MÉTODO DE ENSEÑANZA DE MAESTROS EN LA CIENCIA FILOSÓFICA DE LA VERDADERA DESTREZA MATEMÁTICA DE LAS ARMAS. _________ ___________________________________ EPITOME DE LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA, Y DESTREZA MATEMÁTICA DE LAS ARMAS, QUE A DE DAR EL MAESTRO AL DISCÍPULO. _________ ___________________________________ TRANSCRITOS POR EL INICIADO RODRIGO TUDELA VILLAFUERTE DIRIGIDO POR EL MAESTRO MARCELINO MIGUEL CASTRO ACADEMIA DE ESGRIMA LÁSER Transcriptor: D. Rodrigo Tudela Villafuerte: Graduado en ingeniería de recursos energéticos, combustibles y explosivos Máster en ingeniería de minas Iniciado de la Academia de Esgrima Láser Dirigido por: D. Marcelino J. Miguel Castro: Maestro en la disciplina de la Esgrima Láser Kigen de la Academia de Esgrima Láser Linares, 2025 El objetivo de esta transcripción y adaptación es facilitar la lectura del documento adaptando el texto a las reglas ortográficas de la actualidad. No se han hecho anotaciones al mismo, respetándose las originales del documento consultado. Se han introducido definiciones concretas sobre ciertos términos usados que no quedan definidos en el texto original. Para ello se ha usado el estándar del Glosario General de la Esgrima Láser a fecha del 03/04/2025, con el propósito de iluminar al lector para la plena comprensión del texto. Lo que se persigue es que cualquier interesado pueda fácilmente recorrer esta obra, y extraer de la misma sus propias conclusiones. NRA: AELMM20241120001 MÉTODO DE ENSEÑANZA DE MAESTROS EN LA CIENCIA FILOSÓFICA DE LA VERDADERA DESTREZA MATEMÁTICA DE LAS ARMAS. POR EL LICENCIADO LUIS DÍAZ DE VIEDMA NATURAL DE LA CIUDAD DE GUADIX. TRANSCRITO POR EL INICIADO RODRIGO TUDELA VILLAFUERTE DIRIGIDO POR EL MAESTRO MARCELINO MIGUEL CASTRO MÉTODO DE ENSEÑANZA DE MAESTROS EN LA CIENCIA FILOSÓFICA de la verdadera destreza matemática de las armas. Por el Licenciado Luís Díaz de Viedma natural de la ciudad de Guadix. A Don Bartolomé de Villavicencio, Caballero del Orden de Alcántara, etc. CON LICENCIA Y PRIVILEGIO. _________ ___________________________________ En Barcelona, en casa de Sebastián y Jaime Matevad, impresor de la ciudad, y universidad. Año de 1639. Aprobación del Capitán don Jerónimo de Torres y Meljar Capitán de infantería española por su Magestad en este Principado de Cataluña. Este método de bien decir y discurrir en materias de la ciencia matemática de la verdadera destreza de las armas. Este libro intitulado Enseñanza de Maestros en el reducir a la verdad este arte, he visto atento, por comisión y orden del Ilustre señor Miguel Juan Magarola, Regente en el Consejo de su Magestad del Rey nuestro señor, que Dios guarda, en el supremo de este Principado de Cataluña. Cuanto hay en él, es lo dogmático católico. En su enseñanza, docto. En lo laborioso, erudito. Y en el estilo, culto. Al fin, Libro de tal Maestro, que con razón le puso título de Método de la verdadera enseñanza de Maestros en la ciencia filosófica y matemática de las armas. Para los Maestros que supieren con arte reducirle a plática, es un rico tesoro, con cuya verdadera enseñanza podrán lucir los hombres en esta ciencia. Pues explica con tan modesto estilo las obras del Comendador Jerónimo de Carranza y del insigne don Luís Pacheco de Narváez, merece por justas causas darle licencia para mandarlo estampar. Este es mi parecer, salvo, etc. En Barcelona, 20 de noviembre de 1638. Don Jerónimo de Torres. Die 25. Novembris 1638. attenta approbatione supradicta Typis mandetur; Magarola Regens. Lo Compte de Santa Coloma Loctinent y Capita General. Per quant en nom de el Licenciat Luis Dias ‘de Viedma nos es estada feta relacio que ab grans treballs, y vigilies ha compost un llibre intitulat, Método de enseñanza de Maestros en la ciencia filosófica de la verdadera destreza matemática de las armas; lo qual defitja imprimir en esta Ciutat de Barcelona, suplicant tingam a be donar, y concedirli peral dit efecte licencia prohibitiva para temps de deu anys. Enos vista la aprobacio feta per persones insignes y eminens; a les quals per orde del Reverent Bisbe de Barcelona es estada comesa la regonexen fa, y censura del dit llibre, declarant en ella ser obra de gran utilitat, y digna de ser treta a llum, ho haven tingut, y tenim a be. Per tant ab tenor de la presente donam, y concedim licencia, falcultad, y permis al dit Licenciat Luis Dias de Viedma para imprimir, o fer imprimir lo preintitulat llibre en dita Ciutat de Barcelona, y altres qualsevol parts de la provincia. Manant espresamente a totos y qyualsevol impresora, y demes persones en aquest Principat y Comptats constituydes, y constituidores de qualsevol grau, estat, o condicio sien, que durant lo temps de deu anys de la data infraserita en avant comptadors, no imprimescan, ni vengan, ni imprimir fasen lo dit llibre sots pena de perder los que en altra manera se trobatran imprimits, mollos, y aparells de la impresio, é de sinch cents florins de or de Arago als Reals cofres aplicadors, y de bens de cada hu dels contrafahents irremisiblemente exhigidors, sots la qual pena diem y manan axibe a tots, y qualsevol Veguers, Balles, Sotsveguers, Sotsbatlles, y altersqualsevol Oficials majors, y menors, y Reals, com de Barons, que esta nostra licencia prohibitoria, durant lo dit temps tinguen, guarden, y observen tenir, guardar, y observa fasan si a mes dela dita pena en la desgracia de sa Magestat, desitjen no incorrer. Dat en Barcelona a 24 de Moviembre de 1638. Lo Compte de Santa Coloma. Vt. Magarola Regens. Vt. de Caldes & Ferran Regens Thesan. Michael Perez. Iu diuerforum Locum xxviu.fol.xxx. A Don Bartolomé de Villavicencio y Negron, Caballero del Orden militar de Alcántara, Capitán de infantería española, Regidor perpetuo de la Ciudad de Cádiz y Alguacil mayor del Santo Oficio de la Inquisición, etc. Considerando que habiendo de sacar a la luz este Método de Enseñanza de Maestros en la ciencia filosófica de la destreza matemática de las armas, me pareció por justos títulos y razones de dedicarlo a una persona en quien hayan acogida las ciencias, como es la de Vuestra merced. Lo uno por ser tan gran señor y porque conozco, que poniéndolo a la sombra de su nobleza, tendrá el logro que deseo. A quien suplico reciba este pequeño servicio de mis estudios, si bien en voluntad grande, como también es el deseo que tengo de acertar a servir a Vuestra merced cuya vida guarde Dios. etc. El menor criado de Vuestra merced. Luís Díaz de Viedma. Seis octavas, de un amigo al autor. O tu que hijo de Guadix te llamas, que ha brotado millares de eminencias, y eternizando nombres vuelan famas de su valor, nobleza, armas y ciencias. Hoy Luís Díaz de Viedma a todos llamas a gozar de tus largas experiencias, que es un moderno autor con los de antes un Argos puesto en hombros de gigantes. Y como el Argos con su vista alcanza a todas partes cuantas cosas mira, tu claro ingenio, que miró a Carranza en su principio, que el principio admira. Teniendo a Narváez nueva enseñanza, ya por tu ingenio, que a mayor aspiras, hoy tu libro será entre los más diestros doctrina, y enseñanza de Maestros. Y pues de aquella ilustre patria eres del noble Don Martín de Benavides, y de aquel Salomón llamado Mieres, uno eminente en letras, otro en lides, a los dos, y a Narváez imitar quieres, siendo de nuestra España nuevo Alcides, por ser de la destreza, y su enseñanza a luz de Don Luís, y de Carranza. Bien tomastes por norte amparo, y guía a Don Bartolomé Villavicencio, tan hombre, y tan bizarro, que a porfía con tu valor el suyo reverencio, va Virgilio, un Apolo en la poesía, en letras, y en valor Tulio, y Terencio, Escipión, y Alejandro le envidiarán si en el Gálico marrecucitaran. Honrad noble señor el don pequeño que Luís de Viedma ofrece a vuestras plantas, que aunque en Guadix pudiera hallar dueño de valor, y virtudes, y obras santas, aunque Mescua saliese al desempeño con obras de su ingenio, siendo tantas, solo podía imitar vuestra gran