, antes son benignos y misericordiosos: y aunque se enojan con facilidad, con la propia se desenojan: porque aquello que es accidental en el hombre tan ligeramente va como viene. Cómo se conocerá el hombre colérico. Y el hombre de complexión colérica, por lo que participa y más domina en el elemento del fuego, que es de naturaleza liviana, así lo es en el enojarse: y así como este elemento no puede ser percibido por su velocidad, así los movimientos del colérico muchas veces son incomprensibles, aunque el enojo le dura poco: porque es semejante al lino, o estopa que llegan al fuego, que en un instante se enciende, quema, y acaba. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ353PARA TODAS LAS HERIDAS. Adagio contra el colérico. Y de aquí nació aquel adagio que dice del primer ímpetu del colérico: Libera nos Domine. Su color es cetrino de color de cidra [fruto parecido al limón], el rostro largo, y con mucha viveza: la cabeza yerta, los ojos vivos, los labios colorados: es impedido en la lengua, y se le traba al hablar, si está enojado. La pasión priva el habla, Séneca. Porque, como dice Séneca, muchas veces la pasión nos priva el habla. Y en el colérico muchas veces, sin enojo, es lo propio: es de pocas carnes, bien compuesto en sus miembros, y muchas veces es calvo: es inclinado a soberbia, se aira de presto, es esforzado, y osado, es sujeto al Planeta Marte: el cual tiene dominio sobre el fuego, enciende la cólera, y mueve a ira. Cómo se conocerá al hombre flemático. El flemático es de color blanco, el rostro redondo, ancho, abobado y humilde, sin ningún brío, ni viveza, los ojos humildes, los labios blancos, abundante en saliva, y por la mayor parte la boca grande, y los labios delgados, por maravilla es calvo, antes muy cerrado de cabello: porque el ser calvo procede de la abundancia de sequedad, y defecto de humedad: el flemático es frío y húmedo como el agua, según dijimos, y por esta causa no será calvo: pero si lo viniere a ser, será a la vejez, que es el tiempo en que más falta humedad, que en las otras edades: es muy risueño, pesado en el movimiento, en el andar espacioso, con poca gracia y brío: suelen ser los flemáticos altos de cuerpo y fornidos, comienzan a engordar desde mozos: y el de esta complexión no será brioso, y aunque tenga bastante ocasión de enojarse, estará perplejo: porque como el humor que domina en él, es la flema, que como hemos dicho, es por parte del elemento del agua: esta le enfría y humedece, y no le deja prevalecer, antes le tiene oprimido y sujeto: y esta es la causa de estar siempre tímido, y no atreverse a acometer. Cómo se conocerá al hombre melancólico. El melancólico es de color hozco, que tira a moreno requemado, o verdinegro aplomado: el rostro triste, que espanta, los ojos muy tristes, y el blanco de ellos de color de plomo: los párpados grandes, que casi los cubre todos, siempre los trae por el suelo: los labios secos y cárdenos [amoratados], la cabeza siempre inclinada, el cuerpo encorvado y mal compuesto: es de pocas carnes, su andar es despacio, con poco brío, y el paso largo. Los melancólicos son sujetos al Planeta Saturno, cuya naturaleza es fría y seca como la melancolía: y así como la propiedad de este Planeta, es acabar y consumir todas las cosas a él sujetas, así sus operaciones influyen en los melancólicos, que aun a sí mismos no perdonan, son pusilánimes, y temen muchas veces donde no hay que temer, y en el peligro desfallecen y afrentosamente huyen. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA354QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Diferentes complexiones. Otras diferencias hay de complexiones mixtas que se componen de cualquiera de los humores: cólera y sangre, o cólera y flema, o cólera y melancolía, flema y sangre, o flema y melancolía. La complexión del colérico sanguíneo. Los coléricos sanguíneos, se conocerán en tener las dos señales juntas del colérico, y del sanguíneo. El que fuere de esta complexión, será airado, atrevido, presto, y determinado: porque los humores que de ordinario dominan en él, cuando el uno, y cuando el otro, como son de naturaleza caliente, le inclinan a esto porque jamás le falta calor, que es la que aumenta el Ánimo, del cual se producen los efectos dichos. Otra cólera más subida de punto. Aunque hay otra cólera, que subida más de punto, hace tal alteración, que al hombre lo desbarata, y hace soberbio, sin ninguna consideración ni gobierno, y le inclina a cosas temerarias, sin reportarse, ni corregirse en nada: Señal para conocer al hombre soberbio. y aunque las señales dichas bastaban para conocerle. Próspero, Doctor antiguo, da una muy cierta: y dice, que el traer el hombre la cabeza yerta, los ojos airados, y muy encendidos, las palabras ásperas, y no muy comedidas, que es clara demostración de soberbia: porque el hombre que tuviere los ojos encendidos como brasas, significa ser muy colérico, y de grandísimo calor: de la cual naturaleza proceden malísimas costumbres, y obstinación: En qué se conoce el hombre, Platón Libro De Legibus. y que esto sea cierto, el divino Platón lo confirma, diciendo, que no hay cosa en que más se conozca al hombre que en las palabras que dice: porque en ellas manifiesta sus intenciones ser malas, o buenas: y por ellas conocemos lo interior que no alcanzamos a ver. Y san Bernardo dice, que nuestra boca es puerta y servicio de nuestro corazón, pues por ella manifestamos lo oculto y secreto que está en él. En cuatro cosas descubre el hombre quién es. Y don Antonio de Guevara, a quien en esto muy propiamente se puede seguir, dice que en cuatro cosas particulares descubre un hombre quién es, y manifiesta sus secretas inclinaciones: en los tratos que trae, en las obras que hace, en los amigos que tiene, y en las palabras que dice. