pero es menester que nos acordemos de lo que dice, que cuando el contrario hace el preludio o primer movimiento para formar tajo, le formamos revés, o estocada: y el revés, que es el que manifiesta esta demostración, así para entenderlo como para obrarlo, lo habéis de entender: así, si vuestro contrario quisiere formar el tajo, con que hace poco le heristeis, y quisiereis herirle de revés, tendréis conocimiento del principio de su movimiento, y al punto que pasare desde punto A a punto B para sujetar vuestra espada, respecto de sacarla de entre los dos cuerpos, y ponerla remosta en aquel lado, pasaréis desde punto D hasta punto E metiendo pie izquierdo, sujetando la espada, y formando un revés, con prevención y advertimiento grandísimo, que al punto que llegue a sentar el pie derecho en punto B habéis de llegar vos a punto E, porque si llegase primero, cuando vos comenzaseis vuestro movimiento, formaría él el suyo: y cuando le vinieseis a acabar, bajaría su espada naturalmente, y os encontraría: Pero si quisieseis herirle de estocada, también habéis de advertir al principio del movimiento, y cuando sacare su espada para sujetar la vuestra, daréis compás curvo con pie derecho por el lado de la circunferencia de vuestra mano izquierda, dando la herida debajo del brazo de su espada: y para mejor, por encima de la propia espada, ejecutándola en los pechos, y al punto saliros a proporción, para que sus movimientos los conozcáis. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA314CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS REPAROS CÓMO SE HAN DE FORMAR. Así por ser este lugar conveniente para tratar de los reparos pues hemos dicho de los tajos y reveses, como por tenerlo prometido en dos partes, determiné avisaros el orden que habéis de tener, en el reparar: y los tales reparos, con qué ángulos se han de hacer, así en el cuerpo como en el brazo, y a qué tiempo, y en qué distancia, no porque os sea preciso en Destreza el reparar, pues quien hubiere considerado bien el libro de nuestro autor, no habrá hallado ni visto en él parte alguna, que diga que al Diestro le sea forzoso reparar: Carranza, declaración folio 3. pero en su declaración, dice, que el reparo perfecto ha de nacer de la misma herida, y ha de ser de su misma especie, Carranza, folio 31. y esto con lo que dice así mismo en su primer diálogo, que por la causa y lugar que se hace la treta, por esa misma se ha de deshacer, manifiesta muy claramente, que al Diestro no le es forzoso el reparo, y dice maravillosamente: porque no es menester reparar, sino que la herida misma sirva de reparo, y sea de su misma especie: de tal suerte, que si el contrario formare un tajo, que al principio de él le formemos otro, y le hiramos y quedemos reparados, mediante la desigualdad de cuerpos y líneas: y si formare revés, herirle con el mismo, y a cada uno con su contrario, al principio que formare el revés, herirle con tajo: y al principio del tajo, herirle con revés, y a la estocada de cualquier suerte que sea herirle con la misma, formando juntamente reparo, como habréis visto en la demostraciones que hasta aquí se han puesto, pues las heridas se hacen con tal medio, y con tal proporción, que siempre queda con reparo: Carranza, folio 180. y si en la demostración del cuadrado del tercer diálogo, trata de reparo e impedimento al principio del movimiento natural, es cuanto a la daga contra la espada, con la cual conviene reparar, respecto de su poca largura, y de haber de herir desde cerca, por defecto de su cantidad: y siendo al contrario, sería imposible, como se dirá en un cuadernillo particular (que, siendo Dios servido, saldrá a la luz) de la daga contra espada: Estos reparos más los pone el autor por satisfacer al vulgo, que de voluntad. pero en la espada, no hay esta obligación, respecto de tener cantidad y largura, para poder desviar y atajar el movimiento ya puesto en acto y herir desde distancia tan LUIS PACHECO DE NARVÁEZ315DE LA VERDADERA DESTREZA. determinada, que lo pueda sin peligro, como se verá en lo universal: pero porque les parecerá a algunos que tratar de Destreza, y no tratar de reparos, que es una cosa muy desigual: y porque la necesidad os podría compeler en alguna ocasión, a no poder andar en proporción, o no poder llegar a algún lado de la circunferencia, o ángulo rectilíneo, sin que la espada contraria os ofendiese, respecto de haber ya formado el movimiento violento, y comenzar el natural, os avisaré, cómo lo habréis de formar: pero no serán de los que ordinariamente usan los que tratan la Destreza ordinaria: Objeciones contra el reparo de la común Destreza. porque si ellos mismos bien lo consideran, su modo de reparar, hallarán que es dañosísimo, por dos causas: la primera, es que quieren reparar el rigor grande del movimiento natural, con el brazo o la capa: y que esto sea inconsideración, lo podrían decir aquellos, que han quedado mancos, por solo hacer el reparo: porque si en una cuesta que fuese algo encumbrada, echásemos a rodar una piedra, y después de haber tomado vuelo, quisiese uno ponérsele delante, a detenerla, no le sería posible, antes lo llevará de encuentro: así será en la espada que después de haber acabado el movimiento violento, y haberse comenzado el natural, con la fuerza que se comunicare, además del amor natural que traerá la espada para bajar a su centro, cuanto hallare delante, lo llevará al suelo con grande ofensa: Tartalla, proposición I. porque, como dice Nicolao Tartalla, todo cuerpo igualmente grave, en el movimiento natural, cuanto más se fuere alejando de su principio, o acercando a su fin, tanto irá más veloz. En consideración de hacer el reparo. La otra muestra más a la clara, su inconsideración, pues no se contentan con hacer el tal reparo, sino que se ponen debajo de la misma espada y brazo contrario pudiendo apartarse un poco de la línea del diámetro, a cualquiera de los lados: para que cuando bajase con el movimiento natural, no les hiciese tanta ofensa: Pero para qué es el reparo que hacen, pues de él no sacan herida, sino solo reparar la que el contrario hace para ofenderles, y en esto gastan el tiempo, con que el contrario se anima, viendo que no tiene peligro. Lo otro que se ha de considerar, es, que supuesto que quieran hacer los reparos, no todas las veces podrán formarlos: El tajo y revés tienen lugar propio por donde se forman, pero no punto cierto donde se ejecuten. porque habéis de entender infaliblemente, que los tiempos circulares, tajos y reveses tienen su lugar propio por donde se forman: pero no punto cierto, donde se ejecutan: y que esto sea cierto, vemos que el tajo se forma, llevando la espada por el lado LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA316CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS izquierdo, y el revés arrimada al muslo derecho, como ya se ha dicho: y que esto en ningún tiempo se puede alterar ni trocar: pero la ejecución, respecto de no hacerse el reparo al principio del movimiento natural, sino antes querer aguardarlo, como el brazo se puede mover a diversas partes, por virtud de los tendones y cuerdas que tiran y aflojan, halla la voluntad, disposición en él para encaminarlo a donde bien le parece: y así vemos, que unas veces hiere en los muslos, estando aguardando el que repara, que le han de dar encima la espada, y otras en las piernas, saliendo vano el intento del que reparó. Objeción contra los reparos por el mismo autor. Y sin lo dicho, primero que tratemos de los reparos, generalmente hablando, tengo que poner algunas objeciones contra ellos, que me parece que no serán mal fundadas: la primera, es decir, que si yo puedo herir a mi contrario, sin reparar y quedar libre de que me pueda herir en proporción y distancia conveniente, que para qué tengo yo que afligirme por reparar, y si el reparo es solo para defenderme de la herida, y yo puedo impedirla con mi espada, sin que la del contrario me pueda ofender, estando en mi mano el ofenderle cuando quisiere, que por qué me tengo que sujetar a repararle: Nota contra