Si habiéndole hecho atajo de punto A a punto D, con los requisitos que le tocan al arte, si el contrario fuere muy recto de brazo y saliere con brevedad, tapando el punto a estos tales, herirle en redondo poniendo el cuerpo de perfil, sin perder la espada. Es herida muy segura, y más para algunos muy diestros, que tienen por ciencia, en estando su espada debajo solo sacarla para ponerla encima; y con esta herida se hallan en el aire y heridos. Y el herir en redondo con círculo entero, sin perder el tacto de la espada, así en esta herida como en las demás, es muy provechoso y seguro; y el diestro, a la primera 45 levada conocerá el juego del contrario. Y así digo, que en cuanto a este atajo, si fuere el contrario muy recto de brazo, herirlo en redondo y el cuerpo de perfil; y si fuere curvo, herirle de cuadrado, por encima de su espada, el brazo recto. 121DE ENSEÑANZA DE MAESTROS Siempre el diestro ha de reservar fuerza en su brazo; y no se ha de arrojar a herir si no ve la herida, solo aplicarse a sus generales, que ellas se las descubrirán con seguridad. Cuarto círculo por la parte de afuera. Habiéndole hecho atajo de punto A a punto D, con los requisitos que le tocan al arte, si levantase punto sin sacar la espada y bajase la punta en ángulo agudo, darle un cuarto de círculo en la colateral derecha por la parte de afuera, muy unido a la espada sin perderla y de sus movimientos formar heridas. 122SEGUNDA PARTE Acometimiento perfecto al rostro. Llano es, que si habiéndole hecho atajo general de punto A a punto D, no saliere a herir, ha de acometerle al rostro sin despegar la espada; antes muy unido a ella, encaminando la punta a su rostro y por detrás del gavilán de su espada. Y al alzar la guarnición para tapar el rostro, darle herida en el pecho, tapando punto, levantando la guarnición, por si quisiese herir, que de en la guarnición. Todas estas heridas se han de ir haciendo padeciendo el uno y obrando el otro, para ir sabiendo más. 123DE ENSEÑANZA DE MAESTROS 46 Revés de muñeca. Cierto es, que si habiéndole hecho acometimiento perfecto al rostro, desviase la punta de la espada a la parte de adentro, darle un revés de muñeca en la cabeza o brazo sacando la espada por la punta de la de su contrario, haciendo círculo redondo de muñeca; y al desvío cabe un tajo vertical, dando compás a su lado derecho; y una conclusión, metiendo pié izquierdo, dando compás transversal. 124SEGUNDA PARTE Tajo vertical de segunda intención. Dicho es, que si habiéndole tirado el revés hiciere desvío, le será fuerza darle tajo vertical, dando compás a punto C a su lado derecho; y al remediar el tajo, darle estocada en el pecho, pasando la espada por debajo de la guarnición del contrario. 125DE ENSEÑANZA DE MAESTROS Revés de segunda intención. En esta se entiende la demostración de arriba. Este revés es en la misma conformidad que el pasado, solo, que habiéndole hecho el atajo de punto A a 47 punto D, al hacer el desvío, darle un revés de muñeca sacando la espada por la punta de la contraria, dando compás a punto C, y cuando vaya a remediar el revés, darle un tajo cautivando la guarnición. Herida de círculo entero, cautivando la guarnición. Lo cierto es, que si habiéndole hecho atajo dando compás curvo de punto A a punto D, saliere a herir, volverle a hacer otro atajo en redondo sin perder la espada ni el tacto, hasta volver las espadas al lado izquierdo del diestro; metiendo el pié izquierdo, dando compás curvo a punto C cautivando la guarnición. La mano ha de coger la espada por debajo, en forma que se la pueda quitar así por torcerle la mano, también cabe la herida en el rostro. 126SEGUNDA PARTE Aquí caben otras dos conclusiones, en esta forma habiéndole hecho el atajo, saliendo a herir, volviéndolo a atajar en redondo metiendo pié izquierdo; y la mano izquierda cogerá la guarnición por encima, sin haber quitado la espada del atajo. Y para sacarla, se tirará el diestro a sí mismo un medio tajo, con que sacará la espada por la punta de la de su contrario, dándole un revés en las piernas, y tajo en la cara. Otras muchas cosas se me ofrecen, el tiempo y el uso las descubrirá. 127DE ENSEÑANZA DE MAESTROS Conclusión de fin perfecto. Es a saber, que si habiéndole hecho atajo general dando compás curvo de punto A a punto D, salir a hacerle nuevo atajo por encima de su espada, metiendo pié izquierdo a punto C, cautivando la guarnición. Y advierto, que no ha de ser el atajo redondo, sino sencillo. Otras muchas heridas se me ofrecen, mas con esta basta para que el Maestro instruya al discípulo en el arte y ciencia de las armas. 128SEGUNDA PARTE 48 Sagita a principio de movimiento, que es contra de atajo general. Siempre el Maestro ha de dar a entender a su discípulo las oposiciones contra de las heridas. Y así, habiendo elegido medio de proporción, al hacer el atajo general dando compás de punto A a punto D, con los requisitos que le tocan, en este instante, a principio de+ movimiento, que de un compás de punto A a punto D, sacando la espada por debajo de la guarnición del contrario, dando herida en el pecho de primera intención. Y así mismo cabe+ un medio tajo al rostro, sacando la espada por la punta del contrario. Y al remediar, cabe otro tajo vertical, dando compás a su lado derecho. También cabe una conclusión al hacer el atajo general de punto A a punto D, a principio de movimiento y en el instante que va haciendo el atajo, dar el compás transversal con el pié izquierdo a su lado, cautivando la guarnición. Se advierte, que al hacer el movimiento de aumento para cogerle la guarnición, estará la espada debajo, ha de aflojar la punta de su espada, tapar punto con la guarnición hasta tener hecha la presa, y sacar su espada por la punta de la contraria, dando medio tajo o estocada. 129DE ENSEÑANZA DE MAESTROS Todo esto se hace a fin de saber más perfectamente el atajo. Y se dará lugar que se haga, que hecho el atajo perfectamente, lo más que podrá hacer el diestro será desbaratarlo, mas no herir. [Nota: a pie de página manuscrito queda: “Habla sin entender lo que dice, pues no se puede obrar.” Además, hace dos marcas usando “+” en el margen del texto impreso.] General de estrechar contra del atajo general. Habiendo hecho atajo general dando compás de punto A a punto D, quedará la espada que está atajando en ángulo obtuso y no muy apretada; no se ha de sacar la espada de debajo, mas antes dará compás de trepidación y extraño a punto C, haciendo movimiento de disminución en su espada, y de aumento en la mía, poniéndose en general de estrechar, que se hará solo volviendo la mano uñas arriba, 130SEGUNDA PARTE perfilando el cuerpo y poniéndose detrás de la guarnición, la mano muy alta y la punta de la espada ha de quedar en ángulo obtuso, con que será fuerza herir al contrario, porque estará de cuadrado y tendrá menor alcance. Y de no transferirle general flaqueza encima de la fuerza, será herido. General de línea en cruz contra atajo general. 49 Habiéndo hecho atajo de punto A a punto D, con los requisitos que le tocan, con que no podrá oponerse a general de estrechar. En tal caso ha de sacar la espada por debajo de la guarnición del contrario, haciendo un cero, dando compás de trepidación y extraño a punto B, quedando en general de línea en cruz con mayor alcance y herida. También la otra espada se podrá transferir en flaqueza debajo de la fuerza, dando compás a su lado derecho. El que llegare a entender estas heridas verá cuán diferente principio, medio y fin tienen de las que dicen los autores graves, porque mi gusto es escribir sin decir mal de 131DE ENSEÑANZA DE MAESTROS nadie, y así muchas cosas se me ofrecen, y tengo mucho paño en que contar como se verá si se ofreciere. 