loa Don Lope, aquel famoso Figueroa. Porque armas, y letras todo junto mi corto ingenio ve en vuestra persona, que no pudo hallar mejor asunto para daros laurel, palma y corona, por vos la bisaria está en su punto, vuestra sangre, y nobleza es quien la abona, viva eternas edades tal mancebo, a quien puede envidiar el mismo Febo. Del mismo autor. Soneto. Si pudo hacer a Córdoba famosa Séneca, porque en ella fue nacido, hoy vemos que Guadix también ha sido por Luís Díaz de Viedma venturosa. Patria de quien se tiene por dichosa de haber tan gran maestro producido, que a tan breve compendio ha reducido ciencia tan eminente, y tan copiosa. Los que alcanzaron más en esta ciencia a quien la heroica fama ha celebrado es don Luís de Narváez, y fue Carranza. Y hoy se ve como muestra la experiencia, que no solo el autor les ha igualado, pero que más se ajusta a la enseñanza. Advertencias a los Maestros. El deseo y voluntad que tengo de que esta ciencia no le quede tan ajena a los hombres como está, me hace discurrir y trabajar en cosa que para mi caudal, y conservación, es de tan poco aumento, y de tantos disgustos y pesares. Cuando paso por la vista las soledades que lloraba el Comendador Jerónimo de Carranza en su libro, lamentando y diciendo: “No fuera mejor quitarme de esto y ganar de comer como Letrado, que no andar de noche y día pensativo porque me señalan con el dedo por las calles diciendo, este hombre es el búho de los diestros y valientes, el que riñe en latín cuando se ofrece. Habiéndome hallado un gran tesoro que los hombres jamás han conocido.” Al fin discurre grandes trabajos que cada día le pesaban, con lo que determinó dejar las armas. Pues si a tan varón censuraron, y hoy hay quien a mi gran Maestro Don Luís Pacheco de Narváez censuran, no me espantaré que de un corto ingenio, como el mío, censuren y digan. Prólogo al lector. Bien juzgo (discreto Lector) que a muchos hombres discretos y bien entendidos, viendo salir a plaza un hombre de tan corto ingenio como yo, donde tantos y tan llenos de fama han acreditado sus ciencias en la filosofía y destreza de las armas, censurarán ásperamente mi atrevimiento sino les persuado primero los motivos que tuve para ello. Este ha sido mi intento, y de este discurso, que servirá de consejo a los Maestros para templar su enseñanza, sirviendo de prólogo a este libro, de desengaño a mi osadía y de defensa a mis razones, satisfaciendo a muchos que en la filosofía y destreza, caminando con el norte de la verdad, no han acertado a él, y así diré mis principios. La afición en mi ha sido tan grande en razón de esta ciencia, que me ha llevado la voluntad y el pensamiento en tal forma, que trayéndome mis padres el estudio le dejaba, y siempre me habían de hallar en la escuela de las armas. Y gustaba el Maestro de verme dar lición a otros muchachos, contra haciendo sus liciones. Llegando a ser hombre me tuvieron por diestro. Y en este tiempo vinieron a mi patria muchos diestros, que decían ser diestros de la verdad, mas no la habían entendido pues no les aprovechaba; y así yo y otros amigos decíamos, que no había más verdad que la que nosotros sabíamos. En este tiempo vino a Guadix un caballero llamado don Gaspar de Rivera y Ávila, del orden de Alcántara, hombre muy científico en esta filosofía, y tan aficionado, que era su mismo centro el tener la espada en la mano. Hizo llamar a los maestros; vinieron, y se los llevó a todos. Corrió la voz y todos los que se tenían por diestros fueron allá, y entre ellos fui yo, y tomé la espada, y me hirió muy liberalmente. No digo lo que pasó con los demás, mas de que me fui admirado de que me hiriese, y que una herida que yo daba a lo estrecho jamás la pude hacer. Imaginé mil tretas sobre ella, y otro día fui solo a su casa, pareciéndome que no guardándole la cortesía le había de herir, mas como tan principal, noble y cortesano, me recibió muy bien y mandó sacar las espadas. Con que me desengañó y dio a entender algunas heridas de la verdad, citándome que nos viésemos. Y fue de suerte, que a tarde y mañana, siempre estábamos juntos. 18PRÓLOGO Los demás diestros no se quisieron reducir, antes me aborrecieron. Y les dije que lo mejor era el reducirse a la razón, que vivían engañados, y que las tretas que yo sabía y tenía por más ciertas, me faltaban y eran falsas, y lo que don Gaspar decía era la misma verdad, reducido a cuenta y razón, de que yo estaba satisfecho. No obstante, me persuadieron mil veces, diciendo, que malo o bueno, lo que sabíamos lo conservásemos, que de no, perderíamos la fama y opinión. Y esto mismo me pasa con los diestros; y son los mayores enemigos de la verdad, queriendo sustentar lo que es malo haciendo voces y pendencia la razón. En este tiempo murió este caballero, y los aficionados que habían platicado con don Gaspar, pareciéndoles que yo había llevado la mejor parte, tenían gusto de que pusiésemos en ejecución y práctica lo que nos había enseñado nuestro Maestro. Con esto corrió la voz de que los maestros no sabían la verdad, y que solo lo que don Gaspar había dicho lo era, y así no tenían discípulos, y de esto decían que yo era la causa. Muchos lances me pasaron con ellos, que por no ser largo los dejo, mas diré uno, y fue, que se juntaron ocho maestros de la comarca y buscaron un libro, diciendo que habían de aprender; y lo tenía Lucas Brasa, un maestro antiguo celebrado por diestro. Y comenzando a practicar por el libro no lo pudieron entender. Visto el caso me llamaron, vine y me admiré de ver tales maestros y de tal fama, y que tan ajenos estos se viesen de esta ciencia. Y que heridas que yo tenía por muy fáciles, en el modo que me las había enseñado don Gaspar de Rivera, y ellos viéndolas escritas y puestas por demostraciones no las podían entender. Y vístome obrar Lucas Brasa, me dijo que hacía dieciocho años que tenía el libro y que jamás lo había podido entender ni visto obrar de aquella suerte, y que me lo llevase. Esta fue la causa en que diese en estudiar de nuevo, de ver que tales Maestros y de tanta fama tan ajenos estuviesen de esta ciencia. Vista mi afición, lo mejor de la ciudad trataban de que platicase más, hasta que fue Dios servido, que me sucedió tal lance, que dejase mi patria. Y conducido y apretado de algunos sucesos de mi fortuna, más que de la ostentación de la ciencia, llegué a la muy noble e ilustre Ciudad 19PRÓLOGO de Cádiz. Donde el arte militar hoy no tiene envidia al mundo, así por sus armadas que en su puerto entran, como por los caballeros nobles y valientes que en paz y en guerra la defienden. Y comunicándome con cierto amigo, fui con él a la antigua villa de Vejer, donde la juventud y buen entendimiento de los caballeros de esa villa trataban de las armas. Y visto tanta afición en ellos hallé mi propio centro, y con este deseo les comuniqué la verdadera destreza de las armas. Y a pedimiento de ellos, y de ver que con ésta divertí mis cuidados, puse escuela y comencé a tener discípulos; y como la gente ordinaria mas viene a la escuela por jugar que por tomar lición, y como habiendo de guardar los preceptos que nos da nuestro autor que los discípulos no batallen, porque de ello resulta notable daño hasta que estén diestros, no sabía que hacerme con ellos. Porque si jugábanse, perdía lo que les enseñaba; pues jugar era fuerza, así di en filosofar. Qué remedio tendría para que jugando los unos con otros se perdiese lo que yo trabajaba, y haciéndoles hacer en círculo redondo, a uno y otro lado atajos, me tenían por cansado. Porque les hacía guardar mil preceptos; hasta que fue Dios servido que les hiciese andar en las oposiciones de general baja, compuesta de dos generales, con que ablandé duros corazones y brazos, que reducidos al arte obraban muy bien lo mejor de esta ciencia. Y en este tiempo volví a Granada, Sevilla, Córdoba y Jaén, donde hallé y practiqué con tantos maestros de esta ciencia, tan capaces en ella, que apenas pudiera yo confesarme por su menor discípulo. Mas mirando su modo de enseñanza, consideré lo poco que aprovechaba en los discípulos, y que se quedaba la ciencia en ellos [los maestros]. Y que para enseñar a un discípulo era menester mucho tiempo. Y al fin venía a ser un jugador muy ejecutante, con poca cuenta y razón, medio vulgar, con que consideré que la misma ciencia se volvía a su centro, que es vulgar. Y llegué a la plaza y a otras muchas partes a ver jugar, y todos jugaban vulgar. Los que más bien jugaban, eran (como he dicho) juego pendenciero, sin traza ni razón; confesando ellos mismos, que no querían jugar con sus amigos; me admiré de ver tales maestros y tales discípulos, con que se prueba la poca certeza en la enseñanza. 