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ355PARA TODAS LAS HERIDAS. Los hombres bajos y viles hablan sucia y desvergonzadamente. Y esto viene muy al justo de lo que decía Arcesilao, que los hijos de siervos o viles, acostumbran a hablar sucia y desvergonzadamente, y que el parlero nunca fue bien criado: y con esto no os engañaréis en conocer al soberbio, aunque hay muchas que procuran parecerlo, fingiéndolo por sus pretensiones particulares. San Crisóstomo, que no hay soberbia que no sea cobarde. Y de los tales no hay que temer ni espantarse de ellos (que es lo que pretenden), pues aun de los que naturalmente lo son, nos avisa san Crisóstomo, que no hay soberbio que no sea cobarde: porque la soberbia es hermana de la envidia. El envidioso, que es el melancólico, es cobarde, pues siendo el soberbio hermano suyo de padre y madre, y los efectos de ambas, soberbia y envidia, son iguales, que es quebrantar las leyes de la razón, y cegar los ojos del Entendimiento: definición verdadera es, que también será cobarde: Condición de los soberbios y a quién son cobardes. pero tienen tan perversa condición, que para sus contrarios se muestran humildes y mansos, y para sus amigos, y aquellos que pueden poco, bravos, arrogantes, airados, soberbios, y mal sufridos, en todo semejantes a un animalejo llamado: cocodrilo, de quien dicen los naturales, que tiene tal propiedad, que si un León (con ser príncipe de los animales) hace demostración de huir de él, le acomete y sigue: y si una liebre (que es el más cobarde animal del mundo) le acomete, desatinadamente huye: y con el tal, conocida su complexión, podréis acometerle, que el efecto dicho sucederá sin duda. Colérico flemático cómo se conocerá. El colérico flemático, también se conocerá en tener las dos señales juntas: las cuales hacen el rostro alegre y agradable, en el hablar modesto muy comedido, y bien criado, en el andar compuesto, despacio y con gravedad: porque la cólera y la flema, hacen una mezcla, que ni le hace acelerado en demasía, ni tan despacioso que afee: Cómo se ha de proceder con el colérico flemático, es aviso importante y nuevo. pero con el que fuere de esta complexión, hasta hoy no se ha tratado ni sabido cómo se ha de haber con él: solo se ha tenido un oscuro conocimiento, diciendo de alguno, que es como decimos: Fulano, hasta enojarse, pasa y sufre mucho: pero después de enojado, no hay quien se pueda averiguar con él. Y es la razón, que como la flema es fría y húmeda, como el agua, y la cólera caliente y seca como el fuego, según queda dicho, todo el tiempo que gasta la flema en calentarse con el calor de la cólera, sufre con reportación: pero en acabando de gastarse la humedad de la flema, y que solo el LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA356QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL humor colérico, es el que señorea, sin tener la templanza de la flema que le mitigue, dejará de ser flemático por estar ya consumida (por entonces) su humildad, y mudada en calor, como por ejemplo se ve en el agua, que se pone al fuego, que al principio está fría: pero en poco tiempo se muda, recibiendo en sí accidentalmente el calor del fuego: en tal manera, que con ser agua, cuya naturaleza es fría, tanto tememos poner la mano en ella, como en el propio fuego: El colérico flemático es como el hierro, que quieren calentar. Así, que el que estaba flemático, se verá tan colérico que espante: porque es semejante al hierro, que tarda mucho en recibir el calor del fuego, y después lo conserva y detiene mucho tiempo. Con el cual os convendrá tener esta prevención: que al punto que se os ofreciere la ocasión, le acometáis y acabéis vuestro intento en aquel tiempo que la flema tardare en gastar su humedad: porque si la dilación fuese tanta que ya se hubiese gastado, estuviese colérico. Para salir del peligro, será necesario mudar intento, y usar con él como con hombre colérico, aguardando sus movimientos: pero mejor será en aquel tiempo que estuviere flemático, o al menos intermedio, en acabándose lo uno, y antes de que comience lo otro, que será buena ocasión. El colérico melancólico en qué se conocerá. El colérico melancólico, tendrá las dos señales dichas: será indeterminable, y nunca la cólera pondrá en efecto ninguna determinación, por tener la melancolía por contrapeso: y si lo procuraré, será con peligro, por la controversia que causan estos dos humores, cada uno conforme a su calidad: el uno para acometer, y el otro para retirarse: y no con facilidad se acabará de determinar. Y con este iréis con reportación, acometiéndoles, y juntamente, impidiendo algunos movimientos, que hará, mediante la cólera. Este tal será vengativo, y si alcanzase victoria, la proseguiría con muerte de su contrario, aunque le pidiese por merced la vida, Plinio Naturalis Historia. muy al contrario del colérico sanguíneo, o colérico flemático, que con facilidad perdonarían al que se le rindiese, siendo semejantes al León, de quien dicen los naturales, que al que se le arrodilla delante, no ofende por mucha hambre que tenga. El flemático melancólico, en qué se conocerá. El flemático melancólico, así mismo tendrá las dos señales que hemos avisado, y será de todo punto cobarde, por la calidad de estos dos humores: solo será hombre para mucho trabajo, y no habrá mucho con él, en el acometer y vencerle, aunque él no se pondrá en ese peligro, que antes de él volverá las espaldas. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ357PARA TODAS LAS HERIDAS. El colérico sanguíneo es bueno para las armas. Y de todas estas calidades y complexiones, los que son mejores y más aptos para nuestro propósito, son los coléricos sanguíneos, por constar esta complexión de humores benignos, siendo en igual que no domine ni haga fuerza el uno más que el otro. Porque si es muy colérico: será accidental, poco reportado y sin consideración, y su mucho Ánimo le podrá dañar, y la humildad de la sangre, mitigará, por lo que tiene de humildad su excesivo calor, como freno que es suyo. El flemático sanguíneo. El flemático sanguíneo, consta de dos calidades, que mixtas hacen buena templanza: y este también será muy propio para las armas: porque con la flema se abstendrá y esperará con reportación, a que haga movimiento el contrario, para de allí formar herida, y se fundará en razón, que es la que tiene más fuerza en todas las obras, cuando la voluntad no quebranta sus leyes: y por la parte y viveza del calor de la sangre, avivará y pondrá en efecto cualquier determinación: Carranza, folio 196. que esto es (alegóricamente) lo que dice Jerónimo de Carranza, de los dos caballos desbocados, el uno que no había freno que lo sujetase ni detuviese: y el otro boquimuelle, que el rigor de la espuela, no era bastante a hacerle proseguir una carrera, sin pararse al medio de ella, y el remedio que se le aplicó, con que ambos quedaron libres de aquel vicio, fue mudarles los frenos, el del uno al otro: y con esto quedaron tan compuestos, que de allí en adelante, el uno paraba a su tiempo, y el otro llegaba al fin de la carrera. Así, que sabidas tretas de primera intención, y de segunda, cuando fuere necesario, parar aguardando al contrario la rienda de la flema, tirará y detendrá el ímpetu acelerado, sin pasar los límites del sufrimiento: y cuando fuere forzoso acometer, el calor y ardimiento de la sangre, espoleará y hará llegar con ánimo al fin de la carrera del efecto. Cómo se le ha de herir al flemático y sanguíneo. Y para herir al que fuere de esta complexión, os convendrá usar de la prevención que avisamos para el colérico flemático, hiriéndole en el tiempo de la flema, sin aguardar que el calor de la cólera o la sangre esté en su fuerza: porque entonces acometerá a herir. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA358QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL El flemático melancólico no es bueno para las armas, sino para gastadores, de quien los capitanes tienen necesidad. El flemático melancólico, es del todo imperfecto para la milicia, por de suyo tan tímido y pesado, que solo será hombre de fuerza y para mucho trabajo más que otro ninguno, por la calidad terrestre que tiene: y de estos particularmente habían de buscar y llevar los Capitanes para gastadores: pues siendo los que hacen las trincheras y reparos, cavas, minas y contraminas, explanadas, allanar los malos pasos y caminos para pasar la artillería y lo demás del ejército, para cortar fagina [leña de pequeño calibre, volumen de madera, ramas y/o follaje usado para acondicionar caminos, trincheras, u otras estructuras con propósito civil o militar, Miguel Castro, Glosario General de la Esgrima Láser] y árboles para fortificar, cortar y romper muros, peinar cerros donde se quieren fortalecer, derribar torres y casas fuertes, hacer fosos, cavas y pozos, así para agua como para echar la orrura [desperdicios, basura] del ejército, porque del mal olor no se cause peste, es menester que sean para mucho trabajo y de muchas fuerzas, así para llevar a cuestas las herramientas, como para los barriles de pólvora y vinagre, y lo demás que se ofrezca: que a estos de complexión flemática y melancólica, parece que la naturaleza los crió con cuidado particular, para remedio de esta necesidad, dándoles mayores fuerzas que a los demás de las otras complexiones. Cómo se conocerá al mulato o al negro que fuere colérico o sanguíneo. Aquí se ofrece una dificultad, que se podría poner, y me parece que será mejor ganar por la mano: así para que con la solución de ella quedéis quieto, como para que no quede punto indeterminado ni confuso, al menos cuanto a mí fuere posible: y para que en el proceder ninguna cosa os cause novedad: y es, que hemos dicho, que por el color del rostro, se ha de conocer a cualquier hombre su complexión, y por ella venir en conocimiento de su Ánimo, se podrá dudar, de que al que fuere en el color negro, o mulato, cuyo color encubre la blancura del sanguíneo. La amarillez de cidra del colérico, la blancura del flemático, y el color hozco del melancólico: porque debajo de un velo negro, o pardo, lo esconden y encubren, sin que por él se pueda tener noticia de su complexión: que cómo se habrá de haber con los tales, para no engañarse en el juicio de ello, y aún ellos se ufanarían, diciendo, estar libres de conocerlos: y la declaración de ello os es importante, así por mucho número que hay