el reparo. pues muchas veces se ha visto al punto que se repara, cómo las dos espadas las quitan de entre los dos cuerpos, y ninguna hiere, venir a los brazos y echar mano al sombrero para tapar los ojos, echar mano a la barba, y darse golpes en los rostros: Todo lo cual es feo y dañoso, y cuando esto cesase, bien se sabe en Destreza, que las heridas de segunda intención, constan y se componen de los movimientos contrarios, como hemos dicho: y siendo así, se verá, que cuando se hace el tal reparo: y después de hecho, quiere formar herida el que repara, cómo forzosamente ha de hacer movimiento: porque sin él, no se puede herir: y para hacer este movimiento y herida, ha de dejar libre la espada, que hasta allí tuvo impedida: el contrario se aprovechará de él para herirle con revés, si formare revés, y con tajo si lo formare. Y aunque a estas objeciones, hay poco que contradecir, no obstante lo dicho, os manifestaré por demostración, cómo se hayan de hacer los reparos, y obviar algunos inconvenientes de los que se han puesto, advirtiendo, que solo hay dos reparos diferentes en sí, por ser diferentes los ángulos que el brazo y el cuerpo hacen cuando se forman, y los compases que se dan: y la disposición del cuerpo, el uno es para el tajo, y el otro para el revés: porque así como cada uno de estos tiempos circulares, se forma por su lado: así el reparo se ha de hacer por el que se formare: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ317DE LA VERDADERA DESTREZA. Note el Diestro, y óbrelo así. pero os advierto, que siempre que pudiereis herir a vuestro contrario, o impedirle la herida con el género de herida que dice Jerónimo de Carranza, que ya referimos, que nazca de su misma herida, y sea de su misma especie, lo obréis para más ofensa de vuestro contrario y defensa vuestra. Y que esto sea mejor, lo dice muy bien nuestro autor, en el diálogo segundo de la falsa Destreza, donde por vía de objeción a una herida y reparo ordinario; dice, que si él puede herir sin reparar, ¿Qué para qué se ha de cansar en formar reparos? Y para en esto y con las objeciones que hemos puesto, y este modo de hablar, y las razones que se han dado, basta para entender, que no nos es preciso el reparar, antes en alguna ocasión podría ser dañoso: y con este supuesto, podremos pasar a las demostraciones. Nota: Y primero habéis de advertir, que los números 3 y 6 que están en las espadas, es de tanta consideración tener conocimiento de su importancia, que si os faltase, sería imposible conseguir el intento que vamos tratando, que es reparar: y digo imposible: porque de cierto lo será: Carranza, folio 18. y habéis de entender, que en ellos imito a Jerónimo de Carranza, porque en el diálogo tercero, en la demostración del cuadrado, donde pone el reparo que hace la daga a la espada, lo manifiesta por ellos: lo cual habéis de entender de esta manera: que el número 3 es donde (cuando se forma tajo, o revés) se acaba el movimiento violento, y desde allí ha de tener principio el movimiento natural: y esto viene a ser, cuando llega la espada al ángulo obtuso, después de haber dado toda aquella vuelta circular, mediante el movimiento remiso y violento: y que si en aquel punto se forma el reparo, antes de que el movimiento natural se rehaga de partes, con cualquier pequeña fuerza se podrá detener, impidiendo que no baje, aunque su autor lo procure y quiera: pero si la espada llegare a número 6, que es donde el movimiento natural viene bajando con tanta velocidad, compelida así del amor natural que la trae a su centro, como de la fuerza que entonces se le ha comunicado, ninguna resistencia lo será ni reparo puede haber que le impida el efecto, y así habiéndose de reparar, para que el efecto sea conforme el nombre, os conviene tener entero conocimiento de todo lo dicho: y en particular del movimiento violento y natural: de los cuales adelante os avisaré particularmente. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA318CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Reparo contra revés, y herir con el propio. Así como en las demás cosas, hay en la Destreza ciertos términos y fines determinados, que no conviene traspasarlos, sopena del daño que de ello viniere: porque aquel orden y método de obrar cualquier cosa, no se puede alterar sin que se dañe, o no se aproveche: y en los reparos (supuesto que haya de hacer) es lo mismo, que se han de componer con aquellas partes convenientes: y así advertiréis, que una vez se forman los tiempos circulares de solo la voluntad del que los obra, y otras veces compelido y apremiado del Diestro que tiene poder para ello, para de allí sacar su herida y defensa. Pues si con vuestro contrario os sucediere, habiéndole sujetado su espada, o de su voluntad formare un revés, y os hallareis en lugar y proporción conveniente, para llegar con un compás geométrico, en el tiempo que gastare en formar el movimiento remiso y violento, daréis compás recto desde punto A a punto B, y en el punto que se acabare el movimiento violento, y que comience el natural, que será donde está el número 3, formaréis el reparo, en esta forma: Pondréis recto el brazo en el ángulo recto, y la mano uñas arriba, y la guarnición de la espada, que venga derechamente a estar en derecho del rostro, como lo señala esta demostración: y que los recazos sean los que formen el reparo: porque, según Carranza, tienen virtud para resistir: así por estar más junto al brazo, como por los ángulos que hace el brazo y la muñeca con la espada: pues, como así mismo dice en el primer diálogo, donde hay ángulo, hay fuerza. Y en esta especie de reparo, por cuanto consta de tres ángulos: el uno el que hace el brazo con el cuerpo, y el otro el que Hace la espada, y el otro que hace la muñeca, hay fuerza para resistir. Y con esto quedará formado el reparo: de tal suerte que no se pueda engendrar el movimiento natural, pues será semejante, cuando una piedra se comienza a mover para rodar, si a este principio llegásemos a detenerla, con facilidad podríamos: por si cobrase vuelo, como dijimos, a ninguno le será posible, sin que le ofenda: y por eso, así en la piedra como en la espada, ha de ser al principio del movimiento. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ319DE LA VERDADERA DESTREZA. Herida de tiempo circular, revés habiendo reparado el del contrario. Una de las objeciones, que contra el reparo se puso, fue que del principio del movimiento, que se hiciese después de haberlo formado, podría el contrario, valiéndose de él, formar la herida de segunda intención, supuesto que se deja libre la espada: lo cual se ha de prevenir, avisando cómo se ha de obrar sin este riesgo, y es así, que habiendo dado el compás recto de punto A a punto B, y formando el reparo en la manera referida, pondréis la mano izquierda que detenga la espada contraria en el propio lugar que quedó, mediante el reparo, que podréis hacerlo con facilidad, respecto de haber de ser el compás con pie izquierdo, y por el lado de la circunferencia de vuestra mano izquierda, con que iréis a parar a su lado derecho: y teniéndola sujeta e impedida que no baje en el tiempo que pasareis desde punto B a punto C formando un revés, y cuando lleguéis a donde os aviso, entonces, dejaréis que la espada contraria haga el movimiento natural, para que tengáis lugar de ejecutar el vuestro en su cabeza: y cuando él de su voluntad no bajare, le podréis forzar a ello, pues le tendréis sujeta la espada: y cuando quisiere levantarla más en alto, no podrá sin vuestro consentimiento, por la virtud que tiene el movimiento natural contra el violento (como adelante se dirá): y si quisiese presumir de tener el brazo en aquel estado, procurando resistir el bajarlo, no le será posible, por tenerlo violento, por causa de que los hilos que entonces aflojan para que el brazo pueda subir, no le favorecen, y aunque quisiese ayudarse con el otro para resistir, no lo podrá, como tampoco podrá la espada levantarse aunque seis brazos lo procuren, con solo ponerle un dedo encima de la punta: y con esto le ejecutaréis el revés, teniendo perfilado el cuerpo, como en otras partes os he avisado, pudiendo también herirle de estocada en los pechos, sin ejecutar el revés, o después de él. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA320CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Reparo contra tajo, o revés, y herir con el propio tajo. Todas aquellas cosas, que se hacen sin arte, doctrina, ni razón, sino solo por la opinión, ímpetu o apetito, ciertamente son viles y apocadas, y después de hechas, no dejan otra cosa de sí, que un confuso e irremediable arrepentimiento. Esto se halla en los reparos, que en la Destreza ordinaria hacen a los tajos: los cuales son hechos con poca consideración, pues no solo no los hacen al principio del movimiento natural, sino que cruzan las espadas encima de la cabeza, y allí quieren aguardar el rigor del movimiento natural, y es por ignorar, que los recazos tienen virtud de resistir: y para ser libre de esto, y poder hacer el reparo contra el tiempo circular tajo, habéis de advertir, que ha de ser diferente del que formasteis contra el revés, por formarse por diferente parte. Y así han de ser diferentes los ángulos, de brazo, espada, y cuerpo: y si vuestro contrario, ora sea de su voluntad, o habiéndole vos obligado, os quisiere formar un tajo: el cual, como ya os he dicho, se forma llevando la espada por el lado izquierdo, y se ejecuta en el izquierdo contrario, dando compás por el lado de la circunferencia de la mano derecha: y para esto daréis un compás recto desde punto A a punto B poniendo vuestra espada delante de la contraria, en punto 3. Y para esto habéis de afirmar el brazo recto en ángulo obtuso: pero la espada ha de estar al contrario del revés (no porque el mismo reparo no se podría hacer también para el revés, si el Diestro determinase herir de tajo), y para este han de estar las uñas abajo: Carranza, folio 154. Porque, como dice Carranza, para el tal ángulo y reparo, obran los hilos que salen de la punta del hombro, y de la axila que está allí trabada: los cuales alzan el brazo derechamente al lugar donde lo ponemos las veces que reparamos uñas abajo, que es este que os voy avisando. Y habiendo formado el reparo en punto B, supuesto que no os habéis de quedar allí, sino herir con el propio tajo que él formó: en la siguiente demostración lo veréis, que es punto C. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ321DE LA VERDADERA DESTREZA. Herida de tajo, habiendo reparado el tajo, o revés contrario. En cuanto a los rayos visuales, que salen de nuestros ojos, más se alargan en moderada proporción y distancia, aquella cosa que vemos, mayor nos parece: Debajo de este supuesto, muy propiamente podremos entender los reparos, con la aplicación de decir, que cuanto la espada, que ha de hacer el reparo, más se apartare de la que viene hiriendo al principio del movimiento natural, que tanto menos la podrá impedir: Carranza, folio 180. y esto lo muestra bien nuestro autor en el tercer diálogo: pero porque ya está hecho el reparo y lo que ahora falta es herir, será menester declararlo: lo cual es de esta manera: que habiendo hecho el reparo en punto B como hemos avisado, sin deteneros allí más tiempo que el que gastaréis en impedir el movimiento natural, pasaréis a punto C con movimiento curvo, formando el propio tajo que vuestro contrario formare, advirtiendo: que cuanto más largo pudiere ser el compás, será mejor, pues os apartaréis más del contrario, y más le podréis alcanzar a herir, y con más libertad, Nota. aunque es menester prevenir, que al punto que formareis el reparo, os conviene tener conocimiento de los movimientos contrarios, y remediar uno, que en aquel punto vuestro contrario podrá obrar por la disposición que habrá: y es, que al punto que reparareis, podrá meter el pie izquierdo y mano izquierda para sujetar vuestra espada y atreverse a ello, respecto de ver que vais a poner el cuerpo junto al suyo: pero lo remediaréis con solo conocer el principio del movimiento, pues es imposible poder formar herida sin él: y conocido, como si le tuvieseis obligado a línea en cruz, y quisiese meter el pie izquierdo, le formaréis un tajo a la cabeza, que, siendo al principio, llegará al punto que meta la mano, y en ella y la cabeza recibirá la ejecución y rigor del tajo, pero habéis de advertir, que si lo tal sucediese, el compás no ha de ser por el lado de la circunferencia, sino antes saliendo a buscar proporción, y con esto él quedará ofendido, vos con defensa, y yo habré cumplido con la obligación de avisar de los reparos: Pues con esto basta. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ323DE LA VERDADERA DESTREZA. TRATADO PARTICULAR EN QUE SE MANIFIESTA CÓMO SE AFIRMAN LOS TURCOS: Y SE AVISA DE CÓMO SE DEFENDERÁ EL QUE TRAJERE ESPADA, DE UN TURCO Y DE SU ALFANJE. ES PUNTO MUY IMPORTANTE, Y CURIOSO. El intento que particularmente hemos llevado en este primer libro, ha sido, avisaros de sola la espada, y sus proposiciones, contra otra espada sola: y queriendo concluir con lo universal, me pareció hacer este tratadillo, de no poca importancia: y esto movido de una justa consideración, de ver, que nuestros antiguos, y mortales enemigos los Moros, y Turcos, por momentos vienen con nosotros a las manos: y es caso, que me ha puesto admiración, que con ser esto cierto, y hallarse en este peligro muchas veces, ni ha habido discípulo que pida, ni Maestro que enseñe el remedio que se podrá tener contra los tales. Contra el alfanje, arma ordinaria del Turco, no valen las tretas de la vulgar Destreza. Pero no hay que culpar, porque como contra el alfanje no aprovechan las ganancias, ni posturas altas, ni las tretas del tentar por fuera, ni por dentro: porque su postura es desigual, ni tampoco aprovecha el llamar, o arrebatar, puerta de hierro, o descubrir el pecho, ni dar la ocasión al contrario, ni tomar, o aprovecharse de la que el contrario diere, ni la manotada y brazal, ni el descubrir el pecho, para que hiera de estocada: porque ellos jamás hieren con ella, ni el pedirlo será de importancia, ni lo que se diere (si fuere alguna de estas tretas) servirá de remedio: y no menos es de admirar, que con solo un alfanje (que es su arma ordinaria, sin que otra le acompañe) presuman llevar la victoria, y muchas veces la hayan conseguido: pero más ha sido por la inconsideración, y poco saber de los nuestros, que por lo que ellos son, ni con sus alfanjes pueden: y he de procurar fundarlo con razones: La espada lleva ventaja en largura al alfanje, en tener más heridas. Y digo, que si las armas son las que ofenden, y defiende, se podría considerar particularmente la ventaja que la espada lleva en largura al alfanje, y no solo en la largura, pero en el modo de herir, conocerían a cuánto más están obligados: pues de ser la espada, en su cantidad, casi la cuarta parte más que el alfanje, tienen más heridas y partes por donde herir: porque tiene las tres heridas principales, de tajo, revés, y estocada: y después de estas, las que se convierten de tajo en revés, de revés en tajo: y de cualquiera de estos en estocada, y de la estocada en tajo y revés, cuando por un lado de la circunferencia, cuando por el otro: y por cualquiera de las líneas que forman los ángulos rectilíneos, de que ya avisamos, y por otras partes que se avisará, cuando acercando el cuerpo, y cuando apartándolo, según qué conviene. Y estas heridas, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA324CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS ejecutadas por tan varios modos, que causan gusto en el fabricarlas, unas veces antes de tiempo, otras en tiempo, y otras después de tiempo: El alfanje solo hiere con tajos. y el alfanje solo tiene una herida, y no ninguna de las tres que dijimos, ni las que se convierten: ni tampoco tiene estocada, porque como carece de largura, y punta derecha, jamás se obra con ella, y la herida que tiene es solo un tajo hendido, que, como en otra parte dijimos, consta de solo un movimiento violento y natural, sin que para formarse haya ninguno