Cosa muy justa es, que con aquellos que no puede la razón, ni obedecen sus preceptos, que el miedo los tenga a raya, y reprima, y les haga (a su pesar) que en su corazón se encierre un congojoso temor del daño que ellos propios buscan y procuran, como en esta treta, de que hemos de tratar, se verá, que no queriendo seguir lo que está probado con larga experiencia, se apartan por mil inciertas veredas, de varias y confusas opiniones, que son causa de su perdición: pero no hay que espantar, pues dice Tulio, que entre los hombres hay más diferencias de Ánimos que de cuerpos: y sin más argüir, le podemos dar el crédito que su celebrada opinión merece, viendo por experiencia entre los que tratan armas, que cada uno se aficiona a aquella treta que mejor le está, que es la propia que su Ánimo le pide: unos se aficionan a tentar, porque sus Ánimos no les permite herir de otra suerte: otros, que tienen menos, llaman a su contrario: otros, tiran muchas estocadas de puño: otros, procuran derribar la espada de la mano: y otros, por no dejar llegar a sí a su contrario, porque el Ánimo no les ayuda, tiran muchos tajos y reveses rompidos, cada uno por estar más lejos de la espada y cuerpo contrario. Y de los tajos hemos de tratar, y declarar los movimientos de que se componen, que también son tres, con participación de los dos ángulos, como hemos dicho en otra parte. Y de esta manera, que de cualquier parte que se hallan, levantan el brazo, hasta encima LUIS PACHECO DE NARVÁEZ195Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. de la cabeza, con movimiento violento, y llega al ángulo obtuso: y desde allí, con mucha fuerza tiran un tajo, no a la cabeza, sino a los pies: con lo cual hacen movimiento natural, y bajan al ángulo agudo, y como le comunican tanta fuerza, pasa a su lado izquierdo, que es el remiso: y para haber de hacerlo, encorvan, o bajan el cuerpo, inclinando el rostro hacia el suelo: y el revés se forma desde donde acaba el tajo, volviendo hasta donde comenzó: y el remedio contra ellos, lo veréis adelante. Al principio del revés, librar la espada, y herir de estocada. De ignorar el medio de proporción, y medio proporcionado (de que adelante trataremos) y el tener poco conocimiento de las distancias, es causa, y lo será, que el tajo, que ellos hacen para apartar de sí a su contrario, lo sea de llegarse al peligro. La razón de esto, ni será muy difícil de entender, ni es cura para considerar: y aunque esta misma hemos dado otras veces, quiero seguir en esto el parecer de Quintiliano, que dice: que más vale sobrar en lo superfluo, que faltar en lo necesario: teniendo atención, que cada punto, es forzoso manifestar la causa de la ofensa, y el orden de la defensa: y, como ya dijimos, este tajo se compone de tres movimientos, violento, natural, y remiso: y para libraros de él, ofendiendo, habéis de tener atención, cuando acabare el movimiento natural, y comenzare el remiso, pasando su espada al lado izquierdo con presteza, pasaréis de punto A a punto B con movimiento de brazo y cuerpo recto: y si por estar vuestra espada cerca de su cuerpo (que es lo que decimos que no conocen) pudiereis con solo este movimiento tan corto alcanzar a herirle en los pechos, lo haréis, que en esto la distancia que hubiere, lo manifestará: pero si estuviere tan apartado, que LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA196TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, este movimiento no pueda tener efecto, haréis un acometimiento perfecto, como ya os avisé en la herida del llamar: y cuando vuelva a quitar vuestra espada con el revés, pasaréis de punto B, que es donde se acabó el acometimiento, a punto C librando vuestra espada por debajo de la suya, que no la encuentre, aunque muchas veces sucederá ser menester librarla por encima, por razón que el revés que hiciere será muy bajo: de suerte, que cuando él pase la espada del lado izquierdo, donde acabará el tajo, al lado derecho, formando revés, pasaréis a punto C como está dicho, dando estocada en los pechos, como lo señala esta demostración, sin encorvar en ninguna manera el brazo, solo con el movimiento de la muñeca, se ha de ir librando e hiriendo. Al principio del revés, formar tajo. Dice Tulio, que de ser las obras del Alma mayores que las del cuerpo, viene a ser más agradable lo que hacemos con el ingenio, que con las fuerzas: esto propio sucede en esta treta, en que pone toda su fuerza para tirar el tajo: y lo mismo en el revés, en tal forma, que la acción de la fuerza que le comunican, como es tan grande, es imposible dejar de proseguir su primer intento, a que determinadamente la aplican, sin que otra nueva determinación se aparte, para que se defraude aquella primera Voluntad. Me declaro, y digo, que cuando tiran el tajo con toda aquella fuerza, que en medio el camino no serán señores de mudar aquella especie de tajo en revés, o en estocada, por no dejar (como no dejan) fuerza reservada: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ197Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Nota. ni tampoco formando el revés, con la propia fuerza reducirlo a tajo, como muchas veces sucede al que corre cuesta abajo, que si en medio de ella quiere parar, no es en su mano, ni entonces es dueño de su propia Voluntad, ni cuerpo, para hacer que se sosiegue, antes a su pesar va corriendo, llevado de aquella fuerza que primero puso, hasta que llega a lo llano, que es el término y fin de la carrera. Lo propio sucede en esta treta, que habiendo comenzado el tajo, aplicándole la fuerza, ya no son señores de mudarlo en otra especie, sin que primero se acabe aquella acción primera, y lo propio se entiende con el revés. Pues si habiendo tirado vuestro contrario el tajo, y por no haber conveniente distancia para dar la herida recta, hiciereis acometimiento, y quisiere volver con el revés, pasaréis de punto B a punto D formando un tajo, que por la desigualdad que habrá de líneas y compases, esta herida es muy cierta, y confirmada con larga experiencia: y, como queda dicho, la fuerza que le comunicare al revés, a su pesar se habrá de acabar primero que pueda volver a formar otro movimiento en su defensa: y cuando vuelva, será tan tarde, que no tenga remedio, pues es cierto, que vale más un grado de maña, que diez de fuerza. Y en esto se mostrará la obra del ingenio, pues con facilidad vencerá a tan inconsiderados movimientos. Al principio de tajo y movimiento remiso, herir de estocada. Excelentes son, y dignos de estimar en mucho, los caminos tan varios y todos tan ciertos como esta ciencia nos enseña, para librarnos de cualesquiera heridas que el contrario formare: no solo por una parte, ni solo por un camino, sino por tan diversos, y todos con tal medida, y con tan extraño artificio, que podremos decir, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA198TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, que es al justo de todos los hombres altos, y bajos, coléricos, y flemáticos, cobardes, y animosos: y así mismo para cualquier herida, tajo, revés, estocada, o cuchillada, acometimiento, o desvío: y todas las demás, porque es sobre todas. Al fin, como señora universal, ella nos enseña y amaestra la defensa nuestra, y ofensa del contrario: y si como científico en ella, quisiereis diferenciar de herida contra el tajo que vamos tratando, no contentándoos con haberle herido, como hemos avisado, sabed que tenéis otros dos caminos, por donde herirle, si con diligencia os valiereis del principio del movimiento remiso, ya que se acabe el natural, y os pasareis desde punto A a punto E dando compás curvo, y desde allí le podréis herir con estocada en los pechos, que por causa del camino tan largo que hace la espada contraria: con el cual queda remota, le podréis herir sin peligro: porque si él quisiese volver a tirar su revés, vendrá a ser participando de ángulo agudo, y como vuestra herida ha de ser recta, y el brazo recto, aunque os estuvieses quedo, sería imposible alcanzaros a ofender, por lo que ya dejamos probado, que el