de ellos, como porque hay algunos que gozan de la virtud del Ánimo y valentía mucha parte, y muchos, que su término lo pudieran codiciar muchos blancos, y ellos no tener que envidiarles más que el color: y pues que la naturaleza puso este obstáculo e impedimento, por fuerza os habréis de valer de las otras partes referidas, considerándoles la compostura de los miembros: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ359PARA TODAS LAS HERIDAS. Negro o mulato colérico. Porque el que fuere colérico (de quien particularmente trataremos, porque con los demás no hay que gastar tiempo) es bien proporcionado en sus miembros, el andar con brío y gravedad: tiene el rostro particularmente largo, y con viveza, los ojos vivos y graves, es de pocas palabras, y comedidas, es inclinado a tratar con gente principal, es amigo de acaudalar voluntades, es pulido, amigo de galas y traer bien adornada su persona, no se precia de tratar con gente de su igual, si es nacido en España se precia de hablar bien, tiene buena expresiva, o pronunciación, y conforme a su capacidad es abundante de términos, y si lo traen de su tierra, en breve tiempo sabe hablar nuestra lengua: y con el tal ya sabéis como os habéis de defender, y ofenderle. Negro o mulato sanguíneo. El sanguíneo también tiene algunas de estas partes, mas no con tanta viveza, es risueño, amigo de bailes y chacota, no va por término tan altivo como el colérico, los demás pocas veces tienen buena compostura de miembros, y de ordinario ellos van dando muestras de ello, y pues solo el colérico y Animoso es el que tendrá brío, a este en particular os convendrá conocer por las señales dichas: el cual gozará más, o menos conforme a la perfección de ellas. En qué tiempo del año reina cada humor, y cuándo el hombre está más valiente. Ahora os resta saber, que no en todo tiempo está un hombre del todo colérico, ni sanguíneo, ni flemático, ni tampoco melancólico: porque, como son cuatro los humores, de que está compuesto, y cada uno de ellos en su centro tiene fuerza y dominación, y sus efectos así mismo tienen fuerza, quieren gozar de su preeminencia y señorío, más, o menos, conforme a su calidad: y como sean cuatro, hacen una división y partición de cuatro partes iguales, en que cada uno señorea, y sus operaciones tienen mayor fuerza: y esta división no es solamente en el discurso largo de un año, pero en un día natural se divide y parte en otras cuatro partes iguales, tomando cada uno el gobierno y señorío de su parte: y para que en todo estéis prevenido, valiéndome (como en lo demás) de autores graves, os advertiréis la partición que hacen del año en las cuatro partes, y qué humor reina en cada una de ellas, para que sepáis cómo os habéis de haber con vuestro contrario, con tanta certeza, que ninguna cosa os perturbe el Entendimiento, ni os altere el Ánimo. El año se divide en cuatro partes y en cada una reina un humor. Se divide pues el año en cuatro partes, que cada una de ellas contiene en sí tres meses, que es conforme el viaje y curso que hace el Sol, cuyos nombres son, Verano, Estío, Otoño e Invierno: y estas diferencias, es por razón del movimiento del Sol, como hemos dicho, cuyo curso, viaje, puntos y grados, y la contemplación de esto es LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA360QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL más para Astrólogos y Cosmógrafos, que para Diestros: y solo es mi intento, supuesto que ha de ser diferente el orden que se ha de tener con el colérico, que con el flemático, y con el sanguíneo, que con el melancólico, que sepáis cuándo el colérico está más colérico, y el flemático más: y los demás humores en el punto de mayor fuerza, para que conforme a la doctrina que hasta aquí se ha dado, haciendo la aplicación que convenga, en todo tiempo tengáis certeza, y vayáis con la consideración que se requiere para negocio de tanta importancia porque es razón, consideremos mucho tiempo, y con mucho cuidado lo que hubiéramos de obrar en poco, pues de solo aquello se ha de esperar buen suceso, al cual haya precedido largo y maduro consejo: Adagio bueno. que no sin mucha razón se dice aquel adagio de los viejos antiguos: Toma buen consejo, y te sucederá bien: porque comenzar sin él alguna cosa, o emprender alguna cosa dificultosa, y con peligro, es propio de ignorantes temerarios: Tulio primero De officio. y en particular, estándonos amonestando Tulio, que con mucha diligencia pensemos todas las cosas, antes de que las comencemos: porque el consejo y prevención es para las cosas ocultas, o las que no están del todo halladas. Primera parte del año, en la cual reina, la sangre. La primera parte que se hace del año, a quien se llama Verano, contiene en sí tres meses, que son Marzo, Abril y Mayo, en los cuales abunda el calor natural y la humedad: y esta se atribuye al elemento del aire, y al humor de la sangre, más que a otro humor ninguno: y si el que fuere sanguíneo en estos tres meses, estará más aptos para sus aceleraciones y acometimientos: y en este tiempo más que otro se podrá usar con él heridas de segunda intención, por reinar el elemento que en él más domina, y el humor que más fuerza le hace. Segunda parte en que reina la cólera. El Estío, que es la segunda parte, es Junio, Julio y Agosto, con el cual tiempo el calor del Sol tiene más fuerza, y en el Julio mucha más, así por entrar en el signo de