133DE ENSEÑANZA DE MAESTROS 50 CAPÍTULO III. En que se trata de particulares heridas. Estando los discípulos diestros en todo lo dicho y seguros en ello, se les enseñará y les darán cuenta que pueden hacer atajos y compases como quisieren, abrigando el cuerpo con la espada y uniéndolo a ella. O para hacer atajos de segunda intención, dando compases al revés de lo que se deben dar; mas con reserva de que el compás sea de tal calidad, que no pueda ser herida. Que las tretas se yerran por no conocer el discípulo los alcances, los cuales se conocen mediante el uso y enseñanza que el Maestro le ha hecho al discípulo, trayéndolo por el círculo, dando compases y haciendo atajos a uno y otro lado. Y en las oposiciones de general baja, el Maestro le empezará a enseñar diferentes variedades para irlo más fijando en esta ciencia. Y se le enseñará que haga atajo de general alta, y desde allí acometa al rostro, y se vuelva al atajo; y el Maestro salga a herirle, y le tire estocadas por debajo, y él tendrá la espada, la mano uñas abajo, recta al rostro del contrario, baja la guarnición, la punta de la espada gozando del ángulo obtuso; y en saliendo el contrario por debajo de su guarnición dar una pasada de pié y medio, arrimándose a la punta de la espada contraria, poniéndole siempre la espada en el rostro sin mover el brazo, sino solo el cuerpo. Y con esto verá cuán fácilmente le hiere, teniendo siempre el cuerpo detrás de su espada. Y si haciéndole estos compases, temeroso el contrario tapase el punto, hacerle cuarto círculo, y de sus movimientos formar heridas. Este modo de atajar, que tantas veces he dicho que es dañoso, ya en este tiempo es provechoso por estar ya el hombre firme en la verdad. En todo tiempo que un hombre llegare a ser señor de una ciencia, podrá hacer en ella diferentes ajustos y discursos, para más bien irla sabiendo. Y si quisiere coger la espada, y atajarla a los que se precian de huir con presteza, y no se quiere valer de flaqueza debajo de la fuerza, que es la que corta las líneas; y al que no se dejase atajar, solo con meterle en ella, quedará bien atajado e hiriendo; le enseñará al diestro hacer atajos de segunda intención a lo vulgar más verdaderos, por que les queda en el cuerpo la verdad, que es en esta forma. 134SEGUNDA PARTE Vamos a hacer a un hombre atajo general, y es tan breve que no se le halla la espada. Ya hemos dicho en otras partes, que en no hallando la espada se busque el cuerpo, mas ahora para entretenernos e ir sabiendo más haremos esto, y sea que para hallarle la espada y atajarlo, consideremos el círculo que se imagina entre los dos combatientes, y que tiene la línea del diámetro ocho pies de recto de punto A a punto A, que de redondo serán veinticuatro pies, que tiene ocho compases de a tres pies, y sus líneas. Y a este fin le haremos un atajo al contrario de línea en cruz, dando el compás al revés, que será por línea infinita y a la circunferencia del lado izquierdo a punto F, con que quedará descubierto el cuerpo, mas no podrá ser herido, porque no tendrá el contrario alcance. Y saliendo el contrario a herir, dará compás a punto D, solo poniéndose en atajo general, doblándolo en redondo, sin perder la espada, el cuerpo de perfil y el brazo recto; y al fin del atajo, herir recto al rostro. Y si levantase la guarnición para desviar la punta, cabe un cuarto círculo; y si desviase derechamente, llevando su guarnición y punta del contrario a la parte de su hombro izquierdo, cabe una estocada en el rostro, pasando la espada por debajo de la guarnición. Asimismo cabe un revés de muñeca, y al desvío del revés 50 cabe un tajo, ya sea cautivando la guarnición dando compás curvo con el pié izquierdo a su lado, o dando compás de trepidación extraño, dando tajo vertical. Quise hacer atajo de línea en cruz a un hombre que no se deja coger la espada. A este hacerle atajo general, dando el compás al revés a la circunferencia del lado derecho a punto F por la línea infinita, o finita, donde no tenga alcance el contrario; y al huir la espada dejarse caer sobre la espada contraria, dando compás rectilíneo a punto B, quedando el cuerpo muy de perfil, haciendo general de línea en cruz, con que heriré forzoso; considerando que al segundo atajo se ha de herir con presteza y recto. Y asimismo hacer línea en cruz, doblando el atajo, haciendo dos círculos redondos con que le herirá. 135DE ENSEÑANZA DE MAESTROS La zambullida la hago yo por la verdad en esta forma: habiendo elegido medio de proporción, dar compás de punto A a punto B, haciendo atajo de línea en cruz, y al salir el contrario a herir, dar compás a punto C curvo al lado izquierdo con el pié izquierdo, volviendo a reducir la espada. Y al medio del segundo círculo vaciar la espada por debajo de su guarnición del contrario, dando herida en los pechos y cautivando la guarnición. Y siempre que se halle el diestro en aquel estado, podrá hacer la herida concluyendo con la mano, daga o broquel. La enarcada la hago: habiendo hecho atajo general de punto A a punto D acomentiéndole al rostro, y al remediar el golpe, enarcar el brazo, dando herida y cautivando la guarnición. Esta sirve para broquel, capa, daga o conclusión. Fin de la segunda parte. 52 TERCERA PARTE DE ENSEÑANZA DE MAESTROS EN LA ciencia filosófica de la destreza matemática de las armas. Por el Licenciado Luís Díaz de Viedma, natural de la ciudad de Guadix, donde podrá muy fácilmente enseñar un amigo a otro sin Maestro. PRÓLOGO A LA TERCERA PARTE. Mi primer intento (discreto lector) ha sido sacar a la luz en esta ciencia un nuevo modo de enseñanza muy provechoso para el hombre; y cuando por mi corto ingenio no lo pueda poner en el estado que merece, me alegraré de haber dado motivo para que otros más entendidos lo prosigan. Y aunque me embarga este deseo el prevenir la dificultad que habrá en los Maestros envidiosos, censurando lo que no son para hacer, queriendo con sus dañinas intenciones hacer ruinas los edificios que otros han alcanzado por el estudio y buen celo; y ellos siendo enemigos de la conservación y aliento de su misma profesión y ciencia, dejando de amparar al que desea de aumentarla, antes que dándole consumir, desagradecidos y envidiosos, del que estudia y trabaja con celo de servir a Dios, a su Rey y nación. Mas estos tales les castigará nuestro Señor primeramente, y después el tiempo. En muchas partes refiero, que mi deseo es acertar, y mi gusto que se aliente el más sabio y tome la pluma, haciéndolo otro discurso, porque yo estoy satisfecho de que hasta hoy no se ha escrito cosa de las armas que no esté aprehendida de este libro, y que no ha de poder nadie escribir cosa que estas siete generales no lo sujete. Y al que le pareciere diferente, escriba, y de la razón de ello con ajusto que se debe, que será para mi de notable gusto, y como mi principal intento es acertar y hacer reformación de la enseñanza de esta ciencia, siempre deseo ver aficionados y estudiosos que pretendan ver a qué fin se dicen y hacen los fundamentos, los principios y efectos de 138TERCERA PARTE cada capítulo; y las tretas, cada una a qué fin se hacen, qué provecho recibe el discípulo de unas, y qué daño recibe de otras. En cuanto a la daga, broquel y capa no he hallado hasta hoy escrito que haga a mi propósito, y así diré lo mejor que yo pudiere al modo de mi enseñanza. Y si algún curioso le pareciere mal, ajústelo, mírelo y depriéndalo; que de no ajustarlo, mirarlo y deprenderlo su razón no podrá ser admitida, porque no puede un hombre dar parecer de lo que no sabe. Esta desdicha le coge a esta ciencia por medio, porque el más bárbaro, el más ignorante, el que menos sabe y el más desvanecido, todos se tienen por sabios en ella y quieren dar su voto. Mas si bien ajustada hallare otra cosa mejor hasta hoy escrita, avíseme citando libros y folios; no diciendo al aire, esto es cosa vieja y muy usada, como han dicho algunos diestros de un epítome que hice para dar a mis discípulos, sin dar razón ni partes donde esté escrito de aquella forma y compostura, han dicho en mi ausencia ser aquel modo muy usado, pareciéndoles que están en ello y que le saben, y es muy al revés de lo que piensan y enseñan. Y así confío en Dios, que asentada esta enseñanza, será causa de que los profesores de ella se quiten de no querer cada uno seguir su rumbo, antes como hermanos se ajusten y lleguen a conocer la verdad y el error en que viven. 