ángulo recto alcanza más: pero si el revés fuese por la parte de arriba, será menester librar la espada por debajo, como os avisé en la treta del arrebatar, y herir de tajo, o estocada, siendo el compás diferente. Al principio del tajo rompido y movimiento remiso, formar revés. En esta última herida, nos podremos fundar en lo que dice Jerónimo de Carranza, folio 30, que cualquier movimiento, por fuerte que sea, se mide con otro movimiento más ligero que él: y esto servirá para que el tajo furioso y soberbio, que el contrario tirare, no os amedrante el Ánimo, ni os espante el verle formar con tan LUIS PACHECO DE NARVÁEZ199Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. arrebatado ímpetu, pues tenéis remedio para salir sin peligro: y la aplicación de este argumento, habéis de entender de esta manera (aunque hay otras muchas) cuando vuestro contrario hiciere aquel tajo, en que aplicare toda su fuerza, tan inconsideradamente, estando vos en distancia capaz de poderle alcanzar con solo un movimiento, tendréis mucha advertencia: y cuando haya bajado el movimiento natural, y pasado su espada de delante de vuestro cuerpo, haciendo movimiento remiso pasaréis de punto A a punto F con grandísima presteza, gozando de aquel principio del movimiento remiso: llevando y teniendo el brazo recto, formaréis un revés, ejecutándolo en la cabeza, sin entrar más que hasta alcanzarle con cuatro dedos de espada, que por la desigualdad que habrá de líneas, formando el tajo, formaréis vos revés, y le podréis herir, como otra vez avisamos: que cuando él forme revés, le forméis e hiráis con tajo, como también podréis en este punto, si queriéndole herir con el revés que os digo, por alguna causa acudiere a impedirlo, o formare reparo, o desvío, convertirlo en tajo, ejecutándolo en el lado izquierdo de su cabeza: aquí habrá de corresponder el compás de pies con la especie de herida: con esta prevención, que habiéndose de ejecutar en el lado derecho el revés primero, el compás que habéis de dar, ha de ser por el lado de la circunferencia de vuestra mano izquierda: y cuando hubiereis de herir de tajo, habrá de ser el compás por el lado derecho, que bien claro está, que con la desigualdad, que iréis obrando, jamás su espada os encontrará: pues cuando estuviere apartada a su lado izquierdo, vos iréis al derecho, formando revés: y cuando la trajere al derecho, vuestro compás será a su lado izquierdo, huyendo de encontrar con ella. Y esto baste para este punto, que lo demás que hay que poder hacer, el ejercicio lo hará tan fácil, que no haga falta en lo que aquí faltó. Otras muchas tretas hacen, de que pudiera proseguir y hacer gran volumen, y no por cansaros y cansarme, en cosas de tan poco momento, las dejo y remito a vuestro entendimiento, pues con lo dicho y el ejercicio, considerando el orden que llevan las hasta aquí dichas, impediréis las demás, pues aún son las de menos importancia: Tres heridas afamadas del vulgo. Aunque quedan tres, que por maravilla veréis hombre, que trate armas, que se atreva a publicarse por Diestro, si no las sabe, y en solo Teórica las manifestare tan claro que no hagan falta las demostraciones. Primera treta. La primera es, estando afirmados, querer herir en el pie derecho de su contrario: digo herir: porque ellos sustentarán que es herida, o al menos tienen voluntad de que lo sea: y a lo que he visto, no es sino un golpecillo, que cuando el filo de la espada, con que lo dan, fuera una punta de alesna [instrumento usado por los zapateros, compuesto de un mango de madera y una punta fina de hierro], no romperá el zapato: y esto procuran con tanto cuidado, que los veréis dar mil vueltas, buscando tiempo y aguardando ocasión para hacer su celebrada treta. Estaba por dejar aquí este LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA200TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, punto, pues en otros se ha declarado el peligro que tiene: pero por cumplir con el estilo y orden comenzado, apuntaré algo. En la demostración de los tres ángulos, donde probamos el recto alcanzar, mas está absuelta esta dificultad, con solo entender, que cuando baja la espada para dar en el pie, la viene a poner en el suelo, que es en punto D de la demostración dicha, y que alcanza menos que la recta de tres partes las dos, como lo señala la línea que baja de punto B a punto D, y no obstante esta ventaja, hay otra mucho mayor, aunque no conocida, que para herir en el pie, inclinan el cuerpo y lo llegan a la espada contraria. Pues si vuestro contrario quisiere herir en el pie, os defenderéis con solo estaros recto, sin poner de vuestra parte diligencia alguna, que el propio se herirá con las que pusiere, pretendiendo herir: y si la verdad se debe creer, yo os la digo, que se ha experimentado más veces en veras: y en competencia, que tiene letras este capítulo: y como no podían prevalecer con ella, unas veces ponían la culpa a la tardanza con que la hacían, otras a la espada, y otras al brazo: sin querer persuadirse jamás en público, ni confesar la causa verdadera de ello: porque hay algunos de ánimos tan obstinados, que quieren más morir en la cárcel oscura y tenebrosa de la ignorancia, que vivir en la agradable libertad de la ciencia: pero anden ellos por donde quisieren, confiesen, o nieguen lo que se les antojare, que como dice el refrán castellano; Todo ha de ser dar coces contra el aguijón. Segunda treta de manotada. La otra estimada lección, y muy más usada que la primera, es estando afirmado con su contrario, irle asegurando hasta que a ellos les parece tiempo conveniente, y entonces alargan el brazo izquierdo, dando una manotada a la punta de la espada, y metiendo el pie izquierdo, tiran una fortísima estocada de puño, que si con ella alcanzasen a un hombre, aunque fuese con espada prieta le matarían: porque en ella, sin consideración alguna, aplican toda su fuerza: pero raras veces se ejecuta: porque es tanto el temor que los unos y otros le tienen, que en conociendo que su adversario la quiere hacer, ponen suma diligencia en desgraduar atrás. Y de aquí ha nacido la veneración que le tienen, y la confianza que en ella ponen, que le parece al que la lleva o la sabe que va (como dicen) hecho un reloj: Caso sucedido. y lo que más es de notar, que ha sucedido haber salido a campaña a pelear un Diestro (a su modo) con otro que no lo era tanto a quien tenían lástima de lo que le había de suceder, y llegado a la ocasión, en media hora, el que era menos Diestro, no hacer otra cosa que tirar estocadas de puño, y con ellas entretenerse hasta llegar los padrinos, Disculpa de un bravo y Diestro. y hallar al Diestro confuso de haberse aprovechado tan mal de su Destreza, y dar por disculpa, que qué podía él hacer si el otro había tirado muchas estocadas de puño: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ201Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Opinión vulgar. y lo peor de todo es, que esta disculpa se la admitieron por tal, concediendo que tenía razón, que contra estocadas de puño aprisa, no había reparo. Y aunque nuestro autor, en el diálogo de la falsa Destreza, después de haber abominado (como es razón) esta treta, da razones equivalentes, a satisfacer a los que sin pasión procedieren, daré mi parecer remitiéndome al suyo en todo, y lo hago por avisar de camino de su remedio. Esta manotada (o coz) se hace con movimiento particular del que se forma la herida: y esta herida consta y se compone de otro movimiento, y para cada uno de ellos, es menester forzosamente tiempo, y no serán tan pequeños, que se dejen de conocer a tiempo que se puedan remediar: Nota. como lo podréis hacer, si vuestro contrario os quisiere herir con la manotada, advirtiendo cuando fuere a darla, que acerca el cuerpo a vuestra espada, y acorta la suya: y que esta manotada, la dan desde junto el rostro hacia abajo, y conociendo este movimiento, libraréis la espada que no la encuentre la mano, dando estocada en los pechos por encima de su brazo izquierdo, teniendo el brazo recto, saliendo