20PRÓLOGO De aquí consideré muchas veces, reparando en que esta ciencia era diferente de las demás ciencias, pues las demás desde la creación del mundo hay razón y certeza de ellas. Y ésta, siendo la misma afición de los hombres, estaban ajenos de ella. Y considerando que no había sido el primero que había escrito de ella el Comendador Jerónimo de Carranza, ni Don Luís Pacheco de Narváez, pues escribieron de ella primero otros autores de diferentes naciones, que fueron: Valerio Máximo, habló de esta ciencia en su libro segundo. Publio Rutilo, Cónsul Romano. Clayo Aurelio Esclario, mandó llamar a los maestros de esta ciencia y les puso regla y compás. Italianos fueron: Pedro Moncio. Aquile Maroso (Achille Marozzo). Camilo Agripa (Camillo Agrippa), fue el primero que hizo demostraciones matemáticas y lo pretendió reducir a cuenta y razón. Jacome de Grasa (Giacomo di Grassi). Juanes de la Goche. De Mallorca: Juan de Pons. Españoles: Francisco Román. Pedro de la Torre. El Alférez Falopia. Angelo Vicinio. Federico Grisillero. Marcos de Ocilino. Nicoleto Gigante (Nicoletto Giganti). Salvador de Fabris (Salvator Fabris, Salvador Fabbri, Salvator Fabriz, Fabrice). CapoFerro (Capo Ferro). Maestre Glasso. Maestre Vico. Pedro Babote. Todos estos autores, vulgares en esta ciencia. Y asimismo, en nuestra edad, he conocido muchos maestros dignos de alabanza, fama y memoria por haber sido sabedores de esta verdad filosófica y ciencia de las armas. Que son: Antonio García, que vivió en Toledo y murió en Málaga; el cual fue uno de los más sabios que yo he conocido, por ser dócil y ajustado a la razón de esta ciencia. Miguel de Pobes, natural de Guadix. Luís Méndez de Carmona. Juan de Esparza. Don Francisco de Añasco. Fray Ángel. El Licenciado Hierro. Juan Domínguez. Juan Millán, natural de Utrera. Marcos del Molino, de Granada. Francisco de Cala, de Lebrija. 21PRÓLOGO Todos insignes maestros de esta ciencia, y cada uno por su medio ha llegado a entender esta verdad. Mas nuestros autores, el Comendador Jerónimo de Carranza y Don Luís Pacheco Narváez, nos enseñan esta ciencia con el mayor acierto y claridad que yo he hallado, dándonoslo por ajusto y demostraciones matemáticas. Sólo he hallado muchos maestros y hombres aficionados con libros de estos autores, y parecerles que saben, y llegado a obrar son vulgares. Esto me traía con mil imaginaciones, y me hizo ir filosofando una y muchas veces qué sería la causa de este desacierto. Pareciéndome, que si yo le hallase, le habría dado al arte el complemento y partes que había menester, reduciéndolo a un método arte con que se pudiese enseñar breve y compendiosamente lo más fino de la ciencia, haciendo que el discípulo entendiese en la misma conformidad que el maestro. Cargando pues el juicio en esta consideración, he venido a descubrir que supuesto que las demás ciencias se enseñan con tanta facilidad y la deprenden aún los que no tienen inclinación a ellas, y en ésta habiendo habido tantos autores y tantos aficionados como se ve y queda dicho, y que en sí no hay hombre que no desee saber; y los más dicen, que saben cada uno por su camino. Y en forma he hallado, que no han acertado a ella, antes todo fue errar. Hasta que por revelación divina el Comendador Jerónimo de Carranza, varón sabidamente noble, hijo y natural de la insigne ciudad de Sevilla, imperio del mundo y puerta de su riqueza. Estando en servicio del Excelentísimo señor Duque de Medina Sidonia, alcanzó los principios universales de esta ciencia, dando por escrito las demostraciones matemáticas, las cuales, quedaron a oscuras y en embrión. Hasta que don Luís Pacheco de Narváez (honra de los siglos y afrenta de los pasados) que valiéndose del estudio (padre del desengaño) nos sacó a la luz y puso por demostraciones de teórica y práctica científica, diciendo a los particulares lances, mayores y menores de esta ciencia, reduciéndolo con demostraciones matemáticas, como se verá en sus escritos y lo significan sus demostraciones. 22PRÓLOGO Mas nunca se ha dado discurso en que se les mande a los maestros el modo que han de tener que enseñar a sus discípulos, señalando qué compases y por qué heridas se ha de enseñar al principio. Y si se ha dado el principio por atajo general o por la general de estrechar, he hallado ser notable daño, y será muy trabajoso de enseñar al discípulo, y se quedará medio vulgar. Mas al fin no hay parte señalada de la enseñanza, con que cada uno quiere seguir su secta. Y así fuera justo que se hubiera dado facultad, como en todas las demás ciencias, pues es el punto de mayor importancia, por tratarse no menos que de la vida del hombre, y en lucimiento del valor y reputación de nuestra nación; que se puede gloriar entre las descubiertas por la que mejor ha sabido manejar las armas, se debiera haber puesto más cuidado para hacerlo comunicable a todos. Buscando pues el desacierto y diferencia, he hallado que en las demás artes y ciencias es nuestra misma naturaleza la que nos ayuda y facilita con una secreta advertencia, que nos hace capaces de lo que nos enseña. Mas en la ciencia de las armas hallo que es al contrario, porque la misma naturaleza nos desayuda y desvía de la ejecución verdadera y cierta de las armas, porque esta se ha de obrar mediante los movimientos naturales del hombre. Y he descubierto que estos son contrarios a los que conviene para saber el arte, como averiguaré en este libro. Esto de decir, que se le ha de quitar al hombre sus mismos movimientos naturales e introducir los artificiales, les parece a todos muy dificultoso. Pues advierto, que quitándole sus movimientos al hombre, sabrá las armas. Y de no quitárselos, siempre vivirá engañado y sabrá menos, como lo verá el que llegare a saber y entender mis escritos; y así viene a ser, que no destruyendo primero los movimientos naturales y enseñándole los artificiales, será trabajar en balde, y jamás será perfectamente diestro. Y ha sido Dios servido, que mediante el estudio he hallado un medio para desarraigar de los discípulos los movimientos naturales, ante todas cosas para habituar después los artificiales, y hacer del hábito costumbre según la naturaleza. Este es el motivo de mi libro y la novedad que yo he hallado en esta ciencia; y cuando por mi corto ingenio no la consiga, me contentaré con haber dado motivo para que otro más entendido lo perfeccione. Fol. 1 MÉTODO DE ENSEÑANZA DE MAESTROS EN LA CIENCIA FILOSÓFICA DE LA DESTREZA MATEMÁTICA DE LAS ARMAS. por el licenciado Luís Díaz de Viedma, natural de Guadix, donde podrá muy fácilmente enseñar un amigo a otro sin maestro. CAPÍTULO PRIMERO, de disposición de los movimientos naturales, y el modo de reducirlos. Con mucha diligencia trabajaron nuestros autores en darnos a entender los géneros de movimientos que se pueden hacer en la destreza de las armas; y esto lo trataron tan cumplidamente, que no se puede imaginar ninguno que no lo alcanzasen e hiciesen. Mas jamás nos distinguieron ni declararon cuales nos dañaban, desviándonos de saber la ciencia. Y por haber prometido brevedad, solo diré lo más importante y necesario para llegar a saber esta ciencia. Los movimientos que nos dañan son tres, y se entenderán de esta forma: el primero, haber de atajar la espada a uno y otro lado. Y el otro, quitar las estocadas