139DE ENSEÑANZA DE MAESTROS 53 CAPÍTULO PRIMERO DE LA daga, broquel y capa. En todas las armas me alegraré de alcanzar, con mi corto ingenio, a ponerlas en estado que les fuera de notable provecho al curioso y aficionado a esta ciencia; y así digo, que en cuanto a daga, broquel y capa les doy unas mismas tretas; y estas serán todas las conclusiones, haciendo la daga, capa o broquel en el oficio que hace la mano. La daga ha de ser larga, que tenga a lo menos media vara, que es notable provecho; y la postura ha de ser sobre el brazo, cerca del pecho, en forma que no pierda la espada de su rectitud, ni el cuerpo de su perfil; y no ha de servir mas que a su tiempo y herida puesta en el pecho. Solo, para algunas heridas particulares, que se habrá de poner a la parte que haya de salir la espada del adversario, para que la herida sea tan breve que no pueda casi ser conocida del contrario, como lo dicen nuestros autores. Tanto es de valiente la herida, cuanto del contrario menos conocida; y estas heridas son de primera intención, y se conocen por la postura de la espada contraria, y se harán con movimiento en vía como se ha dicho en otras partes de este libro. Enseñando el Maestro las heridas de conclusiones, que son las particulares heridas de la daga, broquel y capa, el modo de andar por la general esto les descubrirá lo demás. Lo primero que el Maestro ha de hacer, es, que el discípulo ande en oposiciones de general de línea en cruz y flaqueza debajo de la fuerza en esta forma: ya se ha dicho que ha de estar la daga en el pecho, y haciendo atajo de línea en cruz saldrá el Maestro a herir, y el discípulo le cogerá la espada por debajo, poniendo la daga por encima, dando compás de punto A a punto D, en la misma conformidad que está dicho que se han de hacer las oposiciones dichas de línea en cruz y flaqueza debajo de la fuerza; solo que los compases se han de dar al revés, arrimando siempre la punta de la espada contraria. Y que cuando haya prendido la espada, ha de estar la daga encima. Las manos y guarniciones de espada y daga en un igual, y tirando la herida y golpe a la colateral del Maestro, que vuelva la daga al pecho. 140TERCERA PARTE Y este género de oposiciones se le ha de enseñar al discípulo primero, para que sepa transferirse, que esta general universal ha de servir después de contras de todas las heridas; y esto se le traerá al discípulo en ello ocho días, hasta que esté dispuesto para recibir el broquel o capa. Estas oposiciones se pondrán en esta forma: cuando la espada de mi contrario esté en general de línea en cruz, la mía será fuerza estar en general flaqueza debajo de la fuerza, con que mi broquel lo pondré encima de mi espada arrimada a mi guarnición, tapando con el broquel de suerte, que vea mi contrario por el lado derecho de mi broquel o capa, y desde allí podré dar una estocada en el pecho, rostro o colateral derecha de mi contrario, donde más lugar me de. Y si con su broquel, daga o capa hiciere reparo poniéndola debajo de su guarnición, que es lo que mejor le estará, en este caso, abrigado de mi broquel, le daré un canillazo o revés en las piernas, advirtiendo, que al pasar el revés es a propósito dar un tajo por entre los dos arneses a la cabeza, que parece y es altibajo que decían los antiguos. Mas para enseñar al discípulo, sólo se hará en esta forma: que cuando su espada esté en general de línea en cruz, ponga su broquel en su colateral derecha, que es donde puede ser herido. Y cuando esté en general flaqueza debajo de la fuerza, ponga su broquel encima de su espada arrimada a su guarnición; y de esta suerte hagan muchos días oposiciones y atajos, que de esta suerte se enseñará y despertará para poder recibir las heridas, que es lo 54 más importante, las cuales iré diciendo lo mejor que pudiere. Después de haber instruido al discípulo en lo dicho, se le empezará a enseñar estas heridas: 141DE ENSEÑANZA DE MAESTROS 1. Habiendo elegido medio de proporción, dar compás de punto A a punto D haciendo atajo general a la circunferencia de su lado izquierdo; saldrá el contrario a herir, y sin despegar la espada, hacer nuevo atajo en ella metiendo la mano, daga, broquel o capa, y metiendo pié izquierdo tirando herida al rostro; y al desviar con la daga o broquel, variará la espada por fuera en redondo, hiriendo en los pechos, y han de quedar las espadas al lado derecho del diestro. 2. Si habiendo hecho atajo de punto A a punto D, saliere estando la espada y daga con los requisitos que le tocan, saldrá el contrario a herir, y en este tiempo el diestro, sin mover la mano de la espada, hará un movimiento en vía y la daga la traerá por encima de su brazo derecho, haciéndole herida en los pechos, quedando la espada del contrario prendada de esta herida. Aquí se ofrecen mil razones, mas el ejercicio las descubrirá. 3. Si habiéndole hecho atajo de punto A a punto D, saliere a herir; hacerle un nuevo atajo, no en redondo, sino por encima, metiendo pié izquierdo y la daga, broquel o capa, hiriendo al contrario. Han de quedar las espadas a la mano derecha del diestro. Otras muchas heridas hay de este lado y circunferencia, el uso y estas las descubrirán; y todas estas se remedian dando un compás extraño, quedándose en general de flaqueza debajo de la fuerza. 142TERCERA PARTE 4. Habiendo hecho atajo de línea en cruz, dando compás de punto A a punto B, al salir el adversario, hacer nuevo atajo dando compás transversal con el pié izquierdo a punto C haciendo nuevo atajo e hiriendo con la daga, o poniéndola arrimada a la guarnición hiriendo con la espada. Eso mismo sucederá que el adversario salga de estocada por debajo o de tajo por encima. 5. Si habiéndole hecho atajo de punto A a punto B, saliere a herir, dar compás transversal a punto C metiendo el pié izquierdo, rompiendo de tajo, y la mano, daga o broquel por debajo hiriendo en la cabeza; y al remediar, herirle en los pechos. 6. Si habiendo hecho atajo de línea en cruz, dando compás de punto A a punto B, saliendo el adversario, correr un movimiento de aumento metiendo la daga, broquel o capa por encima dando una estocada, sacando la espada por debajo de la guarnición dando compás a punto C. 7. Si habiendo hecho atajo de línea en cruz, dando compás de punto A a punto B, saliere de estocada o tajo, volverlo a recibir con los dos arneses en forma de oposición de general, y al recibirla, darle estocada en la colateral. 8. Si habiéndole hecho atajo de línea en cruz, de punto A a punto B, saliere de tajo, matarle el movimiento dando compás transversal con el pié derecho a punto C, con los dos arneses dándole estocada en el rostro 143DE ENSEÑANZA DE MAESTROS en forma de atajo general, ha de ser al matar el movimiento. Esta herida dice nuestro autor en su cuaderno. 9. Estando afirmados rectos, poner la daga llana, la punta junto a la guarnición, y tomando la espada del contrario por la parte de afuera, echando la espada del contrario por encima de mi brazo derecho, darle herida por debajo de su espada en los pechos dando compás recto. 10. Es ordinario los más hombres que no son de mi arte, luego que se afirma poner la espada sobre la del diestro por la parte de adentro. Y en este tiempo cabe una estocada uñas abajo, dando un compás recto o metiendo el pié izquierdo, aplicando la daga, broquel o capa, y poniéndola encima de la espada contraria enarcando el brazo. Trabajar para entender 55 bien estas heridas, descubrirá el uso otras muchas. 11. Es ordinario los hombres que no tratan de esta verdad el afirmarse teniendo la espada en ángulo obtuso y la daga junto a la guarnición; y a esta le dicen puerta de hierro. Y así se afirmará el Maestro, y al discípulo mandarle se afirme recto, la punta de la espada en el gavilán de abajo de la guarnición contraria, la daga sobre el brazo; y desde allí hará una herida de movimiento en vía, metiendo la punta de la espada por encima del brazo, encaminándola al pecho del contrario y la daga aplicarla a prendar la espada. 