León, en el cual tiene gran pujanza, y alcanza por este signo la gran virtud de calentar estando en su casa: como porque el Sol ha calentado más tiempo el aire, y domina el humor colérico, que es calor y sequedad, y el elemento del fuego, para querer abrasar y consumirlo todo: y así el que fuere colérico, por estar el humor que en él hace más fuerza, tan fuerte en estos tres meses estará más accidental, arrebatado, determinado, y Animoso: y en sí mismo hallará una extraña diferencia, más que en otro tiempo, que casi le inclinara a buscar, o desear pendencias, facilitando la victoria, por aquel brío y Ánimo que accidentalmente siente: y con este, y en este tiempo convendrá usar de LUIS PACHECO DE NARVÁEZ361PARA TODAS LAS HERIDAS. atajos, impidiendo sus movimientos, que será muy veloces, y de sus principios formar heridas desde proporción, sin quebrantarla un punto, porque dañará. Tercera parte en que reina la melancolía. El Otoño dura los tres meses de Septiembre, Octubre, y Noviembre: el cual tiempo es frío y seco, en todo semejante a la tierra, de quien procede la melancolía, y así reina este humor más que otro: y al que fuere melancólico, en estos tres meses estará más perdido, y se le podrá ofender con más facilidad que en otro alguno: porque como la tierra es pesada, fría, y seca: así los melancólicos lo estarán en este tiempo excesivamente, El cobarde, de desesperado, osa. aunque algunas veces dan en temerarios, constreñidos y apremiados de aquella endemoniada tristeza, pues es cierto que muchas veces el cobarde, de desesperado, osa. Condiciones del melancólico. En este tiempo, son los melancólicos crueles, vengativos contra los que poco pueden, y si pueden vencer, o matar a traición, lo hacen con mucho rigor: porque la crueldad nace de la cobardía y del vil temor, y contra los mayores son malintencionados y envidiosos, y secretamente los aborrecen, temen más que en otro tiempo, traen el corazón de continuo sobresaltado, cualquier pequeño ruido les parece terremoto, que se hunde el mundo, la imaginación los aflige, y en ellos hace más efecto que en otro alguno, Fuerza de la imaginación. así por su flaqueza, como por la mucha fuerza que la imaginación tiene, de quien dice Avicena, que es tanta, que puede alterar los elementos, y engendrar lluvias en la región del aire: y así, aún de las cosas seguras temen, dan voces, si están a oscuras, y no se atreven a dormir solos de continuo, imaginan con fantasmas y demonios, dicen, que los ven, y muchas veces es su propia sombra, o el criado que les trae la cena: y así, mientras durare este humor, se le podrá acometer con mucha seguridad, porque será posible, no poder con él a que ponga mano a la espada: y si la pusiere, será de ningún efecto, porque siempre estará deseando que llegue alguno a poner paz, o tener lugar para retirarse, o hallar alguna casa abierta donde favorecerse: porque según Ovidio, a los afligidos, y en los que señorea el temor, ordinariamente les falta el primer grado de Prudencia, y huye el sentido junto con el consejo y el Ánimo. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA362QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Cuarta parte del año, en la cual reina el humor de la flema. El de Invierno tiene los otros tres meses de Diciembre, Enero, y Febrero, que por su humedad y tan ordinarias lluvias, se compara al elemento del agua: en el cual tiempo domina la flema, y los que fueren flemáticos, lo estarán más que en otro alguno: y si en el transcurso del año son tímidos, pesados, y poco briosos, en estos tres meses lo serán por extremo, por causa de la frialdad no se atreverán a poner mano a la espada, aunque tengan ocasión forzosa, antes procuran dar satisfacción a su contrario, con intento de aplacarle, desdiciéndose, o negando haber dicho palabras de ofensa contra él: porque como están tan imposibilitados de poderse encolerizar, tienen prontitud para decir palabras sabrosas y blandas: pero si pudiesen vencer con engaño, riéndose atormentarían al vencido sin ningún género de clemencia: y supuesto lo dicho, en este tiempo se podrá acometer haciendo heridas de primera intención, que viendo determinación tan acelerada, le será forzoso volver las espaldas, compelido del temor: y si para las veras aprovecha esta doctrina, lo mismo será, y así se podrá entender para cuando os ejercitareis, para que en ningún tiempo tengáis peligro, ni dejéis de obrar con mucha certeza. El día natural se divide en cuatro partes, y en cada una reina un humor. Así mismo el día natural se divide y parte en otras cuatro partes iguales, y en cada una de ellas particularmente reina y domina cada humor: y el saber esto, es de no menos consideración que lo que se ha dicho del año. Primera parte, reina la sangre. Y la primera parte comienza desde las tres, después de medianoche, a quien comúnmente llamamos madrugada, y dura hasta las nueve del día, que son seis horas, en las cuales, dicen los Médicos, que es caliente y húmeda, y que por ser la sangre de esta naturaleza, se mueven en los cuerpos humanos, reinando este humor más que otro: Cuándo el sanguíneo tiene más Ánimo. y así, si en los tres meses de Marzo, Abril, y Mayo, y desde las tres de la madrugada, hasta las nueve del día hubiereis de pelear con hombre sanguíneo, entended, que es el tiempo en que está con más ánimo que en todo el transcurso del año, por la fuerza que tiene el humor que en él señorea: y prevenid la batalla con mucha consideración, guardando los documentos que hemos dado, de que se le hagan heridas de alguna intención, aguardándole. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ363PARA TODAS LAS HERIDAS. Segunda parte del día, en que reina la cólera, y el colérico tiene más Ánimo. La segunda parte comienza a las nueve del día, y dura hasta las tres de la tarde, que es después de mediodía: en la cual dicen, que es parte caliente y seca, semejante al humor colérico: porque en este tiempo se mueve la cólera y es en el que el sol tiene más fuerza, y ha calentado algún tiempo el aire, desde que salió hasta entonces: y al que fuere colérico, si en los tres meses que reina la cólera, y en esta cuarta parte del día hubieseis de acometer, convendrá, que sea muy reportado, y con heridas flemáticas: porque es el tiempo y hora en que tiene más Ánimo, y sus movimientos serán casi incomprensibles: y si no se tuviese por cierto (y esto sin ninguna duda) que no puede haber herida sin particular movimiento, se podría dificultar si se le pudieran impedir los que hiciese, ni aun conocerlos, por su mucha velocidad, y esta nacida de la mucha que le influye el humor que reina. La tercera parte en que reina la melancolía. La tercera parte dura desde las tres de la tarde, hasta las nueve de la noche, que es cuando ya el Sol se nos va, y ha huido de nuestro hemisferio, es fría y seca, comparada al humor melancólico: porque en este tiempo se mueve la melancolía, y al que fuere de este humor, las propiedades que tienen en este tiempo, estarán con mayor fuerza, y le tendrán de todo punto oprimido, sin libertad para ningún acometimiento: siempre estará temblando: y si fuere acometido de uno, le parecerá, que son cincuenta: porque aun los que están libres de la fuerza de este endemoniado humor, lo que se les representa de noche, les parece mayor que lo verdadero: porque es ordinario ser una cosa más temida en las tinieblas, que en lo claro. Y, como hemos dicho no solo no acometerá, pero no aguardará, por estar señoreando de él el temor: y si aguardare, ya hemos dicho como habéis de proceder, haciéndole heridas de primera intención con mucha presteza. La última parte del día en que reina la flema. La última parte dura desde las nueve de la noche, hasta las tres de la madrugada, es fría y húmeda como el humor flemático, y en ella se mueve y reina la flema: y el que fuere de este humor, en los meses que hemos dicho, y en esta cuarta parte del día, del todo será imperfecto, para cosas de guerra, y con poca diligencia de vuestra parte se le podrá ofender. La edad del hombre se divide en cuatro partes. Ahora habéis de advertir al conocimiento que dijimos al principio de este punto, que es de la edad, de la complexión y la disposición, para que de todo vayáis prevenido y ninguna cosa os altere, ni turbe: porque en buena razón, aunque uno sea sanguíneo, o colérico, se puede entender: que así como lo está más en un tiempo del LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA364QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL año que en otro, y en una hora del día más que en otra, que así mismo lo será más cuando fuere mancebo, que cuando ya hombre, y en este tiempo más que cuando comienza a declinar la edad, y entonces más que cuando ha llegado ya a la senectud: porque cada humor conforme a la disposición del sujeto del hombre hace el efecto de su operación. Y para mayor declaración de esto, seguiremos el propio orden que en lo demás, haciendo otras cuatro partes de la edad, las dos en que va subiendo con mayor fuerza, y las otras dos en que va declinando a mayor flaqueza: porque así la vida del hombre, como las demás cosas mentadas, se dividen en cuatro partes, que son, Principio, aumento, estado y disminución. La primera parte de la edad del hombre en la cual reina el humor de la sangre. La primera parte de la edad, haremos desde los dieciocho años, hasta los veinticinco, que es la edad florida de los mozos: y cuando con más vigor mandan sus miembros, así en correr, saltar, tirar y los demás ejercicios juveniles: porque en este tiempo más que en otro, abunda el calor natural, de quien nace la vehemencia en el obrar: y cualquier cosa que desean, la quieren poner luego en efecto, por la abundancia y calor de la sangre: de la cual procede un ardiente deseo de exceder, y aventajarse a los demás, y los incita y convida a procurar dominio sobre todos: de donde les nace ser muy prontos en la ira, y por la fuerza y ardor que le viene del calor de la sangre, son muy dispuestos a vengarse. Y por esta causa, los tres meses del Verano se comparan a la niñez y edad florida de los mozos, y se atribuye al aire y sangre, por tener las mismas calidades: y así en esta edad, que por el aspecto del rostro os engañaréis en poco, al que fuere sanguíneo, le acometeréis con la reportación que hemos avisado. Segunda parte de la edad del hombre en la que reina el humor colérico. La segunda parte, será desde los veinticinco años hasta los treinta y cinco, que es la edad en que los hombres están perfectos y enteros, por haber llegado a la juventud: y a esta es comparado el Estío, que es donde con más fuerza hierve el calor y la cólera, porque reina el humor colérico. Y en esta edad, al que lo fuere, os avendréis con él con la reportación que conviene. Tercera edad o parte en la cual reina el humor