que van a herir al hombre. [El atajar a uno y otro lado se consideran los dos primeros movimientos] Y son esta forma, que los daré a entender lo mejor que pudiere, porque estos son el principio, medio y fin de esta ciencia; el muro y fortaleza de ella, y sin ellos jamás se podrá conseguir buen suceso ni llegar al fin deseado, que es saber este arte científicamente. Y viéndolos por segunda naturaleza, entrará en ella con brevedad, y se hacen con esta forma: me doy por afirmado en punto A, como lo significa la demostración del círculo, llave y gobierno, elegido medio 24PRIMERA PARTE de proporción, y veremos que cualquier hombre de cualquier calidad que sea, o ingenio, mandándole que tome la espada por la parte de afuera le fuerza el mismo natural que de compás de punto A a punto D con que quedará descubierto y herido. Y por segunda naturaleza, ha de dar a punto B quedando el cuerpo de perfil, con que herirá libremente a su contrario. Y en la misma conformidad verá, que tomando la espada por la parte de adentro, le fuerza el mismo natural que de compás de punto A a punto B, con que quedará el cuerpo descubierto y herido. Y no se ha de dar el compás si no a punto D, quedando el cuerpo de cuadrado, con que herirá forzosamente al contrario. Estos dos atajos son muy importantes el reparar en ellos, porque el atajo que se da de punto A a punto B es general de línea en cruz. Y el que se da de punto A a punto D es atajo general, que son los fundamentos de esta ciencia. Este otro atajo es el que más importa saber y el que más olvidado esta de los hombres, y es la llave y puerta de esta ciencia, y se entenderá de esta forma: que es el tercer movimiento, que dije, que es de quitar la espada y punta del contrario a uno y otro lado. Esto jamás lo he hallado en ningún maestro ni discípulo con lo requisitos que le tocan, antes se aborrecen y dicen, que no se ha de atajar sino es a uno y otro lado; y es notable daño el que recibe que lo usa, porque este modo de atajar vuelve derribando toda la ciencia, y los profesores de ella, no conociendo el daño que hace, la usan, porque su mismo natural se los lleva. Y así este es el primero que hemos de restringir, y quitar a los discípulos, quitándoles que no lo usen de ninguna suerte hasta que sean diestros, y esto conviene mucho. Se me podrá replicar, que yéndome a herir, será fuerza quitar la espada, y que no me he de dejar herir. A esto digo, que ha descubierto esta ciencia un modo de Fol. 2 quitar la espada jamás conocido por los maestros, con las partes que le pertenecen y aquí se dicen. Que tiene tal parte oculta con los miembros y murecillos del hombre, que él solo basta para destruir los movimientos naturales e introducirle los artificiales de tal forma, que con gran facilidad, se halle el hombre señor y capaz de lo que antes le dañaba. Y después de haber entendido estos tres géneros de 25DE ENSEÑANZA DE MAESTROS movimientos y atajos, se hallará capaz y dispuesto para entender y recibir el arte. Y este género de atajo y movimiento se compone de tres generales, que son general de línea en cruz y general de flaqueza debajo de la fuerza. Y mirando el caso, ello en sí solo es general baja; que se compone de las dichas dos generales. De suerte, que habiendo mi contrario hecho general baja con los requisitos que se tocan, y yéndome a herir al pecho, o al rostro, no le he de quitar la espada a uno y otro lado, teniendo la mía en ángulo obtuso. Mas antes la he de poner en ángulo agudo, y reducirla a flaqueza y punta de mi espada, a la fuerza y guarnición del contrario, reduciéndose a flaqueza debajo de la fuerza, que será general baja, que es, y ha de ser el medio, principio y fin de esta ciencia. Y es sola la que encargo a los profesores de este arte, que no se cansen de estudiarlo. Que ella les hará capaces y señores de toda la ciencia, y la usarán según se dijere en sus demostraciones. El mayor cuidado que tengo es, que por ser este género de movimiento contra el mismo natural del hombre, es muy dificultoso de entrar en él, antes le aborrecen. Y así le advierto que entendiéndole jamás le dejará, porque verá que es todo su remedio y defensa, y que con él vive seguro. Y por la larga experiencia que tengo, y el deseo de que esta ciencia se sepa, vuelvo a encargar esta herida. Porque son sus enemigos los mismos maestros que están hoy bien recibidos, pareciéndoles a ellos que la saben, juzgando la espada de encima por mejor se engañan, y están ajenos de ella, como lo verán los que (ajustándose a la razón) leyeren mis escritos. Y así digo, que son los hombres con quien más padezco, y más con los que desvanecidos, quieren hacer voces la razón y ciencia sin dejarse ajustar a ella. 26PRIMERA PARTE 27DE ENSEÑANZA DE MAESTROS CAPÍTULO II. De la llave y gobierno de esta ciencia. Cuando nuestro autor Don Luís Pacheco de Narváez no nos hubiera dado tanta experiencia de su buen ingenio en las demostraciones y escritos suyos, solo bastaba haber descubierto esta demostración, que llamó, obligar al contrario poniendo la punta de la espada debajo de la fuerza y guarnición del adversario. Nos obligará a confesarle por el hombre más digno de admiración que ha tenido el mundo; y así no sin causa, le envidian las demás naciones extranjeras, por haber nacido en la nuestra. El vulgo en oyendo su nombre se alegra, y se satisface de los maestros solo con decir que le siguen. Los príncipes y señores se estiman de ser sus discípulos. Con amor y veneración los Reyes le honran y acreditan. Los Maestros de esta ciencia le confesamos por dueño de ella, pues la ha puesto en tal estado, que es imposible imaginar haber demostración que no alcanzase su ingenio. Y así, después de consumado en esta ciencia, halló esta llave universal, cuya demostración puso en la cuarta parte del libro de las grandezas de la espada, a hoja ciento ochenta y cuatro, donde dice que se compone del medio de proporción, pasando al medio proporcionado cuerpo y brazo recto, dando compás curvo a la circunferencia del lado derecho, solo poniendo la punta de la espada debajo de la guarnición del contrario, como lo significa la demostración general flaqueza 5 debajo de la fuerza, quedando el compás en tal conformidad, que alcance a herir al adversario. Esta general en sí encierra la enseñanza, y es su propio centro, principio y postre, la general baja que se empieza por general de línea en cruz; y las tres son tres y en forma dos; y cuando falta la espada es una. Y de ella se tratará como de universal. No quiero referir las heridas que de esta general se pueden formar, porque lo trató tan largamente nuestro maestro Don Luís Pacheco de Narváez, que no se puede imaginar más de lo que hizo. Solo siempre iré tratando de las virtudes que tiene y encierra esta demostración para habituar el cuerpo, y saber traer la espada, y enseñar al discípulo por ella, que en esto no reparó nuestro maestro. 28PRIMERA PARTE Lo primero, tiene tal natural y virtud esta demostración, que como un hombre esté libre de la enseñanza de otros maestros, solo en verla hacer la aprende y hace. Y la experiencia que de ella tengo es tan grande, que todos mis discípulos son luego maestros por ella, así hombres como niños, y todos la usan; ella basta para hacerlos libres de lo vulgar y saber traer la espada en la mano. Y tiene tal virtud, que en tomando la espada, se conoce que han andado por ella; y así es de tal calidad y hace tal provecho al hombre, que a todos hace diestros en breve tiempo y son maestros unos de otros como cada día se ve. Esta tiene tales virtudes, que para hacerse ella, compone el brazo de perfil al cuerpo; al fin lo pone en tal conformidad y tan buen modo, que le hace a un hombre perder todos los movimientos naturales de tal manera, que el que la supiere perfectamente será imposible hacer desaire con el cuerpo. Todo esto he visto y experimentado por práctica y por la experiencia. De tal suerte, que habiendo llegado a mis manos hombres temerarios, así en fuerzas como en su rudeza y temeridad, a que les enseñase; y habiendo procurado de hacer con ellos todos los medios que nos han dado todos los autores, y los que yo había adquirido por mi diligencia; no poder en muchos días reducirlos a una buena postura. Últimamente, con esta demostración y sus oposiciones, los reduzco a una buena postura, sujetándolos a que pudiesen recibir la ciencia. Causándome admiración, y reparando en ello, hallé que al soberbio hace flemático, y al flemático le da cólera. También he hallado por experiencia, que al cobarde y tímido, da osadía; y así, que es general a todos y a todos aprovecha; y que en esta se encierran todos los misterios de la ciencia. Pues siendo esto así, y que la contra de esta herida es ella misma, como se verá en sus demostraciones. Y así soy de parecer, que los maestros se vayan gobernando por ella y por las demás partes que iré diciendo en este libro. 