El respeto del testimonio del alumno es clave para una adecuada relación entre el Maestro y éste. El reconocimiento inicial de la psique y la condición física del alumno provee una herramienta eficaz para que, aunque el respeto esté presente, se puedan acortar distancias tan necesarias para el correcto desarrollo de la sesión. Esta reducción de distancias se convierte en un acto de consideración genuina. Al indagar en el interior del alumno, se puede suministrar las herramientas exactas que éste requiere, logrando que evolucione de manera sublime. Este tipo de observación no es un acto pasivo, sino una fase del estudio formal de la disciplina que motiva el aprendizaje de cada obra.
Es pertinente decir que el atesoramiento del conocimiento a través de la observación y del diálogo antes de que comience la sesión per se, nos permite transmutar la información en una hoja de ruta operativa, permitiendo de manera sólida abordar la clase de manera más eficiente. De esta manera, se convierte en un espacio tangible en el que se delimitan a un contexto más cercano las capacidades reales del alumno. Esta delimitación, sin ánimo de ser un aspecto negativo, le otorga un valor rara vez aplicado en el ejercicio docente. Logrando no una docencia consciente si no inconsciente.
Extrapolando esta idea a la vida real, el diálogo previo y la atención al testimonio actúan de control del conflicto en su estado embrionario. Cuando se aplica el conocimiento a su resolución, se consigue neutralizar la potencia de la ofensa antes de que éste se manifieste de manera notable. Al igual que en la disciplina, donde el respeto se entiende como la distancia necesaria para que los vectores de interés no converjan de manera notable, en la vida cotidiana la anamnesis del entorno nos permite identificar los límites de lo concreto.
Es esta capacidad de lectura la que garantiza que la interacción humana no derive en un enfrentamiento, sino en un intercambio regulado por la comprensión de la naturaleza de la oposición.