144TERCERA PARTE 12. La zambullida se hace en esta forma: habiéndole hecho atajo de general de línea en cruz dando compás de punto A a punto B, saliendo el Maestro a herir al pecho o rostro, hacerle nuevo atajo en redondo dando compás curvo con el pié izquierdo a punto C; y al medio círculo, vaciar la espada uñas abajo, arrimando la daga a la espada contraria y haciendo la zambullida. Esta se remedia con general de estrechar. Todas estas heridas se le han de ir enseñando al discípulo con gran ajuste y sosiego hasta que esté en ellas, dándole lugar para que las haga como él pudiere. Y a los fines, barajar y batallar con él por las oposiciones dichas. Y después el Maestro le dará a entender que cada vez que haga cualquier herida de estas, para deshacerla, no ha de remediar con la daga, sino dar un compás extraño conforme le tocase a la herida, volviendo a reducir con la espada, poniéndose en flaqueza debajo de la fuerza, o en la general que le tocase de derecho, pues todas están sujetas a las siete generales de quien hemos tratado; y con esto, no tendrá efecto la herida, antes le será fuerza sacar el pié que había metido, y así, quedará libre. Y que de no hacerlo, será fuerza ser herido; y con esto se hallarán en el estado de empezar a batallar. Todas estas heridas vienen a ser una fábrica que se le ha de enseñar al discípulo, con que será dueño de todas las posturas y golpes que se le puedan ofrecer en la variedad de la batalla, con que hará en sí un todo, o una universal que le defienda; y partiendo a su contrario, hacer aquello que se le ofreciere, procurando no desabrigar la daga de la espada, no servirse de ella más que para ayudar a la espada a hacer las heridas, o herir con la daga habiendo hecho la espada el segundo atajo. Todo esto el uso lo irá disponiendo y ajustando. 145DE ENSEÑANZA DE MAESTROS CAPÍTULO II. Del uso de pelear que tienen los hombres que se tienen por alentado y lo mas del vulgo. He hallado que todos los hombres de cualquier nación y calidad vienen a tener un mismo modo de pelear; y esto es por la larga experiencia que de ello tengo, y porque cada día venzo hombres temerarios que están en sí satisfechos de que con una espada, daga, broquel o capa harán muchas suertes, y las han hecho; y las harán cada vez que les ofrezca pelear con hombres que no sean de esta ciencia y sepan reducir por lo universal de quien vamos tratando. Y así los Maestros, han de considerar todas estas tretas para darles a sus discípulos la defensa u ofensa contra los que no fueren profesores de este arte de la verdad. Todos los hombres diestros de lo vulgar, o que no sean diestros, se plantan en ángulo obtuso, la daga o broquel cerca de su guarnición; y su intento sólo es ver si puede coger la espada de su contrario con cualquiera de estos arneses para herirlo a su adversario con la espada, pareciéndole que cada vez que se halle en aquel estado le tiene herido, y de no saber esta ciencia le herirá. Mas aquí haré cuatro tretas y heridas, con que el Maestro podrá considerar lo demás que puede suceder en la brega. 56 1. Habiéndole plantado con espada y daga, o capa, o broquel, si estuviere la espada casi toda fuera de estos arneses, le hará el diestro un atajo de general de línea en cruz, dando compás de punto A a punto B, que es armarle su treta; y él luego meterá el arma doble para herir con la espada. Y el diestro esté siempre prevenido que ha de dar la herida por debajo de su daga, o broquel, vaciando la espada; y se hallará siempre con la espada en los pechos del contrario y él no tendrá alcance, ni herida. 146TERCERA PARTE 2. Y si acaso tuviere la mayor parte de la espada retirada, dar compás de punto A a punto B poniéndole la espada en el rostro; y al ir a desviar para meterse por debajo, darle herida vaciando por debajo de su broquel, daga o capa. 3. Y si se pusiere el pié izquierdo delante, dar el mismo compás de punto A a punto B caminando a su rostro; y al desvío con la daga, vaciar la espada por debajo dando herida en los pechos. 4. Así, ni más ni menos, le hará atajo de punto A a punto B, y al arremeter a herir, dará un compás a punto C dando un tajo; y al remediar el tajo con el broquel o daga, darle una estocada por debajo del broquel o daga. En esta forma se podrán entender las demás heridas, y el Maestro le hará al discípulo que teniendo él daga y el discípulo no, haga todas las conclusiones, para que vea y se haga no tener temor. 147DE ENSEÑANZA DE MAESTROS CAPÍTULO III. De la daga contra espada. Muchos diestros ha habido que dicen que con una daga quitarán a una espada. Eso será a quien no sepa las armas, mas a un diestro téngolo por imposible, porque si decimos que con una espada sola basta para contra todas las armas dobles, cómo se podrá decir que una daga será mejor que una espada, sería contradecirnos. Estas tretas son para un caso que se puede ofrecer, como sucede al hallarse un hombre con una daga y otro con una espada. Para no huir (que es la mayor bajeza que puede hacer el hombre) he determinado unas tretas lo mejor que yo he podido entender. Ningún hombre de valor viendo a otro sin espada le acometerá con armas aventajadas; mas hay hombres tan repentinos y coléricos, que no miran eso. Antes, luego embisten a todos los lances, y así les puede ofrecer tal ocasión que importe. Ya habrá sucedido estando un hombre en su casa, hacienda, o en el camino; y así un hombre que está agraviado y no tiene valor, ni se atreve a pelear, imagina cómo le podrá herir o matar, y sea ello como fuere. A este caso se halla un hombre con una daga en la cinta, que es el arma que más acompaña al hombre, y a este tal será fácil de quitársela y ser señor de el, que tengo por muy cierto, que cualquier hombre de esta calidad, en viendo la defensa de sólo un sombrero, bastará. Y así, para la enseñanza de esto daré unas heridas lo mejor que yo pudiere, y el uso descubrirá lo demás. 57 148TERCERA PARTE Elegir medio de proporción, daga contra espada. En todo tiempo importa conocer el diestro el elegir medio de proporción para mejor fundar sus tretas, y con el uso hará en sí mismo un todo, que será universal para su defensa y que las tretas no le podrán faltar por el uso con cólera o sin ella; y esto me consta por larga experiencia. El diestro ha de procurar que la punta de la espada contraria no pase del pomo de su daga, y desde allí formar atajo en la espada uniéndose a ella, quedando siempre el cuerpo detrás de la espada; y cuando ataje a la circunferencia del lado derecho con general de línea en cruz dando compás de punto A a punto B, el cuerpo ha de quedar de perfil. Y cuando ataje de punto A a punto D, el cuerpo de cuadrado para fundar bien su herida. 149DE ENSEÑANZA DE MAESTROS General de línea en cruz. Habiendo elegido medio de proporción, dar compás de punto A a punto B, haciendo general de línea en cruz cuerpo y espada a un mismo tiempo, quedando la daga remisa y el cuerpo detrás de la daga puesto de perfil. 150TERCERA PARTE 58 Herida de círculo entero. Habiéndole hecho atajo de general de línea en cruz dando compás de punto A a punto B, saliere a herir, hacerle otro atajo en redondo sin perder la espada dando compás transversal a punto C cautivando la guarnición. 151DE ENSEÑANZA DE MAESTROS Herida de tajo rompido. Si habiendo dado compás a punto B desde punto A, poniéndose en general de línea en cruz saliere a herir, ayudarle a su movimiento yéndose con la misma espada sin despegar de ella la daga, dando un tajo por encima, o estocada por debajo, dando compás transversal a punto C con el pié izquierdo; y si ha de dar tajo, ha de meter la mano por debajo; y si ha de dar estocada, ha de meter la mano por encima. 152TERCERA PARTE 59 Atajo general a la circunferencia del lado izquierdo. Habiendo elegido medio de proporción en puntos AAes, hacer atajo a punto D, quedando el cuerpo detrás de la espada en la conformidad que lo significa la demostración del atajo general. Se harán dos heridas, la una volviendo a reducir la espada sin perderla, haciendo movimiento de conclusión. Y otra es por encima, haciendo nuevo atajo, como se dirá en ellas. 