29DE ENSEÑANZA DE MAESTROS CAPÍTULO III. De los ángulos y movimientos que se deben saber en la destreza. Los ángulos en la destreza son cuatro, dejando a un cabo quimeras de otros autores que dicen ser muchos, y no lo niego, porque todas las veces que hace la espada discurso de subir o bajar, o estar recta, se hacen ángulos; porque el cuerpo del hombre, si bien se considerase, es en sí todo ángulos; mas solo he de tratar de cuatro que le tocan a la destreza, que son: - Ángulo recto: Es estar la espada recta al contrario en tal conformidad que, con el ojo derecho, haga punto al gavilán de la guarnición de su espada y a la punta y nariz de su contrario; sin que goce de ningún extremo de unión y otro lado. Que, con esto, no cabrá herida que no tenga su contra, primero que llegue la ejecución. - Ángulo obtuso: Es siempre que esté la punta de la espada levantada. 4 - Ángulo agudo: Es siempre que esté la punta de la espada baja. - Ángulo curvo: Se entenderá siempre que se hace movimiento de conclusión; sirve para broquel y daga. El diestro debe conocer la cosa por su causa, como dice nuestro autor, para la seguridad de las heridas y que no puedan faltar. Las tretas se componen de movimientos, y a estos les podremos decir pensamientos, de que no puede ser sabedor el hombre. Mas ha descubierto el arte tal razón, que sin que haya en ello duda, pueda conocer el diestro todos los movimientos que el contrario pueda hacer; que son seis posturas, o movimientos, y se entenderán en esta forma: 30PRIMERA PARTE 1 - Recta: Que es estar la espada recta. 2 - Obtusa: Que es estar la espada levantada la punta. 3 - Aguda: Que es estar la punta de la espada baja. 4 - Remisa: Que es estar la espada apartada a uno y otro lado. 5 - De reducción: Es volver al recto. 6 - Extraño: Es encoger el brazo. Y según ordenada potencia, no se puede afirmar el hombre de otra manera; así no le será al diestro confusión las posturas en que se puede afirmar el contrario, que solo se puede afirmar como dicho es, estas seis, que son: alta, baja, recta, a uno y otro lado, adelante y atrás. Como cada una de estas consta de diferentes principios, medios y fines, todas están sujetas a las siete generales, sobre que carga esta ciencia y edificio; y por la postura de la espada, conoceré qué treta puede elegir inmediatamente, y le pondré el remedio; porque si está uñas abajo, solo puede formar revés o medio tajo; si es de filo, estocada, y no puede ser otra cosa según ordenada potencia. Y como las tretas se componen de movimientos, solo podrán herir en esta forma; si estuviere en la rectitud alta, solo podrá herir de estocada o tajo, con movimiento natural y accidental, que es bajar a herir; si estuviere en la rectitud baja, solo podrá herir con movimiento accidental y violento; si en cualquiera de los lados, solo podrá herir de medio tajo por la circunferencia del lado derecho, o de revés por el lado izquierdo, y será con movimiento de reducción; si en la rectitud de atrás, habrá de ser con movimiento accidental; y si en lo recto, habrá de ser accidental, y esto constará de compás. Con esto, será fuerza conocer los movimientos del contrario; y conocidos, se les podrá poner el remedio que fuere necesario. En estos intermedios, se pueden hacer 31DE ENSEÑANZA DE MAESTROS dos y tres movimientos de una vez, mas serán mixtos, y se entenderá en esta forma: ya se ha dicho que es violento el subir y remiso el apartarse a uno y otro lado, y si pusiese la espada en estos intermedios, ni sería violento, ni remiso; a este le diremos mixto, y se compone de violento y remiso. Y si desde allí bajase a herir, gozará de tres movimientos, que serán natural, de reducción y accidental; con esto se prueba poder hacer de una vez dos y tres movimientos, mas serán mixtos; en esta conformidad se podrán entender los demás. A fe de entender, que en esta ciencia hay otros movimientos diferentes, mas de los mismos me habré de valer: - Movimiento de aumento: Se entiende cuando se le ayuda a hacer el movimiento al contrario. - Movimiento de disminución: Será siempre que se le deshace la herida al contrario haciendo movimiento remiso. - Movimiento en vía: Será siempre que la espada hiere sin que el contrario le impida la herida, ni goce de otro movimiento. Todo esto se irá tratando en las heridas y demostraciones de este libro, y nuestro autor Don Luís Pacheco de Narvaez trató muy cumplidamente de esto en su cuaderno. 32PRIMERA PARTE 33DE ENSEÑANZA DE MAESTROS 5 CAPÍTULO IIII. De las heridas sobre que se ha de cargar esta ciencia. En cuanto a decir el Comendador Jerónimo de Carranza que esta ciencia se carga sobre cinco tretas, que son: tajo, revés, medio tajo, medio revés y estocada; y esto sigue y confirma nuestro autor Don Luís Pacheco de Narváez, así digo yo que fue notable yerro; como averiguaré en este discurso por haber causado notable desacierto en los maestros de esta ciencia. Así se ha de entender que no son más que un género de movimientos; que treta solo se le puede decir a la que estando el diestro recto, con los requisitos que le tocan a esta ciencia, es la mejor postura que se puede hacer. Y que mediante treta ponga a su contrario en estado que le sea fuerza defenderse, y de no, ser herido. Esta será treta, y serán las siete generales, y les cuadra más bien este nombre, y con más ajustada razón, pues éstas necesitan al adversario a que se defienda, y de no, ser herido. Del tajo, revés, medio tajo, medio revés y estocada no hay treta escrita usando tales movimientos; antes dice nuestro autor Don Luís Pacheco de Narváez, en su libro grandezas de la espada a fojas ciento setenta y uno, platicando sobre una herida, dice: que no son mas de un género de movimientos que sirven en la destreza, como el cero en la cuenta, de que no siendo él nada en sí, da valor a los demás. Y así digo, que con solo esto pruebo mi razón. Y el haberle dicho nuestros autores ser tretas particulares, ha sido el mayor yerro de los maestros, y lo que ha causado notables daños en la enseñanza de esta ciencia. Por empezar a enseñar los maestros por ella; y así digo, que no quitando a los discípulos los movimientos naturales, que es el estorbo y quien no deja a los hombres saber la ciencia, será fuerza quedarse vulgares. Y así estas siete generales, de quien vamos tratando, tienen tal parte oculta con el buen uso y miembros del hombre, que le reducen y quitan todos los movimientos naturales, y le restringe a los artificiales; dejándole perfectamente ágil y dispuesto para recibir esta ciencia. Y son estas: 34PRIMERA PARTE 1 - General de línea en Cruz: Que es estar la espada recta. 2 - General flaqueza debajo de la fuerza. 3 - General baja compuesta de estas dos generales. 4 - General de estrechar. 5 - General flaqueza encima de la fuerza. 6 - General alta compuesta de dos generales. 