A lo cual respondió Polemarco: - ¿El tacto solo por sí, no podrá distinguir la fuerza de la flaqueza, que está en el cuerpo contrario ni en la postura de la espada como pude la vista percibir lo blanco y negro, en un punto? - Veamos, ¿cómo podréis vos, replicó Carilao, distinguir la fuerza de la flaqueza, para la aplicación de las heridas, y preveniros de fuerza en potencia propincua, conforme a la que hallareis en el contrario, si no es por el tacto, siendo su objeto lo fuerte y lo flaco? Lo cual no puede sernos manifiesto por el órgano visivo, estando la fuerza oculta, no siendo de su jurisdicción. Y para confirmación de lo que tratamos, sabed que la virtud animal nace del cerebro, y se difunde en los nervios, y el tacto está en la mano, con el cual gozan los nervios de la distinción: pues como la espada está en la mano no apretada, y se le comunica la fuerza que ha menester, por parte de lo contiguo, teniendo tan conjunto el medio, esta potencia, y el medio aplicado a la espada, fácilmente en tocando una espada con otra, se conoce la fuerza del arma contraria, y la fuerza del cuerpo, De dónde tiene origen el tentar la espada. y al tacto que se hace de esta manera, para el conocimiento de la fuerza, que digo lo llamó el vulgo, tiento de espada, porque un cuerpo, no puede mover a otro cuerpo, 28 si no es tocándole, aunque algunas veces se llama tentar, porque conviene al diestro llegar muy atento en semejantes términos, por ser movimiento el que tienta, que no se hiere con él; y mientras va la espada a tentar, puede ir la contraria a herir, o por conocer la fuerza del brazo, y la postura del cuerpo. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS46DIÁLOGO PRIMERO - Cuando está el contrario, replicó Polemarco, en postura, sabiendo ya yo cuál es la fuerza en un perfil del cuerpo y cuál parte flaca le corresponde, ¿con solo la vista no se conocerá muy bien esto? ¿Y bastará para la aplicación de las heridas, pues no puede faltar la verdad que tenemos sabida por demostración? - Así es, respondió Carilao, que basta la vista sola para eso que apuntáis; Dos contrarios no se compadecen en un sujeto. porque no se muda jamás la fuerza del centro en la flaqueza, ni la flaqueza de lo remoto de él, se convierte en fuerza, ni hay fuerza y flaqueza todo junto en un lugar, como no es posible enfriarse el fuego, ni arder la nieve: y aunque no hay mudanza en esto, sabed que el tacto certifica en la destreza, lo que ha conocido la vista; El tacto sirve de noche en la destreza más que todos los sentidos. y de noche cuando la vista no le puede ayudar, él se vale por sí, pues tentando la espada, conforme al lugar donde la halla, y la deja, endereza el diestro la proposición, y por causa del tacto venimos a conocer entonces la fuerza, y a saber el lugar de la espada. Por esta razón el tacto, aunque inferior a vuestro parecer, lleva todas estas ventajas a la vista, pues solo con ella no podemos herir al adversario, aunque lo vemos cerca, como podemos con solo el tacto; y aunque están distantes los sentidos, entiendo que tienen cierto parentesco, pues perdida la vista, hereda el tacto alguna parte, y los 29 demás cada uno la suya, verificando los unos lo que en los otros muchas veces es sospecha. Así que conviene a la destreza, la certeza del tacto sirviéndole la vista, como hemos dicho en los capítulos de la perspectiva de la práctica del arte. - De manera, respondió Meliso, que la parte de la especulación se la daremos a la vista, por ser el sentido más espiritual, y por esta razón el más noble: y la parte que toca a la práctica, al tacto, por serle inferior y sujeto, como lo es el sentido particular del común. Pues ya nos habéis declarado, dijo Meliso, cuál de las potencias inferiores sirve más en la destreza, decidnos algo de las interiores, (que a lo que creo) habrá algunas que sirvan más que otras; aunque todas tienen sus actos interiores, y desnudan la materia, conforme a la nobleza de cada una. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ47DE VERDADERA DESTREZA En el entendimiento consiste lo principal de la destreza. - Todas las potencias podemos decir con verdad que sirven, respondió Carilao, porque la parte más principal de la destreza consiste en el entendimiento, y la menor en los sentidos, con ser tan importantes, como habéis oído; y por parte del conocimiento particular se da noticia al entendimiento de lo universal, como es dicho. - Me parece, dijo Polemarco, que esas potencias interiores, son todas una, salvo que difieren en los nombres, porque lo que hace la fantasía, vemos que hace la imaginación, lo mismo que la estimativa: y lo que hace el sentido común, hacen también los particulares, de quien todos son gobernados, y a donde todos se registran; y lo mismo entiendo de la división del entendimiento. El oficio del entendimiento. - Ese entre todas las potencias, dijo Carilao, es quien solo trata en la verdad, mercadería del cielo, sacada de la naturaleza de 30 las cosas de todo punto incorpóreas, para el conocimiento de la cual, sirven al alma todos los sentidos, y las demás potencias, sin que algún tiempo la una usurpe el oficio de la otra, como sirven todas las cosas que tengo referidas, para el conocimiento de la verdadera destreza. Así que la vista, el oído, y el tacto, y todas las potencias interiores, sin escaparse alguna, sirven a las armas. Los oficios de las potencias interiores. Porque lo que el entendimiento recibe, la imaginación lo representa; y el conocimiento forma, y el ingenio busca, y la razón juzga, y la memoria guarda, y la reminiscencia despierta a la memoria, y la inteligencia aprende, y lo lleva todo a la contemplación. Así que el alma conoce las cosas presentes por el sentido, y las ausentes por la imaginación. Cual es la potencia, tal es el objeto. También tiene el alma otros actos, que pertenecen al cuerpo, conviene a saber, el vegetar, por la virtud natural, y el vivir por la vital, y el sentir por la virtud animal: de manera que cual es la potencia, tal es el objeto. Ya habéis visto parte de los materiales, sobre los que se forma la destreza, dicho todo conforme a la brevedad del tiempo, porque dejo lo que resta para tratarlo en los demás libros COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS48DIÁLOGO PRIMERO largamente. Sabed ahora por remate de nuestro razonamiento, que una parte de la destreza consiste en el Arte, y otra en la experiencia. La parte de la destreza que toca al Arte. Lo que toca al Arte, son los preceptos y fundamentos verdaderos, de que se compone, los cuales no se han de mudar, según Aristóteles, la fuerza en flaqueza, ni la flaqueza en fuerza, 31 porque no puede haber dos contrarios en un sujeto, y lo que toca a la experiencia, es diligencia en la aplicación de las tretas, ligereza para salir de ellas, previniendo a la potencia; consejo en las mismas cosas, para adaptarlas, conforme al lugar y al tiempo, no haciendo cosa jamás en destreza, de la cual no se pueda dar causa probable, y sin haberla bien entendido, para que no falte la treta en el peligro. - Meliso. Ya que el hombre sepa todas las cosas referidas, y el cuerpo esté medido, en las diferencias de las posturas, ¿cómo nos hemos de haber? Resolución de toda la ciencia. - Fácilmente sabréis, cómo se podrá ganar lo que en un perfil se pierde, respondió Carilao; y por qué partes, estando ya reguladas, se ha de acudir, para darle a la herida su valor: De qué movimientos se compone la treta. porque entended que las tretas, aunque sabéis que son movimientos, tienen la compostura de diferentes líneas, y cada línea tiene su naturaleza, de las cuales se componen las heridas, formadas de los movimientos, grave, agudo, obtuso, circunflexo, mixto, y cada especie de movimiento, se aplica a diferente parte del cuerpo, y como todos los afectos tienen sus ímpetus con que nos mueven, así se ha de aplicar a cada afecto, movimiento, que con él se iguale en naturaleza, para que la ejecución sea verdadera en el contrario: LUIS PACHECO DE NARVÁEZ49DE VERDADERA DESTREZA La treta se ha de aplicar, conforme al ánimo del que aprende. porque si el movimiento es de otro género, y desigual al ánimo del que aprende, o emprende la herida, el ánimo dispara, aunque uno sepa muchas cosas, como se ve comúnmente. Así que regulado el cuerpo en todos sus perfiles, y puestos los grados 32 a todos los movimientos, que son los que hacen la distancia de todas las cosas, La destreza trata de universal. se saca una universal infalible, contra todos los perfiles, y posturas, movimientos, compases, y heridas, para no estar en duda a la defensión, y ofensión del contrario, sirviéndole de universal en todas las posturas, en cualquier especie de herida que se hiciere, y de todas las cosas inventadas, solo esta faltaba por reducir a ciencia, y con ella habrá mucho menos mal en los vicios, desterrándolos, porque las artes son maestras de la virtud. Fin del diálogo de verdadera destreza. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ51DE LA HIPOCRESÍA, ETC. 33 DIÁLOGO SEGUNDO, QUE TRATA DE LA HIPOCRESÍA DE LOS BRAVOS, Y DE SU CORRUPTA DISCIPLINA. Meliso, Eudemio, Filandro, Polemarco, Carilao. Después de que Carilao, como experimentado en el ministerio de las armas, declaró alguna parte de la verdadera destreza, todos quedaron muy contentos de sus razones, y tornando entre sí a repetirlas, deseaban ver ya las demostraciones de la destreza, para seguir el uso de ellas, y con esta codicia de saber, se tornaron a ver en palacio otro día, más temprano de lo acostumbrado, donde se levantaron nuevas pláticas en admiración de las que habían tenido el día anterior, cuando los apartó de aquel pensamiento la venida de un hombre, que aunque al principio fue a algunos molesto, después de que entendieron su humor, holgaron 34 mucho con él, el cual era un maestro de armas, con quien tenía Carilao concertado que viniese por allí, por dar algún contento a sus amigos, que sacudiendo la cabeza, y torciendo la boca a uno y otro lado, y rizando los bigotes, la mano puesta en la barba, y haciendo muchas vueltas, y meneos con la espada, con el paso largo y espacioso. A los que no lo conocieron espantó, y llegando muy mesurado a ellos, los ojos abiertos, en una extraña postura, el pie izquierdo delante, les habló con una gravedad y voz tan hueca, que más admiración les puso. Y preguntando Eudemio, qué quería, respondió arrugando la frente, y torciendo la boca, el sombrero en la mano: - Vengo acá, porque se me mandó, y soy obligado, principalmente a ver si hay algo de nones, en que podamos servir al señor Carilao. Arrójeme acá esas manos para besárselas, que le debo más que a mi padre, y que a todo mi linaje, por la rosa abierta, si se ha de decir verdad. - No hay que tratar más en ello, yo os lo agradezco, maestro, dijo Carilao; y sabed que este Caballero, señalando a Eudemio, os es aficionado, por lo que yo he dicho que sabéis de las armas. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS52DIÁLOGO SEGUNDO En esto Polemarco, que le conocía bien, y tenía noticia de su braveza, rogó a Carilao, que se fuese de allí, porque el maestro viéndose sin él estaría sin respeto, y hablaría algunas cosas que les diese contento. Y Carilao por agradarles, se partió de allí diciendo: - Maestro, mientras yo voy a un negocio que se ha ofrecido, porque no estén ociosos todos, declarad a Eudemio parte de los secretos que en la destreza y valentía habéis 35 alcanzando: y vos Eudemio, pues habéis de ser juez y testigo en esta causa, escuchad bien lo que el maestro dijere, que os hará gran provecho, porque no podrá el engaño que hay en las tretas de estos, concertarse tan artificiosamente, que por alguna parte no se descubran. - Vaya con Dios, señor mío, respondió el maestro, y no se detenga cantidad: y volviéndose a los que quedaban espantados de ver su talle y habla, dijo a Eudemio: Gentil hombre, ¿sois muy aficionado a las armas, y al pelear? ¿O sois diestro? ¿Por ventura habéis ganado alguna lección de algún buen hijo en esta vida? - En mi vida, respondió Eudemio, he tomado lección, y me haréis la mayor honra del mundo en adiestrarme, porque siendo de tan buena mano como la vuestra, será grande el provecho. - Creedlo así, respondió el maestro, y os lo aconsejo, porque me parecéis hombre llano, y porque tocáis al buen amigo que se fue. - Decidme por vuestra vida, replicó Eudemio (que no saldrá de entre nosotros, pues ya me tenéis por amigo), ¿sabe algo de las armas Carilao? - No hay que decir en verdad, respondió el maestro, razonable mozo es, bonico, pelea bien, entiende; por ahí conmigo ha comunicado algunas cosillas, en fin sabe algo: pero no tengo la mano llena de su destreza: a los que enseñan en secreto estocadas sin reparo, y a algunos de los maestros, no les parece bien lo que sabe, porque hace allá unas esgrimas por el aire, y me quiebran la cabeza unos y otros qué es Geometría; y no lo digo porque lo sepa, que me ahorcaré: ¿pero qué se me puede dar, acreditando él todos sus negocios conmigo? He sido su tercero cien mil veces, LUIS PACHECO DE NARVÁEZ53DE LA HIPOCRESÍA, ETC. 36 y lo he levantado del polvo de la tierra, y ahora es muy mi señor, aunque reconoce todavía el buen hijo: dejémoslo, no hay que tratar en ello. - En verdad, dijo, Eudemio, que como todos estaba yo engañado, porque me decían algunos que sabía mucho en esto, y que nunca tuvo maestro, y persuadían sea ello, por ver la diferencia que desde el principio hacía su destreza a la de todos. - Ha [Ay], si hablase, dijo el maestro, ¿qué puede saber este mozo, que no sepamos aquí? ¿Todo lo de las armas, no son heridas? Pues heridas sé yo, y heridas tengo en esta persona. Sé contrarios, golpes de tajo y revés; entiendo que es, por vuestra vida, una en todos, y dan tanto al que bien hila, como al que mal; y todos tenemos un nombre. A esto Polemarco le atajó, diciendo: - Paso, que Carilao no es esgrimidor, ni trata de eso, más que por su contentamiento, que solo para su contemplación lo supo, e hizo (sin haber para que) muchas veces en veras y en burlas, con varias gentes, la experiencia de ello. Y no me espanto de lo que decís, porque sé que la virtud que menos veces se halla, es más estimada de unos, y murmurada de otros: y que seáis vos en eso tan descomedido, como algunos ignorantes, que no hallando faltas que poner en su persona, le han dado ese nombre. - Pues de eso que vos decís, respondió el maestro, (si hemos de decir verdad), ni he visto yo lo uno, ni lo otro, y otros me lo han dicho a mí. - A esto, replicó Polemarco, Carilao ha ganado el crédito con la gente principal, y con los hombres que saben, y en él esto no es opinión, como en las otras gentes, si no es verdad averiguada con la experiencia. 37 - ¿Y no fuera bueno (diga ahora el señor) replicó el maestro, que lo viéramos todos, para que no tuvieran qué decir contra él? - Bien fuera, replicó Polemarco, si vos y esos que decís lo entendierais; y según vuestro parecer, hizo mal Carilao, la vez que le sucedió alguna cosa, en no dar un pregón, como jugador de manos, para avisar a todos, que lo supiesen, y lo viesen; y lo acertará, porque las cosas que ha hecho, los vulgares, y gente baja, no las hubieran tenido por imposibles. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS54DIÁLOGO SEGUNDO - Dejemos esto, dijo el maestro, que he estado burlando con vosotros: y decid, Eudemio, ¿a qué armas sois aficionado? ¿Por cuál queréis comenzar? Y como Eudemio respondiese, que por la espada sola, el maestro dijo: - Y como que la sé yo bien, pecador de mí. El engaño primero del vulgo. Mas ante todas cosas pensad, que no hay nadie que sepa más que vos, ni conocéis quien os pueda contradecir, que esto es para tener confianza que sabréis mucho; y si no lo supiereis, os quedaréis con la confianza, que es la que más nos aprovecha en las armas. Tomad pues esa espada por medio, y sabed que esa espada que todos traen, es en todo semejante al cuerpo del hombre. Aplicación ridícula. Primeramente, el pomo es semejante a la cabeza, y del modo que el hombre sin cabeza no tiene vida, ni sirve de nada, así la espada sin el pomo no es de ningún provecho. El puño es semejante al cuerpo, y los gavilanes de la guarnición a los dos brazos, porque defienden las heridas: y la guarnición es semejante al vestido, la cual os defiende la mano de los golpes y pedradas, como os defiende el vestido del frío, y del calor: y así en todo lo demás que toca. Sabed más ahora, que de esta 38 Guarnición hasta la punta se llama espada, y en la lengua de buenos hijos se nombra hoja. Lo que está entre la guarnición y el pomo, que algunos llaman manzana, llamaréis vos puño. Las pláticas son que engaña el vulgo. Y notad también, que la espada hiere, y el puño no, ni por pensamiento: y a quien ha sabido aplicaros la espada, y todas sus partes al cuerpo del hombre, llamaréis sabio en armas, y único en destreza. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ55DE LA HIPOCRESÍA, ETC. Primera secta vulgar. Ahora que sabéis esto, y cuál es el puño: meted la mano en él, poniendo la espada en la correa, y apartaos de mí; haced como yo. ¿Sabéis las constituciones de la escuela? Sacad el pie izquierdo, y mano, para que las guardéis lo digo: la mano fuera mejor que la tuvierais atrás, quedándoos puesto en talle: puesto digo, daos prisa, teneos, reparad, aunque temprano para saberlo; cuando da mi espada en esa vuestra, se llama así. Quietaos afuera, a un lado; filo arriba, volved, juntad el pie: digo tajo, corred la mano por el filo, las uñas arriba; ta ta, andad por allí conmigo: quedo, recogeos a buen vivir, alzad el pie, poned la mano, cerrad la boca, no me hagáis gestos, tajo a aquella parte, y a esta revés: así, tirad largo, juntaos conmigo, vaciad la espada, torna allí, pasad acullá; desvía esta punta, arrebatad de tajo, arrojaos por encima, sosegaos. - Por cierto, dijo Eudemio, que si todo es así, que yo quedo molido, sin ningún provecho, y sin guardar de ello. A esto dijo el maestro: - Qué poco sabéis, temprano queríais competir con el maestro: decid pecador, ¿si vos gustareis, y yo, qué diferencia había entre mí y vos? Segunda secta vulgar. Toma esa espada digo, y no la dejéis otra vez: tirad un tajo largo, y un revés como el mío a vuestro 39 gusto, más largo, que me dé, así, tened los pies en el suelo firmes, y la espada en la mano, aventad una estocada con el pie izquierdo, y cortando salid de revés. Buen aire tenéis, a un lado, por acullá, haga una rueda por allí; por allí, que es contra rueda. Le gane el Sol a su enemigo, por aquella parte arriba de tajo, debajo de un mandoble, con el mismo pie, y pintaos conmigo, el brazo como yo; alzad esa espada con esta postura, que es para los principios la mejor. Tentad esa espada, aunque es temprano para ello; COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS56DIÁLOGO SEGUNDO Tercera secta vulgar. basta, apartaos, tornad, cargaos sobre ella, no a mí, ni os lleguéis tanto, alzad un poco la mano, volvedla, retiraos, no lo hagáis, andad, sí, por acullá digo, afirmaos por lo más largo (que el hará razón) que con esta podéis competir (miradme el gesto) con el primer inventor de las armas, (punta y hoja) y contradecirle. Tenedlas en mucho, que son sacadas de mi cabeza. Tornaos a poner, alzad la espada; trocad los pies, dejaos caer al otro lado, por lo alto digo, no reparéis en ninguna manera: ya vais enmendado; no tiréis tan recio, alzad el rostro, columbradme [rastrear o conjeturar por indicios de algo, S. A., S. F. 4] la espada, bajad esas cejas: dad muestras de hombre enojado, abrid los ojos, que a aún burlando os tengan miedo, andad aprisa, que un resuello alcance al otro: llegad esa espada a mí, y sabed que esta es punta que yo hago, y la que hacéis ahora vos, es contrapunta. Treta afuera, desviaos allá. - Esperad, dijo Eudemio, que no la tengo bien entendida, que me parece buena. - Burlando lo diréis, respondió el maestro. Lo más ahechado del vulgo. Tornaos a acomodar, y miradme acá, poneos; ¿veis cómo encamino la punta de vuestra espada a mi pecho, por debajo de la espada mía, habiéndoos yo llegado a tentar? 40 Esa es punta, miradme acá, la herida de estocada, que yo ahora envaso, es contra punta: ha sido la treta más envidiada del mundo, y más, que mis obras y destreza, no han menester parecer de persona viviente; lo digo porque concurren en mí todas las calidades que un hombre diestrísimo ha de tener, y aún de honra. Cuarta secta vulgar. Tomad esa espada, tendeos por allí conmigo, volved la mano uñas abajo, juntad el pie, desviaos de mí, sacad, tornad, cargad, tened queda la espada, alzad el brazo con linda gracia, como yo digo, de la manera que yo, hombre, paso a un lado; no tentéis la espada, limpio por acullá; acometed al rostro, tornad allí, poned esa mano izquierda en su lugar: quitadla de ahí, pasadla acá, acudid a este golpe, tiraos allá, poned la espada baja, sacad el pie; vuelta LUIS PACHECO DE NARVÁEZ57DE LA HIPOCRESÍA, ETC. alrededor, señor mío por un lado digo, por donde yo: sosegaos, teneos, no hagáis meneos; ya podríais saber presto; con otras dos lecciones no habrá más que enseñaros. - Pues yo estoy cansado, dijo Eudemio. - Pues no me cansaré yo jamás, respondió el maestro, porque a lo que con razón sospecho, nací solo para mostrar hombres en este mundo. - Yo lo creo, dijo Eudemio: pero decidme ¿cómo lo hago? Porque si no soy para ello, no gastaré tiempo en esto, y he de darme a cosa más fácil: aunque si todo es así, presto lo aprenderé. - Ahora, replicó el maestro, callad vuestra boca, que yo os pondré de manera que no os conozcáis, ni hombre en el mundo sepa juzgar en lo que aprenderéis: Quinta secta vulgar. oíd, miradme al rostro, poneos allí como antes esa espada, salid fuera, venidme a la hoja, vuelta a un lado; acullá digo, por allí, desde allá, vuelta en rueda. Dios sea con vos, 41 se os cayó la gorra, del maestro es esa, enviad para la lámpara; Las constituciones de la escuela. no se olvide lo del Sábado, tornaos, ya vais enmendado: como tiento yo, bien está, acometed al gesto de vuestro maestro, digo enemigo, presto, sin temor, reparad, pasad el pie, tornad afuera, y venidme a la cara, con tiento. Acometimiento se llama ese, cargad la espada por la mía, al pie mío: tajo, y quedaos con linda gracia en punta, y si se os escapare por gran ventura del tajo, no se os irá en alguna manera del revés. Mandoble se llama el que hicisteis ahora, miradme acá, que no lo suelo decir a todas las gentes; catad, no acullá, con la espada afuera, ya os reparo, salid; salga aprisa, de revés: de medio digo, señor mío, en este muslo, se torne allí conmigo. ¿Qué os parece ignorante? Esta sí es lección practicada con todas sus partes; treta herida, golpe para despachar; este es de varón, para guerra y paz, para todas las partes del cuerpo donde diere. Esta es liña o linde, como le llama Carranza, esta otra es circulencia, que en lengua cortesana se llama así. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS58DIÁLOGO SEGUNDO Sexta lección de las que el vulgo tiene. Alzad la espada, que por el sentido abajo me viene una rica lección de las que doy a los amigos que mejor lo pagan. Tire por allí un tajo volado, por el filo digo; no digo así, no quiero: al trocado, medio compás; esperad un poco, sin que lo oigan vuestros amigos. ¿Sabéis quien aprenda de mí la rodela, que la sé extremadamente, estocada de puño, uñas abajo? Pero ha de aprender secreto, porque si lo saben, no lo habrá menester, ni se le atreverá nadie en su vida. ¿En mal punto, señor, que me dolió, al maestro cuchillada? No tan largo. - Perdonad, dijo Eudemio, que no pensé alcanzaros tanto. 