153DE ENSEÑANZA DE MAESTROS Herida de fin perpetuo. Si habiéndole hecho atajo de punto A a punto D saliere, volverle a atajar dando compás a punto C, metiendo pié izquierdo, cautivando la guarnición. Esta herida es en la forma que se hacen las conclusiones de que se ha tratado, y así todas estas heridas sirven para la mano, espada, daga, broquel, y/o capa, o para contra ellas. 154TERCERA PARTE 60 Herida de círculo entero. Si habiendo hecho el atajo de punto A a punto D saliere a herir, volverle atajar en redondo, sin perder la espada, metiendo pié izquierdo, cautivando la guarnición. Esto se ha de hacer con los requisitos que le tocan al arte; y esto se hace para lo que al hombre le pueda suceder, que lo mejor es tener la espada. Con esto que se le sepa enseñar al discípulo basta para que sepa traer la daga, y las demás variedades de heridas que se le ofrecerán el uso las descubrirá. Y el mismo Maestro irá siempre considerando las partes por donde se aprovechan más sus discípulos, para irles adquiriendo por allí la enseñanza; tengo muchas veces por costumbre enseñarles que en su casa hagan en la pared un círculo redondo, y en medio de él pongan un artificio que signifique un brazo curvo con una espada obtusa a modo de los vulgares; y que cada mañana se entretengan una hora solo en esta demostración, plantándose recto, el cuerpo entero, el brazo uñas arriba, y sin encogerle, ponga la punta de su espada en la pared a un lado de la 155DE ENSEÑANZA DE MAESTROS demostración dicha y círculo, dejando caer la punta de la espada, solo aflojando los dos dedos de adelante hasta pasar por debajo. Y apretando los dedos la volverá a subir al mismo círculo, y de esta suerte haga y tire muchas estocadas, que en este libro se dicen Puntas Andaluces. Dándolas en el complemento del círculo, ya citando una y dando a otra parte, y con esto se hará el brazo a dar estas estocadas, de suerte que sea un hombre superior a otros jugadores. Que si cuando tira estocadas son tan despacio, que dice, “allá va una, y allá va otra”, a este paso todas se las remediará el atajador sin reducir, mas si son vehementes no podrá remediarlas sino reduce. Y los que no reducen, y se tienen por de nuestra verdad, en viéndose apretados se valen de lo recto, sin saber tomar ganancia. Aquí se le ha de enseñar al discípulo, que si habiendo estrechado a su contrario en estas estocadas se valiere de lo recto, que le haga un cuarto círculo por encima de su espada, o que le acometa al rostro, de donde caben heridas y refilones; y al forcejeo caben codazos y muchas varias heridas, que como hecho el tiempo las descubrirá. Muchos sabios Maestros enseñan a sus discípulos, que en 61 estando su espada atajada, ya sea por general de línea en cruz, ya por atajo general, les aconsejan que salgan solo a volver a atajar la espada, y es notable yerro, porque si el atajador es diestro le conocerá el juego al primer tiempo y después no le irá a herir por lo recto, con que conseguirá su intento, mas antes le herirá en redondo con línea ilíaca, y con esto lo herirá libre; porque si estando sujeto en atajo de línea en cruz, si saliese de debajo solo a volver a reatajar la espada, y el diestro dejando de herir por lo recto, antes caminar por debajo de su espada y guarnición, hasta herirle en el rostro, será fuerza herirlo, porque no puede en un tiempo hacer dos acciones, que es volver a la espada y defenderse, antes al volcar la espada se hallará herido; y lo mismo sucederá por atajo general, como en otras partes he dicho. 157DE ENSEÑANZA DE MAESTROS CAPÍTULO IIII. De la enseñanza que el Maestro ha de dar para en favor, y en contra, de los izquierdos que tratan de esta ciencia de las armas. Ha sido opinión en el vulgo que el izquierdo tiene ventaja en las armas al derecho, y ha sido opinión bien recibida, porque la enseñanza vulgar es y ha sido tan fuera de razón, que halló ser mejor un hombre izquierdo que ser diestro de lo vulgar. Siendo el ser izquierdo una de las mayores desdichas que el hombre puede tener. Y como en esta ciencia ha probado que los movimientos naturales no nos dejan saber esta ciencia; y el izquierdo (es hombre digamos al revés) usa de los movimientos de su defensa con gran perfil de cuerpo y recto de espada; y el hombre que es derecho de su mismo natural es poner la espada obtusa y el cuerpo de cuadrado, con que el izquierdo le tiene ventaja. Mas el diestro que llegare a saber esta ciencia, será con facilidad señor del izquierdo; y así diré unas heridas para que el Maestro pueda enseñar a su discípulo el modo que han tener de jugar con izquierdos, y esto será tomando el Maestro la espada en su mano izquierda, haciendo oficio de Maestro, que es disponer las acciones y posturas que puede hacer el izquierdo. Y trabajándolo bien, y dándole a cada herida el principio y fin que merece, verá que las mismas heridas servirán para en favor del izquierdo, solo que parecen hechas al revés, y estas serán las generales de quien vamos tratando. De los hombres que más han aborrecido los izquierdos en este mundo soy yo el uno. Y no me espanto que un hombre sea izquierdo, mas en esto a sus padres pongo la culpa por no remediarlo de veras, que con esto bastará para no serlo. Vamos a que se halló un hombre izquierdo, debe él mismo hacerse derecho, o cuanto menos, ser izquierdo y derecho; que así como es falta ser izquierdo, es honor ser derecho y hacer a dos manos. Y si hasta ahora ha sido dificultoso el hacerse un izquierdo derecho, en este libro hallará tanta facilidad con una pequeña enseñanza y contínuo uso, 158TERCERA PARTE que en dos meses tendrá razón y camino para ser derecho. Y es en tal estado, que con más facilidad me atrevo a hacer derecho y diestro a un hombre izquierdo diestro de las armas, que reducir a un vulgar pertinaz. Hace seis años que por variedad de mi fortuna y sucesos de mis trabajos me hice Maestro de esta ciencia, y en este tiempo he hecho derechos a más de cien hombres, teniéndolo casi por gusto. Y he hecho trece hombres izquierdos por desgracias que les han sucedido en los brazos. Llega un izquierdo a que le enseñe y me dice: “Señor yo no he venido a deprender por decir que vuestra merced no quiere enseñar si primero no toma la espada con la mano derecha, y eso para mí es tan imposible que jamás podrá ser, que soy 62 tan zurdo que una paja del suelo no acierto a tomar con la derecha, y así solo me de lección con la izquierda.” Le digo (y como quien no ha hilado solo un copo de estos): “Señor, a mí no me importa, solo que es juramento que tengo hecho de que no he de enseñar a ningún izquierdo amenos de que tome primero la espada con la mano derecha, y si nos concertemos, me pagará la enseñanza de la izquierda, que la otra será por mi gusto y debalde.” Y así se le mandará poner la espada en la mano izquierda y se le dará lición en la forma que a un derecho, haciendo sus compases a uno y otro lado, y después con la espada en la mano, sus atajos y líneas ilíacas, y a su tiempo, sus oposiciones generales. Hacerle que desde luego batalle por ellas, y a los mejores discípulos amonestarles que le traigan por las generales y que al presente no le hieran; y en tomando con la izquierda, que sean rigurosos en herirle, con que a pocos días verá que juegue mejor y se defiende más con la mano derecha. Esto es importante. 