en vano la diligencia de la manotada, porque no la ha de hallar: y para dar la herida, ha de ser dando compás curvo, que corresponda de vuestro lado derecho al suyo izquierdo, por si acaso en aquel punto se arrojare con su estocada de puño: que por la inconsideración con que la hacen, vendrá a dar de ojos adonde antes estabais. Y si quisiereis variar, podréis dejar de dar la estocada, y cuando quiera dar la suya, dar un golpe en la espada, y desde allí formar una treta doble, o cuchillada a la cabeza, dando el propio compás: y otros muchos remedios que en la Destreza verdadera avisaremos, que podréis ir aplicando. Treta tercera de brazal. Aunque se ha dejado el brazal para la postre (al parecer olvidado) no es la treta que ellos estiman en menos, ni hacen menos, ni aún confían menos de salir con victoria, haciéndolo antes, me parece, que es una de las mejores y más celebradas, y de quien se valen en las mayores necesidades, y al que llega a hacerlo con alguna gallardía, le celebran y dicen, que es singular hombre en las tretas y sobre todo, extremado en el brazal, que es tanto, como decirle, que es un Platón en Filosofía, o Baldo en derecho: y tengo un cierto género de vergüenza, de hallar tan justa causa de decir todo mal, porque se entenderá que es pasión particular mía, ser detractor de obras ajenas: y quiero caer en vicio tan abominable, cuando las razones que diere, no sean verdadero testimonio, y que convenza a cualquier Entendimiento desapasionado, LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA202TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Carranza folio 129. y me fundo en el parecer de nuestro autor que dice, que todas las tretas que están en voluntad del contrario, son falsas, y el fin de ellas dudoso, y no todas las veces se alcanza, porque depende el suceso de la voluntad ajena, y esta (el que no sabe) no fácilmente la sujetará: que esto queda reservado para el Diestro que lo fuere, de cierta y verdadera Destreza, que podrá irle obligando a que haga algún movimiento, para, mediante él, ofenderle. Y aunque parece que simbolizan estos dos términos, pues cada uno aguarda a que el contrario haga movimiento para herir, es con dos diferencias por parte del Diestro. Preeminencia del Diestro. La una, que cuando quiere herir de segunda intención, que es mediante el movimiento contrario, se dispone en tal forma y goza de tal medio, y tiene la distancia tan determinada, que lo que le falta de potencia para hacer a su contrario, que salga a su propósito, lo gana en herirle por otra parte, cuando no quisiere salir: lo cual falta al que trata la Destreza ordinaria, que si tienta la espada contraria para herir, mediante el movimiento que hiciere, si el que está tentado, no sale a su intento, es desbaratado el artificio de su treta. La otra que tiene el Diestro es, que si el movimiento, que aguarda, viene a suceder como él quiere, da su herida sin ningún peligro: y esto es al contrario en los demás: que cuando un hombre se determinase, y quisiere acudirles a su intento, la herida que dieren, y las que dan, como carecen de aquel cierto conocimiento que la ciencia enseña (y tratarles en distancia o medio de proporción, o proporcionado, será causa que le pregunten al que se lo dijere, si es del Preste Juan de las Indias, o si nació en las Antípodas, según les parecerá extraño), no tienen ni podrán tener certeza en ninguna cosa, como no la tienen en el brazal, que lo componen y hacen de dos o tres maneras. Cómo se compone el brazal. La una es: tentando la espada por medio, y cuando la libran, para herir en el rostro, meten su brazal, recogiendo en el brazo la espada contraria, metiendo el pie izquierdo, dando estocada de puño. Cómo se compone el brazal de otra manera. La otra se compone de diferente modo, poniendo la espada en cruz por de fuera de la contraria, y metiendo el pie izquierdo y brazo, sacando la espada por debajo del derecho contrario, y dan la estocada de puño en los pechos, teniendo la espada recogida en el brazo: y en alto, para poder pasar a hacer su treta. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ203Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Cómo se compone el brazal de otra manera. Y si cuando tientan la espada, el contrario forma algún mandoble, forman el reparo con el brazo, que para esto llevan prevenido, y armado con algún medio brazalete de cota, o acero en plancha: o al menos unos pedazos de tabla, y luego dan la estocada. Y aunque de otras diversas maneras se forma: al fin viene a parar en meter el brazal de una misma suerte. Objeción contra el brazal. En la primera se fundan mal: porque teniendo su espada tan cerca del cuerpo contrario, en qué razón cabe, que meta el brazo y pie izquierdo, pues que forzosamente ha de desviar el derecho; porque ambos juntos no pueden estar, y desviándolo acortan la espada: además de gastar mucho tiempo, así en el movimiento que hacen para el brazal, como para el desvío, y que en este tiempo, podrá el que lo hiciere ser ofendido por muchas partes, con esta consideración: Nota. Si con vos sucediere, que cuando os tentare la espada, aguardando a que salgáis a herirle, para hacer su brazal, en el punto que lo vaya poniendo por obra, libraréis la espada que el brazo no la encuentre, haciendo un medio círculo en esta forma Ɔ, dando herida debajo del propio brazo izquierdo, por tenerle tan cerca, mediante el compás que dio con el pie izquierdo, y la espada tan apartada, cuando el entienda que cogió, la vuestra podrá estar hiriendo en los pechos: y para esto será forzoso desgraduar atrás, hasta buscar medio: y podréis hacer esto con facilidad, porque su espada viene a quedar en ángulo agudo: y también le podréis herir cuando esté aguardando vuestro movimiento, que (según él quiere) ha de ser al rostro, hacer un acometimiento a él, y cuando quiera echar el brazal, formar un tajo a la cabeza y brazo, desgraduando un poco, buscando medio, y cuando traiga en el brazo los pedazos de tablas, el golpe, por ser natural, les lastimará de tal manera, que les pese, y más si se les da el golpe en la mano. Nota. Y esta es la causa, que muchos tienen estropeados el brazo izquierdo, y pasadas las manos, porque se han aficionado a este endemoniado brazal, y maldita manotada, y si el ímpetu y fuerza, con que se arrojare, fuere tanta, que con el compás que diereis atrás no pudiereis vencerle, habiendo formado el tajo, y quisiere dar su estocada, podréis dejar la ejecución de la cabeza, y acudir a impedir la herida, que lo podréis hacer con dar el golpe en la espada, que habíais de dar en la cabeza, y desde allí herir, y esto será cuando no haya tiempo para todo. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA204TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, La otra, que se compone haciendo el acometimiento por de fuera, tiene las propias heridas, y no difiere en más que hacer el contrario su brazal, mediante vuestro movimiento, o hacerlo sin él, con solo hacer el acometimiento: Nota. aunque tenéis otra herida, sabiéndoos aprovechar del principio de él, y cuando haga el acometimiento por de fuera de vuestra espada, podréis, dando compás curvo por la circunferencia de vuestra mano izquierda, formar un revés a la cabeza, que por causa de sacar la espada de delante de vuestro cuerpo, podréis ofenderle con lo dicho. Y con esto queda acabado el tratar de la Destreza falsa, pues estando enterado en la verdadera, no habrá punto a que no podáis acudir como la sepáis aplicar. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ205Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. LA CAUSA PORQUE SE PONE ESTA TERCERA PARTE. Porque en todo voy imitando a nuestro autor Jerónimo de Carranza, y así mismo el estilo que lleva en su libro, quiero mostrar la causa porque al principio se puso la Destreza ordinaria, si llanamente confesamos que es falsa, y con razones y demostraciones probables, lo persuadimos: Aristóteles. y en suma, el intento de ambos es lo que Aristóteles dice en el décimo de la Prioral, que muchas veces se ponen los ejemplos: porque los que aprenden, o aquellos a quien se quiere persuadir, conozcan mejor aquello que se les dice. Aben Ruyz. Para qué se ponen los ejemplos. Y como dice Aben Ruyz, Médico famoso, en el segundo de ánima de los ejemplos, no se busca la verificación de la cosa, sino la manifestación de ella. Carranza folio 64. Que esto sea cierto, lo da a entender en lo que dice Carranza, donde pone por ejemplo, lo que los Lacedemonios hacían embriagando a sus siervos, para que sus hijos y mancebos nobles, viendo tan abominable y torpe vicio, lo aborreciesen y siguiesen el camino honesto: como lo refiere Plutarco: Y el mío ha sido, viendo que no han querido huir de una inconsiderada livianidad, de una torpe y baja opinión, inventada por hombres de torpes y bajos entendimientos (que habiéndolo probado con tanta certeza, así en demostraciones, como por ejemplos, me da libertad que yo le dé a mi pluma, a que públicamente diga lo que siente de ella y de ellos), que confusa y ciegamente se arrojen a sus más que falsas apariencias de verdad, y que amen con tantas veras las causas de su propio daño, como si de cierto lo fueran de su provecho. Tito Livio. Y por esto he procurado (considerando lo que dice Tito Livio, que lo pasado es más fácil de reprender, que de enmendar) publicar y dar al mundo en pintura y dibujo, a la clara y sin metáforas, hasta los pensamientos: Quién tenía licencia de pintar a Alejandro. y aunque con el cuidado que he podido, he significado el ídolo falso de su Destreza, quisiera que fuera hecho por el celebrado pincel de Apeles, y el singular Ingenio de Lisipo, aquellos que del Rey Alejandro, solo alcanzaron licencia por edictos públicos, de poderle el uno pintar, y el otro dibujar, porque consideraba convenir a esto la grandeza de tan gran Príncipe, para que se pintara tan al vivo, con colores y matices tan proporcionados, que durara para mientras hubiera hombres: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA206TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Lo que hacen los vulgares para hacer sus tretas. así las tretas que hacen (hijas engendradas por la propia confusión y el engaño) como los cocos, los meneos, visajes, gestos, aquel regañar de boca, rugir de dientes, abrir de ojos, los bufidos desalentados, los sudores, las inquietudes, las vueltas por una parte y revueltas por otra, aquel doblar y torcer el cuerpo, que en su tiempo no les llevaba ventaja Arlequín el Italiano, para que cada uno por sí viese su propia figura, sus acciones y meneos, para que se avergonzasen de andar hechos matachines, así en movimientos o compases de pies, como en jerigonzas de cuerpo, que no lo han visto: Notad esto. que aunque Carranza lo manifestó, poniéndoles un espejo en que se mirasen, les ha sucedido lo que fue ordinariamente con los espejos cristalinos, que cualquiera que se mira en alguno, le hace buen rostro: y es causa porque nos miramos muy mesurados y compuestos, que si nos miráramos riendo, hablando, comiendo, andando, riñendo, regañando, cada uno vería su defecto, y cuando parece bien o mal: así, que no se han de mirar mesurados: porque el espejo no representa, sino la figura perfecta del que se mira a él: Mírense con cada uno de los meneos referidos, y quedarán espantados de verse: que de aquí sucede que vivan tan engañados consigo, que no quieran desengañarse ni conocer en sí sus defectos, y lo propio que defienden por su parte, aborrecen y vituperan en los otros. Pues qué es esto, sino ver público el defecto que el otro hace, pero, como luego se llegan a mirar al espejo, tan compuestos y graves, cada uno por sí se imagina sin segundo, siendo esta presunción la que los daña: El que más presume, sabe menos. Aquello es falso que nos priva de lo verdadero. porque el que más presume, es el que menos sabe: y el que más sabe, es el que menos presume. Y con esto vendrá en conocimiento de la falsedad que profesan: y que sea falsa, lo pruebo y digo: que aquello es verdaderamente falso, que nos priva de certeza. La Destreza, está fundada en ciencia, y esta es cierta, la que ellos profesan, les priva de ella: se sigue de necesidad, que ha de ser falsa, y tanto lo será, cuanto prive de mayor certeza. La Destreza verdadera, enseña científicamente defenderse un hombre de otro: la que ellos siguen, no les defiende, antes es causa de que los maten (como cada día sucede). Se puede entender sin ninguna duda, que es falsa y sin ningún fundamento científico. Duda por parte de la Destreza falsa. Aunque aquí se ofrece una duda o cuestión, que podrán hacer por parte de la Destreza falsa, los que la profesan, diciendo cuál sea la causa (que sí es falta como decimos) algunas veces aciertan con sus tretas, y las ejecutan: pues verdaderamente dos contrarios tan graves, como son certeza y falsedad, no se compadecen juntos: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ207Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Solución de la duda. a la cual se responde con autoridad de Platón y de Aristóteles, que dicen, que todo aquello que se hace, o es por naturaleza, o es por arte, o es por acierto, y esto último es la solución de esta duda, y de donde procede que alguna vez alguna de sus tretas llegue a cierta y verdadera ejecución, no poniendo de su parte más que el brazo instrumental: porque lo demás, no saben cómo se hace ni por qué causa se hace, que el acontecimiento es el verdadero inventor de ello: también, porque lo que muchas veces se trata, alguna vez sucede bien contra los que en lo uno ni en lo otro, jamás se han industriado: Carranza folio 144. y también por lo que dice Jerónimo de Carranza, que si alguna vez aciertan, es por yerro, y la más principal causa es el descuido del contrario: Pero la Destreza verdadera, es tanta su excelencia, tanto su artificio y tanta su certeza, que me tendría por ingrato, si en cualquier ocasión que suceda (que serán muchas) no pregonase sus grandiosas obras, aunque bien conozco, que por mucho que diga en alabanza suya, aunque fuera (que no puede ser) con tanta elegancia, como merece ya la ordinaria, como zahorí, publicase hasta los íntimos secretos de sus dañadas entrañas, no conseguiría mi intento: porque hay hombres, que para creer la verdad, tienen callos en el corazón: pero con esto doy un pregón general, de parte de la propia certeza que he manifestado, que si con tiempo no dejaren los confusos y oscuros caminos de la vulgar y falsa Destreza, que en tiempos, cuando no tengan remedio, a su pesar han de sufrir la pena que mereciere su maliciosa culpa: que si consideradamente lo mirasen, bastaba las recibidas por otros que las han padecido, y que ellos escarmentasen: porque no hay cosa tan eficaz para apartarnos de la culpa, como tener en la memoria la pena de ella: aunque bien considero que los hombres, para quien particularmente es hecho este nuestro libro, que son los nobles, discretos y de ánimos honrados, no solo dejarán la Destreza falsa, pero serán azote riguroso suyo, para ahuyentarla de sí: que con esto por dichoso y bien empleado daré mi trabajo, y mucho más que hubiera padecido. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA208TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, AVISO PARTICULAR, EN QUE SE DECLARA DE QUÉ ARMA SE PODRÁ UNO DEFENDER CON MÁS FACILIDAD. Quien de voluntad se guiare por la diversidad de los pareceres, que con tan poco acuerdo, y menos consideración, han dado y dan los que se quieren hacer nuevos inventores de la Destreza, ni su entendimiento tendrá quietud, ni su ánimo alcanzará aquel sosiego interior que tienen y gozan los que se guían por principios científicos: y mediante ellos, alcanzan la verdadera solución de aquello que tratan. El ejemplo en la mano lo tenemos, pues por maravilla encontraremos dos Maestros (aunque sean examinados) que llegados a tratar de la Destreza, no haya entre ellos mil competencias, queriendo cada uno favorecer sus tretas, y manifestarlas por mejores: de donde se puede inferir, que en ninguna hay certeza, pues el uno no conoce las del uno, ni el otro las del otro, ni todas constan de unos principios; y si por alguna de ellas quisiésemos dar sentencia en favor, preguntémosle a cada uno, cuál es la mejor, que ellos lo dirán. Y me admira una sinrazón tan grande, que siendo la Filosofía una misma en España que en Flandes, y la Matemática certísima, la que en todas partes se practica, y la Aritmética tan cierta en una provincia como en otra, y verdaderamente todas las demás cosas que tienen fundamentos científicos, sean todas unas en un Reino que en otro, y ya que difieran en las lenguas, el sentido no se muda: y que esta desdichada Destreza, la quieran hacer adúltera, como si ella no gozase de la propia certeza que las demás, como queda dicho: y no digo que esta diferencia haya de una nación a otra, de un Reino a otro, ni de una ciudad a otra pero de una calle a otra y de una casa a otra, y aun de un Diestro a otro: y estando rostro a rostro practicando una misma cosa, que es Destreza, que ninguno de ellos sepa lo que trata (al parecer del otro con quien lo trata) y que no disputen sobre quién sabe más estudio, y alcanzó mayores secretos de ella, sino cada uno dice, que lo que el otro sabe es falso, y sus tretas baladíes: porque a una de las estocadas defendidas, no le supo dar tres contras: oh pobre y desdichada Destreza; Nombre debido a la Destreza falsa. pero mal digo, que no es suyo este nombre, ni tal le llamemos, sino digámosle Babel, que es lo propio que confusión, pues tantos y tan diversos hombres, han querido fabricar en ella. Y porque ya esto cansa, y por mucho que se diga, aún hay más que decir, dejémoslo y trátese lo que más hace a nuestro propósito. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ209Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. Cuestión y opinión de los Diestros, sobre qué arma es mejor. Es cuestión muy reñida, cuál género de arma es la mejor, así como herir, como para defender: y como jamás se haya determinado, hay varias opiniones, sustentando cada uno la que mejor le parece. Unos han dicho que la rodela, porque es arma de cobertura, y para los reparos de la cabeza y cubrir el pecho es importante: sale otro contradiciendo al primero, y dice, que el broquel es el mejor, y se halla fundado como mejor le parece: otro contradice a estos dos, diciendo, que la espada y capa es sobre todo, porque esta sirve para cubrirse, rodearla al brazo y encapar al enemigo, como si fuera toro: otros dicen que la espada y daga, lleva mil ventajas: porque también puestas en cruz hacen los reparos a la cabeza: Finalmente, cada uno da su parecer, y no es porque clara y distintamente conozcan por qué la una es buena y la otra no tal, sino porque ellos se hallan bien con cada una de las que favorecen. Y porque oyendo estas opiniones, no os divirtáis, ni estéis neutral, sin saber determinaros, qué opinión seguir las iré declarando lo mejor que pudiere. Y comenzado por la espada y capa, a quien la opinión ordinaria ha introducido por muy buena para la defensa del hombre: persuadiendo con encarecimientos, que para los reparos es de mucha importancia, manifestando esto con apariencias más dignas de burla y risa, que de ningún crédito. Carranza, folio 120. Y no me atreviera a pedir que se le diese a mis razones, cuando no tuviera de mi parte, una que da Jerónimo de Carranza, por vía de objeción, que el que hace reparo con la capa, que se pone a gran pone a gran peligro en cualquier tiempo que lo formare, y en particular si se hace cuando el adversario lo puede alcanzar con la punta de la espada: de lo cual le sucederá muy al contrario de su pretensión, que en lugar de reparo, saldrá con ofensa, sin que su contrario la tenga, ni aun peligro de ella. Carranza, folio 27. Y si desapasionadamente quisieran escudriñar la causa, a pocas vueltas la conocieran, y vendrían a entender, que en aquellos movimientos circulares que hacen con el brazo para rodear la capa en él, que allí aplican la mayor parte de la atención, que es uno de los fundamentos de esta ciencia: y que la espada queda desacompañada de ella, para aplicar herida, y que no podrá darla y revolver la capa al brazo en un mismo tiempo: porque necesariamente para cada uno de estos movimientos, se requiere tiempo particular: además, que aquellos movimientos y vueltas que dan con la capa para rodearla al brazo: son circulares, y muchas veces vienen a cubrir la vista en aquel tiempo, que pasan dando la vuelta por delante del rostro, y no podrán salir bien de esto: si entonces su contrario tuviese medio para poderles herir, y lo podría, con solo dar un compás por la circunferencia de mano derecha, ejecutando la herida debajo del brazo en que tiene la capa, sin que sea parte para impedirlo, pues la vista (mediante la cual había de venir a tener verdadera noticia y conocimiento de la herida que se va formando contra él) la tiene impedida por aquella interposición que hace la capa entre los dos cuerpos. LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA210TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Pasemos adelante, y vengamos al rigor de todo, y digamos que el que tiene la capa, antes de que llegue a su contrario, la trae rodeada al brazo: por lo cual cesa el peligro dicho, y se quiere valer de los reparos, que es su intento particular, hallarán que padecen el propio peligro, por dos causas, de quien viene a producir un propio efecto. Y pongámoslo en cuestión: el que se halla con la espada, mueve circularmente, formando un tajo, que ya sabemos que va encaminado a la cabeza, y el de la capa, guiado de una no justa esperanza dice, que quiere recibir un golpe en la capa, que cuando mucho será a costa de tres o cuatro dobleces de esta, y quedará una estocada, que es lo más general que hoy se practica: digo que en solo esta confianza está su daño: y es la causa, que como el Diestro jamás forma tajos, reveses, ni estocadas, en los cuales aplique toda su fuerza, sin que con mucha consideración deje reservada alguna, para de ella (en la necesidad que se ofrezca) ir aplicando, conforme a lo que de la primera resultare, y la ocasión lo dispusiere, podrá mudar intento, Carranza, folio 163. valiéndose de lo que dice Jerónimo de Carranza: que del fin de los tajos, se forman las estocadas, con muy poca diligencia de la parte del Diestro, y viendo que su primer intento, ha de ser impedido, mediante el reparo, y este viene a cubrir la vista, como hemos dicho, poniendo la capa delante de los ojos, en aquel tiempo, aprovechándose de aquella fuerza que dejó guardada para mayor necesidad, formará la estocada dicha: además de quedarle su universal remedio, de que adelante se tratará. Oficio de la capa y espada. Y concluyamos con decir, que cuando al Diestro le fuese forzoso por alguna causa, valerse de la capa, dando con ella ayuda a la espada, le dé a cada una el oficio que buenamente pudiere hacer, sin forzar a ninguna que haga el ajeno, Carranza, folio 158. dando a la capa solo el desvío, como lo dice nuestro autor, quedándose la espada en los reparos, acometimientos y heridas, que para capa, le basta lo que decimos: y haciendo lo contrario será mandarle a la capa que hiera, y a la espada que desvíe rodeándose al brazo. Espada y rodela. De la espada y rodela se habrá de tratar, pues tan celebrada es en el mundo: y aunque lo que se dijere en el hecho de la verdad lo sea, no ha de dar mucho gusto, por la gran fé que con ella tienen: y esta no contradigo yo, porque cualquier arma es buena, si se sabe usar bien de ella, dándole su medio conveniente, no forzándole a más que aquello que lícitamente pudiere hacer. Y bien entiendo, que aunque esta materia la tratarán hombres de excelentísimos Entendimientos, no había de aprovechar para LUIS PACHECO DE NARVÁEZ211Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. persuadirles a lo cierto, como no aprovechó, siendo dicho por nuestro autor: y la causa, a mi parecer es, lo que dice Plinio el mozo, que con mucha dificultad se desarraiga la opinión recibida: pero valga lo que