de la melancolía. La tercera parte, tendrá otros diez años, que será desde los treinta y cinco hasta los cuarenta y cinco: en la cual edad, aunque el hombre manda sus miembros, bien, no es con aquella agilidad que en las dos primeras: porque ya ha llegado a la edad madura, y las influencias y operaciones de los elementos, hallan el sujeto más flaco: y así sus efectos no son de tanta fuerza: porque siendo la mocedad muy verde y nueva, y al contrario, la vejez muy madura y marchita, esta participa como medianera de una y otra: De suerte, que aunque no es tan veloz como el mancebo, no es tan pesado como LUIS PACHECO DE NARVÁEZ365PARA TODAS LAS HERIDAS. el viejo: y así mismo no será tan accidental como los mozos, ni tan tímido como los viejos. A esta edad se compara el Otoño, y de los humores a la melancolía: porque ya va la Memoria haciendo alarde y representación de las obras, de las otras dos primeras: y a este tal, se le podrá acometer con más libertad que en las dos primeras. La cuarta parte de la edad en que reina la flema. A la última parte, así mismo le daremos otros diez años con lo que llegaremos a los cincuenta y cinco, que es a la que se compara el Invierno, en quien domina la flema. Y en esta edad (según la mayor que hoy alcanzan los hombres) habrá pocos que tengan vigor para mandar armas: y supuesto que pongan mano a la espada con algún estímulo de honra, sin hacer mucho efecto desfallecerán: porque las fuerzas no les ayudarán, como le sucedió a aquel caballero, que salió a pelear con el mancebo, cuyo ejemplo pusimos en el punto antes de este de la razón con que se ha de pelear. Por qué se enojan los viejos fácilmente. Y aunque los de esta edad, son fáciles y prestos de airarse y enojarse, por el requemamiento de la sangre, son débiles por la poquedad de ella: y con los tales, a ningún noble le será permitido tener contienda, sino respetarles como a padres, pues los viejos por su edad son constituidos en esta dignidad, y dignos de toda reverencia. Y si pasado de esta edad, alguno trajere espada, no tanto por el bien parecer y adorno de sí mismo, como con presunción de ofender, digo, que aunque quieran encubrir, o disfrazar las canas, las pocas fuerzas del cuerpo pesado, que ya le faltarán, descubrirán su mucha edad: y a los tales solo les quedará la prontitud del Ánimo, mucha viveza en el Entendimiento, mas poca fuerza en los miembros: y esto se ha de entender, que no es mi intento decirlo, por un particular, que se hallará con fuerzas para poder ofender, y defenderse: que ya se ha visto de setenta, y aún noventa años, poderla traer: y haber pocos mozos que le aventajasen: pero este es uno, y no habrá muchos unos. Y con lo dicho se conocerá la disposición de cada uno: y conforme a ella, iréis obrando con mucha prudencia, considerando, que en esta edad, los flemáticos y melancólicos, están del todo perdidos. Y no os parezca que es de poca importancia, sino de más que se puede considerar, poder prevenir el peligro, y saber si conviene arremeter a vuestro contrario, o aguardarle a que acometa, conocer si es animoso o cobarde, cuándo está de un humor y cuándo está de otro: y no lo tengáis por trabajo intolerable, andar procurando el curso del año, la mudanza del tiempo, el repartimiento de las horas con tanto cuidado: porque si el mercader con el mayor que puede procura saber, cuándo es la feria de los Molares, y otras de otras partes, para allí hacer su empleo y ganancia: y el cursado y experimentado marinero tiene estudiado, y recopilado en la uña por qué tiempo vientan los vendavales, y cuándo la fuerza de las brisas, y en qué meses el rigor de los huracanes, y procura hacer su viaje con tiempo tan contado y medido, que pueda llegar a las Indias sin peligro: porque al Diestro le ha de ser carga hacer diligencia LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA366QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL en procurar el curso del tiempo, y sus mudanzas: porque si el mercader, movido con intereses de diez ducados de ganancia, mucho antes de que llegue el tiempo lo previene y sabe: ¿por qué, siendo ganancia de la vida, ha de haber negligencia? Porque de los casos, que después de sucedidos no se pueden remediar, gran consejo y prevención se requiere: además, de que este cuidado no durará mucho. La frecuencia en una cosa hace hábito, Aristóteles. Pues dice Aristóteles, que la frecuencia en una cosa hace hábito, y este presupone firmeza y perpetuidad: y en particular, habiendo de estar en el seno de la Memoria: y como tenemos en ella los nombres de todos los meses del año, y de los días de la semana, le podremos encomendar esta cuenta, que no será de mucho trabajo: El año se comienza a contar desde el mes de Marzo. y solo es la dificultad y diferencia comenzar a contar desde el mes de Marzo, y de una vez que se prevenga al principio de los tres meses, diciendo: Marzo, Abril y Mayo, es cuando reina el humor de la sangre, bastará para que no se olvide: y lo mismo en los demás meses del año, y horas del día. Duda, con cuál de los hombres se podrá defender con más facilidad. Prometido tenemos de declarar en este punto una duda puesta por muchos que tratan de esta facultad: la cual es, que con cuál de los hombres habrá más dificultad en el defenderse y ofender, con el muy alto, o con el bajo, o con el mediano. Y antes de que se responda a ella, se ha de entender, que