7 - Atajo general a la circunferencia del lado izquierdo. Estas son las siete generales sobre que cargo este edificio, como se verá en este libro. Vuelvo a repetir, que el mayor yerro que ha habido en esta ciencia de las armas, fue, decirles tretas particulares al tajo, revés, medio tajo, medio revés y estocada; y que eran las primeras tretas. Y los maestros pareciéndoles que acertaban, como hombres ajenos de la ciencia fundados más en su temeridad que en buscar la razón por el estudio, que es el padre del desengaño; y como se tienen en pie sus mismos movimientos naturales, que son los que no le dan lugar al entendimiento para poder entrar en esta ciencia; y como oyen decir a nuestros autores que son tretas, y que son las primeras, con esto quieren seguir la opinión del vulgo y de sus maestros. Sin haber reparado en el daño que de ello resulta, pero si hubieran sido curiosos, y no le hurtaran a la ciencia el estudio y trabajo, ellos hubieran reparado que en todos los escritos no hay herida de tales principios. Y en muchas partes del libro de Las grandezas de la espada dice 35DE ENSEÑANZA DE MAESTROS 6 no ser mas que un género de movimiento, como queda dicho; mas siguiendo su mismo natural, hacen y forman tretas falsas; y como de una se engendra otra, y el natural les ayuda, les parece que aciertan, con que se quedan vulgares, y aún peor es, que como tornan alguna cuenta y razón, son fuertes enemigos. Con estos padezco hoy mucho que son vulgares sabios. Mas yo tengo por cierto, que donde yo llegaré, quedará todo tan llano y dejaré tal semilla sembrada en los hombres en razón de esta verdad, que su mala ciencia e intención quede siempre acabada. Para mayor justificación que experimente cada uno en su casa, y verá que un hombre plantado recto con los requisitos que le tocan al arte, su contrario no le podrá tirar tajo, revés, medio tajo, medio revés, ni estocada, sin ser herido mediante su movimiento, ni le podrá descomponer al recto; y que para descomponerle, ha de ser fuerza hacer una de las siete generales, pues cualquiera de ellas tiene poder y facultad para descomponer al contrario, y no otras, porque no se puede imaginar treta ni movimiento, que no esté sujeto a estas siete generales. Si alguno le pareciere a la contra, hágame merced de trabajar, ajustar y mirar cada herida; y verá el engaño en que vive, y advierto, que esto se ha de ajustar con gran cordura y quietud, hasta estar en ello, para poderlos después obrar con gran rigor. 36PRIMERA PARTE 37DE ENSEÑANZA DE MAESTROS CAPÍTULO QUINTO. De las tretas vulgares. Su primer intento, del Comendador Jerónimo de Carranza, fue desbaratar y consumir lo vulgar; y esto mismo prosiguió nuestro autor Don Luís Pacheco de Narváez. Como hombres que llegaron a conocer el daño que de ello resultaba. Mas por el uso que de ello tengo, digo, que jamás le quitaron, antes se han aumentado de suerte que se han hecho unos vulgares sabios, que hoy padezco y trabajo en vencerlos, porque ellos dicen y suelen ser de la verdad. Mas como yo viví también en este mismo engaño que ellos viven, y defendí la causa más que ellos la defienden; hasta que fue Dios servido, de que hallase este modo de enseñar esta ciencia. Que a ellos les parecerá hoy que poco más o menos todo es uno, y viven muy engañados, porque es muy diferente. Mas como nuestro Señor fuese servido que todas las tretas, engaños y sin razones que en el juego vulgar se hacen, las alcanzase. Usando de ellas, muchos años viví celebrado por diestro, teniendo por cierto que seguía la verdad. Esta ha sido la causa de que hago que mis discípulos, con tanta facilidad, sean señores de los que no usan mi ciencia. Además que los autores que cada herida vulgar, o verdadera, le dan diferentes principios, medios y fines, viven engañados y no lo entienden; porque no hay mas principios en toda la ciencia que son las siete generales, y los fines que de ellas resultan, siendo superior la general baja. Y esto así ha de ser entendido, porque llegados a reñir, el que supiere mi ciencia no tiene necesidad de acordarse de ninguna herida, sino solo partir y hacer una buena postura, que si el contrario fuere furioso 7 de sus mismos movimientos, formará heridas, y si fuere tardo, yéndole recto a él, las mismas generales le darán heridas. Todas las tretas vulgares y las posturas de todos los hombres de cualquier nación que sean, en este libro, se hallarán sujetas a la general baja, compuesta de dos generales, donde se verá el desengaño de todo. 38PRIMERA PARTE En todo tiempo será fuerza valerme de lo mejor, y no necesitar nada que para el provecho de esta ciencia haya menester; y aunque algunos sabios de esta ciencia dicen, que en algún tiempo hace provecho una treta vulgar, dicen mal. Y es que ellos todavía están apestados y vulgares, porque la verdad nunca tuvo necesidad de la mentira. Y si las tretas vulgares se hiciesen con los atajos y requisitos de la verdad, no serían vulgares, sino verdaderas, como se verá en este libro. El traer la espada en continuo movimiento les hizo gran resistencia a nuestros maestros, poniéndola de por sí y diciendo, que por haber sido vulgar no se use; dándole por contra a general flaqueza debajo de la fuerza, diciendo que era treta vulgar. Y no repararon en ello, que esta treta jamás fue vulgar, sino quien derribó lo vulgar en todo tiempo; y la que hoy lo derriba usándola por la verdad, como yo la enseño, con nombre de puntas Andaluces hechas, como se dirá en sus capítulos. Y esto mismo es general de línea en cruz y general flaqueza debajo de la fuerza. Pruébolo: para andar en oposiciones de general baja, es fuerza que atajando línea en Cruz, de compás de punto A a punto B, haciendo atajo de general de línea en Cruz; y el adversario se baja, y elige flaqueza debajo de la fuerza, transfiriendo un pequeño compás a su lado derecho y perfil de cuerpo, de punto A a punto B, le será fuerza al que hizo el atajo saliendo a herir a su contrario, volverle a reducir la espada, poniendo la punta en la fuerza y guarnición de su contrario; y así será fuerza andar de una oposición a otra. Será herido el que no le eligiese con los requisitos que le pertenecen a esta ciencia. Mas si haciendo general de línea en Cruz, de punto A a punto B, y yéndole a herir al rostro o pecho, no quisiese reducir la espada por debajo, solo atajar por encima, como hoy hacen todos los maestros teniendo la espada en ángulo obtuso; quedárale luego al diestro otro movimiento por debajo, y podrá continuar los movimientos que quisiese, porque este género de movimientos hechos con los requisitos que le tocan a esta ciencia, les decimos estocadas Andaluces, como se ha dicho. Y verá, que el que quisiere quitar las estocadas a uno y otro lado, no podrá reparar ni defenderse si no se vale de las reducciones de las generales que vamos tratando. 39DE ENSEÑANZA DE MAESTROS Considere el diestro, y verá que este género de movimientos, que es andar por las oposiciones de una en otra, en faltando la espada, de no oponerse, se tornarán estocadas las mismas generales; sin alterar el brazo, ni hacer más movimiento en uno que en otro. Y así, considerando que cuando se tira la estocada por de fuera, vendrá ser flaqueza debajo de la fuerza; y cuando se da por dentro, es general de línea en Cruz. Y experimentándolo, lo verá el que lo trabajare. Con esto queda probado que la espada en continuo movimiento, o citaciones que dicen los diestros, vendrá a ser la misma general baja de quien vamos tratando. Y advierto, que sabidas enseñar estas estocadas, con los requisitos que les tocan, bastan para vencer todo lo vulgar; que esto consta por verlo, y ver que hombre de un mes de lición en esta forma, a los diestros de más fama que no siguen esta ciencia, les hacen, que de temor, no tomen la espada con ellos, por ver que les hieren inmediatamente. 