valiere, yo tengo que decir lo que la experiencia con mucha certeza me dicta, si lo creyeren, bien, y si no ella tendrá cuidado de, a pesar de los incrédulos, hacer que lo crean. El intento particular de los que usan la rodela, es cubrir el pecho, y favorecer la cabeza con los reparos: y a las estocadas procurar, que la espada se hinque en ella, para con seguridad ofender: y a esta causa han acostumbrado traer broqueles de corcho: porque tirando sus temerarias estocadas de puño, les dan broquel, y como no pueden mudar aquella fuerza que comunicaron (como queda dicho), clavan la espada en el broquel, o rodela: y las más veces es causa de su muerte, o a lo más barato perder la espada. Qué hará el Diestro contra la rodela. Pues con el Diestro, les sucederá al contrario, que formará sus heridas por la parte y lugar desembarazada: y cuando a alguna estocada suya, quieran darle rodela, para salir con su intento, le saldrá al contrario: pues llevando la acción de la fuerza, medida conforme la disposición y distancia que hubiere de cuerpo a cuerpo, mudará intento, y formará en aquel instante un tajo: Carranza, folio 163. Del fin de los tajos se forman las estocadas. pues como dice nuestro autor, del fin de las estocadas se forman los tajos y los reveses: y por el contrario formará un tajo, y cuando muy confiado vaya a hacer el reparo con su rodela, la convertirá en estocada, con solo hacer que el movimiento violento pierda algo de la fuerza que se le había comunicado, o con dilatar el movimiento contrario, dando compás curvo por la circunferencia de mano derecha, dando la herida debajo del brazo de la rodela (dejando aparte su principal remedio, de quien de por sí se ha de tratar, haciendo un epílogo de todas las tretas). Nota. Y que todo lo dicho pueda hacer el de la espada: la duda no es muy intrincada, ni la solución muy difícil. Lo primero, porque la rodela es tan grande, y los movimientos que con ella se hacen, son tan largos y tardos, que tendrá lugar para herir y prevenirse de remedio: No hay movimiento en instante. y cuando los movimientos fueran breves, como forzosamente cualquier movimiento ha de tener movedor: y este ha de ser cuerpo y brazo, y en este movimiento se ha de gastar tiempo: porque no hay ninguno en instante: el Diestro lo conocerá e irá haciendo conversión de unas heridas en otras, como convenga, y la rodela andará en continuo movimiento, respecto, que cuando comenzare a formar algún reparo, ya la LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA212TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, espada saldrá con herida muy contraria, y herirá de estocada recta, pudiendo hacer esto con más velocidad, que la rodela: y cuando solo quiera esto, y no herirle, le cansará y desalentará, en tal forma, que sin haber hecho efecto, le será forzoso retirarse, y cuando le quiera herir, podrá hacerlo sin ser visto, ni remediado por el de la rodela, pues con ella, en los reparos que hiciere, cubriendo la cabeza, por ser tan grande, no dejará la vista tan libre, ni el pecho tan cubierto, que por la ligereza que tiene el movimiento natural, antes de que la rodela baje, no le haya herido, como está dicho. Y lo propio se ha de entender con el broquel, aunque no con tanto rigor, por ser menor y más ligero: pero al fin no le quitará nadie al Diestro, que habiendo formado un tajo, si viere el reparo hecho con el broquel, que deje de dar en él, y dé en el brazo con que lo tienen: que por ser más pequeño que la rodela no lo cubre tanto. Y porque en el libro que está prometido, se ha de tratar todo esto copiosamente, avisando de cómo se ha de haber el que trajere cualquier género de armas: (como sea más que la espada) y así mismo el oficio de cada una, para que ninguno se engañe, por el peligro que se le podrá ofrecer: allí os remito. Espada y daga, armas ordinarias. La espada, y daga, que casi son armas ordinarias, que un hombre trae, llana y conocidamente se ve ser importantes para su defensa, más que las otras referidas, por algunas razones muy fundadas en ella: Carranza, folio 158. Muchas veces truecan los oficios la espada y daga. porque la daga (según nuestro autor) sirve para hacer desvíos, y tomar a su cargo algunos reparos menores, y aun muchas veces le ayuda a herir, trocando los oficios, hiriendo la daga, y reparando, o desviando la espada: finalmente ellas son armas ofensivas, y defensivas, y los círculos, que con la mano se hacen, son menores, y con más presteza, que con la capa, rodela, o broquel, y no hace aquel impedimento a la vista, que las demás, para poder conocer las determinaciones contrarias. De cualquier arma se defenderá uno con menos trabajo. De donde se viene a inferir, que con más facilidad se defenderá un hombre del que trajere espada y capa, que del que trajere espada, o broquel, por ser más breves los movimientos, así de desvíos, como de reparos, y menos impedimento a la vista, y con menos trabajo se defenderá del que trajere rodela, que del broquel pequeño, o grande, por causa de los tardos movimientos, y las demás cosas referidas, y con más facilidad se defenderá del broquel, que de espada y daga, por causa de poder ambas herir, conforme en el lugar que se hallare el que las trajere, y con menos cuidado andará del que trajere espada larga, que del de la espada corta, por la mucha flaqueza que va teniendo, conforme a la largura que se va acrecentando, y con menos cuidado LUIS PACHECO DE NARVÁEZ213Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. podrá el Diestro defenderse, y ofender del hombre alto de cuerpo que la pequeño: y la razón de ello queda declarada en el punto particular de conocer las complexiones, no porque cada cosa de estas deje de gozar de su medio particular. Y lo que tocaba tratar de cada diferencia de estas, en el segundo libro se dirá, que siendo nuestro señor servido saldrá a luz, si a este le quitaren el temor, con hacerle el acogimiento que la voluntad con que lo ofrezco merece: Carranza, folio 158. y en este trataremos de la espada sola, a quien Jerónimo de Carranza honra tanto, que le dice fiel compañera del hombre, porque sin favor ni ayuda de nadie hace sus acometimientos, reparos y heridas contra todas las otras armas, y le defiende, sin que ninguna de ellas haga falta. Y fue muy justo, que la espada gozase de este particular privilegio, porque no todas veces se halla un hombre con daga, rodela, o broquel, y aún muchas se halla sin capa: en particular los que profesan milicia, que habiendo perdido el arcabuz, o la pica, si es seca, solo se hallan con la espada, y con ella sola se podrán obrar maravillosos efectos en Destreza, como en este libro, y en el prometido se verán: solo querría que los hombres se desaficionasen de su propio parecer, y se dejasen guiar por la razón, y no por pasión: porque la Voluntad, que por ella se guiare, no puede tener buen fin: que con esto verían a la clara quién es lo que ellos aman tan de veras: que las cosas que sobre falsos fundamentos están fundadas, tienen tal propiedad, que mientras más se miran, más defectos se hallan en ellas: pero lo que es cierto y verdadero, lo que consta de principios y fundamentos científicos, siempre permanece de un ser estable y firme, sin jamás hacer mudanza en su firmeza, en las veras, ni en las burlas, aprisa, o despacio: y porque lo que de suyo es bueno, no hay necesidad de muchas palabras para loarlo, pues la verdad ella misma se encomienda: esto baste, y cuando con todas estas persuasiones no quisieren rendir su crédito, consideren, que de hombres prudentes es, no mirar tanto a lo que saben, como a lo que les falta por saber, y no sean semejantes a aquellos que se querían casar con la casta Penélope, que no pudiendo alcanzarla, se casaban con alguna de sus criadas: y con esto se contentaban. Trabajen por alcanzar la casta y hermosa Destreza verdadera, y no se contenten con la sucia cocinera de la falsa: y consideren, que los Entendimientos que se ocupan en artes inútiles, y sin fundamento, son mal empleados: y acuérdense de aquel