esta dificultad solo se puede poner limitadamente en los particulares, y no más: porque la universal, no está sujeta a padecerlas (como se dirá cuando tratemos de ella). Y respondiendo a lo primero, digo, que con más facilidad os defenderéis de un hombre alto o muy alto, que de uno mediano o pequeño: solo con que tengáis consideración de elegir el medio de proporción, como es tengo avisado, y medio proporcionado, conforme a la largura de su cuerpo: porque los movimientos del hombre, van correspondiendo a la largura de su cuerpo y miembros: y así será forzoso elegirlo: Note el Diestro que le importa. de tal modo, que con un compás geométrico de Destreza, suyo, que será más largo que el de un hombre mediano, no pueda alcanzar a heriros. Y aunque es verdad que será más largo, forzosamente sus movimientos serán tardos y pesados: y es la causa, que como la sangre tiene tanto espacio donde hacer movimientos muy despacio, se viene a sentir el calor suyo en todas las partes, y principalmente en el cerebro, donde es el principio del sentido: y así cualquier cosa que haya de hacer, está claro que ha de ser obrada despacio. Y aunque podamos decir con verdad que la naturaleza LUIS PACHECO DE NARVÁEZ367PARA TODAS LAS HERIDAS. tiene concertadísimo gobierno, dándole al alto aquel calor que baste para mandar sus miembros, conforme a la estatura: y a cada uno lo que más conviene: vemos que muchos hombres tienen defectos muy particulares: pero estos no los atribuyen a la naturaleza, pues, según determinado parecer de los hombres científicos que de esto tratan, es por causa de la materia de que el hombre se engendra: Los hombres muy altos son de movimientos espaciosos. porque la natura dispuesta está a obrar con más perfección, y siempre lo procura; y vemos que lo más general en los hombres altos, es ser de movimientos espaciosos y desgraciados: y de esto es causa, que como el movimiento apresurado, o vigoroso se hace mediante el calor de la sangre, y esta está tan extendida por las arterias y venas tan espaciosas, como en el cuerpo grande ha de haber, se mueve en tiempo largo: y así los movimientos han de ser espaciosos. Y por el contrario en un cuerpo pequeño, como tiene tan poco que andar, en breve tiempo se mueve y calienta: y así sus movimientos son veloces. Y aunque con la misma razón que decimos que la naturaleza sigue en esto concertadísimo gobierno, y lo obra más perfecto, se podría argüir, diciendo haberle dado al hombre alto, respectivamente, lo que al pequeño: para que los movimientos sean iguales: digo, que serán semejantes al horno pequeño y grande, que con el calor con el que el chico estará abrasando, el grande estará tibio: Y así se habrán en los movimientos como una rueda pequeña con otra grande, que aunque se muevan en igual tiempo, y con igual movimiento, e igual presteza, acabará más presto su curso y vuelta la pequeña. Así, que si el uno y el otro formasen a un mismo tiempo un tajo, o revés, respecto de aquel mayor círculo que hará el muy alto, supuesto de haberlo de formar moviendo todo el brazo, será más tardo: al fin como quien anda más largo camino, y el pequeño más breve, veloz e incomprensible. Y por lo dicho me atrevo a decir, que es más fácil defenderse, y ofender al que fuere alto, que al que fuere en estatura mediano, así por las razones que se han dado, como por lo que otra vez hemos dicho, que afirma el Derecho, que pocas veces hay ciencia en cuerpos grandes: porque el peso tan grande que tienen de huesos, donde abundó la materia, los hace (generalmente hablando) de grosero entendimiento, y de movimientos espaciosos, tardos, y de poca gracia: Los hombres antiguos eran altísimos de cuerpo, san Agustín libro 15 de La Ciudad de Dios. Y además de esto, ya no vemos hombres tan altos, que nos cause admiración, como antiguamente los hubo: como lo afirma san Agustín, que los hombres antiguos eran altísimos de cuerpo. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA368QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Estrabón, libro 7. Y Estrabón afirma, que en la sepultura de Anteo fue hallado su cuerpo, y medido, tenía sesenta codos. Turpino Obispo. Y de Carlomagno cuenta Turpino Obispo de Reims, que tenía ocho pies de estatura, y el rostro de palmo y medio de largo. Y aunque en estos tiempos hay hombres muy altos, estos no los vemos: Plinio libro 7, capítulo 2. Porque Plinio, dice, que se hallan en la Escitia de cincuenta codos. Y san Isidoro afirma, que los Macrobios Indianos, son de grandes doce pies: pero en estos tiempos, no hemos visto hombre que llegue en altura a ninguno de estos: porque el mayor que yo he visto, ha sido de siete pies geométricos, y muy escasos: pero contra todos, lo universal es el remedio. Y con esto queda resuelto este punto, con lo cual podremos pasar a la prevención que tenemos prometida hacer, para entrar en lo universal. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ369PARA TODAS LAS HERIDAS. PREVENCIÓN PARA EN LO UNIVERSAL, EN QUE SE DECLARA LA NATURALEZA DE CUATRO MOVIMIENTOS: CUYO CONOCIMIENTO ES IMPORTANTE. Gran cuidado se debe poner, y gran consejo se debe tomar, y con gran prevención y prudencia se debe prevenir, cuando alguna obra de importancia se quiere comenzar: y que esta para quien nos vamos previniendo, lo sea de mucha y muchísima importancia, ella propia lo manifestará.
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