159DE ENSEÑANZA DE MAESTROS Para enseñar al izquierdo se le ha de mandar tomar la espada en su mano izquierda, que será nuestra derecha, y darle cuenta del círculo que se imagina entre los dos combatientes, dándole cuenta de las partes que se tocan; como queda dicho, mandándole que se plante en punto A, y que de un compás recto a punto P, y un extraño a punto R, y luego de compás en redondo por el círculo de punto A a punto D, y punto C, y punto B, hasta volver a punto A, el cuerpo de perfil; y este es compás de general de línea en cruz. Y así mismo que de compás de punto A a punto B, y punto C, y punto D, hasta volver a punto A, el cuerpo de cuadrado, dándole cuenta que es atajo general. Y estando en estos atajos, se le pondrá la espada en la mano, dándole cuenta de los ángulos y movimientos; y mandarle que se plante en ángulo recto, y que tome la espada por dentro dando compás de punto A a punto D, quedando el cuerpo de perfil, y de esta suerte haga muchos atajos de líneas ilíacas en redondo sin perder la espada. Y así mismo mandarle que se plante en punto A y tome la espada por la parte de afuera, dando compás a punto B, haciendo atajo general quedando el cuerpo de cuadrado, la espada en medio de sus larguras, y de esta suerte haga muchos atajos a uno y otro lado. 1. En estando en estos atajos, con los requisitos que le tocan, que haga general de línea en cruz, que será tomar la espada por dentro dando compás a punto D, y al salir, herirle recto al rostro. 2. Si habiéndole hecho atajo de punto A a punto D, no saliere, teniendo la espada recta, la mano algo uñas arriba, darle un cuarto círculo en la colateral derecha del Maestro. 3. Si habiéndole hecho atajo, como está dicho y no tapare punto, darle herida en el rostro, y de sus movimientos formar heridas. 160TERCERA PARTE 4. Si habiéndole hecho atajo de general de línea en cruz de punto A a punto D, no saliere, herirle perfectamente al rostro, y al desvío darle un tajo, y al desvío del tajo dar una estocada uñas arriba. 5. Si habiéndole hecho atajo general de línea en cruz dando compás de punto A a punto D, saliere con brevedad, darle un tajo vertical en la cabeza dando compás a punto C; y al remediar el tajo, dar una estocada. 6. Si habiéndole hecho atajo de general de línea en cruz dando compás de punto A a punto D, al salir, darle un tajo ayudando a su mismo movimiento cautivando la guarnición; sirve para daga, broquel o capa. 7. Así mismo, se le enseñará el atajo general que se hace habiendo elegido medio de proporción en puntos AAes, dar compás a punto B tomando la espada por la parte de afuera, y al salir, herirlo recto. 8. Si habiéndole hecho atajo general de punto A a punto B, 63 no saliere, hacerle acometimiento perfecto al rostro; y al desvío darle un mandoble, sacando la espada de muñeca por la punta del contrario; y al reparo dar una estocada recta, pasando la espada por debajo de la del contrario. 9. Enseñarle la general de estrechar, y se hace en esta forma: habiendo elegido medio de proporción en puntos AAes, dar compás a punto 161DE ENSEÑANZA DE MAESTROS D pasando la espada por encima, tomándola por la parte de afuera, haciendo en ella un círculo redondo hasta quedar en la general, y de sus movimientos formar heridas. Estas mismas tretas pueden servir al derecho para contra el izquierdo, solo que los atajos han de ser al revés, que cuando para hacer la treta el izquierdo da compás de punto A a punto D, le ha de dar el derecho a punto B, así se podrá entender, y el ajusto y ejercicio descubrirá lo demás. CAPÍTULO V. De las partes que ha de tener el Maestro. El Maestro que hubiere de enseñar esta ciencia conviene que sea sabio en la destreza, sabiendo las partes que cada herida tiene, y esto no a caso, sino con mucha certeza, porque no se puede llamar saber a aquello que no se sabe dar el complemento que merece. Conviene así mismo que sea cuerdo, sosegado, de maduro entendimiento y bastante experiencia, gastando su tiempo en el estudio, que es el padre de las ciencias. Porque teniendo estas propiedades y capacidad, podrá ajustar y resistir los casos que cada día se le ofrecerán con hombres, o tenaces en aquello malo que han deprendido, sin considerar que le falta el ajusto y la razón. Mas los hombres con la temeridad, soberbia y vaciez (de que esta ciencia ella en sí toda es cólera) les parece que aquello es lo bueno, y que el que da más voces tendrá más razón. Causa muy al contrario de lo que ellos son, y le sucede cada día en los hombres de razón, capaces y entendidos. Leyendo muchas veces los libros de Jerónimo de Carranza, me enfadaba de ver tantos y tan notables sucesos como cuenta que le pasaron con los vulgares, atribuyendo que era enfadoso en su escribir. Y ahora, que por mí ha pasado algo de este discurso, digo que fue corto, mas para dar consejo a los discípulos y Maestros, diré algún suceso, aunque será muy moderado en razón de lo que a mí me pasa en la 162TERCERA PARTE novedad de los hombres poco estudiosos. Pareciéndoles a ellos que son sabios y a otros como ellos, digo en razón de esta ciencia, se aficionan más a disparates y sin razones que la misma razón ajustada. Y diré alguno de los sucesos que me han pasado, y pasan cada día, que a decir de ellos será un proceder en infinito. Estando en mi escuela, en muy buena opinión con discípulos diestros, vino un Maestro de lo vulgar, hombre celebrado por muy valiente y diestro temerario, que en su compostura y modo les parecía a los que le miraban, ser hombre terrible de lenguaje, talle y persona, la cual ponía espanto. Y considerando algunos su talento, les parecía que de un golpe mataría a cien hombres. Lo más del pueblo quiso vernos con la espada en las manos, mas el Maestro, que ya en otras partes nos habíamos visto, rehusó y dijo que no había de tomar conmigo la espada, que era su amigo. Después con amigos fue a mi casa y dijo: “Señor, yo daré lición para pelear con cincuenta y con veinte, y he dado liciones que no me confiesan religiosos, y saben en todo este distrito quien soy.” Le respondí: “Señor Maestro, eso no importa a nuestro negocio.” Y no obstante, tomé la espada, y me confesó no saber. Algunos hombres entendidos que allí estaban me dijeron después: “Cierto que teníamos a este hombre por diestro y más cuerdo, y que es un desatinado.” Otros dijeron: “Este sí que es para Maestro, que enseña a porrazos.” Y Dios me ayude, heridas que no lo confiesan 63 por ellas, y dice que no ha deprendido de nadie mil tretas que sabe. En este tiempo, un cierto caballero viniendo a la ciudad en negocios de su Magestad, le cogió la noche cerca de un cortijo, y se quedó en el dicho cortijo, donde trataron algunos aficionados de las armas, y dijeron: “Voto a tal que fulano le quebró al Maestro futano la espada en el cuerpo, y que no le valió sus geometrías ni aritméticas.” 163DE ENSEÑANZA DE MAESTROS Preguntó el caballero la causa y razón de lo que pasaba, porque ya me conocía. Y así dijo uno de ellos: “Señor, los Maestros jugaron, y al primer golpe lo echó por ahí con todo su saber.” Y haciéndosele dificultoso, replicó mirarse lo que decía. Dijo: “que yo lo ví, y digo la verdad.” Otro día vino a la ciudad, y con el cuidado hizo llamar a los que habían estado presentes, y supo que el tal Maestro había dicho que él no sabía aquella ciencia, que si se hallara más mozo la deprendiera, y que no había de ser más Maestro, y se sujetaba a la razón. Refiriéndole el caballero lo que había dicho el ignorante del campo, averiguando ser verdad, dijo: “Señor, yo como lo ví tan arrogante, me pareció que sucedería, que yo no estaba allí.” Este es el hablar del ignorante vulgo, y así dejo las causas que cada día me suceden, que por no ser cansado no las digo, mas de que está en los hombres la ignorancia tan en su punto en cuanto a esta ciencia, que les agrada más lo malo que lo bueno; y el más grave y entendido me lo ha de confesar en llegando a entender esta ciencia. Y ha de decir que vivía engañado en ella, y la causa de esto son los mismos movimientos naturales, mas en conociendo los atajos y movimiento que le pertenecen, luego conocerá la razón. Y así pido y suplico a las Repúblicas, y a los hombres principales que hubieren de elegir Maestros para sus hijos, procuren que sean de tales partes que les podrán pedir cuenta y ajusto de las heridas y ciencia que enseñan, pues le va al discípulo la vida en ello por lo menos. Cualquier padre deseoso de que su hijo sea sabio, podrá comprar un libro de esta ciencia, y pues en él está ajustada a cuenta y razón, regla y medida; con facilidad se podrá ver si el Maestro sigue aquel mismo camino. Reduciéndose a los preceptos que dice y ajustándose a ellos; y estofado en ello será justo estimarlo como a tal, y darle el lugar que los príncipes dan a sus Maestros. Y para que los curiosos y aficionados de la misma verdad, enemigos del furioso desvanecimiento del vulgo novelero, puedan con facilidad ver y ajustar a cualquier Maestro de armas por la razón y certeza de este libro, diré uno de los casos que me sucedieron. 