celebrado dicho de Quintiliano, que dice, que fuera perdido el continuo trabajo, si alguna cosa mejor que lo pasado, no se pudiera hallar. Carranza, folios 162, 168 y 37. Antes de que entremos en los particulares de la verdadera Destreza, os quiero advertir de lo que Jerónimo de Carranza tanto encarga en todo el discurso de su libro, para que las heridas lleguen a verdadero efecto: LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA214TERCERA PARTE DE LA FALSA DESTREZA, Folio 2. este es un medio proporcionado, que como dice en su declaración, es la distancia determinada que tiene cada especie de herida en todas las armas: y así como hay cuatro especies, o diferencias de heridas, tajo, revés, estocada, y cuchillada: y de estas se derivan muchos ramos: así para cada una requiere su medio proporcionado, para conseguir el intento principal, que es herir, sin ser herido. Este es con que el Diestro se librará de peligro, este es el que mide los movimientos largos, o breves, de cualquier especie que sean: y así como el medio de proporción es un cierto conocimiento de la arma del contrario, ora sea larga, ora sea corta, y sin que él lo diga, el Diestro la mide, con tanta certeza, que no puede faltar: y de este conocimiento nace luego pedir al Entendimiento, qué herida se le ha de aplicar, según la largura del arma, o del cuerpo: así el medio proporcionado es una disposición, con la cual se alcanza, y consigue el efecto de su determinación, sin impedimento: digo sin impedimento, si el cuerpo contrario, que es el objeto de la herida, está dispuesto para ello, y no hace tantos movimientos atrás, y con tanta prisa, que casi le demos nombre de huir: que en tal caso, ya no faltará por parte del Diestro, ni de la ciencia, sino por la falta de la disposición del objeto. Carranza, folio 37. Y como dice Carranza, el oficio del Físico, es sanar, siendo la virtud del cuerpo capaz: así el Diestro, herirá estando el contrario dispuesto, aunque no todas veces podrá el contrario (después de que el Diestro haya elegido su medio proporcionado) retraerse atrás con tanta presteza, que aprovechándose del principio del movimiento, no lo comprenda, alcance y hiera: porque el medio proporcionado, es una distancia tan determinada y medida, es un lugar y sitio en que el Diestro se pone para ofender a su contrario: es una medida al justo de su movimiento, no obrada acaso, sino con mucha certeza: es un lugar y paraje en que el Diestro tiene cogidas todas las veredas y caminos por donde el contrario pueda salir a herir, para que no se vaya sin herida: y aunque sea el movimiento que hiciere muy aprisa (como no sea volviendo el rostro) le alcanzará, como queda dicho: porque el compás que diere atrás, será violento, y sin ninguna certeza, y el que se da para herirle, es natural. Que todo lo dicho se funde en razón, lo probaré con algunos ejemplos manuales, aplicándolos al medio proporcionado. Si afirmados dos con espadas iguales, estuviesen tan apartados, que solo las puntas de ellas se llegasen, y el uno quisiere herir con un tajo, o una cuchillada, claro está que no tendría efecto, por no haber elegido medio, y quedaría la espada contraria tan libre, que con pequeño movimiento pudiese herir: y lo mismo sería, si quisiese herir de estocada, o revés, y así mismo si determinase dar una herida a su contrario en el lado derecho, no lo acertaría, si el compás que diese fuese por la circunferencia de mano izquierda, y al contrario: de suerte, que ha de ser con tal proporción, que si quisieseis herir en el lado izquierdo, el compás ha de ser por la circunferencia de vuestra mano derecha: y si en el derecho de la izquierda: y con tal disposición, que cuando queráis LUIS PACHECO DE NARVÁEZ215Y LOS REMEDIOS CONTRA ELLA. herir, no sea con movimiento tan largo, que el contrario lo pueda conocer, impedir y dar herida: y con tal consideración, que habiendo elegido medio de proporción para reconocer el arma, y luego medio proporcionado para la herida, ha de ser con tal disposición, que cuando se haya de ejecutar, no sea forzoso dar nuevo compás: excepto cuando quisiereis meter el pie izquierdo, o desgraduando, saliendo hiriendo: y lo propio habéis de entender, queriendo herir de tajo, o revés, que no ha de ser tan desviado, que al levantar la espada, haciendo movimiento violento, os pueda dar una estocada, ni tan cerca, que con alguna manotada, o brazal os lo impida: que por esto se dice muy propiamente medio: porque carece de todos los extremos proporcionado: porque con el movimiento que el Diestro hiciere, no ha de sobrar en lo superfluo, ni faltar en lo necesario, que lo uno y otro dañará: y como dice Carranza, las propias heridas van dando una señal y aviso tácito de lo que cada una ha menester: que esto conoceréis, si en el obrar cualquiera de ellas, es con libertad y sin peligro. Y pues el ejercicio podrá manifestar el bien, o mal de cada una, hasta venir a su perfección, lo que aquí no se pudiere declarar, él lo hará fácil, y en las demostraciones se procurará declarar lo que se pudiere: porque no se puede todo. Nota: cuál es el medio de proporción, y cuál el proporcionado. Y habéis de advertir, que en cualquier demostración, donde señala punto A es el medio de proporción, y el punto B es el proporcionado para aquella herida que se ha de hacer, que tomando un compás, en todas ellas hallaréis una medida cierta para poder herir sin otro movimiento de pies: de suerte, que el de proporción perece y acaba, y permanece el proporcionado, hasta tener efecto la herida: y en cada una de ellas se irá declarando lo que más se pudiere. Advierta el Diestro, que importa. Solo resta advertiros, que todas las veces que ejercitaréis armas, que no aguardéis que vuestro contrario comience alguna treta, sino ganadle por la mano: y la razón es, que si vos le obligáis a una herida de segunda intención, eligiendo medio proporcionado para ella, ningún movimiento hará que de él no ejecutéis la herida: porque, como le llevaréis aquel movimiento de ventaja, cuando él haga uno, serán dos los vuestros, así de espada, como de cuerpo: y, sin ninguna duda, aunque sea en mucho tiempo, y muchos movimientos, llevaréis el primero de ventaja, para de él formar herida. Como por ejemplo: Dos hombres van caminando un propio camino, pero el uno lleva una legua de ventaja al otro: si a un propio punto comenzasen a caminar, cada uno desde donde se halla, cuando el que se quedó atrás hubiere andado la legua que el de delante tenían andada, ya este habrá andado otra: y andando igualmente, aunque la jornada fuese muy larga, siempre llevaría este ventaja, y jamás se alcanzarían: así el Diestro, si eligió su medio, ningún otro movimiento hará el contrario que al principio de él no le pueda herir, por la ventaja dicha: pues como dice Carranza, las tretas son formadas de los movimientos contrarios. Y con esto daremos principio a las demostraciones. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ217 CUARTA PARTE, EN LA CUAL SE PONEN LAS HERIDAS PARTICULARES DE LA VERDADERA DESTREZA, ASÍ DE PRIMERA, COMO DE SEGUNDA INTENCIÓN. ASÍ MISMO LOS TIEMPOS CIRCULARES, TAJOS, Y REVESES: Y DESPUÉS LOS REPAROS PARA TODOS ELLOS. Y ÚLTIMAMENTE LA MANERA COMO SE AFIRMAN LOS TURCOS CON SU ALFANJE: Y CÓMO SE LES HA DE HERIR, Y DEFENDER. ES PUNTO MUY CURIOSO, Y PROVECHOSÍSIMO PARA TODOS. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ219DE LA VERDADERA DESTREZA. Herida de segunda intención, cuyo nombre es, Estrechar, desviar, o necesitar al contrario. Carranza, folio 2. En la declaración del libro de nuestro autor, se ve a la clara el argumento de esta demostración, pues dice, que necesitar al contrario, es sacarlo de la buena postura que tiene, y hacer que se ponga en algún extremo. Folio 3. Y que estrechar al contrario en Destreza, es lo mismo que necesitar al contrario: este hacerle poner en extremo, quitándole de la buena postura, y necesitarle, es una de las libertades que la Destreza concede al Diestro, que pueda hacer, que su contrario se disponga en demostración, cual convenga para el efecto de la herida que lleva determinada, forzándole, a que haga algún movimiento, mediante el cual consiga su intento, que es herir. Y por ser el ángulo recto, según hemos comprobado, la mejor postura, y la que alcanza más, así para ofender, como para defenderse, así en el uno, como en el otro: porque un igual con otro igual no tiene poder (digo en cuanto estar ambos rectos, que en esto serán iguales) le será forzoso al Diestro (para esta herida que es de segunda intención) desviar la espada, quitándola de aquella buena postura en que estuviere, apartándola, y forzándole a que haga algún extremo con el brazo, o cuerpo, obligándole, a que haga algún movimiento, ora sea para herir, o para solo defenderse, en el cual tendrá flaqueza: y de esto le resultará herida: porque todas las heridas, como ya hemos dicho en otra parte, son por causa de los movimientos contrarios (esto en cuanto a las de segunda intención). LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA220CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS Esto es lo que Jerónimo de Carranza manifiesta en su libro, debajo del ejemplo: porque causa, si quieren derribar un toro, aguardan, a que tenga parte de los pies y manos levantadas: y entonces, arrimándole la lanza, con facilidad dan con él en el suelo, y dificulta el poderse hacer, si el toro está fijamente sobre sus pies y manos, sin moverse. De esta misma suerte, al que estuviere afirmado recto, no se le podrá con tanta facilidad herir, sino es forzándole a que haga algún movimiento con el brazo, o con el compás de pies, para del principio de él, formar herida. Y esta fuerza se le ha de hacer, estrechándole, y desviándole la espada, quitando, y apartándola hacia su lado izquierdo, que venga a quedar casi atravesada a su cuerpo, como si hubiera hecho movimiento remiso en esta forma. Habiendo elegido medio de proporción, desde un punto más afuera, por encima de su propia espada, pasaréis la vuestra, poniéndola debajo de la suya, y todo a un punto, dando compás curvo por la circunferencia de vuestra mano derecha, como lo señala esta demostración, desde punto A a punto B no entrando, ni llegando más el cuerpo a vuestro contrario: porque el movimiento que hiciere os sea notorio, y os halle en distancia conveniente, para el impedimento que se le hubiere de hacer, y con mucha advertencia, y gran consideración: en que la línea contraria (supuesto que ha de estar encima de la vuestra) no sobrepuje en mayor fuerza a la mayor flaqueza de vuestra espada, sino al contrario, con tal cuidado, que en el punto 4 de vuestra espada, esté el punto dos de la contraria, para que le seáis superior en fuerza, como podréis ver en esta demostración, y con un compás la podréis considerar, o examinar mejor: que esta es una demostración muy razonable, para alguna determinación que el contrario podrá tener, para impedírsela, y herirle. Esta demostración sirve para contra ambas Destrezas. Esta proposición podrá servir y aprovechar, así para el que profesare la Destreza ordinaria, como para el profesor de la verdadera, ora sea afirmándose curvo, o recto. Para el de la ordinaria, es como una manera de engaño, saliéndoles al camino a una treta suya, y de las más estimadas, y que de ordinario usan, a quien llaman: Tentar, pues con esta manera de obligar, vendría a quedar su espada tentando la vuestra, por la propia parte que ellos desean, y con tanta instancia procuran. Para el de verdadera Destreza, servirá de quitarle, como está dicho, de aquella buena postura que tuviere, estando recto, obligándole a que haga movimiento, poniendo el cuerpo (mediante el compás de pies que está dicho de punto A a punto B) en tal paraje y distancia, en tal medio y con tal discreta medida, que le podréis alcanzar a herir con vuestra espada, quedando él imposibilitado (desde aquel propio puesto) poderos alcanzar a herir con la suya, como lo podréis ver vos o el que fuere curioso, y medir con un compás, que en ella se hallará como se dice, que ha sido demostración que ha causado mucha admiración en los que profesan armas, ver que teniendo espadas iguales, cuerpos iguales, y brazos iguales, la libertad del Diestro llegue a tanto que se pueda poner en parte, que alcanzando a herir a su contrario, quede libre de este peligro: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ221DE LA VERDADERA DESTREZA. Duda puesta contra esta demostración. Y es argumento puesto por parte de los que han estado incrédulos de la verdadera Destreza, y con lo que han procurado prevalecer contra ella, diciendo, cómo pueda ser, que teniendo dos hombres espadas iguales y los brazos de una propia largura, pueda el uno alcanzar a herir, sin que el otro (pues su arma goza de la propia largura) pueda hacer lo propio, aunque ambos se afirmen recto, pies, cuerpo, y brazo, pues según su parecer, si habían de ser en esto iguales pues en lo demás lo son: y la solución de la duda han visto muchas veces con experiencia, no a su gusto, y los movimientos que el contrario podrá hacer para herir, teniéndole obligado, se irán manifestando lo mejor que pudiere. Si quisiere herir en el pecho, aplicar fuerza en flaqueza, hiriendo en el pecho. Si habiéndole estrechado, quisiere herir en el pecho, o rostro, herirle recto. Encarecimiento es muy usado de los maestros ordinarios, que a todos sus discípulos hacen, y con muchas veras encargan, que en ninguna manera se dejen tentar su espada del contrario: y en particular por medio: porque les parece a ellos, que poniendo el contrario la punta de su espada encima de los tercios de la suya, que allí está su peligro y muerte: y cuando no hubiere (como las hay) otras muchas razones para probar lo contrario, era evidente y bastante prueba, de ser mala, ver, que ellos la tienen por buena: digo buena, porque aconsejan, que en afirmándose, tienten la espada de su contrario: porque tienen por cierto, que en consintiendo, que tienten, le tienen sin ningún remedio herido: y por otra parte, que en ninguna manera dejen tentar la suya de él: y no consideran, que tentando la espada por medio, la que está tentada, está más LIBRO DE LAS GRANDEZAS DE LA ESPADA222CUARTA PARTE DE PARTICULARES HERIDAS cerca del cuerpo, del que tienta, que la suya del contrario, a quien ha tentado: y que estando más cerca, llegará más presto a herir: y quererles persuadir esto, lo tendrán a burla y rifa: pero la satisfacción de ello, remito a la demostración presente, donde se verá con certeza. Y considerando esto, tomad vos por bueno lo que ellos dejan por malo, y obligad a vuestro contrario, en la forma que hemos dicho, y vendrá a quedar su espada tentando la vuestra por medio: y si desde allí (como les es ordinario) cuando han tentado la espada del contrario, y ven, que no salen a herir (que es la ocasión que ellos dicen) hiciere un acometimiento, dando una gran patada en el suelo, a fin y con pretensión de que recibáis alguna turbación, o forméis algún reparo a la aparente herida, para cualquiera de estos casos tener lugar de ofenderos, sin haber hasta este punto dado compás de pies ninguno, sino solo levantar el brazo, y espada, con el acometimiento al pecho, o al rostro. Advertid, que los dos puntos de fuerza que le lleváis de ventaja, por tener 2 grados de fuerza de su espada en el 4 de la vuestra, además de estar más cerca de su cuerpo, que la suya del vuestro, como está dicho, os aprovecharéis del movimiento que hiciere cuando levantare la espada para hacer el acometimiento. Y pasando desde punto B donde le obligasteis, a punto C recogiendo la flaqueza de su espada en la fuerza de la vuestra, le heriréis recto en los pechos, apartando las espadas un poco hacia vuestro lado izquierdo, solo con el brazo: porque se desvíe del rostro la contraria, donde podríais recibir algún daño: y considerad, que ha de ser al principio de su movimiento. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ223DE LA VERDADERA DESTREZA. Si quisiere, dando compás, herir en el pecho.
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