40PRIMERA PARTE 8 Demostración matemática de los ángulos. Ha habido, y hay, muchos maestros que han querido sustentar que la postura no ha de ser recta, diciéndole a la del ángulo obtuso “puerta de hierro”, y a la del ángulo agudo “la imaginada”. Pareciéndoles que están más seguros en ellas y que la espada está más fuerte, diciendo que el brazo y espada curvos tiene que estar; y viven engañados, porque la del ángulo recto es la mejor y la de mayor alcance; mas como es su mismo natural del hombre la del ángulo obtuso, que es poner el pomo 41DE ENSEÑANZA DE MAESTROS de la espada debajo del pulpejo; y advierto, que esta postura hace al que la usa vulgar aunque no quiera, porque le será fuerza hacer tales movimientos, y como su natural le llena fuertemente, les llevará a los que no estuvieren restringidos y satisfechos con la postura recta; y esto cada uno lo podrá experimentar dándole la espada a cualquier persona de cualquier calidad que sea, y verá como pone la espada debajo del pulpejo y en ángulo obtuso, pareciéndole al que está recto y se opone a defender, que es la mejor postura, y que para su seguridad no la pondrá en otra parte; y de estos hay hoy día hombres tan tercos y temerarios, que dándoles a entender los daños que se le ofrecen a los que la usaren, y aún con todo, no los puede vencer hasta que los hago andar en las oposiciones dichas de las generales, que estas lo remedian todo. Esta demostración presente a lo claro, muestra como la espada del ángulo recto alcanza más que la del obtuso y el agudo; y se ha de poner el pomo en la canal de la muñeca, como se ha dicho, y servirá de desengaño a los vulgares que se afirman curvos, que es la espada que señala el punto C, que está en ángulo obtuso; o en ángulo agudo, que es la espada señalada en el punto D. Con que se verá lo que falta a cada una hasta llegar a punto A, que es el pecho del hombre, donde está tocando la espada recta; y así ha de estar el pomo de la espada en la canal de la muñeca para poder proseguir esta ciencia; y aunque al principio le parezca dificultoso, y dirá que no tiene fuerza en la espada, úsalo, que a pocos días verá su aprovechamiento y el engaño en que vivía. Con esto se prueba que la espada ha de estar recta, y en la canal de la muñeca el pomo. 42PRIMERA PARTE 9 Demostración matemática del círculo para el gobierno de esta ciencia. Muy justamente le podremos llamar a la demostración preferente, el fundamento y principio de esta ciencia, por ser lo primero que se debe enseñar; y sin este principio ni le puede enseñar el maestro, ni adquirirla el discípulo. 43DE ENSEÑANZA DE MAESTROS En todo quisiera darme a entender con la mayor facilidad y claridad que fuere posible, por ser una ciencia esta tan provechosa para el hombre. Y cuando considero que para los profesores de ella, su Magestad no haya impuesto ningunos juros, ni rentas, ni tengo noticia que ningún caballero, ni otro hombre particular haya dejado ningún patronazgo para que pudiesen estudiar esta ciencia, como se ha hecho en las demás ciencias, porque el estudio es en los hombres tan penoso que se pierden capellanías y rentas; y vivir con descanso por no estudiar, huir de la penalidad y trabajo del estudio. Y cuando en las ciencias toman este trabajo y estudio levantándolas de punto, y llevando el mundo con muchos escritos y grandes volúmenes, como se ve en la filosofía natural y moral, Medicina, Leyes, Teología, y en la geometría y astronomía. Esto hacen o por las rentas que por ellas tienen en las escuelas y universidades, o por las utilidades y provechos que de ellas en particular se tienen. Mas en esta ciencia, que es tan pobre, que ni en las universidades tienen renta por ella sus profesores, ni ella en particular da provecho alguno en cuanto a ganar con ella sus profesores, ni ella en particular da provecho alguno en cuanto a ganar con ella hacienda; y el sustento para la familia, si bien por otra parte es utilísima pues sirve para la defensa del hombre y honor de su patria. Que se puede gloriar nuestra España entre todas las descubiertas por la que mejor ha sabido gobernarlas, como se ve, pues han puesto sus banderas en todas partes del mundo sujetando las naciones a pesar suyo. Digo pues, que el ser esta ciencia tan pobre, como he 10 referido, es causa para que de ella haya pocos escritos; y estos tan confusos, que no hallo quien los entienda como deben ser entendidos; y están disculpados, pues si quieren ahondar mucho en esta ciencia, sacando del todo a plaza su verdad, su pobreza no les da lugar a ello. Y así pocos escriben, y lo que escriben es poco, confuso y difícil de darlo a la imprenta, por el tiempo, lugar y gastos que le ofrecen. Y porque imprimir sin figuras matemáticas y demostrativas no sería de provecho lo escrito, por la experiencia que de ello tengo; y estas son tan penosas de hacer, en tal forma, que ha dos años viviendo en la ciudad 44PRIMERA PARTE de Cádiz no se ha podido imprimir este libro por falta de escultores que me entiendan para hacer las láminas para estas demostraciones; costandome mucho trabajo, tiempo y dinero. Y al fin no han salido tan ajustadas como conviene a esta ciencia; mas esto lo remediará la explicación de cada una, que será con la mayor claridad que yo pudiere. En todas las ciencias del mundo, cualquier hombre de buen ingenio, costumbre y razón podrá hablar de ellas, cuando no tan ajustado como merecen, mas una razón que deba ser oída; y en llegando a tratar de ellas, remiten su parecer a los doctos que las profesan y saben. Mas en esta ciencia de las armas, siendo la que más ajena está de los hombres, según tengo probado, que ningún hombre podrá dar parecer de aquello que no entiende; y en esta ciencia cada uno parece que está muy en ella, dando su voto, pareciéndole que es muy ajustado. Mas que ajusto puede tener, pues todos los movimientos han de ser al revés de los que mira y piensa, porque en todas las ciencias el mismo natural del hombre le ayuda con una secreta advertencia, que con facilidad le hace señor y capaz de ella; mas en esta es al contrario, porque su misma naturaleza le desayuda e impide no dejándole hacerse capaz de ella. Y así la mayor causa del desacierto que ha habido en los profesores de esta ciencia, ha sido el no haber advertido en que los movimientos naturales del hombre son los primeros que se le han de quitar para introducirle los verdaderos atajos y movimientos; estos tienen el principio tan penoso, que es el mayor temor que tengo y la mayor dificultad que hallo, por ver que platicando con muchos que se tienen por diestros, me cuesta mucho tiempo y trabajo el reducirlos y ajustarlos a esta ciencia; que como tienen ya hecho hábito en el uso de sus mismo movimientos naturales, hallo ser muy dificultoso reducirlos a los artificiales de la ciencia, para que hagan de ellos hábito y costumbre, que es segunda naturaleza. A los hombres que más fácil enseño y me entienden, son los que nunca han sido enseñados. Mas como será fuerza que comprar estos escritos hayan de ser los que han tratado de las armas con este contrario uso, y será que han seguido pareciéndoles que han caminado por la verdad, y que están en ella; y que esto será poco más o menos lo que ellos han aprendido, buscándole a cada treta y herida medios para 45DE ENSEÑANZA DE MAESTROS derribarla; y si el que defiende esta causa no está bien entendido de ella, será fuerza ser vencido. Y así suplico a cualquier diestro que tuviere gusto de ajustar mis escritos, los pase muchas veces por teórica y práctica, no buscándoles contras, mas antes favoreciendolas, buscándoles los remedios y ajustos, poniéndolas muchas veces en ejecución. Cuando no sea más de cuatro meses, gastando cada día una hora en ello, y con esto llegará a ser entendido del principio, medio y fin de cada herida, las defensas y contras que le tocan. Y en este caso me alegraré que si tiene que corregir, se corrija, que de otra suerte pensando que aciertan será errar. 