remiso, sino solo alzando derechamente el brazo en alto, y volverlo a bajar con gran fuerza: Por qué se afirma el Moro en ángulo obtuso. y para esto se fundan en esta confianza (las veces que pelean con Cristianos), que habiendo levantado el alfanje en alto, hasta ponerse en ángulo obtuso, descubren el cuerpo, para que el de la espada, viendo aquella disposición de herir, se aficione a ello: y que esta herida sea de estocada, por no haber lugar para otra herida, y cuando esta la vaya a poner en ejecución, como el alfanje es tan ancho, de fuerte temple, y agudo corte, bajarlo con gran furia, para cortar la espada: y viendo al contrario, sin ella, matarle, o rendirle. Y esta confianza (aunque falsa) la han ido fortaleciendo, por haber visto, que algunas veces les ha sucedido como pretendieron, por la inconsideración y poco saber de aquel en quien sucedió: porque si él tuviera conocimiento de los medios y distancias, y juntamente conociera la desigualdad de las armas, y la ventaja de la suya, y no careciera de la cierta noticia de los movimientos, y naturaleza de cada uno, e hiriera con la consideración conveniente, y supiera valerse de los movimientos que no son para herir, sino de disposición para poder herir, y el tamaño que han de tener estos movimientos: y así mismo cómo se ha de distribuir la fuerza, y cómo siempre ha de quedar alguna reservada para su defensa. Permitido es vencer un engaño con otro engaño. Y últimamente, saber, cómo es permitido vencer un engaño con otro engaño: pues, como decía Lisandro Lacedemonio, donde no alcanzare la piel del León, se ha de añadir la piel de la raposa: dando a entender, que aquello que no se pudiere hacer con industria y engaño, que es muy propio de la raposa, no se hubieran visto en tantas confusiones, peligros, muertes, y privaciones de libertad como han padecido, pues la experiencia, industria y arte tienen ya fabricados medios convenientes, y de bastante potencia para resistir las vejaciones referidas, y ofender: porque si al movimiento natural, respecto de su eficaz potencia, para ofender al resistente, que delante se le pusiere, viniendo ya fortalecido con partes del propio movimiento y fuerza, no se le puede resistir: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ325DE LA VERDADERA DESTREZA. Tartalla, común sentencia primera. pues, como dice Nicolao Tartalla, cuanto más un cuerpo grave viniere de mayor altura, con movimiento natural, tanto mayor efecto hará en el resistente, no por eso se le quita la potencia, y saber al hombre, para que deje pasar aquel movimiento tan irreparable, y pueda herir después de acabado aquel ímpetu y aceleración que trae: así por la fuerza comunicada, como por el amor natural que el alfanje trae para llegar a su centro, que es lo que propiamente decimos: Herida después de tiempo. Lo que se puede hacer contra el alfanje. Y así mismo, si tuviese distancia y medio tan conveniente, que así por la largura de la espada, y virtud del ángulo recto, como por afirmarse el Turco en ángulo obtuso, podría herir, con la presteza que se requiere, de estocada, y puntualmente salirse a medio de proporción: para que cuando bajase con su terrible tajo hendido, pretendiendo coger el brazo y espada, fuese muy al contrario, y estuviese ya libre, y aun ofendiéndole con otra estocada en los pechos, o con un tajo en la cabeza. Lo que se podrá hacer contra el alfanje. Y no menos podría valerse de los acometimientos, y de ellos sacar heridas como quisiese de estocada, o tajo, sin poner la imaginación en el alfanje, que le está amenazando, sirviéndole como de coco al niño, que le amenazan con aquello que lo le ha de ofender: ni ellos tendrían tanta arrogancia como tienen, ni se atreverían tantas veces como se atreven, ni los nuestros tendrían tan poca confianza de su defensa, ni yo trabajo en procurar declararlo: pero con que sea para aprovechamiento vuestro, y de los de nuestra nación, y de los demás profesores de nuestra Fé Católica, lo daré por bien empleado, y mucho más que sea: y para más declaración, y más fácil entenderse, me pareció poner esta demostración, y efigie de Turco, afirmado como ellos se afirman, que así por la experiencia que tengo de algunas veces que con ellos me he visto en campaña, así en su misma tierra, como en la nuestra, como por el estudio y especulación, lo podré testificar, y en las demás demostraciones se pondrá el orden de cómo os habréis con él, ofreciéndose ocasión con que vuestro contrario quede vencido, y vos ufano con la gloria del vencimiento. El medio de proporción que se ha de elegir contra el alfanje. Pero antes de que entremos en las demostraciones, conviene avisar del medio de proporción que se ha de elegir contra el alfanje, para prevalecer contra él: contra el cual, así por su cortedad, como por afirmarse en ángulo obtuso, tan desigual e inferior al recto, podréis elegir el medio de proporción, conforme os avisé en el de espada larga contra la corta, que es poner la guarnición de la espada junto a la punta y remate del alfanje: pero porque esto no se puede, por estar apartado del ángulo recto, es menester conocer la distancia, y ponerla en aquella en la que el alfanje podría llegar si bajase: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA326CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS porque desde allí, no será posible alcanzaros a herir, si no fuere con movimiento de cuerpo, y este muy conocido: y es la razón, que como el brazo tiene de largura cuatro rostros (según los estatuarios), midiéndolo por la parte de adentro, y por la de afuera, por lo que sube el hombro dos tercios más: y además de esto, desde el principio del brazo, por la parte de dentro, hasta el pecho otro tercio más: y de estos se vienen a hacer dos pies y medio geométricos de largo: y así el compás que hubiere de dar para poder alcanzar a herir, ha de ser de cantidad de los dos pies y medio, a quien los Geométricos llaman pasada simple (como adelante declararemos), y el movimiento vuestro será tan breve, que le sea tan imposible conocerlo como remediarlo. Objeción contra la espada, a favor del alfanje. De este medio de proporción tomaron algunos motivo para poner una objeción, pretendiendo cogerme (como dicen) con la mentira en las manos: y fue decir, que en el medio de proporción de la espada corta contra la espada larga, dijimos, que la corta llevaba muchas ventajas a la larga: y que con ella iba más seguro el que la llevase, manifestándolo con ejemplos: y que el alfanje ha de gozar de esta preeminencia, si es cierta, pues es menor que la espada, casi la cuarta parte: y por satisfacer a esta, y cerrar la puerta a otras semejantes: Digo, que cuando el alfanje fuera en todo semejante a la espada, y tuviera las mismas proposiciones, y se afirmara en el ángulo recto, y tratara de atajos, que es el impedimento universal contra todas las heridas, y con el que se matan todos los movimientos que tenían razón, en que el alfanje había de ser superior a la espada (cuando el de la espada no supiese elegir su medio de proporción, y proporcionado, para las heridas contra él), pero siendo las armas tan desiguales, los ángulos y posturas tan desiguales, los movimientos y heridas asimismo desiguales, forzosamente le ha de quedar a la espada ventaja desigual, así por las razones que ya dimos, de no tener más que una herida, como por las demás que se mostrarán en las demás demostraciones. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ327DE LA VERDADERA DESTREZA. El Turco, cómo se afirma, y cómo se le ha de herir. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA328CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS El de la espada hace acometimiento de punto A a punto D. Muchas cosas tienen reputación, y son estimadas, y algunas veces causan admiración, no tanto por su valor o mérito, cuanto por la flaqueza e inconsideración de los hombres. Y que esto sea cierto con las razones que hemos dado de la espada y alfanje, la potencia y disposición de la una, y las pocas partes del otro, queda verificado, pues con solo verlo los hombres afirmado en alto, se atemorizan y espantan, pareciéndoles, que un rayo del Cielo que los amenaza: pero este asombro, de aquí en adelante se podrá quitar, pues quedarán manifiestas las partes por donde al Turco se le podrá herir, y quedar con defensa: no obstante, que el movimiento que ha de hacer para la herida, después de haberse afirmado en el ángulo recto, haya de ser natural, cuya brevedad casi es incomprensible: porque es cierto, que a una fuerza fuerte se puede vencer con arte e industria. Y porque se vayan particularizando todos los movimientos que manifiesta la demostración, nos será forzoso comenzar por el primer punto, D, el cual lugar y movimiento, no es para herir, sino para de él sacar herida: disponiendo el cuerpo en tal medio y distancia, que venga a conseguir el fin intencional, a quien se llama fin perfecto. Y aunque desde punto A podríais hacer movimiento, que bastase a llegar, y herir al cuerpo contrario, no conviene: porque, como el movimiento natural es tan breve, bajaría el alfanje al punto que llegase vuestra espada, y la llevaría de encuentro. Y esto ha sido el daño de los que han padecido las desgracias que quedan referidas: y así conviene, para ofensa suya, y defensa vuestra: que habiéndoos afirmado en punto A, que es el medio de proporción que dijimos, y viendo a vuestro contrario afirmado, haréis un acometimiento perfecto de herirle, solo llegando a punto D dando un compás, que tenga solo un pie de largo, y cuando mucho sea la mitad de la distancia que hay, que como dijimos, es de los dos pies y medio: y la ejecución de la herida, y heridas en las demostraciones siguientes se manifestará en particular. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ329DE LA VERDADERA DESTREZA. Cuando bajare el alfanje a cortar la espada, librarla y herirle recto. Aquel que en sus obras procede sin consejo, por demás trabaja deprisa, con vehemente deseo de conseguir lo que pretende, porque le será imposible el conseguirlo: Y que esto sea cierto, presto lo veremos en un inconsiderado movimiento que hace el Turco, con ánimo y deseo de coger la espada que le va a herir, y cortarla: pero le saldrá incierta su pretensión, si el de la espada obrare con alguna consideración: supuesto, que el Moro, o Turco jamás forma herida de primera intención, particularmente cuando pelea con Cristiano, sino solo le está aguardando con el alfanje en alto, a que le vaya a herir, para el intento de cortar la espada, como está dicho: y así, habiéndoseos ofrecido tal ocasión, y elegido el medio de proporción: y habiendo hecho el acometimiento en punto D, si en aquel mismo punto bajare el alfanje a cortar la espada, tendréis mucho conocimiento de aquel movimiento: y al punto que bajare, que forzosamente irá a parar detrás de su espalda, por la mucha fuerza que para el tal movimiento se aplica, y libraréis vuestra espada por encima de su mismo brazo derecho: de tal suerte, que el golpe sea en vano: y al punto que el alfanje pasare de entre los dos cuerpos, pasaréis desde punto D que es donde se acaba el acometimiento, a punto E con solo un pie de compás, hiriendo en los pechos con estocada, en aquel tiempo que el alfanje estuviere remoto: pero es de advertir, que este librar la espada, no ha de ser con movimiento de todo el brazo, sino de solo la muñeca, así porque así conviene, como porque podría dañar la tardanza del movimiento más largo. Y habiéndole herido, estaréis con mucho más cuidado, para conocer los demás movimientos que puede hacer: de los cuales iremos manifestando el peligro, y avisando el remedio. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA330CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Esta es como la pasada, solo difiere en ser el compás un poco mayor. Los negocios y casos del mundo, que muchas veces vemos, y las cosas que muchas veces experimentamos, nos avisan y enseñan, cómo hemos de usar de ellas: porque el tiempo presente es discípulo del que pasó, y maestro del venidero: y porque si en la herida de punto E hallareis alguna dificultad en el obrarla (no porque ella en sí la tenga), sino por respecto de estar el lugar donde queda el cuerpo algo cerca del contrario, y entendiereis que allí no hay bastante seguridad (que sí, hay, respecto de la distancia que es convenible, y por el largo movimiento que ha de hacer para volver a herir). Porque esta confusión no os aflija, y el trabajo y cuidado de andar haciendo experiencia, dónde será el lugar cómodo para herir, no os canse, determiné poner esta demostración: a la cual advertiréis, porque es lugar tan libre para poder herir, que no solo no tendrá peligro, pero ni aun sospecha de tenerlo, así por el perfil del cuerpo, que en tal distancia se gana, como por quedar el alfanje tan remoto, y ser el movimiento muy largo: y en cuanto el obrarlo, lleva el mismo orden que la primera, que habiendo hecho el acometimiento hasta punto D, si bajare el alfanje con el movimiento natural, dejarlo pasar, librando la espada por encima de su brazo, y alfanje: y pasando a punto F le heriréis de estocada en los pechos, recto el brazo. No porque no baje el alfanje se ha de quedar sin herida. Pero es de advertir, que si habiendo hecho el acometimiento, no bajare a cortar la espada, no por ello habéis de quedar sin herirle: porque entonces podíamos decir, que era treta vulgar, que se obra mediante la voluntad ajena: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ331DE LA VERDADERA DESTREZA. Nota. porque considerada la poca distancia que habrá desde la punta de vuestra espada, hasta su cuerpo, y el brevísimo movimiento con que le podréis herir con estocada ságita, y casi sin mover los pies, sino solo inclinar un poco el cuerpo, le heriréis: pero es necesario tener mucho cuidado de librar la espada, cuando bajare a cortarla, y herirle de las estocadas que os he avisado, y también con los siguientes. Cuando bajare el alfanje, herirle de tajo. Este es universal, Carranza, declaración folio I. Cuantas más veces una cosa se mira, tantas se toman de ella nuevo juicio y consejo: porque siempre se va descubriendo y conociendo la misma cosa, y sus partes: esto se ve muy y más particularmente en las armas: porque, aunque son las heridas generales tan pocas, como son tajo, revés, y estocada, cómo se afirman los hombres en diferentes posturas, y con diferentes ángulos y extremos, así para su aplicación es menester diferentes medios, y se va haciendo conversión de unas heridas en otras, conforme a las ocasiones, y se van aplicando conforme al ingenio del Diestro: Carranza, folio 33. Pues, como dice nuestro autor, este se manifiesta, en que cuando la espada ha acertado, o errado su herida, saber cuáles movimientos son los que sacan a la espada del lugar peligroso que tuviere para entrar en orden: y en saber qué tretas han de seguir unas a otras, para que el adversario se confunda con la variedad de ellas, y se amedrente, viendo la poca coyuntura que tiene para defenderse: pues sabiendo bien el orden, saldrá siempre el Diestro con su pretensión, como así mismo os sucederá a vos, teniendo el mismo conocimiento, en que cuando hayáis hecho el acometimiento de estocada en punto D, conozcáis el movimiento contrario cuando bajare a cortar vuestra espada: y que el que vos hiciereis para librarla, como os he avisado, es el que la saca del lugar peligroso. Y habiéndola librado, pasaréis desde punto D hasta punto H, formando un tajo en el punto que su alfanje quedare remoto. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA332CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Esta herida es universal. Y porque no se estima aquello que no se conoce, ni se sabe su valor, os advierto, que este atajo es universal, según doctrina de Jerónimo de Carranza en su declaración: pues dice, que tretas que se convierten son aquellas que acaban de tajo, comenzando en estocada, o comenzando de revés, acaban en tajo, y son universales. Y esto os aviso, para que en mayor estima lo tengáis, y más confiado lo obréis. Si por no hallar con el primer movimiento, la espada, quisiere arrebatar, herirle de estocada. Muchas cosas hay, que aun sin doctrina, nos enseña la naturaleza a obrarlas, y en particular, aquellas que son para nuestra conservación y defensa. Y aunque me quise excusar de poner esta demostración: así por la consideración dicha, como porque, hallado el principio, es fácil proseguir adelante, al fin quise más que hubiese algo que desechar, que no que quedase un punto que desear: aunque esta herida no es de las de menos consideración e importancia: pues para ella ha de preceder un cierto conocimiento de un furioso movimiento, a quien en la común Destreza, dicen: Arrebatar, de que también usa el Moro: y esto es cuando del tajo hendido no acertó a la espada, y la espada le quiere herir en el pecho, que, como no la halló con el primer movimiento, vuelve con gran furia, a arrebatarla de revés así, con intento de cortarla, como de sacarla de la mano: Y para librarse de este movimiento, y ofenderle, es menester mucha consideración y conocimiento de los movimientos, así del primero como del segundo: y os importa advertir: que si al acometimiento que hiciereis, bajare el alfanje para dar a vuestra espada, y habiéndola librado y herido en el pecho, llegando a punto E volviere de revés, para arrebatar y cortar vuestra espada, conociendo aquel movimiento, volveréis a librarla por encima de su brazo derecho: y cuando el alfanje LUIS PACHECO DE NARVÁEZ333DE LA VERDADERA DESTREZA. pase de entre los dos cuerpos, y lo tenga remiso en su lado izquierdo, pasaréis a punto L dando estocada en el pecho, recto el brazo: y si quisiere volver a cortar la espada, como primero, le podréis volver a herir a punto E F H, y esto tantas veces, cuantas hiciere al tal movimiento, guardando siempre los medios y distancias que he avisado. Al principio que fuere a arrebatar, herirle de revés. La honra y presunción del soberbio, muy presto se vuelve en deshonra, por tener (como tiene) los fundamentos de este maldito edificio en el aire de su arrogancia y abominables indignaciones. Digo esto por el Moro, que con arrogancia se pone contra un Cristiano, confiado en su fanfarrona arrogancia y desatinada presunción: pero de aquí en adelante, si con el Cristiano se atreviere venir a las manos, presto se le volverá todo al contrario, y dará en tierra con su cuerpo, y aún en el infierno con su alma, si para vuestra defensa ejecutareis bien las heridas que os he avisado: y así mismo, esta que no es de menos importancia, por ser ejecutada con la punta de la espada, que es la herida de mayor rigor, como por la libertad con que se obra. Esta herida es revés, y se obra por la misma causa y con la misma razón que la estocada antecedente, que es después de haberle herido en punto E, si quisiere arrebatar la espada, pasar desde el dicho punto E a punto P formando un revés a la cabeza, teniendo consideración, que cuantas veces hiciere estos dos movimientos, y cualquiera de ellos, le podréis herir con cualquiera de estas heridas, haciendo la conversión de unas a otras, como conviniere. Y con esto quedará concluida esta cuarta parte, y podremos dar principio a la quinta, de lo universal para contra todos los particulares que hemos tratado, y contra todos los hombres y todos los movimientos y heridas que se pudieren obrar y considerar: porque a todo esto se extiende su virtud, valor y calidad. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ335PARA TODAS LAS HERIDAS. QUINTA Y ÚLTIMA PARTE, EN QUE SE CONCLUYE CON LO UNIVERSAL, PARA CONTRA TODOS LOS MOVIMIENTOS Y HERIDAS. SE PONEN PRIMERO OCHO PUNTOS PARTICULARES PARA ENTRAR EN LO UNIVERSAL: SIN LOS CUALES NO SALDRÁ PERFECTO EL DIESTRO. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ337PARA TODAS LAS HERIDAS. PRIMER PUNTO DEL EJERCICIO QUE EL DIESTRO HA DE TENER PARA MÁS PERFECCIÓN SUYA. En cada una de las partes que al principio referimos, que ha detener el Diestro, veréis cuán importantes os serán para mayor perfección vuestra, pues con ellas se dispondrá en vos un sujeto cual convenga esta ciencia: pero advertid: que el Entendimiento, Ingenio, Memoria, Prudencia y Ánimo de que tratamos: lo uno se pierde, lo otro se entorpece, y lo otro se olvida, si le falta el ejercicio de que al presente tratamos. Y pues cualquiera de ellas fundamos en razones probables, no será justo que en esta hablemos de gracia, pues tantos y tan graves autores tratan de ella, en particular Plinio el mozo: que dice que no se conserva aquel lo que se sabe, si no se ejercita. Y Aristóteles: la ciencia que ejercitamos (en cuanto a nos) se perfecciona: y también Tulio, que en cualquier doctrina aprovecha pocos preceptos, si no hay continuación de ejercicio: y el mismo Tulio en su retórica, dice: que el Ingenio es como el hierro, que cuando no se ejercita, se cubre de orín o moho. Y que todo esto sea verdad, además de ser los autores tan graves, muchos ejemplos tenemos en todas las demás ciencias: pues vemos que el Teólogo, no se contenta con haber gastado veinte años en Salamanca, sino después en su casa, siempre está estudiando, y el letrado con haber gastado lo mejor de su vida en el estudio de las leyes, la demás que le queda la gasta con los libros. El Médico, no contento con su largo estudio y mucha experiencia, de día y noche está estudiando y ejercitando aquello que primero supo, y otros muchos que se pudieran referir: porque el Ingenio que no se ejercita, se entorpece, el ánimo y esfuerzo se pierde y acobarda, las fuerzas se enflaquecen y destruyen, y el ejercicio hace hábil y dispuesto al hombre, para acudir a su defensa: Galeno tiene por imposible vivir un hombre sano sin ejercicio. además de hacerle vivir sano, como dice Galeno, y tiene por imposible que el hombre tenga salud sin ejercicio: porque este es el que conserva la vida humana, vivificando el color natural: porque, según parecer de Médicos, echa fuera toda la superfluidad del cuerpo, vaporizándola por las secretas vías que la naturaleza le dio: de lo cual toda la virtud del cuerpo se alegra: y concluyen todos a una voz, que el hombre que debidamente usare el ejercicio, no tendrá jamás necesidad de otra evacuación para corregir los humores, y tener sanidad. Y por esto es justo (si quiera para vivir sanos los hombres) que se ejercitasen desde mozos, en cosas virtuosas, y que de ellas saquen o esperen sacar algún provecho, tomándolas por entretenimiento: con las cuales se excusarían algunas que ofenden al alma y cuerpo: porque estando ocupados en obras de virtud, hará hábito para adelante, que de lo contrario el hombre se aniquila, y casi se infama: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA338QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Licurgo mandó quitar los olores y baños a sus repúblicas. además de entorpecerse las fuerzas corporales, como está dicho, que es lo que quiso remediar Licurgo Legislador de los Lacedemonios, pues por ley expresa, mandó quitar a los hombres los olores y ungüentos que traían, y los baños en que se bañaban: y la razón que daba, era, que los baños enflaquecían las fuerzas corporales, y los ungüentos eran despertadores de vicios. El Rey don Alfonso VI destruyó los baños por parecer de médicos. Y el Rey don Alfonso VI, mandó destruir en todos sus Reinos, los baños: porque halló por parecer de doctos y experimentados Médicos, que disminuyan las fuerzas de los que habían de pelear. Sean pues vuestros ejercicios los que en otra parte hemos referido, que son correr, saltar, tirar la barra, jugar a la pelota, tañer y danzar, que son ejercicios tan virtuosos (siendo moderados) que sanan el cuerpo, ocupan el tiempo y ennoblecen al hombre. Plutarco avisa que nos ejercitemos. Este es uno de los preceptos que dio Plutarco, para la crianza de los hijos, viendo cuán importante será el ejercicio: pues dice, que los mozos se deben ejercitar en los ejercicios militares, como en tirar el dardo, y arco: debajo de lo cual se incluyen las demás armas: y los preceptos y reglas de sanidad, dificultan poderla alcanzar, si no hay ejercicio moderado: Con