42 - Bueno es eso, respondió el maestro; ya vais enmendando: lo creo. Por buen precio lo haré, si vos quisiereis. Bien está, no diga tal, ni aquello. Mirad lo que hago. Estaos quedo. Ay, ay: bonicamente pagáis al maestro. No tan bravo. Paso, no. Ya vais enmendado. Sí, tornaos, bien podéis; no tan recio. Apártate ellá traidor, que me enojare. ¿Si no reparará? Quedo, bien, acullá, por donde yo digo. Peor es enseñaros a vos, que reñir con un ciento de hombres. No es eso, ni me entendéis, niego ese compás de pie izquierdo. ¿Sabéis? No, que por eso os enseño yo. Quedo, a un lado, con el otro pie digo. Quien malas mañas ha. No lo hagáis. Tornad a pintaros. No me entiendo, vuelta digo alrededor; eso es, bien está, poned silencio a la hoja. Sentaos. - Decidme primero, preguntó Eudemio, ¿cuándo aprenderé a dar una herida al contrario, limpia, sin que el otro me dé? - ¿Cuándo? Respondió el maestro, cuando le diereis por detrás: y entended, que estas tretas ahora pasadas, son de las invencibles, ricas, miradlas bien, que si con cualquiera de ellas hubiere alguno de esos diestros, que me quiera reñir dos reales, arrojádmelos a las manos, que yo les haré abatir mal su grado a la hoja y mano diestra. - Decidme, dijo Eudemio, ¿cuál fue el primer maestro que tuvisteis en las armas? LUIS PACHECO DE NARVÁEZ59DE LA HIPOCRESÍA, ETC. Respondió el maestro: - El primero que tuve, fue a Mizar Melanbrucho, gentil hombre, Borgoñón, Francés de linaje, el cual, va enseñando a todos sus parientes por descendencia, y yo fui de todos el más hábil de las armas, y reglas de germania; y por ellas alcancé por mi gran valor a enseñar a muchos Reyes, y he hecho en plaza prueba de mi habilidad, 43 y con ella he ganado toda la honra que tengo, y más, si más se puede ganar, así en la destreza, como de valentía, con todos los secretos que guardan los bravos para sí: y demos trabajo a las descansadas hojas, si os parece, gozaréis de una admirable lección que me dio escrita el gran Pedro Monte, que fue el mejor hombre de la manotada que hubo en su tiempo. Séptima treta vulgar. Alzad pues esa haldica [regazo o enfaldo de la saya, parte del cuerpo donde se forma el enfaldo de la saya, S. A., S. F. 5] del sayo delantera, y ponedla en el cinto, haga aquel aire con la espada que yo: ándese por allí conmigo, téngase, bien va, ponga la daga encima del brazo de la espada, desvíe esta punta con ella, y luego acuda a herir con la espada, estocada de puño, reparad este tajo con la espada y daga cruzadas, que dé el golpe en medio de ellas. Un revés, meta el pie, desvíe este golpe, cara afuera, con la daga, y hiera con la espada, o con la daga. Lindo por cierto, ¿no sé cómo no se muere el mundo por mí, según tengo el buen aire? Mandoble con ese otro pie, así, un revés, y un tajo largo, con ese otro más largo; esconded la daga, no os la vea, que me dé, que me alcance, que corte una pierna, hombre. O este aire que tengo, ¿quién lo pudiera dejar a sus hijos en el testamento? Mirad lo que hago, ¿estáis aquí, o no? Bonico, no digo tal. Haga reparo con la daga, digo desvío. Aprovecharéis mucho. Embate por allí, espere, que mi espada quiera acabar, y desvíe luego ganchos en ella, soltádmela, dejad la daga, y dadla a su vaina: quedo, paso, ya, corte, tajo largo: mandoble hasta la punta del enemigo, y estocada embrocada: sus, y contra sus [él y contra el otro, Maestro Marcelino Miguel]. Coja el pie balanza en la espada, saque por abajo, excuse esta punta con una manotada,44 o brazal. Tirad un tajo mandoble en mí: Yo os lo doy ahora a vos, y cuando acabe el mío, otro vos a mi espada. Rica por cierto, juntad los pies; lindo en verdad, sutil, admirable: en todo extremo sois cumplido hombre. Quietad la hoja, no se nos acabe el aljibe de las lecciones: pero es imposible. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS60DIÁLOGO SEGUNDO - Oídme, dijo Eudemio, ¿cómo se puede hacer, desviar vos mi espada con vuestra daga, y herirme en un tiempo con vuestra espada? A lo cual respondió Meliso: - Porque el movimiento que hace la daga al desviar, es menor que el de la herida; y el movimiento de la espada, quita de su cantidad la parte de su movimiento que hizo la daga en el desvío, y viene a ser lo mismo que un movimiento cumplido. A lo cual respondió Eudemio: - ¿Habéis de poner la atención de la vista a la herida, o al desvío? Si miráis a la herida, no acertaréis a desviar, si no viene la espada por parte muy cierta; y no es una por donde viene siempre, porque se considera la herida alta, o baja, o media, o por de fuera: y si miráis el desvío, erraréis la herida, y ha de daros el contrario; porque la atención de la vista, es como la de la memoria para la fuerza, que por otro nombre llamamos intención, o concepto del ánimo, que dura tiempo alguno, y vemos que se ha de aplicar, y poner en una parte, y no en dos diferentes, y en un mismo tiempo no puedo yo mirar a lo alto, y a lo bajo con atención, porque donde hay muchos intentos, en que se emplee la vista, en ninguno estará fuerte por estar dividida; luego gastáis tiempo en lo que habéis enseñado. - Porque bien sabéis, Meliso, que el movimiento del desvío difiere en especie 45 realmente del movimiento de la herida: y lo mismo entiendo de las demás tretas de la manotada: ¿y de qué sirve tanto cansancio y trabajo de cuerpo y espíritu, pudiendo enseñarse la destreza sin tanta fatiga y enfado, principalmente pudiendo hacerse todas esas heridas que vos decís, sin tocar con la mano a la espada del contrario? Me da sospecha, que cuando un hombre se vale de la mano izquierda, contra los movimientos del contrario, que se le acaba la ciencia, lo cual no hiciera, si supiera herirlo, y defenderse limpiamente. En fin maestro, yo quiero saber de qué aprovecha, ¿hay otro secreto mayor? - ¿Qué mayor secreto, respondió el maestro, que aprenderlo de mí, y ganar yo dineros con ello? LUIS PACHECO DE NARVÁEZ61DE LA HIPOCRESÍA, ETC. Octava secta vulgar. Tienda esa hoja, y tome en la mano izquierda esta daga: haga viraje de su cuerpo, míreme a mí, aparte un pie del otro mucho más. ¿Os reís? Desviad todo a un tiempo con la daga, de punta. ¿Tenéis entendido que suelo decirlo a todas las personas? Ni a una criatura viviente digo: tiente esa espada, dije acometa uñas arriba, a la cara, que se la lleve de encuentro: desvíe con la daga, meta el pie a la herida; no digo eso, ni que lo hagáis en mí: muy recio tiráis, no os lleguéis tanto, no sea esto lo pasado. Corra alrededor conmigo; si reparo, tajo al muslo, y luego arrebatar, y tajo largo; y la daga en el pecho del pobre mozo: hienda por medio de las dos espadas, acometa por dentro, y por fuera: por acá, y por acullá, si fuere menester; otra vez: arroje acá por lo alto, y no olvide lo bajo: no tan recio, ni tan fuerte, ¿que me haré afuera? ¿Me habéis de matar? Hacedlo despacio: por vuestro provecho 46 lo digo, no se me represente por ventura, que peleamos, y saque el pie, y os mate sin redención, que no será más en mi mano, o al menorete, os envase esta daga por los oídos. Deteneos. Boy tuche, yo te facce a mazino, il faro micer mio, voy sapete parlar questa lengua? Ande señor mío, que yo le enseñaré todas las lenguas del mundo, tretas de cantidad, Italianas, Toscanas, Napolitanas, Francesas, Portuguesas, Gallegas y Borgoñonas, mejor que todos los que hay examinados. Y también os enseñaré a reñir en Latín. Y haciendo con la espada en el aire una de sus posturas, le preguntó Eudemio, ¿qué era aquello? Y respondió el maestro: - Como si me lo pagaseis bien, así lo queréis saber todo: treta es aquella para dar diez, o cuatro tajos, sin llegarle a la espada al enemigo, con que le asentaréis a uno la pantufla, que se llama treta formada. - ¿Qué quiere decir, preguntó Eudemio, treta formada? - Qué se yo, respondió el maestro; lo oí decir a un diestro, y si vos apuráis de esa manera las heridas como los hombres, no habrá diestro que os ose esperar, ni responder, sacando a mí. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS62DIÁLOGO SEGUNDO Novena opinión de las que tiene el vulgo. Tomad esa rodela, apartándola del pecho, tirad un tajo, poniéndola sobre la cabeza, no tanto, desviaos, rodela en mí, pie izquierdo tras ella, revés y rodela por debajo de ella; estocada luego, llegadme a tentar, y si sacare, rodela en su espada, y estocada por lo bajo. - ¿A dónde tengo de dar herida al contrario, teniendo rodela? Dijo Eudemio. - En lo descubierto, respondió el maestro. Si tiro aquel tajo, rodela en su espada, y estocada por un lado, y tajo en el aire, y revés de pie izquierdo: con esta tretilla 47 que os dí, así, salga a esta punta: brazal, y punta en mí, tajo, brazalete: así, tiente, acometa; y si reparo, hecho va. - ¿Qué decís? ¿Qué hacéis? Dijo Eudemio. ¿No veis que todo eso es disparate? - Os digo, respondió el maestro, que reparando se concluye. - ¿Y si no repara? Dijo Eudemio. - No será ese hombre Cristiano, respondió el maestro, si así se deja matar; y si no, no sé qué os diga. Bajad un poco la mano, salid desde el puesto; torne por allí el brazal. - ¿Por qué metéis el brazo? Preguntó Eudemio. Porque según he oído decir, y está en razón, se hace cuando falta la ciencia. - ¿No os contenta? Respondió el maestro, pues a mí sí, vine la rosa coronada: el tajo largo, caiga el cuerpo, tras de él el revés atrás, ¿os acordáis de la cuchillada que di al criado del Veinticuatro, que le abrí la cabeza hasta los dientes, y con ellos me comenzó a mascar la espada, sin hacer garabatos, de acá para acullá, sino trayendo la espada limpia? LUIS PACHECO DE NARVÁEZ63DE LA HIPOCRESÍA, ETC. A esto dijo Eudemio: - ¿Qué es traer la espada limpia? ¿Es huir? - Qué ha de ser, respondió el maestro, sino llegarse poco al contrario. ¿Se ríe? Décima opinión del vulgo. Tire por allí abajo, tiente y torne afuera: cargue la espada más allá, por medio, por ahí van allá: y si vaciare, acometimiento por arriba; ¿y si reparare, por lo bajo con él al otro mundo? Uñas arriba, y dejaos caer sobre el pie. - Y si tienta la espada, dijo Eudemio, ¿cómo es limpia llegando a la del contrario? - Sí señor, respondió el maestro, bien, ¿qué hay para ello? ¿Queréis vos saber más que quien os enseña? Pues sabed que se ha de tentar la espada siendo limpia, que si es con pelo, se quebrará, claro está: y así quiero yo que se haga, pues fue el inventor de ello. Torne a tentar, tajo al brazo, y luego arrebate, y tajo en mí. Aquesta 48 me enseñó un hombre diestrísimo, La envidia y mala intención. que ya no lo es, porque no quiero que lo sea, o por decir verdad, no querría que lo fuese. - ¿Por qué razón, dijo Eudemio, si os enseñó lo poco que sabéis? - Yo lo diré, respondió el maestro, porque le han preguntado, si yo sé mucho, y ha respondido, que no sabe tal de mí, y cuando mucho lo aprietan, se cierra con que sé poco. - Estemos a razón, dijo Eudemio, ¿si es mayor el daño que Carilao hacía a la gente, con decir mintiendo, que erais diestro, que el provecho que vos recibíais, no os parece (miradlo sin pasión) que lo ha hecho bien, y cómo se ha esperado siempre de su desengaño? COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS64DIÁLOGO SEGUNDO - Extraño sois, dijo el maestro, que luego, entendisteis por quién lo dije. Buen mozo es, pero si yo lo tuviera aquí, yo me adelantara más. Encajad aquí los cinco, que estoy burlando, veámonos muchas veces, que en verdad os digo, que he holgado de conoceros; y me río de ver qué atemorizado estáis. - ¿No lo tengo de estar con tales engaños, respondió Eudemio, habiendo visto yo algo de la destreza verdadera? - ¿Cuál es la verdadera? Respondió el maestro. - Aquella, replicó Eudemio, de quien vosotros decís mal. El vulgo vitupera lo que no entiende. - Si no la entiendo, respondió el maestro, ¿no tengo que decir mal de ella, y bien de la que entiendo? - ¿Está obligado, dijo Eudemio, el que sabe la buena destreza, a tener tan mal juicio como vos? ¿U os han de hablar en vuestra lengua para que lo entendáis? - ¿Mal juicio tengo yo? (respondió el maestro muy enfadado). ¿Pues cómo sé tanto, y soy vuestro maestro, decid bachiller? - Pues sois mi maestro, replicó Eudemio, decidme, ¿qué cosa es tajo? A esto dijo el maestro, parándose un 49 gran rato a pensar en ello: - Es una herida, que si acierta en lleno, saca sangre. - Pues la estocada, replicó Eudemio, ¿es herida, y no tajo? - ¿Pues qué queréis que os haga? Respondió el maestro, ya lo veo, buen discípulo hacéis. - No es mucho, dijo Eudemio, que tengo buen maestro; mas decidme por vuestra vida, todos los diestros que habéis visto, ¿saben destreza de la manera qué decís? ¿No hay unos mejores que otros? LUIS PACHECO DE NARVÁEZ65DE LA HIPOCRESÍA, ETC. - Yo soy el mejor de ellos, respondió el maestro, que mis heridas no son como la de los otros hombres mortales. La más estimada secta de los vulgares. Alzad la espada, tajo os digo redondo, aunque es falso, y un revés a aquella parte, aunque no es menester, poneos las uñas arriba de la mano, sacad el pie derecho, dejaos caer, acometed al rostro, y si desviare, vaciad el cuerpo sobre el pie izquierdo, digo con él se han de dar todas las heridas: ya veis vuestra espada sobre la del otro, si sacare uñas arriba, golpe de revés a la espada para derribársela con la garatusa, o al muslo; y si no, uñas arriba a mi pecho: corred por allí, tirad sobre el pie derecho siempre, no me reparéis, que es falso, cambiando la espada necesita al enemigo; mandoble por dentro: no metáis el pie izquierdo, que es prohibido, sino juntadlo con el otro, afuera, con el pie derecho. A lo cual dijo Eudemio: ¿El pie izquierdo en esta secta de juego, es privilegiado? ¿O lo dejan descansar? ¿Por qué otros lo cansan tanto, hiriendo con él? ¿Qué más tiene el izquierdo que el derecho para herir? ¿No tienen ambos un mismo movimiento, y están debajo de una causa, y los gobierna una voluntad? A lo cual respondió Meliso: - Porque está más cerca la espada de 50 poder herir al contrario, moviendo el pie derecho, y puede seguir con más facilidad el movimiento de la espada, que no el izquierdo: y aún está más cerca de poder salir de la herida, porque errando la del punto, más fácilmente se restituye en su primer lugar, para proseguir la defensa, que no con el izquierdo, quedando el cuerpo en él con tan poca fuerza, habiendo errado el golpe, por tener causa, y efecto en un mismo lugar (si así se puede decir) no pudiendo el hombre herir, ni defender, sin preceder movimiento, que valga y ayude al de la herida en tiempo, sin otras razones que hay. Y sabed, que he visto una cosa muchas veces entre los que tienen nombre de diestros, cuando uno hace una treta con que los puede dar, le dicen que es falsa, para que no la haga, y ellos la cogen para sí: y si ven que con una postura que el contrario trae, no tienen entrada, le aconsejan que la mude, y que se pongan de la manera que mejor le pueda dar. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS66DIÁLOGO SEGUNDO - O qué extraños son, respondió el maestro, estos vuestros amigos, prosigamos con la lección, alce quedito, tendeos por allí conmigo; coge otra vez la espada; si la saco, revés, herida; luego al pecho, de punta. Salid al camino; luego por un lado, bajadme la espada, acometed al rostro de filo, y luego reparadle por lo bajo. Si tirare tajo, a su brazo vos, al medio tajo, o al rostro, si quisiereis, y si no, dejadlo para otra venida, y luego asentad, haciendo esto con la espada, y diciendo, la gorra en la mano: A maestre, ciudad y señores. - ¿Todo ha de ser retraerme, dijo Eudemio, y andar alrededor? ¿No me enseñaréis a esperar? ¿Y para qué quiero la destreza, si tengo que huir (maestro) como vos me enseñáis? - Quiero daros, dijo el maestro, una 51 lección, batallada de montante, subidísima, entre los que más lo son en el mundo. - Deseo saber alguna para reñir, dijo Eudemio, si se ofreciese, que este me parece el fin de los que aprendemos armas. - ¿Para qué aprendéis? Respondió el maestro. - Para que no falte el arte, replicó Eudemio, en la necesidad para que fue inventada. Treta vulgar de montante. - Poned el montante junto a la punta de vuestro pie, y dadle un toque, y desnudándolo, sacad el pie atrás con linda gracia; tirad una estocada a aquellos, a pie quedo, y metiendo el pie que sacasteis a los otros de tajo: y si acudieren los de la otra parte, ceñid el montante al cuerpo aprisa por lo alto, como yo hago; tornad a sacar el pie. - ¿Qué disparate de regla es esa que habéis dicho? Replicó Eudemio; ¿todo eso es lo que encarecéis? No me digáis más, porque todas deben de ser así. Pero decidme, ¿por qué han puesto número a las reglas del