11 Explicación de las partes del círculo. Esta demostración consta de líneas curvas, o circulares, y de líneas rectas. Línea curva, o circular, es la que hace el círculo de punto A, B, C y D, por un lado; y lo mismo por el otro. Y todo este círculo debe ser de veinticuatro pies de circuito. Todo el cual dividido en compases de a tres pies, hace ocho compases en toda su circunferencia; y estos compases se distinguen con letras, poniendo a cada compás una letra, como se ve en el primer compás de letra A a letra B, y de letra B a letra C, y de letra C a letra D, y de letra D a letra A. Y en la misma conformidad se entenderá el otro lado. Las líneas rectas de este círculo son unas diametrales y otras transversales dentro del círculo. Mas fuera de él hay otros tres géneros de líneas; unas tangentes, otras secantes y otras mixtas. Líneas rectas diametrales son todas aquellas que se consideran de un punto de la circunferencia al otro punto contrario, pasando por el mismo centro del círculo, como de punto A a punto A, y de punto B a punto B, y de punto C a punto C, y de punto D a punto D. Todas estas son líneas diametrales, o diámetros del círculo, en las cuales solo se elige medio de proporción y no se puede herir por ellas, sino es de recto a recto; y eso será mediante la postura que hiciere el 46PRIMERA PARTE contrario, que será, no habiendo elegido medio de proporción con los requisitos que le tocan al arte. Porque elegido medio de proporción con sus partes, no cabe herida que no tenga su oposición y contra antes que llegue la ejecución de ella. Mas al discípulo se le mandará que se plante en punto A, los pies en la conformidad de lo significado en la demostración presente; el pie derecho recto y el izquierdo transversal, en tal conformidad, que el hueso del pie izquierdo esté enfrente del calcañal del derecho, y no más de uno a otro que un pie. Dándole cuenta de este círculo, que se imagina entre los dos combatientes, que se ha de entender que tiene la línea recta del diámetro ocho pies de punto A a punto A, afirmados con espadas marcadas, que será de redondo [circunferencia] veinticuatro, que reducido a compases de a tres pies, serán ocho, según a Euclides, príncipe de la geometría. Y darle cuenta de las líneas y compases, que serán ocho, entendidos en esta forma: El de punto A, a punto P, es compás recto por la línea recta del diámetro; y el del punto A, a punto R, es compás extraño por la línea secante, o extraña, este le toca al pie izquierdo; y del punto A, a punto F, es compás de trepidación a la circunferencia del lado derecho, o izquierdo, por líneas tangentes, o finitas; y de punto A, a punto O, será compás mixto de trepidación y extraño por línea mixta, este le toca al pie izquierdo por la circunferencia del lado izquierdo, y por la del derecho le toca a ambos pies; y de punto A, a punto B, será compás curvo a la circunferencia del lado derecho por línea infinita, pues no tiene principio, ni fin. Las líneas del círculo se imaginarán rectas de punto A a punto A, de punto B a punto B, de punto C a punto C, y de punto D a punto D; y así mismo les diremos transversales, consideradas en esta forma, la de punto A a punto B y punto D, y la de C con la de punto B y punto D, y en esta conformidad se entenderán las demás. 47DE ENSEÑANZA DE MAESTROS Al discípulo se le mandará que ponga la espada en la forma que la traía en la cinta, y que se plante en punto A, con los requisitos que le tocan al arte, y quedan dichos. Y que de compás recto de punto A a punto P, levantando primero el pie derecho, y luego el izquierdo, en tal conformidad 12 que se quede plantado como estaba en punto A; y que de un compás extraño hacia atrás volviendo a punto A, levantando primero el pie izquierdo y luego el derecho, hasta volver a quedarse afirmado y compuesto el cuerpo entero y de perfil, los pies en la conformidad que se ha dicho. Mandarle que de compases curvos a la circunferencia del lado derecho de punto A a punto B, y punto C, y punto D, hasta volver a punto A donde salió, teniendo el cuerpo de perfil, el brazo recto al rostro del contrario, diciéndole compás curvo a la circunferencia del lado derecho, el cuerpo de perfil. Y en la misma conformidad que de compás a la circunferencia de su lado izquierdo de punto A a punto D, y punto C, y punto B, hasta volver a A, donde salió, diciéndole compás curvo a la circunferencia del lado izquierdo, quedando el cuerpo de cuadrado, el brazo arrimado al pecho y el pie derecho transversal a su lado derecho. Y dando estos compases debe traer el maestro al discípulo ocho días, o más si fuere menester; hasta que esté reducido a ellos, dando estos compases con buen aire y disposición, quedando siempre el cuerpo de perfil, o cuadrado. En esto le parece esta ciencia a la danza; y ajustando en estos compases, se le pondrá la espada en la mano, como se irá diciendo en este discurso. 48PRIMERA PARTE Demostración matemática de elegir el medio de proporción. 49DE ENSEÑANZA DE MAESTROS 13 Es razón verdadera, el decir, que lo que le cuesta al hombre mucho trabajo lo estima, y quisiera que todos lo estimaran; y cómo la demostración presente es tan importante para esta ciencia, y los hombres viven tan ajenos de ella. Pues por su mismo natural, todas las naciones del mundo ponen el pomo debajo del pulpejo de la mano, y siendo yo diestro le ponía (pareciéndome ser lo mejor) y cuando considero que Agrippa en su libro dice, que la espada recta y en continuo movimiento, tirando estocadas, es la mejor herida; y para hacer esta acción, es fuerza que esté la espada en la canal de la muñeca, y de esto hace más de cuatrocientos años. El Comendador Jerónimo de Carranza, nos lo da por precepto y por demostraciones matemáticas en su libro; y así mismo, nuestro autor Don Luís Pacheco de Narváez nos lo da por demostraciones y ajustado a razón. Y cuando considero que los hombres no guardan esta regla, que es la más importante, me obliga a citarla y decirla muchas veces. La causa de este desacierto la tiene el mismo natural del hombre, como tengo probado. Nuestro autor, Don Luís Pacheco, dice en su cuaderno unas razones dignas de ser escritas para la perfección del hombre, y son estas: en el hombre, además de ser esférico, que es lo que el vulgo llama redondo; y que abiertas las piernas y brazos, puesto un compás en cierta parte de su cuerpo, dando una vuelta en redondo, le tocará en manos y pies. Y se imagina bajar por la cabeza, y en medio de la frente, boca y pecho, una línea derecha, dividiendo este círculo en dos partes iguales, que se llama línea diametral. Y se consideran cuatro líneas verticales: la primera es, la que he dicho, que divide el círculo, y en consideración suya, se dice diametral; otra que se corresponde, pasa por el cerebro y medio de la espalda; y las otras dos, por las orejas, hombros y costados; y a cada una le distinguimos, según el lugar, diciéndoles vertical del pecho, o de la espalda, o la de los lados derecha y siniestra. 50PRIMERA PARTE Considéranse dos líneas colaterales, con la misma distinción de derecha e izquierda, que cada una comienza y baja desde la juntura que hace cada brazo con el pecho; y en esto, se imagina un círculo, cuya circunferencia toca en las líneas verticales de los costados; y una línea, que se imagina pasar de un hombro a otro, esta se llama línea de contingencia. Esto es lo mejor que a mí me parece, por ser una curiosidad más que menesterosa para la ciencia. Estando el discípulo en los compases dichos, se le mandará tomar la espada en la mano; tan recta como significa la demostración presente y el cuerpo de perfil. La espada, que esté el pomo en la canal de la muñeca; las espadas, que lleguen las puntas a los pomos, con que estará elegido medio de proporción, el cuerpo de perfil y los pies con los requisitos que se han dicho. 1 - Y decirle, que ángulo recto es estar recta la espada a su adversario, sin que goce de ningún extremo a uno y otro lado. 2 - Ángulo obtuso, es estar la punta de la espada levantada. 3 - Ángulo agudo, es estar la punta baja. 1 - Y que movimiento violento, es subir la espada arriba. 2 - Movimiento natural, es bajar a su centro. 3 - Movimiento remiso, es apartarse de la espada a uno y a otro lado. 51DE ENSEÑANZA DE MAESTROS 4 - Movimiento de reducción, es volver a lo recto. 5 - Movimiento extraño, es encoger el brazo. 6 - Movimiento accidental, es caminar adelante.