el ejercicio se alcanza buena disposición de cuerpo y fuerza. porque con él se cobra buena disposición de cuerpo y fuerza en los miembros. Y por esta causa aún en los viejos aconseja que no estén ociosos, sino que usen de ejercicios moderados y livianos, para que sus ánimos no se aflojen: Los viejos también se han de ejercitar. y que no porque la edad larga, impida el jugar a la pelota, o tirar la barra, han de dejar de ejercitarse en pasear y hacerse llevar de una parte a otra. Efectos del ejercicio. Así, que el ejercicio os hará más hábil, y aún, según Aristóteles, poderoso, pues dice, que la naturaleza hace al hombre hábil, y el arte le hace fácil, y el uso y ejercicio poderosísimo: que es lo que se puede desear para las armas y sus proposiciones: en las cuales, después de que sepáis algo de ellas, lo habéis de ejercitar muy de ordinario, imitando en esto al cuidado que ponían los Romanos, como verdaderos profesores de milicia: los cuales hacían a sus solados, que se ejercitasen en lo arriba dicho, para que LUIS PACHECO DE NARVÁEZ339PARA TODAS LAS HERIDAS. si se ofreciese el haberlo menester, estuviesen dispuestos a ello: y en particular, que se ejercitasen en aquella arma con que hubiesen de pelear. Lo que habían de hacer los capitanes con sus solados. Y en esto nuestros Capitanes habían de poner sumo cuidado, en ejercitar a sus soldados en las armas ordinarias que traen: porque si es costumbre sacarlos al campo, y hacer a los arcabuceros, tirar a puntería, dando algún premio al que mejor tiró y más cercano al blanco (hace esto para aficionar a los demás), lo propia habían de hacer con las dagas y espadas, y con las demás armas: pues en cualquier batalla (muchas veces) más se hace con ellos que con los arcabuces, y se ha visto en muchas ocasiones, dar la arcabucería, solo una rociada de una parte y de otra, y luego venir a las manos, y las espadas alcanzar el fin de la victoria. Así conviene que os ejercitéis muchos días en la Destreza, y en particular en aquella parte de ella de que os hubiereis de valer siempre en la ocasión de las veras: Séneca. pues es sentencia y amonestación de Séneca, que se ejercite antes de la obra el que en ella se quisiere hallar desenvuelto y fácil: Vegecio De Re Militari. y lo propio dice Vegecio en el De Re Militari, que de mucha más importancia le es al hombre, para en la batalla, el uso y ejercicio que mucha fuerza, ni malla fuerte: porque la fuerza muchas veces yerra: y la malla, más impide que aprovecha. Caso lastimoso por no ejercitarse bien en las armas. Y de no ejercitar con cuidado las armas, han sucedido a los profesores de ellas, grandes desgracias que pudiéramos referir: pero con la que le sucedió a don Juan Pimentel Conde de Mayorga, e hijo del de Benavente, caballero noble y esforzado, bastará, pues habiendo aprendido esta que llaman Esgrima, de un criado suyo que se tenía por maestro de ella, estando un día jugando con él, le mandó el Conde que fuese con rigor, y a matar, porque entendió que estaba tan bien ejercitado, como le prometía su maestro, para poder conocer e impedir todos los movimientos que se pudiesen hacer para herirle sin tener peligro: engañándose, como de cierto se engaña, pues estando jugando el hacha, con el rigor que el Conde había pedido, como sea muy diferente el jugar del pelear, vino a alterársele el ánimo con la imaginación de que iba de versas: en tal manera, que no comprendiendo un movimiento (porque el temor causa súbito miedo) le hirió el maestro al Conde en el rostro; del cual a los pocos días murió. Y de esta desgracia (cuando la Destreza fuera muy buena) fue la causa el no estar bien ejercitado. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA340QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL No se ha de decir jugar ni esgrimir sino ejercitar las armas. Y pues el peligro es manifiesto, ejercitaos muchas veces en cualquier herida, primero que la hayáis de hacer en las veras, y advertid, que si ejercitareis las armas (que así se ha de decir y no jugar o esgrimir, como vulgarmente se dice), Para ejercitar las armas no se ha de dejar la capa, ni espada ni daga. que no sea quitándoos la capa, espada, ni daga: porque os habituaréis a ello: de tal suerte, que cuando se os ofrezca alguna ocasión de veras, os hará embarazo, y querréis dejarla como antes: porque la costumbre de una cosa, tiene gran fuerza consigo. Nota. Y esto nos da bien a entender el ejemplo de los Romanos, pues a sus soldados hacían que cada mes se armasen de todas sus armas, más el peso que pudiese pesar la comida para tres días o cuatro, y de esta suerte caminasen un largo trecho, solo por ejercitarlos: y que cuando fuese necesario hacer lo propio forzadamente, que la carga y peso no les causase novedad. Y así mismo el contento que el Rey Antigo recibió viendo un día a sus soldados, que armados jugaban a la pelota, no haciéndoles impedimento el peso y embarazo de las armas, para acudir con los prestos movimientos que conviniere a tal ejercicio: y por esto puse junto a la demostración de los pies, la figura de un hombre con la espada en la mano, y su capa, como se la ha de poner: y además de ser provechoso, es sinrazón, que un hombre noble (supuesto que no ha de salir a plaza) en cualquier otra parte que tomare la espada, deje la suya: porque si ejercita armas, y entre hombres que tratan armas, no es justo que deje las suyas, porque queda un hombre hecho muñeco en cuerpo: Por qué en la Destreza ordinaria se acostumbra a quitar la capa, espada y daga. y el haberse acostumbrado en la Destreza ordinaria, ha sido la causa, que como trataban de ella gente ordinaria, en cuyas entrañas está escondida la malicia y la envidia, era necesario quitarse las armas, por las desgracias que siempre sucedía. Y pues los que han de tratar de esta ciencia, han de ser nobles y principales en quien está toda cortesía y crianza, no se puede considerar, imitaran estos, ni les será posible, aunque a ellos les estaría bien imitar a los nobles: y parecería bien, que cuando en público se ejercitasen, fuese como hemos dicho, con capa y espada, mudando la costumbre que hasta aquí han tenido, así en esto, como en las juntas que hacen para matar al que sabe algo más que ellos, que es lo que muchas veces he trabajado en mi Entendimiento, y con hombres de muy mejor que el mío: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ341PARA TODAS LAS HERIDAS. Duda extrañísima. he comunicado, cuál sea la causa de que en todas las demás ciencias, o artes, al que es más docto, más eminente, famoso Predicador, excelente Letrado, grandísimo Médico, insigne Filósofo, extremado Cosmógrafo, curioso Geométrico, elegante Retórico, admirable Músico, y celebrado Poeta, y en su arte más perito y curioso: a cada uno en su facultad le estiman en más, le quieran más, todos procuran su amistad. Y solo en el de las armas, al que más sabe, y más ha trabajado, quieren mal, le persiguen, y no descansan hasta quitarle la vida, debiendo ser lo mismo que en las demás ciencias: pues sin duda esta es obra del Entendimiento, como ellas. Y aunque a esto han dado muchos pareceres, todos me parecen son de poca o ninguna importancia (en cuanto a ellos), pero para disculpa de una sinrazón tan grande, por dos cosas en que me fundo: O el saber un hombre ejercitar las armas, y entender sus demostraciones, es natural, o es adquirido con trabajo y estudio: Si es natural, y que el Divino repartidor de los dones celestiales, quiso aventajar a uno más que a otro: por esta cusa le habían de querer más, estimar en más, y su amistad procurar con más instancia, como a hombre en quien la naturaleza se quiso extremar, por alguna causa reservada a solo el que la hizo, queriéndola dar a Juan y no a Pedro, como señor que es de todo: Si es adquirido con trabajo y estudio, por el mismo caso le habían de estimar y querer, teniéndole por hombre virtuoso, advirtiendo que lo propio podrían ellos saber, si trabajasen: Nota. porque no sería razón que un Castellano viejo, o Andaluz, que no supiese escribir (porque no lo quiso