164TERCERA PARTE Puse escuela en una ciudad de Andalucía donde había tres Maestros; y como más antiguos en la ciudad, tenían los caballeros de su parte. Y como por desastres de mi fortuna andaba ausente de mi patria, llegué a la dicha ciudad y les ví, condoliéndome más de los discípulos que de ellos, les dije: “Señores, yo he de estar en esta ciudad algunos días, y me alegraré que platiquemos sobre esta ciencia a solas para mejor ajustarla.” Mas cuando me vieron obrar, les pareció que lo mejor era echarme de la ciudad, porque se perdería su opinión y fama, supuesto que ellos no habían ya de deprender. Esta es una de las mayores ignorancias del mundo, y lo que más derriba esta ciencia, querer sustentar la sinrazón y falsedad por no sujetarse a deprender; y así trataron de que los caballeros y justicia me echaran del lugar. Y para esto, dieron cuenta las personas que ellos licionaban, diciendo que había un hombre que enseñaba las armas sin ser Maestro examinado, que decía ser geometría, aritmética y ciencia, y que enseñaba por una rueda redonda, y decía que allí estaba la ciencia, y que engañaba al mundo. Los caballeros como oyeron decir de otro Maestro cosa nueva, luego fueron a mi posada a buscarme. Hábleles, y me honraron formando queja de que no les había dado cuenta de mi persona. Al fin, sacaron las armas, y un Maestro me preguntó si era examinado y otras muchas razones bien excusadas. 65 Díjele que no lo era. Pregúntele si era él examinado. Dijo: “Sí señor, de Don Luís Pacheco de Narváez.” Yo les había visto platicar, y le dije: “Para que estos señores vean que no seguís a Don Luís Pacheco, tomad este libro, y de una lición por él.” Y advirtió que aquí no ha de valer vuestra razón, ni la mía, solo lo escrito. Ellos se admiraron y empezaron a decir que habían reñido con muchos, haciéndolo todo voces. Este es el enredo que buscan los que saben poco, haciendo voces la ciencia y la razón, huyendo de reducirla a lo que ella es. Mas viendo la 165DE ENSEÑANZA DE MAESTROS suspensión, saqué de la faltriquera un lápiz y me desaté una liga, y la até a una espada con un lazo a la punta, y la puse en medio de la sala, haciendo un círculo de dos círculos, y luego corrí las líneas e hice las letras y compases, distinguiendo qué era cada cosa. Y con la espada en la mano, di cuenta de los fundamentos sobre que se cargaba esta ciencia, el natural de los hombres, y como se les ha de restringir y quitar. En suma, visto mi doctrina y ciencia ser buena, enviaron a los otros a que la aprendieran. Y así digo, que el curioso y aficionado, pues en este libro por letra y ajusto de compases y demostraciones matemáticas, está escrita la verdad. Podrá ver el Maestro que elige para sí, y para sus hijos, pidiéndole cuenta de la razón. CONTRA MOROS. En cuanto a pelear contra moros trató de ello nuestro autor Don Luís Pacheco de Narváez en la cuarta parte de su libro Grandezas de la Espada, dándonos por ajusto y demostraciones matemáticas, tan ajustadas a cuenta y razón como lo dice el libro y lo significan sus demostraciones, que no hay necesidad de tratar más de lo que allí está; y así considerará el diestro, que puesto a reñir con un moro cuerpo a cuerpo, le tiene gran ventaja, así por el arma larga, como porque en todo tiempo que le traiga la espada recta y liberal, le herirá donde quisiere. Porque su primer intento del moro no es más de ver si puede darle golpe a la espada para cortarla o desbaratarla, y así se ha de huir la espada, dándole herida. Considere el diestro que casi es lo mismo que se le ha enseñado contra lo vulgar. Y con esto me parece que basta en este caso, porque siempre que el moro tire el golpe, como es arma tan pesada, habrá lugar y cavidad para poderle herir libremente. 166TERCERA PARTE DEL MONTANTE. En razón del Montante, es un arma que ya poco la usan los hombres traer ordinariamente, mas buena es saber de él tres o cuatro reglas por lo que se pueda ofrecer. El decir que con una espada se puede quitar un montante, como es treta que no se puede hacer sin notable peligro de los combatientes, nunca la he hecho. Al montante le tengo por un arma poco cortesana y arma enemiga del mismo dueño, porque empezando a reñir con ella no puede guardar cortesías, y así, si no es un hombre arrestado a defender su vida, y ver si puede tomar seguro de su persona sin tener respeto a nadie. Para esto es bueno, o para hacer plaza. Diré algo de lo mejor que pudiere. Primeramente, se le pondrá el montante al discípulo en la mano derecha, plantándole en medio de una sala; y que haga con el montante un movimiento accidental adelante, y luego pase el montante y su mano, por encima de su cabeza, volviendo la superficie del rostro por encima del hombro derecho, en forma que con el ojo derecho llegue a ver al punta del montante. Y cortando con él, corra un tajo, dando un paso con el pié derecho adelante, habiendo puesto la mano izquierda en el pomo del montante, y sin menear el pié izquierdo, de y 66 haga tajos, los cuales han de salir de su hombro derecho; y así mismo trueque el montante al hombro izquierdo y saque reveses, sacando el pié derecho con compases hacía atrás. Y esto ha de ser sin mover el pié izquierdo. En esto le traerá ocho días. 167DE ENSEÑANZA DE MAESTROS 2. Y así mismo le mandará que vuelva a tomar el montante, y haga el mismo movimiento de aumento y le pase por encima de su cabeza, volviendo su rostro, que siempre ha de mirar a la punta del montante. Y que de un tajo sencillo hasta quedar el montante en su hombro izquierdo, dando un paso adelante, y de allí que de un revés, dando otro paso con el pié izquierdo. Y así dará cuatro o cinco pasos tirando tajos y reveses. Y en la misma forma, que los vuelva a deshacer hasta volver a donde salió; y de allí trueque el montante, tirando estocadas a uno y otro lado. Y esta misma treta mandarle después que lo haga doble, que será tajo y tajo, revés y revés, cada dos tajos y reveses que quepan en un compás, hasta volverle a donde salió y hacer las estocadas. 3. También se le enseñará que haga plaza ciñendo el montante a sí mismo, como quien dice afuera caballeros, y de aquí podrá dar largos compases o pequeños, a uno y otro lado. Y siempre que le parezca, podrá al acabar los tiempos, poner el montante, o en su hombro derecho, o izquierdo, o en su cabeza. Que muchos le usan ponerle en la cabeza, a fin de que dicen, que guarda las espaldas. Otras muchas cosas se pudieran tratar, mas el uso las descubrirá. 