montante, siendo infinito lo que en él se puede hacer, como en las demás armas? LUIS PACHECO DE NARVÁEZ67DE LA HIPOCRESÍA, ETC. - Ellas son, respondió el maestro, dieciséis reglas: pero yo sobre Maestre Román, eché dos por contrapunto. - Dadme a entender, ¿por qué cuando los maestros dan lecciones de él, las dan en vacío, y no contra aquellos hombres que dicen que han de reñir con el discípulo? ¿No entendéis que cuando viene el tiempo de probarlas, y se hallan delante algunos hombres con espadas, nunca aciertan a hacer algunas de las reglas que han aprendido, sin defensa? Y así todos cuantos riñen, no se aprovechan de la destreza, sino del miedo que ha puesto en el ánimo de los ignorantes la opinión del montante, por moverse con dos brazos, sin 52 hacer consideración de lo mucho que se detiene en las heridas, y de lo que pierde en todos los movimientos, y de lo mucho que es menester para saberle dar el medio de proporción, conforme a su longitud. - ¿No es muy buena? Respondió el maestro. Dejad pasar algo al que os enseña, que yo os daré ahora todas las reglas jugadas por lo alto, y por lo bajo; a lo moderno, y a lo antiguo: ceñidas, y por ceñir al cuerpo. Montantes, y famontantes, con sus presas. Un embestir cuatro calles, guardar la capa, defender la moza, huir con grillos, y aún sin ellos, salir sin ninguna lesión de una calle angosta: limpiar una plaza, rendir a dos rodelas; hacer que se desdiga otro de montante: meter paz, que esto nadie lo supo hacer como yo; defenderme de los de atrás, y lo de delante, con otras mil cosas, al tiempo. A esta sazón había acabado el maestro de declarar todas las opiniones que tienen los vulgares en la destreza, sin faltar ninguna, porque se cumpliese la promesa que hizo al principio, de que no quedaría cosa perteneciente a las armas que no tocase: y así comenzó a decir las tretas de su libro, que son las más ahechadas [“ahechar” signifca limpiar con hernero o criba el trigo u otras semillas, o bien separar, depurar, limpiar una cosa de lo superfluo o dañino, purificar, S. A., S. F. 6. Por tanto, puede que don Luis se refiera a que son las tretas más depuradas por el vulgo, en cuanto a gran uso de las mismas, y no tanto su perfeccionamiento progresivo] del vulgo, a su parecer sacadas fielmente de su original. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS68DIÁLOGO SEGUNDO 53 Aquí se acaban las tretas, y comienzan las que se entiende hacer tentándole yo, si me acomete. Primera treta vulgar. - Estando medidas las espadas, le tengo de tentar por medio y tieso el brazo y el cuerpo, volver el brazo uñas arriba, cubierto de mi espada, y darle luego en la cara muy bien dado. Objeciones. - ¿A qué llamáis, dijo Eudemio, estar medidas las espadas? ¿Y si acaso es una más larga que otra, y un hombre más largo que el otro, se perderá esa treta? - Afirmados digo, respondió el maestro. - ¿Pues en qué postura ha de estar el otro, replicó Eudemio, para que se haga verdadera, y no falte afirmados? Respondió el maestro: - Gentil razón de treta. Dijo Eudemio: - ¿Y por medio tentáis la espada? Veamos cómo salís de esto. ¿No entendéis que con pequeño movimiento del contrario caerá fácilmente vuestra espada, en la fuerza de la suya; quedando libre, y la vuestra perdida, y os dará más a su salvo herida? - Que no entiendo, ni sé lo que os decís, respondió el maestro; contentaos con ella, que así han hecho todos: cuánto más, que ha de ser muy aprisa. - Sea así, respondió Eudemio; ¿pero en qué distancia me tengo que poner, para conseguir con esa prisa que decís el fin? Que sin saber el medio proporcionado que cada especie de tretas ha de tener, con grandísima dificultad se alcanza. Y decid, si está el cuerpo tieso, ¿cómo lo tengo que alcanzar? Si cubierto el rostro, LUIS PACHECO DE NARVÁEZ69DE LA HIPOCRESÍA, ETC. 54 ¿cómo lo tengo que ver, para darle? Si estoy cubierto, acorto mi espada, y es mayor la del contrario, y no sabiendo en qué parte queda, ninguno osará aventurarse. ¿Y por qué ha de ser más la herida en la cara, que en el pecho, siendo el cuerpo humano de tanta cantidad, y teniendo tantas otras partes, donde esa herida puede tener fin? - Así me la enseñaron a mí, respondió el maestro, y la he hecho con muchos, recibid la buena voluntad, y oíd adelante. Segunda treta vulgar. Estando medidas las espadas, le tengo que tentar, y a un tiempo meter el pie izquierdo, y el brazo, dándole en la cara de puño, miradla bien, que me tienen por ella respeto. Objeción. - Tentar, meter el pie izquierdo y brazo, y darle a un tiempo, no puede ser, dijo Eudemio, porque si tentó, ¿cómo metió el pie? Si metió el pie, ¿cómo le tentó? ¿Y después de todo esto le dais, no pudiendo hacerse ninguna herida, sin movimiento particular? Si de puño, ¿cómo queda la espada del contrario, que no os da? O señor, que sin fundamento de razón hicisteis vuestro libro de tretas. - No he menester, respondió el maestro, para hacerlas, fundamento alguno, más que mi voluntad, y más habiendo hecho ventaja con ella a todos los del mundo. Tercera treta vulgar. Estando la espada del contrario uñas arriba, le tengo que tentar por fuera la espada, también las uñas arriba, y en sacándola por debajo, y dándole una estocada uñas arriba, ha de ser todo uno, metiendo el pie derecho adelante, o juntando el pie con él, y luego sacar el cuerpo, y darle un golpe para derribarle la espada. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS70DIÁLOGO SEGUNDO Objeción. - Si cuando vos llegáis, dijo Eudemio, a cogerle la espada, de aquella manera de tentar 55 por fuera, forma el contrario un tajo, estando vos esperando que ha de sacar de estocada por abajo, os dará muy a su salvo, quedándoos con la espada en el aire, sin poder serviros de ella: ¿y si no hace el tajo, y os engaña con acometer que la saca, y os hiere por encima de la espada, os parece que quedaréis bueno? O cogiéndole vos la espada de esa manera, os la coge de la misma, y hace en vos lo que hayáis pensado hacer en él. Y decidme, ¿por qué se ha de poner uñas arriba, y no de filo, o las uñas abajo? ¿Es por ventura ordenada de vuestra cabeza esa postura? ¿O es porque hacéis vuestras tretas, contra los que se ponen así? Si es mejor la postura de uñas arriba que abajo, ¿por qué aconsejáis a con los que habéis de jugar, que se pongan uñas arriba, y que muden aquella postura, o de filo, o de uñas abajo? Me parece, que si fuera tan mala como vos decís, os holgaréis de verlos puestos tan mal, como es uñas abajo. Aconsejáis que la muden, y se pongan como vos queréis para vuestras pretensiones; luego mejor está uñas arriba, para derribarle la espada, que es lo que vos pretendéis, que uñas abajo, donde no se puede derribar con aquella facilidad: gentil apariencia de verdad. - Pues oíd esta, dijo el maestro, que yo sé que os ha de contentar. Cuarta treta vulgar. Estando medidas las espadas, le tengo que tentar, y luego quebrarme sobre el pie, metiéndolo hacia dentro, y sacar la espada, dándole en la cara de puño. Objeción. - Esperadme, dijo Eudemio, si os quebrasteis sobre el pie derecho, ¿para qué tentasteis? Y si estuviereis cargado sobre él, ¿cómo le metiste 56 dentro? Y si tentaste, ¿para qué quebrasteis el cuerpo sobre el pie, estando larga la espada todo sobre lo que él os pusisteis? Si la tenéis junto al cuerpo del contrario con el movimiento primero, ¿para qué la sacáis? Si la sacáis, gastáis tiempo, y es inútil el movimiento, y siéndolo, queda libre la espada del contrario para heriros. Pasad adelante con las tretas. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ71DE LA HIPOCRESÍA, ETC. Quinta treta vulgar. - Estando medidas las espadas, le tengo que tentar, y darle de revés en la cara, y en remediándose, volver la espada por mi cabeza, y darle por fuera en la cara de estocada, metiendo el pie izquierdo. De esta no tenéis qué decir. Objeción. - Yo os diré, respondió Eudemio. Si le dais de revés en la cara, pues apartáis vuestra espada de la suya, ¿cómo estando tan cerca no os da? Y dándole de revés en la cara, ¿cómo se ha de remediar? Si se remedia, ¿cómo volvéis vuestra espada por detrás de la cabeza? ¿El otro no ha de hacer nada? Que la espada de vuestro contrario, mientras vais, estando más cerca de vuestro cuerpo, que la vuestra del suyo, por fuerza os ha de herir de estocada, ya que no puede de tajo, ni revés: porque constan de dos movimientos forzosos. Son ya tan malas estas opiniones, que no se pueden sufrir. Aquí se acaban las tretas, que se entienden de hacer tentándole y; aunque quedan otras muchas, y empiezan las que se entienden de hacer de hurtado. Sexta treta vulgar. - Estando medidas las espadas, si lo viere alto, tengo que meter el pie por debajo de su espada, y darle en los pechos, repujándole. - Si no estuviese alto, 57 respondió Eudemio, o si al tiempo que llegáis con esa intención se baja, mudando postura; ¿os parece que os haría provecho un buen golpe? - Tales los he dado yo con ella en esta vida, dijo el maestro, es muy linda, y os holgaríais de hacerla: osad vos, y sobre mi ánima vaya, si os mataren. - Me parece, dijo Eudemio, que no irá sino sobre mi cuerpo, y vida; graciosas opiniones son esas. - Muy lindas digo, replicó el maestro. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS72DIÁLOGO SEGUNDO Séptima treta vulgar. Estando afirmado con el contrario, me tengo que dejar caer sobre el pie izquierdo, y viendo venir al contrario a mí, tengo que darle una estocada debajo del brazo. Objeción. - Si yo voy, dijo Eudemio, a la espada, en ese punto se pierde la treta: y si os pongo la espada junto al pecho, que podré muy fácilmente, estando vos en tan cansada postura, y os desvío afuera; no será mucho haceros caer, por tener vos toda la fuerza en el pie izquierdo. - ¿Os parece que es donosa [graciosa] treta? Ahora callad, respondió el maestro, que no hay treta que no tenga su contrario, ni olla sin cobertera; y más si la treta va hecha despacio, luego entiende el contrario lo que hacéis. Eudemio pidió al maestro, que pasase adelante, y concluyese su libro, el cual prosiguió así: 58 Aquí se acaban las tretas y estocadas, y empiezan los tajos, y en estas tretas no se ha de aguardar a medir las espadas. Octava treta vulgar. - Yéndome a poner con mi contrario, tengo que arrebatarle la espada por el filo, y darle de tajo, quebrando el cuerpo, y metiendo el pie derecho. Objeción. - ¿Sin tener vos señalado en qué distancia, preguntó Eudemio, habéis de comenzar esa treta, y sin saber dónde queda desviada la espada del contrario, la comenzáis? - Sí señor, respondió el maestro, y muy descansadamente. - Ahora pues, replicó Eudemio, cuál es mayor movimiento, ¿el del tajo que le dais, o el desvío que hacéis? LUIS PACHECO DE NARVÁEZ73DE LA HIPOCRESÍA, ETC. - El tajo, respondió el maestro, no está claro que es muy grande, y más recio. - Luego teniendo él, replicó Eudemio, desde donde le desviáis la espada, menor movimiento, sin comparación que vuestro tajo, imposible sería darle aunque menor fuese. - Por eso, respondió el maestro, soy examinado con honra, para lo imposible. Novena treta vulgar. Yéndome a mi contrario, tengo a un tiempo que meter el pie derecho a un lado, y darle en la cara. Objeción. - ¿El contrario, preguntó Eudemio, tiene espada? Si la tiene, para ver lo que ha de hacer con ella, o en qué postura se ha de poner, os habéis de parar por fuerza; principalmente si muda la postura en que primero lo viste, poniendo la espada en otro lugar diferente, o adelante, cierto está que es ya un tiempo, habiéndoos ya parado. Meter el pie derecho a un lado, bien se puede hacer, pero en todas las posturas, ni después de haber metido el pie, darle en la 59 cara, porque los desvíos dependen de vuestro descuido, y de la defensa voluntaria del contrario: y sabed, maestro, que aunque me he dejado engañar de algunos, que no soy de los que fácilmente se persuaden al engaño. - Esta, aunque os pese os contentará, respondió el maestro. Décima treta vulgar. Estando medidas las espadas. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS74DIÁLOGO SEGUNDO Objeción. - ¿Y si no quiere contrario que se midan, respondió Eudemio, y me tira muchas cuchilladas aprisa? - Reparadle, dijo el maestro, aprisa, y dadle luego. - Bien decís, respondió Eudemio; pero hasta hacer el reparo, y cuál, y cómo, y a qué tiempo, y en qué sitio, y con qué ángulo es la dificultad. - Estando como digo, prosiguió el maestro, las espadas puestas, me tengo que derribar, para que se venga, y alzar de punta la espada, llevándole los ojos de encuentro, y luego meter el pie derecho, quebrándome sobre él, y darle de tajo en la cabeza. - Qué donoso hombre, dijo Eudemio, si primero le lleváis los ojos de encuentro, ¿para qué le habéis de quebrar la cabeza con el tajo? - Qué se yo, respondió el maestro, si trae espejuelos de acero. - ¿Cómo se podrán quebrar ambos ojos de un golpe, preguntó Eudemio, si no es matando al contrario, no hay más que escribir tretas, y enseñarlas, y decir mal de lo que no entendéis, sin saber, si es bueno, o malo? - No sé qué os diga, dijo el maestro, para que alguna cosa os contente. Undécima treta vulgar. Estando de firme a firme, tengo que acometerle al rostro, las uñas abajo, y en reparando, meter el pie izquierdo, dándole de estocada en los pechos. Objeción. - Si cuando os desvía, replicó Eudemio, os da algún tajo, formando su herida de vuestro movimiento, pensaréis LUIS PACHECO DE NARVÁEZ75DE LA HIPOCRESÍA, ETC. 60 que os ha desviado, iréis luego a darle la estocada, y ha de heriros con su tajo, antes de que vos lleguéis con ella: porque los desvíos en esa especie, y los principios de los tajos, no difieren entre sí en el origen; antes son en gran manera semejantes, porque la desigualdad está en los fines, y así me parece que vais a peligro manifiesto. - Para eso, respondió el maestro, es el ánimo del hombre, y ejercicio de los pies. Duodécima treta vulgar. Estando afirmado con el contrario, le tengo que dar una manotada, y darle una estocada uñas abajo en los pechos. Objeción. - Esa no es buena destreza, dijo Eudemio, sino gran barbarie, porque saber dar una manotada, el que más rústico fuere la dará, y la estocada con ella: maestro esa no es arte, sino disparate. - A mi enemigo, respondió el maestro, no solamente le tengo que desviar su espada con la mano para herirle, sino con los dientes, si fuere menester. - No os niego yo eso, replicó Eudemio, pero es no tocando en destreza: y pudiendo hacerse esa estocada, sin llegar la mano izquierda a ella con gran artificio, me parece que es gastar tiempo en enseñar esas cosas, antes se habían de echar a mal como superfluas, porque si comienza vuestro contrario a mover la espada para daros herida de tajo, al punto que quería llegar vuestra manotada para desviarle la espada, ha de daros buena herida, porque vuestro golpe, y la manotada, no se hacen con un mismo movimiento; y siendo así van en diferente tiempo, el uno primero que el otro, de lo cual se seguirá tardanza y daño grande, si se yerra la manotada. Y decidme, si la espada del contrario está COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS76DIÁLOGO SEGUNDO 61 en parte, donde vuestra manotada no puede alcanzarla; me parece que es inútil ese desvío, y más si el contrario tira tajos y reveses, donde no tienen entrada las manotadas: cuanto más que el hombre no puede estar con atención mirando a la punta de la espada, porque perderá sus ocasiones, y la espada es muy ligera, y su movimiento no se puede comprender bien con la vista: así que es cosa perdida, y de hombres que les falta la ciencia del camino verdadero. ¿Y pensáis que yo no he visto alguno ir a dar una manotada, y quedársele de industria asida la espada a la mano, y darle al otro en el rostro una gran herida, diciendo el vulgazo, qué cruel estocada le dio? - Las armas, respondió el maestro, (a lo que yo he aprendido) todas son engaños, y por eso es muy buena la manotada, que es el mayor de todos. - De ahí vino, dijo Eudemio, si las armas son engaños, que todos los que tratan en ellas, son engañadores: al fin ello es de gente que sabe tan poco, como los que meten el brazalete. Brazalete. ¿Habéis notado, Polemarco, el disparate en que dieron los ignorantes de reparar con el brazo? Y que viniese a tanta perdición esto en Sevilla, que hubo hombres que traían para el efecto un medio brazal de acero entre la ropa y el brazo, y otros una tabla de madera. El maestro, atajando sus razones dijo a Eudemio: - ¿Queréis que os ponga las reglas de montante señaladas, para lo que cada una es, por lo alto, y por lo bajo; a lo moderno, y a lo antiguo? - Pensáis, respondió Eudemio, dármelas, estando dos, o tres espadas delante, para saber por dónde tengo que comenzar estas reglas, conforme a las posturas 62 que tuvieren los contrarios, y de manera que las sepa aplicar, conforme a los movimientos que hicieren, porque si me las habéis de enseñar en el aire, como todos las han aprendido; no las quiero, porque son las que de esta manera se aprenden, para no menester, y yo las quiero para el menester puntual. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ77DE LA HIPOCRESÍA, ETC. Objeción. Y decidme, si hay tres hombres contra mí, y si están apartados el uno del otro, y cada uno hace herida diferente, conviene a saber, el uno tajo, y el otro revés, y el otro estocada; y si son cuatro, y está el uno afirmado, haciendo todos los demás sus movimientos, y todos me alcanzan, aunque yo sea diestro, de todas esas prolijidades de montante, que vulgarmente se enseñan, ignorando el punto, por dónde tengo que comenzar a defenderme y huir; poco me parece que aprovechará esa carga de reglas, porque las que se han de hacer en las veras, no han venido a vuestra noticia, ni aún sabéis qué cosa es versas, según sois docto en las burlas. - ¿Queréis pues, dijo el maestro, que pongamos las de espada y capa, y sabréis cómo habéis de reparar con ella, y cómo la habéis de revolver al brazo, para encapar al enemigo, y desviar con ella? - ¿Qué diferencia hay, replicó Eudemio, entre espada, y capa, y entre la rodela, brazal, espada, y daga, montante, bastón, pica, y broquel chico? ¿Y qué proporción tiene la espada sola con ellas? - Son muy buenas armas, respondió el maestro; al menos la rodela, y la espada, y daga: y algunas veces la capa. - Decidme pues, dijo Eudemio, ¿con la capa reparáis? Habéis de hacerlo cuando el adversario os alcanza con la punta de la espada, veríais cómo escapabais por la capa. - Tengo que 63 que meter el pie izquierdo con estocada a su cuerpo, respondió el maestro. - ¿Pues por qué, replicó Eudemio, se ha de reparar, más con la capa, que con la espada? ¿Y cuándo son buenos estos reparos, y desvíos, y en qué tratas y posturas? Dadme ya una razón que me contente, porque al punto me daré por satisfecho, y dejemos a una parte estos disparates de los diestros. - Esperad, dijo el maestro, que yo os diré lo que conviene. Pero lo atajó la venida de Filandro, que sabiendo la farsa que allí pasaba, aunque tarde, quiso hallarse presente a ella. El maestro llamando a Eudemio aparte, le dijo: COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS78DIÁLOGO SEGUNDO - ¿Ese gentil hombre es amigo? - ¿No lo conocéis, respondió Eudemio, ni lo habéis oído decir? - No, dijo el maestro, ¿quién puede ser ese mozo? ¿Si es diestro, o valiente, que para serlo no haya sido menester acreditarse conmigo, y pagar la patente a los buenos hijos que yo señalare? - Es un hombre, respondió Eudemio, que está mal con los diestros charlatanes, en todo género de valentía, y ellos con él; y él se huelga de ello. A lo cual dijo el maestro muy alterado: - Yo me quiero acoger, que se me acuerda un inconveniente, y está lejos el lugar. - Ea, dijo Eudemio, no os vais, que es muy temprano, pasad adelante con la lección que tratábais; verá Filandro que bien practicáis, y sabéis la destreza. - Alto, respondió el maestro. Ya veis cómo están medidas las espadas, y cómo os tiento; ya veis que estáis tentado; notad como cojo vuestra espada uñas arriba, alzándola en lo alto, que es acometimiento, y meto la espada, dejando, dejando la del otro allí, y le doy con la mía en los pechos, o un revés en los costados, 64 rica, miradla bien, que esta es con la que gané nombre de dar más afectadamente un revés y tajo, que hombre de los nacidos. - ¿Queréis pues, dijo Filandro, que diga en esa treta mi parecer? Y como el maestro respondiese que sí, Filandro pidió la espada a Eudemio, de lo cual turbado el maestro le replicó: - ¿Pues con la espada lo habéis de decir? ¿No tenéis lengua con que habléis? - Bueno sería, dijo Filandro, no tenerla, teniéndola vos. - Diga, diga, lo que quisiere, replicó el maestro, que para guerra, y para paz estoy aquí aparejado. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ79DE LA HIPOCRESÍA, ETC. - Lo que quiero, es preguntaros, dijo Filandro, de aquella treta, que hace poco diste a Eudemio, que yo digo que no se puede hacer, porque es falsa. - Oh pobre mozo, respondió el maestro (como espantándose de su ignorancia), ¿Qué a mí me quiere enseñar? Dolor de estas manos. Objeción. - La razón es, prosiguió Filandro, que el acometimiento, no ha de ser de mayor movimiento, que el que tiene la herida, porque la porción de la línea que hay desde donde acaba este acometimiento, hasta donde se ha de dar la herida, es menor que fue la del contrario. - ¿De los de líneas es, dijo el maestro, y no nos avisara? Aquí tendremos grita, aún el diablo me trajo acá. Objeción. - Respondedme, dijo Filandro, a lo que os pregunto, no habléis entre dientes, que no os valdrá nada conmigo, porque al hacer el primero movimiento en la espada contraria, es violento, y queda lo remoto de vuestra espada más apartado del cuerpo del contrario, y su movimiento es agudo, si hace en menor espacio, y teniendo tan largo camino en el círculo menos principal y accidental, cuando se forme el movimiento agudo, siendo tan 68 [65] largo, y teniendo la espada del contrario tan pequeña porción de línea, desde la punta a vuestro cuerpo, vendrá con facilidad a entender el fin de vuestro movimiento, y heriros a su salvo. - ¿Qué es lo que ha dicho? Respondió el maestro, ¿Este señor es Francés, o Borgoñón? Declárese, para que lo entendamos: rogádselo vos, lo desengañaremos; y le enseñaremos a hablar en destreza. - Yo voy rastreando con el entendimiento, dijo Eudemio, y me suena bien lo que propuso: y vos que sois maestro lo entenderéis mejor, por eso dad la razón de ello. COMPENDIO DE LA FILOSOFÍA Y DESTREZA DE LAS ARMAS80DIÁLOGO SEGUNDO El maestro, que no se agradaba de oír cosas que no entendía, respondió: - ¿Estamos aquí o no? La razón del vulgo. Ella es muy buena, porque lo digo yo, y porque sí, y porque no puede ser otra cosa: y porque siendo maestro, lo sabré mejor que vos. - ¿Habéis visto, Eudemio, con cuánta presunción viene a hablar en Griego? ¿Vos sois diestro, dijo Filandro, y maestro de armas? Más lo parecéis de palabras; Esperad que me quitare el herreruelo [capa corta con cuello, y sin capilla, S. A, S. F. 7], y veré lo que sabéis. A lo cual respondió el maestro muy mesurado: - Sí señor, que lo soy, y examinado por mano de Achille Marozzo, Boloniense, maestro general, hombre diestrísimo en todo género de armas, como un esmerejón [ave rapaz diurna de la familia de los falcónidos, S. A., S. F. 8]. - ¿Ganáis de comer a este oficio? Preguntó Filandro. - ¿Por qué lo dice? Respondió el maestro; ¿Le parece que hay en el mundo quien como yo lo entienda? - ¿Qué decís? Respondió Filandro, ¿estáis en vos? Yo creo que hemos de reñir. ¿Pues porque os pregunten, si ganáis de comer al oficio, habéis de hablar tan largo? - Más quiero yo, respondió el maestro (con más deseo de irse que de estar allí) 66 que estemos a razón, que a pendencia, que también lo deseo yo; ¿Y cómo ha de ser, dígame, con las blancas, o con las negras? - Con las blancas, replicó Filandro, para que se apoquen los charlatanes. LUIS PACHECO DE NARVÁEZ81DE LA HIPOCRESÍA, ETC. - No sea, ni con las negras, dijo el maestro, porque quiero examinaros, para ver lo que sabéis, y luego argüir de práctica.
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