aprender), que a un Vizcaíno (cuya perseverancia en el escribir es increíble, y se deja entender, por excelentes escribanos que entre ellos hay), que lo desafiase para matarse con él, solo porque sabe mejor escribir: porque le podría responder, y con mucha razón. Que trabajase él otro tanto, y lo sabría. De suerte, que lo que ellos no quieren alcanzar con trabajo, lo quieren consumir con maliciosa envidia: Envidia honrosa de Temístocles. Aunque si esta fuese la que tenía Temístocles a su enemigo Milícades, por victoria que había alcanzado de los bárbaros en los campos Maratonios: la cual decía que no le dejaba reposar, sería provechosa, porque los haría codiciosos de saber lo que el más aventajado sabe: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA342QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Envidia maldita de Dionisio el viejo. pero no es esta, sino la que tuvo Dionisio el viejo: el cual no contentándose con ser el más principal tirano de aquel tiempo: porque no era mejor poeta que Filoxeno: y porque no igualaba a Platón en elocuencia, y en el disputar, pesándole y enojándose de ello, al uno desterró y echó en las Tomias y canterías, y al otro vendió por esclavo. De este mal uso deben nuestros Españoles huir, porque mancha y afea su mucho valor: y cuando se ejercitasen, y sus contrarios, ora por saber algo más, o por el descuido de ellos, los alcanzasen con un tajo, o les ofendiesen con un revés, o les ejecutasen alguna estocada, procurar saber la cusa y razón de por dónde de se formó y sucedió así, y remediarlo, previniendo el peligro para en adelante, acudiendo a sus maestros, manifestándoles lo sucedido, para que adviertan lo que convenga: Al enemigo conviene tomar por maestro. porque es cordura y prudencia grandísima, tomar a un enemigo por maestro, pues se no da de balde, para que nos aprovechemos y aprendamos lo que antes no sabíamos; y no juntarse luego a matar a aquel a quien le habían de agradecer el aviso, y tenerlo por amigo particular, pues avisa de por dónde está el peligro, y por dónde se han de remediar, y no poner el pundonor en que le llegaron al rostro, o les trocaron con la espada en el pecho: porque a deseo y dinero habían de comprar el hallar hombres, con quien fuese menester poner mucho cuidado para defenderse, tomando ejemplo en la república Romana, en no querer que de todo punto dejasen la guerra y contienda contra las demás provincias: Por qué la república romana no quiso dejar la guerra del todo. porque decían que los ciudadanos quedarían tan ociosos, que de todo punto se entregarían a los vicios: porque la seguridad, es madre de la negligencia: Así, que si no hubiese contiendas y presunciones y diligencias, de cada uno ser vencedor, ninguno habría mejor que otro: y la virtud y trabajo del estudio, no tendría premio: pero es cosa de admiración, que diciéndoles esto, a cada uno de por sí, dicen que es sinrazón grandísima, y que no es justo, sino querer y amar, y procurar la amistad de aquel que sabe más, por el beneficio que se sigue de ello: pero después, todos juntos, se vuelven a su abominable costumbre, olvidados de aquello que primero afirmaban, dejándose llevar de su más que maldito vicio. Y bien entiendo que de esta vez se ha de acabar este mal uso: porque confío en que cada uno ha de trabajar por saber, no queriendo quedar atrás: que es lo que a uno le hace aventajado. Imperfección de las espadas con que se aleccionan. También ha habido imperfección de las espadas, que hacen, así para aleccionarse, como para ejercitarse, haciéndolas tan delgadas y cortas, que traerlas en la mano, casi no se sienten: de donde sucede que cuando vienen a tomar las de la LUIS PACHECO DE NARVÁEZ343PARA TODAS LAS HERIDAS. cinta, como están habituados a las pequeñas, no las pueden mandar: lo cual habéis de advertir, que con las espadas que os ejercitareis, sean de la marca, y tan pesadas, o algo más que la de la cinta: porque además de criar fuerza en el brazo, acudiendo con ellas a los movimientos contrarios cuando sea con la otra, lo extrañaréis, ni os causará novedad: y soy de parecer (y muchos lo aprueban) que os ejercitaseis con espadas blancas, los filos botos y la punta con un botoncito pequeño, y sin zapatillas: Y la razón es, en lo primero la que da Séneca: que menos admiración tenemos de aquello que más continuamente tratamos. Y de ejercitaros con espadas blancas, cuando se os ofrecieren las veras, estando tan habituado con ellas, no hallaréis novedad ninguna, ni os causará alteración, que es la que muchas veces desbarata y amedrenta el ánimo, como lo probamos en lo sucedido al Conde con su maestro: y sin zapatillas, por razón, de que como son tan grandes, las que ordinariamente se ponen, los movimientos son muy conocidos: pero cuando la blanca llega, como su punta es tan delicada, muchas veces sus movimientos son incomprensibles: y finalmente en el enseñaros, ha de ser con el arma de la largura del color del peso, que la con que hubiereis de pelear, o defenderos, que con esto, si con una hiciereis bien, con la otra será lo propio, pues no hallaréis ninguna diferencia. Punto segundo de la razón que ha de tener el Diestro para pelear. Considero y tengo por cierto, que todas las partes, así exteriores como interiores, que ha detener el profesor de esta ciencia, que el Cielo con mano franca, os comunicó lo que basta para no envidiar a ninguno, ni dejar de ser envidiado de muchos: y aunque habrá algunos que alcancen algo de este caudal pues el tesoro de donde sale, es infinito, habrá pocos que sepan gastarlo con la cordura y prudencia que se requiere particularmente en este ejercicio, donde los hombres se van tan poco a la mano en muchos casos que podrían obviar, me pareció que cumplía con mi conciencia amonestar el gobierno, que se ha de tener, y el sufrimiento con que se ha de gobernar: porque alguno, viéndose con algún poco de caudal, así de las partes dichas, como de la Destreza, no se ensoberbezca, y ande cada día buscando pendencias, y dando ocasión a que las haya, como el día de hoy sucede a muchos, que por ser tan público y usado en el mundo no lo refiero: y solo guiados de una presunción vana, por dar a entender que saben, que son animosos, esforzados, atrevidos: y aun por mejor decir temerarios, lenguaje muy extraño del que habéis de usar, y los demás que profesaren esta destreza: porque el Diestro, mientras más lo fuere, más humilde, pacífico, quieto, y comedido ha de ser, guardando y cubriendo lo que supiere para su tiempo: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA344QUINTA PARTE DE LA UNIVERSAL Sentencia de Aristóteles. que esto es lo que Aristóteles traía escrito en un anillo: Más sabio es el que encubre lo que sabe, que el que descubre lo que no sabe. Y a este propósito dice Quintiliano, que mostrarse un hombre ignorante en las partes y lugares que conviene, que es gran prudencia: Cuándo se ha de dar batalla. pero cuando se hubiere de poner mano a la espada, sea con tanta razón (que es la que en el hombre ha de mandar) y tan justificadamente, que iguale con aquel dicho de Quinto Curcio, que dice, que no se ha de dar batalla sino cuando razón y necesidad se ofreciere: que entonces de loar será la Destreza, cuando el Diestro usare de ella en ocasiones tan forzosas, que se pueda decir defensa natural: la cual es permitida en ley natural. De la cual dice Tulio, que el hombre que vive conforme a ella, no puede dañar, ni hacer mal a otro: Fin de la Destreza, en qué está. porque mal preciará su poder, esfuerzo, y valentía, el que en ofender a otro lo empleare, ni tampoco está el fin de la Destreza, en buscar pendencias peligrosas, sino en vencer con Ánimo las que se le ofreciere forzosas, y que no las pueda excusar, que con esto cumplirá con Dios y con el mundo: pues es cierto, que la defensa es permitida. Y así dice Erasmo, que más cierto tiene el perdón el que se defiende, que el que acomete: y así al que guardare, y prosiguiere con esta consideración, se podrá tener por Animoso, considerado que esto dijo bien. Cuál se llamará valiente.