168TERCERA PARTE ADVERTENCIAS A ESTE LIBRO. Siempre he deseado acertar sin más interés que aprovechar mi nación, en cosa que siendo común a ella, le haga singular entre las demás. Y esto solo puedo hacerlo en la ciencia de las armas que profeso, que aunque no aprendida en universidades, ni comunicada o conferida con hombres doctos, sola la experiencia y el mucho ejercicio, junto con el natural deseo de saber y de enseñar la verdad de esta ciencia. Me ha hecho venir, no solo en el conocimiento de ella, sino también del modo y estilo de enseñarla como se debe enseñar. Siendo no cosa común, sino muy nueva. Porque si hasta aquí se ha enseñado, y se enseña con dilatadas y desatadas reglas, cuyos conceptos hacen agregación en el entendimiento en muy largo tiempo (la cual agregación es el hábito de la ciencia.) Por ir tan desatadas como he dicho, y por la gloria de Dios, he hallado el modo de enseñarla con breves y compendiosas reglas y preceptos; y no desatadas, sino tan unidas y trabadas, que como eslabonadas, en siendo de un eslabón de ellas, tras de aquella se van todas. Y esto con tanta claridad y distinción, que no ofuscando el entendimiento ni embarazando la memoria en breve tiempo, hacen tal agregación y junta en el entendimiento, que a poca cosa se le halla el hombre con el hábito de la ciencia sin embarazo alguno, sin confusión, ni duda, que él mismo recurriendo a los principios no se la delate. Esto, hasta ahora, no se ha enseñado así. Luego será cosa nueva y no común. Y si por haber visto algunos un epítome que hice solo para dar a los discípulos que me asisten, que solo para estos es de provecho, juzgando los Maestros sabios de esta ciencia no haber sacado yo cosa nueva en el. Porque en tan breve escrito no se pudo hacer más de lo que tiene, mas en el que cita se 67 hallarán todas las dificultades que se pueden ofrecer; y verán allí lo nuevo que yo he hallado en esta ciencia. Mas para hacer alguna parte de respuesta, y aliviar el camino del 169DE ENSEÑANZA DE MAESTROS aficionado que me quisiere responder, daré cuenta de algunos puntos de ella entre personas sabias. Y Maestros que me respondieron de lo que les parecía el cuaderno, y el más bien le dispuso, fue su señoría el señor Don Antonio Oquendo, Almirante Real de las armadas de su Magestad. Con más de treinta y cinco años en el oficio, habiendo tenido lo más de este tiempo a su cargo el gobierno de general. Con el cual es muy notorio los grandes provechos que su Magestad ha recibido, y hoy recibe del valor de tan eminente soldado. Pues conocidamente es su mismo centro la guerra y aguas de la mar. Y la respuesta de estos señores, y Maestros, fue decir que estaba bueno. Mas que no había en él novedad alguna. Y quien más bien me respondió fue su señoría Don Antonio Oquendo, que por sus mismos capítulos le contrapuso y citó. Y haciéndole yo a su señoría respuesta, quedó muy satisfecho en todo, y por eso he determinado en estos capítulos, y tabla, dar un principio de respuesta y un motivo de estudio al que fuere aficionado a saber. 171DE ENSEÑANZA DE MAESTROS TABLA DE LOS CAPÍTULOS DE ESTE LIBRO. El prólogo es un discurso y recopilación para considerar las dificultades que se han pasado hasta estar en esta verdad. Conviene trabajarlo y reparar en él. PRIMERA PARTE. Cap. I. De los movimientos que han de hacer para entender la verdad de esta ciencia, y lo que importa que sea un hombre capaz de éstos movimientos. Jamás se ha escrito en esta forma. Fol. 1. Cap. II. De cómo nuestro autor descubrió esta universal hace cuarenta años, entre otras heridas. Fol. 2. Cap. III. De los ángulos y movimientos que debe saber el diestro. Y esto otro autor lo trata bien cumplidamente. 3. Cap. IIII. De las heridas sobre que se carga esta ciencia. No he hallado escrito cosa de esto. 5. Cap. V. De las tretas vulgares. No se hallarán escritas en la forma de este libro. 6. Demostración I. De que el ángulo recto alcanza más que el obtuso y el agudo. 8. Demostración II. Del círculo. No le he hallado de esta hecha, ni distinguido en esta forma, y el que le leyere lo verá. 9. Demostración III. Del elegir medio de proporción. Trató de él muy bien nuestro autor, mas nunca nos declaró que el natural del hombre era poner la espada debajo del pulpejo de la mano. 12. Demostración IIII. De la graduación y fuerzas de la espada. Escrito se hallará la demostración en diversas partes de libros de Agripa, Carranza y de nuestro autor. Mas distinguido de esta suerte en ninguno. 15. Cap. VII. Del modo de andar por el círculo. No se ha de hallar escrito en esta forma. 16. 172TERCERA PARTE SEGUNDA PARTE. Demostración I. De la llave universal de esta ciencia, que es general baja, que se compone de dos generales. Que son: general de línea en cruz y general flaqueza debajo de la fuerza. Esta herida el nombre y su valor no se hallará escrito. 17. Demostración II. De general de línea en cruz. No se hallará esta demostración escrita de esta hechura, ni con estas partes. 20. Cap. II. De las posturas vulgares. Estas heridas y posturas dispuestas, y reducidas en esta parte, lo mucho que importan no se hallará escrito. 26. Demostración III. De general alta, que se compone de dos generales: general de estrechar y general flaqueza encima de la fuerza. Las dos es su nombre general alta, jamás se ha escrito. 40. Demostración IIII. De atajo general. Solo lo he hallado escrito en el cuaderno, el que lo trabajare verá si está con esta definición y heridas. 42. Atajo general redondo el cuerpo de perfil no se hallará escrito. Cap. III. En que se trata de particulares heridas. 50. TERCERA PARTE. En que se trata de la daga. No he hallado en esto cosa escrita que me satisfaga. Cap. I. Que trata de la daga, broquel o capa. No se hallará escrita en esta forma. 53. Cap. II. Del modo de pelear algunos hombres, y lo que conviene saber el discípulo. Nada de esto hallarán escrito. 55. Cap. III. De la daga contra espada. No lo he hallado escrito. 56. Cap. IIII. De la enseñanza del izquierdo. No lo he hallado escrito. 61. Cap. V. De las partes que ha de tener el Maestro. 63. Fin de la Tabla. 173DE ENSEÑANZA DE MAESTROS Como tan deseoso del ajusto de esta ciencia deseo ver en ella estudiosos, y en esta ciudad de Cádiz ha hecho dirigencia con todos los diestros que hay. Y ha habido como puerto donde concurren los hombres más experimentados en esta ciencia de todo el mundo, litigando esta verdad con todos, deseando de acertar, y hasta ahora, a todos ha satisfecho este modo de enseñanza, haciéndoles nuevo, nunca visto. No le parezca al más avisado que esto se ha hecho a escondidas, y que no se ha litigado con el mismo dueño de esta ciencia, el cual sabe que esto que sigo es lo mejor que ha podido descubrir el arte. Y que solo será su discípulo el que siguiere este libro y enseñanza. Y yo confieso ser sacado de su ingenio, y para ello cito partes y libro donde se ha escrito, confesando nuestro autor ser lo mejor. Este libro he escrito muy moralmente a título que lo puedan entender todo género de profesores de este arte, por ser ello tan dificultoso. Y los más Maestros que tienen escuelas públicas, y sacan los juegos a las plazas, son hombres de pequeño estudio. Y me parece que el sabio también hallará lo que convenga, recibiendo mi buen deseo de acertar, y así perdonarán los yerros que en él hallaren, que en el tercero, que prometo dar bien presto, trataré de realzarlo lo más que pudiere de ajusto, lenguaje y filosofía. LAUS DEO. EPITOME DE LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA, Y DESTREZA MATEMÁTICA DE LAS ARMAS, QUE A DE DAR EL MAESTRO AL DISCÍPULO. POR EL LICENCIADO LUIS DÍAZ DE VIEDMA NATURAL DE LA CIUDAD DE GUADIX. TRANSCRITO POR EL INICIADO RODRIGO TUDELA VILLAFUERTE DIRIGIDO POR EL MAESTRO MARCELINO MIGUEL CASTRO EPITOME DE LA ENSEÑANZA de la Filosofía, y destreza matemática de las Armas, que a de dar el Maestro al Discípulo. Por Luís Díaz de Viedma, natural de la ciudad de Guadix. A DON BARTOLOMÉ DE Villavicencio y Negron, Caballero de la Orden de Alcántara, etc. Año 1639. CON LICENCIA _________ ___________________________________ Impreso en Cádiz, por Fernando Rey. APROBACIÓN DEL ALFÉREZ Luis Brabo de Rojas. Por comisión del señor Licenciado Agustín Delgado, Canónigo de la santa iglesia catedral de esta ciudad de Cádiz, Provisor y Vicario general en ella, y su Obispado, he visto este Epitome de la verdadera destreza, compuesto por el Maestro Luís Díaz de Viedma, y hallo que no tiene cosa contra las buenas costumbres, antes es muy conforme a la profesión Española, por lo cual se le puede dar licencia para que lo de a la imprenta. Dada en Cádiz en nueve días del mes de Abril de 1639. El Alférez Luis Brabo de Rojas. APROBACIÓN DEL MUY REVERENDO PADRE Juan de Ardines de la Compañía de Jesús. Por orden del señor Licenciado Agustín Delgado, Canónigo de la santa iglesia catedral de esta ciudad de Cádiz, Provisor y Vicario general en ella, y su Obispado, he visto este Epítome de la verdadera enseñanza para usar bien las armas, y no hallo en él cosa contra la Fe, o buenas costumbres, y así por esta parte se podrá imprimir.